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martes, 5 de octubre de 2010

El espíritu del golfista más raro del mundo


Pensábamos que era un tío raro. Era de esa gente que, pese a ser tremendamente normal, tiene algunos rasgos que te inquietan. En su caso era un bigotillo fino y bien cuydado y otra cosa. Una cosa que estaba en lo profundo de su ser y que te desconcertaba por completo. Había codazos de "mira que raro es" cada vez que venía a vernos y comentarios de "mira que tío más curioso" cuando alguien colgaba el teléfono después de haber hablado con él o después de leer un e-mail suyo.

Quizás todo se debiera a que era una persona poco punzante y mansa. Educadísimo, atildadísimo...no es que fuera la alegría de la huerta pero era un tipo afable.

La vida de aquel colaborador consistía en moverse de un lado a otro, en andar, en ver gente, en frecuentar cualquier espacio público, en encontrarse con este y con aquel. Un reflejo de otros tiempos en los que los periodistas hacían su vida en la calle casi por completo. Lo bueno de ese tipo era que parecía conocer a todo el mundo y, cuando nos encontramos en Barcelona, me di cuenta de que podía ir a cualquier parte porque en todas partes lo conocían y parecía no tener enemigos.

Yo siempre me lo imaginaba como uno de esos personajes secundarios de la biografía comiquera de Boldú o como uno de los muchos compinches de los periodistas mayores que conocí años después y que parecían haber llevado una vida vibrante como el fotoperiodista Cesar Lucas. Me lo imaginaba de boites, alternando con la gauche divine, haciendo esas crónicas festivas y noctívagas consistentes en, básicamente, salir de noche y conocer y saludar a este o aquel.

Lo que más me gustaba del colaborador este era que siempre tenía temas, siempre tenía personajes, siempre podías rellenar con sus contenidos. Quizás el mayor handicap era que le costaba hacer preguntas bordes o incisivas y había que pincharle y decirle hazle esta o esa pregunta a este maromo que nos interesa que hable de esto o de lo otro. Lo visualizaba muchas veces repasando con el dedo la lista de preguntas, sentado al lado de la estrella de turno excusándose segundos antes de soltar el preguntón: él era así, un tipo majete que prefería no cerrarse puertas. Ya digo que era un reflejo de otros tiempos, de otra forma de hacer las cosas.

El caso es que andábamos cerrando un número. Leche. Los cierres solían ser criminales en los primeros tiempos y estábamos acostumbrados a vivir en el ambiente que retrata Carlos Giménez en Los profesionales es decir, mucho trabajo nocturno en medio de un ordenado caos (chistes, birras, carcajadas, salidas de tono y mucho trabajo...aunque parezca mentira). A veces da igual el tiempo que le eches a las cosas porque si quieres que queden bien nada parece suficiente. Al menos todavía se podía fumar. Un editor inglés nos visitó una vez y me vió escribiendo en el teclado mientras sostenía un cigarrillo encendido entre el dedo índice y el corazón. Se echó a reir diciendo que sólo había visto trabajar así a gente mayor con la que había trabajado en sus comienzos. En Europa hace años que no se podía fumar en las oficinas.

Bueno, pues necesitábamos una entrevista y a alguien le había parecido bien que fuera una entrevista con un deportista. En el primer número habíamos tenido bastante éxito con una entrevista a un futbolista y alguien quería repetir. Digo alguien porque esa es una de esas sugerencias que flotan en el aire pero que nadie acaba por asumir que sea suya cuando se acerca la hora del cierre y tienes todavía dos páginas en blanco. "¿A quién se le ha ocurrido esto?" decía el redactor jefe. Sin respuesta. Miramos en la nevera que es el gancho donde se cuelgan todos los temas intemporales y los que no han salido del todo bien. Mal asunto. Si un tema es intemporal y no tiene fecha de caducidad quiere decir que ya ha nacido un poco muerto o sabido ("20 cosas que hacer cuando te quedas soltero", "Las chicas más sexys que trabajan en bingos", "Aprende como tu novia te pone los cuernos"...) o que no ha quedado lo suficientemente bien aunque, a la hora de ejecutarlo, pareciera una buena idea. Nosotros teníamos una amplia nevera, temas de las ediciones de la revista en otros países de los que sólo había que tirar para traducir.

Por alguna razón este recurso nos parecía facilón. Queríamos imprimir nuestro sello en cada página y hacer un buen trabajo. Así era la cosa. Siempre te recomiendan que te conviertas en un mercenario pero, lo normal, es que si te gusta lo que haces te acabe por nacer la conciencia de que tienes que hacerlo lo mejor posible. A nosotros las horas de redacción, ese ambiente de "los profesionales", nos había unido alrededor de esa idea. La verdad es que había mucho potencial para hacer las cosas bien: ¿Por qué simplemente copiar?

Rendidos miramos en la nevera y nada. No había nada. Entrevistas con personajes poco conocidos en nuestro país como jugadores de cricket o de futbol australiano.

Menos mal que sonó el teléfono y allí estaba el colaborador.

-"Oye, que me voy a Shanghai".
-"Pues muy bien...traeme un bol de sopa de perro".
-"Ya, lo traeré".
-"O mejor, una de esas bailarinas que tiran pelotas de ping pong con el bandujo".
-"Vale...pero, a ver, céntrate. Que me voy porque se hace un torneo de golf y voy a cubrirlo. ¿Quieres un reportaje?".
-"Esto...¿Pero juegan desnudos? ¿es una competición hombre vs. mono?
-No, es un campeonato normal.
-Es que si es golf normal no. ¿No tienes nada con un deportista que me puedas apañar?
-Hombre, allí van a jugar algunos de los mejores del mundo.
-¿Sabes si va a jugar Miguel Ángel Jiménez?
-Sí, pero es que ese lleva unos años muy malos...
-Da igual, quiero una entrevista con Miguel Ángel Jiménez. Hazla, venga.
-¿En serio?
-Si, pero la tienes que hacer a toda hostia y mandármela a toda hostia.
-Vale, vale...¿Se lo has dicho al redactor jefe?
-No, pero seguro que está conforme...
-Quieres que hable con él...
-No, no, no. Tranquilo.
-Es que tengo que publicar algo que si no...
-Que sí, tranquilo.

Si el colaborador me pedía tanta certificación para la entrevista era por dos razones: no se cobra lo que no se publica aunque esté requerido y porque ha sido invitado al evento por una agencia de prensa que sólo gasta dinero en un billete, en un hotel y en unos cuantos gastos si se cerciora de que la información va a ser publicada, es decir, si no publicas nada tras haber abusado de su cuenta de gastos es posible que te tachen de por vida de su lista. Desgraciadamente las cosas se hacen así hasta donde yo tengo conciencia. Muy pocas publicaciones corren con los gastos de una aventurilla tipo "oye, que me piro quince días a la selva a ver que encuentro que me han dicho que hay una tribu muy curiosa". En defensa de esta y de otras publicaciones donde he trabajado quiero decir que siempre se han fiado de sus trabajadores de plantilla y han abonado religiosamente billetes y hoteles si existía la posibilidad de hacer un buen reportaje.

El caso es que el redactor jefe no tenía ni idea de mi encargo. Glabs. Bueno. Segunda parte.

-Oye, que le he dicho al colaborador que nos traiga una entrevista de Shanghai.
-¿Shanghai? ¿Una de esas tías que lanza bolas con el toto? ¿Un chef que cocina platos con perro? ¿Un adiestrador de monos? ¿Jackie Chan?
-No, como andamos buscando un deportista le he encargado una entrevista con Miguel Ángel Jiménez.
-¿Miguel...Quién? A, ver, Insustancial-Ito...
-Un golfista profesional. 
-Hijo mío, ha sido decir "golfista profesional y me he quedado traspuesto. Dilo otra vez.
-Golfista profesional
-zzzzzzz ¿no ves? Me duermo. Al menos jugará desnudo.
-No, es de Málaga y fuma puros.
-¿Lleva fotógrafo? 
-No hay que pillar foto de agencia. 
-Te odio. 
-Ya. 
-Enséñamelo. 

Me puse al ordenador y le enseñé una foto de Miguel Ángel Jiménez. Alias "Er Pisha". Nacido en Churriana (Málaga). Pelo largo y rizado rubio en plan Harpo Marx, fumándose un puro como Fidel Castro.

-¿Ese pelo es suyo? 
-Sí. 
-¿Y fuma puros cuando juega? 
-Entre hoyo y hoyo.
-Vale, te sigo odiando. 
-Y yo. 



 
Miguel Ángel Jiménez es de esos deportistas de antes. De cuando los deportistas en España nacían un poco por generación espontánea y en medio de las condiciones más adversas: como Severiano Ballesteros, Chema Olazabal, Manuel Piñero y un largo etcétera de golfistas profesionales Jiménez no conoció una escuela de golf como tal y entró en contacto con este deporte en la forma en la que entraban en contacto con este deporte la gente pobre, es decir, vivían cerca de un campo de golf donde trabajaba algún familiar y entraban a trabajar allí como caddies. Es decir, llevando la bolsa con los palos, recogiendo bolas en el campo de práctica y matando los tiempos muertos entre cliente y cliente jugando al golf. 

Mi padre trabajó durante años en una escuela que estaba dentro de un campo de golf. Sus alumnos eran los caddies, chavales que se querían sacar el graduado escolar mientras curraban. El título de EGB era una de la única titulación que se le pedía antes a los que querían emprender una carrera como profesionales del golf y también un entretenimiento estupendo entre cliente y cliente. Es decir, mi padre impartía clases a unos alumnos que, de pronto, tenían que largarse a currar y dejar la cosa a medias. Es por eso que me imagino bastante bien por lo que tuvo que pasar Miguel Ángel Jiménez y otras de las grandes estrellas de nuestro golf. Que nuestro país, donde el  deporte de la pelotita y el palo ha sido básicamente algo elitista, haya alumbrado a la mayor estrella mundial de todos los tiempos, Severiano Ballesteros, tiene tanto que ver con la casualidad como con la propia forma de jugar del cántabro: aprendió a jugar en una playa con un palo viejo acompañado de su hermano, un terreno donde había que golpear la bola fuerte. Luego sólo tuvo que retener esa primera experiencia en su cabeza y seguir jugando así toda la vida aunque lo hiciera sobre la impecable superficie del Club de Augusta donde los bunker, las trampas de arena, ni siquiera utilizan arena sino un caro y exquisito polvo de mármol. 

Jiménez ha ganado ayer la Ryder Cup siendo nuestro único representante en el equipo tras el bajón de juego de la nueva generación golfística. Lo ha hecho como es él. Como un tipo raro y fuera de onda, demostrando un juego duro y alegre. Un poco como es él que es de corazón rojo (votante socialista, al parecer) en un mundo que parece un coto privado de conservadores. Por si las moscas conduce un Ferrari. Otra contradicción. O quizás algo que se ha querido comprar porque como ha dicho en alguna ocasión "lo ha ganado sin robarle a nadie".

La Ryder Cup es una de las pocas competiciones golfísticas donde se juega por la honra: Una selección europea y una selección de jugadores norteamericanos se enfrentan cada dos años (una vez en Europa, una vez en USA) para medir sus fuerzas. Sin dinero de por medio, sin cheques, sin nada más que el placer de jugar por jugar, por batir al contrincante. Todas las selecciones europeas quieren desquitarse delante de los americanos porque son los que tienen el circuíto más potente, el más rico, el más grande y los americanos quieren patear a los europeos porque no conciben que un juego como este haya sido una cosa inventada por pastores escoceses. Así de sencillo. Simple y llana mala hostia. Es por eso que cada Ryder se convierte en un combate abierto y en una escaramuza previa: Si se juega en Europa se elige un campo corto y cabrón lleno de curvas, de trampas, que premie lo técnico y el trabajo en equipo donde somos superiores. Si eligen los americanos se decantan por un campo largo, plano, donde triunfe un golf de golpes largos y sin concesiones. Da igual que del lado europeo jueguen tipos que le pegan fuerte o que del lado norteamericano esté un tío como Tiger Woods que es muy técnico, que es el puto amo. Siempre se elige lo peor para el rival. 

Jiménez ha hecho una gran Ryder pese a que no contaba. Lejos quedaban sus años de triunfo donde demostró su mejor golf y en los que, paradójicamente, fue apartado de la Ryder por su amigo Severiano Ballesteros. Corría el año 97 y la Ryder llegaba al Campo de Valderrama, un campo que Jiménez conocía a la perfección pero...Ballesteros eligió a Garrido (otro grande) y le pidió a Jiménez que le hiciera de co-capitán porque conocía ese campo a la perfección. Aceptó el asunto y se dedicó a lo suyo. Lo hizo muy bien y se llevó el abrazo de todo aquel equipo que sabía que había renunciado a jugar.

Carismático hasta decir basta Jiménez está presente incluso cuando su juego es peor. El golf es un deporte muy cabrón. Consiste en meter una pelotita en un agujero que está a varios cientos de metros sorteando lagos, árboles, trampas de arena  y, sobre todo, sorteándote a tí mismo...es un juego donde tienes que estar mejor de coco que de cuerpo. Es pura técnica. Un deporte ligero físicamente pero de gran carga mental. Un día puedes estar muy bien y que pasen tres meses hasta que recuperas tu forma de jugar. Es por eso que entre los golfistas hay gente tripona que parece que acaba de salir del pub.

Hace unos años, uno de esos tripones, John Daly (americano) ganó un par de torneos grandes. Mataba el stress, según sus palabras, jugándose los beneficios de los torneos en el casino más cercano y bebiendo como un hooligan. Es de los pocos golfistas a los que se ha visto por televisión echándose un pitillo antes de golpear una bola determinante. Muy mal de pasta y teniendo que asistir a reuniones de alcohólicos anónimos, jugadores anónimos y forums del control de la ira Daly se vio obligado a hacerse el circuito americano viajando en una autocaravana en plan gitano, cabra y trompeta. Era puro show, un show a veces triste (tenía ataques de cólera sino jugaba bien y era palabrotero hasta decir basta) pero un show en toda regla. 

Jiménez mata el stress comiendo sardinas en Málaga y fumando puros, alejándose de la figura del golfista tradicional. Un genio. Con 46 años todavía tiene golf en los brazos pero parece que se aburría ultimamente y tenía un golf intermitente que ha ido apareciendo con más fuerza y persistencia cuanto más grandes son los comentarios alrededor de su posible retirada. Este año ya ha ganado tres torneos (tiene 11 de los 18 torneos que se celebran en Europa) y la Ryder Cup.

El malagueño siempre será uno de los nuestros. Con sorna recibió ayer las felicitaciones de Colin Montgomery que prefirió no poner demasiado peso sobre sus hombros pese a que ayer se zampó con patatas a Watson e inició la remontada europea. Él, a su bola, se paseaba por el campo galés llevando la bandera europea colgada al cuello como si fuera una capa, de pie, sin nerviosismo aparente, esperando que los puntos cayeran uno detrás de otro. Al final se le veía alegre porque hace dos años los americanos nos hicieron puré en un campo criminal llamado Valhalla (con unos hoyos 13, 14, 15 y 16 que eran una trampa mortal) y porque este torneo le vale para revindicarse como uno de los grandes del golf pese a no contar nunca demasiado -aunque sus números son increíbles- y pese a ser un golfist atípico como los golfistas atípicos y geniales que hemos tenido en nuestro país. Lo de Jiménez es el triunfo de lo raro sobre lo convencional, de lo extraño sobre lo establecido.

Miguel Ángel Jiménez quizás tenga una página discreta en la historia del golf, posiblemente no sea recordado como uno de los 10 o 20 mejores jugadores de todos los tiempos (Ballesteros, Tiger Woods, Jack Nicklaus, Nick Faldo...) pero, sin duda, su espíritu, su forma de ver este juego, de reducirlo a un entretenimiento, de teñirlo de humanidad, de meter a capón la sonrisa en un juego serio, de insertarle algo de gracia es la mayor de sus aportaciones. Fuera de las declaraciones rimbombantes de grandeza y gloria, de ese aburrido ganar por ganar, del juego mecánico y sin alma, de la tradición inglesa, de la furia norteamericana haya un discurso como el de Jiménez que pone los pies en la tierra y que es capaz de embocar un albatross a 209 yardas (es decir, meter la pelota en dos golpes en el hoyo en lugar de cinco) en un torneo o en sacar una bola golpeándola contra un muro a espaldas del hoyo como hizo en el pasado British Open. 

Pese a que dicen que está mayor yo todos los años creo que Jiménez, el tipo del puro, ganará por fin un Masters de Augusta o levantará un PGA o un British. En 1986, cuando Jack "El Oso" Nicklaus parecía estar para el arrastre y partía desde las peores posiciones posibles fue capaz de ganarle en Augusta a un Ballesteros en plena forma que parecía que iba a volver a ganar la dichosa chaqueta verde. Tenía también 46 años y también decían que se estaba retirando. Todos los años espero que emerja el golf de Jiménez, ese rollo tranquilo, que sea capaz de ser genial durante los cuatro días de uno de esos torneos que se le resisten. Al fin y al cabo se lo merece aunque sólo sea por ponerle un poco de color a la historia. 

Estoy seguro de que, cuando comenzó a jugar todo el mundo se fijaba en sus pequeñas rarezas, como nos fijábamos nosotros en las de el colaborador aquel del bigotillo, es posible que todo el mundo dijera que qué raro era, pero ahí estaba, siendo un misterio, sin saber si lo hará bien o lo hará mal pero llevándose de maravilla con todo el mundo. 

En el fondo, para escribir y para jugar al golf, sólo tienes que tener ganas, no desesperar e ir poco a poco. Quizás no tengas un puesto reservado entre los grandes pero, al menos, siempre podrán decir que lo pasaste bien haciendo lo que te gustaba y que lo hiciste como pensabas que había que hacerlo.

Nota del Insustancial: Era inevitable elegir "Un buen día" de Los Planetas como banda sonora para esta entrada dedicada al golf aunque sólo sea por la temática de su vídeo clip. Más allá de eso Los Planetas son de esos grupos que cuando vas a verlos en directo nunca sabes lo que te vas a encontrar lo que tiene mucho que ver con el tema tratado.

martes, 31 de agosto de 2010

Laurent Fignon (1960-2010): el empollón metido a ciclista.


En un episodio de "The Simpsons" Lisa decide investigar cuál es la razón por la cual los abusones de los colegios la toman siempre con los empollones. Todos los que hemos llevado gafas en el colegio y, más o menos, se nos ha dado bien eso de estudiar hemos sufrido el acoso y derribo de algún cabrón (o un grupo de ellos) que nos ha hecho la vida imposible. A veces ni siquiera es necesario ser un empollón, basta con salirse un poquito de la norma.

Siempre que alguien resalta un poco por algo (ropa, gafas, hierros en las piernas, demasiado gordo, demasiado bajito...desgraciadamente, a veces, todo junto) suele encontrarse con una especie de Frente de la Normalidad Infantil (el temible FNI) que, la mayoría de las veces, encuentra el apoyo en un Frente de Normalidad Adulta (el temible FNA) formado por progenitores y AMPAS que justifica una pedrada o una paliza con un "bueno, son cosas de chavales" que es una forma de decir "no tengo culpa de que tu hijo/a sea tan irritantemente diferente...¿Es que se cree mejor que los demás? ¿No puede hacer como todo el mundo?". 

Los sistemas totalitarios, en todos los niveles de represión posibles, alimentan esa necesidad del ser humano no sólo por formar tribu sino por hacer que la tribu sea lo más uniforme posible. Recuerden ese comentario del comandante de la Guardia Civil en "Amanece que no es poco" (José Luis Cuerda) al argentino que no se comporta como los argentinos: "¿Es que usted no puede andar en bicicleta y oler a lomo de ángel como los demás argentinos?". Antes le echa la bronca por haber llevado durante todo el invierno un sombrero "horroroso" que no le gustaba a nadie. El bueno hombre lo sabía porque "lo tenía hablado con todo el pueblo". 

Difícilmente aceptamos la diferencia. Hagamos, claro está, dos grupos: los hay que son diferentes porque no pueden evitarlo y otros que nos rebozan su forma impostada de ser diferentes. Esos últimos son francamente molestos, es cierto, lo tengo hablado con todo el pueblo. Pero ese es otro cantar. 

En los años 80 hubo un ciclista llamado Laurent Fignon. Era un grande en lo suyo. A mi, francamente, me flipaba. Me flipaba que no pareciera un ciclista: tenía el pelete rubio y gafas redondas de montura dorada. Es más, aunque era delgado (no hay muchos fanegas dedicados al ciclismo) no tenía ese cuerpo de los ciclistas, ya me entienden, ese rollo que comparten los ciclistas y los toreros. A mi padre le sacaba de quicio que me cayera bien Fignon. "¿Cómo puedes animar a ese tío?" me decía. Pero a mi me molaba verlo encima de la bicicleta pedaleando como si no pasara nada, como si los demás estuvieran subiendo el Alpe D´Huez y él estuviera en la etapa prologo...pero, de pronto, se le torcía el gesto, apretaba los dientes, se subía encima del manillar de la bici sacando medio cuerpo hacia adelante y daba un hachazo brutal. "Allez, Allez, Monsier Fignon!". 

¿Por qué lo odiaba mi padre? Primero por ser francés y, después, por no parecer un maldito ciclista. Era, claro está, diferente. 

A los franceses les caía mejor Bernard Hinault. Un héroe del pueblo. Un tío con un bronceado de pastor que parecía el vecino amable del bloque, un tío un pelo chabacano, un pelo francesote, alguien que parecía que sabía contar buenos chistes, parecía llano, sencillo, un poco gañán. El tío perfecto para enardecer a las masas de clase media. Uno de los nuestros. Frente a la humildad un tanto impostada de Hinault y al grupo de calladitos, dignos trabajadores de la rueda (Caritoux, Perico Delgado, Ángel Arroyo, Zoetemelk, Fernández, Dietzen, "Condorito" Corredor, Fernández...), hay estaba Fignon con su carita de estudiante universitario y su rollo un poco burguesito. ¿Qué hacía ahí ese tío? 

Lo curioso es que, cuando Hinault se retiró, Fignon acarició la idea de reinar en solitario pero...no. Pese al tradicional chauvinismo francés en su país le siguieron negando el saludo y la "grandeur" y prefirieron adoptar a Greg Lemond, un ciclista norteamericano criado en el ciclismo galo, al que Hinault había designado como su digno sucesor. Una sucesión un tanto accidentada porque, en realidad, se llevaban bastante a matar pero, daba igual. El pueblo había hablado y preferían a un californiano (admiro la capacidad que tienen los franceses para hacer a ciertos personajes suyos y tratarlos como si fueran franceses de toda la vida) que a un francés. ¿No era Lemond un rubiales? ¿Un guaperas? Pues sí y no porque, en realidad, parecía también un tipo agradable y campechano. El novio perfecto para la hija solterona...de hecho era tan de campo que un cuñado suyo le disparó sin querer en una cacería. El tío cazaba. ¿Se necesitaban más pruebas?

En el Tour del 89, Lemond y Fignon se vieron las caras (fue el año en que Perico Delgado salió más de un minuto y medio tarde...de no haber perdido ese tiempo seguramente hubiera ganado él pero...) . Ambos volvían a la élite. Fue un Tour a cara de perro, un viaje por el infierno de Fignon que veía como sus compatriotas preferían escribir el nombre de su adversario en la carretera en lugar del suyo. Pese a todo Fignon llegó primero a la última contrarreloj enfundado en el maillot amarillo y con 50 segundos de ventaja. Lemond se presentó con una bicicleta aerodinámica armada con un manillar que, hasta entonces, sólo se había visto en pruebas de Triathlon. Fignon y su equipo protestaron pero, en una decisión inusitada por parte de la organización de la vuelta a Francia, decidieron darle la razón al norteamericano y permitirle competir con su rara bicicleta. Perdió el Tour por 8 segundos. Cruzó la meta, se tiró de la bicicleta y comenzó a llorar. Jamás sería el mismo.

Ese año, además, Fignon se ganó el odio de los españoles y, en general, el de todos los aficionados cuando en un arrebato de mala hostia escupió al objetivo de una cámara de TVE unas horas antes de la última etapa. Al parecer el hombre estaba cansado del agobio que le supuso todo aquello. 

Desde aquel final se convirtió en un tío arisco, en un malhuele, que despotricó contra el mundo del ciclismo y clamó mil veces contra los organizadores. El ciclista parisino (una razón más para ser odiado en su país...se de capital...nos parecemos bastante a Francia) siguió con su vida, visitando librerías de viejo (al parecer era un lector voraz) y haciendo con que la cosa no iba con él, teniendo enfrentamientos con Indurain, Bugno...

El año pasado publicó su biografía ("Èramos jóvenes e inconscientes") demostrando sus dotes para la literatura y, de paso, que no era un deportista al uso o que, al menos, era un empollón metido a ciclista como sospechaba todo el mundo y reconoció que tenía cancer. Ha muerto hoy a los 50 años. Ha muerto el más veloz de los empollones.

lunes, 28 de junio de 2010

¿Gasol? ¿Quién es Gasol?



No hay forma de explicar por qué Pau Gasol no ha sido elegido MVP de las últimas finales de la NBA en favor de Kobe Bryant. Ahí estaba el ufano 24 de los Lakers recibiendo el trofeo de manos de la leyenda del baloncesto Bill Russell en medio de la pista, mientras Gasol, detrás de él, lloraba como un crío.

Era normal, este anillo le ha costado a Gasol un esfuerzo titánico. No solo ha superado todos los handicaps físicos que le ha reportado una temporada extenuante si no que el cuerpo técnico del equipo le ha pedido que tirara menos y echara el resto en asuntos defensivos y de pase. Es decir, le han pedido un esfuerzo en favor del colectivo al que ha respondido eficientemente y, no solo eso, ese sacrificio le va a impedir competir con la selección española en los próximos mundiales ya que ha renunciado a participar en la competición FIBA para estar mejor físicamente en la próxima temporada. Si tenemos en cuenta que Gasol cumplirá 30 años el 6 de julio es previsible que ya no podrá participar en ningún otro mundial ya que tendrá 34 para la siguiente cita.

El esfuerzo de Gasol no ha valido para nada en términos de reconocimiento. Los periodistas norteamericanos siguen tachándolo de ser un jugador que "se esfuerza poco". Algo absurdo y ridículo si tenemos en cuenta sus números y todo lo anteriormente citado. El problema de Gasol es que es tan bueno que parece que todo le sale fácil: pese a medir 2´15 hizo las veces de ala-pivot en Memphis (o sea, tirar y coger rebotes) y en los Lakers Phil Jackson, el entrenador, lo ha ido derivando a la posición de pivot más defensor que tirador por culpa de una plantilla débil en esa posición (Mbenga, el único pivot nato no juega) que ha obligado a que Artest y Gasol se esfuercen en tareas defensivas. Por otro lado Gasol, que es un jugador excepcional, no es del gusto del actual parámetro de triunfo que obliga a los jugadores estrella a hacer 15 o 20 partidos durante la temporada regular en el que se conviertan en Juan Palomo, es decir, tirarse hasta las zapatillas y a hacer dos o tres mates para la mejor jugada de la semana. No es que Gasol se esfuerce poco, es que todo le sale bien y sin ese esfuerzo extra del gesto chulesco. 

Hay un tipo de deportista que parece que lo hace todo fácil: Xavi, Bolt, Comaneci, Zidane, Gasol...

Hay todavía mucho prejuicio en la NBA con los jugadores extranjeros: desde la llegada de estrellas europeas a la liga norteamericana se ha escuchado el mismo sonsonete. Divac, Volkov, Sabonis, Marchulonis, Jasikevicius, Jaric, Rudy, Nocioni, Petrovic, Calderón, Marc Gasol...Ninguno de la primera hornada de estos jugadores consiguió llegar a equipos grandes (Hawks, Golde State, Nets, Trailblazers...) o a equipos que estuvieran en su mejor momento (el caso de Divac en los Lakers) y los de la segunda han tenido que sufrir para llegar hasta los grandes (Ginobili a los Spurs o Gasol en los Lakers)  pero nunca han encontrado demasiado reconocimiento.

Sí lo tuvieron jugadores extranjeros entrenados dentro del  sistema americano como es el caso de los alemanes Schrempf o Nowitzki, el holandés Rik Smits (¡Considerado un segundón pese a haber llevado a los Pacers a la final de la NBA!), el nigeriano Hakeem Olajuwon...

No es de extrañar que los extranjeros se larguen de la NBA, en su mayoría, asqueados del trato recibido (Garbajosa) o busquen largarse (Nocioni, Rodriguez, Rudy...) o se larguen (Navarro) hartos de ser manejados como material sospechoso o como moneda de cambio. Cada renovación contractual es un puto infierno que lleva a las directivas de los equipos a negociar a la baja o, absurdamente, a deshacerse de ellos por cuestiones económicas o de "profunda renovación" (¡Já, Gasol vendido a Lakers por los Grizzlies!") mientras que cualquier jugador norteamericano con dos buenos años en la liga universitaria (cada vez más de capa caída) no tiene problemas para sentarse en el banquillo de un grande. 

Ahí estaba Gasol llorando como un crío mientras la presunta estrella de los Lakers se llevaba el trofeo al mejor jugador de la final pese a haber sufrido, más que nunca, esa ansiedad que ataca últimamente a las estrellas desde que la presión de los publicistas es insoportable: Cristiano intentando jugar en todas las facetas del Real Madrid, Kun soliviantando a la grada con su enésima y estéril gambeta en el Calderón, Messi asfixiado porque las cosas no le salen en este mundial (no me extraña porque tener todo el día a Maradona disfrazado de predicador de la iglesia evangelista gitana soplándote en el cogote debe de ser horrible), Lebron James saltando en mil pedazos y llevándose por delante a los Cavaliers cuando eran favoritos...  

Gasol sigue ahí, haciéndolo fácil, esforzándose al 100% aunque sea a costa de tenerse que transformar en un defensor, en el nuevo "gusano" de Phil Jackson. Es increíble que la prensa americana haya hablado de Ron Artest, Bynum, Odom y Fisher y se haya olvidado a Gasol como si fuera el sexto o séptimo hombre de la plantilla. Me pregunto qué sacrificios han tenido que hacer esos jugadores o el propio Bryant para llegar ahí, a la primera página de los periódicos deportivos de toda una nación, cuando siguen siendo jugadores tremendamente individualistas, tremendamente faltones con este juego, cuando tienen agujeros técnicos y tácticos que les impiden seguir la pizarra en condiciones en algunas fases de los partidos clave.   

Responsabilidad. Esa es la palabra que definirá la carrera de Gasol. Tener siempre el juego en la cabeza, cumplir, saber cuando se la tiene que jugar. Parece que no vale y, por eso, es normal que haya cierta falta de respeto dentro de la cancha hacia los jugadores extranjeros que siguen recibiendo más faltas, más desplantes (Garnett de los Celtics se ha encarado con Calderón y con Gasol y suele perseguir a cualquier jugador extranjero por toda la cancha...recibiendo, normalmente, un ejemplar rapapolvo por ser un idiota incapaz  de concentrarse en las cosas importantes).


(En el vídeo no se ve pero Calderón hace un pase magistral a la derecha para que Bargnani, italiano, clave un triple...)

No hay gloria para los tíos como Gasol en la presunta mejor liga del mundo, no hay lugar por tanto para los fundamentos de este deporte que se ha convertido en el otro continente en un correcalles lamentable donde todas las jugadas se basan en el pesado pase-tiro de la estrella, el 4000 lanzamientos estériles en cada partido y en dos o tres alley-hoops para el youtube. 

Es chocante que sigamos intentando triunfar allí cuando todo apunta a que, en realidad, se sentirían mucho más a gusto sin saber que fuera de sus fronteras hay más talento acumulado del que puedan pensar y más cuando los norteamericanos han demostrado que pueden jugar bien, o espectacularmente, si siguen la máxima de este deporte de equipo. Lo demostraron en la última olimpiada donde se conjuraron para acabar con el ridículo espantoso de las últimas citas internacionales en las que dejaron al descubierto todas sus debilidades. Marcaron el camino: jugaron en equipo, se sacrificaron, tiraron lo justo...y se aprovecharon de la fama de la NBA para presionar a la FIBA para encontrarse a gusto con el arbitraje que, de cuando en cuando, les pita esas cositas que sólo se pitan a la selección norteamericana. No les quito mérito con esto último, simplemente les devuelvo un poco la pelota. La verdad, ya se les puede ganar aunque ellos no se den por aludidos más que lo necesario.  

Nota del Insustancial: "Ch-check it out" fue el primer single del album "To the 5 Boroughs" (EMI) de  Beastie Boys. El grupo de rap está formado  por Adam Yauch (MCA), Mike Diamond (Mike D) y Adam Horovitz (Adrock) que son de ascendencia judía y no responden al  estereotipo de rapero que la industria musical sigue manteniendo (pese a Eminem, Rage Against the Machine, Cypress Hill...). Si ellos pudieron triunfar está claro que también se puede triunfar en la NBA siendo croata, argentino o español.  

domingo, 12 de julio de 2009

Paul Shirley o todas las razones para hacerse aficionado al baloncesto (y a otras cosas bastante interesantes)


El Real Madrid de baloncesto siempre será mucho más divertido que el de fútbol. Sólo daré una razón: en la temporada 90/91, y durante unos pocos meses, en este santo equipo militó Mark Mcnamara. ¿Quién era Mcnamara? ¿Acaso un primo de Fabio McNamara? No, mucho mejor, nada más y nada menos que Chewbacca...vale, en realidad fue Peter Mayhew el que interpretó a dicho personaje de la Trilogía pero, cuando "El imperio contraataca" se estaba rodando, Mayhew se puso enfermo y el director, Irving Kershner, buscó desesperadamente un sustituto para no perder ritmo de rodaje. Mark Mcnamara que por aquel entonces jugaba para los Lakers fue el elegido para el papel. Para su desgracia Mr. Kershner era un maldito perfeccionista y notaba algunas diferencias entre el movimiento y las mañas interpretativas de Mayhew (¡Por Dios! ¿Cómo notar la diferencia a través de un traje de pelo y una máscara de látex?) y las de su sustituto. Al parecer McNamara le pareció tan mal actor que, cuando Mayhew volvió al rodaje, decidió rodar de nuevo las escenas. Eso sí, el pivot se pudo resarcir participando en 1985 en el spin off "Ewoks: la batalla de Endor" donde hacía de especialista.


¿Alguien puede imaginar que en la Galaxia Florentino pudiera existir un personaje con ese curriculum? Me temo que no, el Real Madrid es un equipo que se toma demasiado en serio y que sólo permite excesos capilares como colmo de la excentricidad. Eso y que alguno de cuando en cuando abra un bar o local nocturno o se quiera dedicar a la producción musical como es el caso de Guti o que Etoo (en la otra trigalaxia, la de Laporta) se compre un Bentley al que ha pintado un par de líneas rojas y ha puesto su nombre en los dos laterales del capó para que todo el mundo sepa el tipo de conductor que va dentro.


Después de leer "Fiebre en las gradas" (Nick Hornby) me sentí bastante identificado con las razones sentimentales que el autor aducía para pertenecer al Arsenal -cuidado, un Arsenal que no es el actual- y para dar una lista de jugadores excéntricos que, pese a su evidente falta de talento, se habían convertido en los ídolos de la afición. Al igual que Hornby me hice aficionado al baloncesto porque mis padres me comenzaron a llevar a la cancha del Real Madrid (a la antigua, la de la Castellana que debe de estar ahora debajo de esas cuatro pirámides verticales que han construído) cuando era muy pequeño. Es decir, jamás tendré esa unión con ningún equipo de fútbol.


No cambio a ninguno de aquellos equipos ni a su forma de juego (¡Contraataque! ¡brega en la zona!) por ese ataque estático criminal y esa defensa sangrienta y cruel de la actualidad -basada en las enseñanzas de Maljkovic o Aíto- que se ha puesto de moda en el continente y que sería capaz de dormir a un niño hiperactivo de siete años al que sus padres hubieran atiborrado con gominolas o al basket egocéntrico que se impone en la NBA que tiene que venir a Europa a raptar a nuestras estrellas porque es incapaz de encontrar, ni siquiera en esa pretendida liga formativa que es la universitaria, a talentos que estén familiarizados con términos como "pase" o "equipo".


A veces, no muchas es verdad, me despierto sobresaltado y bañado en sudor pensando en que es muy posible que el baloncesto europeo se "enebeatice" o, lo que es peor, se "futbolice" y no seamos capaces de encontrar a ningún jugador capacitado para, por ejemplo, conceder una entrevista sin dar la sensación de haberse golpeado la cabeza con una maza industrial antes de sentarse en la sala de prensa o, lo que es peor, descubra que cada quince días pago una entrada no por ver un deporte que antes me entretenía si no por ver una actuación del Circo del Sol o, peor, un combate de dos equipos dispuestos a autodestruírse a golpe de falta personal en el centro de la cancha y, por narices, y en cualquiera de los dos casos palme por un colapso nervioso. Por ahora vamos salvando los muebles y nuestras estrellas de baloncesto (que alcanzan objetivos deportivos impensables para el fútbol) se siguen comportando como gente normal pero el dinero de los clubes rusos y griegos me temo que acabará por completo con la cordura...que Jimmy Naismith nos pille confesados...


Si no queremos que eso ocurra alguien debería de volver a fichar a Paul Shirley que es uno de esos pocos jugadores de baloncesto que todavía recuerda a los antiguos jugadores de la infancia. Paul es un jugador norteamericano que ha militado en 17 equipos de todo el mundo (Unicaja Málaga lo fichó el año pasado para suplir las bajas por lesión de su plantilla y creo que está en paro) y que, sin ser una estrella de relumbrón, siempre aporta porque le pone al asunto mucha inteligencia y jamás pierde la concentración. Es un tipo de la vieja escuela formado en el medio oeste (donde el baloncesto es una especie de religión) que terminó su ciclo universitario graduándose en ingeniería mecánica, pasó a la NBA y, desde entonces, no ha dejado de acudir allí donde lo hayan llamado. Un ejemplo de obrero del deporte que las lesiones no han respetado nunca -tiene tendencia a producirse las lesiones más raras- y que además sabe hacer otras cosas entre las que destaca esto de escribir.


En 2005 Paul Shirley se estrenó como escritor en una columna en la que contaba los playoffs de Phoenix Suns y un año más tarde inauguró un espacio para ESPN titulado "my so called career" ("Mi carrera, por decir algo") donde le echa gracia, ironía y mucha mala leche al deporte del baloncesto, un ejercicio de distancia encomiable y de sentido del humor que muy pocos deportistas suelen demostrar en público...además de ese trabajo sigue apareciendo en ESPN, ahora haciendo una interesante columna de música y libros, pero también ha publicado un libro sobre sus andanzas planetarias titulado "Can I keep my jersey?" ("¿Me puedo quedar la camiseta?") y también ha colaborado con El País en una sublime columna sobre la NBA en que dejaba bastante clara su postura sobre las nuevas estrellas de la NBA y mantiene un twitter y una página personal en myspace ¡Él solo! ¡Sin la ayuda de una oficina de prensa!¡Sin ánimo de vendernos unas zapatillas de ninguna marca!

¿Por qué no hay más futbolistas como Paul? ¿Por qué no hay más jugadores de basket como él? Demos ejemplo a los jóvenes y fichemos a Shirley, quien sea, el Madrid debería de hacer justicia a su tradición y traerlo o que el Fuenla le haga un hueco ahora que anda más flojo de pivots, la ACB necesita a jugadores de su categoría para mantener la cordura. Quizás no sean los mejores pero, al menos, serán capaces de explicar por qué se gana o por qué se pierde en este deporte y, si no valen, siempre puede ser reciclado para dar charlas o entrenar. Por Dios, tiene 30 años y está en un nivel perfecto de madurez pero, sobre todo, tiene gracia...¡y tiene buen gusto musical! Es perfecto para ser un sexto o un séptimo hombre de garantías y seguro que es capaz de crear buen ambiente dentro del vestuario. Si me dan a elegir entre irme de cervezas con Cristiano Ronaldo y Shirley no tendría dudas.


Este tipo vale la pena aunque sólo sea por recordarnos que el baloncesto es otra cosa, es otro juego, otra forma de interpretar el deporte pero también otra forma de plantearse la vida. Bien puede, que lo hace muy bien, John Carlin y otros cronistas hablar de la épica imperial del tapete verde, de los once contra once; que se queden con sus declaraciones cruzadas sobre conquista, gloria y demás. Yo prefiero a los deportistas como Shirley que me han hecho amar este deporte.

jueves, 7 de agosto de 2008

Superación


¿Se acuerdan de Eric Moussambani? Fue una estrella en las Olimpiadas de Sidney 2000 porque, pese a participar en la prueba de 100 metros libres, estuvo a punto de ahogarse. De hecho invirtió más del doble del tiempo del ganador de su eliminatoria a cubrir la misma distancia. Eric, apodado La anguila (en serio), es de Guinea Ecuatorial y se había preparado los ocho meses anteriores en una piscina de un hotel de Malabo que medía 22 metros, o sea, que no había visto una piscina de 50 metros de largo en su vida. Dejó dos perlas para el recuerdo: "los quince metros últimos han sido muy difíciles" y "si yo hubiera tenido una piscina de verdad quizás estaría en tiempo de medallas". Un genio. Aquí les dejo la pedazo de actuación de este buen deportista. Los dos competidores provocaron el falso para ser eliminados en la sesión, eran tayikistano y un nigeriano que pasaron de competir.











Las carcajadas desaparecieron súbitamente y Eric fue elevado a los altares deportivos como un ejemplo de superación con esas coletillas de "es un ejemplo de superación", "los atletas europeos deberían de tomar ejemplo" y todo ese rollo algo cumbayá (es decir colonialista) de "los negritos tan simpáticos y tan pobres que luchan contra viento y marea y no quieren el pescado, si no la caña de pescar". Yo creo que los africanos preferirían, en realidad, que les dieran alfabetización y que la caña se la metiera occidente por el culo. Pero eso es otra historia.

Lo cierto es que Eric, en realidad, no era un muchacho africano dispuesto a demostrarle al mundo que los negros también podían nadar (Hay sonrojantes teorías a ese respecto, como esa que decía que los negros eran peores en los deportes donde había que sujetar raquetas o bates...) si no más bien un muchacho bien de un país pobre que gracias a un enchufe consiguió que el gobierno de su país (o sea, su propia familia) le pagara unas vacaciones en Australia y un alojamiento en la Villa Olímpica que, la verdad, no es lo mismo que ir de mochilero. Les cuento otra anécdota sobre los Moussambani:

El tío de Eric fue ministro de deportes del país africano y aseguraba que era una especie de maestro de las artes marciales llegando, incluso, a hacer demostraciones de sus habilidades en público. La gente que lo vio dice que difícilmente aquello podía catalogarse como Judo y que, seguramente, ni los más chuscos gimnasios le hubieran dado el cinturón blanco-amarillo. Al parecer practicar deportes de los que uno no tiene ni puta idea es una especie de herencia familiar.


El deporte, antes en manos de los políticos y ahora en manos de los patrocinadores, tiene una capacidad increíble para crear leyendas. De hecho es el motor de unas cuantas más que, por ejemplo, la aeronáutica.

¿Qué pensaríamos de alguien que se pone unas alas de cartón y se sube a un edifició para tirarse desde él porque lo que quiere es demostrarnos que se puede volar como los pajaros? Diríamos que es un majareta y no un "ejemplo de superación". Pues con Moussambani igual...el mundo entero aplaudió que un tío que no sabía nadar se metiera en una piscina.

Eso también me hace acordarme de todas esas personas que coleccionan "ochomiles". ¿Se puede estar más tarado? "Oiga mire es que me voy a subir el K2, el Annapurna, el Everest y tal...y lo voy a hacer sin oxígeno...". "¡Allí no hay oxígeno!". "Ya pero es que quiero superarme, rebasar las fronteras de la resistencia humana". "¿Y si pruebas a hacerlo intentando verte de un tirón la programación de Telecinco o un ciclo de las películas de Rohmer?".

¿Y tienes que subir hasta allí? ¿Para? Que las vistas seran buenas si no hay nubes, vale, pero ¿Se puede hablar de deporte cuando, normalmente te tienen que amputar tres o cuatro dedos de los pies o ingresarte en un hospital durante dos meses por hipotermia? Lo siguiente será hacer las ascensiones con un señor del Record Guiness subido a la chepa para darle emoción al asunto...Yo creo que, entonces, se deberían de homologar como deportes la ruleta rusa y la lucha humano vs. oso...¡Dos entran, uno sale! ¡Más allá de la Cúpula del Trueno!


Pues ahora empiezan las Olimpiadas y nos caerán todos los días dos o tres Moussambanis y cuatro o cinco "ejemplos de superación". También unos cuantos compilados de hostiejas en aparatos de gimnasia que son la salsa cómica de estos eventos. Por cierto, que el Comite Olímpico Español y el Internacional, han prohibido a los atletas hacer demostraciones políticas o religiosas, es decir, que va a haber por ahí unos cuantos señores con la democracia en suspenso. Es acojonante lo que unos cuantos yuanes bien invertidos pueden hacer. ¿No le da vergüenza a esta gente? Se utiliza una frase que me da bastante asco "aquí venimos a hacer deporte, la política para otros", no me extraña que todavía se hable tan bien de Franco en nuestro país.



Se habla también mucho de doping pero, ya se sabe, que la selección norteamericana de basket no pasará los controles. Van pero con condiciones que, para eso, son la imagen de todas las marcas deportivas. Hace unos años pillaron a un lanzador húngaro en un control con una ingeniosa porra de plástico entre las piernas conectada ingeniosamente a una bolsa llena de orina sin restos de EPO. ¿No son las trampas también un "ejemplo de superación de la verdad"?


Yo me acuerdo mucho de las atletas de la RDA que parecían legionarios...¡Esteroides para todos, que paga el camarada Honecker! ¡Consigue una medalla y te regalamos un Trabant y unos pantalones de pana...nuevos!



Debería de haber unas olimpiadas del Doping con gente completamente puesta de todos los avances de la medicina deportiva. Veríamos a gente correr los 100 metros lisos en 8 segundos...o mejor,unas olimpiadas de deportistas yonkis. Sí...¿A nadie le gustaría ver una competición de salto de longitud de gente puesta de tripi? ¿Cuanto saltaría un pertiguista puesto de farlopa? ¿Y gente lanzando martillo puesta de setas? Mi preferido: competiciones de lucha libre con gente puesta de MDMA. Además, los yonkis son las únicas personas que salen por ahí en chandal...se les puede diferenciar de los deportistas porque los primeros llevan un yogur líquido o un donut en la mano y los segundos una antorcha olímpica.
Pues eso, además, no se si voy a poder superar otra demostración más de fervor patriótico en cuanto superemos la tercera o la cuarta medalla de oro...que esa es otra...

martes, 3 de junio de 2008

Mediocres y nada más.


José Luis García Sánchez decía una vez que España estaba gobernada por unos señores muy mandones que rápidamente te levantaban el dedo y te señalaban con él en plan acusador.

De mi coleto también me saco que estamos rodeados de mandatarios mandones y muy torpes. Líbreme el cielo de hacer una columna deportiva, que otros hay más preparados y puestos que yo en el tema, pero lo cierto es que los mandatarios deportivos son un reflejo estupendo de las peores artes del mal gobierno.

Hoy nos hemos enterado de que Pepu Hernández, el entrenador de la selección española, ha sido despedido de su cargo cuando sólo quedan unos pocos meses para ir a los Juegos Olímpicos de Pekín. Pensábamos hacer algo grande, quizás repetir el éxito del Campeonato del Mundo de Japón o nuestro segundo puesto en el Europeo. Ahora ya sabemos que será imposible.

Al parecer al buen presidente de la Federación de Baloncesto de nuestro país no le molaba Pepu y se lo ha cargado. Ya ven. Vendrá Aíto o quien sea. Que pena.

Gracias idiotas.

Desde aquí te lo decimos Pepu, eres y serás grande, de merengón a demente.

Hace unos días me enteraba de que Rafa Pascual, uno de los mejores jugadores del mundo de voleibol, había sido descartado por "cuestiones técnicas" de la selección española. Dijeron que estaba mayor. Pese a sus 41 años sigue en la élite mundial. Bueno pues nada, la selección que había sido campeona de Europa se quedó sin ir a los Juegos. Al parecer el mamarracho del seleccionador se llevaba mal con Rafa y temía que su presencia eclipsara su trabajo. Demasiado carisma. Adios Rafa, bienvenido fracaso. El seleccionador anterior abandonó su cargo por presiones federativas y trajeron a este idiota, mucho más dócil, claro.

Gracias idiotas.

¿Y qué me dicen del Presidente de la Federación de tenis? Pues nada, un tipo que se gasta la pasta de los contribuyentes en mandar SMS amenazantes a jugadores en la élite, a descentrarlos, a reírse de ellos.
Otro idiota.


Raúl no irá a la selección porque al seleccionador no se le pone en las narices. Da igual que haya cumplido con una gran temporada. Tampoco va Guti que estaba en forma. Ahora deja a Cesc en el banquillo y, después, selecciona a 9 jugadores que no tienen sus contratos resueltos. Los mejores tampoco tienen sitio en la selección de fútbol.

El otro día una promo de TVE decía "el equipo de Luis Aragonés"...¿Pero esto no era la selección española? ¡Ah, sí! Los que antes fueron "los chicos de Clemente" o "los machos de Camacho".

¿No les suena todo esto? Pues la próxima vez que se merezcan un ascenso por méritos propios o un aumento de sueldo y no se lo den o su empresa pase de ustedes a la hora de llevarle a ese viaje de compensación que se tenía merecido quizás debería de tomar nota de nuestro deporte y que se consuelen sabiendo que más vale caer en gracia que ser gracioso y que quizás sus jefes prefieran a un rompepiernas, a un "sí, señor", a un grasioso-grasioso, que a ustedes que se han estado batiendo el cobre. Es más, es posible que estén incluso pensando que su carisma es "too much" y que son ustedes demasiado buenos como para no estar en la lista de los reemplazables.

No les arriendo las ganancias, insustanciales.

PD: Por cierto, omito nombres de cualquiera de estos mamarrachos, claro.