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miércoles, 13 de abril de 2011

El fin del mundo y la viralidad



Por si ustedes no se han dado cuenta a Nostradamus le siguen teniendo mucha fe. Es algo que no entiendo, de hecho, cuantos más años pasan del año 1999 (año en el que predijo el segundo advenimiento y, por lo tanto, el juicio final) menos comprendo que se le siga leyendo en clave de gran profeta o de visionario. 12 años después de que predijera la catástrofe seguimos aquí, mejor que peor, y seguimos teniendo que escuchar la reinterpretación contínua de unos textos reinterpretados con cada catástrofe. Es fantástico: cada vez que ocurre un cataclismo alguien se encarga de mirar una cuartilla de Nostradamus y decir: "mira, aquí donde pone que el Rey del Norte acampará en las tierras heladas de la Bruja Avería, aquí y justo aquí nos está contando lo de la Torres Gemelas y, un poco más abajo, donde pone que el Príncipe Amarillo hará pipí sobre las azaleas de Madame Estultice, está claramente opinando sobre la compra del Alavés por parte de Dimitri Piterman". 

Me avisaban hace un tiempo los inefables Galán&Errasti de que Dios devuelve la vista a los ciegos y hace andar a los paralíticos pero que, en su infinita bondad, jamás había hecho crecer un brazo o una pierna. Curioso. Lo habrá hecho pero no hay casos documentados de personas a las que les haya ocurrido el feliz hecho de haberse encomendado a una deidad, irse a la cama con un número impar de miembros y despertarse con un número par. Del mismo modo, y aunque parezca sorprendente, ninguno de los profetas que se han hecho famosos lo han hecho por predecir cosas buenas como una buena temporada del Rayo, la aparición de un río de golosinas o que, de pronto, las mujeres guapas sentirán una felina y pecaminosa atracción por los más feos de la sociedad. 

Bien sabe el que se quiere dedicar a profeta (o el que quiera ser director de informativos de Telecinco) que vende mucho más la catástrofe y que, al estar a merced de muchas de ellas, es mucho más fácil que descarrile un tren o un chiflado decida iniciar la III Guerra Mundial sin mediar provocación más que cualquier cosa medianamente festiva. Si Nostradamus o Malaquías, por ejemplo, hubiera predicho que en el futuro existirían las vacunas seguramente nadie les hubiera hecho ni el más mínimo caso. 

Es por eso que no me extraña que el reverendo Harold Camping, dueño de la cadena Family Radio, se haya lanzado a una campaña publicitaria tan sorprendente que nos ha dejado a todos con el culo torcido: El mundo se acaba el 21 de mayo de este mismo año. Lo ha anunciado en 3000 vallas publicitarias colocadas en todo el mundo como el que anuncia las llegadas del Corte Inglés. El programa de festejos no deja de ser suculento: todo comenzará con un enorme terremoto a escala internacional provocado por nuestro creador que, al parecer, divide a los seres humanos buenos de los malos agitando el planeta que él inventó como si fuera la batea de un buscador de oro y diferenciar así lo brillante de lo que no lo es. Tras el primer chispum este se procederá a abrir una especie de proceso burocrático y judicial para terminar el 21 de octubre como terminan todas las fiestas de los pueblos: un espectáculo de fuegos artificiales, una mascletá universal que destruirá el planeta. 

Al parecer, no estoy muy ducho en asuntos teológicos, todo esto se conoce como "El Rapto". 

A ojos de Camping Dios debe de ser una entidad omnipresente y omnipotente pero, también caprichosa sin duda. Como si de un niño en una playa se tratara se ha pasado miles de años construyendo una serie de castillos de arena, dándoles forma, cuidando que la ola no se los lleve por delante para en un penterre o cabreo, zas, liarse a patadones con el mismo hasta no dejar nada. Por otro lado, y sin ánimo de ofender, Dios parece a ojos de Camping como un ser harto de su creación, como esa gente que se compra un perro para cuidarlo y, después de un tiempo, se ve incapaz de volver a descubrir que el animalito se ha cagado otra vez dentro de casa y decide donarlo. 

Sin duda Camping tiene razones teológicas para pensar que entre el 21 de mayo y el 21 de octubre se producirá "el Rapto". Se ha pasado la vida leyendo la Biblia y, sobre las interpretaciones numerológicas que ha hecho de la misma ha descubierto que ya ha llegado el momento de irse de este valle de lágrimas perdido en medio del Universo. También muchas razones económicas: todo el mundo sabe que el negocio de la religión, gran parte del mismo, se basa en ese juego de la compasión y el mensaje positivo mezclado con la contrariante amenaza de una eternidad llena de penurias. Palos y zanahorias cósmicas. Nadie puede predicar con la Biblia ignorando el Apocalipsis y nadie puede negar que la extensión de la culpa es un jugoso negocio. De hecho, nadie puede ignorar que si te dedicas a predicar con la salvación de las almas tienes, por narices, que recordarle a la gente de cuando en cuando que separarse del camino lleva a una brutal condena. Más allá de eso, lo que siempre me ha parecido increíble del Juicio Final, es que inocentes y culpables morirán y serán realojados en otro sitio. Imaginen que no les gusta el cielo...¿qué premio sería ese? A mi me la suda porque soy pobre como una rata pero imaginen a Emilio Botín. Menudo cabreo.



Por otro lado no deja de ser extraño que Camping se de un márgen meramente burocrático: cinco meses para llevar a cabo un proceso judicial. Una eternidad teniendo en cuenta que el Juez, el fiscal y el abogado defensor serán la misma persona. Un mismo ente que está en todos lados a la vez y que, paradójicamente, nos hizo a su imagen y semejanza. Es decir, también será el reo de la causa. Toma paradoja. Estado juez, fiscal, abogado y reo de acuerdo...¿Se necesitan de verdad cinco meses para instruir la causa? ¿No se puede ir más rapidito? Al parecer no, Dios que hizo el mundo en siete días (con Extremadura incluída por más que se empeñe Roberto Iniesta) va a necesitar 20 veces ese tiempo para decidir quienes van a vivir a su derecha y quienes engrosarán las listas de fogoneros de Pedro Botero. Al parecer le cuesta menos construir que destruir. 

Pero, para qué nos vamos a engañar, sin duda cuatro meses son un tiempo suficiente para que Harold Camping puede, sobre la marcha, cambiar un poco la propia profecía. A lo mejor no ocurre el 21 y ocurre el 22 o a lo mejor el mes que viene o a lo mejor justo el día 19 de octubre o el mismo 21. En cuatro meses el mundo puede dar muchas vueltas y existen las suficientes ollas a presión como para que una de ellas estalle y sea señalada por este empresario de la comunicación del terror como una señal unívoca de que el proceso ya ha empezado. En cuatro meses pueden ocurrir revueltas, terremotos, atentados...todas buenas oportunidades para decir "que viene, que viene...¿no os lo dije?". Ya predijo el fin del mundo para el 6 de septiembre del 94 y la cosa le salió mal. 

El riesgo de Harold Camping es poco. Es más, estamos todos participando de esta especie de marketing viral que se ha marcado el buen señor haciéndonos eco de su enésima chifladura. No está de más recordar que el negocio de la comunicación está malito y que no está mal abrirse a nuevos mercados. ¿Quién les dice a ustedes que con todo esto Camping no está abriéndose al planeta y llevando su marca por todo el mundo? Desde los años 80 la telepredicación evangélica se ha convertido en un jugoso negocio que iniciara Jerry Falwell (que llegó a sonar como uno de los inspiradores del atentado que dejó en silla de ruedas al editor de Hustler, Larry Flint) en los 60. Es posible que Falwell estuviera solo entonces pero la ola de puritanismo impulsada por Reagan abrió las puertas a agresivos grupos de derecha que todavía campan a sus anchas por esas tierras no solo en la política si no también en religión donde el propio Reagan y George W. Bush no han tenido empacho en impulsar acciones dirigidas a no dividir Iglesia y Estado. Hablamos de poder pero también de miles de millones de dólares en forma de donaciones que tienen una serie de atrayentes ventajas fiscales y un régimen especial federal a la hora de abrir iglesias o medios de comunicación adheridos a las mismas. Leyes, como las que coexisten en Utah, y que parecían tener un régimen casi especial por la peculiaridad de dicho lugar se han extendido de manera peligrosa. Pese a que la historia de los telepredicadores ha estado sacudida por escándalos de tipo sexual: Ted Haggard, cabeza de New Life Church y asesor religioso de Bush fue detenido por drogar a un chapero de la calle. Es el último de una lista de pecadores renacidos (volvió a la prédica religiosa este mismo año) que englobaría a Jimmy Swaggart que llevó las cosas muy lejos en los 80 denunciando a sus compañeros de profesión Jim Bakker y Marvin Gorman por mantener relaciones extramatrimoniales. Lo que no sabía Swaggart es que Gorman contrató los servicios de unos detectives privados que descubrieron que frecuentaba la compañía de señoras de la vida. Mal. Este hallazgo propició este momentazo televisivo el 21 de septiembre de 1988:


Y esta canción, "American Dream", de Crosby, Still, Nash & Young...


Por cierto, pese a mantenerse en el negocio, Jimmy Swaggart protagonizó otros escándalos sexuales posteriores. Si habla con él a diario, ¿por qué no le avisa de que se está metiendo en problemas al contratar los servicios de una prostituta en la calle? ¿Cómo un hombre de Dios puede aliarse con un criminal de masas como Napoleón Duarte? Aquí tienen una interesante lista de escándalos.

Un negocio tan competitivo y basado en la venta de multipropiedades en el cielo impulsa a muchos a mantener una dura posición bastante alejada del mensaje de paz y amor fraternal de los comienzos. Diatribas contra los homosexuales, contra el aborto, contra el divorcio, contra el rock...y sobre todo contra los pobres que no pueden defenderse, claro está. Pat Robertson aseguró que el Terremoto de Haiti se debía a que el pequeño país caribeño había pactado con el Diablo. ¿Como lo sabía Robertson? Dios también le habla a élQuizás Camping sepa que el dinero de los hombres temerosos de Dios de USA ya no es suficiente y que hay un mercado latino ahí fuera dispuesto a entregarle hasta la camisa a cambio de escuchar a Dios.

Solo tengo la duda de por qué Dios no se comunica nunca con nadie normal o con alguien que pueda hacer algo para cambiar las cosas. Yo,  a veces, le digo: "Señor, por favor, deja de hablar con pastorcillos. Son buena gente pero nadie les escucha. Se que se te hace raro que el mundo haya cambiado tanto desde entonces pero, por favor, deja a esa gente en el monte y habla con Obama o, mejor, hazte una conferencia de prensa. Ah, tampoco elijas a la gente que parece más perjudicada de la cabeza porque nadie les hace caso. Joder, en serio. El tonto del pueblo es entrañable pero no le van a hacer un hueco en la agenda de la ONU...ah, y tampoco pierdas el tiempo con todos esos horteras de las corbatas amarillas y las permanentes que tienen programas de televisión. ¿Que tal Chomsky? ¿Que tal Dawkins? Eso sería un gran truco publicitario...". Pero nada. A su bola.


Las grandes empresas no pueden llegar a un país y hacer campañas rimbombantes sobre la destrucción del planeta porque dependen de vender cosas que la gente quiere conservar pero Camping no. Él solo vive de un discurso. De una idea reinterpretada sobre la existencia, de un discurso sobre el Bien y el Mal tan ambivalente como esos dos términos. 

Si yo fuera él, el día 22 de octubre me levantaría tranquilamente de la cama, me pondría mi mejor traje y haría un programa especial. Un programón en el que anunciaría lo siguiente: "he hablado con Dios, he negociado con él, ha sido duro pero, al final, le he convencido de que retrase todos sus planes hasta más adelante. ¿La nueva fecha? No ha querido adelantar nada pero, les aseguro, que la vía de comunicación está abierta y que, claro está, me informará puntualmente de la misma. Mientras tanto sigan ustedes en antena porque, quien sabe, a lo largo de la mañana puede ocurrir cualquier cosa". 

No nos quedemos en el baraterío de que Camping está ganando dinero con todo esto. Quedémonos con esa valla publicitaria, con ese "La Biblia lo garantiza!" metido en una especie de pegatina amarilla como de oferta, en esa mezcla de mensaje para acojonar rodeado del grafismo más cutre. Sin duda eso representa mejor el Fin del Mundo que ningún grabado antiguo. Esa cosa tan humana de no poder estar a la altura de las circunstancias y ya que vas a anunciar algo importante hacerlo medianamente bonito. No. Camping ha decidido insertar su mensaje en medio de una composición gráfica pavorosa. Que da miedo. Mucho más miedo que el hecho de que un anciano de 90 años proyecte su hastío vital en 3.000 vallas publicitarias. Posiblemente un tipo que se encamina hacia su propia muerte, hacia su encuentro final con el Altísimo quizás se sienta, de pronto, que no quiere caminar solo y que prefiere que le sirvamos de comparsa.

Mientras tanto miren para el cielo pero, por favor, no olviden agarrarse antes la cartera. 

miércoles, 30 de marzo de 2011

James Frey, la incapacidad de hacer nada bien


Oprah Winfrey es un estrellón. Un estrellón enorme que tiene un programa raro que aquí en España todas las grandes damas de la televisión intentan imitar del mismo modo que todos los grandes de la televisión en España quieren ser David Letterman o Jay Leno aunque, en público, muy pocas veces se les escuche hablar de ellos.  

Oprah es una mujer completamente hecha así misma. Aquí desconfiamos automáticamente de cualquier persona que alcance el éxito partiendo de la peor posición posible (a no ser que sea Fernando Alonso) pero en los EE.UU. las historias de superación venden como churros porque forman parte de su imaginería social y de eso que se llama “el sueño americano”.

La afroamericana es algo así como una especie de telepredicadora laica que se dedica a dar consejos para llevar una vida mejor y juega como nadie en el terreno de las entrevistas humanas, esas que hacen llorar a todo el mundo. Los testimonios desgarrados, además, suelen tener una recompensa automática porque Oprah se arremanga en directo y reclama, cuando no pone de su cuenta corriente, todos los medios necesarios para atajar, en vivo y en directo, cualquier injusticia.

Las únicas veces en las que Miss Winfrey ha parecido completamente fuera de juego han sido tres: cuando Tom Cruise se puso a hacer morisquetas y ejercicios gimnásticos en un sofá, cuando accedió a entrevistar a Cormac McCarthy  dando una de las peores entrevistas de la historia reciente al intentar que el esquivo escritor se pusiera tierno y la segunda vez que tuvo a James Frey en el plató de su programa.



En 2003 James Frey publicó “A milion little pieces” ( cuya traducción sería "Un millón de pedazos pequeños". Editado en nuestro país por Taurus con el título "En un millón de pedazos"). Una novela autobiográfica en la que narraba su experiencia con las drogas, sus desastrosas consecuencias y en su caótico proceso de rehabilitación. La narración que fue acogida con cierta frialdad y bastantes malas críticas no dejó indiferente a la presentadora que encontró en el texto una de esas historias que suelen engordar los ratings de audiencia: chico blanco, ex drogadicto, ex delincuente, culpable de la muerte accidental en accidente de tráfico de dos compañeros de instituto que renacía como escritor utilizando la literatura como terapia para la salvación y la restitución pública. ¡Guau!




Dentro del famoso programa existe una sección titulada “Oprah´s Book Club” (se podría traducir como "El club de lectura de Oprah") desde la que la presentadora recomienda libros a su audiencia. Algo que comenzó como una simple labor de apostolado (¡Lean, que no me leen nada! ¡Que leer es precioso!) se convirtió en la rampa de lanzamiento más codiciada por todos los editores del mundo anglosajón: cualquier novela que salía en ese escaparate se convertía, al día siguiente, en un éxito literario. Incluso les ponen una pegatina con el logo de la sección para que sean más reconocibles.
Winfrey dijo de la novela de Frey, que se había vendido bien hasta la fecha,  que la había mantenido en tensión durante toda la lectura, que había perdido horas de sueño con ella, que era la pera limonera, vamos.

Llegó al puesto cuatro de ventas de libros de “no ficción” en cuestión de días y, unas semanas después, Oprah recibió en su programa al escritor que le relató todo su historial delictivo, que estuvo siendo perseguido por la policía en varios estados, que había tenido recaídas en el alcohol y en la merca y cosas así de esas de dar mucho morbo. De hecho, utilizó profusamente la retórica de arrepentido que despliega en su novela y habló de esas cosas tan agradecidas como “la furia” y “la ira” que te llevan a la droga o “el demonio interior” contra el que hay que luchar. Ya saben, ese rollo medio religioso, medio freudiano que tan bien viene para metaforizar sobre el desgarro, el desarraigo y la culpa.  Oprah se sintió encantada de tener a un demonio domesticado, a un ángel caído y rehabilitado en su plató y corrieron lágrimas y todo fue fenomenal para el autor que, ya en junio de ese año, había publicado  “My friend Leonard” la segunda parte de las memorias que tenía como objeto alargar la historia primigenia y ahondar en la terapia y en la recuperación de su vida.

La entrevista, una de las más seguidas de la historia del programa, se cerró con un profundo éxito. Un éxito que no dejó a nadie indiferente pero, sobre todo a los responsables de thesmokinggun.com (TSG). Esta página web, dedicada a escarbar en los archivos policiales, tiene una famosa sección (llamada "Mug shot") en la que muestran las fotos de los famosos que han sido fichados en cualquier comisaría de los Estados Unidos. Gracias a esta página hemos visto a Bill Gates sosteniendo un cartelito con su nombre en una comisaría y cosas así. Como Frey era una nueva estrella, y un ex delincuente, los puso a la búsqueda de la ficha policial del mismo y de la, en ese momento, codiciada fotografía.

Seis semanas de la aparición de James Frey en la televisión nacional los editores de Smokinggun no tenían solo la fotografía si no, además, un artículo demoledor titulado “A million Little lies” ("Un millón de mentiras pequeñas") donde daban pruebas de que el escritor no había sido un delincuente tan peligroso, jamás había sido detenido por los delitos que describía en su biografía y, claro está, que todo lo escrito en sus dos tomos no era más que una invención de Frey.




¿Por qué alguien querría autoinculparse de un montón de delitos y ensuciar así su biografía? Pues muy sencillo: marketing. Durante unos cuantos años Frey estuvo intentando colocar el manuscrito de su novela en varias editoriales sin éxito. En un momento determinado él o una avispada publicista, Nan Talese, decidiera que se podía vender mucho mejor si se cambiaba la etiqueta de “ficción” a “biografía”. Así fue. La traducción de la novela a 29 idiomas y 5.000.000 de ejemplares vendidos avalan que el truco funcionó mucho mejor de lo que hubieran esperado, incluso demasiado bien. Sin duda, la conversión de Frey en un escritor de best-seller impidió que se mantuviera bajo la línea del interés informativo y que su millón de pequeñas trolas pasara desapercibido: de haber vendido una respetable cifra de 400.000 o 500.000 ejemplares y no haber aparecido en el programa de Winfrey hubiera permitido a Frey seguir con el engaño durante toda su vida.

Un engaño que, antes de que el libro fuera un superventas, el propio frey había reconocido a varios periódicos pequeños en diversas entrevistas pero que, poco a poco, fue negando aduciendo a que, en ese momento, quería obviar ese pasado de macarra.

Tras el artículo de TSG que retrataba a Frey como un teen afable que se había metido en dos delitos muy menores en toda su vida (dos fotos de comisaría, nada más) y que explicaba abiertamente las objeciones legales que había puesto a la publicación del artículo y a la exhibición pública de las fichas policiales y judiciales de sus delitos (algo extraño teniendo en cuenta que toda la promoción de sus libros se basaba justamente en el relato de las mismas) llegó el turno de defensa del autor que acudió al programa de Larry King el 11 de enero para declarar que, bueno, que sí, que parte de su libro no era del todo real y que había alterado parte de los mismos. En realidad, hasta ahí, la maniobra de defensa de Frey no podría haber sido más sencilla: todos los que podrían declarar sobre la veracidad de los hechos y hablar en su favor desmintiendo el artículo de TGS estaban muertos (su amigo Leonard de SIDA, su novia Lilly se había suicidado...) y los que estaban vivos eran delincuentes que no darían la cara.



La propia Oprah salió en defensa de Frey en el programa haciendo una sorpresiva y calculada llamada de teléfono que intentaba, claro está, salvar los muebles de su programa y volver a recuperar la confianza de sus espectadores en su "Club de libros".

Sin embargo, como la mentira ya era suficientemente evidente, el  26 del mismo mes Frey reaparece en el programa de Oprah y la entrevista se convierte en un auténtico bombazo porque el autor reconoce que su obra, los dos tomos, son una mera ficción.  La presentadora se deja de enredos y ataca a la yugular del escritor diciendo cosas como que se siente "estafada y, más allá de eso, siente que (Frey) ha estafado a millones de lectores". Si Frey quería jugar, otra vez, al mismo juego promocional de su primera entrevista en la que apareció como un ex adicto redimido para presentarse ahora como un mentiroso decidido a redimirse en público el cálculo le salió mal porque una cosa es jugar con tu propio prestigio y otro, entendería Winfrey, jugar con el de ella que tiene un emporio de varios cientos de millones de dólares que penden, básicamente, del fino hilo de su buena imagen. El comentario general es que destrozó a su entrevistado.

El visionado de la entrevista me trajo a la memoria una divertida anécdota que me contó el veterano periodista Mariano López de otro reputado periodista del que obviaré el nombre y que tenía una estupenda facultad que explotó en su juventud: siempre tenía a mano la última entrevista concedida por un personaje recientemente fallecido. Si la entrevista era real o ficticia jamás podía comprobarse pero, decía Mariano, que por las hemerotecas españolas debían de estar todas cogiendo polvo y esperando a que alguien pudiera desentrañar el misterio.

La discordia y la revelación de la verdad pusieron en un brete a la editorial Doubleday que anunció el cambio del género de la novela a “ficción” y publicó una nota en la que pedía a los lectores que se hubieran sentido estafados que se pusieran en contacto con ellos para que les fuera devuelto su dinero. En septiembre Frey emitió una nota pública disculpándose por ser un escritor de ficción (muy superventas…por cierto) pero, en el fondo, no por haber desplegado todo un montón de mierda para vender su obra. Obviamente, el hecho de que Frey escriba no es algo malo…lo otro, pues sí.

En el gérmen de todo está una interesante cuestión: ¿Se valora más una obra “basada en hechos reales” que una de ficción? ¿Puede mantenerse la etiqueta de “basado en hechos reales” cuando se incluye una nota que dice “que algunos tramos del relato son ficticios y han sido alterados para mejorar la narración y los nombres cambiados?

Cuando “Soldados de Salamina” se convirtió en un éxito editorial en nuestro país muchos pensaban que estaban comprando, en realidad, las memorias de Javier Cercas y las de todos los implicados en el fusilamiento fallido de Rafael Sánchez Mazas acaecido en los últimos tiempos de la Guerra Civil española. En realidad Cercas no había hecho más que tejer el paño de su novela con hechos reales y muchos ficticios creando lo que él mismo dijo era “una obra de ficción”. Muchos lectores se sintieron estafados valorando mucho más el contenido histórico de un pasaje rocambolesco y la investigación un tanto rocambolesca del mismo frente a algo que es mucho más interesante: Cercas es un gran escritor que cogió una historia complicada y la convirtió en una historia interesante, es más, la extrapoló de toda la contienda para convertirla en una especie de símbolo permanente de la misma. Seguramente Cercas podría haber seguido con el cuento, haber alimentado que todo lo dicho era real pero prefirió contar que era escritor y no periodista. Cercas se convirtió, temporalmente, en personaje literario de la forma en la que todos los que escriben ficción se meten de cuando en cuando como personajes principales o secundarios de sus propias historias.


Normalmente tendemos a pensar que la literatura es un mero entretenimiento, que es algo con lo que perder el tiempo y nos sentimos aliviados y engañados a la vez cuando encontramos entre las páginas de un libro un personaje con el que nos identificamos. La sensación de identificarnos con alguien inexistente no deja de parecernos brutalmente inhumana, como si de pronto, la conexión con los sentimientos y la historia inventada nos desconectara de una manera rara e irracional de la realidad y, seguramente por ello, porque nos aferramos a no dejarnos llevar, a mantenernos con los dos pies en el suelo, sentimos la necesidad de que haya más testimonio que invento en todo. Si alguien te cuenta una historia quieres que la historia sea cierta para que pueda aportarte algo pero si la historia es simplemente mentira nos parece que podemos desconectar de ella, que sea nada más que una banalidad.

Frey intentó vender su libro como una obra de ficción y no lo consiguió. Pasó por 17 editoriales que se negaron a publicarlo. Ni que decir tiene que el libro es flojo y malo a más no poder. Un tocho de casi 400 páginas (más las 400 de la segunda parte) cocinados entre la chorrada sensacionalista, la baratería insultante, los pasajes arrancados a Hemingway y al realismo sucio…un best seller sin mucho interés que se hubiera quedado en nada si no fuera porque a alguien se le ocurrió decir que todo era real, que todo era cierto. Es entonces cuando el delito literario de ser un escritor mediocre se perdona porque, en el fondo, el que lo escribe ya no tiene que aferrarse a las reglas ortodoxas del buen escritor y puede justificar todos sus fallos diciendo que lo que escribe sale del corazón. Es entonces cuando el engaño y el truco que tiene toda obra literaria deja de tener peso para ceder terreno ante fines mayores. “A million little pieces” ya no es un mal libro y se convierte en mucho más que eso porque atiende a un fin mayor que al del puro entretenimiento: a la salvación de los adictos a las drogas y al alcohol. Al discurso ejemplarizante. Es ahí donde más libros se venden porque lo importante no es escribir bien si no transmitir algo que parece, a primera vista, de mucha más importancia.

Lo contradictorio es que Frey ha seguido moviéndose entre el escándalo y la escritura convirtiéndose en ese autor que demuestra que el bussiness es más importante que lo que se encuaderna.

Harper Collins, nada más y nada menos, publicó su tercera novela en 2008 (ficción, pura ficción) titulada “Bright Shiny Morning” (un rollo macabeo) centrada en la historia de varios personajes de Los Ángeles  que sonaba a un intento por acercarse al Easton Ellis que escribió los cuentos que conformaron “Los confidentes” y más allá de eso en una regurgitación del "Vidas cruzadas" de Raymond Carver. No tuvo mucho éxito y encontró críticas de todo tipo pero, sobre todo, descabelladas y, más recientemente, Frey ha intentado publicar una historia basada en la Biblia con un poco original sinopsis basada en el renacimiento de Jesucristo en Nueva York (¡Ay, Diosito!) y se vio envuelto en un escándalo chocante.

En 2009 fundó Full Fathom Five una editorial nacida para crear pelotazos editoriales en serie. En régimen de colaboración se contrataba a autores muy jóvenes (250 dólares por cabeza) para trabajar en proyectos colaborativos. ¿han oído eso de que una ingente cantidad de monos acabaría por escribir una novela legible? Pues algo así debió de pensar Frey que estaba empeñado no en escribir una buena novela si no un montón (un millón de pequeñas novelas) de libros y dar con el nuevo Harry Potter. La cosa no le fue mal y “I Am number Four” se convirtió en un éxito de ventas juvenil (está a la venta en España) cuyos derechos fueron comprados por Dreamworks que la ha llevado al cine recientemente y que se estrenará en los primeros días de abril en nuestro país. ¿El trasfondo de la historia? Tan chorra y tan manido como la historia que lo hizo famoso.  Los contratos precarios y algunos pequeños escándalos más han puesto el proyecto en la mira de muchos…y no positivamente.

Recientemente ha anunciado que está trabajando en un proyecto para HBO junto a Mark Walhberg que tendría como trasfondo el negocio del porno en Los Ángeles…eh…Mark Wal…¿ese no salía en “Boogie Nights” que iba, justamente, del negocio del porno en Los Ángeles?

James Frey demuestra que no hace falta hacer las cosas bien, ni siquiera ser demasiado original, ni siquiera ser un buen escritor para vender libros. Ha demostrado cierta incapacidad para obrar honestamente, para ejercer su profesión de una forma digna pero, la verdad, nadie puede evitar pensar que conoce bastante bien el negocio en el que está metido y como hacerlo funcionar. Ah...y una absurda tendencia a retratarse haciendo una peineta (el famoso "fokyu") que es lo que hacen los chicos buenos cuando quieren parecer malos malísimos consiguiendo, sin embargo, parecer unos verdaderos gilipollas. En realidad no deja de hacer patente no solo eso último si no también su plena incapacidad para sentir vergüenza propia.

miércoles, 12 de enero de 2011

De las ideas prescindibles


Antonio Caño, corresponsal de El Pais en Washington DC, escribía el lunes una rara columna titulada "Sarah Palin no es responsable" en dicho diario en la que, a grandes rasgos y con una sensación de urgencia en el texto un poco extraña se dedicaba básicamente a desautorizar las voces que, desde los propios Estados Unidos, se habían alzado contra la Gobernadora de Alaska desde que se descubriera que, en su página web, tenía alojado un mapa de su país donde, con una serie de dianas, se alertaba de la presencia de los senadores demócratas que habían apoyado la ley sanitaria propulsada por la Administración Obama y, claro está, de la necesidad de derrotarlos en las urnas. 

Como todos sabemos, con suma ligereza, somos capaces de intercambiar los términos bélicos con los políticos a una velocidad de vértigo. "Derrota ejemplar", "Castigo", "Contienda", "batalla", "adversarios", "cautivos", "prisioneros", "frente", "trinchera", "armas", "combate cuerpo a cuerpo", "campaña"...son algunas de las muchas palabras que mezclamos con el normal discurrir democrático (o no tanto) de una votación o referendum cualquiera. 

Muchas veces, estos términos, son utilizados sin tener mucho en cuenta ni su peso, ni su importancia y, sobre todo, sin entender que su campo semántico o su naturaleza polisémica la mayoría de las veces trasladan un mensaje ambiguo al ciudadano de a pie que, algunas veces, es tranquilo y lee el diccionario y otras, el pobre mío, se halla confuso y quizás un tanto asustado por el nivel del debate que, a sus ojos, se convierte en combate. 

Es decir, como siempre, no tenemos en cuenta el poder inequívoco del lenguaje y, sobre todo, la necesidad de utilizarlo correctamente o, al menos, del modo menos ambiguo posible cuando se trata tanto de informar como de salir a la palestra a contar un programa electoral. 

Pese a lo que diga Caño en su poco meditado artículo, lo cierto es que Sarah Palin sí es culpable de utilizar un lenguaje (y más allá de ello una iconografía) bélica que lleva a algunos a confundir el estado actual de las cosas en los Estados Unidos con una confrontación real, un ambiente bélico. No digo yo que sea Sarah Palin solo, los dirigentes de ese grupo nebuloso que se llama Tea Party y todo un enorme grupo mediático (encabezado por Fox que sigue haciendo caja con la catástrofe) son también culpables de generar un ambiente, cuanto menos, irrespirable. 

Aquí, con el asunto de las dianas, somos mucho más sensibles. De hecho, la afición de la muchachada de la Kale Borroka de escribir el nombre de un político y rodearlo por una diana en esta o en aquella calle o esquina es un delito tipificado por la ley con el ampuloso nombre de "apología del terrorismo". Me pregunto, si el Señor Caño, sería igualmente sensible y comprensivo con estas dianas que se pintaban en nuestro país hace unos pocos años y si la iconografía utilizada le parecería igualmente inocente. Por si la cosa comienza a pintar demagógica (por eso de la comparación que quizás parezca un poco fuera de tono) me gustaría saber si, en realidad, el señor Caño se sentiría tranquilo si, de pronto, su nombre apareciera en un mapa de los Estados Unidos rodeado por una diana bajo este sencillo lema: "Periodistas que no nos gusta como escriben". 

Al azote del tambor, al sonido inconfundible del sable guerrero se apuntan muchos por la inconsciencia pura del calentón o, mucho peor, por saber que es ahí donde pueden rebañar unos buenos dólares (o euros) con esto de la confrontación ciudadana. Lo que es, seguramente mucho peor, es que da igual que uno lo haga porque es un imbécil incosciente y codicioso dispuesto a cualquier cosa con tal de no bajarse del Mercedes o que uno sea un golpista intencionado ávido de darle la vuelta a la tortilla con cualquier pretexto: dichas acciones son igualmente malas. 

Los periodos de preguerra, desde un punto de vista historiográfico (o sea, echándole un vistazo a los periódicos de la época), suelen ser emocionantes porque en ellos se descubre perfectamente como se va estratificando el horror y como este va quemando etapa tras etapa para, finalmente, comerse lo cotidiano. Los editoriales de EL ALCAZAR previos al 23-F no dejan lugar a dudas pero, tampoco es cierto, que los que acompañaban al desayuno de los lectores más moderados de ABC o del Diario Ya tampoco se quedan cojos y que alientan poquito a poco esa mala hostia, esa picada de espuela que se da quizás con la intención de hacer que el caballo corra más deprisa olvidando que, a lo mejor, si se hace demasiada presión  sobre el animal este corre el riesgo de encabritarse, tirarnos de la montura y salir corriendo despendolado llevándose por delante todo lo que encuentra a su paso. Si quieren ustedes jugar a esto consulten los periódicos alemanes previos a la llegada de Adolf Hitler al poder y las abiertas adhesiones que encontró en su camino al Reich desde los puntos de vista más inusitados. Donde unos escriben "se necesita un líder fuerte" otros leen "hay que acabar con todos esos hijos de puta". 

Pero hay otra idea mucho más viscosa dentro del artículo de Caño que me resulta más insoportable, es esta de aquí:"Palin ha contribuido a envenenar el debate político con su estilo, pero también ha contribuido desde su posición al contraste de ideas que mantiene sano este sistema". 
Como pueden ustedes comprobar un despropósito puesto que por un lado reconoce el envenenamiento que Palin ha provocado en el "debate político" para luego aplaudir que "contribuya" al contraste de ideas. 

Lo que yo me pregunto es: ¿A qué debate político se refiere? Con otra carga enorme de ligereza corremos a escondernos en la idea de que la clase política vive en un contínuo enfrentamiento, en una especie de cascada de ideas confrontadas que...¿Cual? El debate es algo puntual. Y nada más. ¿Se refiere a la reforma sanitaria norteamericana? Pues bien, como debate era inexistente hasta que el ala de la extrema derecha norteamericana se ha dedicado a jalearlo con métodos muy simples pero efectivos ergo...¿debate o enfrentamiento abierto? ¿Vale la pena iniciar una campaña a nivel nacional de desprestigio del mismo sistema para defender el derecho de las aseguradoras americanas a mantener su status? ¿Está a favor Palin de la empresa privada o del servicio a los ciudadanos? 


Pero más allá de todo esto yo me pregunto: ¿Es necesaria la existencia de las ideas de Sarah Palin para enriquecer el sistema de valores americano? Pues sinceramente, creo que no. Un no rotundo y gigantesco. El ideario de Palin que parte, por ejemplo, de la NO separación entre Iglesia y Estado o de la desregularización y liberalización de cualquier proceso económico (ya ven en qué situación nos ha puesto esto) hablan claramente en contra del sistema o exigen una serie de cambios en el mismo que lo hacen, simplemente, inviable e irrespirable.


Muchas veces pensamos que todas las ideas, que todos los puntos de vista, que todos los discursos, que todos los idearios (por peregrinos que estos sean) de algún modo nos valen. Yo me pregunto para qué necesita Estados Unidos la irrupción en política de una fuerza bruta e inestable alimentada por los peores miedos que recorren al país más poderoso del mundo, cuál es la razón para azuzar estos abandonados prejuicios, cual es la riqueza que aporta un frente ideológico descabezado y si no es demasiado que unos señores políticos, por puro afan de poder, se dediquen a darle brillo y esplendor y, lo que es peor, a oficializarlos. 


Las consecuencias, un atentado con muertos, es solamente una pequeña ventana abierta al terror real y palpable de que no calculamos la fuerza con la que manejamos el brazo de echar el pulso y que, ahora mismo, no vale ni una sola disculpa. Efectivamente Sarah Palin no es responsable....es una perfecta irresponsable.  


NOTA del Insustancial: "American Idiot" de Green Day...sobran las explicaciones. La letra aquí. 

jueves, 28 de octubre de 2010

Tea Party: Rednecks, pistolas y crucifijos.


Casi me caigo de culo leyendo ese pedazo de titular de EL PAÍS en el que un miembro del famoso Tea Party americano dice que quiere que los extranjeros les devuelvan los Estados Unidos.

Un guasón el cateto.

Imaginemos que sí, que los extranjeros les hacen caso y, de pronto, la China Popular (Donde Josep Lluis Carod Rovira sigue llamándose Josep Lluis Carod Rovira y no José Luis como se empeñan en decir los del Tintorro Party) decide arrancar las vías del tren que los inmigrantes chinos -en régimen de esclavitud-  pusieron allí por el siglo XIX. Imaginen, yo que se, que diversos países africanos comienzan a destripar los campos de algodón y tabaco de Virginia o que, digo yo, los europeos que trabajaron en el Proyecto Manhattan deciden desmontar las bombas atómicas. Ni que decir tiene que los del Tea Party mismo no tendrían más remedio que devolvernos Luisiana y que tendrían que renunciar a parte de Texas y de California para que fuera devuelta a sus legítimos dueños (mexicanos y españoles...entrarían en la zaga los franceses) porque si la cosa es que se les devuelva Estados Unidos como era Estados Unidos allá por la Guerra de la Independencia lo normal es que la cosa se circunscriba a los 13 estados fundacionales y que, incluso, Arizona o Hawaii fueran devueltos a sus legítimos dueños.

Ya llevando la cosa hasta su normal extremo (ya que hablamos de extremistas estúpidos) concluiríamos que, a lo mejor, los del Tea Party deberían de pensar en devolver esos territorios históricos a sus legítimos dueños que no son otros que los indios americanos y volverse a Europa de donde salieron una vez.

Quizás estos gañanes que orgullosamente llevan camisetas donde ponen "Educated by FOX" ("Educados por la FOX"...que es lo más cercano a decir que todo tu corpus intelectual lo aprendiste en la "Universidad de la calle") hayan sido adiestrados ("By Fox", claro) en la idea de que son la monda lironda, la pera limonera y que, claro está, han estado ahí siempre.

Lo cierto es que el Tea Party da bastante miedito. Estados Unidos es un país joven y en recesión económica lo que, evidentemente, es caldito de cultivo para este tipo de exabruptos nacionalistas. La Administración Bush (esa reunión de sátrapas) ha manejado el país como si de una manada de búfalos asustados se tratase haciéndolo correr por la verde campiña a su antojo azuzando el miedo al mundo exterior. Es fácil decirle a la gente: "Mirad como estábamos en 1950 y mirad como estamos ahora". Y cuando quieren decir "mirad como estábamos en 1950" quieren decir que vivían en un país donde existía la segregación racial, donde las rigurosas leyes "anticomunistas" pusieron al país patas arriba y donde una pacatería que parecía a simple vista inocente salvaguardaba a la clase media de la injerencia ideológica externa. Es fácil pensar, claro está, en que la América de postguerra era una potencia económica y que la actual navega en unas aguas mucho más inciertas que aquellas más que nada porque se enfrentaba con una competencia inexistente y destruída por la II Guerra Mundial.

Ponte tu a explicarle a estos tipos armados hasta los dientes que el sistema de impuestos de aquella época preveía unas retenciones de hasta el 90% para las empresas más grandes (sí, del 90%) lo que permitió el desarrollo de las economías medias y que todo el trabajo en política social se ha ido recortando debido, sobre todo, al trabajo de macarras como Nixon primero, Reagan después y, finalmente, por Bush Jr.

Se les podría explicar a los del Tea Party que viven en un país que, lejos de ser una unidad de destino en lo racial, se ha alimentado del talento mundial siendo lo suficientemente listo como para convertirse en el refugio de la clase intelectual perseguida por el nazismo o el comunismo; que sus logros deportivos se deben a la herencia esclavista y que su famosa Guerra de Secesión fue algo más que una lucha por la liberación de esclavos. Más bien fue una guerra por la cohesión de la Industria del Norte y la materia prima del Sur y que, nada de esto hubiera sido posible, si no hubiera sido por la feroz aunschluss encubierta que supuso no solo el arrebatamiento de tierras a sus dueños (los nativos), sino también a una contínua y perseverante campaña por la ampliación de fronteras de norte a sur finalizando, como ustedes saben, en la toma de control sobre el Caribe. Por si esto fuera poco los patriotas del Tea Party no entenderán jamás que el café, el azucar, el plátano o la piña que consumen (o el petroleo) es más barato allí que en su país de origen por el saqueo que su país ha hecho de ese amplio patio trasero llamado Hispanoamérica.

Cuando puedes coger todas estas explicaciones y reducirlas a una simple frase ("America es nuestra y nos la tienen que devolver") te ahorras un montón de problemas. Claro.

Hace unos pocos años las noticias sobre esta extrema derecha norteamericana se circunscribían a las milicias Blancas, a esos grupos supremacistas sureños, a ese remedo de Klu-Klux-Klan que parecía cosa del pasado. Esos desdentados agarrados a sus pistolas, encabronados con la idea tramontana de que había una conspiración a nivel mundial que ligaba al FBI con la Casa Blanca y, por ende, con los comunistas y los judíos nos parecían una guasa. Un "como te pasas, chaval" que de cuando en cuando salía de los pantanos para volver reptando a ellos en unos pocos meses que se está haciendo cada vez más visible y cada vez más fuerte. Sin cabeza conocida, excepto Sarah Palin y alguno más, esta ola de rednecks empobrecidos y asustados ha dado la cara por fin y, cuidadito, porque esta vez sí tienen quien les preste el dinero. Al parecer Karl Rove, antiguo advisor de Bush, es uno de los promotores del asunto; cuentan con una estupenda base mediática (Fox, curiosamente presidida por un australiano llamado Rupert Murdoch) y están despertando todos los fantasmas de la cara más asquerosa de la Metrópoli.

Esta América que no ha oído hablar de la HBO, que no sabe quién es Twain o que no vería con malos ojos que se colgara a todos esos liberales neoyorquinos que tanto adoramos por estos lares parece estar dispuesta a llegar hasta sus últimas consecuencias siguiendo los que, hasta la fecha, eran los chiflados idearios del conocido como Partido Libertariano fundado por Ron Paul. 

¿Y qué quiere Ron Paul? Pues básicamente que se vuelva a lo básico: una organización territorial con menos fuerza federal, la reducción total de los impuestos (esto es obsesivo) y, claro está, la "total libertad" para que cada estado, pueblo o individuo decida en plan "Far West" cómo quiere aplicar las leyes en su propiedad. 

¿Se acuerdan ustedes de aquella patraña-documental llamada Zeitgeist? Pues estaba patrocinada por el ala espiritual de los Libertarianos ¿Leen ustedes todas esas absurdeces sobre que el dinero es deuda y cosas semejantes? Pues sepan ustedes que son insidias lanzadas por los mismos libertarianos ¿Quieren ustedes saber quién opina que Dinosaurios, seres humanos y entidades interplanetarias coexistieron en un feliz pasado del que no distamos más de 2000 años? Pues estos mismos chiflados. 

Descontrol armamentístico, fervor religioso al más puro estilo talib, paletismo, nacionalismo feroz...¿Qué? ¿Acojona, verdad? 

Pues pónganse ustedes a explicarles a los del Tea Party que los mismos que los patrocinan son los que han llevado a su país a la ruina y que, paradójicamente, son más ricos ahora que cuando comenzó la crisis...ya verán lo que les contestan: "Que la culpa es tuya, tuya y nada más que tuya, extranjero de mierda". 

La verdad es que lo mejor es darles la razón y devolverles esa América que tanto anhelan, es posible que el 99% de ellos sean devorados por los osos y, el resto, masacrados en plan Little Big Horn. America Über Alles!.
Aunque, esperen porque, a lo mejor todo esto también podríamos aplicárnoslo a nosotros mismos. Sumen.

Nota del Insustancial: Dead Kennedys es uno de los grupos punks más importantes de los Estados Unidos. Su "California Über Alles", tema incluído en el LP "Fresh fruit for rotten vegetables" (1980), era una crítica al entonces Gobernador de California Jerry Brown pero también  al "californian way of life" que promovía ya por entonces una especie de dictadura de la estética, el ejercicio físico y la sonrisa permanente. Jello Biaffra, cantante de la banda, es un activista que emplea la maquinaria del absurdo para continuar una batalla absurda contra los poderes fácticos de su país. Actualmente sigue tocando con los Guantanamo School of medicine...ya pueden ustedes hacerse una idea.

martes, 11 de agosto de 2009

"American swing": tiempos sucios y divertidos


En los años 70 Nueva York se convirtió en la capital oficial del mundo occidental. Pasados los febriles y comunitarios 60 la intelectualidad abandonó atropelladamente el Oeste huyendo del violento y repentino invierno que aniquiló la primavera de las flores y se volvió a refugiar en los 70 para inaugurar una década más individualista.
A toro pasado la clase media norteamericana comenzó a asumir los cambios que la revolución hippie había propuesto, y que hasta ese momento se habían considerado como descabelladas, y se generalizaron las protestas contra la guerra de vietnam (mucho más amplias y virulentas), se comenzó a liberalizar el mercado editorial, la industria cinematográfica entró en una barrena (que fue mitigada por una nueva generación de barbudos que hacían cine de autor) y, en general, la perspectiva de una vida menos encorsetada se hacía bastante patente.

Las convulsiones sesenteras (una década llena de crímenes de estado, revueltas sociales y raciales, el recrudecimiento de la guerra de Vietnam, el terror nuclear y la Guerra Fría...) habían desgastado poco a poco a los norteamericanos de USA y los sumió en una necesidad de divertirse (algo parecido le pasó a la corte Española, sólo a la Corte, cuando murió Felipe II y subió al poder Felipe III...pero esa es otra historia) y sobre todo de conocer otros mundos que estaban en este...nada más y nada menos que subirse al carro de eso que se llamó Revolución sexual.

Nueva York se convirtió en toda una referencia por distintas razones,por un lado había asumido definitivamente la capitalidad intelectual (dejando a los californianos el negocio de la televisión y el cine de entretenimiento) pero también asumiría la de la capital del entretenimiento para adultos y sólo para adultos.

Studio 54 así como otras grandes discotecas inauguraron la etapa del disco, una etapa famosa por los cambios de consumo (de hecho EE.UU. parecía querer resarcirse de una década en la que se había hecho bandera del "no consumo") en el campo de la moda (la gente comenzó a vestir como si todas las noches hubiera que asistir a una fiesta), la música (sonidos más urbanos, nacidos en los clubes, hechos por grupos nacidos en los cinturones industriales de las industriales ciudades del norte) y también de las drogas donde se dejó paso a las sustancias de consumo comunal que garantizaban experiencias comunales (básicamente alucinógenos, opiáceos y marihuana) para meterse de lleno en la cocaína que garantizaba 100% de pasotismo inducido químicamente y luego, un poquito más tarde, del consumo masivo de la heroína (no tan famosa en los años 60) y también esa necesidad de hedonismo de medio pelo.

Las películas X, estrenadas al principio con la etiqueta de películas científicas, comenzaron a hacer esa labor. Unas películas que no podrían haberse estrenado nada más que cuando la industria del cine necesitó una inyección monetaria extra y decidió saltarse a la torera el código Hays que había constreñido la creatividad durante unas cuatro décadas.

El interés de los americanos por el género ínfimo, circunscrito básicamente a chungas emisiones privadas de películas ilegales o europeas, se disparó en aquellos años de tal modo que "Garganta profunda" (Gerard Damiano, 1972), que había costado 25.000 dólares recaudara más de 600 millones de dólares o que otras películas como "Tras la puerta verde" (1972, hermanos Mitchell) fuera de las más taquilleras del año, también que Playboy o Hustler alcanzaran su esplendor en estos años abandonando por completo el lugar de semilegalidad de la que habían (no) disfrutado.

Tan necesitados estaban los norteamericanos de impulsos y de nuevas experiencias que decidieron inaugurar (con el discreto patrocinio de Henry Kissinger) una liga profesional donde el Comos de NY ponía el glamour y los grandes jugadores (Chinaglia, Pelé, Beckembauer, Cabañas, Neeskens...) mientras que los San Louis Earthquakes ponían el oficio y los títulos...al menos al principio.
Esta historia se puede ver en el divertidísimo documental "La asombrosa historia del New York Cosmos" (2006, Paul Crowder&John Dower) que resume la historia oculta de este chiflado experimento deportivo y que tiene mucho que ver con el documental "American swing" (2008, Jon Hart&Matthew Kauffman) que trata de la historia de uno de los personajes más bizarre de la historia de Nueva York: Larry Levenson.

Conocido como el "Rey del Swing" su apodo no le venía por mover bien el palo de golf, ni tampoco por cantar como Frank Sinatra aunque llegó a tener tanta fama como él. Lo de swing le venía por ser el rey de los swingers o, lo que es lo mismo, el intercambio de parejas.

Aficionado a este tipo de prácticas desde los años 50, Larry era un enfebrecido aficionado al sexo. Muy trabajador pero muy mal empresario decidió unir su afición (zumbar) con su sueño (hacerse rico) y se dio cuenta de que todos los intercambios de parejas se producían en el ámbito privado, dentro de domicilios y entre personas que comenzaban a aburrirse de estar siempre juntos. Larry se fijó en que los bares gays ofrecían fiestas de sexo liberal y abierto y que el ambiente llevaba bastante adelanto en lo que a esa materia se refería. De ese modo decidió calcar el modelo de negocio y alquiló una vieja sauna gay neoyorquina para abrir su primer y único negocio: Plato´s retreat. O, lo que es lo mismo, el Retiro de Platón.

Semejante chiflado nombre convirtió su local en un lugar de referencia y, de buenas a primeras, lo convirtió en todo un personaje que se sentaba todas las noches en un trono junto a su novia (y socia) Mary.

Contado con ritmo y con gracia "American swing" hace un repaso del auge y la caída del local y del personaje, los personajes famosos que acudían con ganas de marcha (Richard Dreyfuss y el elenco de SNL, el actor porno Ron Jeremy que tiene como siempre mucha gracia en sus testimonios), escritores, periodistas, artistas y también el testimonio de clientes anónimos que recuerdan el lugar con una mezcla de caspa sentimental y pulsión naïf digna de ser vista. Aunque se queda un poco flojo o se oscurece en algunos aspectos interesantes -como la conexión de Larry con la mafia o la ruptura entre los dos socios- lo cierto es que te hace pasar un buen rato y te retrotrae a unos tiempos fugaces en los que el SIDA, uno de los asesinos del local, ni siquiera existía.

Cargado de material real que capta la deshinibición general y el rollo desenfreno un poco macarril que se respiraba "American swing" bien podrían servir para comparar semejante libertinaje con los actuales tiempos en los que parece que todo el mundo agradece eso de que el personal se la coja con papel de fumar.

Por cierto, puede verse aquí. Pero no digáis que os lo he dicho.

miércoles, 29 de julio de 2009

Insustanciales por el mundo...

Nota del Insustancial (reedición del jueves, 30): Eduardo Galán, vía telepatica, me informa de que el local se llama Maple Leaf y que no está sito en el French Quarter si no en el Uptown de New Orleans (¡Como no noté la diferencia!). También que en el bar se encontraba Heather Graham...con la que no se hicieron foto o es esta de tal bajez moral que han preferido esconderla.
Enfebrecidos de júbilo y comidos por la envidia más insana publicamos aquí la foto de dos insustanciales que andan paseando el gracejo, el tronío y el folclore español por los estados norteamericanos del Sur. Son el profesor Errasti y Eduardo Galán. El primero ha viajado para demostrar por aquellas tierras que un adulto nacido por estas tierras puede hacerse entender en la lengua de Shakespeare sin parecer el hermano disléxico de Ricky Ricardo (no como nuestro expresidente) y el segundo por afianzar esa leyenda que nos honra y que habla de nuestra sangre caliente y de nuestras infinitas virtudes amatorias.

Semejante misión de paz, que servirá sin duda para asombrar a los amos del mundo aunque sólo sea en nuestra capacidad para trasegar cervezas, ha tenido su colofón recientemente cuando ambos se encontraron con el actor Craig Philybin, que interpreta a Daryl, el jefe de almacén de Dunder Mifflin en la serie The Office (USA) en un garito del French Quarter de New Orleans.
He aquí la prueba física:


Cuando ambos embajadores informaron al actor de sus intenciones y de su procedencia el jambo acertó a decir "¡Ibiiiiza, very gooood, Ibizaaaaa!". Y es que ya somos internacionales.

Desconocemos el contenido íntegro de la conversación pero estamos seguros de que después de esa noche cuando a Craig le pregunten por España será capaz de decir "¡Ovieeeedo, very goood, Ovieeeeedo!". No nos cabe duda.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Políticas de grandes superficies



El problema de la política en España es que no es tan imaginativa como la de las grandes superficies. Cuando la crisis arrecia el super de turno no tiene empacho en anunciar una reducción de sus precios de entre un 5 y un 25% en artículos de primera necesidad. Eso evita algunas cosas incómodas como, por ejemplo, que un día una masa hambrienta entre en tromba en el establecimiento y arrase con todo lo que encuentre a su paso, eso evita perder pasta y, sobre todo, evita la contratación de un mayor número de guardias de seguridad que disuadan con su presencia la previsible segunda oleada de ciudadanos hambrientos.


Los de las grandes superficies han llegado a la conclusión de que ya no es suficiente dar facilidades de pago o implementar el crédito de las tarjetas de plástico para atraer clientes y prefieren ajustarse a los nuevos tiempos y bajar sus precios un poco. Eso evita el endeudamiento de la clientela y, sobre todo, evita tener que contratar a una agencia de impagos para que persiga a los morosos que no pueden hacer frente a sus facturas, gastos en papel para escribir cartas amenazantes, franqueos, sobres, llamadas telefónicas...



Los de las grandes superficies saben que es mejor vender, aunque sea a menor precio, que tener que cerrar porque nadie puede pagarse los filetes y, siguendo esa lógica, como la gente tiene la manía de comer todos los días es posible que un día se harte y se reúna en la puerta de tu establecimiento en forma de horda hambrienta. Las revueltas son un gasto absurdo pero, sobre todo, evitable.

El Gobierno ofrece masters a parados titulados pero los titulados ya sabemos que, a lo mejor, debimos de no haber estudiado tanto y haber fundado una inmobiliaria cuando tuvimos tiempo porque, la verdad, eso de que "tener un título era una garantía de tener empleo" se ha revelado como una trola del tamaño de la Unión Soviética. De hecho saber lo que era la Unión soviética no nos ha servido para nada excepto para darle una paliza a alguien en el Trivial. También ventajas en el transporte público cuando ya no hay que moverse a ninguna parte para ir a trabajar y, en el colmo de la tontuna, ventajas a la hora de comprar un coche o una vivienda extendiendo ese asqueroso mito de la clase media española de que nadie ha conocido la felicidad completa sin ser el propietario de un utilitario y de un chalet adosado...es más...creo que no hay muchas ganas de comprar ni coches, ni casas.

En la bancada del otro lado no dicen nada porque sólo tienen que esperar a que el electorado se desencante y no se manifieste. Da igual. Lo bueno de estar en la oposición es que, en realidad, y aunque pueda parecerlo no hay responsabilidad de gobierno y, claro, se pueden seguir manteniendo trolas como que, para generar empleo, hay que permitir que el "despido libre" y potenciar una bajada de los impuestos...yo me pregunto cuáles son las razones del PP para pensar que esas dos medidas serían útiles si no hay a quien despedir y, por lo tanto, no hay donde recaudar.

Como ejemplo un botón: la política del "New Deal" de Roosvelt fue ampliamente criticada por la oposición republicana (y ampliamente liberal en lo económico) que ofrecía una receta parecida a la que ofrece ahora Rajoy que no es otra cosa que una fe ciega en el sistema bancario y empresarial, por otro lado, culpable de la debacle del 29 y de la actual. Dicha política roosveltiana (mucho menos "roja" y más parecida a un capitalismo de cara amable) sacó a Estados Unidos del callejón. Su rápida decapitación posterior, éconómica e ideológica, que sobrevino en los tiempos de la Guerra Fría desembocó en miles de terrores pequeños que han dibujado la cara menos agradable de la política norteamericana posterior y que han provocado tres enormes crisis económicas (1973, 1986 y la actual). Y esto lo digo pensando en que mis apuntes de COU sean correctos...joder, si un zote como yo es capaz de saber esto me cuesta creer que un cargo público electo no lo sepa. Sinceramente.


Hubiera estado bien que en el Congreso de los Diputados alguien hubiera hablado claro, sin miedo a perder electores, y hubiera dibujado el perfil de los tiempos que corren, que hubiera reconocido que nuestra economía se basa en la especulación y que eso no es del todo fiable. Que hay que cambiarla de arriba a abajo y que hay que subir un poco los impuestos y ampliar el déficit público para generar algunas industrias competitivas. No refiriéndose sólo, claro está, a hacer ladrillos o bidets si no, por ejemplo, a tener más empresas que hagan componentes para coches o diseñen métodos para ahorrar energía. Es más pueden ser empresas farmacéuticas o, yo que se, empresas cinematográficas...¿Alguien puede imaginarse la cantidad de empleo que generan unos estudios bien gestionados? Incluso podíamos potenciar empresas de videojuegos...¿Alguien sabe la cantidad de beneficios que da un estudio de desarrollo funcionando a pleno pulmón? ¿Y una empresa editorial que venda cómics que interesen en el extranjero? ¿No hay nadie que se anime a dibujar unos putos cómics en condiciones? ¿Y empresas que se dediquen al medio ambiente?

Joder, no puede ser tan difícil, pero claro hay que poner palabras feas como "Subida" e "impuestos" en la misma frase y seguir escribiendo para incluir en el párrafo otras palabras feas como "esfuerzo". Vale, eso te va a dar mala prensa, los de la bancada de enfrente se van a poner de los nervios y van a pensar que te estás colgando con tu propia soga pero hay que pensarlo de esta manera: subirás los impuestos de un montón de padres que tienen a sus hijos treintañeros todavía en casa o, peor que peor, a un montón de padres que han sido amenazados por sus hijos treintañeros con volver a casa. Estoy seguro de que todos están dispuestos a pagar para que eso no ocurra y por deshacerse de todos nosotros de una vez por todas y que si nos mantienen a raya alejados de sus neveras y sus mandos de la televisión te lo recompensarán dándote su voto. Los americanos lo hicieron. El DIA y Mercadona lo hace ¿Que pasa contigo Zapatero? ¿Te van a enmendar la plana esos imperialistas y los de la empresa privada? ¿Soraya y Rajoy acaso? ¿Quién dijo miedo?

miércoles, 21 de enero de 2009

Fiestas de guardar


Si teneis pueblo, o acudís a uno, seguramente habréis caído en la cuenta de que todas las Fiestas Mayores siguen más o menos el mismo patrón:

1. Ofrenda floral al Patrón/Patrona (te lo pierdes porque es pronto y estás de pedo de la noche anterior cuando tú y los tuyos os decidísteis a adelantar un día las fiestas por vuestra cuenta...).

2.Chupinazo, Pregón o acto inaugural parecido (Vas con resaca para cascarte la primera cerveza del día, mancharte la camiseta de la peña y echar un vistazo a las posibles forasteras...).

3. Charanga. (Vas detrás de la Charanga para que todo el mundo pueda ver que sigues poniéndote en evidencia a la mínima de cambio, sudas, gritas, te agarras con todos los que tienes alrededor si acordarte de que has echado a perder tus dos últimas semanas de sobriedad y que tu novia, que por fin se ha dignado a ir contigo a tu pueblo, está cabreada como una mona...).

4. Verbena nocturna. (Más alcohol, más comida, más bailes y, seguramente, alguna pelea con los mozos autóctonos.)

Lo de Obama ha sido así:

1.Visita a una Iglesia (Ofrenda Floral).

2. Toma de posesión (chupinazo).

3. Charanga (Desfile por las calles de Washington).

4. Baile presidencial (Verbena)

Seguramente en nuestro país no seguimos el patrón de Fiesta de Guardar porque, de ser así, nos veríamos obligados a hacer que el Presidente entrante tendría que torear a una vaquilla -toreada en todo el Levante Español- y, después de la verbena, tirar al presidente saliente al pilón del pueblo que es una de las grandes tradiciones de nuestras fiestas patronales.

La verdad es que aquí somos como más aburridos (¡Con lo cachondos que somos por aquí!) y nos conformamos con que los Presidentes vayan a la Zarzuela a jurar delante de un crucifijo que haría huir a todo el elenco de Crepúsculo y una Costitución tamaño libro de atrezzo del plató del "1,2,3...responda otra vez". ¿No le podemos poner un poco más de cachondeo al asunto? ¿No sería posible un poco de color y un poco de alegría? ¿Tiene que parecer que lo hacen escondidos en un sitio para que nadie se entere?
Y me temo que no es tanto una cuestión de sentido del espectáculo como que los yanquis parece que tienen mejor perder o que, en realidad, la gente ha salido a la calle para certificar que, de verdad, alguien ha elegido a un presidente negro y digo lo de "alguien" porque las listas de votantes en USA son tan pequeñas que los presidentes son elegidos por un margen muy pequeño de la población debido a que el derecho a voto se pierde, incluso, por tener multas de tráfico impagadas y, en la mayoría de los casos, no se vuelve a recuperar jamás.

¿Alguien se imagina a ZP saliendo a saludar a un balcón sin que alguien decida tirarle un huevo o un sinfonier a la cabeza? ¿A Aznar al final de su mandato pasandole los trastos a su "némesis" con una sonrisita y diciendo eso de "ahí os quedáis"? Pues no parece imaginable a corto plazo. Ni eso ni lo de los presidentes iberoamericanos que se cambian una banda y un báculo como si estuvieran en un concurso de Miss Universo pero con menos lágrimas y sin tener que decir cosas como "sólo quiero la paz mundial y...", bueno, discursos vacíos hay muchos.

Yo me quedo, de todo lo de ayer, con la vuelta de Bush a Texas. Anoche la 2 emitió "W" (Oliver Stone, 2007) una película sobre la vida del ex emperador y, aunque era un retrato bastante amable para estar firmado por Stone, la verdad es que contaba algunos aspectos interesantes del personaje como que bebía Doctor Pepper (una especie de bebida parecida a la Casera Cola con doce cucharadas soperas de azucar) o que, en realidad, no era tan malo como el malvado de Dick Cheney al que le caen muchos más palos. Ya digo que me quedo con la vuelta de W a Texas donde fue recibido por sus amigos (no nos engañemos, tiene muchos) con una alegría que le hará olvidar la frialdad de la despedida en Washington donde, con una rapidez enorme, se convirtió en un personaje incómodo y ridículamente estático, incluso antes de subirse al helicóptero. En realidad Bush parecía tan fuera de onda como los farolillos apagados y abollados de las verbenas al día siguiente de que se terminen las fiestas de un pueblo cualquiera.

jueves, 8 de enero de 2009

Aznar, el exótico


La RAE define el término “exótico” del siguiente modo:

1. adj. Extranjero, peregrino, especialmente si procede de país lejano.
2. adj. Extraño, chocante, extravagante.
3. f. Méx. Bailarina de cabaré.

Teniendo en cuenta que Obama no es ni una bailarina de striptease, ni un extranjero que ha alcanzado la presidencia norteamericana (cosa que hubiera ocurrido de presentarse Schwarzenneger) ya sabemos por qué Aznar ha tachado dicho hecho histórico como "exótico". El ex presidente confiere a la Historia la capacidad de dar giros extraños, chocantes, extravagantes, qué se yo, chiflados, a los acontecimientos. Como si la historia fuera una alegre tom, tom tombola de luz y de color y que como en el tango el mundo yira, yira, yira sin ton, ni son. Me da cosa quitarle la razón a tan alto estadista y tan buen empresario -babeo ante la posibilidad de que Famaztella S.L. salga a bolsa para hacerme con un jugoso paquete de acciones- pero la verdad es que, desde los tiempos de Boecio, en los que se pensaba que la historia estaba formada por un grupo de ruedas movidas aleatoriamente por la mano caprichosa de la fuerza de la fortuna nadie se había atrevido a calificar ningún acontecimiento histórico como "exótico". Un adjetivo más propio de las agencias de viajes de todo a 100 ("visite el exótico Cozumel") que del discurso de un hombre que aspiraba a pasar por la puerta grande de la historia.

No me quiero ni imaginar lo que pensó Aznar cuando eligieron a Nelson Mandela Presidente de Sudáfrica...

Me gustaría saber también cuáles fueron las primeras impresiones de George W. Bush ante José María Aznar ¿Pensaría que era un español "exótico"? ¿Que los presidentes en Estados Unidos no gastan bigotes desde el primer Roosevelt? ¿Que sus piernas eran demasiado delgadas para correr los 10.000 metros lisos con un tiempo que mejoraba el record mundial en 20 minutos? Que sea el propio José María Aznar el que explique la proeza:

"El otro día, en Canadá [durante la cumbre del G-8], estaba con el presidente Bush cuando éste puso los pies encima de la mesa y me preguntó: '¿Sigues haciendo deporte?'. Yo le dije que sí y él comentó: 'Hago cuatro kilómetros en 6m. 24s.'. Yo puse los pies encima de la mesa y le respondí: Yo hago los 10 kilómetros en 5 minutos y 20 segundos. Es la primera vez que superamos a EE UU en algo". ( 5.07.02 , extraído de la desafecta losgenoveses.net).

¿Por qué Jose María Aznar no dijo que el hecho de que lo mezclaran sentimentalmente con la Ministra de justicia francesa, de ascendencia árabe, Rachida Dati era algo demasiado "exótico" para ser tenido en cuenta?

¿Qué tiene en realidad de "exótico", de extravagante, de chocante, que los norteamericanos tengan un presidente de color negro? ¿Eso es más o menos chocante que dejarse fotografiar en la cubierta de un barco vistiendo un "exótico" pareo fumando un puro al lado de un vejestorio playboy llamado Flavio Briatore que gasta tangas de pedrería negros?

¿Es más extravagante elegir a Barack Obama o seguir enrocado en posturas políticas del pasado efímero que la crisis económica se ha encargado de barrer para siempre del mapa? ¿No resultará el propio Aznar un poco "exótico" dando esas conferencias en Georgetown con acento de Speedy Gonzalez? ¿Cuando vas a pedirle una revisión de nota dice eso de "estamous trabajandou en ellou"?


Muchas preguntas con una sola respuesta, me temo, que no es otra que decir cosas chocantes para llamar la atención del personal porque, la verdad, es que si de algo puede vanagloriarse el personaje es de abrir la boca y que suba extraordinariamente la venta de periódicos al día siguiente y los humoristas gráficos no tengan que comerse el tarro para entregar el dibujito de mañana. Aznar, siempre tan atento con nosotros los rojillos y los desafectos, nos regala unas cuantas perlazas de su boca (blancas, blanquísimas, no te creas) para que nos olvidemos de los sinsabores que nos regalan últimamente los periódicos y, de paso, le permite a Rajoy darse un respirito y decir "no comment" que es una cosa que Mariano sólo está autorizado a decir cuando se trata de Aznar.

Los presidentes que salen por la puerta trasera deberían de recibir el trato que el periodista David Frost le regaló a Richard Nixon durante la entrevista pactada por ambos y que ha pasado a la historia del periodismo político. Traigo a colación semejante dato porque ya he visto Frost/Nixon (2008, Ron Howard) que es una de esas películas que te hacen reconciliarte con el cine histórico y que puede verse aquí. Una lección sobre el mundo de la TV y su mala relación con la justicia que me ha traído a la memoria la postura ética de nuestras televisiones durante los tiempos de la entrevista de Cachuli y el "Yes, we can". Siendo Nixon quien era, Cachuli quien es y Jordi González pues eso, Jordi González.

Más que una entrevista entregada como la que se le hace en Vanity Fair (y donde ha dicho semejante exabrupto) Aznar merecería de una de esas entrevistas que hacen que, hasta el más pintado, se retrate ante la historia que una vez quiso escribir y que hoy le resulta al ex premiere tan esquiva, tan exótica, tan absurda. Como proclamar que uno puede correr los 10.000 metros lisos en menos de seis minutos.

viernes, 14 de noviembre de 2008

America se mira el pajarito


La foto de arriba es una de las mayores sorpresas que me he llevado últimamente: el señor de la derecha es, nada más y nada menos, que Barack Obama a estas horas presidente electo de los Estados Unidos y el de la derecha es uno de mis fotógrafos favoritos de todos los tiempos, su satánica majestad Terry Richardson.

Esta es una imagen que me llena de esperanza con respecto al futuro morador de la Casa Blanca, la verdad, porque creo que ningún otro se hubiera permitido el lujo de posar en público con un tipo que se ha hecho famoso por fotografiar la cultura americana más mostrenca desde la prespectiva más cochina que he visto en mi vida.


Los caminos de los dos han sido inversos: Mientras que Obama sale de la clase media baja para tocar el cielo, el fotógrafo fue un niño pijo que decidió encontrar acomodo en la parte trasera de los drugstore, drogarse con inhaladores para el asma, beber hasta caer redondo en el salón de cualquier desconocido y dar rienda suelta a una sexualidad voraz con, dicen, hombres, mujere y travestis de toda índole.


Terry, que lo tenía todo, ejerció de chapero ocasional, de punk y todo con la única intención de autodestruirse. Un buen día despertó y decidió utilizar su cámara para retratar su entorno. Fue un éxito, una obra dura, rápida, sucia, irónica humorística y, sobre todo, realista. El trabajo de Richardson parece, a primera vista, algo hecho de manera instantánea, rápida, incluso su mano parece temblar mecida por la ingesta de algo más que dos cañas y, claro esta, ha sido perseguido impenitentemente por todos los fotógrados convencionales y más cuando esta rara avis comenzó a buscar acomodo entre revistas como Harper´s, GQ, o incluso Vogue en su edición francesa considerada como la cosa más elegante a este lado del universo.

Sin embargo la fotografía de Richardson transmite mal rollismo por encima de su, aparente, poca técnica. Un fotógrafo profesional me contaba que una noche intentó captar el estilo Richardson y se rodeó de la atmósfera adecuada para ello: una cámara barata, una fiesta y gente aligerada del peso de la moral judeocristiana. Acomodó un fondo blanco y se dedicó a disparar fotos a los asistentes, gente drogada, ida completamente, desnudos…a la mañana siguiente rescató el material y se dio cuenta de que, pese a que parecía de Richardson, carecía completamente del extraño toque chungo que el americano es capaz de dotar a su trabajo.

Terry Richardson ha conseguido poner el punto becerro al mundo de la moda acercándolo a una pornografía sugerida, al retrato de momentos chungos, consiguió que una modelo se retratara bebiendo leche de la teta de una vaca, que la campaña de Sisley estuviera rodeado de los iconos de la movida Furry y, cómo no, ha conseguido sacar del armario a un Presidente Obama que, al lado de él, parece joven, divertido e impecablemente vestido sin embargo del mismo modo que no hay estrella que se precie que no haya dejado retratarse por la cámara de este fotógrafo a costa de hacer una broma pesada sobre sí mismo.
Espero que Richardson le haga el mismo favor a la política americana que le hizo en su momento a la encorsetada fotografía de moda, que le haga mirar hacia otro lado y, claro está, que aligere a Barack Hussein de la asquerosa, pornográfica, lastimosa y podrida doble moral que se ha apoderado de los Estados Unidos y de su anterior administración poniendo el acento en que una cerveza de vez en cuando, una fiesta de vez en cuando y un paseo ocasional por el lado más salvaje de nosotros mismos nos alimenta para seguir hacia adelante. Que Dios está en su sitio y nosotros en el nuestro y que, por favor, no se mezclen las cosas. No se si podrá o no pero, al menos, parece que alguien está dispuesto a abrir un poco las puertas y dejar salir todo el polvo acumulado, perseguir con una escoba a los fantasmas del puritanismo y dejar pasar el aire para que se cuele algo de la America mostrenca, real, sucia, pecaminosa y divertida que es la que nos quita el sentío. La que nos pone, vaya.

Por si acaso no os perdáis su Livejournal, ni su revista virtual pero no me hago responsable de que os den unas ganas terribles de pecar contra vosotros mismos.