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domingo, 29 de mayo de 2011

¡Viernes Peronistas!

¡Ché, que bueno que viniste! 

El sábado pasado el azar me llevó a conocer a Dario Adanti, conocido dibujante (coautor de "Mis problemas con Amenabar" junto a Jordi Costa...entre otras muchas cosas...pero ese cómic deberían de adquirirlo) que me presentó mi amigacho del alma Eduardo Galán. 

¡Compre Viernes Peronistas! ¡Un imán para las nenas! 

Pocas veces en la vida, o muy pocas, recibe uno eso que se llama "flechazo heterosexual". Es decir, que ni Dario ni yo nos conocíamos de nada pero, de pronto, como a los 20 minutos ya estábamos hablando como dos viejas cotorras en la puerta de una iglesia. El caso es que resultó que ambos tenemos ciertos frikismos comunes. Uno de ellos es el peronismo. Sí, ya se que ustedes dirán que eso es una chorrada enorme, que somos personas sin ningún fondo y que deberíamos de hablar de cosas mucho más profundas pero, de pronto, surgió en la conversación nuestra perversión mutua por ese periodo de la historia de Argentina y por todo lo que trajo, todo lo que implicó y, en general, todas las rarezas que crió: desde Evita a López Rega, pasando por la fundación de Montoneros o la protección de nazis al mismo tiempo que se negociaba amistosamente con la Cuba Castrista (y entonces triunfante). 

¡Y sin que usted se lo pida se pone sus propias gafas de alta tecnología! 
(Bueno, en realidad eso es una trola)

Tan bien fue el asunto que me regaló un ejemplar de "Viernes Peronistas" que es un fanzine desopilante que trata en clave pop el peronismo en general y que, en su primera entrega, da un repaso por algunos de sus personajes más importantes. Por raro, por curioso, por entretenido y, en definitiva, por interesante e informativo cae este Viernes Peronistas en este mierda-blog para que sepan ustedes de su existencia y, en la medida de lo posible, lo adquieran para ustedes y para sus amistades. Por sus páginas pasan terroristas, nazis escondidos, proyectos de bombas atómicas, la vida pública y privada del General Perón y los experimentos con las artes oscuras de López Rega, las diferentes facciones en las que se dividió el propio pensamiento peronista y el sabor extrañamente dulce, esta vez, de la locura de todo un país y de su convulsa historia. 

Entre sus colaboradores están, además del propio Adanti, gente como Mauro Entrialgo, Ata, Nono Cadaver o Marcelo Larraquy que le dan la forma y el sentido a esta rara publicación que es, como un homenaje pop a medio camino entre lo chungo y lo dulce, como esas viñetas que Adanti titulaba "Las ·Extrañas aventuras del Niño Dios", un viaje psicodélico raro por las catacumbas históricas de Argentina y de la Guerra Fría. Un chiflado bofetón, como de esnifar pegamín que te deja KO y que te hace plantearte si lo que has leído es verdad o es pura invención. Nunca, se lo digo en serio, se mezcló también lo real con lo completamente chalado que tiene lo real. Disfruten y no dejen pasar Viernes Peronistas, una publicación del Órgano de Difusión de los Jueves Peronistas. Una pasada.  

Más información aquí.

domingo, 3 de abril de 2011

Un blog "chanchi": El otro lado de la política


No suelo hacerlo (aunque no se por qué) pero hoy voy a recomendar un blog. Es un blog estupendo que va de estética y política o, mejor, de la estética de los políticos. Ya, ya, ya se que todos ustedes se toman muy en serio el asunto y que les parece baladí analizar sesudamente el look de unos cuantos funcionarios públicos pero, la verdad, la autora de la bitácora (la cántabra Patri-cia o Patricianuro) hace lo mismo que los políticos nos hacen todos los días a nosotros: perderles el respeto. Se llama "El otro lado de la política". 

Para no desmerecer ni un poco diremos que su autora es una persona muy informada sobre política solo que ha decidido informar de la misma desde un punto diferente lo que demuestra que hacer humor conlleva, en la mayoría de las ocasiones, conocer al objeto de la broma al dedillo...incluso mucho más que algunos pretendidos periodistas políticos que se han pensado que su profesión se trata, única y exclusivamente, de ejercer de cheerleader de un determinado partido político y sustituir la información por un "alabim-alabam" que da un poco de vergüenza ajena. 

En un país donde la ironía y el sarcasmo han sido debidamente arrancados de la crítica política y donde se nos invita con malos modales a no hacer bromas de las cosas serias porque unos señores incapaces de coger un chiste y sin sentido del humor han decidido de antemano lo que es serio y lo que no, no deja de ser sano y agradable darse una vuelta por lo aparentemente banal y, desde ahí, rascar hasta el fondo de la superficie. Suena también, estupendamente por cierto, que alguien sepa cogerle el pulso así a un asunto y sea capaz de hacer coña con la política sin necesidad de acudir a los tópicos del humor español sobre políticos que tienen que ver, básicamente, con el degüello partidista, con una especie de revisión de los chistes de Lepe pero cambiando a los habitantes de dicha localidad por el nombre de este o el otro político. 

Es posible, también, que no sea un chiste, que no sea una broma, y que todo esté escrito muy en serio. No tengo ni idea pero, sinceramente, ahora que se acercan las elecciones europeas yo le pediría a todas las publicaciones de este país que le intentaran hacer un hueco a este blog aunque solo sea por, de verdad de la buena, incorporar algo de interés que no tenga que ver con los chistes de sal gruesa que normalmente despliegan. 

Yo me suelo volver mono diciendo que la superficie de las cosas es importante para conocer su interior y no suelo tener mucho éxito...la autora de este "El otro lado de la política" lo tiene. Como dicen por ahí: "hazte fan".

Nota del Insustancial: Creo que alguna vez he contado que "You are my sunshine" fue escrita por uno de los políticos más chocantes de la historia de los políticos chocantes, Jimmi Davies, que sirvió como gobernador del gran estado de Louisiana en dos legislaturas diferentes (1944-1948 y 1960-1964). Esta versión, de las muchas que la canción tiene, está interpretada por Ray Charles compositor de "Georgia on my mind" que en 1979 fue nombrada por el estado de Georgia como su himno oficial. Política y tal...creo que colaba aquí...

miércoles, 16 de marzo de 2011

La biografía de DCD


Así reza la contraportada del Volumen 1 de la biografía de DEF CON DOS titulado "Freddy Krueger tiene alzheimer": 

"¿Cómo es posible que una banda que nació para un solo concierto se convierta en una de las referencias del panorama nacional y en uno de los grupos españoles que más conciertos da fuera de nuestras fronteras?

A estas y a otras preguntas aún más delirantes (¿De donde viene el nombre artístico de César Strawberry? ¿Qué apodo tenía Alex de la Iglesia antes de ser Presidente de la Academia de Cine? ¿Cuál fue el germen del Escuadrón de las Sombras? ¿Quién vigila a los Vigilantes? ¿Puede Loquillo encajar una mala crítica? ) da respuesta este libro que narra los comienzos de Def Con Dos y el cúmulo de necesidades y casualidades que unió a la banda de Hip-Hop Metal (¿O era Rapcore? ¿Qué estilo musical hace DCD?) desde su primer concierto bajo el nombre de “Freddy Krueger y los Masters del Universo” en la Noche de Reyes de 1990 hasta el momento en el que DCD lanza su Tercer Asalto y se enfrenta al rugido de 20.000 espectadores
.
Sin pizca de sentimentalismo, Cesar Strawberry aprovecha el 20 aniversario de su banda para  repasar los arduos comienzos del grupo y el escenario madrileño que los vio nacer, el hervidero de los bares del Barrio de Malasaña, por donde pululaban personajes de toda índole que luego se han convertido (o no) en referencias del mercado cultural español.

Freddy Krueger tiene Alzheimer es una narración vibrante y honesta, desenfrenada y a la vez serena, del ruidoso y efervescente panoramal cultural que sustituyó a la Movida (Promovida por el Ayuntamiento) y que está repleta de personajes conocidos y anónimos que conforman un zoo humano descacharrante en el que creció, casi sin quererlo,  DCD.

Este libro que tienes entre las manos es una biografía pero, también, un manual para la revolución “low cost”, una guía imprescindible para la supervivencia en un ambiente hostil donde el enemigo cañí te espera agazapado en cada esquina como un Charlie vietnamita, un protocoloco de salvamento contra el stablishment y, como no, esconde las claves para diseñar la lucha definitiva contra la estupidez.

En definitiva, este es el libro que Fernando Sánchez Dragó nunca recomendaría…¿Le vas a dar la razón? 

Creo que ha quedado bastante bien. Por ahora solo se vende con un pack en forma de ladrillo en el que se incluyen dos CD uno con versiones que han hecho diferentes grupos de música (La Cabra Mecánica, Andrés Calamaro, Digital 21, Soziedad Alcohólica...) y un grandes éxitos con una versión nueva de la canción "¿Qué dice la gente?" que deja entrever el plus de potencia que le han dado las nuevas incorporaciones al grupo. 

Directo como un puñetazo al plexo solar Strawberry desgrana con soltura en un volumen maquetado con material fotográfico inédito y mucha guasa los arranques del grupo que, según su frontman, no era más que una broma que luego se convirtió en un éxito. Sin dejar ni errores, casualidades, ni aciertos este libro es una sincera mirada al pasado poco cariñosa y bastante poco amable. Se nota que este es el tercer libro de Cesar aunque solo sea que, con la práctica (lo que es natural) va cogiendo formas de escritor y siendo consciente de palabras como "estructura" y "pulso" y, a mi entender cortísimo, se ha esmerado en ir puliendo el truco narrativo que en sus anteriores trabajos quedaba ocultado por un tipo de narrativa más bruta de sus anteriores trabajos. Yo que ustedes no me lo pensaba demasiado. 

lunes, 1 de noviembre de 2010

Una historia en bicicleta (Ron McLarty)



En su faceta de actor sólo recuerdo haber visto a Ron McLarty una vez en pantalla. Hacía un pequeño papel en "Mensajero del futuro", esa película en la que Kevin Costner se empeñaba en reconstruir los pedazos de Estados Unidos tras una especie de episodio apocalíptico en la que los malos eran unos tipos vestidos de naranja capitaneados por un chiflado ex vendedor de fotocopiadoras que había hecho de un estúpido libro de autoayuda una especie de piedra fundacional para su reinado del mal.

La cosa vista así, incluso sale Tom Petty, tenía su gracia. No se, pero ni este título ni Waterworld me parecieron tan horrendas en el fondo...como decía Jim Carrey en "Un loco a domicilio": "Yo la vi y no me pareció que estuviera tan mal".

El caso es que Ron McLarty hacía un papel en "Mensajero del futuro", cosa que descubrí nada más ver su cara en la solapa de "Una historia en bicicleta" en la que se resumía su discreta filmografía y su exigua carrera como escritor.

Según ese mismo texto "Una historia en bicicleta" fue, en principio, publicada en formato audiolibro y la grabación cayó en manos de Stephen King que, al poco tiempo, la incluyó en un artículo donde indicaba que era una de las mejores novelas americanas y que, sin embargo, no podía leerse. El audiolibro no parece tener demasiado predicamento en nuestro país pero en los USA, un servidor de ustedes, se quedó maravillado ante una edición de "La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón narrada por el autor barcelonés en un inglés de lo más yanqui...quede dicho que me quedé impresionado más que nada porque sigo sin hallar una explicación para el éxito de este autor.

El caso es que King, paisano de McLarty (ambos son del estado de Maine), dio a conocer esta novela tan clásica en su desarrollo y planteamiento como curiosa en su contenido. 

Smithy Ideson es un señor de 43 años que, básicamente, se ha convertido en una especie de desastre con patas. Alcohólico y fumador a duras penas mantiene un trabajo penoso como supervisor de una planta de juguetes (dato curioso: Peter Griffin, protagonista de Padre de Familia tiene un trabajo igual en las primeras temporadas de la serie) y tiene una existencia solitaria marcada por la desaparición de su hermana mayor Bethany. Bethany, aquejada de una extraña enfermedad mental, ha marcado la existencia de Smithy y la de sus padres convirtiéndola en un calvario. 

El último día de las vacaciones de verano los padres de Smithy tienen un accidente de coche en el que fallecen y, de pronto, se queda completamente solo. El día posterior al funeral, cuando está revisando unos papeles, descubre una carta del Ayuntamiento de Los Ángeles donde informaban a sus padres del hallazgo del cadáver de Bethany. Impulsado por un absurdo empuje Smithy decide montar en una vieja bicicleta que su padre le regaló en la infancia y salir a la carretera para cubrir el recorrido que hay entre Maine y Los Ángeles para recoger el cadáver de su hermana que descansa en una funeraria de Venice Beach. 

"Una historia en bicicleta" se convierte entonces en el recorrido vital del protagonista a través de su vida pero también en una especie de liberación personal que lo llevan a convertirse en una persona diferente a medida que avanza en su absurda empresa. 

Smithy, un antihéroe en todos los sentidos, tendrá tiempo en el viaje de dejar atrás su vida anterior en todos los sentidos y de reconciliarse con la única mujer que le ha hecho caso en toda su vida, su vecina Norma una diseñadora en silla de ruedas.

Por "Una historia en bicicleta" desfilan influencias tan raras como Steinbeck, Kerouack, Roth, Twain, Kennedy Toole y, seguramente, la fascinación por el naturalismo americano sombrío (eso que se llama "New American Gothic") que Stephen King retrató en "El cuerpo", aquel relato corto que se convirtió en la película "Cuenta conmigo" y que luego tuvo su continuación en algunas novelas del mismo autor. 

"Una historia en bicicleta" es, por así decirlo, la caricatura de los grandes viajes beatnik y también una especie de mirada cómica hacia esas narraciones sobre "triunfadores hechos así mismos". En este caso el viaje libera al protagonista de su alcoholismo, de su dejadez, de su obesidad (comienza pesando 143 kilos o algo así) pero también de todos sus fantasmas (su hermana, tan presente), de sus errores, de sus inseguridades (con las mujeres) y de su tristeza para llevarlo a alcanzar no una enorme y gigantesca meta sino, simplemente, en una persona normal y libre de prejuicios. 

Amarga y dulce, triste y cómica, la hazaña de Smithy Ide se nos revela como el relato antitético necesario para entender la historia americana de la postguerra pero, más allá, de ser una historia que pretende cargar al lector con las culpas de todo el recorrido insiste en mirar hacia adentro y en incidir en un retrato piadoso bastante alejado de la necesidad de tomar revancha sin perder nada de su ojo crítico.

Frente a la actual moda de la novela que se empeña de la deformación de los hechos históricos y que tiene como escenario alguna perdida civilización y como protagonistas a algunos personajes empachosamente característicos; frente a esa ridícula moda de la "caspa y espada", frente a la ñoñísima y maniquea búsqueda de códigos, griales, espadas mágicas y Dios sabe cuantos fetiches absurdos más y frente a todas esas narraciones que no buscan otra cosa más que trasladarles a todos ustedes la idea de que todo lo bueno, todo lo fantástico, todo lo interesante y todo lo molón tiene por narices que haber ocurrido en un tiempo pasado habitado por damiselas en apuros y hombretones con la cara llena de cicatrices les invito a pasearse por América del Norte a lomos de una bicicleta vieja conociendo la historia de Smithy Ide que, en una sóla línea de su narración esconde más aventura y más interés que en todos esos subterfugios literarios urdidos para decirnos que las cosas son como son y que no hay manera de cambiarlas.

viernes, 22 de octubre de 2010

Tenemos que hablar de Kevin (Lionel Shriver): mitos sobre la maternidad y la pedagogía. Cuando los hijos se vuelven unos cabrones



En la primavera del año pasado me encontré en el centro de Madrid con una antigua profesora. Si la saludé fue porque, en el pasado, se portó francamente bien conmigo y le guardaba mucho cariño. Era una tipa estupenda. El caso es que, como los temas se agotan, le pregunté por su marido y por su hijo. Y contestó "Mi marido está de maravilla pero, sinceramente, nuestro hijo nos ha decepcionado. Es un desastre que tiene un trabajo muy malo y mal pagado, no se, es como si hubiéramos fallado con él, hace tiempo que hemos decidido que lo mejor es que vaya a su aire. No vive, sobrevive".

Aquello me dejó completamente frío. Creo que se me notó porque, después de aquella frase, mi antigua profesora se despidió a toda prisa y yo no tuve ningún interés en retenerla ahí después de hacerme una tan brutal y sincera afirmación. Pensé que, ni mucho menos, aquel discurso estaba preparado y que, por lo que fuera, de pronto aquella tonta pregunta le había disparado un arrebato de sinceridad que podría haberse ahorrado con el "pues bien" evasivo que se le suele regalar a los casi desconocidos. No lo hizo y creo que, de pronto, aquella respuesta la sobrepasó o, de pronto, sintió que había hecho un comentario que de ningún modo parece aceptable.

Después me he enterado que el problema del chiquillo en cuestión no tiene que ver con que sea yonki o que, de algún modo, lleve una vida vergonzante simplemente es que, de algún modo, había traicionado las expectativas que sus padres habían puesto sobre él.

Aquello me sobrecogió porque uno nunca se acostumbra del todo a escuchar a un padre hablar mal de un hijo en público y, seguramente, es todavía un asunto tabú el que las madres se despachen con tanto desánimo a propósito de su grey. De hecho, normalmente, incluso los padres de los peores cabrones de la historia siempre acaban por justificar de algún modo la conducta de sus hijos frente a los extraños. "Era buen chico, pero un poco impulsivo", "era un muchacho maravilloso pero influenciable".

El dolor por la conducta de la descendencia suele ser algo que, principalmente, suele mostrarse sólamente en privado. En cierto modo, en esa justificación, existe el anhelo de que alguna vez la muchachada se redima y comience a comportarse delante de las visitas.

Se habla mucho del instinto maternal. De hecho una gran parte (por no decir) de la humanidad tiende a hablar de esos instintos basándose en todo tipo de argumentos físicos, biológicos, sociales, antropológicos...si miramos en el fondo de nuestro corazoncito comprobaremos que la mayoría de los argumentos suelen ser literarios, pueriles y, la verdad, francamente machistas. Suelen ser interesados, es decir, la mujer tiene un papel predeterminado por su físico y su psique que la empuja a cuidar el nido, ergo, no debería de moverse del nido y respetar el papel de cazador-recolector del hombre y, cuando lo traiciona, se siente mal, desplazada e inutil. No es algo que me invente yo, échenle un vistazo a toda la información que recorre el país estos días sobre las ministras, especialmente sobre Leire Pajín, y se darán cuenta de que gran parte de los delitos que se le achacan son vistos como execrables en una mujer pero ciertamente aplaudibles cuando los comete un hombre. Reconozcamos que el hecho de que las mujeres salgan de casa a trabajar o a buscarse una carrera suele, todavía (Madre de Thor, todavía), cierta picazón. Se suele ver a esa dama, en cuestión como una especie de monstruo que ha renunciado a representar un papel prototípico que, ríanse a gusto, la biología le marca. Parece que las mujeres no tuvieran otra opción para realizarse que el de convertirse en madres o, por el contrario, optar al papel de bruja despiadada y castradora...

Fíjense ustedes en las ampollas que levanta cualquier relato escrito por una mujer, incluso cualquier declaración, en la que se le ocurra decir por ejemplo que sus hijos les parecieron feos, que la maternidad le pareció una tortura y que, de verdad, que no le gustaría repetirlo más.

En "Tenemos que hablar de Kevin" su protagonista, Eva Katchakourian, nos va narrando a través de unas cartas que envía a su marido sobre los días en los que decidieron tener un hijo, las motivaciones absurdas que les llevaron a tomar esa decisión cuando ambos disfrutaban de una vida plena y, sobre todo, el error mayúsculo que supuso tal decisión.

Ni que decir tiene que lo primero que piensas es "vaya, bruja egoista". Sí. Lo piensas. Piensas que es imposible que esa mujer exprese esas dudas sobre la maternidad con tanta frialdad. Luego te enteras de por qué: su hijo Kevin entró un día en un Instituto y mató a 9 de sus compañeros. Sin más.

A través de una estructura epistolar Eva Katchakurian nos va contando como pasó de convertirse en la escritora de guías de viaje y luego en la dueña de su propia editorial a una víctima de un hijo rematadamente cabrón que demuestra todos los rasgos de un psicópata de libro. Nos cuenta como la relación con su pareja, un americanote enamorado de América que se dedica a localizar escenarios para publicistas, se va diluyendo entre una nube de pañales sucios (el muchacho, simplemente por placer, se está cagando y meando encima hasta los seis años), una serie de dolorosos enfrentamientos con amistades y vecinos y un sin fin de salvajadas de las que, su primogénito, es único protagonista.

Esta novela, que tiene todos los ingredientes del desánimo del protagonista de "Pastoral Americana" (Philip Roth), es fría hasta el mareo. Te deja tieso. Sobre todo porque descubres que la protagonista está completamente sola no ya ante un bicho malo sino ante su propio marido que, por una serie de cuestiones más folclóricas que éticas, decide ponerse en todo momento al lado del muchacho. Ya ven, el padre de familia cree que, de verdad, su señora está loca y que ni siquiera los hechos (y es que el niño créanme es un hijoputa) van a hacerle dudar, ni por un instante, de que su familia es completamente modélica. En cierto modo, su forma de sufrir es otra completamente distinta pero igualmente dolorosa.

"Tenemos que hablar de Kevin" se revela como una novela triste y negra que pone de manifiesto los engaños y las trampas que nos tragamos a costa del ideal de familia pero, sobre todo, pone el dedo en la llaga de algunas cuestiones ocurrentemente dolorosas como, por ejemplo, el creciente uso de una especie de pedagogía que parece sacada de libros de autoayuda, una cierta extensión de los mitos expandidos por ciertas revistas y, en definitiva, una especie de mala digestión de los principios básicos de la educación de los pequeños gañanes.

La narración del infierno de Eva sirve a Lionel Shriver, su autora, para repasar el "anonadante" fenómeno de las matanzas de Instituto que se han producido en los Estados Unidos haciendo un especial hincapié en los porqués (tristemente sin respuestas claras) pero poniendo bastante énfasis en las estúpidas medidas que se han tomado para intentar atajarlo. Toda una red de guardias de seguridad, detectores de metales, líneas de delación anónimas (hicieron aumentar el número de avisos en época de exámenes) y toda una red de falso apoyo psicológico y tutelar que, como sabemos, ha provocado la eliminación del estudio de la poesía del periodo romántico (al parecer a algunos Shelley les da ganas de asesinar), la expurgación de novelas góticas de terror, la expresa prohibición de vestir de cierto modo, la persecución absurda de parte del alumnado y toda una serie de medidas pacatas que, al parecer, han tenido como efecto más inmediato que a Marilyn Manson lo miren francamente mal. 

Shriver, de un modo directo, llega a la conclusión de que los adultos se sienten indefensos ante la falta de comprensión que tienen de la vida juvenil (y sus arrebatos) y que han decidido eliminar esa diferencia más como una medida preventiva para su autoprotección que para la protección de un alumnado todavía sin edad penal a la que se le permite, por ejemplo, adquirir todo un arsenal bajo las ya conocidas alusiones a la Constitución. 

Es más, Shriver incluso se permite ir un poco más allá y comentar de pasada la absoluta falta de sentido común que anima todos esos homenajes póstumos, esas ferias del dolor donde los adolescentes pueden sentirse "víctimas" independientemente de que hayan sufrido alguna vez la tragedia (Es absurdo pero, en los USA, un alto porcentaje de los estudiantes de instituto que dijo sufrir  stress postraumático por los hechos de Columbine vivía a miles de kilómetros de distancia...eso no fue óbice para que muchos centros montaran mesas redondas y ceremonias de esas de sentirse mal) lo que para la autora pone de manifiesto que, como tantas otras veces, ciertos padres proyectan sus inseguridades sobre sus hijos viviendo a través de ellos su propio pánico. 

En definitiva esas medidas y esas ceremonias son vistas por la autora como una extensión más de la mala educación dada a los muchachos, del alto grado de pleitesía que se rinde en esta sociedad de hijos únicos a esos chiquitines sobre los que los matrimonios burgueses ponen todas sus esperanzas evitándole cualquier tipode sufrimiento. El niño es, y no de un modo figurado, el auténtico Rey de la Casa del que se espera que en el futuro deslumbre al universo con su presencia, de que sea un Mozart, un Obama, un Rouco Varela...y ese pretendido fulgor de la presencia infantil no permite, muchas veces, ver a sus padres la verdad.

Mientras tanto, y es sólamente a título personal, miren ustedes a su alrededor y díganme que no es escalofriante la pasividad ridícula con que todos esos papuchis y mamuchis demuestran cuando el vástago en cuestión se pasea en bolas por la casa como un Adán ("está en esa etapa"), se dedica a decir con maravillosa lengua de trapo eso de "mamá es una puta" ("tiene mucho vocabulario"), da patadas a las visitas ("lo hemos apuntado a Tae Kwon Do porque apunta maneras"), se caga en los rincones ("no le hagas caso, sólo quiere llamar la atención, sigamos comiendo...ya se que estamos en tu casa pero ahora lo limpiamos") y hace otras tantos actos de terrorismo infantil que siempre son justificados con una beatífica sonrisa y algún pasaje aprendido de carrerilla en una de esas revistas de psicología o en esos libros titulados "Tu pequeño cabrón y tu: guía para criar al perfecto bastardo" o "Aprende a bregar con su psicópata enano mientras te realizas" o "Lista de los 2000 traumas infantiles que tu hijo puede contraer si no le das lo que quiere a los 30 segundos de haberlo exigido". ¿No da la sensación de que muchos papás no reconocen la diferenciación de espacios entre adultos y pequeñines?

Les invito a pasearse por la vida de las familias de la neoburguesía y a conocer mejor a sus pequeños Demian. Francamente interesante. Espero que el sarcasmo, las apreciaciones y la mala leche de su autora no les produzcan mareos o, lo que es peor, unas ganas enormes de no procrear. Advertidos quedan.

NOTA del Insustancial: Les advierto que conozco a padres maravillosos que tienen una progenie para enmarcar...pero es que eso no vende tanto.

lunes, 22 de febrero de 2010

Ellroy


Leo las diversas entrevistas que James Ellroy ha concedido para promocionar su último libro y pienso que, cuando tenga 61 años, quiero tenerlo tan claro como él. Dice en Rolling Stone, donde parece un poco más sueltico que en su gira europea, que lo único que le ha gustado toda la vida son los perros, la cerveza y hacérselo con mujeres. De esas dos cosas no debería de hablar por lo que cuento a continuación y, de lo primero, si hacemos caso a la leyenda de que mató a uno de sus doberman con sus propias manos (sólo Alá sabe por qué...no tengo más datos) pues tampoco pero él, que pasa bastante, lo dice.

La vida de Ellroy no ha sido, digamos, la mejor ni la más cómoda. Se extiende sobre ella en "Mis rincones privados" (1996), una extrañísima autobiografía en la que, como no podía ser de otro modo, Ellroy sigue el camino ya marcado por él mismo de la "metaficción" y entra y sale de su propia vida narrativamente para, de algún modo, retratarse como un personaje de su propia ficción que, por razones absurdas, acaba siendo el protagonista de una especie de "spin off".

Arranca la novela con el asesinato (real) de Geneva Ellroy, su madre. Dibujada sin concesiones Ellroy habla de ella como de una mujer poco preocupada por su hijo; una enfermera rotunda y ligera de cascos que, seguramente, salió a pasear esa noche con su propio asesino que, literalmente, la destripó. Ellroy tenía sólo 10 años cuando ocurrió todo aquello y cuenta como el fotógrafo de un tabloide lo invitó a posar en el banco de carpintería que había en el garaje de la casa. La policía jamás encuentra al asesino que Ellroy, en algún artículo, ha dado a entender que estaba de algún modo relacionado con el de la Dalia Negra. Elizabeth Short, conocida como "La Dalia Negra", era una joven que intentaba triunfar como actriz cuando fue asesinada en rarísimas y espeluznantes circunstancias en enero de 1947. Algunos detalles como las cuchilladas o el especial interés que el asesino o los asesinos de ambas mujeres pusieron en el despiece de sus víctimas así como las circunstancias sexuales que rodeaban a ambos casos fueron determinantes para que Ellroy hiciera los consiguientes paralelismos (no hay que olvidar que este hombre se pasó chuzo y/o colocado como dos décadas).

El chaval, a finales de los 60, va a vivir con un padre alcohólico y medio loco que de algún modo está conectado con el lumpen que hay alrededor de la industria cinematográfica. Habla incesantemente de las muchas actrices famosas que se ha tirado y escupe a la cara de su hijo todo tipo de historias que Ellroy recuerda entre brumas y que, curiosamente, mantienen los rasgos de la ficción creada por Ellroy: puntadas de realidad aderezadas con mucha fantasía. La descripción de su padre, una especie de chiflado obsesionado con su pene, tampoco parece demasiado complaciente.

En la adolescencia James Ellroy ya tiene el título honorífico de "basura blanca". En su instituto de mayoría judía se empeña en portar símbolos nazis, se pelea contínuamente con los vecinos de su barrio que son chicanos y, en general, mantiene una postura racista frente a los negros. Por pobre e idiota, los blancos que conoce tampoco tienen una muy buena opinión de él y, mucho menos, cuando comienza a ser detenido por ebriedad pública, asuntillos de drogas (sobre todo uso ilegal de medicamentos legales) y, claro está, algún turbio asunto de voyeurismo y hurto de prendas femeninas que, al parecer, obsesionan a un tío que, definitivamente, ha hecho "catacroker".

Cuando Ellroy deja de beber, y se emplea como caddie en un club de golf, decide sacar fuera todo lo que tiene y se convierte en escritor debutando con la más que interesante "Requiem por Brown" (1981) que tiene que ver con caddies, campos de golf y, claro está, algo de pornografía cochina y fuera de lugar.

Como no podía ser de otro modo (la obsesión y el catacroker todos juntos) "La Dalia Negra" (1987) es la novela que inaugura "El cuarteto de Los Ángeles" -una cuatrilogía que, además de este título, engloba a L.A. Confidential, El Gran desierto y Jazz Blanco- y la que le hace mundialmente famoso. 

Desde entonces Ellroy no se ha desviado ni de su estilo, ni de sus escenarios habituales, de sus prostitutas retorcidas, de sus policías corruptos y chiflados, de sus asesinatos empujados por las pulsiones más brutales o más absurdas como generoso background de la historia oficial americana y, muchas veces, entrelazada tímida o abiertamente con ella.

El propio escritor pone a sus lectores en la pista del libro que ha sido su inspiración en su éxito: "Libra" de Don Delillo, que es un relato estremecedor sobre la preparación del asesinato de JFK visto desde los ojos de su protagonista: Lee Harvey Oswald. Un Harvey Oswald tan genuínamente literario que, si no fuera porque su autor al comenzar la novela dice eso de "he rellenado los lugares oscuros de la investigación con ficción" creeríamos que, de verdad, es completamente real. Dice Ellroy que le sorprendió que alguien fuera capaz de retratar con tanta justicia a una persona no muy lista, un delincuente común llamado sin saberlo a colarse por la puerta grande en la Historia mundial de un modo que provocara, a veces, compasión y empatía. Una meta para Ellroy que suele ser de los que no deja muñeco con cabeza.

Tras dos décadas de éxito y de violencia explícita e implícita Ellroy ha publicado en nuestro país "Sangre vagabunda", otro relato brutal y fuera del tiempo presente que lejos de devolvernos al género clásico (Dashiell Hammet nunca se hubiera atrevido a tanto) sigue jugando con lo más afilado y sanguinolento del mismo aunando Pulp cincuentero y gore de calidad, siendo más heredero del estilo "serie B" de Himes y, sin embargo, pudiéndose colar en la lista de los 10 mejores escritores norteamericanos actuales.

Intensidad chunga es lo que transmite la nueva novela del americano que cierra su "Trilogía americana" (junto a America y Seis de los grandes) con este título. La historia de una América corrupta, racista y colgada con el rollo del conservadurismo; un retrato que Ellroy considera parcial ya que, quiere pensar, que las cosas malas no se le ocurren, a la vez., a todo el mundo.

En realidad siempre pensé que eso de que estaba considerado como "el perro rabioso" de la literatura americana era una forma más de propaganda para el escritor hasta que, un buen día, escribí un artículo sobre él y a alguien le pareció que Ellroy era un escritor incómodo y antiamericano y pasó, a renglón seguido, a cortar los párrafos más jugosos del mismo en el que, este que escribe, decía del norteamericano "que era el mejor historiador de la trastienda de la América oficialmente feliz y sonriente de la década de los 50". No mantuve el trabajo pero sí mantengo dicha frase. No hay nadie como Ellroy si uno quiere conocer los parajes más absurdos, violentos y criminales de su Norteamérica natal. Háganse con unas cuantas biodraminas si tienen el estómago delicada y ábranse paso hacia  una dimensión desconocida.

lunes, 18 de enero de 2010

Perdido en Pynchon


Me he vuelto a perder en Thomas Pynchon. Me pasó el año pasado, más o menos por estas fechas, cuando estaba leyendo "El arco iris de gravedad" y, ahora, me ha vuelto a pasar con "V" que es la primera novela que publicó en 1963.

Pynchon es ya el único escritor norteamericano que no concede entrevistas. No se sabe nada de él, ni donde vive, ni si es soltero o está casado y, lo más increíble, es que apenas hay seis o siete fotografías de este buen hombre en sus años mozos (Universidad y ejército). Mucha gente teme que todo lo que se cree saber sobre el escritor es purrela inventada por el mismo Pynchon -o la persona que está detrás de semejante seudónimo- para despistarnos a todos.

Me parece normal que un escritor que suele escribir sobre la chifladura, o que imprime a sus obras una buena dósis de la misma, haya optado por esta sencilla forma de marketing: no hablar de sí mismo para que otros puedan hablar continuamente del misterio que le rodea. Para hablar de Pynchon, por lo tanto, sólo podemos leer sus libros.

Sin el enganche de conocer la ideología, la situación familiar y económica, lo que ve a través de la ventana de su casa o la opinión que tiene sobre la Administración Obama nos encontramos ante unos textos que pueden ser leídos sin los prejuicios propios a los que nos enfrentamos a la hora de leer a otros autores. Cualquier cosa que se sepa sobre el autor lo será a toro pasado cuando este doble la servilleta.

"V" es la historia retorcida de un personaje perdido, de un "yo-yo" humano", que viaja de aquí para allá en pos de una obsesión. Así de sencillo. Por poner un ejemplo: su protagonista, Profane, se emplea como cazador de cocodrilos albinos (entre otras cosas)...cocodrilos albinos que viven en las alcantarillas de Nueva York después de que sus dueños los tiraran por el retrete tras descubrir que se iban a convertir en unas mascotas demasiado molestas. Ahí tienen el germen de una de las leyendas urbanas extendidas por todo el mundo y que tiene su arranque en una novela.

A golpe de pincelada "V" es una novela que recoge, sin empacho, lo mejor de la tradición Beatnik, mordiscos de Steinbeck, O´Henry o Dos Passos o Twain y, sin duda, es uno de los escritores (Junto a McCarthy, De Lillo o Roth) de la nueva novela americana. Es más, se podría decir que el estilo de Pynchon es definitivo para entender a Dave Eggers, Michael Chabon o el fallecido David Foster Wallace por poner tres ejemplos de nuevos grandes escritores.

¿Es un beatnik? ¿Un naturalista? ¿Un escritor de género fantástico? Ni idea, sinceramente. Al igual que los otros tres Popes de la literatura americana ha picoteado en todos los géneros sin que nadie se ponga de acuerdo en saber de qué coño va este tío. Digamos que es simplemente un GRAN ESCRITOR que, gracias a su discreta vida privada, ha permitido que por primera vez en mucho tiempo cualquier estudio sobre su obra no aparezca contaminado por comentarios como "es la obra prototípica de un nuevo marxista norteamericano" o por párrafos que comiencen por frases tan manidas como "Influenciado por una infancia en la que ya se reveló contra el autoritarismo de sus padres...".

En mis años mozos, cuando era un imberbe estudiante, tuve que soportar a muchos "opinadores". Es lo malo que tienen las carreras de letras en nuestro país que, nada más pasar las sagradas arcas de la Facultad, cualquiera se siente en el deber de comportarse como un intelectual. Yo mismo era uno de ellos. El problema no es tener que escuchar durante unos cuantos años a una ingente cantidad de personas mal informadas sus opiniones poco fundadas sobre este o aquel escritor...lo malo es comprobar como muchos de los profesores utilizaban el mismo método "intuitivo" para revelarte las mismas opiniones insulsas y apriorísticas que solía utilizar el alumnado como dividir a los autores por pobres y ricos, modernos o postmodernos...

Al ser preguntado un profesor sobre las características propias de la obra de Cervantes este contestó sin empacho que "Cervantes olía a Cervantes". Punto pelota. Sin más. Ni estructuras, ni arbolitos, ni estudios...uno podía saber que un texto era de Cervantes porque el Manco de Lepanto cantaba la Traviata. Destripada la biografía de Cervantes, por tanto, se podía hacer un paralelismo entre este incidente o aquella anécdota y clavarla en este o aquel texto. Toma ya. Birli-Birloque. Vudú literario. Ciencia infusa ven a nosotros. ¡Cualquiera, por tanto, podía publicar una edición comentada de lo que le diera la gana! ¡Sólo había que tener olfato!

Gracias a Alá también tuvimos profesores que nos enseñaron a no tener prejuicios.

Por suerte cuando uno se enfrenta a Pynchon no tiene más que agarrarse a lo que lee y perderse en la novela que tiene entre las manos. Ya advierto que no es fácil pero es francamente divertido.

Y todo esto viene a cuento de que estoy leyendo a Pynchon y de que hoy me he topado con un artículo de Elvira Lindo titulado "Lo que vale un pene" en las páginas de El País donde, con muy poco olfato, demostraba orgullosamente no haber entendido nada sobre la última novela de Philip Roth, The Humbling/La Humillación, una historia  sobre un actor teatral viejo y harto que seduce a una jovencita. Y dice que no lo entiende porque no cree que un viejo pueda conseguir semejante hazaña para luego cargar contra Woody Allen por haber jugado al mismo juego en "Si la cosa funciona".

Tan norteamericana y neoyorquina Elvira Lindo se queda patidifusa ante su falta de conexión con las dos obras que, por mor de ser de corazón super yanqui, le deberían de haber pirrado. Pero no. Resulta que no se traga el sapo...que los dos les parecen unos viejos verdes que se creen que por haber leído mucho y haber escrito mucho pueden conquistar a cualquier chavalita impresionable. Dos machistas, vamos.

Es lo que tiene no centrarse en el texto o en la pantalla y llegar a todos sitios cargados de prejuicios pero, bueno, eso como todo es una opinión de lo más personal. Por mi parte, y también personalmente, les recomiendo perderse en Pynchon, seguir viendo películas de Allen y leer The Humbling que, también en mi opinión, es una obra honesta, dura y escrita a cara de perro que va sobre otras cosas que no tienen que ver con perseguir jovencitas como un sátiro.

domingo, 17 de mayo de 2009

Siempre nos quedará Benedetti...(1921-2009)


Me acuerdo de aquel día en el que un amigo mío se hinchó del valor que son capaces de imprimir dos cubatas y me declamó a una moza un poema de Benedetti. Se lo estaba soplando, en plan Cyrano, otro amigo. Mal comienzo.

La risa tontorrona del whisky no ayudó nada. Tampoco que la escena se desarrollara al lado de una verbena de pueblo donde un conjunto músico-vocal se desgañitaba cantando los éxitos de ayer y hoy. Es posible también que las musas estuvieran a esas horas de la madrugada despatarradas y ausentes en el asiento trasero de algún coche y no pudieran acudir para provocar el efecto que mi amigo esperaba de aquellos versos...la chica se echó a llorar pensando que mi amigo la estaba, en realida, insultando. Desde entonces, no hemos hecho otra cosa que acordarnos de aquello con el mismo desconcierto con el que nos acordaríamos de una aparición mariana o una abducción extraterrestre...¿Cómo iba Benedetti a provocar semejante reacción en una chica?

Ya terminaba la noche y nos marchábamos cada uno a nuestra casa cuando mi amigo con andares de ave herida por un disparo en un ala y uno de los faldones de la camisa fuera del pantalón se giró hacia todos nosotros y dijo: "¡Me cagüen Benedetti!". La frase ha quedado para los anales y para subrayar cualquier acto fallido, cualquier empresa que comienza mal y termina como el culo. Los versos eran estos...


Tiempo después alguien cayó en la cuenta de que eran, en realidad, de Oliverio Girondo...daba igual porque la expresión ya estaba acuñada y quedaba bien. Y no fue obstáculo para descubrir al verdadero Benedetti y separarlo de Juan Gelman o del propio Girondo. Tampoco para, por nuestra cuenta, buscar a aquella que sí entendiera el puñado de versos, que los apreciara y que, de una vez por todas, no terminara muerta de aburrimiento en nuestros brazos suplicándonos un "¿Quieres besarme ya y dejarte de poesía?". Corazón coraza, que diría el uruguayo...

Desde entonces Uruguay y el tango nos han acompañado en el momento exacto en el que la noche se vuelve para los valientes, para los suicidas o para los idiotas, en el momento de levantar la copa y de bajarla. En el momento de la tristeza pero, también en los buenos momentos. Hoy se ha muerto el tío que escribió "Hagamos un trato":

Compañera usted sabe puede contar conmigo
no hasta dos o hasta diez
sino contar conmigo

Si alguna vez advierte que la miro a los ojos
y una veta de amor reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar conmigo

Si otras veces me encuentra huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar conmigo

Pero hagamos un trato
yo quisiera contar con usted
es tan lindo saber que usted existe
uno se siente vivo

y cuando digo esto quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda presurosa en mi auxilio

Sino para saber a ciencia cierta
que usted sabe
que puede contar conmigo.

Hoy me gustaría decir bien alto "¡Mecagüen Benedetti!" porque se ha largado un grande y, es absurdo, pero me da la sensación de que siempre va a quedar un vaso vacío.