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lunes, 14 de febrero de 2011

¡Es solo cine!...¿No?



El desastre. Otro año más. Este año, posiblemente, un  desastre mayor porque, la que se anunciaba como la Gala de los Goya, de la reconciliación, la que se iba a celebrar en el centro de Madrid e iba a convocar a todos los ciudadanos alrededor de las estrellas del cine español en plan Cannes, en plan Kodak Theater, ha finalizado en medio de una polémica (la enésima en lo que vamos en menos de sesenta días de 2011) con protesta convocada por la red, la aparición de un idiota con barretina ("momenten totalmenten bajoneren" que diría un alemán), lanzamientos de huevos y consignas y una sensación generalizada de celebración familiar que todo el mundo esperaba con ganas pero que, al final, por las circunstancias ha resultado contener todo el catálogo de malas caras, puñaladas y comentarios dañinos de cualquier boda, bautizo, cena de nochevieja o similar donde los invitados compiten no por caerle mejor a los otros invitados si no por llevarse el premio al borde del año. 

El momento más esperado de la noche no fue saber quién se iba a llevar el premio gordo (Agustí Villaronga recogiendo los frutos de una carrera intensa, brutal...) si no del contenido del discurso del Presidente saliente de la Academia Alex de la Iglesia. El hombre, el buen hombre, que llegó hace dos años para hacerse cargo del puesto con una hoja de ruta que pretendía unificar al sector bajo una misma voz y, sobre todo, acercarlo al público limando asperezas con políticos de la derechona y medios tradicionalmente hostiles, es decir, que pretendía hacer todas esas cosas que le faltaban a la industria para volver a refulgir ha leído su propio testamento en un tono grave que me ha recordado al discurso de renuncia de Aldolfo Suarez allá por los 80 y que ha sido leído con amargura y una cierta sensación de haber sido derrotado por las circunstancias políticas, digitales, sociales y la madre que las parió. 

Esta vez, el tipo que soñó con ser el hombre del consenso, se ha dejado de medias tintas, ha abandonado la carga de diplomacia que conlleva un cargo como el que ha ostentado y ha tirado por la calle de en medio tomando partido no por el sector, no por las gentes del cine si no más bien, por todos aquellos que estaban fuera del Teatro Real con la cara tapada por una máscara de Guy Fawkes (unos con la oficial que se vende bajo licencia de la Major, Universal, y que les está dejando unos dividendos inusitados a la productora y distribuidora internacional y otros, más consecuentes con la naturaleza de la protesta, con una impresa sobre folio tipo careta de clase de manualidades que se podía descargar de manera gratuita en algunas páginas que la han puesto a disposición de los autodenominados Anonymous). 

De la Iglesia, liberado de facto de su papel de Presidente, ha dirigido un discurso a la nación (a la digital y a la  manual) que no ha dejado resquicio de duda sobre el asunto: Internet es el nuevo y único campo de acción posible. Ya está. El que quiera bien y el que no, pues ya sabe donde tiene la puerta. El discurso que no parece haber sentado bien al sector (la cara de Enrique Cerezo, productor, me ha parecido incluso más sintomática que la de la Ministra Ángeles González Sinde más que nada porque Don Enrique es el productor más potente de nuestro país) ha sido recibido con una alegría generalizada por la muchachada internauta que ha visto refutadas, en el discurso, todas sus ideas sobre el asunto. Es más, hasta en un detalle tan nimio como el de la propia nomenclatura de los que usan Internet ha sido tajante: no les llamen Internautas, llámenlos ciudadanos. Esto es lo que se llama una enmienda a la totalidad. 

Alguna vez, seguramente ya demasiadas, les he intentado transmitir lo fragmentado que está el sector audiovisual, lo difícil que es poner a todo el mundo de acuerdo, que en realidad esa idea de que todos vamos debajo de un mismo manto, que somos un gremio, una hermandad, una logia dista muchísimo de ser ni total, ni parcialmente real. Ahí está el discurso de De la Iglesia que ha sido una bofetada sin mano, más bien una paliza sin manos ni piernas, a la ministra González Sinde pero, de algún modo, también a toda la profesión que, imagino, esperaba un discurso mucho más conciliador. Seguramente, los que peor lo hayan recibido, hayan sido los distribuidores y los dueños de las salas de cine. 

Sobre el discurso de Alex de la Iglesia flotaba una tremenda frustración, ya digo, la frustración de alguien que no ha tenido éxito en lo que parecía un proyecto personal, una cabezonería de alguien acostumbrado a llevar sus sueños a la práctica. El testamento no podía ser más desolador y desabrido aunque solo sea por el triste reconocimiento de que, la realidad, con sus intereses y sus vicisitudes, se ha impuesto a una idea cojonuda: hacer rentable y simpática a toda una industra que se basa, para ser viable, en caerle bien a la gente. 

Si las reacciones al discurso de De la Iglesia han quedado para la posteridad recogidas por las cámaras de TVE lo que no está tan claro, a partir de hoy, son las consecuencias de esas palabras. 

Es evidente que la relación del director vasco con la industria no va a ser buena, al menos, no públicamente. Es un riesgo mayúsculo. Un órdago. En los cálculos de Alex, me imagino que coexistirán estas dos hipótesis: 

-Es posible que los productores y los exhibidores me odien a día de hoy, manteniendo este discurso, pero si mi próxima película es rentable seguirán contratándome porque todos han leído a Mao y saben que da igual que el gato sea negro o blanco con tal de que cace ratones. 

-En caso de que, pese a que sea rentable no quieran contratarme, siempre puedo buscarme la vida con productores extranjeros teniendo en cuenta que tengo un curriculum potente y que en Francia o en Estados Unidos o en Inglaterra podría encontrar inversores dispuestos a poner la pasta. 

Estos dos cálculos, claro está, se basan en algo muy sencillo: HAY QUE SER RENTABLE. Lo que nos lleva a una única idea: Si queremos que Alex de la Iglesia siga rodando, y teniendo en cuenta el actual sistema económico por el que nos regimos, no hay que ser muy listo para entender que: si queremos que Alex de la Iglesia siga haciendo películas tendremos que PASAR POR TAQUILLA. Guau. Qué dilema. Enfrentados a la realidad honesta de que Internet es la realidad y no el futuro, me temo que hasta que la cosa no se ponga de otro modo no tendremos más remedio que seguir con el antiguo "deme dos centraditas". 

En estos últimos días, ni dos meses calculo, hemos sido bastante conscientes del poder de la red, de su pawa,  la presión de la misma ha descabezado a Nacho Vigalondo, ha puesto contra las cuerdas a Alejandro Sanz (sorpesivo su abandono de Warner para fichar por Universal) y, en cierto modo, ha descargado su fiereza sobre las espaldas de un profesional que, digámoslo claro y meridiano, vive del taquillaje y las ventas de su obra que no es otro que Alex de la Iglesia. Sin duda Alex le ha visto las orejas al lobo, ha descubierto que detrás de los teclados se encierra un infinito poder de comunicación, una masa nebulosa de personas que solo tienen que apretar un botón donde pone "me gusta" para que moles o decidir no tocarlo y que te vayas al rincón de los castigados junto a Ramoncín. 

Alex de la Iglesia ha tomado partido por el público, ni siquiera por un público real, ni siquiera por una cifra concreta de espectadores, es más, lo ha hecho teniendo en cuenta que "Balada triste de trompeta" ha distado bastante de ser un éxito de taquilla. Sin duda, si fue valiente en su día para aceptar el reto de dirigir la Academia de Cine ha demostrado un valor inmenso tomando un camino que, él mismo, no sabe donde le va a llevar porque es un camino que no tiene un destino claro, si no simplemente una enorme interrogante en el horizonte.

Espero, que para agradecerle el gesto y mientras llegan esas páginas de descarga con las que recuperar la inversión que se hace en cada una de sus pelis, todos los que le han aplaudido a rabiar, todos los que han llenado Internet con mensajes de apoyo, todos los que se han mostrado tan agradecidos de que haya defendido sus tesis y su derecho a ver cualquier cosa producida en cualquier lugar del mundo a cambio de lo que cuesta el enganche a una línea ADSL acudan en masa a los cines donde se proyecte su próxima película, que ahorren un poco y vayan al cine más cercano porque, sinceramente, lo que ha hecho este tío, este domingo por la noche es un salto mortal hacia atrás sin red. Si él ha sido capaz de tomar partido por todos ustedes lo mejor que pueden hacer es devolverle a primera línea. Que semejante acto de inmolación no sea en vano. Háganle saber que su esfuerzo merecerá una recompensa. 

Son ustedes los que decidirán si habrá una siguiente película de Alex de la Iglesia o no existirá. Ustedes tienen el poder en sus manos, ya saben un poder que conlleva una enorme responsabilidad. Él ha defendido su derecho al disfrute plenipotenciario de todas las producciones del mundo y ustedes, y solo ustedes, deberían de devolverle el favor de que esta noche les haya servido de portavoz.

Solo diré una cosa: El cine es solo cine y no habría que darle tanta importancia....y, si se la damos, creo que es por algo. Por algo profundo que tiene que ver con todos nosotros. Siempre hemos tenido el poder, lo que ocurre es que ahora lo ejercemos de forma más clara. 

...Y de la Gala no voy a hablar. Solo diré que ha comenzado muy bien y se ha ido muriendo poco a poco...como todos los años. Pero, la verdad, no parecía que el horno estuviera para bollos. 

...Y sobre las pelis de este año: diré que si "Biutiful" no me gustó nada, "Pá negre" me emocionó (soy fans de Villaronga), "También la lluvia" me encantó, "Buried" me parece la hostia, "Todas las canciones hablan de mi" me ha parecido fantástica, no me he recuperado mentalmente de "Habitación en Roma" ni de "A3MSC", que fui con inquina a reirme de "Pájaros de papel" y salí gratamente sorprendido pese a que el final me pareció regulier,que "El Gran Vázquez" me gustó mucho y que no he visto "los ojos de Julia", "Elisa K", "La Mosquitera", "Lope"  y "Chico y Rita" (aunque esa es la que me llama la atención)...

...Me ha gustado mucho que le dieran el Goya a Mario Camus (Además de todas las conocidas me gusta muchísimo una película con baloncesto de fondo titulada "La vieja música" (1985) ) y que me he emocionado con Karra Elejalde y Rodrigo Cortés...

...No me ha gustado que no sepamos hacer una fiesta sin que haya palos, que Jonás Trueba no haya pillado estatuilla, que "Maria y yo" se haya quedado sin Goya, que "Un profeta" tampoco (en las extranjeras) y que Aitana Sánchez Gijón no haya tenido una cobertura más amplia y que la cortometrajista esa tan densa haya cantado tan mal así como que Juanjo Puigcorbé no haga gracia y Andrés Pajares, el hombre, no esté del todo recuperado. Y sobre todas las cosas que Carlos Areces no fuera nominado.

BOLA EXTRA (En forma de rumor)
Hay quien asegura que son muchos los pretendidos profesionales sobre temas de la red que ya se están ofreciendo a productoras y distribuidoras cinematográficas como asesores a cambio de un crujiente cheque. No me extrañaría que esta maldad, de ser cierta, nos revelara la categoría moral de todos los que, con el río revuelto, están intentando sacar estupendas ganancias a costa de las buenas intenciones de unos cuantos. Ya sería el delirio. Permanezcan atentos. Y esperen el mayor de los sonrojos. 

Nota del Insustancial: "Balada de trompeta" es un tema musical que interpreta Raphael en la película "Sin un adiós" (1971) del director Vicente Escrivá. Como todo el mundo sabe es la canción con la que se identifica -y flipa- el payaso triste que interpreta Carlos Areces en "Balada triste de trompeta". Amargo temarraco al que Raphael imprime esa voz suya tan espectacular y, como diría Jordi Costa, tan disfuncionalmente bella. 

martes, 1 de febrero de 2011

Holocausto de paparruchas


Hay un fantástico episodio de "South Park" donde los protagonistas intentan calcular el tiempo en el que un asunto puede ser objeto de una broma. ¿Cuando es correcto comenzar a hacer chistes sobre el SIDA o sobre el atentado de las Torres Gemelas? 

No me ha costado nada entender los palos que le están cayendo a Vigalondo porque, sinceramente, hay una gran parte de la población española (o de la población de la red o de lo que cojones sea) muy preocupada por hallar el más mínimo resquicio de debilidad en esta persona, y en otras tantas, para lanzarse a eso de "duro y a la encía". No es difícil entender que un tema tan delicado como el Holocausto judío sea pues material del suficiente tonelaje ideológico como para lanzar una interesante tautología igualmente falsa: si es español y cineasta es amigo de la SGAE y, por tanto, siendo amigo de la SGAE y siendo uno de esos que se zampan nuestros impuestos es muy posible, es más que probable, que además mantenga argumentos nazis. Es más, es evidente que es un nazi borracho que se dedica a lanzar arengas propias de nazis. 

A este interés por desarmar al enemigo, que digo desarmarlo, hacerlo fosfatina, darle uno de esos hostiones de padre que lo haga desaparecer del mapa se une, claro está, que la batalla mediática no cesa y que evidentemente es muy goloso tener al protagonista de la campaña de El País siendo acusado de ser un negacionista del Holocausto. Acabáramos. Miel sobre hojuelas. 

Si Nacho ya disfrutaba de una abierta animadversión por parte de algún grupo de usuarios de la red a este se uno el desinteresado esfuerzo informativo de los medios de la otra trinchera para ir a echar una mano y sacar un poco de tajada del asunto. 

Eso es evidentemente lo que subyace a esta polémica: hay que hacer fuego rápidamente. Hay que hacer arder el bunker enemigo hasta los cimientos. 

Todo me hace pensar en algo mucho más revelador: Vigalondo no es tan listo. Lo digo con todo el cariño y la adoración que Nacho me produce. No es el sátrapa maligno, el Fumanchú de Cabezón de la Sal que quieren dibujar. Es más bien un tipo normal con una profesión difícil que tiene un twitter y que cree que puede hacer un uso normal del mismo sin tener en cuenta una serie de factores que, de ser ese cochino manipulador que algunos piensan, tendría muy en mente cada vez que se sienta detrás de un teclado. 

Lo que me sorprende del #Holocaustovigalondo es que se produzca en un país donde, sinceramente, podríamos exportar mala baba y donde los chistes de mal gusto y las "sobradas" dialécticas se emiten a diario en nuestros medios de comunicación sin que a nadie le tiemble ni un pelo del bigote. Vivimos en un océano inabarcable de mal gusto, de mal gusto real y viscoso en el que se mezclan el racismo, el analfabetismo, cierto punto paleto y muchos prejuicios y, sin embargo, no escucho a nadie levantarse en armas, ni afilar el cuchillo contra esa otra mala hostia emitida de manera diáfana por nazis reales. Me sorprende que en un país donde proliferan todavía los chistes sobre Irene Villa, sobre gitanos, inmigrantes o tontos de pueblo alguien se vaya a creer que un chiste emitido (por otro lado bastante gracioso) por un director de cine es, en realidad, motivo para rellenar ni media línea en un medio nacional. 

La doble moral en la que vivimos instalados es, cuanto menos, demencial. ¿Chistes de mal gusto? ¿De verdad que alguien se atreve aquí a calibrar lo que tiene o no tiene gusto? ¿De verdad que a alguien, en este país, le ha molestado el tema del Holocausto? ¿De verdad que hemos criado una sensibilidad tan grande hacia ese tema como para que no podamos ni mencionar el asunto? ¿Es que somos un país tan sensible? 

En realidad, como todo se mezcla, no me extrañaría que hubiera un porcentaje mínimo de personas que, en realidad, se creyeran que Nacho Vigalondo es un revisionista. Un porcentaje nimio, claro está, pero lo que me preocupa con todo este asunto es que seamos capaces de digerir y hacer nuestra cualquier mierda con tal de que, finalmente, nuestro pensamiento primero ("Vigalondo es malo") siga siendo correcto. 

Hacen mal los que intentan hacer arsenal con la munición ajena. Estaría bien que, de cuando en cuando, antes de meter la bala en la recámara echáramos un vistazo a quien es el fabricante del proyectil. Nos íbamos a llevar más de una sorpresa. 

Volviendo al principio del post: ¿Cuanto tiempo es necesario para que un tema pueda ser objeto de una broma? La muchachada de "South Park" llegaba a una interesante y cómica conclusión pero yo tengo la mía propia: Todo tiene que ver con el emisor de la misma y las ganas que haya de montar escándalo. Si algo es más sospechoso que la indignación (la real) es esa indignación fingida que, la mayoría de las veces, utilizan los que quieren cargarse de razones que no tienen y generar conflictos que no existen por el simple placer de creer que tienen razón. 

No hay nada más gañán que pretender hacer causa con algo que nos la refanfinfla ya sea el Holocausto, el Sahara o la descristianización de España por querer tumbar al enemigo. Seamos serios y pongamos las cartas ideológicas sobre la mesa y a ustedes, los que están ahí fuera, ya les aviso: lean y lean bien pero, por favor, no compren todo lo que se les ofrece. Un saludo. 

Nota del Insustancial: Canción de La Habitación Roja titulada Scandinavia...lugar ideal donde plantar el huerto. 

martes, 25 de enero de 2011

Alex de la Iglesia se marcha


Alex de la Iglesia parece haberse quemado en un tiempo record. Hace como unos dos años que el director vasco aceptó el puesto de Presidente de la Academia de Cine (disculpen si utilizo el término popular para definir a la organización) por razones que siempre se me han antojado más románticas que prácticas. El puesto no es un puesto político, no se recibe remuneración por el mismo y tiene un papel más mediador que realmente ejecutivo teniendo en cuenta que eso que se empeñan en definir con un totémico "cine español" es, en realidad, e ejército de Pancho Villa, un sector desmembrado y que ha perdido casi por completo (si es que alguna vez lo tuvo) un caracter gremial. En el caso del cine los únicos, hasta la fecha, que se han organizado de ese modo han sido los entrañables "eléctricos" (encargados de las luces, de que todo esté a punto, de hacer los mejores chistes de los rodajes, de tener los mejores motes...los currelas) que sí se lo han montado bastante bien. 

Nada más acoger el cargo de Presidente de la Academia a Alex le cayeron los palos. Muchos lo acusaron de tener intereses ocultos, ya sabes, de intentar controlar un poco mejor que el flujo de pasta dirigido a sus proyectos fuera el de siempre y, más allá de ello, de buscarse un puestillo dentro del cine español. Es absurdo  pensar así porque De la Iglesia es uno de los pocos directores de nuestro país que puede levantar un proyecto económicamente y seguir siendo atractivo. Yo mismo pensé, en algún momento, que a lo mejor De la Iglesia iba a dejar de ser ese director de películas que me apetecía ver para tomar el camino de la domesticación. Error mío, sólo hay que ver "Balada triste de trompeta" para saber que, lejos de eso, Alex quiere, con sus errores y sus aciertos, hacer el mismo cine que acostumbraba, incluso, volver a las señas de identidad primitivas. 

Al parecer Alex ha querido ser el "hombre del consenso". Es decir, lo tenía todo para triunfar en ese puesto: lejos de los cubos de agua fría que se ha tirado en el artículo que publica El País y en el que explica las razones para su dimisión (dice de sí mismo que es intransigente, tiene mal genio, que es soberbio...) es un tipo que cae bien, que tiene don de gentes y, sobre todo, que es capaz de discutir con un cortometrajista nobel sobre cine de acción de Hong Kong y sentarse con un director de fotografía de gran trayectoria para charlar sobre la iluminación en las películas de Mornau. Es un tipo diplomático, es agradable, es buena gente y, sobre todo, creo que es el típico tío que tiene las dotes necesarias para remover Roma con Santiago cuando necesita algo.

Desde el momento en el que tomó el cargo Alex de la Iglesia ha querido aunar esfuerzos, conectar a la gente de las películas, ha hecho esfuerzos para que la gente hiciera frente común con las debilidades del sector y, sobre todo, creo que intentó limpiar la imagen que gran parte de la sociedad española tiene de nuestras películas y sus profesionales depués de unos cuantos años de ataques tremendos y de gigantescas campañas de descrédito. Creo que era y es un buen plan eso de acercar a la gente. De la Iglesia ha hecho buenos gestos en esa dirección: ha intentado despolitizar la imagen de la mini industria para hacerla más fiable para los sectores sociales que viven un contínuo enfrentamiento y critican con saña, incluso, que Javier Bardem salga a tomarse una caña por Madrid e intentó generar confianza entre los distribuidores y exhibidores para darle un poco más de caña a la lastimosa política de exhibición de películas nacionales. 

¿Por qué? Básicamente por algo que repito mucho desde aquí: es un sector que genera empleo y que no necesita de grandes infraestructuras para ser rentable económicamente. Es una industria que, perfectamente, podría ser buena para todos. Calculen no solo cuanta gente trabaja en un rodaje si no, más allá de eso, cuantos profesionales se necesitan para hacer una película (abogados, fontaneros, carpinteros, conductores, cocineros...). Y además, claro está, que Alex de la Iglesia es director y le interesa seguir trabajando en lo suyo. 

¿Ese es todo el interés de Alex de la Iglesia? Pues he de decirles que sí y que es lícito, es más, es lícito que como Presidente de la Academia defienda los intereses de la gente del sector que representa. Todo esto de los "intereses" es como, si por ejemplo, alguien dice que la CEOE defiende los intereses de la patronal porque, claro, su presidente es un empresario. Jamás escucho un comentario tan estúpido y, sin embargo, sí los he escuchado y los he leído de Alex y, por extensión, de cualquiera que haya defendido su postura. 

Es más, un tío interesado, un Maquiavelo de manual, un Fouche de baratillo, jamás se hubiera metido en una pelea como la de la Ley Sinde cuando, curiosamente, su última película está todavía en cartel y corre el riesgo de vivir uno de esos sentidos y silenciosos boicots que, últimamente, tanto se jalean. 

Como Alex de la Iglesia es el "hombre del consenso", o eso pensaba él, decidió participar activamente en el debate sobre la Ley Sinde. Otro gesto, ya sabes, de una Academia que no es más que un órgano consultivo, que no tiene ninguna repercusión política...Alex abrió las puertas de la casa y recibió a unos cuantos internautas. Unos ya conocidos como el abogado David Bravo y otros menos como Francisco George del Partido Pirata. 

Semanas antes de todo el embrollo Alex de la Iglesia irrumpía como un huracán en twitter cayendo rendido a los pies del invento. Y es desde ahí desde donde ha mantenido contactos con la gente y ha recibido toda una guasa de chorreos, insultos y malos humos. Además, por esa obsesión que tenemos con la gente con pocas luces, en cierto modo ha alimentado esa polémica retuiteando (o sea, repitiendo en su propia página y rebotándolo a todos los seguidores) a toda la lista y animando así a otros insultadores a ser compensados con una contestación del insultado. 

Mientras la polémica de la Ley Sinde ha ido envenenando la red y sus aledaños con la carga de mala hostia habitual Alex de la Iglesia ha ido perdiendo fuelle tanto en el debate como en la propia polémica. Impulsó que se escuchara a un bienintencionado abogado llamado David Maeztu que propuso una enmienda a la ley y el tiro le salió por la culata (siendo directamente traicionado por tirios y troyanos) y se ha visto metido en una espiral de descalificaciones y con algo mucho más chocante: el otro lado, la otra parte, no ha participado en el debate salvo para decir: hay que buscar soluciones pero, mientras tanto, por favor, que las cosas sigan como están. Esto se produce porque la situación parece tan irresoluble que, sinceramente, solo hay que adoptar la "Doctrina Rajoy" que no es otra que estarse quieto y dejar que los demás te hagan el trabajo sucio. 

Como el payaso triste o como el Don Tancredo de los antiguos espectáculos taurinos Alex de la Iglesia se ha quedado solo en medio de todo el tostado recibiendo tartazos, bofetones y quieto mientras que un morlaco de seiscientos kilos da vueltas a su alrededor esperando a darle el definitivo topetazo. 

La postura conciliadora de Alex no ha permitido el diálogo si no, directamente, que presuntos amigos y declarados enemigos se crecieran en sus respectivos roles. Finalmente todas las operaciones de Alex, todas las llamadas y todas las reuniones no han servido absolutamente para nada excepto para dañar su imagen pública. No hay manera de decir que no lo ha intentado, ha hecho todos los gestos necesarios, se puso una camiseta donde ponía "piratea mis películas", ha intercambiado e-mails, ha hablado con políticos, con internautas, con sus pretendidos vocales, con sus posibles representantes y, sobre todo, ha conseguido que gente como Campoy o como Pedro Pérez participen en la polémica. Nada ha sido suficiente porque, en realidad, ni los que se sentaron con él (o la mayoría de ellos) estaban dispuestos a moverse un ápice (porque también tienen sus intereses en el asunto) y porque la vida política sigue un camino paralelo a la vida social. 

Alex de la Iglesia me parecía el tipo perfecto para acabar con la polémica y para redirigirla, para iniciar un nuevo modelo de distribución, para comunicar lo que nos jugamos con la desaparición de la industria cultural, para enmendar la situación. Finalmente se ha quedado en medio, como el niño que atraviesa el "pasillo chino" en el patio del colegio. Le han caído todas las hostias. En un país donde si te quedas en medio lo normal es que te disparen desde las dos trincheras el Presidente de la Academia ha sido el blanco perfecto y, como tantos hombres de consenso de nuestro país ha sido sospechoso de hacer las cosas para su propio interés. Tendría que haber tenido en cuenta este hecho innegable: España es el único país del mundo donde si te cogen dopándote tu barrio se llena de pancartas de apoyo a tu persona, donde te condenan por prevaricación y te sacan de la cárcel para sentarte en una cadena de televisión a hablar de la reforma del Trbunal Constitucional y, sin embargo, si te cogen reciclando lo normal es que alguien diga: "mira, este gilipollas se cree que es mejor que los demás, el puto listo". Vivimos en un país donde ser inocente o parecerlo es un indicador de que eres un cabrón con pintas. 

Ahí tienen a un tipo que dirige películas, acostumbrado a dar órdenes, a imponer su criterio a cientos de personas, a obligar a un actor que cobra tres o cuatro veces más que él a repetir una toma porque no le ha gustado la entonación,  a dar voces por un megáfono, a coger una recortada y disparar munición de coña en medio de la calle Preciados para hacerse mover a decenas de extras tragando quina, intentando ser comprensivo, mordiéndose la lengua, intentando tomar un papel mediador, mordiéndose la lengua ante la avalancha de insultos, poniendo su mejor cara, ofreciendo soluciones, intentando acercar posturas. En definitiva, dando ejemplo. 

Alex de la Iglesia ha comprendido que no podía conseguir ninguno de sus objetivos y, por tanto, ha preferido volverse a hacer películas. Me parece mal lo primero y muy bien lo segundo. Perdemos a un tipo que ha querido hacer del cine y de la cultura una cosa de todos, contentar a todos y esperar que todos cedieran un poco. Al final solo ha cedido él y ha vencido el cerrilismo. Una cosa muy española por otro lado.


BOLA EXTRA: 
¿Debe el artista estar en contínuo contacto con su público real o potencial? ¿Debe exponerse públicamente? Ahí se lo dejo. 

sábado, 6 de noviembre de 2010

Dragó y el cliché masculino más viejo del mundo



¿Qué diferencia hay entre el madurito de pantalón de pinza y camisa de Ralph Lauren que se acoda en la barra del bar rodeado de amigotes y comienza su parlamento diciendo "ayer tres, sin sacarla" que el hecho de que un viejito soriano llamado Fernando Sánchez Dragó saque pecho de un presunto menage a trois con dos adolescentes japonesas en el Tokio de 1967? 

Es más, repasen el textito mil veces repetido en la red, y díganme si no se han revolcado solazmente en historietas parecidas reproducidas en medios de gran alcance como la revista LIB o el Consultorio de Charo Medina. Por si no lo saben ese trovador urbano llamado Arlequín ya en los años 70 se sacaba unas perrillas contando sus hazañas sexuales con alemanas frescachonas y educadas en la liberación sexual. 

La historia que cuenta Fernando Sánchez Dragó no es más que un cliché mil veces repetido por el cine porno y, seguramente, sea la fantasía sexual más extendida entre los hombres de todo el planeta: vas a hacer unas gestiones y, por el camino, se te aparecen dos muchachas de buen ver con las que acabas en la cama. 

¿No se acuerdan de la escena de "La naranja mecánica" en la que Alex va a comprar unos discos de Ludwig Van y le ocurre eso mismo?

No le den importancia. El mismo Sánchez Dragó antes de que le creciera un manifiesto (por cierto, impulsado por su colaborador Javier Ruiz Portella) ya dijo que todo era poco más que un malentendido. La culpa, otra vez, es suya que tiene la mente calenturienta y donde leyó lo de aquellas dos ninfas de trece años entregadas a darle gustito al escritor lo que en realidad tendría que haber entendido es que todo no fue más que un encuentro casual con una pandilla de adolescentes alrededor de una mesa y unos cafés que terminó en unos cuantos besos castos y torpes. 

Y es que, la verdad, parece todo sacado de un diccionario de tópicos. No solo la historia sino también el hecho de que esta sea nada más que una exageración. Ya saben lo que dice la sabiduría popular: "los hombres son como las fichas del parchis que se comen una y se cuentan veinte". 

La cosa ha sido tan tópica que, como ocurre últimamente, al ser descubierto un ciudadano en renuncio o fechoría este, en lugar de reconocer que ha metido la pata, inicia una campaña de autobombo exagerada dirigida a denunciar una presunta conspiración universal contra su persona. A estas alturas el "Tema Tokio 1967" ya ha dado para que algunos se pongan a lado de Dragó diciendo que hay gente que pide que se "quemen sus libros". La verdad, no lo había escuchado hasta hoy. Sí había escuchado a Esperanza Aguirre comparar a Dragó con Miller, García Márquez y, el tío de Esperanza, Gil de Biedma. Fíjense lo que quiere la Presidenta de la Comunidad quiere a Dragó que no tiene empacho en ponerlo a la misma altura intelectual, moral y personal que a un familiar directo del que, me imagino, conocerá toda su obra.

Si a estas alturas ustedes se soliviantan por las afirmaciones de un bocachancla (lean este estupendo artículo de Grace Morales y disfruten porque nos da a todos sopas con ondas...o papas con ondas o como se diga...vamos que nos da una paliza) es que tienen la piel más fina de lo que exigen estos tiempos. 

Es paradójico que Sánchez Dragó que tanto ha viajado y tanto ha leído en realidad no haya podido superar al ignorante sesentón con el hígado hecho mierda que supura rencor por cada poro de su piel contra el género femenino (y en especial por su ex esposa, que se lo ha montado mejor tras el divorcio) y que se sienta noche tras noche en el último taburete del pub del barrio esperando que otros, tan tristes e ignorantes como él, se le acerquen para contar a voz en cuello la última visita a un puticlub y las maravillas que allí se produjeron. Esos, que no han salido de España nada más que para hacer la mili en Ceuta y que se creen que no hay mejor sitio para veranear que un apartamento en Santa Pola, piensan igual que él y, puestos a contar historias verdes, exageran con el mismo énfasis y me, imagino, que pillados en la trola es posible que se justifiquen con la misma saña. Dragó, que tanto budismo zen ha mamado, ha demostrado ser incapaz de quitarse el pelo de la dehesa y de arrancarse la herencia cultural más machistoide y cateta. Mis conmiseraciones. 

Es una pena que un tipo que va de escritor notable (algo que es una especie de etiqueta que se ha colgado él mismo) tenga tan poca imaginación que no se le ocurra mejor recurso que, para darse pisto ante un colegui, repetir la línea argumental de esa maravillosa cinta titulada "Fue a por trabajo y le comieron lo de abajo". 

De hecho, tiene tan poca imaginación, que sigue el mismo patrón que todos los fantasmones del folleteo: ligo mucho y follo más pero siempre lo hago en una ciudad que te costará visitar alguna vez y con gente que no te cruzarás jamás. Otro montón de conmiseraciones. 

Leo estos días "Out", una novela de la japonesa Natsuo Kirino, que es un retrato criminal de la sociedad nipona. En uno de los pasajes del libro una de las protagonistas está en casa viendo la televisión y se queja de que se emita, por enésima vez, otro de esos reportajes sobre teens niponas que tienen novios en edad de perecer con tal de hacerse un fondo de armario que ríete tú del de Ann Wintour. 

El viejo verde que corre torpecito detrás de las treceañeras es, desgraciadamente, también un cliché cultural en el otro lado del mundo. 

Yo no quiero que ustedes pidan que se censure a Sánchez Dragó, de hecho ni siquiera estoy de acuerdo con que se le quite ese programa suyo de libros donde se habla un poco de otras personas que no son él mismo, y la verdad pese a que mantengo una opinión bastante personal sobre si es bueno o no quemar libros tampoco les invito a acercarse a la biblioteca pública más cercana con un bidón de gasolina (a no ser que dentro aniden zombis o Frankenstein) para hacer una pira con la obra completa de este señor. 

En estos días en los que se ha secuestrado una revista satírica por sacar en portada una caricatura del Papa Ratzinger XVI y parece ser que el debate sobre "A serbian film" alcanza niveles de mal viaje total no seré yo el que pida la cabeza de un fantasmón que se entretiene inventando batallitas. Más que nada porque en estas costrosas cuestiones siempre hay dos varas: una que sirve para medir y otra que sirve para dar palos de ciego. Yo no consumo nada que haya sido tocado, ni con la punta de una pértiga olímpica, por este infraser y pese a no entender qué interés puede tener nadie en leer las divagaciones de ese menda sobre las vidas pasadas que tuvo su gato entiendo, como aquel torero, que hay gente pa tó. Si me gustaría que estos mismos que ahora, tan enardecidamente, usan la palabra libertad como trapo para taparse el culo fueran capaces de demostrar el mismo amor por el libre albedrío ajeno porque, la corrobla de la caspa, se pone muy libertaria cuando se trata de no poner límites a la empresa privada o de justificar que de nuestros impuestos salga un dinerito que subvenciona las procesiones de Semana Santa pero te montan una manifa en plan Berlín 1933 a la mínima que dos mariquitas (que se quieren y se respetan porque son personas humanas buenas) quieren pasar por el altar y organizar un banquete nupcial.Pregúntenle ustedes al autor del manifiesto a favor de Dragó sobre la conveniencia o no de quemar un libro que estuviera firmado por Stalin a ver que le cuenta del asuntito ese de que todos los que queman ediciones de bolsillo son unos nazis.

Pero, volviendo al tema y para terminar que ya me estoy columpiando again, a mi que un tipo use términos como "putita" públicamente para referirse a las mujeres o que defina la vagina más apetecible como "chochito rosaceo" me produce menos asco que vergüenza ajena. Sí, también siento cierta repugnancia mezclada pero, la verdad, es que creo que es Sánchez Dragó como idea (como Sostres como idea, por ejemplo) lo que me produce arcadas. Son cosas como estas las que me ponen triste y mal. 

Si el texto de Dragó quería ponernos como berracos, sinceramente, es como toda la obra de Dragó un enorme fracaso: sólo de imaginar esas carnes colgantes en movimiento, esas caderas tensándose, ese bizqueo de remate y ese gritico propio de la berrea de colofón me pone los pelos como escarpias. Ya podría haberse leído, de cabo a rabo, esa novela erótica de Francisco Umbral titulada "La bestia rosa" (que va de un viejo con sexo tardobarroco y una jovencita que "lleva gafas de Ramoncín y un tiranosaurio en el hombro) y haber cogido notas con esos post-it de colorines con los que decora todos los volúmenes que reposan sobre el atril de su "negro sobre blanco". No hay color. Eso sí es literatura.

Nota del Insustancial: para ilustrar un tema tan peliagudo como este me he decantado por el grupo japonés 5,6,7,8´s formado por chicas que cantan el temazo "The Barracuda".