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martes, 11 de octubre de 2011

Colaborando para Filmbunker


Vuelvo a colaborar con los señores de la página de las películas raras. Los de Filmbunker, esa gentuza de almas hechas de celuloide...

Esta vez le ha tocado a la rareza belga titulada "SM Rechter" (Erik Lamens, 2009) una película basada en un hecho real que, contrariamente a lo que pudiera incluir el campo semántico de esa expresión, no creo que pueda pasarse a las 16.00 horas en ninguna cadena nacional. 

Si quieren ustedes indagar sobre dicha película y sobre los límites del deseo o los dobles sentidos que suele incluir cualquier frase romántica les recomiendo que se pasen por el enlace y luego vean la película o viceversa. 

Pueden encontrar el texto aquí. 

lunes, 10 de octubre de 2011

"Mamá es boba" en La 2





Hola lectoras, lectores, modernos y modernas de pueblo, residentes en la gran Babilonia, funcionarios, parados y personitas que, en general, han llegado por casualidad o no a este blog: 

Hoy Lunes a las 00:15 la 2 de TVE (la de todos...eso dicen) emitirá "Mamá es Boba" película dirigida por el insigne Santiago Lorenzo y, como ya saben, una de las películas de cabecera de este blog tan mal diseñado. 

Como siempre les estoy hablando de la misma, es imposible comprarla, y la copia que anda por la red es de menor calidad que la emisión que hará mañana la 2 les invito a ustedes a dejar sus quehaceres (sean los que sean, no nos engañemos, un lunes por la noche no se van a ir a una bacanal), dejen de ver porno, repasar a los clásicos, deconstruir una patata cocida o ver una serie americana (que seguramente repondrán en un par de meses) para darse el gustazo de ver una de las mejores películas del cine español (y mundial) de todos los tiempos (estos tan revueltos y los pretéritos) y vean con sus propios ojos lo que es un milagro: que alguien se digne a programar algo espectacularmente bueno. 

No se aseguran grandes efectos especiales, no se aseguran grandes tomas en 3D, no se aseguran cuatro o cinco giros que tengan que ver con un comando yihadista que ha colocado 14 bombas atadas a colegiales solo un rato para disfrutar de una película que, como la Mahou, nunca pierde las cinco estrellas.

Del mismo modo les invito a recomendar esta película entre amigos y familiares por las vías telefónicas, orales y reuniones de tupper-sex que crean convenientes, tirar de las redes sociales o recomendarla por twitter incluyendo el hashtag #mamaesboba en su cuenta de twitter. 

Un lujo.

PD: Por si quisieran ustedes saber otras muchas opiniones laudatorias les dejo aquí una cosa que escribí para la gente de filmbunker sobre la misma película. 

viernes, 24 de junio de 2011

"Man of the year" (2006, Barry Levinson)


Uno saca muchas conclusiones viendo esta película de 2006:

1. las mejores películas de Robin Williams no acaban de estrenarse en salas comerciales en nuestro país.
2. Barry Levinson es un competentísimo director que ha vuelto a la senda de la muy interesante "Cortina de humo" con esta peli. 
3. "Toys" la dirigió, en realidad, su gemelo malo. 
4. Parece mentira que una película de 2006 esté, de pronto, tan vigente. 
5. Alguien ha fusilado muchos chistes y los ha colado en sus monólogos descaradamente. 
6. Un dato real: Robin Williams y Agustín Jiménez inventaron un mismo chiste casi a la vez. 

Tom Dobbs (Robin Williams) es un cómico que presenta un programa al estilo del de Jon Stewart o Bill Maher (yo creo que queda bastante claro que su personaje está influenciado por el trabajo de estos dos cómicos) que, un buen día, decide hacerle caso a algunos de sus espectadores y presentarse a las elecciones presidenciales americanas. Para ello concurre como "independiente" denostando a los dos partidos mayoritarios (Republicanos y demócratas) con la intención de darle un nuevo aire a las elecciones y presentarse no como un candidato real si no como una especie de apoyo moral para los americanos aprovechando los pocos minutos de gloria de su campaña electoral para lanzar un mensaje sobre la necesidad de renovar las instituciones gubernamentales y darle un nuevo aire a la democracia para que los políticos tengan más en cuenta a los ciudadanos que a las grandes empresas que pagan sus costosas campañas publicitarias electorales y que, a su vez, pagan a grupos de presión para que los congresistas y senadores voten a favor de sus intereses. ¿Les suena todo este barullo? 

Pese a no contar con opciones reales de alcanzar los 270 votos necesarios para convertirse en presidente (270 votos que se reparten entre estados que, a su vez, caen de uno o de otro candidato por medio de un endiablado sistema de votación que ríete tú de la Ley D´Hont) Dobbs quiere seguir en campaña para iniciar una especie de cruzada personal en contra de las tiranías de las grandes corporaciones. 

Mientras tanto, como historia secundaria pero determinante, se nos va contando que una importante empresa ha desarrollado un software con el que se podrá votar eludiendo la papeleta, la urna o el terrible sistema de pinchos y papeletas en forma de mariposa que provocaron los errores de la campaña electoral del año 2000  (Bush-Gore) pero, claro está, una ingeniera llamada Eleanor Green (Laura Linney) descubre que el sistema tiene un fallo que hace que uno de los dos candidatos vaya a ganar aunque sea el más votado. No es que el sistema esté trucado adrede es que, simplemente, tiene un fallo que, la empresa, se niega a solucionar por una sencilla razón: de descubrirse haría que las acciones de la empresa bajaran y, sobre todo, que la venta del software electoral a otros países se paralizara. Deciden dejarlo pasar. ¿Les suena? ¿Saben todas esas personas que abogan por el voto electrónico que, por ejemplo, se le podría encargar este proceso a una de esas enormes corporaciones que podrían sentir, de pronto, la necesidad de no arreglar un sistema informático fallido? A mi la posibilidad me dejó tieso. 

"Man of the year" nos lleva por los derroteros de la política ficción interesándose por detalles que, actualmente, tienen más vigencia que cuando la película se estrenó, sin ruido, hace cinco años. Es una película solvente con dos protagonistas de lujo y dos increibles secundarios: Lewis Black (que aparece frecuentemente en Tonight Show y Real Time) y Christopher Walken bordando el papel de representante de Tom Dobbs. A partir de ahí se defiende un guión que bien podría estar extraído de la experiencia electoral del cómico frances Coluche (que también se presentó a las elecciones de su país y se retiró ante la posibilidad de que la broma fuera más lejos de lo que había previsto)  y que envuelve el realismo, la posibilidad de que los Estados Unidos vuelvan a elegir a otro actor como presidente (Ronald Reagan, ¡la madre de Alá!) y unas cuantas preguntas éticas sobre la actual situación de la democracia y la mala salud de la clase política y empresarial. 

Una película que debería de verse desde la conciencia actual porque, aunque sea una película, aclararía las más básicas dudas de cualquier persona dispuesta a no meter la pata al hablar de política y, sobre todo, la posibilidad de pasar un buen rato. Como dice el amigo Paco Fox, "al final, las comedias americanas siempre acaban fallando en el tercer acto" y es posible que aquí así sea pero, chico, que camino más agradable. 

domingo, 29 de mayo de 2011

¡Viernes Peronistas!

¡Ché, que bueno que viniste! 

El sábado pasado el azar me llevó a conocer a Dario Adanti, conocido dibujante (coautor de "Mis problemas con Amenabar" junto a Jordi Costa...entre otras muchas cosas...pero ese cómic deberían de adquirirlo) que me presentó mi amigacho del alma Eduardo Galán. 

¡Compre Viernes Peronistas! ¡Un imán para las nenas! 

Pocas veces en la vida, o muy pocas, recibe uno eso que se llama "flechazo heterosexual". Es decir, que ni Dario ni yo nos conocíamos de nada pero, de pronto, como a los 20 minutos ya estábamos hablando como dos viejas cotorras en la puerta de una iglesia. El caso es que resultó que ambos tenemos ciertos frikismos comunes. Uno de ellos es el peronismo. Sí, ya se que ustedes dirán que eso es una chorrada enorme, que somos personas sin ningún fondo y que deberíamos de hablar de cosas mucho más profundas pero, de pronto, surgió en la conversación nuestra perversión mutua por ese periodo de la historia de Argentina y por todo lo que trajo, todo lo que implicó y, en general, todas las rarezas que crió: desde Evita a López Rega, pasando por la fundación de Montoneros o la protección de nazis al mismo tiempo que se negociaba amistosamente con la Cuba Castrista (y entonces triunfante). 

¡Y sin que usted se lo pida se pone sus propias gafas de alta tecnología! 
(Bueno, en realidad eso es una trola)

Tan bien fue el asunto que me regaló un ejemplar de "Viernes Peronistas" que es un fanzine desopilante que trata en clave pop el peronismo en general y que, en su primera entrega, da un repaso por algunos de sus personajes más importantes. Por raro, por curioso, por entretenido y, en definitiva, por interesante e informativo cae este Viernes Peronistas en este mierda-blog para que sepan ustedes de su existencia y, en la medida de lo posible, lo adquieran para ustedes y para sus amistades. Por sus páginas pasan terroristas, nazis escondidos, proyectos de bombas atómicas, la vida pública y privada del General Perón y los experimentos con las artes oscuras de López Rega, las diferentes facciones en las que se dividió el propio pensamiento peronista y el sabor extrañamente dulce, esta vez, de la locura de todo un país y de su convulsa historia. 

Entre sus colaboradores están, además del propio Adanti, gente como Mauro Entrialgo, Ata, Nono Cadaver o Marcelo Larraquy que le dan la forma y el sentido a esta rara publicación que es, como un homenaje pop a medio camino entre lo chungo y lo dulce, como esas viñetas que Adanti titulaba "Las ·Extrañas aventuras del Niño Dios", un viaje psicodélico raro por las catacumbas históricas de Argentina y de la Guerra Fría. Un chiflado bofetón, como de esnifar pegamín que te deja KO y que te hace plantearte si lo que has leído es verdad o es pura invención. Nunca, se lo digo en serio, se mezcló también lo real con lo completamente chalado que tiene lo real. Disfruten y no dejen pasar Viernes Peronistas, una publicación del Órgano de Difusión de los Jueves Peronistas. Una pasada.  

Más información aquí.

jueves, 17 de marzo de 2011

I´m still here (Cassey Affleck, 2010)


Britney Spears se rapó el pelo delante de los paparazzis que la perseguían todos los días durante los meses posteriores a su ruptura matrimonial con aquel "no-one" de Kevin Federline un bailarín de poca monta y aborto de rapero conocido con el estúpido nombre de K-Fed. 

Los artistas que quieren dar el salto de la audiencia infantil o infantilizada a la audiencia adulta suelen escenificar delante de las cámaras una especie de operación de ensuciamiento de su propia imagen, es decir, representan ante nosotros todos los pasos que, teóricamente, vive cualquier ser humano para convertirse en un adulto. Lo que es lo mismo: se meten en una serie de situaciones embarazosas como emborracharse, drogarse, echarse una pareja poco recomendable, llevar una vida de trasnoche en trasnoche y otra serie de experiencias que, teóricamente, han de informar de que ya son mayores, de que ya pueden hablar de cosas de mayores porque ya han pasado, en menos de un año, por todo el proceso de experiencias vitales que, a priori, forjan el carácter. Digo lo de un solo año porque ese es el tiempo que tiene cualquier artista de masas para reinventarse antes de que la industria descubra a unos cuantos mangarrianes con los que ocupar tu lugar que es lo que le ha pasado a Lady Gaga sucesora de Madonna que, en estos días, debe de estar celebrando misas negras por todo Londres para volver a ser la Reina del Pop again. 

Ese proceso pocas veces deja buenas secuelas y, lo normal, es que el artista se convierta más que en un adulto en puro material dañado. No había duda de ello si le echamos un vistazo a esa poco alabada serie documental titulada "Chaotic" (caótico) en la que la ex cantante de pop teen y su marido -un tío con una pinta de vago que para sí quisieran la mayoría de maridos vagos de estrellas que en el mundo son- daban cuenta de su vida en común con un desparpajo y una mediocridad con olor a paletos con dinero que iban camino a la bancarrota a marchas forzadas. 

La historia de la Spears, una texana temerosa de Dios tratada como la oca de los huevos de oro por parte de su familia (que suelen convertirse en un cartel de explotación infantil), es la de otros personajes del star system como Lindsay Lohan -por poner un claro ejemplo de bajada y estancia en los infiernos-, los hermanos Carter y un largo etcétera que escenifican ante una audiencia global un despertar al mundo adulto repleto de pesadillas, de cambios de rumbo, de actitudes absurdas y de gags escalofriantes. En los tiempos en los que escribía más de la Spears de lo que jamás soñé cada vez que me tocaba enfrentarme a una de esos nuevos saltos mortales no dejaba de tararear eso de "estás al borde" de Los Ilegales. La verdad. 

Es posible que "I´m still here" el falso documental perjeñado por Cassey Affleck y Joaquín Phoenix partiera de alguna charla trivial sobre uno de estos incidentes que suelen airear los noticiarios del corazón y las revistas del mismo género que se encargan de dar salida a este material. 

De hecho, durante la promoción de "I walk the line" el biopic de Johnny Cash que Phoenix interpretó, se airearon unas imágenes en las que el actor le preguntaba a un periodista si tenía una enorme rana en la cabeza. Al decirle el periodista que no, este muy tranquilo dijo que sentía que algo le estaba reptando por el cuero cabelludo. El periodista le dijo que parecía que estaba fantástico y Phoenix contestó que no le importaba el aspecto que tuviera que lo que le preocupaba era la sensación de que un bicho así le estuviera devorando el cerebro. Rápidamente se afirmó que Phoenix había ingerido una seta alucinógena o algo parecido que le había hecho perder momentáneamente la cabeza. En realidad, de un modo un tanto absurdo, estaba intentando explicar lo nervioso que se encontraba por el estreno de la película pero, en realidad, daba lo mismo porque lo importante es que Phoenix se había vuelto loco el día del estreno de la que prometía ser la película que lo lanzaría directamente al estrellato. Hasta el día de hoy al actor se le sigue preguntando por el  incidente. 

"I´m still here" parte de esa premisa: ¿Qué le ocurre a una estrella de cine que ha perdido la cabeza? No un artista de consumo rápido si no un artista de verdad, de esos comprometidos con cientos de causas, que parecen muy centrados, de esos con mundo interior, que sueñan con ser respetados intelectualmente y que viven para interpretar grandes papeles. 

Es una pena que el planteamiento de la película, esos primeros 20 minutos que tendrían que explicarte de qué va todo el asunto, sean de enorme torpeza porque, en realidad, el metraje va cogiendo fuste a medida que va avanzando todo el asunto. 

Es más, el hecho de que una gran estrella tomara la decisión de rodar una película como esta conlleva que, casi desde su comienzo, comenzaran a filtrarse noticias sobre que, en realidad, todo era un documental falso. Es decir, todo el mundo, de algún modo temió que la broma fuera demasiado realista y que, al final, acabara dañando la carrera del propio Phoenix. 

El actor escenifica esta bajada a los infiernos que ya aparece bosquejada en la rarita "Full frontal" de Soderberg dando vida a un chiflado inseguro que se pasa horas y horas mirando las noticias que su propia vida genera. Una especie de bucle informativo imparable en el que se mezcla la realidad y la ficción y que hace plantearse la paradoja de rodar un documental falso (hecho de realidad y ficción) que retrata de manera bastante fiel un panorama mediático que se alimenta de falsedades, rumores y realidades.

"I´m still here" es una enorme reflexión sobre el concepto de fama actual, sobre la forma en la que se trata la vida de los famosos pero, también, creo que queda resquicio para una especie de auto-psicoanálisis del propio Phoenix que aprovecha la película para retratarse intímamente. No deja de ser interesante que la película comience con unas imágenes de la infancia del actor y termine en el mismo lugar donde se rodaron con una visita a su padre. Contrapuestas al título de la película (que se traduciría como "Aún sigo aquí") nos hace pensar, más allá de la sarnosa broma que el actor y su cuñado quisieron gastarle al mundo, en una reflexión aún más profunda sobre la forma en la que ha conseguido sobrevivir a los avatares de la fama y, sobre todo, al fallecimiento de su hermano River Phoenix. Otra vez aparece el asunto del material dañado y que la vida devora por igual a Britney Spears (tan paleta ella) que a un tipo como Phoenix (tan avant garde él). 

Entre las imágenes impagables de la película están la cara de poker del rapero Mos Def, un activista que representa la cara más seria y comprometida del hip-hop, cuando el propio Phoenix le informa de sus chiflados planes y el hecho de que Phoenix pierda el culo por hacerse amigo de Sean Diddy Combs, productor de rap más conocido por representar la frivolidad mayúscula que, participando de la broma, hace de sí mismo alentando las pesadillas de un actor que quiere dejar de ser famoso en la interpretación porque le parece excesivamente frívola para meterse de lleno en la escena musical del hip-hop que no parece el último refugio de los que quieren pasar desapercibidos. 

Pese a las malas críticas recogidas por el documental falso a un servidor de ustedes esta farsa sobre la fama, el exceso y la chifladura le ha parecido incluso notable pese a las reservas que tenía con el título. Un trabajo un tanto irregular que hubiera merecido un mejor arranque pero que termina contándonos lo que sus creadores querían contar: Siguen ahí, no son nada del otro mundo y encima corren el mismo peligro que todos los descerebrados de este mundo que no es otro que encontrar un lugar y una posición donde todo el mundo te ría las gracias. Y ninguno estamos libres de cometer un pecado semejante. 

martes, 15 de marzo de 2011

Freaks and Geeks


Entre 1999 y 2000 se emitió en Estados Unidos la serie "Freaks and Geeks" creada por Paul Feig y que tuvo como cabeza del proyecto (en el papel de productor ejecutivo, que es decir casi todo en TV) a Judd Apatow. La serie, que fue cancelada a los 12 episodios, contaba la historia de dos grupos -uno de freaks y uno de geeks, entendiendo a los "freaks" como los macarras de clase social media-baja inadaptados y a los "geeks" como a los empollones amantes de la cultura popular- que acudían a un instituto de Chippewa (Michigan) -una ciudad satélite de Detroit- en los años 80, un poco antes de que la zona fuera arrasada por el cierre de General Motors que se trasladó su producción a México con las consecuencias que Michael Moore narra en el indispensable documental "Roger y yo". 

Pese a que la crítica aplaudió la aparición de esta serie rara (episodios de más de 40 minutos, temática entre la comedia y el drama, actores desconocidos que interpretaban en muchos casos la edad que tenían en realidad) de saborcillo agridulce lo cierto es que la siempre cambiante NBC -capaz de mantener SNL todavía pese a los escándalos que provoca o de preferir a Leno que a Letterman- nunca se sintió a gusto con una producción que no era capaz, básicamente, de entender que es un problema que muchas cadenas en todo el mundo tienen con ciertas series que producen: ¿A qué público va dirigida? ¿Cual es la mejor ventana que puedo darle? ¿Necesita mucha promoción o poca? ¿Por qué no salen estrellas? ¿Nos arriesgamos a que, de pronto, se convierta en una serie sobre la desindustrialización americana y nos estalle en las manos? ¿Esperamos a que se dulcifique? 

Es curioso que "Freaks and geeks" corriera la misma suerte que Star trek (curiosamente emitida por la misma cadena en los 60, eliminada y vuelta a reponer) y que otras series que hoy se consideran de culto como "Wonderfalls" (injustamente cancelada a los 3 o cuatro episodios y luego vendida en DVD con 13) o "Tan muertos como yo" (las dos creadas por Bryan Fuller que, ops, curró en Star Trek: voyager y sufre el sambenito de "bueno pero demasiado complicado" con su serie "sin posible etiqueta" Pushing Daisies). De hecho Paul Feig ya había sido un actor fijo del elenco de "The Edge" aquel estupendo show cómico creado por David Mirkin  y emitido entre 1992 y 1993 que fue suspendido pese a su enorme calidad. 

Por encima de la calidad que supuran todos estos títulos el hecho de que fueran canceladas les ha conferido la etiqueta de "Serie de culto" pese a que todas, creo yo, estaban bastante lejos de querer ser series para minorías. 

Lo sorprendente de "Freaks and geeks" es que reuniera a un reparto que incluía a actores como James Franco, Jason Segel, Seth Rogen, John Francis Daley, Martin Starr (que ahora son estrellas) o que, incluso, entre las apariciones pequeñas se permitiera elegir, con buen ojo, a actores como Shia Leboeuf, Jason Schwartzmann o Rashida Jones (como me gusta a mi esta actriz). 

Feig, más conocido como actor y como director de TV, se sacó de la manga esta serie que ha puesto las bases de las producciones posteriores de Appatow y que parece un ensayo a gran escala de su éxito "Supersalidos" aunque solo sea por ese tono entre la comedia y la tristeza que sale de cada línea de "Freaks and geeks" y su obsesión no por retratar a gente especialmente reseñable si no, más bien, por destacar una especie de cuento heróico de lo cotidiano y, más allá de eso, aplicarse con tino en pintar una especie de panorama que aclara las relaciones un tanto absurdas en las que vive el adolescente medio americano que, me imagino que a estas alturas, ya estarán siendo absorbidas y mimetizadas aquí en la colonia.

Cuando he visto "Freaks and Geeks" me he acordado de un vídeo que mi amigo Edu se trajo de su Instituto americano en el que unos cuantos "freaks" fumaban en las afueras del centro ante las risas de un grupo de jugadores del equipo de Fútbol Americano y que el asunto terminaba cuando uno de ellos aporreaba inimisericórdemente a uno de los fumadores con la simple intención de echarse unas risas. 

Rodada con más intenciones cinematográficas que televisivas y con unos guiones que rezuman un trabajo bien hecho entiendo que la serie acabara por desaparecer entre la furia de muchos fans pero sin alcanzar las cuotas de pantalla que se esperaba de una serie de gran producción. Me imagino que a nadie le apetece sentarse delante de la tele para ver una serie que tampoco puede colocar en ningún sitio y que está demasiado pegada a la realidad cotidiana como para entretenernos. Es el caso parecido de "Episodes" la estupenda serie emitida por Showtime que trata sobre las peripecias de un matrimonio de guionistas que viaja a Estados Unidos para hacer la versión USA de su serie y que, por ser excesivamente realista, no puede dejar indiferente a ningún currela del audiovisual...es más, provoca bastante rechazo y muy poca risa al que ha sufrido en sus carnes una reunión de guión en una cadena de televisión. 

¿Lo mejor? Echarle un vistazo, me parece que ver "Freaks and Geeks" es esencial para saber por donde van los tiros y, sobre todo, de donde salen las últimas películas cómicas (o no tanto) norteamericanas. 

miércoles, 9 de marzo de 2011

A Spanish movie (una movida muy española)


Hay un juez en Vilanova i la Geltrú que ha imputado a Angel Sala, director de Festival de Sitges, un delito de “exhibición de pornografía infantil”. Al parecer este juez no ha entendido la diferencia entre una película (que es una obra de ficción) y un documental equiparando, por ejemplo, “La Guerra de las Galaxias” con “El puente sobre el Río Kwai”. 

Es decir, en un galaxia no muy, muy, muy lejana podríamos decir que hay gente que ostenta un cargo sin saber diferenciar lo que es real de lo que es ficticio. Cosa, que sinceramente, no debe de ser tomada a guasa o sí. Los denunciantes, una asociación llamada Confederación Católica de Padres y alumnos (CONCAPA) y la FAPMI (Asociación para la prevención del maltrato infantil) parece que tampoco porque no la habrán visto y, sobre todo, porque rebuscando en sus páginas no encuentro ni una sola mención a famosos casos de pederastia y a alguna institución que sí debería de ser preventivamente mirada con lupa por la cantidad de casos de pedofilia (casos reales) en los que se ve envuelta. De hecho no se enteran ya que en la carta que esta segunda asociación remitió a diversos estamentos se refirió a la película como "A servian film". Aquí.

Es una pena que, a estas alturas, una mala crónica firmada por una mala periodista y publicada por un mal periódico llamado “El Mundo” haya dado con el director del Festival de Sitges en un juzgado (con la simpar ayuda de una Concha García Campoy que, sin coscarse de la misa la media, corrió a "denunciar públicamente" que la película se hubiera proyectado pidiendo que este hecho jamás se volviera a repetir desde su programa). Desde hace mucho tiempo, creo ya que demasiado, el panorama cultural español sufre de cuando en cuando un latigazo de estupidez en forma de denuncia que nos deja estupefactos.

Ahora, que con tanta alegría se encienden hogueras por la prohibición de fumar en los bares o por la reducción de la velocidad a 110 km/h es, cuanto menos chocante, que desde algunos sectores de la mal llamada ciudadanía que se pronuncia como si fuéramos todos nosotros se impulsen medidas desde los juzgados que nos prohíben ver esta o aquella película. Hoy es “A serbian Film” y “SAW nosecuantos” y pasado mañana pues ya encontrarán al juez que, de manera obtusa y retorcida, sea el encargado de juzgar si estamos maduros para leer, escuchar o ver lo que creamos conveniente.

La ligereza con la que se protege la proliferación de asociaciones mojigatas, la alegría con la que se promociona el analfabetismo y la idiocia y el tonel de subvenciones públicas, ayudas y simpatías que reciben estos cuatro pelagatos de dudosa moral y peor entendimiento me hacen pensar en la cantidad de tiempo que tengo que gastar todos los días en medir mis palabras para que este o aquel anormal no eleve los brazos al cielo y se ponga hecho un Torquemada porque el mundo no se ajusta a lo que su cabecita concibe que es el mundo.

Pienso en estos mamarrachos como en esos monos a los que obligan a participar en esos experimentos donde hay que meter una figura geométrica dentro de un molde de las mismas características. Incluso el mono, cuando ha hecho dos intentos es capaz de desistir de meter la pieza de madera en forma de estrella dentro del cuadrado porque ya comprende que no cabe, que no encaja. Sin embargo, estos memos de vía estrecha se empeñan en hacer coincidir su pieza geométrica (su moralina) en un molde donde no encaja (la realidad) y al no haber narices de que cuadre se sirven de cualquier martillo que tienen a mano hasta que la cosa cuadra según sus propios intereses.

Estoy cansado de discursos que no caben en los moldes y estoy cansado de la capacidad infinita y de la energía que algunos gastan en que se ajusten. Me da asco esta falta de sentido común, esta incapacidad para releer nuestras costumbres, me da asco que se venda como personalidad o defensa de esto y lo otro lo que simplemente es un intento de meternos por los ojos algo que, a la vista está, no cuadra por ningún lado, por más que se apriete, por más que lo intenten.

Si la evolución nos trajo hasta aquí está claro que vivimos en un periodo de regresión que va a marchas forzadas. Alguien ha decidido devolvernos a los tiempos del Código Hays a golpe de denuncia. Me pregunto cuantos de nosotros, en esta situación, no se pensarán dos veces lo de morderse la lengua aunque solo sea por evitarse el chorro de subnormalidades, gilipolleces, insultos, paridas varias y lo que es peor denuncias que no ya la realización si no la exhibición de una obra puede acarrearle. Nos dicen que el universo se expande pero, en realidad, se hace más pequeño. En una cosa tenía razón McLuhan, vamos hacia la conversión en una aldea global de esas, pero no en una aldea cualquiera, vamos a convertirnos en un pueblacho de mierda donde siguen mandando las fuerzas (más muertas que) vivas de siempre.

Yo hoy siento más asco que pena y más ganas de vomitar que otra cosa.

Por cierto, vi “A Serbian Film” en su momento y me pareció que no estaba nada mal.  

Nota del Insustancial: Un abrazo a Ángel Sala. 
Nota del Insustancial 2: la película se encuentra en Internet y puede, claro está, ser descargada por menores que no podrían haberla visto en su pase oficial en Sitges....¿no es paradójico?

jueves, 3 de febrero de 2011

"Primos" (Daniel Sánchez Arévalo, 2011)


Llevo un rato dándole al cursor, borrando y volviendo a escribir para volver a borrar. Es una mecánica absurda que se produce cuando uno no sabe por donde empezar a hablar de algo. Es mucho más fácil hacer la crítica mala y jugar a la contra que hablar de una película que te ha gustado mucho como es el caso de "Primos", la última película de Daniel Sánchez Arévalo.

Comencemos entonces por el principio y vayamos hilando lo más fino posible: todo el mundo tiene unos primos (reales o ficticios) que te han visto crecer mejor o peor y todo el mundo tiene, guardada en alguna parte de la biografía una de esas historias de amor que pensamos que pudieron ser pero que nunca fueron. No recuerdo el título de la película en la que Agustín González se paseaba con su porte de señor de bien por una fiesta de progres y acababa hablando con el protagonista para decirle algo así como que "querer es conformarse porque, quien sabe, si yo me voy a una isla a lo mejor vive allí el amor de mi vida pero, como no la conozco, pues me quedo aquí y me enamoro de otra". Aquello se me quedó clavado de alguna manera tonta porque, al momento pensé, que era una verdad como un templo.

Que el amor es algo palpable pero conformista pero que las relaciones son algo normalmente efímero es una de esas verdades como templos que no quieres escuchar cuando tienes las hormonas a punto de caramelo y, sobre todo, cuando estás viviendo el amor de tu vida en el que piensas que será un verano que va a durar para siempre o que, cíclicamente, va a repetirse una y otra vez. Que los largos veranos también se acaban y lo que nos esperan no son esos meses largos repletos de anécdotas si no una lastimosa concatenación de periodos de descanso más o menos largos en los que nos vemos obligados a arrastrar con el cansancio laboral y con los compromisos propios en los que nos vamos liando es otra de esas cosas que no acabas tampoco de creerte cuando estás metido, de lleno, en vivir las cosas un poco a cholón, como vienen dadas.

El tagline de "Primos" no podía ser, para mi, más revelador: "tu novia te puede dejar plantado...ellos no". Bueno, es otra de esas verdades que quieres creerte pero, lo cierto, es que todo el mundo tiene unos primos (reales o fingidos) que no van a cambiar mucho con respecto a ti y que siempre tendrán su puerta abierta para echarte una mano.

En estos tiempos que son tan así, lo cierto es que hacer una película que resulta ser un canto a la amistad y al amor de juventud suena un poco a ejercicio "kamikaze", por contra de lo que algunos pudieran pensar, yo creo que la gente acude a ver una película que es un reflejo de su estado de ánimo. En mi vida se me ha ocurrido a mi ir a ver un Bergman o un Dreyer cuando tenía las pilas puestas por temor a desinflarme como un globo y he preferido ver una comedia para que la fiesta y el verano no se acabaran nunca. Con el patio en plena celebración de lo negativo es más correcto pensar que la gente prefiere ver películas donde la gente lo pasa mal aunque solo sea por resobarse un poco en su propia desgracia o recibir el estúpido consuelo de ver que unos personajes se las ven más canutas aún que ellos.

"Primos" arranca con un novio abandonado en el altar contando las razones de su desventura y con una huida hacia adelante en la que, acompañado de dos de sus primos, deciden visitar el pueblo en el que veraneaban en su niñez para que este recupere el amor de su vida. Un plan estúpido y con todas las papeletas para fracasar que, sin embargo, tiene más sentido que sentarse a esperar a que el tiempo mejore.

Será algo fundamentalmente generacional pero creo que, llegados a una cierta edad que algunos catalogan cuando se pasa la treintena, más de uno y más de dos se han planteado esa cosa de tirar todo por la ventana e ir en busca del tiempo perdido o, mejor, del tiempo suspendido y del espacio en el que una vez fuimos felices. Esas miradas atrás son las que facilitan las reuniones de viejos alumnos, esas largas búsquedas de amigachos a los que perdimos la pista pero que seguro que se esconden en el facebook y un montón de acciones más o menos desesperadas que siempre tienen una razón: el presente apesta, rebobinemos al pasado e intentemos recuperar todo aquello.

Para esta acción kamikaze de reinvindicar la felicidad, la amistad y los amores de entretiempo Daniel Sánchez Arévalo ha urdido un guión clásico, estructuralmente muy sencillo que funciona como un tiro en el género de la comedia. Lejos de ofrecer algún tipo de experimento (ahora que todo el mundo experimenta con la comedia) Sánchez Arévalo ofrece una película de toda la vida que sigue las andanzas de los tres personajes principales un poco al estilo de los personajes de "El mago de Oz": tres personajes que buscan algo que han perdido por el camino ya fuera un viejo amigo que parece que fue una especie de figura paterna, el amor de su vida o las ganas de vivir.

Si se abusa, actualmente, de la fuerza del gag o del sketch que provoca la risa en momentos puntuales el guión de "Primos" se sustenta sobre una historia que te permite la media sonrisa en todo el recorrido de la misma y la aparición de algunas escenas más forzadas cómicamente. Mi pregunta es: ¿Por qué este tipo ha tardado tanto en hacer una comedia pura y dura?

Quizás solo tenga un pero y creo que no tiene tanto que ver con "Primos" si no con los tiempos que corren: el material visto en la promoción de la película es excesivo, para mi gusto, y me chafó algunos chistes que ya conocía de antemano. ¿De verdad que nadie quiere ir al cine para que lo sorprendan? Yo a eso no me apunto.

Desde el punto de vista actoral la tripleta formada por Quim Gutierrez (ese tío que ha hallado una comicidad espectacular que era de lo poco reseñable de "Una hora más en Canarias"), Raúl Arévalo (que se va a comer con patatas el trabajo de sus compañeros porque hace un personaje que tira más hacia adelante) y Adrián Lastra (el león cobarde...un personaje de chiflado importante) funciona a la perfección. Creo que en esto, no se si por ser un gesto medido o inconsciente, Sánchez Arévalo ha conseguido dibujar a tres personajes que se mueven en tres registros cómicos diferentes igualmente efectivos. Inma Cuesta (conocida por "Águila Roja") rinde como protagonista femenina sacándose partido a medida que avanza la película y me gustaría destacar el papel de Marcos Ruiz, un niño que es actor. Es decir, que es un niño que sabe actuar o que lo hace fuera de los registros irritantes que se suelen imponer a la chavalería.

Y, en otro orden de cosas, destacable es el trabajo de Antonio de la Torre en un papel de borracho del pueblo en el que resuelve la papeleta de hacer un personaje contenido con tanta limpieza y buen trabajo como cuando le toca bregar con papeles más histriónicos ya fuera en "Gordos" o en "Balada triste de trompeta". No tengo duda de que es mucho más complicado hacer creíble un personaje tan real como el que le ha tocado en suerte, redondeando una actuación sutil que habla de un tío que está dramáticamente en forma.

En definitiva, "Primos" es una de esas películas que, de algún modo, te toca la fibra sensible sin acudir a lugares comunes, que te devuelve a un lugar donde estuviste alguna vez y al que, de un modo u otro, te gustaría volver...y todo esto sin un discurso dramático y manido como "éramos jóvenes y felices y mirad en lo que nos hemos convertido, en unos monstruos". A eso ya contestó Moretti en "Aprile" diciendo: "érais vosotros los que gritábais consignas horribles, yo me lo pasaba muy bien, quería un mundo mejor y me veía guapo".  

martes, 18 de enero de 2011

El humor de Ricky Gervais y la mala digestión de Hollywood.


"Tocando el viento" (Mark Herman, 1996) es la historia de la banda de música de una mina del norte de Inglaterra allá por los años en los que Margaret Thatcher decidió deshacerse de todas las explotaciones de carbón inglesas y poner de patitas en la calle a unos cuantos de miles de trabajadores sumiendo en la miseria a gran parte del país. 

¿Las razones? Según en qué sistemas es más rentable destruir empleo que generarlo. La película, agria y tragicómica, repleta de historias sangrantes y verdades como puños pasó casi desapercibida tanto en su país como, un año más tarde, en su explotación extranjera. Más que nada porque ese mismo año, otra película de corte parecido pero de espíritu mucho más amable titulada "Full Monty" (Peter Cattaneo, 1997) estaba arrasando en todo el planeta y, pese a que partía básicamente de la misma sinopsis (la destrucción del tejido industrial por parte de Margaret Thatcher) la historia se hacía cuanto menos mucho más tragable aunque solo fuera porque obviaba explicar la raiz del problema, cosa en la que escarbaba "Tocando el viento", y porque en el fondo "Full Monty" era un canto de esperanza, una especie de cuento de moraleja conformista donde los malos no existían y los buenos se podían ganar el pan desnudándose en un bar-cuchitril de una ciudad industrial comida por la crisis. 

"Full Monty" era una de esas películas que encantan en Hollywood y, por ende, en todo el mundo. Ya sabes, los pobres son simpáticos, de buen corazón y como pobres que son tienen salidas para todo porque, todo el mundo sabe, que la gente que acumula buenos sentimiento acaba, de un modo u otro, saliendo hacia adelante...por lo menos en las películas y porque juguetea con una idea religiosa generalizada: el bien, aunque sea de manera muy loca, siempre acaba triunfando. 

Este espíritu es bastante palpable en los remakes que Hollywood lleva a cabo de cuando en cuando: las versiones originales, normalmente europeas, suelen ser bruscas o contener detalles que a los americanos no suelen gustar. Hace poco se conocía que Will Smith había comprado los derechos de "Bienvenidos al Norte" (Dany Boom, 2008) para hacer un remake americano en el que, me imagino, que Will Smith será destinado a un estado del Sur Profundo o a Alaska donde dará cuenta de que, en el fondo, pese a las diferencias evidentes de civilización lo importante es que todos somos seres humanos y, ya sabes, sangramos, sudamos y lloramos por las mismas cosas que es una forma conciliadora de narración que gusta a todo el mundo porque todo el mundo quiere estar contento con sus cositas: vale, yo soy un cateto de Texas que creo que está bien segregar a negros y blancos en las escuelas y tu eres un neoyorquino estirado que cree que habría que tener más control de armas pero, ey, en el fondo somos iguales porque nos pirramos por las hamburguesas y se nos caen dos lagrimones cuando vemos una bandera con las barras y estrellas. ¿Mola no? Todos diferentes pero, en el fondo, todos iguales. Eso vende mucho más que la cruda realidad. De hecho, la adaptación de los guiones de la original "The office" han ido derivando en su versión norteamericana en otro tipo de producto cómico de gran calidad pero de espíritu francamente diferente. El jefe de la oficina inglesa caía mal y provocaba vergüenza ajena, el de la norteamericana, en la mayoría de los casos, produce una enorme ternura.

Menos mal que, de cuando en cuando, en todo este status quo de buenas intenciones, se cuela alguien que, obcecadamente, prefiere mantener su visión global de las cosas sin tener en cuenta frente a quien o para qué hace las cosas. 

Mi sorpresa fue mayúscula cuando me enteré de que el cómico inglés Ricky Gervais había sido designado para ser el presentador de la Gala de los Globos de Oro. Solo hay que echar un vistazo a su carrera para saber que, a lo mejor, no es el tipo más indicado para dirigir una celebración de algo tan oficial y tan campanudo como la entrega de unos premios de la industria americana (o los críticos de cine...que lo mismo da). Gervais no es uno de esos humoristas cómodos, es más, es uno de esos cómicos que hace chistes de cosas profundamente dolorosas y que se caracteriza por tener un humor vitriólico a prueba de bombas. Por extensión Gervais es un cómico minoritario (pese a que la audiencia global de su producción pueda decir lo contrario) que siempre está más acertado cuando trabaja con su propio material que con material ajeno. 

Ni que decir tiene que, hasta la fecha, Hollywood no ha sabido absorber el talentazo de Gervais, ni mucho menos entender que, por mucho que se empeñe, no va a ser capaz de convertirlo (ni a él, ni tampoco a ese naúfrago llamado Steve Coogan) en una pieza que encaje dentro del Star-system al uso. De hecho la carrera del inglés en tierras americanas ("Me ha caído el muerto", dos pequeños papeles en "Noche en el Museo" y la fallida "Increible pero falso") demuestran la incapacidad de las productoras americanas para encontrar un sitio donde encajar al creador de "The Office" o "Extras" y a su particular forma de entender el ejercicio de hacer reir. 

El paso de Ricky Gervais por el escenario de los Golden Globes se ha solucionado de una forma tajante y algo ridícula: se le ha vetado. Así, directamente. Jamás volverá a presentar dicha gala porque, según los organizadores, muchos agentes de las estrellas presentes a las que hizo alusión (Charlie Sheen, John Travolta, Tom Cruise, Angelina Jolie, Brad Pitt...) han presentado quejas sobre el trato que sus representados recibieron del actor inglés. 

En realidad Gervais solo hizo de Gervais que, hasta ahora mismo, es lo mejor que sabe hacer: sacar colmillo. Bravo por él, aunque solo sea por demostrar que está por encima del bien y del mal y que al star system mundial no le hace ni puta gracia que le anden tocando las narices. Da igual que Robert de Niro o Alec Baldwin tuvieran un ataque de risa público y que, literalmente, se les cayeran los mocos de la risa porque, seguramente, lo que opinen las viejas glorias (que vienen de un sistema donde el humor por muy bajonero que fuera era parte del juego y la crítica feroz era algo con lo que debías desayunar todos los días) porque lo que importa ahora es, básicamente, que nadie moleste a las grandes estrellas. 

Contratar a alguien para hacer algo que no está dispuesto a hacer o, más lejos de ello, que no sabe hacer es una constante en el negocio del show bussiness. Lo que ocurre es que la mayoría de la gente traga o parece tragar con eso de ofrecer la cara más suave y menos afilada de su registro. Solo así se explica que cómicos tan grandes como Eddy Murphy o directores como Pedro Almodovar hayan preferido limarse las uñas a cambio de un puesto en el Olimpo. Es humano y es justificable, otra cosa es que todo el mundo esté dispuesto a jugar a lo mismo. 

Gervais ha dado una lección de saber estar y, sobre todo, de como, a veces, es mejor hacer lo que a uno le de la gana antes de venderle el alma al diablo a cambio de unos réditos que, a la larga, no van a ser ni la mitad de jugosos de lo que uno espera. Si alguien se hubiera permitido perder el tiempo durante unos segundos para ver el pequeño monólogo que el cómico inglés hace en Extras se habría dado cuenta de que era un poco inútil hacer el esfuerzo de contratar a alguien cuyo humor resultará incómodo para una gran mayoría de personas. Los fans del cómico inglés nos quedamos a gusto sabiendo que todavía podemos disfrutar de él y de su forma de entender el humor. Enhorabuena, por la parte que nos toca. 


La frase de Tom Hanks, la contestación de Tom Hanks y Tim Allen desde el escenario fue definitoria de lo que a un tipo de Hollywood le estaba pareciendo todo aquello:

-"¿Recuerdan cuando Ricky Gervais era un cómico algo gordito pero agradable?
-"Pues ya no es ninguna de las dos cosas".

Es posible que solo hubieran visto sus películas americanas. 

lunes, 10 de enero de 2011

"No controles" y las cosas que nos gustaría hacer.


Hace muchos años Nacho Vigalondo decía que había muchos cortos "de hablar". Los "cortos de hablar" eran todos ellos en los que, de un modo más evidente, la narración avanzaba con el diálogo de los personajes. Una especie de comedia dicharachera, por decirlo de algún modo, que normalmente trataba de relaciones de pareja o, más bien, incidía con bastante masoquismo en una pregunta clara:¿Soy torpe y por eso estoy solo o estoy solo porque soy un torpe?

No diré, de todos aquellos años, cuáles eran los afamados guionistas que se dedicaban a este tipo de comedias ,más o menos quejumbrosas sobre la condición humana y más allá de eso la condición femenina (en tanto en cuanto todos éramos hombres), pero si que si te juntabas con uno de ellos afloraban en la conversación los mismos gustos, las mismas influencias, la misma sensación de no gustar a las chicas y, finalmente, una serie de anécdotas de fracasos sentimentales comunes que por ser tan coincidentes a veces te procuraban escalofríos.

Lo que más me ha gustado de "No controles" es, sobre todo, que me da la sensación de que sigue esa línea de pensamientos atormentados sobre el amor o, más allá de eso, la incapacidad para retener a nuestro lado al objeto de nuestros desvelos con una mezcla de torpeza sentimental, falta de atractivo y falta de seguridad en uno mismo que son las que no te convierten, ni de lejos, en eso que se llama Macho o Hembra Alfa. También en una cosa mucho más interesante: el miedo a la soledad. A encontrarte con que, de pronto, te has quedado como el solterón o la solterona a la que, indefectiblemente, van a acabar por apalancar en el primer cotolengo para ancianos un grupo de sobrinos malditos que solo quieren tu exigua herencia.

La peli de Cobeaga está, por discurso, más cerca de las películas de John Hughes que, generacionalmente, hemos tenido que mamar los que estamos ya más cerca de los cuarenta que de los treinta y, por tanto, le ha salido más amarga pero con ese punto un poco orgullosito del feo de la clase: es posible que ellos y ellas sean más guapos pero yo, de largo, soy mucho más interesante y puedo reírme de mí mismo.

Es ahí donde me falla un poco la peli de Cobeaga: Unax Ugalde es demasiado guapo. Nadie en su sano juicio, o con dos ojos en la frente (que hablen aquí señoras y gays) pensaría que Ugalde ha tenido problemas (en toda su vida) para lo que se conoce vulgarmente como "triunfar". Quizás,en esa dirección, te hubieras creído más a un Alejandro Tejería -un actorazo, no se como nadie se ha dado cuenta- o a incluso un Gorka Otxoa que en "Pagafantas" si parecía uno de los nuestros.

Por lo demás Alexandra Jiménez borda su papel y clava el trabajo menos agradecido de la cinta que es eso de ser la chica normal y, claro está,Julián López carga con el peso del chifladismo y, seguramente lo que es más importante, hacer una especie de división generacional dentro de nuestra propia generación: los que se parten el raca con Forocoches y creen que los cómicos, los buenos, hacen chistes y llevan tonos "cachondos" en el móvil y los que se han tragado eso de que hay otras formas de ver las cosas.

Por otro lado, lo que tiene de escalofriante el papel de Julián López (ese chungo Juancarlitros) es que expone, más o menos, a ese amiguito pesado que todo el mundo ha tenido que aguantar alguna vez, esa amistad vergonzante que solía venir por vía parental (el hijo de los mejores amigos de los papás, el hijo tonto del vecino) que no se si es algo que sigue existiendo en las relaciones actuales del personal. Es más, habla de ese momento de tu vida en el que no calculas muy bien la importancia de tu entrada en la vida de los demás y no sabes calcular tampoco el papel exacto que cumplimos en la vida de los otros.

Secun de la Rosa está también  muy bien (aunque Secun parece que seguro que cumpliría en papeles más dramáticos) y Miguel Ángel Muñoz se sale un poco de la estela de sus trabajos televisivos para bordar un papel de tonteras guaperas que, irremediablemente, me ha recordado a Peter Gallagher en "Mr Deeds" (Steve Brill, 2002) y levemente, pero con menos mala leche y más torpeza, a Matt Dillon en "Algo pasa con Mary" (Bob&Peter Farrelly, 1998).

En lo que es el conjunto armamentístico (o sea, el guión) "No controles" funciona de principio a fin aunque, curiosamente, me sorprende -y es pura apreciación- que se le haya metido la tijera para acomodarla a una duración más corta. Plagada de buenos gags y de buenos diálogos "No controles" sufre todas las coletillas propias de la comedia en nuestro país: es acusada de leve, tonta y sin mucho fundamento. Por suerte, y aunque somos pocos, creo que reir no es un ejercicio de estupidez ý hacer reir es un complicado trabajo que habría que agradecer mucho más de lo que se hace normalmente.

En definitiva "No controles" es una de esas películas que todos los que han dirigido alguna vez uno de esos cortos de "hablar", de esos de mostrar las carencias afectivas o las carencias propias para alcanzar el objetivo romántico (ya saben, ese ideal de "felices para siempre") han querido escribir alguna vez y, lo que es más importante, desde una perspectiva netamente generacional. Entiendo que, por su sensibilidad, esta película sea perfecta para ese montón  de treintañeros que somos los de la generación del "boom" de los 70 y un poco amarga para las hordas posteriores embebidas por la forma de entender las relaciones que tienen "Crepúsculo" o "3MSC" donde el amor siempre triunfa, donde los sentimientos siempre afloran y que no dejan duda desde el minuto 1 que todo va a terminar francamente bien y la platea quedará perfectamente contenta y agradecida por ver historias tan bonitas de gente tan irresistiblemente guapa...los que no hemos sido bombardeados por ese ideal tan publicitario y tan agradecido sabemos que, aunque se consiga, el proceso escuece un poco y merece mucho la pena contarlo.

martes, 14 de diciembre de 2010

Opiniones no solicitadas: Cyrus (Jay&Mark Duplass, 2010)



Cyrus es la última película de los hermanos Duplass. No son muy conocidos en nuestro país y, en el suyo, tienen se han dedicado, sobre todo, a las películas independientes de bajo presupuesto. "The Puffy Chair" (2005) y "Baghead" (2008) son sus dos anteriores películas y ninguna de ellas ha tenido distribución en nuestro país. Su última película que es esta va por el mismo camino.

Vaya por delante que, pese a lo baratísima que resulta, es una película sorprendentemente producida por los hermanos Scott (Toby y Ridley)  a los que uno no se imagina poniendo pasta para una cinta que trata del raro triángulo entre dos cuarentones disfuncionales (Marisa Tomei y John C. Reilly) y el hijo aún más disfuncional de ella (Jonah Hill) que da vida a un bicho raro de más de treinta años que compone música electrónica y mantiene con su madre una más que extraña relación de dependencia edípica.

Por lo contando, hasta ahora, la verdad es que el asunto no parece una comedia pero lo es. Es posible que no surta el efecto cómico por la trastada o el gag cómico habitual pero sí lo hace con una extraña y vitriólica mezcla de realidad y de identificación vergonzante con los personajes. Lo mejor de Cyrus es que, en uno u otro momento del metraje, te hace cuestionarte una cuestión a la que ninguno queremos responder: ¿Quién no se ha comportado como un maldito tarado por culpa de un romance?

Planteada de un modo sencillo y lineal y rodada con cámara en mano, Cyrus es una comedia amarga con un fantástico reparto (al que se une la siempre grande Catherine Keener, que resulta siempre tan raramente atractiva como gran actriz) que juega a la identificación con sus personajes mostrando todo un círculo vicioso de sentimientos (Reilly vive enganchado a la posibilidad de que su ex esposa vuelva con él), fracasos (Tomei es incapaz de tener una relación por culpa de la relación que tiene con su hijo) y derrotas anticipadas (Hill es, simplemente, feliz viviendo una especie de falso romance con su madre). Todo un lío de tan solo 91 minutos que te deja, previsiblemente, seco y con la sensación extraña de haber participado, de un modo u otro, en fracasos propios y ajenos.

Se queda un poco corta Cyrus en ahondar un poco más en los personajes principales (¿Donde está el padre de Jonah Hill? ¿Por qué Reilly está en esa situación? ¿Qué pasa en la relación de Keener y Reilly?) optando por permitir al espectador hacerse su propia componenda y sacar sus propias conclusiones. Algo que no llego a saber si es provocado o, simplemente, eludido en favor de un ritmo más comercial y llevadero lo que, por otro lado, le quita cierta mala leche a la película así como una deriva final alta en azucar que parece más impuesta por el asunto comercial o por el cariño a los propios personajes.

Esos agujeros negros provocarán, sin duda, muchas charlitas tras el visionado de la peli pero, desgraciadamente, evitan que esta película esté finalmente más completa y que se convierta en una de los títulos del año tanto por el, por otro lado, brillante guión como por ese fantástico uso tanto de la cámara en mano como de un montaje de esos intensos y a corte que tira de las voces en off de los personajes.

Sin duda, aunque creo que lo he dicho por ahí arriba, Cyrus se sostiene porque los momentos buenos son muy buenos y, sobre todo, porque su reparto es tan cortito como espectacular. John C. Reilly seguramente sería uno de esos actores llamados a convertirse en unos grandes del drama pero, últimamente, sus papeles en el terreno de la comedia nos descubren a un actor de unas dotes extraordinarias capacitado para estar en cualquier parte (ya sea en "Hermanos por pelotas" o en  "Boogie Nights" o "Chicago") y hacerlo siempre bien mientras que Catherine Keener lo borda en su papel de secundaria y Tomei demuestra que aquel Oscar que le dieron por "el Tío Vinnie" (que se siguen pensando que fue regalado porque Jack Nicholson se lió al leer la cartulina en la ceremonia) era perfectamente merecido. Ni que decir tiene que Jonah Hill cumple a la perfección con un papel  en el que sigue excavando en esos personajes de gordinflas con mala hostia (Hazme reir, Supersalidos, Paso de ti, lío embarazoso...) que, esta vez, se torna en una especie de psicótico de andar por casa, manipulador, comodón y falto de escrúpulos que resulta tan cómico como chungo.

Si tienen ustedes el día no estaría mal que le echaran un vistazo. Aunque, ya se lo adelanto, no les aseguro que algunas de las secuencias no les resulten dolorosamente familiares. Vaya por delante la advertencia.

martes, 30 de noviembre de 2010

Leslie Nielsen (1926-2010) y Mario Monicelli (1915-2010): La risa en dos estados diferentes


Decía Groucho Marx que Margaret Dumont resultaba tan graciosa porque nadie le decía que lo que se estaba rodando era una comedia. Es decir, mientras que Groucho ejercía de cómico, la Dumont se mantenía en ese papel acaramelado y romanticón como de rollo galante. La mezcla era fantástica y, aunque como siempre me faltan datos, creo que fueron los Marx los primeros en llevar a la pantalla ese gran truco: desubicar a un personaje dentro de una comedia o, mejor aún, introducir un personaje con un registro diferente que sirviera para aumentar el efecto cómico. 

Leslie Nielsen se estrenó en una comedia "Aterriza como puedas" haciendo ese mismo papel: mientras que los demás jugaban al despiporre el bueno de Nielsen hacía el papel de un médico serio. En realidad "Aterriza como puedas" era parte de una enorme desubicación: copiaba casi plano por plano el éxito "Aeropuerto" añadiéndole escenas cómicas. Échenle un vistazo comparativo y verán que hay veces que no pueden diferenciar una película de otra en algunos pasajes. Es decir, los hermanos Zucker y Abrams, tenían bastante claro que "Aeropuerto" era una película tan trágica, donde las desgracias se sucedían con tanta premura, que al final resultaba, en sí, una especie de broma pesada, como un drama al que alguien le había dado la vuelta como si fuera un calcetín. 

Cuando Leslie Nielsen ya se había convertido en un actor de comedia puro, de comedia del disparate y la referencia paródica (hasta darse el mismo la vuelta como un calcetín y convertirse en una referencia autoparódica de todo un género), participó como protagonista en "¡Vaya un fugitivo!" donde Richard Crenna se autoparodiaba en un papel que era un cruce de identidades entre el marshall que interpretó Tommy Lee Jones en "El Fugitivo" (la versión cinematográfica de la serie televisiva protagonizada por Harrison Ford) y, claro está, el personaje del Coronel Trautman que él mismo llevó a la pantalla en "Acorralado". 

El propio Crenna, un hombre serio y de grandes dotes dramáticas, no tuvo ningún empacho en reconocer que el papel del Coronel Trautman y ese monólogo en el que comentaba aquella frase de "Rambo sería capaz de comer cosas que harían vomitar a una cabra" le pareció en su momento algo desfasado pero que, al repetirlo en un entorno de comedia, le pareció que tenía mucha gracia.


Curiosamente Leslie Nielsen siempre tuvo algo de mala suerte. Fue un tío guapo, para los cánones de su época, y siempre destacó en papeles dramáticos. Su familia era, incluso, lo más alejada a un asunto de feriantes que uno pueda imaginar y siempre se postuló para papeles serios. Incluso para papeles de acción como en "Planeta Prohibido" donde interpretó a un intrépido soldado espacial. Por si fuera poco, con la madurez, esa seriedad y ese gusto por el teatro comenzaron a dirigirlo hacia los personajes de terror, dicen que inclusó hizo una audición para el protagonista de "El Resplandor"...y no hay más que verle en "Creepshow" haciendo de marido en pleno ataque de cuernos. Pero nada funcionó y, al final, Nielsen encontró un hueco en la comedia donde, su planta, daba perfectamente el ejemplo de lo que es un actor que no parece un actor de comedia y que, sin embargo, es capaz de cualquier cosa con tal de hacer que la audiencia se tronche. Completamente metido en su papel cómico dio algunas de las entrevistas más locas de promoción que se recuerdan, es más, dio entrevistas de promoción que eran bastante más graciosas que las películas que le tocaron en suerte en muchas ocasiones. 

Sin duda, en ese sentido, Nielsen se parece bastante a George Peppard cuyos arranques en el cine fueron los de una prometedora estrella del drama y de la acción en la gran pantalla para ir quedando reducidas a un estrellato televisivo intermitente (Banacek en los 70 y El Equipo A en los 80) sin que nadie consiguiera rescatarlo de aquella medianía ("medianía" en el contexto de lo que suponía la producción televisiva en otros tiempos). 

No fue nunca un tipo sin éxito Mario Monicelli, que también se ha largado de esta cochina roca, que frente a todos estos cómicos accidentales siempre quiso hacer reír y está considerado como el papá de la "Comedia alla Italiana". Desde las películas que hizo con Totó hasta obras maestras como "La Gran Guerra",  la saga de "Amici Miei", "La Armada Brancaleone", sus episodios para "¡Viva Italia!"  , "Rufufú", "Mortadela"...es imposible calcular en términos de calidad lo que ha aportado Monicelli y lo mucho que uno se ríe y aprende con sus películas. 

Monicelli es un genio, un genio que no ha tenido tanta repercusión por contar cosas en clave de comedia. Y es que todavía nos resistimos a pensar que lo cómico pueda entrar dentro de esa etiqueta, cada vez más vacua y manoseada, de "obra maestra".
El director y guionista italiano fue, sin duda, un taquígrafo de su tiempo y nadie como él ha sabido interpretar a su país (ni siquiera Moretti, que tanto le debe) con la carcajada amarga de Monicelli que era capaz de convertir cualquier drama en una comedia y a personajes tan miserables como humanos en los protagonistas de comedias descarnadas que, como dicen algunos por ahí, eran la vida misma. 

Si Nielsen fue un cómico que representó los valores de una comedia ligera y de consumo rápido condenada al arduo trabajo de generar dos gags cada treinta segundos (lo que hace de cada película una acumulación imposible de chistes reguleros, rematadamente malos y divertidos) lo de Monicelli fue siempre el trabajo de un tipo condenado a representarnos a todos en plan guiñol, siendo dibujados siempre con la sombra de la burla, creando chistes a costa de la decepción, la infidelidad, la envidia, la avaricia y, sobre todo, la pobreza. La de verdad, la de pasar hambre, y la otra, la de espíritu. 

Si las películas de Nielsen son una burla sobre una burla (comedias que se mofan de películas que aspiran a venderse como verdaderamente heroicas o como verdaderamente dramáticas) el cine de Monicelli siempre fue un análisis cómico de la realidad, es decir, una burla de la burla que supone la vida diaria. 

Groucho Marx decía que Margaret Dumont no sabía que su personaje estaba en otro registro, en un registro antagónico al de la comedia...y los personajes de Monicelli tampoco estuvieron nunca avisados (si quitamos de la lista a los protagonistas de "Amici Miei" que eran unos descreídos como el propio director italiano) de que sus vidas iban a ser objeto de continuas carcajadas, unas carcajadas (y en eso hay una gran lección que aprender) que siempre se establecían de abajo a arriba y nunca de arriba a abajo. En un gag de Monicelli ha habido siempre más verdad, más crítica y más mala hostia que en todo el cine social del siglo XX y, me imagino, que eso es algo que también puede aplicarse a la primera década del XXI. 

Con Monicelli y con Nielsen (entiéndase la diferencia) se nos van dos formas de hacer humor que han marcado una época.  Dos caminos por los que llegar a la carcajada del público, dos formas de entender un mismo oficio y los que acudimos a la sala de butacas como único rito se nos corta la respiración al asistir a la desaparición de una generación completa de peliculeros.

Nota del Insustancial: Pese a no ser una obra ni de Monicelli (ni de Nielsen, evidentemente) he querido pinchar el tema de "Amarcord" (Federico Fellini) por las connotaciones de la misma escena y, sobre todo, por una frase que una vez me dijo alguien: "Si hay un cielo, espero que cuando se abran las puertas suene esta canción". Soy ateo redomado pero la imagen de esa canción recibiendo a la gente en la otra vida me ha hecho siempre bastante gracia. 

lunes, 15 de noviembre de 2010

Dino de Laurentiis y Luis García Berlanga


Dino de Laurentiis estaba tan a partir un piñón con David Lynch que, cuando a la hija del productor italiano, le extirparon el útero a ambos le pareció buena idea meterlo en un bote de formol y regalárselo al director norteamericano que, al parecer, lo tiene por su casa aunque, ha desmentido en varias ocasiones, que esté encima de la mesa de su despacho como el productor afirmaba en el documental que se hizo sobre su vida. 

Es decir, echándole un vistazo a la trayectoria de David Lynch uno bien pudiera pensar que podría ser una de esas personas a las que no le importaría tener un objeto decorativo semejante en su despacho. El asunto encaja. Sumemos: Lynch+fascinación por lo rarito=¿Sabes que tengo el útero de Rafaella de Laurentiis en mi despacho? ¿Quieres verlo?

Si una cosa caracterizó a Dino de Laurentiis en toda su vida fue su innata capacidad para vender historias de este estilo. John Millius contaba que el italiano intentó convencerlo para que se encargara del guión de "Flash Gordon" cosa que a Millius (que andaba intentando sacar para adelante "El gran miércoles") no le hizo mucha gracia. Le dijo muchas veces que no y en todas Don Dino le contestaba de la misma forma. El director y guionista americano lo contaba más o menos así: "Se ponía delante de mi y con su acento italiano me decía va a ser una  gran producción, voy a hacer una gran película de efectos especiales, que será más grande que La Guerra de las Galaxias...luego vi la película, y la verdad, aquello no tenía nada que ver con lo que Dino me había contado pero es que las cosas eran mucho mejores cuando te las contaba él".

Sumen otra vez: ¿No se alimenta mucho mejor la fama de "extraño" de Lynch si se cuenta que tiene un útero sobre la mesa de su despacho? 

Fernando Trueba cuenta, entre carcajadas, que cuando fue a visitar el rodaje de "Conan El Bárbaro" (creo que en calidad de crítico, todavía) que se estaba filmando en España alguien de la película le dijo: "Te voy a llevar a que conozcas al actor principal...va a ser una gran estrella de Hollywood en el futuro". Dice que lo que vio fue a un tío musculoso embutido en un braguero de piel que, a duras penas, se expresaba en un inglés con acentazo alemán. Era Arnold Chuacheneguer, claro. En ese caso, como en tantas otras ocasiones, Dino de Laurentiis acertó (no como con Flash Gordon que se dio el hostión). 

Dicen los titulares de estos días que con la muerte del italiano se cierra una especie de capítulo de la historia de los productores. Dudo mucho que esto sea así teniendo en cuenta que ahí están los hermanos Weinstein que, al igual que De Laurentiis, han dado mucho al cine pero, claro está, también le han quitado mucho. Echen un vistazo, y volvemos a Lynch, de ese crossover de personalidades que se encuentra en "Mullholland Drive" en el que se caricaturiza, con un humor propio de Lynch, a un productor italiano obsesionado por tener un buen café expresso encima de la mesa y al que se añaden también personalidades diversas de otros loquitos del cine como Brian Grazer o los propios Weinstein dibujados a lápiz grueso. Nadie hizo tanto por disimular su desprecio a tantas personas y le quedó tan evidente. 

Y es que la lista de productores que sobreviven en el negocio con las mismas etiquetas que los norteamericanos le colgaron a De Laurentiis es sumamente larga. 

Los productores están todos mal vistos. Fíjense, por ejemplo, en esta descripción del trabajo de producción que se atribuye (si no me equivoco) a Billy Wilder: "Un productor es ese hombre al que llamas desde la habitación de un hotel en la que te has citado con una mujer y, sin querer, has matado. Se presenta allí en mitad de la noche, te entrega dinero en metálico, un pasaporte con una nueva identidad y un billete hacia un país extranjero...pero antes de todo eso se acuesta con la muerta". 

Tacaños, interesados, ventajistas, figurones, desquiciados, analfabetos, ególatras, negreros...todos los productores del mundo comparten una larga lista de adjetivos negativos y, curiosamente, en algún momento de su vida bregarán con  una interesante pregunta muchas veces sin respuesta: ¿Cómo alguien así ha querido dedicarse a hacer películas? 

Una pregunta dolorosa porque, la mayoría de los productores, se consideran así mismos una especie de artistas que disfrutan metiendo mano en el guión o dando órdenes sobre montaje y dirección. Sin embargo, ni escriben, ni dirigen, ni actúan...¿Por qué? Porque no tienen tiempo...o, al menos, esa es la sensación que te da cuando hablas con algunos de ellos. Con una pasmosa facilidad De Laurentiis era capaz de atribuirse el éxito de esta o aquella producción (al igual que por ejemplo ese personajazo que es Robert Evans) y, sin embargo, quitarse del medio con la misma elegancia en el caso de que el asunto resultara un fracaso. ¿Por qué? Ya estaba buscando pasta para hacer otra película y nadie quiere tratar con alguien que ha sufrido un severo correctivo. 

Es posible que fuera un roñoso italiano que no se enteraba de la misa la media (que no supiera diferenciar entre una obra maestra y un tiro por la culata...lo que dudo porque nadie te asegura una vida tan larga si eres tan tonto)  o que mirara el centavo al peso (tendrían ustedes que saber qué producción española repartía día sí y día también bocadillos de pisto como único cátering por orden de un productor de cuyo nombre nadie quiere acordarse...tampoco de la película...) pero, lo cierto, es que siempre lo estuvo intentando, exagerando las verdaderas posibilidades de la empresa, forzando la máquina, vamos. 

Tanto por bueno como por darle la vuelta al calcetín, es decir, por conseguir que algunas atrocidades se convirtieran en "malas buenas películas" (El remake de King Kong, Flash Gordon, Tai Pan, Huracán...) Dino de Laurentiis pasará a la historia del cine como el arquetipo del productor espabilado que comenzó en la miseria y se alzó a base de echarle morro sobre el común de los mortales. 


Si con Dino de Laurentiis el mundo se ha llenado de titulares sobre ese presunto cierre de un capítulo lo cierto es que la muerte de Luis García Berlanga nos deja a los españoles con el sabor de que se nos ha ido el padre del cine español. No quisiera yo meter el dedo en la herida pero me ha parecido impresionante que el despliegue de noticias haya sido inmenso en comparación con el de la muerte de Azcona al que, y ustedes berlanguianos me perdonarán, considero yo uno de los mejores guionistas del planeta y, arriesgándome a que en Alfa Centauri haya una civilización desconocida, de la Galaxia. 

Lo que me queda claro es que Berlanga era un icono. Mucho me ha sorprendido la confluencia de tirios y troyanos (peperos y socialistas) en los actos fúnebres donde, por desgracia y con la habitual falta de interés por la cultura nuestra clase política se ha retratado en las declaraciones de Doña Dolores de Cospedal a la que no se le ha movido un músculo al afirmar: "Cuando me he enterado de que dirigió Bienvenido Mr. Marshall con 31 años...". Es decir, no parece que Doña Dolores supiera mucho del cineasta más importante (o uno de los más importantes del cine español) hasta que alguien le ha pasado una notita con algunos datos de la Wikipedia. Qué pena, ¿no? 

Y es que, como decía Azcona: "Yo no estaba interesado en hablar de política en las películas y Berlanga bastante menos que yo". Ahí queda eso. 

Me hace gracia la frase, resaltada con malicia por cierto, porque Berlanga pareció demostrar durante toda su vida cierto desprecio por las cosas conservonas y los meapilas, por echar unas risas con eso de la tradición y los curas, por no tener el más mínimo aprecio por las festividades sino era para usarlas como arma arrojadiza y, sin embargo, ahí están todos ellos dando el último adiós con esas palabras solemnes. 

Más de una vez en mi vida me he quedado yo también con esa duda de saber si era un tipo que me caía bien o me caía mal pero, ante la duda, siempre veía Plácido o El verdugo y me volvía a reconciliar con el director y con el personaje que siempre ha vivido como le ha dado la gana, cosa que aprecio bastante. 

Adoro de Berlanga esos planos secuencia largos y esa acidez, la amargura de su humor, su pasión por el exceso y por la plasmación del mismo: las colecciones de velo púbico del marqués, la muñeca de Piccoli, el yerno de El Verdugo, el cojo que iba detrás de la comitiva que cantaba "Americanos", la boda de Plácido, el tontico de "La Vaquilla" diciendo que prefería esperar a "La Mora, que hace el francés", el torero y el toro de Calabuch, Pajares jugando al billar en "Moros y cristianos" o ese cartel del final de "Paris Tombuctú" donde se leía "Tengo miedo"...

Como siempre, corremos el riesgo de que a Berlanga lo despedacen con la intención de repartirse los trozos más jugosos y que, en estos días, escuchemos muchas paridas con respecto a su vida y a su muerte. Tengo claro que la mayoría de la gente que hablará de él, al igual que Doña Dolores, no tendrá ni idea de quién era Berlanga y de lo que ha supuesto para este país porque, sinceramente, si sólo se te ocurre que era joven cuando rodó una de sus películas es porque, posiblemente, no te has interesado ni lo más mínimo por ver una de sus películas.

Es estúpido intentar valorar si Berlanga era un señor de derechas o un señor de izquierdas, algo que está ahí un tanto candente en las crónicas de su fallecimiento, cuando es el autor de algunas de las mejores películas de todos los tiempos. No estoy para nada interesado en saber si tomaba café con unos o con otros porque eso, sinceramente, me parece de muy corto vuelo. Creo que metiéndonos en semejantes berenjenales estaremos haciéndole un flaco favor a la obra de Berlanga y, en cierto modo, dando por buena esa interpretación de la historia de España que, a mi corto entender, es ese plano final de "La Vaquilla" en la que el pobre animal aparece banderilleado y comido por las moscas en medio de las trincheras sin que nadie haya sido capaz de darle ni dos pases de pecho decentes. 

Me quedo con el director de cine, con el tipo que hizo siempre lo que le dio la gana, con el que ni la Censura (esa que está ahora tan de moda de nuevo) pudo batallar. Lo demás es todo pura purrela. 

Esta semana se han ido dos peliculeros...qué penita. 

sábado, 16 de octubre de 2010

Las mujeres primero (Marcos Borregón, 2010)


(Foto tomada del blog xavisuescun.blogspot.com) 

El amigo Marcos Borregón ha finalizado "Las mujeres primero" un documental sobre el programa de microcréditos para mujeres que la ONG "Amigos de Tara" está desarrollando en India.

La cosa le ha quedado tan interesante y tan bien hecha como "Soy Meera Malik", su anterior cortometraje documental que estuvo nominado a los Premios Goya y que resultó la sorpresa de su año pese a no alzarse con el premio finalmente, y persigue el mismo objetivo: concienciar. Esta vez, utilizando testimonios más directos y usando varias voces.

Sin discurso moralista de fondo Marcos, que es cooperante de "Amigos de Tara", va desentrañando el trabajo de esta y va bosquejando el ideario de esta organización que persigue el asentamiento de bases económicas, sociales y educacionales que garanticen el futuro de India desde un punto de vista más directamente informativo y menos cinematográfico.

Mi reflexión después de verla es que está bien que haya gente que echa una mano por el mundo pero, sobre todo, da mucho gustito saber que es gente que lo hace de forma inteligente.

Pueden ustedes verlo aquí. 

Si quieren ustedes saber algo más sobre las actividades de "Amigos de Tara" pásense por aquí.  

jueves, 23 de septiembre de 2010

Anvil: el sueño de una banda de rock (Sacha Gervasi, 2008). Larga vida a los (pobretones) Dioses del Metal.


Some Kind of Monster era un documental sobre la grandeza de ser Metallica y sobre las miserias que conlleva vivir en medio de toda esa grandeza. Una condición que se había llevado por delante las personalidades (o las había reforzado fatal) que lo conforman y, sobre todo, que les había hecho incapaces incluso de hablarse entre sí sin el concurso de una especie de psicólogo bastante interesado en sacarles la pasta. Algo chocante.

Anvil: el sueño de una banda de rock es justamente lo contrario: un documental sobre qué ocurre cuando esa grandeza es nada más que pasajera y desaparece con la misma rapidez que llegó.

Ambos trabajos, sin embargo, recuerdan bastante a algunos momentos de un docu falso titulado This is Spinal Tap. Quizás el primero por retratar a un puñado de tipos a los que se les ha ido la pinza autoimponiéndose el status de estrellas interestelares y el segundo porque capta la vida de dos tíos que quieren vivir el sueño que tuvieron cuando tenían trece años y, pese a no haber conseguido ninguno de sus objetivos, no cejan en su empeño. Es cierto, cuando se habla de heavy (utilizo un término genérico e identificable) o de cualquier manifestación de la cultura popular (y creo que esto es más evidente en lo musical) se tiene un pie en la grandeza, otro en la bajeza y, casi siempre, se camina en el filo justo de lo sublime y lo ridículo que es un buen territorio para la comedia.

Anvil es una banda canadiense fundada en los 70 que tuvo un brevísimo éxito en los 80 y que sobrevive peor que peor desde entonces.

Dicho grupo no consiguió buenos contratos discográficos y, seguramente lo que es peor, no era un gran grupo como Iron Maiden, Judas Priest, Black Sabbath, Metallica, Slayer, Accept, Guns & Roses, Helloween…eran un grupo un poco por encima de la media que nada podía hacer en un panorama metalero en eclosión plagado de grandes bandas que generaban unos escalofriantes beneficios. Es normal que, su precaria situación contractual por un lado, y el hecho de no poder superar el test de los años los avocara a un paso fugaz por la fama y a una progresiva bajada en las ventas de discos y entradas hasta la situación actual.

Sus fundadores Lips Kudlow (cantante) y Robb Reiner (batería. No es broma, el tipo se llama como el director de “Spinal Tap) siguen, pese a todo, en la brecha. Da igual que ya no vendan discos, que las promotoras de conciertos no los quieran ver ni en pintura, que casi nadie los recuerde o que estén en los cincuenta…nada es suficientemente malo como para renunciar al sueño recurrente de volver a tocar en un estadio repleto de personas que, con los dedos levantados en forma de cuerno, repite un mantra: “Anvil, Anvil, Anvil”.

A su alrededor unas familias un tanto cansadas de que la pareja no siente la cabeza, se centre un poco en llevar una vida más normal y consiga un trabajo que no esté supeditado a salir corriendo entre semana para tocar en un garito infecto ante tres borrachos en la otra punta del país. Sin embargo, y esto es lo interesante, ambos tipos son tan majos que parece que su entorno les perdona que se hayan negado a crecer, en parte porque piensan que aún el milagro es posible (la esposa de Robb declara ser todavía una amante de los grupos de “tíos de pelo largo” y parece entonar un “me equivoqué de estrella de rock al casarme) o porque, simplemente, saben que viven con una especie de adolescentes de pelo largo canoso.

Como nota totalmente sociológico-escalofriante quiero decir que Lips y Robb no solo visten con los ropajes universales del heavy metal en todas sus gamas sino que, y ahí está lo impresionante, ANDAN como todos los heavys del mundo: ¿Saben ese andar un poquito estirado y echado hacia delante provocado por llevar las manos en los bolsillos y tener que equilibrarse al caminar y ese avanzar como con pasitos y movimientos de cabeza acompasados de izquierda a derecha? ¡Pues así! ¡Los tíos son los maestros del ANDAR HEAVY!

Como son amigos desde la infancia, o casi, y tienen una especie de relación de amor-odio (más amor que odio, es verdad) parece que se produce entre ellos una especie de equilibrio en la chifladura de conseguir volver a las listas de ventas: cuando uno flojea el otro lo anima y viceversa y, cuando ambos se frustran, llegan a las manos (sólo un poco) para poder hacer las paces y volver a autoconvencerse de que lo conseguirán.

Pese a que pudiera parecer enfermizo en cierto modo entiendes un poco mejor como tenían que ser las relaciones Lennon-McCartney, Ulrich-Hettfield, Brian Wilson-Dennis Wilson…pero, lo más escalofriante, es que te das cuenta que habrían sido igual de caóticas, insanas y malrolleras o igualmente sanas, buenas y cósmicas si estos músicos no hubieran tocado más que en tugurios de mala muerte.

Y ahí están estas almas cándidas, viviendo a su bola cuando, de pronto, una promotora de conciertos (bueno, en realidad una italiana que no se entera de casi nada) les escribe para decirles que les ha preparado un Tour por Europa de más de un mes cargado de fechas en países como Croacia, Hungría, Polonia, Holanda, Bélgica, Rumanía, España…

Los Anvil vuelven a la carretera.

Y entonces ocurre lo que esperas que ocurra: una gira mal diseñada, con garitos semivacíos (dos personas en algunos), viajes en tren, retrasos, malas planificaciones. Si Anvil son el reverso pobretón de Metallica, su gira parece, sin lugar a dudas una caricatura de lo que son los tours de KISS.

Pese a todo Anvil sigue adelante y quiere grabar un disco. ¿No han tenido suficiente? Pues no. Quieren volver a grabar un disco que suene tan bien como los que grabaron en los 80 y, bueno, la leyenda continúa en una especie de espiral terrible de bajonerismo y mala hostia a duras penas contenidas.

Aunque la cosa se pone negra, Anvil sigue en la brecha y…la resolución final del invento tiene como trasfondo un concierto en Japón (¿Se acuerdan del final de “Spinal Tap”?).

Humana hasta las cachas, Anvil: el sueño de una banda de rock es uno de esos documentales de una sola pieza sobre los que cruzan no solo las razones mismas que llevaron a Sam Dunn, un antropólogo de espíritu metalero, a indagar las razones de “lo heavy” en su "documetal"  Metal: A headbanger´s journey o incluso el espíritu de películas como Siempre locos (la reunión de un grupo de vejestorios que fueron famosos una vez en una gira lamentable) o Rock Star (Esa película que intenta resumir no se todavía si en clave de comedia o de cosa seria toda la historia del heavy metal en un poco más de 90 minutos) sino la sagrada misión de un incansable fan de Anvil, su propio director, por recuperar la historia de la banda de sus amores y esa tenacidad y ese espíritu de permanecer contra viento y marea pese a los evidentes cambios históricos, de gustos, de costumbres es lo que debe de haber mantenido al heavy, al sonido y al tío ese de la chupa de cuero que sostiene una birra en el fondo de la barra, casi en el mismo sitio desde 1980. Por cierto, un ejercicio el de Sacha Gervasi que parece el mismo que impulsó a Cameron Crowe a rodar Casi famosos, un recorrido sentimental  autobiográfico y quasi histórico (y digo quasi porque la película parece es un recuerdo recubierto de caramelo-nostalgia) a mayor gloria de todas aquellas bandas que el precoz director/escritor conoció cuando era el colaborador más joven de la revista Rolling Stone.  

Si Kiko Amat, en esta desacertada crónica de un concierto de Saxon celebrado en Barcelona, tilda a “lo heavy” como un cúmulo de baratería machista con tendencia a la endogamia (y lo que es peor, como una especie de “cosa de pobres” o “matones”) con argumentos que podrían ser utilizados a la contra para reírse de un concierto de los actuales The Who (igualmente viejos, incluso más) o del ambiente general que se respira en un show de cualquier otra temática donde también puede identificarse la estupidez con bastante facilidad, Anvil habla de un sentimiento, un sentimiento que es infantil y un poco chorra. Habla de una carrera contra el reloj y la realidad.

Si la postmodernidad se basa en la revisión crítica del pasado desde un punto de vista sarcástico o directamente cínico (la de los 80-90 se rió a gusto de los progres de los 70 y la actual revisita con igual tono y ritmo a la de los 80 mientras sacraliza a la de los 90 a las espera que la siguiente nos ponga a nosotros en la picota…va a ser un espectáculo ver a unos tíos reírse postmodernamente de una obra postmoderna como “Muchachada Nui”) es posible que los Anvil, y “lo heavy”, identifiquen su legado musical y cultural con una especie de identificación con lo auténtico y, créanme, esas cosas que detectamos con lo “auténtico” no tienen más razón, ni se presentan con más fuerza ante nosotros que cuando uno es un adolescente y será por eso que Lips y Robb viven en una eterna pubertad.

Una caricatura, es posible, pero sólo si se mira desde fuera. Un homenaje naïf a un estilo de vida naïf que se merece, como todas las cosas raras, un documental que esté a la altura.


BOLA EXTRA

Por cierto, así eran Anvil en 1984 cantando "School Love"...


Y, no es por nada, pero comparen el primer fraseo de Lips con el arranque de Fortu de Obus en "Vamos muy bien", jitazo patrio también de 1984. Se parecen un huevo. Por cierto, Obus aún pueden decir eso de "aún nos mantenemos en pie y ya no pararemos hasta no poder ver" (ya sea por el ciego o por las cataratas propias de la edad).