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martes, 17 de febrero de 2009

El artista madridista





Por fin tengo una razón de peso para borrarme definitivamente del fútbol: Aznar quiere presentarse en la lista de Florentino Pérez para la candidatura del Real Madrid y ocupar un puesto en la futura junta directiva. La cartera de Aznar debe de estar petada de carnets: Socio del Madrid, FAES, FOX, Georgetown University, el equipo de F-1 del yerno...este tío no es un "expresidente" es una Barbie, coño.



Lo malo de la decisión de Aznar es que me voy a tener que buscar un equipo nuevo de baloncesto: seguramente del Estudiantes. Jacobo, un amigo, dice que "tengo cara de ser del Estudiantes". Pues así será por lo menos hasta que el Cáceres 2016 de Piti Hurtado suba a ACB. Del fútbol voy a pasar aunque otro colega dice "que parezco del Atleti" pero por cosas que no tienen tanto que ver con lo balompédico como con lo sentimental. una historia.



Mi paranoia, alimentada siempre por la idea obsesiva de que Lucía Etxebarría tiene un plan maquiavélico para hacerme daño, se enriquecerá ahora con la idea de que Chema Melenas también me tiene entre sus objetivos por encima de Bin Laden y por debajo de ZP. En medio, me temo. En "El Cabo del miedo" (Martin Scorsese, 1991) De Niro interpreta a Max Cady, un chunguísimo criminal, que se dedica a molestar a la familia de Nick Nolte violando a su secretaria, ligándose a su hija y, algo peor, fumando puros y riéndose de cualquier gilipollez dentro de una sala de cine impidiendo a los protagonistas el disfrute del film. Pues Aznar es nuestro Max Cady. Por lo menos el mío.



Muchas veces se dice que la gente que ha tenido poder se pone triste cuando lo tiene que dejar...¿Por qué? Nadie lo sabe. Los "expresis" se suelen montar unas vidas muy majas de paseos internacionales, presentaciones de libros, entrevistas en los medios, participación en foros de todo tipo y cosas así. Esta vida se aliña con una pensión generosa y vitalicia. Entendería que los exdirigentes se pusieran tristes si se les devolviera a una olvidada dacha de la Siberia (Los soviéticos y sus cosas) o se les obligara a incorporarse de verdad a la vida real: buscar trabajo, hacer la cola del pan, ir al parque de bolas con los nietos o pimplarse unos chatos en el bar de abajo al lado de un grupo de parados generados por la última reconversión del sector minero pero, vamos, lo primero parece mucho mejor.


Yo que el Madrid me lo pensaría porque, vamos a ver: ¿Qué ha hecho Aznar? No dejar tras de sí piedra sobre piedra. El rollo Atila que se gasta ha dejado el PP como un conjunto de tramas más complejas que las de "Perdidos", FAES parece una reunión de coleguis que de cuando en cuando sacan un vídeo en youtube, FOX pierde fuelle tras la llegada de Obama, Ecclestone pasa bastante de las ínfulas de Agag y bueno Georgetown no es una universidad cuyos deportes hayan ganado ningún título desde que él es profesor...vale es una maldad, el año pasado ganaron una cosa en vela. Recordemos que este buen hombre es uno de los ecoescépticos que niegan el cambio climático y sigue agarrado al ultraliberalismo económico lo que realza, sin duda su sentido quijotesco, por eso de estar fuera de la realidad y lo que en términos futbolísticos sería como intentar volver a vestir de corto Di Stefano como refuerzo para la Champions.

Lo dicho, que cuenten conmigo en las filas de la demencia para el año que viene...pienso quedarme ronco animando a Carlitos Suarez.

Nota del Insustancial: Pido perdón a Los Planetas por haber pervertido el significado de su canción.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Penitentes


Antonio Gamero es uno de esos secundarios españoles de toda la vida. Según IMDB ha participado en 145 producciones hasta la fecha. Es el señor que sale en la foto de ahí arriba. Lo mejor de Gamero es que, además de ser un gran actor, se lleva bien con todo el mundo y todos los que han trabajado con él suelen deshacerse en elogios con el personaje. Yo tuve el placer de conocerlo en un corto, rodamos en una urbanización cercana a Navas del Rey (Ávila) en algo más de dos fines de semana. Gamero hacía un pequeño papel como administrador de la urbanización y, como no podía ser de otro clavó su papel en dos tomas cosa que era muy de agradecer porque, como siempre pasa en los cortos, íbamos mal de tiempo.





Tras rodar por la mañana nos dispusimos a comer todos juntos y me tocó al lado de Gamero que me preguntó cómo iba el rodaje. Es una pregunta peligrosa para hacerle a un ayudante de dirección que ha bregado durante cinco días con un equipo novel y un director primerizo. Comencé contándole que nos había llovido dos jornadas seguidas (lo que rompía el racord de la película) y que habíamos aprovechado para rodar unos títulos de crédito con dos todoterreno –una experiencia, nunca me he sentido más Kubrick-, que el equipo era jovencísimo y que tenía su propia idea de cómo hacer cine (cosa muy común en los cortos donde todo el mundo quiere dirigir y muy poca gente organizar el cátering) y que, en general, me dolía la garganta de pegar voces. Además me sentía mal porque había tenido discusiones con todo el mundo y me había comportado, cuanto menos, como un pequeño nazi.

Gamero, que me imagino esperaba por respuesta un “bueno, bien, tirando” y no un speech de 45 minutos digno de diván de psicoanalista, me miró con circunstancia, se trasegó lo que faltaba de su copa de tinto y me dijo: “Bah, no pasa nada…¿Quién no le ha hecho una paja a un amigo?”. Se sirvió otro copazo y siguió charlando con el resto de comensales.


El actor es bastante conocido por esas frases tremendas como la que incorporó Garci al guión de “El Crack” (José Luis Garci, 1979) en la que un locutor de radio (interpretado por Paco Vidal) dice: “No les cuentes las penas a tus amigos, que los divierta su puta madre”. O está otra: “Como fuera de casa, en ningún sitio”.

Siempre que alguien me cuenta sus penas y no encuentro forma de consolarlo le cuento esa anécdota. Que me dicen “tío es que me pillé un pedo, me enrollé con una tía mientras mi mujer estaba dando a luz” yo le suelto lo de la paja y el amigo y la culpa se diluye en gran medida.
Si yo me cruzara hoy con Rajoy o con Federico Jiménez Losantos les contaría la anécdota para descargarlos de la culpa que, evidentemente, llevan a las espaldas. Me explico.
Hoy Rajoy ha ido a la SER y ha hecho estas extrañas declaraciones: “Yo no soy de izquierdas, soy independiente”.
Al parecer hay una parte de los medios de la Zona Nacional que comienzan a ver en el Presidente del PP y jefe de la oposición (una acumulación de cargos sin mucho peso al que podría unir “Consul honorario de Chiquitistán” si es de su agrado) una cierta deriva marxista. En serio. Tampoco puede decir que es “liberal” o “neoliberal” (no está el Dow Jones para bollos), ni tampoco puede decir que es de derechas (perdería votos), ni tampoco de “centro” parece ser que es ahí donde reside el quid de la deriva izquierdista que los más de derechas ven en él. Mariano quiere ser Mariano pero, sobre todo, quiere ser visir (o Presidente) en lugar del visir (o de Zapatero) pero no puede quitarse la pena de haber militado en todas las familias posibles de la derecha sin haber encontrado acomodo. Por eso dice esas cosas tan innecesarias y/o sandeces.

A Fede le pasa igual pero digamos que desde el punto de vista del remordimiento, del campo de la espiritualidad. Echemos un vistazo a la extensa bibliografía del periodista maño y convendremos que sus últimas obras están dedicadas a la expiación de las culpas de haber sido un izquierdoso maricomplejines, un amigo de los nacionalistas, un pro catalanista, un maoísta…o sea, lo peor. Entonando eso tan cristiano del “mea culpa” Fede pide disculpas a la iglesia, se postra de hinojos frente a Chesterton y pide perdón a la señoras de Serrano que acuden a las presentaciones de sus libros, a los taxistas que extienden su palabra y nos catequizan con su programa. La verdad es que sacar un libro titulado “por qué dejé de ser de izquierdas” suena un poco a autoflagelación y sambenito. Innecesario, la verdad es que no me interesa tanto por qué Losantos dejó de ser de izquierdas como el hecho de que se haya convertido en lo que es actualmente: un maleducado y un sinvergonzón.

La pose, es la pose de Federico por lo que debería pedir perdón ese careto de aburrimiento continuo de creerse que está por encima del bien y del mal…pero como le funciona, pasa. Echemos un vistazo a los últimos editoriales de El Mundo o, como me ha pasado a mi esta mañana, escuchen aunque sea involuntariamente uno de los sermones del Inquisidor Menor y caeremos en la cuenta de que, en realidad, el PP no necesita a FAES porque ya tiene su propio Think Tank.
Por mi parte, si me los cruzara les contaría la anécdota de las pajillas, estoy seguro que después, se lo tomarían todo mucho mejor.