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miércoles, 4 de mayo de 2011

El lobo de Occidente



Los norteamericanos, al fin, han conseguido dar caza a Osama Bin Laden. Lo han hecho de la forma que uno esperaba que una nación tan tendente, en los últimos tiempos, a tomar decisiones lastradas por el miedo lo haría: asesinándolo y tirándolo al mar. 

Como ustedes saben Stalin amenazó a Hitler con capturarlo y exhibirlo de por vida en una jaula del Zoo de Moscú como si se tratara de una bestia. Sabiendo, como sabemos ahora, como se las gastaba el dictador soviético es más que posible que dicha amenaza tuviera un alto contenido de realidad y que Hitler, si duda, supiera que el georgiano sería capaz de hacer semejante cosa. Bush Jr. amenazó a Osama con perseguirlo como se perseguía a los malos de las películas del Oeste pero, en el camino, entendió que había otros negocios que atender y que una guerra abierta contra dos países (Afganistán e Irak) iba a ser más rentable que cazar al líder de Al Qaeda. Digamos que, de pronto, descubrió (o le hicieron descubrir) que las prioridades eran otras aunque solo fuera por el hecho de que su mayor valedor en la zona, Pakistán, no parecía demasiado entregado a la causa más allá de lo meramente diplomático: dejar hacer al amigo americano hasta cierto punto y obstaculizarlo en otros tantos.

Sobre la operación que ha acabado con la vida de Osama Bin Laden ha planeado, como no, la sombra del rescate fallido de rehenes que llevó a cabo Jimmy Carter y que le costó la presidencia. En ese caso el demócrata contó con dos enemigos imposibles de vencer: su intención de ceñirse aunque fuera de manera meramente política a las normas internacionales y, por otro lado, que sus propios servicios secretos le hicieron la cusqui en favor de un más que interesante cambio de gobierno en el que estarían Ronald Reagan y un viejo conocido George Bush padre amén de toda la caterva de halcones de la Administración americana que, durante unos años, mascaron la caída de Nixon, la inoperancia de Ford y un cambio de estilo que no les estaba gustando nada. Teniendo en cuenta que aquello fue un desastre épico no me extrañaría que, hasta el último momento, Obama haya estado agarrado al sillón pensando en si esta vez Musharraf o alguien más cercano lo estaba dirigiendo hacia el desastre. 

A medida que la historia de las guerras avanza nos encontramos con que recibimos más imágenes de las mismas pero, sin duda, menos información. Decía Umberto Eco, durante la I Guerra del Golfo, que los conflictos serían televisados y que ya los bandos no tenían empacho en convertir cada una de sus acciones en un espectáculo visual y perfectamente coreografiado...un error de base en tanto en cuanto no observaba (o quizás no quiso pensar en algo así) que los bandos podrían manipular todas las imágenes y toda la información de un conflicto para favorecer sus intereses. Nos enfrentamos, por tanto, a un panorama de informaciones y contrainformaciones continuas que, normalmente, están dirigidas a tranquilizar a la opinión pública y, de algún modo, también al enemigo. 

La propia administración Obama ha salido del paso informando de que Bin Laden fue asesinado y que su cuerpo fue lanzado al mar desde un portaaviones siguiendo escrupulosamente los preceptos islámicos. Curiosamente los preceptos islámicos tienen en cuenta que el cuerpo descanse en la tierra y sólamente vestido con un sudario (desnudo en algunas tradiciones, si no me falla la memoria) para que esté en contacto con la misma tierra. El hecho de deshacerse de un cadáver tiene que ver con esas decisiones tomadas por pánico, para evitar la construcción de un mausoleo, para evitar que sobre la tumba del terrorista se construya un lugar de peregrinación...olvidan los norteamericanos que, en estos tiempos, la creación de un icono no entiende de que exista un lugar físico si no de las torpezas que se cometan al informar sobre estos asuntos. 

No me cabe la menor duda de que los norteamericanos tendrán que filtrar las fotos del cadáver de Bin Laden si no quieren que la gente comience a generar teorías sobre si lo tendrán en realidad encerrado en algún sitio o si han conseguido asesinarlo. La conspiranoia es rapidísima a la hora de establecer este tipo de teorías y de expandirlas...¿Saben todas las que se generaron y se generan todavía alrededor de la desaparición del cadáver de Adolf Hitler? 

Bin Laden ya era un icono en vida. De hecho representaba, para el radicalismo islámico, la imagen del guerrero religioso, del líder espiritual: nacido en Arabia Saudí en un familia acomodada, luchador en Afganistán, cabeza visible de la revolución contra Occidente...el tío que prefirió unirse a los desarrapados y combatir en lugar de veranear en Marbella y darse a la fiesta. Una pena, pensarán algunos de sus correligionarios, que se hubiera enrocado en una posición tan poco política porque hubiera hecho carrera, sin duda. Muchos han intentado convertirse en líderes panárabes labrándose una imagen política clara durante la Guerra Fría pero, en realidad, Bin Laden fue el primero en intentar hacerlo desde un punto de vista meramente religioso interpretando el Corán de una forma un tanto "sui géneris" lo que podría entenderse en el siglo XII pero no en la actualidad en tanto en cuanto la única salida válida es la aniquilación del contrario. La total y absoluta aniquilación. El hecho más sorprendente de Bin Laden es que, entre el siglo XX y el XXI, haya iniciado una especie de guerra religiosa al estilo medieval en un teatro de operaciones tan grande y tan poco fragmentado como el mundo actual. De hecho, ni siquiera Irán en su momento, en plena eclosión de su revolución islámica, cuando el nombre de Jomeini provocaba terror fue capaz de impulsar algo así. 

Al Qaeda, sin posibilidad de convertirse en un frente unido, ha actuado por impulsos eligiendo objetivos informativamente llamativos pero, cuanto menos, sospechosos de no ser efectivos en términos bélicos aunque solo sea por su incapacidad para dominar Afganistán, Pakistán o cualquier país árabe donde haya querido establecerse de manera efectiva. El terror, el puro terror, ejercido por los estadounidenses o la fuerza multinacional que supone el grupo terrorista islámico no han servido para nada, nada más que para reeditar un conflicto que pensábamos completamente agotado tras la reconquista de Granada y que, muy de cuando en cuando, y siempre dirigiendo su odio hacia Oriente Próximo nos había afectado salvo en contadísimas ocasiones.

La muerte de Bin Laden deja algunas preguntas interesantes en el alero y solamente una certeza: esto no ha acabado aquí porque no sabemos como terminarlo. Esto no ha acabado aquí porque no podemos entender al enemigo, ni el enemigo entendernos a nosotros. 

El lobo, el enésimo lobo, que aterrorizaba al rebaño de Occidente ha muerto. Desgraciadamente ya están armando al próximo. 

BOLA EXTRA: "Martirés del compás" fue el grupo formado por Chico Ocaña impulsor de un estilo definido por él mismo como "flamenco billy" una especie culto a los palos tradicionales del flamenco pero con un toque de humor gaditano y surrealista de alto contenido crítico con la autoridad (con toda la autoridad, flamenca o no). "Simpapeles.es Compapeles.com" fue editado por Warner en 2004 y contiene entre otras canciones "¡Oh Galicia Calidade!" el tema que cuelgo a continuación y que, a fecha de hoy, ha tomado un curioso sentido....además, siempre es buen momento para disfrutar de los Mártires. Disfruten.  


miércoles, 29 de septiembre de 2010

La contradicción de Roy Cohn


Roy Cohn fue un abogado que, en la década de los cincuenta, se hizo famoso por ser la persona encargada de llevar a la cámara de gas al matrimonio Rosenberg.

Lo tenía todo a su favor: el matrimonio era judío y era fácil azuzar levemente el antisemitismo en la sociedad americana de los 50 donde todavía imperaba (de forma más intensa que en la actualidad) la idea de que EEUU es un país construído por y para hombres blancos temerosos de Dios. Los Rosenberg además estaban acusados de ser comunistas y de haber pasado a la URSS toda la información necesaria para construir la bomba atómica con lo que también podía agrandar un poco la cada vez más extendida creencia de que los rojos estaban llevando a cabo una silenciosa pero fructífera invasión que tenía como objetivo destruir el país desde dentro. Cohn jugó bien sus cartas y fue capaz de conseguir, sin demasiado esfuerzo, una condena a muerte. Hizo el trabajo sucio que, se entiende, una democracia no debe hacer: instigó a testigos, forzó testimonios, amenazó a diestro y siniestro y se le permitió excederse en todas y cada una de sus funciones. 

El Gobierno buscaba desesperádamente dar una lección ejemplarizante a los simpatizantes de la otra superpotencia y, sobre todo, encontrar a dos víctimas propiciatorias que maquillaran un poco el hecho de que los dirigentes norteamericanos tenían una deficiente seguridad que les hacía incapaces de mantener sus secretos bajo llave. 

Roy Cohn buscaba desesperádamente hacerse famoso y poderoso (sobre todo lo primero) y no tuvo empacho en interpretar el papel de baluarte de las libertades, un papel incómodo que, a veces, te fuerza a romper las reglas del juego e ir un poco más lejos diciendo eso de "sí, vale, se que lo que estoy haciendo no es muy limpio pero, en todo caso, esto no es más que un mal menor".

La  Guerra Fría fue ideal para Cohn. Es posible que, para entender esta etapa, haya que tirar de la anécdota que se cuenta en el estupendo Los hombres que miraban fíjamente a las cabras (Jon Ronson, Ediciones B) en el que un funcionario de la CIA informa a un superior de que sería bueno comenzar a gastar fondos públicos en el desarrollo de planes que tuvieran como objetivo investigar en el campo de la telequinésis y la telepatía porque los rusos les estaban tomando ventaja en el asunto. Al preguntar el superior sobre cómo los rusos estaban haciendo algo tan raro el funcionario le cuenta que, cosas del destino, fue la propia CIA la que inventó el bulo de que estaba desarrollando este tipo de investigaciones para poner nervioso al rival y que este, se lo había tomado tan en serio, que decidió tirar para adelante. 

¿Era verdad que los rusos estaban llevando a cabo una secreta invasión, una infiltración en la sociedad americana con el objetivo de predisponer a las masas a favor de Stalin o, peor, de instalar alguna vez a un niño educado secretamente como un bolchevique para llegar a la Casa Blanca y abrirle la puerta de par en par a los bolcheviques? ¿Era posible que esto no fuera más que una artimaña propagandística que se les había ido de las manos a todos pero que, había sido tan bien extendida, que ya era imposible discernir entre lo que era verdad y lo que era mentira?

Pues eso parece. El caso es que el pánico era tal que, la administración americana, no tuvo empacho en como dijo Malcolm X sobre el asesinato de Kennedy: "Poner a las zorras a cuidar del gallinero".

Tras el juicio a los Rosenberg Roy Cohn llamó la atención del director del FBI, Edgar Hoover, que se lo recomendó expresamente a Joseph R. McCarthy. 

Los tres fueron las zorras que cuidaban del gallinero: Hoover se hizo famoso por mantener una de las redes de espionaje de ciudadanos más amplias e intensas de Occidente llevando a veces sus métodos a lugares donde ni la STASI se atrevió a llegar convirtiéndose en la oreja de América y centrándose en cualquier personaje que resultara de algún modo incómodo. Gracias a Hoover, que convirtió al FBI en una especie de "Sálvame", conocemos al dedillo la vida sentimental de la familia Kennedy, los devaneos amorosos de Luther King, la lista completa de actores y actrices homosexuales y un sinfín de cotilleos sobre Elvis y otros personajes públicos que, poco a poco, fue filtrando sin demasiada piedad. 

Detrás de ese alegre oreo de los trapos ajenos se esconde, claro está, un denodado intento por controlar al personal pero, también, la necesidad imperiosa de esconder los trapos propios como el hecho de que era gustoso de vestirse de señora (algo que hacía en la estricta intimidad) y de mantener una larga e, imagino, deliciosa relación con  Clyde Tolson, un director adjunto del FBI. Curiosamente a Tolson le fue entregada la bandera que cubría el ataud de Hoover (algo que sólo se hace con la familia o con la viuda) lo que se interpretó como una póstuma salida del armario. Cuando Tolson murió, por cierto, fue enterrado a muy pocos metros de Hoover.

Por su parte Joseph R. McCarthy era un paleto con cierta maestría en el arte de la demagogia que se presentó frente al pueblo americano como un patriota que no tenía miedo en usar las mismas armas que se le intuían al enemigo soviético para ponerlas al servicio de un fin mayor. Esto es, el colmo de la demagogia que consiste en instaurar un reino de Terror para luchar contra el terror. A McCarthy le debemos eso de ser el inventor de la "Caza de brujas" y su lista negra y, como no, de acuñar el término McCarthismo con el que definimos en la actualidad cualquier maniobra política que tenga como objetivo la persecución ideológica de un colectivo concreto utilizando todo tipo de elementos de presión a su alcance.

Las razones de McCarthy para ello hay que buscarlas en un tío bastante poco inteligente que creía, claramente, en lo que predicaba un discurso sencillo (America está invadida por judíos y rojos) que llegaba con claridad cristalina a la masa que, básicamente, pensaba en los mismos términos que él. Huelga decir que el senador tenía también algunos muertos en el armario como una cierta incapacidad a estar sereno más de dos horas al día, un matrimonio de acomodo (de esos de fugaz resolución como los que se vieron en el PP del primer mandato Aznar y que tantas y tantas leyendas han alimentado) y el creerse plenipotenciario e intentar presionar al ejército con una historia de unos contratos y, lo que es peor, iniciar una especie de cruzada personal contra cualquiera al que se le ocurriera criticar su gestión. El caso más sangrante es el que le llevó a enfrentarse directamente contra el periodista de la CBS, Ed Murrow, al que se le ocurrió dedicarle un programa especial en el que denunciaba su gestión. Este asunto estuvo bastante bien retratado en Buenas noches y buena suerte, aquella película de George Clooney donde se recogía este emocionante discursillo de Burrow. Aquí.

El caso es que Cohn deslumbró a Hoover, un hombre con poca tendencia a dejarse impresionar, y al propio McCarthy que fue automáticamente seducido por las buenas formas del siempre bien arreglado Cohn al que le perdonó, incluso, el hecho de ser un señorito bien de New York y judío. 

Ambicioso, y algo torpón con sólo 24 años, Cohn se vio de pronto en medio del lugar donde pasaban las cosas importantes: en la Comisión de Actividades Antiamericanas. Ese aquelarre de confidentes y acusados montado por el Senado Americano para lanzarse a la ávida caza del comunista. ¿Los métodos? Los mismos que le hicieron famoso en el Juicio contra los Rosenberg y, además, las cámaras. El delirio de las cámaras, la atención mediática necesaria para ser querido y aceptado por todos, lo más de lo más. 

De pronto Cohn descubrió que podía poner a Hollywood, a todas esas estrellas que se pavoneaban por los escenarios de medio mundo, bajo su bota. Vamos, el sueño de cualquiera. ¿Se acuerdan de aquella amenaza de Gómez de Liaño en los tiempos en que los jueces eran estrellas mediáticas de "hacer que todos esos hicieran el paseillo" para referirse a políticos y gentes del grupo PRISA confesada a Baltasar Garzón en medio de una comida? Pues la misma satisfacción recorrió el espinazo de Roy en aquellos instantes. 

El problema es que los que había decidido que fueran sus secundarios de lujo, sus vírgenes de camino al sacrificio no parecían estar por la labor de hacerle la pelota y, en un clima cada vez más cargado, comenzaron a aparecer las primeras preguntas sobre la idoneidad de maltratar públicamente a la ciudadanía. 

Es más, comenzaba a dar la sensación, de que todo aquello del Comité se estaba convirtiendo en una pasarela de egos descontrolados que ya no se paraban sólamente en investigar a sujetos (la mayoría de las veces sentados ante la comisión por haber sido delatados por compañeros o, en algunos casos, por haber apoyado al Comité de Ayuda a la República Española) por sus actividades políticas sino que también se les invitaba a declarar sobre su vida privada...y estas son las cosas que, a la gente, comenzaron a no gustarle del joven Cohn porque, bueno, uno podía estar seguro de no ser un cochino comunista pero de lo que no estaba nadie seguro es de que su vida fuera lo suficientemente recta como para no llamar la atención de estos, a priori, defensores de las buenas maneras.

No fue eso, sólamente, lo que hizo patinar a Cohn (el ser un cotilla desmedido) sino algo, curiosamente, que a todo el mundo (Gobierno y Sociedad) le pareció más sangrante: en 1953 Cohn convenció a McCarthy de contratar como asesor a un viejo amigo llamado G. David Schine. 

Schine y Cohn eran amantes. En 1954 Schine fue llamado a filas y Cohn, con ayuda de McCarthy, comenzó a presionar al ejército para que su colaborador no tuviera un destino demasiado duro, para que no hiciera demasiadas guardias y, sobre todo, para que bajo ningún concepto fuera destinado a una base fuera del territorio norteamericano (Japón, Alemania...). La presión de Cohn comenzó con algunas llamadas a los mandos directos de Schine y, al ser despreciado, comenzó a llamar directamente a los que cortaban el bacalao bajo la amenaza de comenzar a dirigir los esfuerzos del Comité que practicamente dirigía hacia las Fuerzas Armadas y liar "enorme petate". 

El caso es que alguien dijo basta, ese alguien fue el secretario de defensa, y se instauró un comité para dirimir cuáles habían sido los métodos utilizados por McCarthy y Cohn contra el ejército. En franca caída McCarthy dejó las cosas correr y Cohn, temeroso de que se supieran las verdaderas razones de semejantes desvelos hacia su compañero de trabajo decidió largarse de nuevo a New York donde comenzó a trabajar como abogado. 

Como suele ocurrir con estas cosas, y es algo de interés, al pueblo americano no le importó que estos tres personajes pisotearan las libertades, hicieran un uso perverso de sus cargos y, más o menos, dejaran tras de sí una forma algo extraña de entender la defensa de las instituciones (ahí está Guantánamo, ahí están las operaciones encubiertas de la CIA en Europa en los años 70, ahí está la Puerta de Alcalá...) pues todo el mundo percibió, como se percibió tras el 11-S, que era necesario perder un poco de terreno y de libertad para combatir una amenaza que, en definitiva, no es otra que perder terreno y libertad pero, eso sí, lo que no le hizo gracia a nadie es que se descubriera que el inmenso poder que aquellas personas habían acumulado y que tenía que estar dirigido a ponerlos a todos a salvaguarda de convertirse en un distrito postal de Minsk fuera malgastado en fruslerías como hacerle la mili más agradable a un noviete. 

Curiosamente, en la práctica privada de la abogacía, Cohn fue defensor de mafiosos y de tíos sin escrúpulos quizás pensando que si había fracasado en su carrera por ser famoso y querido posiblemente tendría la oportunidad de ser famoso y odiado además de devolverle a todos esos gañanes incapaces de entender el fin último de su misión todo el mal y la vergüenza que le habían procurado. No es de extrañar que el siempre volatil y estúpido Roy Cohn fuera investigado por asuntos monetarios y que pese a que pensaba que una vez fue el tío idoneo para decirle a los demás lo que tenían que pensar fuera incapaz de caminar recto y no salirse de los términos de la ley algo que parece una industria imposible para alguien al que se le permitió disfrutar de los placeres de estar por encima de las mismas leyes que juró defender.

No es de extrañar que la penúltima aparición en los círculos políticos de Roy Cohn fuera asesorando a Richard Nixon, uno de esos tipos que como Cohn, Hoover y McCarthy pensaba que siempre es necesario tener una nutrida agenda de fulleros y mangantes sin escrúpulos que hicieran el trabajo sucio ese de bajar a la cloaca. Ni que decir tiene que la leyenda política cuenta que Cohn asesoró, años más tarde, a Reagan que lo llamó a su lado cuando el simpático actor-presidente comenzó a tener pesadillas sobre la amenaza comunista aunque, anteriormente, también se dice que fue uno de los cerebros que desestabilizó a Jimmy Carter negociando con el gobierno iraní la puesta en libertad de los rehenes norteamericanos que el régimen de Jomeini había secuestrado en el asalto de la embajada en Teherán sólamente si Reagan ganaba las elecciones. Qué delicioso sátrapa.

Como todo en la vida de Cohn fue contradicción, en grado sumo, quizás la lucha de un hombre contra sus propias pulsiones (esa lucha que tanto recomienda la Iglesia Católica) el abogado tuvo una intensa y poco precavida vida amorosa que lo llevó a contraer SIDA -lo más grave- y dicen que a gastar una ingente cantidad de dinero en ropa, lujazos, fiestorras y, imagino, dislates de rajá hindú. Murió completamente arruinado (perseguido por Hacienda) y su cuerpo descansa en un cementerio municipal de lo más corriente.

La compleja personalidad de Roy Cohn (un cuadro formado por un judío que alimentó el ansitemitismo, un homosexual que persiguió homosexuales, un delincuente que trabajaba persiguiendo delincuentes...) se ha convertido en obsesión y referencia de escritores tan dispares como Vonnegut o Chabon, su vida fue encarnada por James Woods en Ciudadano Cohn y por Al Pacino en Angels in America amén de que su presencia ha sido determinante para entender los avatares de las políticas llevadas a cabo por las diferentes administraciones que estuvieron en la Casa Blanca durante la Guerra Fría como un ejemplo de sus excesos. 

En el fondo Cohn consiguió su objetivo, ser famoso incluso después de muerto, y su legado político y personal bien podría haber inspirado esta acertadísima frase de esa otra zorra llamado Henry Kissinger: "Hay asesores que es interesante tener cerca para que te den su opinión y hacer justamente lo contrario".  

 Nota del Insustancial: en 1970 Waldo Salt recogía el Oscar al mejor Guión adaptado por su trabajo en "Cowboy de medianoche" (1969, John Schlesinger). Toda la troupe de Hollywood se levantó para aplaudir al guionista que había formado parte de la dichosa lista negra impulsada por el senador McCarthy. Pese a que se nos suele contentar con el pensamiento-caramelo de que la censura, de algún estúpido modo, sirve para que los artistas sean más ingeniosos a la hora de hacernos llegar su mensaje y cosas parecidas lo cierto es que Salt (como Trumbo y como tantos otros) tuvo que malvivir trabajando bajo seudónimo en muchos casos en producciones de segunda categoría. Como ejemplo: Waldo Salt escribió desde su recuperación "Cowboy de medianoche", "Serpico" (1973, Sidney Lumet), "El día de la langosta" (1975, John Schlesinger) y "El regreso" (1978, Hal Ashby) que le supuso otra estatuilla. "Everybody´s talking" era el tema principal de "Cowboy de medianoche" cantado por Harry Nilsson...

miércoles, 29 de julio de 2009

Insustanciales por el mundo...

Nota del Insustancial (reedición del jueves, 30): Eduardo Galán, vía telepatica, me informa de que el local se llama Maple Leaf y que no está sito en el French Quarter si no en el Uptown de New Orleans (¡Como no noté la diferencia!). También que en el bar se encontraba Heather Graham...con la que no se hicieron foto o es esta de tal bajez moral que han preferido esconderla.
Enfebrecidos de júbilo y comidos por la envidia más insana publicamos aquí la foto de dos insustanciales que andan paseando el gracejo, el tronío y el folclore español por los estados norteamericanos del Sur. Son el profesor Errasti y Eduardo Galán. El primero ha viajado para demostrar por aquellas tierras que un adulto nacido por estas tierras puede hacerse entender en la lengua de Shakespeare sin parecer el hermano disléxico de Ricky Ricardo (no como nuestro expresidente) y el segundo por afianzar esa leyenda que nos honra y que habla de nuestra sangre caliente y de nuestras infinitas virtudes amatorias.

Semejante misión de paz, que servirá sin duda para asombrar a los amos del mundo aunque sólo sea en nuestra capacidad para trasegar cervezas, ha tenido su colofón recientemente cuando ambos se encontraron con el actor Craig Philybin, que interpreta a Daryl, el jefe de almacén de Dunder Mifflin en la serie The Office (USA) en un garito del French Quarter de New Orleans.
He aquí la prueba física:


Cuando ambos embajadores informaron al actor de sus intenciones y de su procedencia el jambo acertó a decir "¡Ibiiiiza, very gooood, Ibizaaaaa!". Y es que ya somos internacionales.

Desconocemos el contenido íntegro de la conversación pero estamos seguros de que después de esa noche cuando a Craig le pregunten por España será capaz de decir "¡Ovieeeedo, very goood, Ovieeeeedo!". No nos cabe duda.

jueves, 14 de agosto de 2008

Michael, a mi me caes bien


He visto SICKO, el documental de Michael Moore sobre la situación de la sanidad en USA y, la verdad, no se que tiene todo el mundo en contra de la forma de hacer pelis del tipo este gordo y gafotas de Michigan.

Nadie podría creerselo ahora pero Roger y yo (Roger&me, 1989) fue estrenado en Telemadrid hace la tira de años (todavía Joaquín Leguina era Presi de la Comunidad Autónoma, todavía el canal autonómico madrileño no era el hazmerreir del Mundo Libre) y lo vi con mucho regocijo. Me pareció un trabajo honesto que contaba una situación trágica y real desde un punto de vista bastante cómico y me sorprendió que alguien fuera capaz de mezclar técnicas documentales con algo de ficción, cámara oculta, etc.



Más tarde vi su única ficción, la divertida Operación Canadá (Canadian bacon, 1995), que contaba con Alan Alda (y con John Candy, que nos mira desde el cielo de los cómicos) haciendo de un desesperado presidente norteamericano a la caza de un enemigo exterior que lo aupara en las encuestas tras las desaparición de la Guerra fría y The Big One (1997), el retorno al documental que ahondaba de nuevo en la fuga de las grandes fábricas norteamericanas a países con leyes de contratación más laxas (como Nike) y las terribles condiciones de trabajo de los currelas.

Michael Moore era todavía, por aquél entonces, un personaje más de la contracultura norteamericana. Un gritón exasperante, un señor pesadito de reducido éxito y cuyas producciones indefectiblemente iban a parar a circuitos reducidos, un bromista de mal gusto que se había estrellado con un programa de televisión llamado TV Nation (estrenado en nuestro país por AXN bajo el nombre de La américa de Michael Moore, toma imaginación, hace no más de dos años pese a que se grabó entre 1994 y 1995 ) que rápidamente fue tildado de "antiamericano".


En realidad, los norteamericanos son bastante tolerantes con respecto a todas las ideas a las que tratan como productos de un mismo mercado. Criados a pies juntillas en la idea de que el mercado se autoregula y que indefectiblemente acaba haciendo desaparecer todo lo que no es rentable o popular por el rechazo mayoritario de los propios consumidores uno puede militar en el partido socialista, en un sindicato obrero de corte europeo, una asociación de estudios marxistas o el KKK sin ser molestado y encontrar un rico "nicho" para sus ideas. Otra cosa es que te saltes ese nicho y tus ideas (consideradas como chifladas por los que, albricias, regulan ese mercado) tomen demasiado protagonismo.




No hay un dirigente, activista o artista considerado como "radical" por el stablishment norteamericano que no haya sido convenientemente callado, convenientemente asesinado, convenientemente encarcelado o convenientemente perseguido cuando el movimiento que representaba, o las letras o películas que hacía, ha comenzado a resultar una amenaza para el Status quo del Imperio. La lista incluye a Martin Luther King, Malcom X, Dalton Trumbo, Woody Guthrie, Tim Robbins, Sean Penn, Bobby Kennedy, Mumia Abu-Jamal, Hunter S. Thompson, Danny Kaye, Zero Mostel, Los 7 de Chicago, Marilyn Manson, Edward Dmytryk, Jhon Lennon, Rage Against the Machine, Kris Kristofferson, Paul Robeson, Jim Morrison...que digo yo, que interés hay en perseguir a un tío como Morrison y que, sin embargo, recibió dos condenas seguidas por, glabs, simular una felación en un concierto en New Haven, el resto es historia...



Los ojos del mundo comenzaron a girarse hacia Michael Moore cuando este estrenó en olor de multitudes Bowling for Columbine (2002) y esta fue la gran triunfadora del Festival de Cannes. A partir de entonces sus libros se tradujeron a todos los idiomas posibles y Stupid White Men y Dude, where´s my country? se convirtieron en sendos éxitos literarios en todo el mundo (aquí todos los libros de Moore, si no me equivoco, están editados por Ediciones B o sus subsidiarias). El asunto ya no tenía gracia y la todopoderosa FOX se lanzó a la caza y captura del, hasta entonces casi inofensivo rojillo, no había más que encender la tele y sintonizar con el canal de Murdoch para caer en la cuenta de que Moore era el nuevo Satán y mucho más cuando acababa de estrenar Farenheit 9/11.



El hasta entonces tolerable instigador, el farfullero al que nadie hacía caso pero que era invitado de cuando en cuando a todo tipo de tertulias para ponerle chispa al asunto ya estaba tocando en demasía los huevos y se convirtió de la noche a la mañana en un comunista, un enemigo del pueblo y, joder, lo que es peor, para un norteamericano medio: Un mentiroso.

Gente como Rush Limbaugh (una especie de Federico a la norteamericana), Bill O´Reilly (una especie de Curry Valenzuela de Fox) o los caricaturistas Cox&Forkum (aquí abajo)



Se encargaron de recordarnos todos y cada uno de los errores, omisiones o malversaciones de la verdad que Moore había cometido en Farenheit y el poderoso mundo del blog (en el que la extrema derecha y el periodismo poco riguroso han encontrado un estupendo motor de tirar mierda a la cara de todo el mundo) le cayeron a Michael encima. El banderín de enganche fueron la deshonrosa hoja de servicio del Presidente Bush. ¡Falso! gritaron a coro. A día de hoy nadie ha ofrecido ni una sola prueba de que aquella hoja de servicios fuera falsa.

Ahora el cineasta ya no puede mover un dedo sin que media red se remueva incómoda y lo persiga llamándolo "demagogo". Piensen quienes son los que más gritan y se darán cuenta de que, en la mayoría de los casos, son tipos que se han servido de la demagogia para escalar posiciones. Échenle un vistazo a las carreras de los senadores y congresistas hacia los que apunta la cámara de Moore y redefinan entonces el alcance de la palabra demagogo. Digamos que ninguno de los anteriormente citados son, ni de lejos, un dechado de imparcialidad...


Nunca he tenido empacho en definir la ideología de Moore como "marxismo para niños" o, lo que es algo parecido, una ideología socialdemócrata en forma de papilla hecha para ser digerida por una población que considera que Clinton era un peligroso socialista. El ideario de Moore no dejaría de ser un tanto conservador aquí en Europa ¿no creen?


Digamos que todo es una cuestión de formas: de mezclar ficción y documental. Bien. Quizás es que ni el propio Moore considera a sus películas como documentales al 100% y estamos ante una nueva forma de mostrar los hechos sin faltar a la verdad. Por ejemplo:

Digamos que es CIERTO que GM cerró todas sus fábricas en Flint (Michigan) para reabrirlas en Mexico donde se obtienen mayores beneficios y que abandonaron a su suerte a unos cuantos cientos de miles de trabajadores dañando para siempre la economía de la zona. (Roger & Me).


Digamos que es CIERTO que Nike hace sus zapatillas en el Tercer Mundo para mantener el precio y, por lo tanto, la competitividad de sus productos y que otras fábricas alimenticias se trasladaron México por las mismas razones. (The big One).


Digamos que es CIERTO que la falta de control de armas en Estados Unidos permite que unos adolescentes tarados (por las razones que sea) puedan entrar en un Instituto disparando a todo Cristo. Digamos que es CIERTO que Michael Moore se comportó como un cabrón con pintas engañando a Charlton Heston y lo provocó hasta que la escena se hizo vomitiva. Digamos también que es cierto que la actitud de la NRA y del actor son completamente irresponsables y tienen más escrúpulos en proteger los beneficios de la industria armamentística que las vidas de sus ciudadanos. Digamos que es cierto que nada de lo anterior convierte en FALSA la primera afirmación. (Bowling for Columbine).



Digamos que es CIERTO que están demostradas las conexiones de la Familia Bush con Arabia Saudí. Digamos que es CIERTO que la intervención de EE.UU. en países como Afganistán e Irak estuvo dirigida hacia el control del petroleo y no hacia la captura de los culpables del 11-S, 11-M, 7-J y digamos también que es CIERTO que la Administración Bush se ha comportado de manera torpe en el manejo de la crisis y que no fue capaz de prever que algo así podría ocurrir. (Farenheit 9/11).


Digamos que es CIERTO que el sistema médico francés, canadiense, inglés y, oh Dios, incluso cubano está en mejor estado que el Norteamericano y que el precio de los medicamentos es desorbitado. Dense una vuelta por allí y comprueben como está el patio y la razón por la cual es mejor no ponerse malo jamás. De hecho la situación es tan sangrante que, incluso Los Simpsons, se han permitido un par de capítulos comentando el hecho. Digamos que en la Comunidad de Madrid estamos sufriendo una privatización de todos estos servicios muy parecida a la que cuenta Moore y, la verdad, no es nada halagüeña. Digamos también que es CIERTO que los presos de Guantánamo reciben mejores atenciones médicas (y gratuítas) que sus guardianes. Digamos que es injusto que uno de los países más ricos del mundo no pueda (o no quiera) dar una cobertura sanitaria completa a sus ciudadanos escudándose en ideas absurdas que, en realidad, esconden las verdaderas razones por las cuales una gran parte de las aseguradoras se están haciendo muchimillonarias.



Digamos que los hechos expuestos, con mayor o menor acierto, con mayor o menor mano son completamente CIERTOS y que muchos conservadores se están haciendo de cruces porque Moore cuenta en la peli que le envió 12.000 dólares al dueño de este blog que se encarga de ponerlo verde. Al parecer no tenía dinero para pagar las costas del cuidado de su mujer y mantener el blog y Mike decidió enviarle el dinero de manera anónima para luego hacerlo público. Lo han llamado "hipócrita", incluso el tipo que recibió el dinero. Digamos que es CIERTO que uno puede hacer con su dinero lo que quiera y digamos que es CIERTO que es una gilipollez pensar que Michael Moore ha puesto en jaque el sistema de libertades americano.

A mi Mike me cae bien porque cualquiera capaz de sacarle los colores a unos cuantos sinvergüenzas merece todo mi respeto porque, vaya, curiosamente no ha habido nadie que haya hablado mal de Bush que no haya recibido una tunda pública (recuerden a ZP solico el pobre en aquella cumbre internacional mientras todos le hacían corrillo a George), porque Winterbottom que rodó la excepcional Road to Guantanamo (2006) recibió las mismas cargas de profundidad acusadoras y porque, en general, respeto mucho a cualquiera que vaya a contracorriente y sea capaz de crear controversia sobre temas interesantes como, por ejemplo: "¿Que será de nosotros si un día desaparece la posibilidad de que el estado se encargue de mi salud?.