Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de febrero de 2014

Paco de Lucía: la vida, el flamenco y sus dos manos.


La vida tiene dos manos. Con una te acaricia y con la otra te golpea. Drama y comedia. Te mece o te arrea. Unas veces suave y otras con fuerza.

A nosotros, durante un tiempo, la vida nos sacudió con ceguera y rabia.

Para mitigar estas malas circunstancias mi padre nos embarcó en un viaje a Granada a mi hermana y a mi con la intención de que no olvidáramos que, al menos, seguíamos juntos y sobre todo que todo aquello pasaría.

En Granada visitamos a nuestros “titos”, Manolo y Miguel. En realidad ni siquiera son familia nuestra pero los llamamos “titos”, si algo nos ha enseñado padre es que tienes a tu familia impuesta pero que, aleatoriamente, puedes ampliarla incorporando a amigos y personas que te hacen sentir siempre como si estuvieras cerca de casa y que tienes que corresponder abriendo las puertas de la tuya para que todo el que quiera se pueda tomar un respiro y descansar.
Granada para nosotros significa muchas cosas: playas de la infancia, amistades, música…

Los titos nos llevaron un día de cañas. Un recorrido larguísimo de Alhambras en cada bar, de tapas y de flamenco. Acabamos dando con nuestros huesos en un pequeño local regentado por un personaje llamado Antoñito “El Triniá”. Cantaor. Amante ortodoxo del flamenco. Un poco tartamudo.

Era inevitable que, entre cerveza y cerveza, se nos soltara la lengua y por la conversación discurrieran las diferencias entre la forma de entender el flamenco en toda Andalucía, incluso en España. “El Triniá” denostaba el flamenquito y hacía una llamada a “la pureza” mientras que yo me empeñaba en intentar explicarle –maldita cerveza- que el arte (tampoco el flamenco, ningún tipo de arte) puede sobrevivir intacta, suspendida en el tiempo y circunscrita a su espacio geográfico original y que, si bien, las raíces han de ser conservadas y necesitan para ello de la ortodoxia y sus creyentes también es bueno, de cuando en cuando, mezclarlas con otros ingredientes para que puedan así conformar otras formas de expresión artística.

-“A mi es que estos modernos de las lagartijas y los universos…pues que no, no sé qué pensarán en Madrid o en Sevilla”.  

-“¿Y Morente?”

-“Morente es caso aparte porque Enrique Morente puede hacer lo que quiera, niño, ese no pierde la raíz”.

-“¿Y Camarón?”

-“Ese igual, ese era un cantaor de toda la vida por más que os empeñéis…aunque hiciera sus mezclitas y sus cosas…esos son genios y son casos aparte. Pero lo otro, lo del uyuyuyuy y la guitarrita eléctrica y la rumbita…eso no es de aquí”.

-“¿Entonces?”

-“Pues que los experimentos para los que sepan experimentar o que le pongan gaseosa”.

Pensaba yo que Antoñito “El Triniá” era de los que pensaban, erróneamente, que el flamenco partía de un lugar incierto llamado “Duende”. Esa manía de reducir el arte a un asunto de iluminados y elegidos, un tipo de arte que no se puede aprender y para la que tienes que estar predispuesto de una forma mágica.

Entre la ortodoxia se suele pensar así: El flamenco es/existe porque se genera de forma espontánea. Sin aviso, un poco como te golpea o te acaricia la vida.  

El nacimiento de la heterodoxia (el nuevo flamenco) impulsado desde finales de los 60 y conocido como nuevo flamenco, sin embargo, nace del pensamiento contrario: El flamenco es y existe en sus raíces pero puede aprenderse, puede estudiarse y, claro está, puede expresarse y disfrutarse por personas ajenas a sus raíces.

El ortodoxo cree en la pureza y en el linaje mientras que el heterodoxo cree en la mezcla y en la internacionalización. Para el ortodoxo, el más ensimismado, el flamenco no podría contar con cátedras para su estudio o con escuelas para su aprendizaje.  

Así, los heterodoxos, se agarraron al flamenco identificando a la música popular andaluza con las mismas virtudes que al “sonido progresivo” (con su poquito de rock y su poquito de psicodelia…a un arte nuevo, en definitiva) y expresaron sus intenciones artísticas en un texto conocido como “Manifiesto de lo borde”. Reproduzco solo sus tres últimos puntos para mejor comprensión:

I. No se trata de hacer “flamenco-pop” ni “blues aflamencado”, sino de corromperse por derecho.

II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.

III. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Molina] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico:

“Aunque digan lo contrario,
yo sé bien que esto es la guerra,
puñalaítas de muerte
me darían si pudieran”.

Desgraciadamente la explosión primera (macarra, viva, sentida, brutal, contradictoria porque era a la vez “universitaria” e “internacionalista” y a la vez callejera) que alumbró a Smash, la figura de Silvio Fernández Melgarejo –y todos sus proyectos musicales-, a Triana, Veneno, Pata Negra, Camarón de la Isla y a toda una serie de virtuosos que añadieron sus raíces flamencas al jazz (Chano Domínguez) o que jugaron con excelencia en los márgenes de la experimentación y de la pura ortodoxia (Enrique Morente o Paco de Lucía) o, incluso, el “arrancón” primero de la misma rumba catalana (El Pescaílla y Bambino) o de la traslación de ese sonido –ya mestizo- a “los Chichos” o a los propios nietos de Porrina de Badajoz (“Los Chunguitos), incluso a los “Medina Azahara” (el flamenco y el rock mezclado con el sinfónico) también ha generado monstruos. Es normal. No hay un estilo musical puro que en el cambio de manos, de tiempo y de lugar no haya sido vejado por la propia industria. Convengamos en que, aunque la raíz sea la misma, no es lo mismo el “Miami Sound” de Emilio Stefan que Ruben Blades o Willy Colón.

¿Es el flamenco algo mágico como sostienen los ortodoxos?

Así le ataqué a Antoñito “El Triniá”. Como dicen los taurinos: por delante y por derecho.

-"¿Entonces esto sale por que sí?".

-"A veces sí y a veces no".

-"¿No se puede aprender?"

-"Mira, cuando tu ves a Tomatito acompañando a Camarón piensas en que ese es un guitarrista para un cantaor. Algo específico. Uno para el otro. Otra cosa es cuando ves a Paco de Lucía. Y tú lo ves tocar y piensas que ese tío tiene algo. Que lo tiene. En la punta de los dedos. Pero también es verdad que cada vez que él pone un traste y saca una nota seguro que no piensa en si eso le sale de dentro o no. Seguro que piensa en las broncas que le echaban por poner mal los dedos y en las horas y horas que hay que dedicarle para tocar así la guitarra. Así de bien. Como todo para esto hay que valer. Hay que sentirlo y hay que tocarlo pero también hay que echarle tiempo y perfeccionarlo porque si no, no vale la pena".

-"¿Entonces?".

-"Pues que unos sí y que otros no…pero un japonés tocando la guitarra, por muy bien que lo haga, nunca va a ser lo mismo. Solo hay que verlo. Eso es un robot. Paco de Lucía es otra cosa, no porque lo digan desde fuera. Aunque tocara todavía de tablao en tablao sería otra cosa. Algo tendrá cuando se lo rifan. Y ahora perdonarme que os voy a preparar una pipirrana y os voy a poner otras cuantas cervecitas. No le demos más vueltas".

Convinimos pues en estar de acuerdo en que estábamos en desacuerdo.

La desaparición de Paco de Lucía se lleva por delante un pellizco importante de nuestra historia musical, posiblemente de la más personal –si es que los países tienen personalidad- y seguramente una de las más atrevidas de este país tan normalmente pacato. Se lleva por delante al hombre que mejor entendió que todo era trabajo y un poquito de inspiración, al talento y al estudio, al tipo que estaba sentado en el punto justo en el que la ortodoxia y la heterodoxia se daban la mano.



Escuchando “Rosa María”, esos tangos tan clásicos y a la vez tan peculiares porque están personalizados en la siempre nueva voz de Camarón y acompañados por una guitarra que siempre suena clásica y, a la vez, vanguardista, me emociono recordando aquella pérdida dolorosa y aquel viaje agridulce, a los titos, a mi hermana y a mi padre acodados ya a unas horas tardías de la sobremesa en la barra de aquel pequeño bar de Granada que ni siquiera sé si sigue en pie.


El flamenco, como la vida, tiene dos manos. Unas veces da palmas por alegrías y otras veces se cierran en un gesto de dolor enorme. Unas veces son unas manos nuevas que se abren paso a través de un camino también nuevo buscando aire y reclamando espacio y otras veces se agarran con fuerza a las raíces como las manos de Paco de Lucía rasgando las cuerdas de la guitarra. Como dice mi amigo Pablo: Hoy este mundo es un poco peor.  

lunes, 6 de diciembre de 2010

Desconexiones y payasos


Estoy intentando digerir la enorme comida familiar sentado en el sofá de mis tíos cuando mi sobrino, Ieltxu, comienza a gritar "¡Pirritx, Pirritx!". El crío me hace gracia. La verdad es que es un descojono. Una especie de Shin-Chan mofletudo que, cuando algo le gusta, levanta el pulgar derecho en plan "Ok" o como si estuviera haciendo auto-stop pero, además de ese gesto, y que parece disfrutar cuando lo levanto por encima de los hombros, no me entero de lo que dice porque se expresa en una especie de jerga, un esperanto chiflado en el que se entremezclan el euskera, el español y el vocabulario típico de un mico de unos dos años. 

Es una especie de pequeño Andy Kauffman que forma pareja junto a su hermano, Oier, que es más mayor y como más comedido pero que, también (y eso es algo completamente familiar), tiende al surrealismo básico como forma de expresión y fastidio. Con este si me entero mejor porque tiene como cuatro años y se expresa en español y euskera de forma bastante clara...bueno, cuando habla en euskera no me entero de nada pero, más o menos, y por el contexto puedo atisbar lo que dice. 

Ieltxu, el de los enormes mofletes, el Shin Chan de Alsasua sigue gritando "¡Pirritx, Pirritx!" con una intensidad digna de uno de esos brokers de las películas de los 80, pienso que tendría una buena carrera en Wall Street diciendo "¡Compra, Vende!"...es como  Gordon Gecko con unos pañales. Yo quiero explicarle algo así como "querido sobrino, estoy un poquito mal, perjudicadito por el patxaran casero y el cordero asado...quizás en orden inverso". Pero sigue con su rollo hasta que su padre, Fer, comienza a dibujarle la cara de alguien en un papel. Es un payaso. Noto que "Mofletes" se calma un poco siguiendo con los ojos muy abiertos como su padre traza la demoniaca imagen...

-¿Por qué le dibujas esas mierdas al crío? ¿No te recuerda a alguien? 
-No. dice mientras no para de dibujar la imagen. 
-¿Te acuerdas del payaso triste que vendía flores por Malasaña? Solo le falta el puto bigote. 
-¡Hostia, es verdad! ¡El yonqui vestido de payaso! 

Señor vestido de payaso yonqui que se paseaba por Malasaña con bigotón. Mal rollo. Mal rollo en vena. Más que nada porque ofrecía una clara desconexión entre su careto pintado de polichinela urbano y su discurso. Se te acercaba sin hacer ninguna gracia y te decía "¿Quieres una flor para tu novia?", con una voz ronca y un gesto adusto acojonante. Ni siquiera podía contestar con el típico "¿Tengo cara de tener novia?". 
Nadie en su maldito sano juicio le diría a un payaso tan serio una gracia de ese tipo. Diré en su descargo que no hacía falta hablar para que se fuera a vender su mercancía a otro grupo. Ni siquiera intentaba hacer una monería de payaso como un poco de mímica o un trastabilleo simpático, ni siquiera hablaba con la típica voz de "Payacho" ("Hola cheñora y cheñore, hola amiguito, que te traigo está fló para que chean uttede muy feliche..."). Nada, esa cara pintada, agrietada por el sudor del paseo, y esa voz chunga como de señor  discurseando sobre un ERE. 

El resultado del dibujo, sin embargo, no calma al pequeño Ieltxu al que se une, por solidaridad, el grito de su hermano que dice "¡Pirritx y Porrotx!" con entusiasmo. ¿Qué cojones demandan estas dos criaturas? ¿Acaso otro payaso más temible que el anterior? ¿Un payasito con garras? ¿Un bicho tipo IT? ¿Acaso aquellos extraterrestres vestidos de payasos de aquella película que estuvo cogiendo polvo durante años en las estanterías del video-club sin que nadie se atreviera a alquilarla? ¿O aquella otra titulada "El Payaso asesino"?

-"¿Qué coño quieren?". Pregunto mientras un intenso dolor de cabeza en forma de martillo neumático se apropia de mi. 

-"Nada, que les ponga un DVD". Dice su padre. 

-¿Pirritx significa DVD?. Digo absorto. 

¿Se acuerdan de los experimentos de Skinner y la rata? ¿Pavlov, el perro y la campana? Pues asisto a una especie de espectáculo conduccionista parecido: Mientras Fer se levanta y selecciona un DVD de entre una pila de ellos (entre los que está Toy Story 3, que es el que me hubiera gustado ver) las fieras vociferantes y revoltosas vuelven al modo "niño normal" y, cuando el DVD comienza a escupir imágenes han pasado a "huerfanitos adorables que nunca han roto un plato propios del reparto de una película de Frank Capra". Los chiquillos se sientan y puedo comprobar que la cosa va de payasos. Bajón. 

Los payasos "Pirritx y Porrotx" para más señas que vienen acompañados de una tal "Marimotot" formando un a tripleta a la que sólo le faltan "El Hambre", "La Peste", "La Guerra" y "La Muerte" para ser un equipo infernal. 

La cosa, me explica mi primo, va de unos payasos que viven en una isla en plan comuna y que, tonticos ellos, no saben que bajo la misma hay petróleo que unos malvados extranjeros les quieren levantar. Joder, me parece un poco denso para los chiquillos pero, yo que se, me he criado viendo como Milikito le pegaba tartazos al Señor Chinarro y de los niños de ahora no entiendo. 

De todas maneras vuelvo a sentir la desconexión total del payaso yonqui, esta vez en un entorno casero, y por partida doble: aborrezco el "Mundo Payaso" y, encima, estos se explican en una lengua que no controlo para nada con lo que, de pronto, me veo disparado hacia otro absurdo nivel de conciencia. Es como asistir a un espectáculo deconstruido donde, careciendo de un mensaje que pueda descifrar, puedo ver las payasadas en todo su terrible y chungo propósito: bajoneces de tres al cuarto inventadas por los adultos, una nada de violencia, una grotesca muestra de lo que se puede hacer con los músculos de la cara, gestos exagerados e inhumanos. Comienzo a sudar y me agarro al patxarán casero, delicia servida en copa grande con hielo, una especie de prozac con regusto a regaliz. 

Un profesor nos contó que se habían hecho una vez unos experimentos con gente afásica a la que se ponía frente a un televisor donde veían un discurso de Reagan: unos afásicos sólo podían entender los gestos lo que les provocaba la risa y otros, no podían entender más que el concepto lineal del discurso sin despistarse en otras boberías como el tono, el ritmo o la ejecución lo que les provocaba pánico, como si estuvieran viendo a un autómata contarles una serie de virguerías sobre un futuro incierto de subidas de impuestos encubiertas y escaladas de violencia con el sector Este de Europa. Me siento así, atrapado en medio de un espectáculo muy chungo. No puedo discernir el discurso y solo puedo centrarme en lo puramente mímico, en lo escénico, en el truco. Guau. 

"Pirritx, Porrotx eta Marimotot" siguen con las piruetas chungas frente a los malvados extranjeros que tienen pinta de Mad Doctors de baratillo y se expresan en un perfecto euskera, exhibiendo su malicia torpe frente a una audiencia infantil disfrazada de piratas porque la cosa va de ser piratas...que gritan y se desesperan mientras que se suceden una serie de números musicales sazonados con coreografías endiabladas de cachete, pechito, ombligo y bailoteo circular...mi cabeza hace clinc, clinc, clinc...colores de payasos a punto de ser introducidos dentro de la lavadora y gritos de los sobrinos empeñados en participar del akelarre de los saltimbanquis que se esmeran en trasladar felicidad y alegría con ritmos pregrabados. El mofletes me golpea con algo que es como una maza que, al chocar contra mi cabeza, emite el rugido de un león. Ríe con la boca llena de pequeños dientes y con la mano libre hace el jocoso "OK" que, en ese momento, quiere decir algo así como "te estoy jodiendo bien...mira que cara estás poniendo...". Me sigue golpeando pero me da igual, no es que el crío sea Conan y, la verdad, no puedo apartar la mirada de la caja tonta donde se emite el terror. 

Mi cuñao, presente en la escena, se tapa con un cojín media cara y emite un "ay, ay, ay" que parece el de alguien a quien un cirujano manco le acaba de hacer una lobotomía.  Tampoco le mola esta rápida introducción al "Mondo Clown". Mi hermana, a su lado, pone cara de "sois todos gilipollas", es una de esas personas que fuera secuestrada en un banco pondría esa misma cara. Impasible, qué jodía, no dice nada y lee el dominical centrándose en un artículo que tampoco parece que la satisfaga. 

Al poco rato, la música estalla por enésima vez, con sus dings y sus dongs y en un final catártico los sobrinos estallan en una suerte de baile acompasado por los tres payasitos y una especie de travestido de enormes pechos falsos embutido en una especie de disfraz de matrona de la Revolución Francesa. Joder, la cosa puede ir a peor. Los payasos siempre pueden ir a peor. Ieltxu y Oier están descontrolados, parecen los Who al finalizar un concierto y colchoquean como dos entrañables minidrugos. Mi cabeza canta "yosoyflickyosoyflack" como si estuviera puesto de pegamín o de cloretilo y siento que me va a estallar como al tío de Scanners. ¿Qué coño acabo de ver? Malditos payasos. Los niños se calman durante los títulos de crédito, de hecho se relajan tanto que, al poco tiempo, el pequeño de los mofletes (colorados como el quemador de una catalítica por el esfuerzo anaeróbico de seguir a los trepidantes pagliaci) dice algo mucho más reconocible: "Caca". Entonces me río de verdad, con ganas, porque ese si es humor del bueno. De pedos y eso. Nada de adultos pintarrajeados soltando cosas en lenguas. Un clásico eso de  la caca. 

Me río más cuando a su padre, que era un tiquismiquis insoportable antes de procrear, le toca retirar el pañal enmarronado y limpiarle la trasera al chiquillo que, francamente, se descojona y patalea de felicidad al sentir restituída su higiene. 

-"Eso te pasa por ponerle mierdas de payasos a los críos". Le digo. "Que se les licua el alma". 
-"Ya tendrás tu los tuyos y comprobarás que su mierda no te huele". 

En plan venganza, como si hubiera detectado la conversación Oier, muy diligente, se dirige de nuevo al montón de discos y elige, como sin pensar, una nueva aventura del trío de payasos. Detecta mi miedo pero introduce el DVD y aprieta al play. Salgo a fumar. Los niños han tomado el salón de nuevo, escucho las quejas de los adultos diciendo "¡Hostia, ya vale!". Pero como si nada la sintonía de los euskoclowns vuelve a inundar la estancia con sus cánticos. Bienvenidos a la República Independiente de los niños y los alegres escalones de seguridad de la cohorte de Payachos. Salgo a tomar el aire y a fumar un cigarrillo. Me siento expatriado. 

Nota del Insustancial:  Extremoduro cantando "So Payaso"...creo que no hay nada que explicar...

sábado, 15 de agosto de 2009

Echar un clavo


Dicen que la expresión "echar un clavo" se remonta a los tiempos del descubrimiento de América. Cuenta la malsana leyenda negra que, nada más llegar Colón a América, los gallardos marineros españoles se aburrían como las ostras. Bien sabe Alá que nuestro carácter es muy parecido a nuestra gaseosa, es decir, que al igual que esta pierde el gas al poco tiempo de estar abierta la botella nosotros perdemos el interés por cualquier cosa apenas unas fecha después de que esta pueda ser considerada como una novedad.

El caso es que el personal se aburría y que los marineros andaban mascullándose de que aquello era un paraíso en la natural pero que ni el oro florecía en los árboles, ni había rastros de que existiera un sitio llamado Fuente de la Eterna Juventud donde tomar las aguas y quitarse unos años. Para que nos hagamos una idea: los marineros tomaron la misma actitud de hastío y de "he tirado el dinero" que tienen los turistas al tercer día de estar comiendo filetes empanados en el bufet libre del resort vacacional.

Nadie sabe como, es una leyenda, pero alguno de ellos tomó conciencia de que aquellas muchachas autóctonas eran bastante más receptivas al sexo que nuestras paisanas españolas, seguramente porque estas andaban con los pechos al aire y, claro está, desinformadas de la opinión que sobre vestimenta y relaciones prematrimoniales tenía la Iglesia cristiana pre-cismática (no miren el libro de historia porque la opinión sigue inamovible desde entonces y es la misma que ahora: sexo no, dentro del matrimonio sólo para concebir y entre algunas ramas de la misma el sexo sólo está permitido si tiene caracter no consentido y se produce en una pareja en la que uno de los miembros es un menor y la otra una persona que haya sido ordenado sacerdote como puede verse en este interesante documental...ay, las manzanas podridas).

El caso es que sin lugares para el ligoteo tales como verbenas, bailes populares, discosteques, pubes etc. y mucho menos con lugares abiertos donde comprar una fruslería con un "hoy te quiero + que ayer pero - que mañana" los marineros se pusieron a darle al magín para saber qué utilizar en el cortejo de aquellas muchachas.

Lo encontraron en la fascinación que las personas autóctonas tenían por las cosas hechas con hierro, un material desconocido y que pronto descubrieron mejoraba bastante tareas como abrir cocos, calentar baldes de agua más rápidamente y cosas así.

El caso es que a uno de aquellos fogosos descubridores se le ocurrió regalar a una de aquellas muchachas un clavo de la embarcación y descubrió el buen efecto que los regalos que se hacen con el corazón y no por interés (como bien sabe el Presidente Camps) tienen en las personas buenas y también desinteresadas (el caso mismo de Camps).

Así poco a poco los marineros fueron arrancando clavos de las tres carabelas -exactamente de las dos carabelas y de la nao Santa María- hasta el punto de peligrar el encaje de las piezas de madera y convertir el descubrimiento en una clase acelerada para montar muebles de Ikea.

Dice la leyenda que, desde entonces, Colón prohibió que se arrancaran clavos de los barcos y que se restituyeran los robados (que no estaba el presupuesto para bromas) y, claro está, quedo eso de "Echar un clavo" sinónima de "echar un polvo", "casquete" o similar...

Pues nada, que aquí les dejo algo ligero para que se entretengan y, por cierto, ¿Cuál es su teoría al respecto?

miércoles, 29 de julio de 2009

Insustanciales por el mundo...

Nota del Insustancial (reedición del jueves, 30): Eduardo Galán, vía telepatica, me informa de que el local se llama Maple Leaf y que no está sito en el French Quarter si no en el Uptown de New Orleans (¡Como no noté la diferencia!). También que en el bar se encontraba Heather Graham...con la que no se hicieron foto o es esta de tal bajez moral que han preferido esconderla.
Enfebrecidos de júbilo y comidos por la envidia más insana publicamos aquí la foto de dos insustanciales que andan paseando el gracejo, el tronío y el folclore español por los estados norteamericanos del Sur. Son el profesor Errasti y Eduardo Galán. El primero ha viajado para demostrar por aquellas tierras que un adulto nacido por estas tierras puede hacerse entender en la lengua de Shakespeare sin parecer el hermano disléxico de Ricky Ricardo (no como nuestro expresidente) y el segundo por afianzar esa leyenda que nos honra y que habla de nuestra sangre caliente y de nuestras infinitas virtudes amatorias.

Semejante misión de paz, que servirá sin duda para asombrar a los amos del mundo aunque sólo sea en nuestra capacidad para trasegar cervezas, ha tenido su colofón recientemente cuando ambos se encontraron con el actor Craig Philybin, que interpreta a Daryl, el jefe de almacén de Dunder Mifflin en la serie The Office (USA) en un garito del French Quarter de New Orleans.
He aquí la prueba física:


Cuando ambos embajadores informaron al actor de sus intenciones y de su procedencia el jambo acertó a decir "¡Ibiiiiza, very gooood, Ibizaaaaa!". Y es que ya somos internacionales.

Desconocemos el contenido íntegro de la conversación pero estamos seguros de que después de esa noche cuando a Craig le pregunten por España será capaz de decir "¡Ovieeeedo, very goood, Ovieeeeedo!". No nos cabe duda.

lunes, 27 de julio de 2009

El (milagroso) helado de Rafael



Rafael estaba hablando a voz en grito sobre los pormenores de la construcción de la estatua de Pizarro que decora el centro de la plaza de Trujillo (Cáceres). Sentado en la terraza de una heladería su particular clase de historia iba haciéndose cada vez más molesta para los pocos paisanos que, a esas horas, ocupaban las otras terrazas y que no estaban demasiado dispuestos a escuchar como un desmañado anciano, vestido con un traje gris y una corbata a cuarenta grados a la sombra, cargaba contra el conquistador, pese a que en realidad fue uno de los mayores sanguinarios que participaron en la Conquista. Digamos que a nadie le apetece que vengan a su casa a hablar mal de los vecinos.

Comentó que fue un regalo de la familia Rummsey, un norteamericano amigo del Duque de Alba entusiasmado con la Historia de España y estudioso de la conquista del Perú y su esposa ambos bastante ricos, el peso exacto (6500 kilos) y el destino último de la estatua gemela que también pagaron los Rummsey y que el Ayuntamiento de Lima había retirado del centro de la ciudad para colocarla en un parque más recoleto donde seguía recibiendo las mismas muestras de cariño en forma de pedradas, pintadas y bombas de pintura que en el pasado. Luego pegó un garrotazo en el suelo que ahuyentó a las palomas y despertó a algunos vecinos que estarían echando la siesta y dijo: “Las junturas de los adoquines de esta plaza están pringados de sangre india”. En el pasado Rafael había sido muy crítico con los fastos del Quinto Centenario del descubrimiento de América y había escrito algunos artículos francamente combativos contra dichas celebraciones en las que dejaba bastante claro que dicha fecha debería de haber sido aprovechada por parte de Occidente para elevar una queja (y a ser posible una restitución) de los atropellos de la conquista que incluían matanzas y atropellos de toda índole desde Usuahia hasta Alaska.

La conversación giró entonces a los escritores hispanoamericanos que Rafael dividía entre los que habían explotado la herencia criolla y los que, directamente y con el tiempo, habían decidido acercarse a Europa o creerse directamente europeos señalando a algunos de ellos pro salvando a muy pocos. No solía estar Rafael tan parlanchín pero algo, seguramente la presencia de otro gran escritor catalán entre nosotros, le lanzó a una de esas peleas contra la historia (peleas que no se podrán ganar hasta que no podamos enderezar las líneas del espacio-tiempo con la invención de una máquina del tiempo) en la que iba desmenuzando mitos. Luego vino el camarero y Rafael pidió una copa de helado con tres bolas con ración extra de sirope. “Azucar, no debería, pero bueno, qué mas da”. Habíamos estado viajando por una ruta poco conocida de Extremadura que nos había llevado hasta el arco del Templo de Diana, rescatado de la inundación del pantano cercano que ahogó el pueblo de Talaverilla y que fue la única pieza indultada (junto a unos cuadros de El Greco) de un espectacular conjunto artístico que duerme debajo de las aguas, y luego hasta la Encina Terrona de Zarza de Montánchez considerada como la más grande del mundo y mucho más tarde, ya casi para comer, al mirador del Parque Natural de Monfragüe donde el escritor catalán, Rafael y yo nos quedamos charlando y donde Rafael nos enseñó un pequeño cuaderno guardado en el bolsillo de su chaqueta donde con letra prieta iba escribiendo términos perdidos. Los llamó así.

El caso es que la charla se dirigía indefectiblemente hacia un único tema: el desánimo. Participaba yo de la amargura de Rafael por otras razones que no eran las puramente intelectuales. Normalmente eludo las conversaciones amargas que no llevan a ninguna parte pero acababa de perder mi trabajo y estaba KO después de una temporada en la que me había dedicado a darme de puñetazos con todo el mundo y, bueno, en esa situación sueles dejarte llevar y compartir el punto de vista más radicalmente negativo…en esas andaba, despellejando a Tirios y Troyanos, cuando el camarero se acercó hasta la mesa y repartió las consumiciones. Estaba la cosa en su punto álgido y ya había saltado hacia la molesta, pretenciosa y falsa (¡Sobre todo falsa!) asunción por parte de la intelectualidad occidental más cursi de la cultura oriental cuando Rafael hundió con furia la cucharilla sobre las bolas de helado y la sacó de las entrañas de la golosina arrastrando una generosa porción de Stracciatella bañada en sirope hacia su boca para luego como un Saturno que devora a sus hijos meterla en su boca. Y pasó el milagro.

Rafael borró de su cara el gesto adusto, echó la cabeza unos milímetros hacia atrás, dibujó una pequeña sonrisa y saboreó el helado. Luego devolvió su cráneo a la posición normal y se quedó durante unos segundos mirando hacia la estatua de Pizarro. Después comenzó a hablar y dijo: “Mi padre no era muy hablador, pero a mi me encantaba pasear a su lado, paseos largos por Recoletos para terminar sentándonos en cualquier kiosco cercano al Museo del Prado, en verano se podía tomar horchata o agua de cebada”.

Y después de la ensoñación se lanzó sobre su copa de helado y desapareció su humor de perros y comenzó a hablar de que a lo mejor había tiempo para visitar algún sitio cercano a nuestro destino que fuera de interés y después estuvo de un fantástico humor durante toda la tarde.

Después de asistir a aquel milagro del helado saqué la conclusión de que la vida, normalmente, te depara momentos asquerosos y conversaciones hoscas pero que, de cuando en cuando, también existe la posibilidad de disfrutar de una buena película, de un mejor libro, de una gran canción, de un buen chiste, de una gran historia, de una raja de sandía, de una cerveza helada, de un cocido, de un whiskazo en condiciones o de un helado de tres bolas con una ración extra de sirope y que el truco consiste en pasar lo mejor posible los malos momentos y agarrar con fuerza los instantes en los que podemos sentirnos un poco mejor para extenderlos y disfrutarlos el máximo tiempo posible porque uno no sabe nunca cuando nos van a volver a cortar la digestión. Lo dicho: disfruten.

viernes, 10 de julio de 2009

Presagios bíblicos


Ayer hubo tornados en Valencia. A punto estuvimos de llamar a Helen Hunt para que se presentara con su ejército de cazatornados, esos que salían en Twister (Jan de Bont, 1996). Sí, por 1996 la Hunt hacía películas de acción para quitarse la costra de costumbrismo de aquella serie llamada "Mad about you". La verdad es que los 90 fueron loquísimos...lo he podido comprobar hoy después de una excursión a la Playa de Cullera, Raquel me iba señalando todas las discotecas de la Ruta del Bakalao. Puzzle, Barraca, Face, Chocolate, Salitre...todos parecen amenazantes antros cuando se miran a la luz de la tarde y sin medicar. Impresionante vista del atardecer desde el mirador de la Albufera con el agua tragándose, literalmente, este sol blanquecino de tormenta que lleva desde ayer por aquí y que ha hecho bajar la temperatura de 36 a 21 grados en apenas 48 horas.

Sin duda el cielo quiere decirnos algo por aquí. Ya ves. Tornados, tormentas bíblicas, constipados en pleno julio...pero no sólo eso...esta mañana en Canal 9 un presentador ha dicho: Recién llegado del otro mundo...¡Michael Jackson!. Hostias, era verdad, Michael Jackson ha entrado en el plató pegando palmas, bailando dislocádamente y haciendo el moonwalk más largo de la historia, nada más y nada menos que desde la cancela de San Pedro hasta los estudios de la televisión autonómica valenciana. He pensado: "Joder, muertos levantándose...esto es digno de la profecía...que alguien llame al Padre Karras". Luego se me ha pasado porque la persona que ha entrado en el plató era un Jackson, Francisco Jackson para más señas, hijo de esta tierra y doble "oficial" de Jacko. Al ser preguntado por lo que hubiera hecho de haber sido invitado al sepelio del Rey del Pop ha dicho en un claro valenciano: "mantenerme en un discreto segundo plano". O sea, bien, porque no hubiera sido plan de haberle quitado el protagonismo a Stevie Wonder o haber captado la atención de las cámaras en el momento en el que Brooke Shields comentaba lo buena persona que era Michael. La gente de estas tierras es así.


Lo que está claro es que en Valencia las cosas están del revés: las nubes no se levantan, los pajaritos no cantan y los muertos se aparecen por Canal 9. La razón es clara: son muestras del enfado celestial por la próxima crucifixión de un inocente. De un inocente, de un hombre honrado, de un místico que, a la mínima, te casca un discurso en lenguas. Y no lo digo porque sus apóstoles anden jurando en arameo en estos días si no porque Don Francisco Camps habla una deliciosa mezcla de valenciano y español tan rara que sólo podría ser entendida en las praderas del Señor donde acampan angelitos y serafines y Cristo nuestro señor pastorea a su rebaño.

Si Dios castigó a los egipcios con siete terribles plagas para liberar a los judíos no tengo muy claro que hará ahora para liberar a su queridísimo pueblo valenciano quele monta visitas al Papa que ríete tú de los fastos de U2 y es uno de los más devotos del mundo en palabras de la alcaldesa de Valencia Doña Rita Barberá, tan divertida ella, tan campechana y tan milagrera que, a una declaración suya, es capaz de convertir el agua en vino y una lata de anchoas en una cuestión de estado.

Hemos comenzado con las trombas, después con los tornados, pero no me extrañaría que dentro de unas semanas El Cabanyal entero desapareciera y después otro barrio y después otro; que el Turia se convirtiera en sangre y que David Villa acabe fichando por el Getafe.

Todo sea por evitar que veamos como crucifican al bueno de Camps entre dos ladrones. No me extrañaría que muy pronto Camilo Sesto se apareciera en el Oceanografic para cantarnos un temita que le viene al pelo a esta situación...

sábado, 2 de mayo de 2009

Yo solo bailo temazos

Eso de ahí arriba es el slogan con el que el Club Piccadilly (c/ Embajador Vich, Valencia) ha empapelado el casco viejo de la ciudad. Nos ha hecho gracia y nos hemos llevado un cartel a casa con la intención de que nos sirva para el diseño de una camiseta. Es verdad que es un lugar donde se ponen temazos pero, aviso a navegantes y noctívagos, las sesiones del miércoles o del jueves son bastante más satisfactorias que las del fin de semana que están dedicadas al electro aunque, ya muy tarde, le dan bastante duro a Beck o, incluso, a los imprescindibles The Ramones.
Esta mañana ha tocado cine matinal y nos hemos ido a ver "Paraíso Travel", una película colombiana dirigida por Simon Brand. Una película floja y algo estereotipada que tiene algo bueno: una buena banda sonora que no te deja indiferente. Por lo demás camina un poco por lugares tan conocidos que, a veces, resulta un poco sonrojante pero no te aburre. Algo bueno también: Sale John Leguizamo haciendo de freak...o sea, de él mismo.
Está todo el mundo con "la previa", es una enfermedad peor que la "influenza porcina" o "Gripe A", es eso que ocurre antes de un Madrid Barça (o viceversa) y que antes sólo ocupaba nuestro tiempo durante el viernes y el sábado por la mañana pero que ahora se alarga durante toda la semana anterior. Ya lo dijo Maldini el otro día cuando finalizaba el Real Madrid-Sevilla: "Olviden esto, que ya es el pasado y centrémonos en analizar el próximo choque del siglo...". Eso es "la previa", aumenta el nerviosismo porque el partido es de pago y crecen sustancialmente las ventas de periódicos deportivos y el precio de las cañas de los bares. Nunca entenderé como algo tan banal como un partido de fútbol que, normalmente, ni suele ser bueno, ni suele ser apasionante ni nada de nada puede ser catalogado como "partido del año" cuando se celebran, al menos, dos choques entre ambos equipos durante el año. Un rollo. Este año más, sí, vale...como decía la vieja de Callejeros, la de Cuatro, "que me lleven al cementerio..." si entiendo algo de esto.
Por cierto, hablando de Cuatro, han estrenado un programa previo a Callejeros que se llama "Hermano Mayor" y que trata de dirigir a unos cuantos chavales por el buen camino de la disciplina y el cariño familiares. Lo conduce Pedro García, ex waterpolista y ex cocainómano, al que se le ha quedado, para su desgracia, carilla de vicio. Una jodienda. Ayer viendo la tele nos preguntamos si no sería esa la secuela más visible de la farlopilla, que se te queda un poco cara de vicio, un cambio sutil pero reconocible. El programa no está mal y el tipo tiene porte...como seguimos hablando de deporte, lo que jamás entenderé es como un par de deportistas pudieran ganar un campeonato del Mundo y no se cuantos títulos más puestos de farlopa y que ni el análisis ni el contraanálisis de dóping dieran nunca positivo pese a que García lo explica todo en su libro "mañana lo dejo" que debería de ser el "Yo, Cristina F." de nuestra generación.
Ni el fútbol, ni el reality, ni, en general, este momento de tristeza generalizada (es triste que ayer acudieran 450.000 almas a la manifa del 1º de Mayo, según la policía, y el dato pasara desapercibido cuando estos últimos años hemos estado cuatro gatos) no me va a quitar las ganas de bailar temazos y, por eso, y sin que sirva de demasiado precedente os paso un par de vídeos:

Videoclip no oficial de Bigott, un tipo de Zaragoza que está francamente loco pero que suena de maravilla. Esta canción se llama Trois J´taime y está incluída en su último largo titulado "FIN". Sobre la pista me han puesto mis primos los zaragozanos que, desde que fueron los primeros en ponernos en la pista de Héroes del Silencio (incluso creo que antes...ya que hablaban de Sidharta que fue el primer grupo de Bunbury) no nos han dejado de sorprender...ingratamente como en el caso de "Los niños del Brasil" pero, normalmente, siempre bastante bien. Y estos otros señores...

Se llaman Instituto Mexicano del Sonido (IMS) y son la caña de España...bueno de Mexico D.F., al parecer ya son más famosos que la leche pero, bueno, yo los he descubierto esta semana y me han quedado flipando colorines y dentro de poco serán incluídos dentro del imprescindible tracklist que me acompaña a todas partes.

Con estas dos recomendaciones ya podréis apagar un poco el eco del partido de esta noche para el que hago un vaticinio: Perderán los que jueguen peor y ganarán los que marquen más goles. Un análisis con el que se han forjado muchas carreras brillantes dentro del periodismo deportivo. Eso sí, con la música, ganamos todos...

jueves, 30 de abril de 2009

Recomendaciones a la orilla del mar


El sol que pegaba esta tarde en la Malvarrosa era como de Super 8. Abres una ventana de un hotel de Estocolmo miras hacia afuera y entiendes el existencialismo y a Bergman, te das un paseo por la Malvarrosa a última hora de la tarde y comprendes a Sorolla a la perfección. Vuelta al dulce exilio mediterráneo y vuelta a las preguntas:

-"¿Si yo fuera el Presidente de todo esto me dejaría comprar por cuatro trajes chuscos...de Milano o pondría mi listón mucho más alto? ¿Estaría dispuesto a arriesgarme a perderme este tranquilo paseo para dar con mis huesos en chirona o en el descrédito?". ´
Cuestión de gustos, ni de coña cambio yo la posibilidad de acabar en el Penal de Picassent con Miquel Ricart si puedo tomarme una caña en el Cabanyal y una ración de esqueixada. Estoy familiar y francamente costumbrista, de extraña rehab...

Raquel me ha preguntado hoy si no me siento extraño con tanto viaje y le he dicho que no, que nunca fui más feliz que cuando vivía de hotel en hotel. Se ha quedado mirándome con esa cara que pone ella de "otra vez tú y tu necesidad por editorializarlo todo", es una cara difícil de captar pero interesante de ver, como la aurora boreal. "Además estoy tranquilo porque aquí también insisten en llegar las buenas noticias" le he dicho.

La semana que viene hacemos las fotos de promoción para el estreno de "El Divo" (serie de ficción dirigida, producida y escrita por Carlos Clavijo) y ya me han pedido los cambios para el "Proyecto de Primavera" (nombre de trabajo) que estoy ultimando con La Pierna audiovisual y que tengo muchas ganas de que salga adelante y el señor de los dineros diga "OK". Todo es esperar y es mejor estar esperando aquí, a la orilla del mar o casi (en realidad esto es más huerta, dicen, pero me lío mayormente con casi todo).

VU87 batiendo records de audiencia en la TDT y ya es el programa más visto de Antena 3 Neox, es el programa en el que estuve trabajando...lo podéis pillar, con todos los episodios de la nueva temporada en este enlace. AQUI. A la derecha encontraréis un calendario con fechas de las emisiones, sólo tenéis que picar y lo encontraréis.

Mientras tanto no dejo de descubrir cosas atrasadas que dan gustico:

-Estoy leyendo "vicios ancestrales" de Tom Sharpe, no es lo que se dice una novedad pero es tan buena, por lo menos, como "El bastardo recalcitrante". Es uno de mis escritores favoritos y me temo que su aura de best seller no le ha ganado las simpatías de la crítica pero a mi me hace reir con todos esos chistes de señoritos ingleses completamente desquiciados...¿Alguien puede decirme por qué seguimos opinando mejor sobre el drama que sobre la comedia?

-Por fin he podido ver el último episodio de la serie "V". Lo juro, jamás había visto el episodio 24 de la saga y, por fin, hoy me he dado un respiro y lo he terminado de ver...les cuento, el día que emitían dicho episodio mis padres se empeñaron en llevarme a una boda de alguien y la cosa se alargó. Después de la tira de años cierro otro círculo...oh, yeah. No voy a hacer juicios de valor sobre una serie que, seguramente, jamás tuvo que hacer una continuación de 19 episodios sobre los cinco originales que eran "del cagalse" de buenos, me parece un ejercicio absurdo de nostalgia...eh, vale, ver el episodio 24 de "V" es un ejercicio de nostalgia pero, sinceramente, esperar revelaciones del mismo hubiera sido absurdo. Cosas a favor: no me acordaba de que las extraterrestres estuvieran tan sumamente mollares. O, en ese momento, con 9 o 10 años no me pareció un motivo de interés.
-He descubierto también cosas a las que no me engancharé: "United States of Tara" la serie producida por Spielberg y escrita por Diablo Cody. Me resulta un poco aburrida y no le pillo el punto pese a que sale Toni Colette que, lo siento, pero me da un morbo cercano al infinito. Definitivamente tiro la toalla con "Gossip girl" y no quiero volver a oir hablar de "Eli Stone". Mantengo mi fe, sin embargo en "Mad Men" y en "Fringe" pese a que su ritmo a veces es un poco lento.
-Como estamos con cosas viejunas quizás deberíais de echarle un vistazo a "Allo, Allo", una vieja serie de la BBC que aquí emitieron las autonómicas en los 90 y que es descacharrante. Desde que la vi no puedo experimentar más que una carcajada cacda vez que alguien se pone a hacer el saludo fascista.



-Para cosas nuevas e insolitas el documental "Man on wire" que cuenta la hazaña de Philip Petit, un funambulista que el 7 de agosto de 1974 colocó un cable entre las Torres Gemelas y se puso a hacer piruetas. No soy muy de circo pero me ha parecido de una escalofriante belleza, una especie de canto a la juventud y al tiempo perdido...aquí el trailer.







Esta tarde nos hemos escuchado del tirón "La terra es plana" un disco de Quimi Portet de hace como cuatro años, simplemente brillante. Era la parte más interesante de El Último de la fila o, por lo menos, eso creo. Aquí os dejo un vídeo del primer single de su primer trabajo en solitario "Hoquei sobre pedres". Él ya hacía música de mucha calidad (en catalán) antes de Antonia Font. La canción se llama "La Rambla".







Lo siento pero tengo un déficit enorme con la música en catalán y ninguno de los grupos más famosos (Sopa de Cabra, Els Pets, Saü...) y no porque cantaran en catalán (con la cantidad de música que consumo en italiano, francés, italiano, inglés o español...) si no porque nada me había parecido excesivamente interesante hasta este solista o al grupo pop mencionado. De hecho el gran Silvio Fernández, ese rockero sevillano tan grande, nos demostró hace años que se puede cantar en cualquier idioma, incluso en una mezcla portuaria de italiano y español y quedar elegante y pintón como en este temazo que se titula "La Ragazza del elevatore"...

Silvio es uno de los descubrimientos viejunos de este año...y no digais que es un "FREAK" porque esa es una palabra que sólo puede decirse entre iguales del mismo modo que "Nigger" solo puede ser utilizada " de noir a noir".

Finalizado el episodio de hipocondria (volví de la reunión con Grom, Edu Galán y Fran Nixon con una especie de cepa de gripe porcina que he arrastrado hasta aquí pero todo bien porque al final no me estaba muriendo)) he asentado mis reales de nuevo en el Mediterráneo a la espera de vientos propicios que no tardarán en comenzar a soplar. Mientras tanto solo puedo hacer una reflexión: prometí no hablar de mi mismo cuando comencé a escribir este blog pero, a estas alturas, todo el mundo sabe que soy de esa clase de personas que se traicionan contínuamente así mismos. Disfrutad.

martes, 14 de abril de 2009

Dharma postvacacional


Según los budistas el "Dharma" es el orden natural de las cosas, un ciclo de sabiduría que se representa como un círculo y que adorna la bandera de India. Pasarse cinco días con los sospechosos habituales es entrar en un "Dharma" de sabiduría contínua y de costumbres. Cafés, cenas, copas...podría llamarse, fuera del mismo nada más la mayoría de las veces. Imposible resumir tantas anécdotas en un solo post. Ha estado "superb" que dicen los anglopijos. Nada más que añadir, señor Juez. No hay nada como escapar de un círculo de aburrimiento para meterte en un carrusel de diversión. Por cierto, que Manuel me ha descubierto a un tipo al que no había hecho mucho caso hasta ahora: Adanowsky. El tipo es el hijo rockero y algo díscolo (discretamente díscolo) de Alejandro Jodorowsky. Una de sus canciones preferidas es esta, que se titula "El ídolo".



En el camino del Dharma casero me ha nacido una sobrina. Se llama Laura y me la presentaron hace seis días. Es una niña pequeña y silenciosa que es clavado a mi primo Miguel, sorprendentemente es un bebé que no quiere ser zarandeado y que se cabrea si no lo devuelves pronto a la silla. Me imagino que formará parte de la rama familiar de "No me toques las pelotas". Una niña fantástica además que se ríe de todo...y que pota cantidad, con elegancia de marquesita y ferocidad punk. No se, es un encanto, como sus papás.

Volviendo a mis ansias viajeras me he cascaso casi mil kilómetros en menos de seis días. No está mal, ni mucho menos. Por llevar la contraria me he quitado siete u ocho kilos del tirón ahora que arrecian los programas donde se incita a unos cuantos gordos a adelgazar y de paso se les echa la bronca por afear el panorama de belleza reinante, quedarse con parte del dinero de la Seguridad Social (sanidades transferidas aparte) en materia de enfermedades coronarias, diabetes etc.

Hay una máxima para saber si un programa de televisión es o no moralmente reprochable: invertir el formato. Digamos que "Cuestión de peso" (Antena 3) es un divertido programa de este tipo. Vale. Digamos que podemos proponer otro programa que se llame "Cuestión de contrapeso" en el que unos cuantos anoréxicos compitan con coger esos kilitos de más. Se premia a quien engordando se ponga sano como una manzana. ¿Mal verdad? ¿Quién querría verlo? ¿Vosotros no? ¿En serio? ¿Escucho por el fondo que alguien dice que los anoréxicos son, en realidad enfermos? ¿No lo son los obesos mórbidos? ¿No es tan gracioso ver a unos gordos comer como ver a unos anoréxicos intentando no comer? Dejemos esas cuestiones, que son muy tristes.

Para nuestro gozo se ha estrenado "Control" (Anton Corbjin, 2007). Con dos años de retraso. La recomiendo mucho porque es una biografía honesta sobre Ian curtis el cantante de Joy Division, aterradora, intensa, muy bien dirigida y muy bien rodada. No me extraña porque su director es, además, un gran fotógrafo. Los que no la hayan visto deberían de correr en pos de una sala donde se proyecte aunque sólo sea por disfrutar de su espectacular banda sonora (Pistols, Bowie, Joy Division, Siouxie and the Banshees etc.) y por descubrir a uno de los grupos de menor trayectoria y, sin embargo, más importantes de los años 70-80.


Como estamos de estreno recomiendo también el nuevo disco de Manos de Topo contradiciendo el título del mismo: "El primero era mejor". Ni de coña. Este es, por lo menos, igual de bueno. Me temo que el grupo ya sabía que sería lo que se diría de este nuevo largo después del éxito del primero. En serio, tiene temazos como "Ahora te sientes mejor ¿Verdad?", "El Ejercito ruso" y "Vacaciones en Corea del Norte". Grande. Es posible que este disco sea musicalmente más barroco que el anterior pero me gusta que un grupo se asiente de esa forma en el panorama nacional. A mi me encanta, de todas maneras. Este es el primer single.




Capítulo aparte merece el "1999" de Love of Lesbian, su nuevo trabajo La base del disco, que pretende ser una obra que se escuche de principio a fin y que cuenta la vida de una pareja durante un años en plan conceptual, ha quedado un poco tiesos a los megafans. El disco, que parece que no ha contentado a los incondicionales ha salido con este single titulado "Club de fans de John Boy". Personalmente me parece que va como un tiro porque me gustan los discos largos mucho más que las críticas donde se dice muchas veces la palabra "fallido".



Por cierto por menos de tres euros se puede encontrar una edición decente del libro "Con las mujeres nunca se sabe" de James Hadley Chase. Una novela de detectives clásica que ha inspirado, entre otros, a los Hermanos Coen para escribir "Sangre fácil" o "Fargo". Leedlo y me contáis. Simplemente fantástico.

En el camino del descubrimiento Raquel me ha pasado el disco de debut de "La bien querida". Una pasada, simplemente, pop de peso, del bueno, voz increíble, grandes letras. Para no perdérselo.

Saliendo del Dharma diario he vuelto a escaparme de nuevo y ayer estaba sentado frente al mar, escuchando el ruido del agua. El paso por Madrid me ha durado apenas ocho horas y ya me he vuelto a poner en marcha. No puedo decir siquiera el nombre de la playa por miedo a que sea invadida por los bañistas siempre deseosos de plantar su nevera de plástico azul, su suegra y su sombrilla de flores en cualquier territorio virgen. Me imagino que todo esto en verano tendrá peor aspecto. Ahora no, ahora es fantástico, como el final de "Barton Fink" en el que Turturro vestido con traje de chaqueta se tomaba un respiro y posaba un paquete envuelto en papel de estraza en la arena. Un paquete que se niega a abrir porque teme que su contenido sea horroroso. A veces es mejor dejar las cosas así, cerradas, para que nadie pueda joderlas. Yo estoy bien, he vuelto mejor de lo que me he ido...¿Y vosotros? ¿Que tal? Os he echado de menos.

martes, 31 de marzo de 2009

Valencia/teléfonos duados


Ya he cumplido con mi periplo valenciano. Normalmente de estos viajes antes me traía un buen número de detalles sórdidos. Ni siquiera asomándome al Cabanyal, que yo me imaginaba como zona de guerra pura y dura, lo he conseguido. Los "Diarios del Ron" de Hunter S. Thompson en los que convertía mis viajes se han transmutado en los "post de la horchata". No está mal. Sólo el gris metálico de la lluvia de las tardes me ha recordado un poco a Madrid en estos días tan bobos que he pasado a pocos metros del Mediterráneo. Todo consiste en no perder el eje. Me ha gustado lo que he visto, incluso un monumento alegórico que es, en realidad, la cabeza de una fallera y que está puesto en una rotonda al lado de la torre del Hotel Hilton. Qué sitio más raro. Parece que es la ciudad la que se está zampando a la huerta. Me pregunto que va a ser de todos nosotros tras estas décadas de ladrillazo y tentetieso, cómo se recordarán estos días de hormigón y euros crujientes, si nos veremos como unos incautos que una vez se creyeron tontos y ricos y se despertaron resacosos y pobres. Fuimos capitanes de Copa América y nos hemos despertado aspirando a vender gorras de imitación en la puerta del circuíto de un Gran Premio de F-1. Esto me ha gustado mucho, por cierto.


Mientras tanto Zapatero y Obama se han puesto un plan telefónico "dúo". Se van a poder llamar y contarse sus cositas de gente así con poder, contarse sus grandes planos. Hoy ZP podría haberle dicho a Obama: "Barack, no te lo vas a creer pero está nevando en Castellón. ¡En plena primavera!". ¿Para qué servirá tener un teléfono con el que sólo puedes hablar con una persona que, la mayoría de las veces, siempre está fuera de casa arreglando el mundo? No se, esas cosas molan. Así, cuando uno de los dos cese en el cargo, podrá llamar a otro y organizar una cadena "chuli" como la que sale en el anuncio de Telefónica y que evita que una personita caiga en las redes del paro. Ya ves, Telefónica poniéndose tierna...


Obama podrá llamar a ZP y decirle: "Tengo ganas de verte" o "dile a las niñas que se pongan anda que las mías quieren practicar un poco su español" o cosas así, como de familias lejanas. Todo sea por el Eje del bien y la Alianza de las Civilizaciones. Al lado se van a instalar un viejo telégrafo por si los talibanes quieren decir algo o entregar el cuerpo de Bin Laden a la ciencia. Será el cuarto teléfono del Despacho Oval, el cuarto, fíjate que cerquita de ser el primero.


Yo creo que nosotros los españoles somos más de viajar, de presentarnos en casa ajena con unos cuantos productos típicos y una excusa que reza "que estábamos por aquí cerca y nos hemos dicho que dónde íbamos a estar mejor que en vuestra casa". A los pocos días nos despedimos diciendo "que ya sabéis donde estamos, que vengáis pronto" dejando detrás de nosotros la nevera ajena vacía.


Obama y ZP se verán mañana en Londres mientras que yo estaré regresando a Madrid que me resultará un poco más grande de lo habitual. Siempre me pasa. Madrid me parece pequeña cuando la paseo y gigante vista desde lejos, con todo en su lugar pero todo descolocado. Siempre la he echado de menos, incluso cuando no quería estar allí y tenía una maleta siempre a medio hacer a menos de dos pasos de la cama, por si las moscas, por si los planes. Hoy la echo un poco menos de menos. Soy más de ir y de volver que de "duar" teléfonos. Los teléfonos "duados" existen para arreglar los desencuentros, para hacer con que estás, para rellenar los vacíos incómodos. Los viajes son para estar, para permanecer, para quedarse por aquí un tiempo, para ampliar nuestras fronteras, para hacer un poco menos apetecible el barrio. Vuelvo a los madriles, qué pereza me está entrando. Mañana volvemos a lo de siempre, al turismo de la vida diaria. Perdonadme pero tengo que "duar" el teléfono. No con Rita, precisamente. Aunque creo que sí he pillado eso que llaman "Rollo Camps".

lunes, 30 de marzo de 2009

Valencia/Nocturno


¿Os habéis enterado de que han cambiado la hora? Yo no. Ningún año me entero. Los despistados crónicos suelen tirarse el pisto cuando se les acusa de llegar una hora tarde o de cambiar un día para otra se suelen mirar las puntas de los zapatos e invocar el despiste de otros genios como Albert Einstein...con dos cojones, quizás por eso no calculó que la Energía nuclear se utilizaría para aniquilar a unos cuantos cientos de miles de seres humanos.


Sigo en Valencia. El sábado fue el cumpleaños de Raquel, discreta lectora de este blog, que me regaló una visita por El Cabanyal, el barrio de pesca que desaparecerá llevándose por delante gran parte de la historia de la ciudad. Se hizo famoso por un episodio de "Callejeros" que dicen dio un imagen completamente equivocada del lugar. Es cierto. La celebración de Copa América le ha dado el tiro de gracia a este barrio demasiado cerca de la playa para no ser pasto de la especulación. Los trucos para conseguir el desalojo han sido tan poco legales como permitir el realojo ilegal de marginados o dar manga ancha para la instalación de discotecas móviles en los botellones que se celebraban en cada esquina. Ahora que la especulación es un monstruo renqueante y que esa agresividad es innecesaria, más que nada porque se sospecha que esto de la construcción ya no es negocio, el barrio ha quedado en muchas zonas herido de muerte. Estuvimos en la zona que resiste y que se ha convertido en la memoria de lo que fue el barrio.


Digamos que el rollo que se traslada de la ciudad es bastante diferente del que he visto y que Chimo Bayo, al parecer, es bastante cultureta. Lo juro. Se pasa el día en presentaciones de libros y cosas así. Me lo contó Raquel y luego Sor Kampana, un escritor de esta ciudad que anda colaborando con Kutxi Marea y otro número indefinido de sospechosos habituales en un proyecto a medio camino entre la poesía y el rock. Tengo uno de sus libros, T.O.M., y es de lo mejor que he leído últimamente.

Raquel me enseña otra Valencia, una Valencia de absenta y tentetieso. Noctívaga y divertida. De cañas y aperitivos, me descubre que los lazos con Madrid no son solo ultraliberales. Es también pandillas de treintaytantos y mucha charla. Muy buena gente que me trata muy bien. Aparece Battiato, el Ateneo libertario, el tango de Tonino y que, finalmente, nos hemos perdido el concierto de Rajoy Division. Hay muy poco tiempo para hacer tantas cosas. Lo siento porque quiero ver a Alex Martí. No hay tiempo. Esta ciudad también duerme en la confusión de los tiempos y, poco a poco, se le quiere arrancar la identidad para que no quede nada de ella. Para que nadie pueda recordar nada. Un borracho muy borracho en un bar me llama Amenabar, no recuerda la cara de Amenabar. Claro.

Mientras tanto Raquel accede a llevarme a Picadilly Club, uno de los templos de la música pop, pero es sábado y suena música electrónica de calidad (Chemical Brothers, Fatboy Slim, Beck...). Sólo al final nos conceden la venia de pinchar algo de soul y Los Planetas, para que nos sintamos de nuevo como en casa. Noto el local un poco peor de lo que lo recordaba. Es sábado. Son mejores los jueves, me dice Raquel, porque viene a pinchar Ordovás y De Pablos que se dejan caer por aquí de cuando en cuando. Una retirada a tiempo es una victoria.

Amanece pero ni siquiera nos damos cuenta de que ha cambiado la hora. Mañana y pasado iré caminando con una hora de retraso, como Perico cuando perdió aquél Tour de Francia. Sigo en Valencia. Con el eje completo. Con una hora de retraso. Raquel se ríe de mis despistes, quiero aludir a Einstein pero, la verdad, no me parece una fórmula acertada.

domingo, 8 de febrero de 2009

Recordar y olvidar


Echo de menos la playa. Pese a ser de interior me gusta el mar y los barcos desde el primer verano que pasé con mis padres en Marruecos y tuvimos que atravesar el Estrecho en un ferry. Aquel viaje me dejó el regusto amargo de descubrir que no todos los barcos, y menos el que atraviesa el Estrecho, eran despedidos de puerto con las serpentinas y el confetti al que me había acostumbrado la serie "Vacaciones en el Mar". De hecho ni siquiera pude ver al capitán, ni al médico, ni al contramaestre, ni nada. Sólo unos cuantos hippies, marroquíes y españoles desperdigados aquí y allá con la cara del que se toma un viaje como una obligación o un fastidio. De hecho recuerdo que me empeñé mucho en ver el bar...por si el negro que luego hizo anuncios de una piña colada que se llamaba "piña colada" ("pasando de comernos el tarro", opinaría el bodeguero...¿Te imaginas que todos los productos tuvieran un nombre genérico y todos los "condones" se llamaran "Condones"?) estaba por allí pero nada.

Al menos mis padres me habían prometido delfines y vi delfines desde la cubierta. Lo suficientemente cerca como para verlos saltar haciendo monerías porque los delfines son los chulazos de playa del mundo animal, ya saben, es tener alrededor un par de ojos observándolos y se ponen a hacer demostraciones.

La persona que conozco que más daño le ha hecho la tele, exceptuando a un vecino mío que terminó con la tele del salón en la cabeza en una riña familiar, es a mi primo Fernando que después de ver un trailer de Superman le pidió a su madre que le comprara un traje, capa included, y se lanzó por el hueco de la escalera yendo a dar con sus flexibles huesos infantiles no contra el suelo si no contra un providencial montón de arena de una obra. Ahora es el orgulloso padre de dos de mis sobrinos con unos curiosos nombres: Oier y Duende. Digo Duende porque del nombre en euskera no me acuerdo nunca. Creo que eso fue uno de los daños colaterales del golpe, lo del afán por los nombres raros y escribir calimocho con "tx",o sea, que olvidó para siempre la "ch" y ahora no puede escribir Christian Bayle sin que el resultado sea indescifrable.


Una de las razones de dedicarse a escribir es negarse a viajar toda la vida en ferrys desangelados y dibujar sobre el apunte del natural algunos pequeños recuerdos.

La Pequeña Manson y una de mis primas, Mamen, encontraron en casa de los abuelos uno de los diarios del abuelo hace ya unos cuantos años. El abuelo lo iba escribiendo todo, el nacimiento de los hijos, los sinsabores del servicio, las estrecheces del uniforme, las incautaciones de café (lo habéis adivinado mi abuelo era diplomático en el extranjero) y los detalles de la muerte de uno de los hermanos de mi padre cuando este era todavía un bebé. Después se hacía el silencio y la desgana y después la vida seguía dando pasos torpes. Recordar y olvidar, de eso se trata.

El infalible "Método Azcona": no tomes notas. Recordar lo importante y esperar a que lo superfluo se diluya y caiga en el olvido para que no entorpezca la narración. Si algo es bueno o malo o regular pero vale, lo acabarás recordando. Es entonces cuando puedes escribir algo decente sobre ti o sobre los demás no desde el punto interesado del que espera obviar lo que no le interesa (que no es el caso) si no con el propósito de poder hacer sitio en el disco duro para todo aquello que tiene importancia. Me dolería mucho que sólo me cupieran las malas experiencias y no tener sitio para acordarme de lo que realmente me ha hecho llegar hasta aquí y tener hueco para todo lo que me espera. Siempre tengo el temor de que si me acuerdo demasiado de las cosas que no importan es posible que no me acuerde de devolver favores o de portarme bien con quien se lo merece. Es domingo. Vuelta a empezar.

viernes, 23 de enero de 2009

Deliciosamente mamarrachos

Mamarracho: del término árabe muharrig que significa payaso o bufón y que se utiliza para definir a las personas mal vestidas o estrafalarias.


A mi cortísimo entender el blog de Onanismo Sánchez es una mirada irónico postmoderna del asunto de las tendencias si es que entendemos lo de irónico postmoderno como la asunción de que hay cosas que nos gustan y nos repelen a la vez que es la base de una forma de humor, el postmoderno, que se encuentra en el germen de Sarah Silverman (la amo, sin condiciones, no se pierdan su programa en Paramount Comedy los sábados y domingos a eso de las 00:00) o de Muchachada Nui (¿Cuando comienza? ¿Cuando, cuando? Fuentes bien informadas me dicen que se están haciendo sketches pero...).

¿Por qué he comenzado así este post? Porque se ha comido a Jordi Costa podréis pensar. Pues no, lo digo porque es verdad y porque gracias a Onanismo Sánchez me entero de cosas, de hecho si no fuera porque soy fan de Onanismo y de Borja Prieto no sabría ni quién es Kate Perry (que está muy bondi que diría mi gurú mediático) porque no estar en el Cuore me ha matado como modernesque y ya no estoy nada en la ola...



Elsa Pataky se ha ido a África con su novio, Adrien "nadie hizo más con menos" Brody, y asegura que "este viaje ha cambiado mi punto de vista sobre la vida". Maravilloso. Miren la estampa de Elsa, con ese pañuelo en la cabeza y el detalle african-tribal de las pulseras de madera mientras sostiene unos bonitos prismáticos, un aparato indispensable para ver más allá de tus narices. Deliciosamente tontico el detalle de vestirse de exploradora, bueno de la interpretación que hace Elsa de lo que es una exploradora del África profunda. No seamos ingenuos, me imagino que a los africanos que vieron a Elsa también les cambiaría el punto de vista sobre la vida. No hay más que verla.

Los europeos tenemos la obligación de disfrazarnos si vamos al África subsahariana o al África negra para que nos diferencien de las personas que allí habitan. Algunos optan como yo, por el look "reportero intrépido" mezclado con "cazador furtivo alcoholizado", y se pertrechan en el Decathlon y en el Coronel Tapioca de todo tipo de ropajes y otros, como Elsa, van un poco más allá y optan por darse un paseo por Serrano, llamar a la personal shopper de guardia y darse un toque tribal imponente porque vale que estás en la foresta pero, a ver, ¿Donde están los carteles que dicen que una/uno no pueden vestir de grandes diseñadores europeos? Iría más allá y diría lo siguiente: El look de Elsa está diciendo "no he traído sacos de arroz como Angelina porque sólo los hacen en blanco y azul Naciones Unidas que va mal con todo y porque es una ordinariez imitar a las actrices americanas pero, cuidado, aquí estoy yo para deciros que uno puede estar imponente, incluso radiante con cuatro cositas...lo que no está reñido ni con el hambre ni con la pobreza". Y eso es bonito...¿O que esperábais?

Estando por tierras africanas, en el mismo Dakar, después de un estúpido accidente que algún día relataré, la organización del evento me llevó a un hotel de Cinco estrellas para que cenara (habíamos ido allí buscando un médico que jamás se presentó y que nos estafó unos 40 dólares por una antitetánica que cobró antes de tiempo y que jamás me pusieron...al día siguiente ya en Madrid descubrí que la vacuna en una farmacia cualquiera costaba 1 euro...calculad lo que ganan algunos hijos de puta con las medicinas en dicho continente) y en la mesa de al lado pude escuchar a un gorrino de nacionalidad inglesa zampándose un pollo entero decir lo siguiente: "Dicen que estan mal pero, en realidad, los hoteles son cojonudos...pensé que el país estaría lleno de esos críos llenos de moscas y casi me lo pierdo".

Y es que desde los hoteles de cinco estrellas la prespectiva de la vida cambia mucho, ciertamente. Sólo por eso Elsa se ha ganado un puesto en nuestro corazón.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Corre, idiota, corre





No hay nada mejor en este mundo que desayunar un par de botellas de Protos y una selección de bollería importada, en Barbate a las 11 de la mañana después de un extenuante viaje de más de 14 horas que te ha llevado de Madrid a Puerto Lápice, para tener que volver a Madrid a cenar y recoger a un rezagado y enfilar de camino a Barbate donde te espera tu casera provisional con un montón de preguntas y las llaves del apartamento.


En honor a aquella mujer bautizamos aquél lugar como Hotel Rosario. El año pasado fuimos un poco menos cariñosos y decidimos que el lugar donde nos había tocado dormir era Abu Graib. Las camas de Abu Ghraib estaban repletas de los peluches más siniestros que se pueden ver en cualquier feria. Destacaba sobre toda aquella fealdad la de un mono despelujado y bizco que fue retratado en todas las posturas obscenas posibles, incluso, con una bolsa en la cabeza. Con alguien teníamos que pagar que los vecinos de abajo frieran sardinas a todas horas y escucharan a Andy&Lucas a toda hostia.


El Hotel Rosario era, en comparación, un paraíso equipado con una azotea de 100 metros cuadrados que nos ofrecía una inmejorable vista del impresionante skyline barbateño (atardeceres en rojo cervecita en mano) y un chill-out mañanero donde comentar la jugada antes de ir a dormir. Fue el último verano que anduve zascandileando con los sospechosos habituales. Fue un verano de huídas: Brasil-Madrid-Coria-Madrid-Barbate-Zahara-Chiclana-Madrid-Barcelona-Castelldefells-Madrid-Coria-Rosalejo-Mérida-Valencia-Barcelona-Madrid-Londres…


Cuando uno sólo atiende al capricho de una brújula desnortada huye, no viaja. Cuando no encuentras acomodo en ningún sitio y dos segundos antes de entrar por la puerta de casa quieres salir corriendo otra vez es que te has convertido en un fugado y no en un turista. Me lo dijo Jordi en la etapa catalana de mi viaje: “Vas buscando algo pero ni tú lo sabes”.

En el hotel Rosario fui feliz. Ahora siento haberme dado cuenta de no haberme dado cuenta del hecho de que todo aquello estaba tocando a su fin, sin duda hubiera intentado ponerle a la cosa de la despedida un poco más de énfasis, las peores despedidas son las que no crees que lo vayan a ser que te quedan así, como despreocupadas. Yo estaba huyendo en dirección contraria al grueso de la tropa que, discretamente, estaba levantando campamento para combatir en otros frentes abiertos mucho más realistas. Es posible que yo sólo tuviera una brújula rota y con eso me bastara pero las mochilas de los demás estaban cargadas de responsabilidades. No me di cuenta de que aquella fue la última bolsa de ropa, la última caja de cedés, el ultimo viaje a la costa, los últimos mojitos de chiringuito,las últimas intentonas por hacernos pasar por perroflautas en El Aborigen, las últimas noches en La Gata y La Luna, los chistes sobre Guarromán, las tardes de paso por Sevilla, las últimas raciones de atún encebollado, las últimas conversaciones sobre fútbol argentino, sobre pelis, sobre libros, sobre ligues.


No me di cuenta de que desconectaba o me ausentaba de las conversaciones que tuvieran algo que ver con el futuro, que abría otra botella de Protos (una caja entera que cayó) o me presentaba voluntario para acercarme a la nevera a por cerveza en cuanto alguien sugería un tema que tuviera que solucionarse en septiembre.



Seguí viajando todo ese verano, sólo y sin itinerario fijo. Vaciando maletas y rellenando ausencias, dejando tras de mí la estela de polvo de un Correcaminos paranóico que cree estar siendo perseguido eternamente por el Coyote, seguramente inexistente. Llegaba a los sitios y me sentía como Barton Fink, arrastrando un raro equipaje que me negaba a abandonar o a abrir por miedo a que tuviera demasiadas respuestas o demasiadas preguntas o qur fuera algo que simplemente no iba a poder resistir. Viví más de un mes de paso, alojándome en casa de otros buenos amigos a los que abandonaba al poco para irme a cualquier hotel donde podía meterme en esas sábanas cómodas que no huelen a nada, que no tienen recuerdos, donde dejas la habitación por la mañana y a tu regreso todo está intacto, impoluto y la vida puede volver a comenzar sin acordarte de qué narices hiciste la noche anterior. Donde nadie se interesaba por lo que arrastraba conmigo.


Una noche me encontré con una absoluta desconocida que me dijo que también estaba huyendo. Nos intercambiamos las cámaras digitales para ver nuestros itinerarios y sentí la necesidad imperiosa de volver a casa. Hice la maleta de nuevo y regresé sin decir nada. Descubrí que las casas y las vidas de las que los ocupan no son como las de los hoteles y sus inquilinos, que todo estaba tan descuidado como cuando lo dejé. Simplemente me puse a limpiar y a deshacer, por fin, el equipaje.

El Hotel Rosario es el Hotel California por el que pulularán siempre los fantasmas de mi pandilla entonando a media voz la dichosa canción de Ruibal y los atunes, de aquellos con los que una vez compartí choza y lanza, de la tribu, de los hermanos, de la Secta, de la tripulación de la Cocreta, de los primeros en llegar y los últimos en irse, de los Marines del Bar, de la Cofradía de La Vaquilla, de los chorros y los tangueros, de la lírica que espanta a las mujeres, de las discusiones River-Boca y del eterno dilema de saber qué coño lleva la gente dentro de su maleta.