II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Paco de Lucía: la vida, el flamenco y sus dos manos.
II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Desconexiones y payasos
sábado, 15 de agosto de 2009
Echar un clavo

miércoles, 29 de julio de 2009
Insustanciales por el mundo...
Semejante misión de paz, que servirá sin duda para asombrar a los amos del mundo aunque sólo sea en nuestra capacidad para trasegar cervezas, ha tenido su colofón recientemente cuando ambos se encontraron con el actor Craig Philybin, que interpreta a Daryl, el jefe de almacén de Dunder Mifflin en la serie The Office (USA) en un garito del French Quarter de New Orleans.
lunes, 27 de julio de 2009
El (milagroso) helado de Rafael

Comentó que fue un regalo de la familia Rummsey, un norteamericano amigo del Duque de Alba entusiasmado con la Historia de España y estudioso de la conquista del Perú y su esposa ambos bastante ricos, el peso exacto (6500 kilos) y el destino último de la estatua gemela que también pagaron los Rummsey y que el Ayuntamiento de Lima había retirado del centro de la ciudad para colocarla en un parque más recoleto donde seguía recibiendo las mismas muestras de cariño en forma de pedradas, pintadas y bombas de pintura que en el pasado. Luego pegó un garrotazo en el suelo que ahuyentó a las palomas y despertó a algunos vecinos que estarían echando la siesta y dijo: “Las junturas de los adoquines de esta plaza están pringados de sangre india”. En el pasado Rafael había sido muy crítico con los fastos del Quinto Centenario del descubrimiento de América y había escrito algunos artículos francamente combativos contra dichas celebraciones en las que dejaba bastante claro que dicha fecha debería de haber sido aprovechada por parte de Occidente para elevar una queja (y a ser posible una restitución) de los atropellos de la conquista que incluían matanzas y atropellos de toda índole desde Usuahia hasta Alaska.
La conversación giró entonces a los escritores hispanoamericanos que Rafael dividía entre los que habían explotado la herencia criolla y los que, directamente y con el tiempo, habían decidido acercarse a Europa o creerse directamente europeos señalando a algunos de ellos pro salvando a muy pocos. No solía estar Rafael tan parlanchín pero algo, seguramente la presencia de otro gran escritor catalán entre nosotros, le lanzó a una de esas peleas contra la historia (peleas que no se podrán ganar hasta que no podamos enderezar las líneas del espacio-tiempo con la invención de una máquina del tiempo) en la que iba desmenuzando mitos. Luego vino el camarero y Rafael pidió una copa de helado con tres bolas con ración extra de sirope. “Azucar, no debería, pero bueno, qué mas da”. Habíamos estado viajando por una ruta poco conocida de Extremadura que nos había llevado hasta el arco del Templo de Diana, rescatado de la inundación del pantano cercano que ahogó el pueblo de Talaverilla y que fue la única pieza indultada (junto a unos cuadros de El Greco) de un espectacular conjunto artístico que duerme debajo de las aguas, y luego hasta la Encina Terrona de Zarza de Montánchez considerada como la más grande del mundo y mucho más tarde, ya casi para comer, al mirador del Parque Natural de Monfragüe donde el escritor catalán, Rafael y yo nos quedamos charlando y donde Rafael nos enseñó un pequeño cuaderno guardado en el bolsillo de su chaqueta donde con letra prieta iba escribiendo términos perdidos. Los llamó así.
El caso es que la charla se dirigía indefectiblemente hacia un único tema: el desánimo. Participaba yo de la amargura de Rafael por otras razones que no eran las puramente intelectuales. Normalmente eludo las conversaciones amargas que no llevan a ninguna parte pero acababa de perder mi trabajo y estaba KO después de una temporada en la que me había dedicado a darme de puñetazos con todo el mundo y, bueno, en esa situación sueles dejarte llevar y compartir el punto de vista más radicalmente negativo…en esas andaba, despellejando a Tirios y Troyanos, cuando el camarero se acercó hasta la mesa y repartió las consumiciones. Estaba la cosa en su punto álgido y ya había saltado hacia la molesta, pretenciosa y falsa (¡Sobre todo falsa!) asunción por parte de la intelectualidad occidental más cursi de la cultura oriental cuando Rafael hundió con furia la cucharilla sobre las bolas de helado y la sacó de las entrañas de la golosina arrastrando una generosa porción de Stracciatella bañada en sirope hacia su boca para luego como un Saturno que devora a sus hijos meterla en su boca. Y pasó el milagro.
Rafael borró de su cara el gesto adusto, echó la cabeza unos milímetros hacia atrás, dibujó una pequeña sonrisa y saboreó el helado. Luego devolvió su cráneo a la posición normal y se quedó durante unos segundos mirando hacia la estatua de Pizarro. Después comenzó a hablar y dijo: “Mi padre no era muy hablador, pero a mi me encantaba pasear a su lado, paseos largos por Recoletos para terminar sentándonos en cualquier kiosco cercano al Museo del Prado, en verano se podía tomar horchata o agua de cebada”.
Y después de la ensoñación se lanzó sobre su copa de helado y desapareció su humor de perros y comenzó a hablar de que a lo mejor había tiempo para visitar algún sitio cercano a nuestro destino que fuera de interés y después estuvo de un fantástico humor durante toda la tarde.
Después de asistir a aquel milagro del helado saqué la conclusión de que la vida, normalmente, te depara momentos asquerosos y conversaciones hoscas pero que, de cuando en cuando, también existe la posibilidad de disfrutar de una buena película, de un mejor libro, de una gran canción, de un buen chiste, de una gran historia, de una raja de sandía, de una cerveza helada, de un cocido, de un whiskazo en condiciones o de un helado de tres bolas con una ración extra de sirope y que el truco consiste en pasar lo mejor posible los malos momentos y agarrar con fuerza los instantes en los que podemos sentirnos un poco mejor para extenderlos y disfrutarlos el máximo tiempo posible porque uno no sabe nunca cuando nos van a volver a cortar la digestión. Lo dicho: disfruten.
viernes, 10 de julio de 2009
Presagios bíblicos

sábado, 2 de mayo de 2009
Yo solo bailo temazos
Videoclip no oficial de Bigott, un tipo de Zaragoza que está francamente loco pero que suena de maravilla. Esta canción se llama Trois J´taime y está incluída en su último largo titulado "FIN". Sobre la pista me han puesto mis primos los zaragozanos que, desde que fueron los primeros en ponernos en la pista de Héroes del Silencio (incluso creo que antes...ya que hablaban de Sidharta que fue el primer grupo de Bunbury) no nos han dejado de sorprender...ingratamente como en el caso de "Los niños del Brasil" pero, normalmente, siempre bastante bien. Y estos otros señores...
Se llaman Instituto Mexicano del Sonido (IMS) y son la caña de España...bueno de Mexico D.F., al parecer ya son más famosos que la leche pero, bueno, yo los he descubierto esta semana y me han quedado flipando colorines y dentro de poco serán incluídos dentro del imprescindible tracklist que me acompaña a todas partes.
Con estas dos recomendaciones ya podréis apagar un poco el eco del partido de esta noche para el que hago un vaticinio: Perderán los que jueguen peor y ganarán los que marquen más goles. Un análisis con el que se han forjado muchas carreras brillantes dentro del periodismo deportivo. Eso sí, con la música, ganamos todos...
jueves, 30 de abril de 2009
Recomendaciones a la orilla del mar


-Estoy leyendo "vicios ancestrales" de Tom Sharpe, no es lo que se dice una novedad pero es tan buena, por lo menos, como "El bastardo recalcitrante". Es uno de mis escritores favoritos y me temo que su aura de best seller no le ha ganado las simpatías de la crítica pero a mi me hace reir con todos esos chistes de señoritos ingleses completamente desquiciados...¿Alguien puede decirme por qué seguimos opinando mejor sobre el drama que sobre la comedia? 
Lo siento pero tengo un déficit enorme con la música en catalán y ninguno de los grupos más famosos (Sopa de Cabra, Els Pets, Saü...) y no porque cantaran en catalán (con la cantidad de música que consumo en italiano, francés, italiano, inglés o español...) si no porque nada me había parecido excesivamente interesante hasta este solista o al grupo pop mencionado. De hecho el gran Silvio Fernández, ese rockero sevillano tan grande, nos demostró hace años que se puede cantar en cualquier idioma, incluso en una mezcla portuaria de italiano y español y quedar elegante y pintón como en este temazo que se titula "La Ragazza del elevatore"...
Silvio es uno de los descubrimientos viejunos de este año...y no digais que es un "FREAK" porque esa es una palabra que sólo puede decirse entre iguales del mismo modo que "Nigger" solo puede ser utilizada " de noir a noir".
Finalizado el episodio de hipocondria (volví de la reunión con Grom, Edu Galán y Fran Nixon con una especie de cepa de gripe porcina que he arrastrado hasta aquí pero todo bien porque al final no me estaba muriendo)) he asentado mis reales de nuevo en el Mediterráneo a la espera de vientos propicios que no tardarán en comenzar a soplar. Mientras tanto solo puedo hacer una reflexión: prometí no hablar de mi mismo cuando comencé a escribir este blog pero, a estas alturas, todo el mundo sabe que soy de esa clase de personas que se traicionan contínuamente así mismos. Disfrutad.
martes, 14 de abril de 2009
Dharma postvacacional

En el camino del Dharma casero me ha nacido una sobrina. Se llama Laura y me la presentaron hace seis días. Es una niña pequeña y silenciosa que es clavado a mi primo Miguel, sorprendentemente es un bebé que no quiere ser zarandeado y que se cabrea si no lo devuelves pronto a la silla. Me imagino que formará parte de la rama familiar de "No me toques las pelotas". Una niña fantástica además que se ríe de todo...y que pota cantidad, con elegancia de marquesita y ferocidad punk. No se, es un encanto, como sus papás.
Para nuestro gozo se ha estrenado "Control" (Anton Corbjin, 2007). Con dos años de retraso. La recomiendo mucho porque es una biografía honesta sobre Ian curtis el cantante de Joy Division, aterradora, intensa, muy bien dirigida y muy bien rodada. No me extraña porque su director es, además, un gran fotógrafo. Los que no la hayan visto deberían de correr en pos de una sala donde se proyecte aunque sólo sea por disfrutar de su espectacular banda sonora (Pistols, Bowie, Joy Division, Siouxie and the Banshees etc.) y por descubrir a uno de los grupos de menor trayectoria y, sin embargo, más importantes de los años 70-80.
martes, 31 de marzo de 2009
Valencia/teléfonos duados

lunes, 30 de marzo de 2009
Valencia/Nocturno

domingo, 8 de febrero de 2009
Recordar y olvidar

viernes, 23 de enero de 2009
Deliciosamente mamarrachos

Elsa Pataky se ha ido a África con su novio, Adrien "nadie hizo más con menos" Brody, y asegura que "este viaje ha cambiado mi punto de vista sobre la vida". Maravilloso. Miren la estampa de Elsa, con ese pañuelo en la cabeza y el detalle african-tribal de las pulseras de madera mientras sostiene unos bonitos prismáticos, un aparato indispensable para ver más allá de tus narices. Deliciosamente tontico el detalle de vestirse de exploradora, bueno de la interpretación que hace Elsa de lo que es una exploradora del África profunda. No seamos ingenuos, me imagino que a los africanos que vieron a Elsa también les cambiaría el punto de vista sobre la vida. No hay más que verla.
Los europeos tenemos la obligación de disfrazarnos si vamos al África subsahariana o al África negra para que nos diferencien de las personas que allí habitan. Algunos optan como yo, por el look "reportero intrépido" mezclado con "cazador furtivo alcoholizado", y se pertrechan en el Decathlon y en el Coronel Tapioca de todo tipo de ropajes y otros, como Elsa, van un poco más allá y optan por darse un paseo por Serrano, llamar a la personal shopper de guardia y darse un toque tribal imponente porque vale que estás en la foresta pero, a ver, ¿Donde están los carteles que dicen que una/uno no pueden vestir de grandes diseñadores europeos? Iría más allá y diría lo siguiente: El look de Elsa está diciendo "no he traído sacos de arroz como Angelina porque sólo los hacen en blanco y azul Naciones Unidas que va mal con todo y porque es una ordinariez imitar a las actrices americanas pero, cuidado, aquí estoy yo para deciros que uno puede estar imponente, incluso radiante con cuatro cositas...lo que no está reñido ni con el hambre ni con la pobreza". Y eso es bonito...¿O que esperábais?
Estando por tierras africanas, en el mismo Dakar, después de un estúpido accidente que algún día relataré, la organización del evento me llevó a un hotel de Cinco estrellas para que cenara (habíamos ido allí buscando un médico que jamás se presentó y que nos estafó unos 40 dólares por una antitetánica que cobró antes de tiempo y que jamás me pusieron...al día siguiente ya en Madrid descubrí que la vacuna en una farmacia cualquiera costaba 1 euro...calculad lo que ganan algunos hijos de puta con las medicinas en dicho continente) y en la mesa de al lado pude escuchar a un gorrino de nacionalidad inglesa zampándose un pollo entero decir lo siguiente: "Dicen que estan mal pero, en realidad, los hoteles son cojonudos...pensé que el país estaría lleno de esos críos llenos de moscas y casi me lo pierdo".
Y es que desde los hoteles de cinco estrellas la prespectiva de la vida cambia mucho, ciertamente. Sólo por eso Elsa se ha ganado un puesto en nuestro corazón.
domingo, 16 de noviembre de 2008
Corre, idiota, corre

En honor a aquella mujer bautizamos aquél lugar como Hotel Rosario. El año pasado fuimos un poco menos cariñosos y decidimos que el lugar donde nos había tocado dormir era Abu Graib. Las camas de Abu Ghraib estaban repletas de los peluches más siniestros que se pueden ver en cualquier feria. Destacaba sobre toda aquella fealdad la de un mono despelujado y bizco que fue retratado en todas las posturas obscenas posibles, incluso, con una bolsa en la cabeza. Con alguien teníamos que pagar que los vecinos de abajo frieran sardinas a todas horas y escucharan a Andy&Lucas a toda hostia.
El Hotel Rosario era, en comparación, un paraíso equipado con una azotea de 100 metros cuadrados que nos ofrecía una inmejorable vista del impresionante skyline barbateño (atardeceres en rojo cervecita en mano) y un chill-out mañanero donde comentar la jugada antes de ir a dormir. Fue el último verano que anduve zascandileando con los sospechosos habituales. Fue un verano de huídas: Brasil-Madrid-Coria-Madrid-Barbate-Zahara-Chiclana-Madrid-Barcelona-Castelldefells-Madrid-Coria-Rosalejo-Mérida-Valencia-Barcelona-Madrid-Londres…
Cuando uno sólo atiende al capricho de una brújula desnortada huye, no viaja. Cuando no encuentras acomodo en ningún sitio y dos segundos antes de entrar por la puerta de casa quieres salir corriendo otra vez es que te has convertido en un fugado y no en un turista. Me lo dijo Jordi en la etapa catalana de mi viaje: “Vas buscando algo pero ni tú lo sabes”.
En el hotel Rosario fui feliz. Ahora siento haberme dado cuenta de no haberme dado cuenta del hecho de que todo aquello estaba tocando a su fin, sin duda hubiera intentado ponerle a la cosa de la despedida un poco más de énfasis, las peores despedidas son las que no crees que lo vayan a ser que te quedan así, como despreocupadas. Yo estaba huyendo en dirección contraria al grueso de la tropa que, discretamente, estaba levantando campamento para combatir en otros frentes abiertos mucho más realistas. Es posible que yo sólo tuviera una brújula rota y con eso me bastara pero las mochilas de los demás estaban cargadas de responsabilidades. No me di cuenta de que aquella fue la última bolsa de ropa, la última caja de cedés, el ultimo viaje a la costa, los últimos mojitos de chiringuito,las últimas intentonas por hacernos pasar por perroflautas en El Aborigen, las últimas noches en La Gata y La Luna, los chistes sobre Guarromán, las tardes de paso por Sevilla, las últimas raciones de atún encebollado, las últimas conversaciones sobre fútbol argentino, sobre pelis, sobre libros, sobre ligues.

El Hotel Rosario es el Hotel California por el que pulularán siempre los fantasmas de mi pandilla entonando a media voz la dichosa canción de Ruibal y los atunes, de aquellos con los que una vez compartí choza y lanza, de la tribu, de los hermanos, de la Secta, de la tripulación de la Cocreta, de los primeros en llegar y los últimos en irse, de los Marines del Bar, de la Cofradía de La Vaquilla, de los chorros y los tangueros, de la lírica que espanta a las mujeres, de las discusiones River-Boca y del eterno dilema de saber qué coño lleva la gente dentro de su maleta.
