miércoles, 18 de noviembre de 2009

Mad about you (Hooverphonics)




Cuando trabajaba para Disney Channel esta canción formaba parte de la programación-carrusel de una cadena de vídeos musicales que teníamos siempre puesta. Una buena canción con un vídeo rarito que cuenta la historia de amor entre una chica y una planta de interior. Cosas más raras se han visto.

PD: Disculpen la sucinta entrada y stay tuned!!!!!!!!

miércoles, 11 de noviembre de 2009

There is a light that never goes out


Siempre quise tener este disco de The Smiths, titulado "Best...", completo pero sólo conseguí el segundo volumen que tenía como portada al chico. Ni siquiera me gustaban demasiado "The Smiths" pero me encantaba la foto porque, el tipo de la portada, representaba todo lo que yo quería ser de adolescente: tenía un estupendo tupé, una barba guay y llevaba unos tatuajes patibularios que daban miedo...

Cuando yo era adolescente los tatuajes daban miedo porque sólo los llevaban los padres de mis colegas que habían estado en la Legión...como el chandal abierto sin camiseta y los anillos de oro.

El tipo de la portada del disco representaba, ya me olía yo, a lo que no sería jamás: el guaperas que se las lleva de calle, tan seguro de sí mismo, que no tiene inconveniente en estar sin camiseta en un lugar público. Además tenía novia, una novia guapa que bebía cerveza y fumaba un cigarrillo con indiferencia y tenía esa actitud de "no me importa" pero, en realidad, tiene su codo pegado con el del tipo guaperas para que todas las chicas sepan que estan juntos. El es tan guay que no le está preguntando "¿Estás bien?" cada dos por tres y mira hacia el escaparate de la fachada con indiferencia, como el que mira a los peces en un acuario porque, pensaba yo y no estaba tan desencaminado, que puede pasar la Revolución Bolchevique por delante de tus narices que tu puedes mantenerte tranquilo si a tu lado una chica fuma y bebe mientras se hace la interesante.

Encontré los discos en Galerías Preciados, en la tienda que tenían en el Centro Comercial La Vaguada. Por esos días Galerías Preciados había sido definitivamente comprada por El Corte Inglés y, su nueva dirección, iba a deshacerse de todo lo que hubiera en las tiendas. También de su tienda de discos. Después del instituto me acerqué por allí para olisquear algo que llevarme a la boca. El lugar tenía la pinta desangelada que tienen los Supermercados DIA a diario pero con un poco más de fuste. Grupos de señoras subían y bajaban hiperexcitadas las escaleras mecánicas llevando consigo todo tipo de cosas:alfombras, cubos, trajes de todo tipo, bolsas llenas de bragas. En los saqueos, los legales y los ilegales, siempre se produce esa sensación de algarabía, desorden y se repiten las escenas de gente arrastrando cosas absurdas hacia alguna parte.

Cuando me quise dar cuenta yo ya pertenecía a la masa y arrastraba conmigo unas camisetas surferas muy raras que habían estado de moda tres años antes y que tenían dibujos en la espalda (ahora serían lo más), una bolsa llena de libros (ahí descubrí a Chester Himes) y dos juegos de ordenador que venían con la película en la que estaban inspirados de regalo: "Wayne´s world" y "La mitad Oscura".

Cuando quise llegar a los discos la mayoría de los buenos habían desaparecido. A duras penas, y rebuscando debajo de vinilos de Zarzuela (siempre he creído que alguno de los dependientes los había escondido allí), encontré el "Hell´s Bells" de AC/DC, "Steel Wheels" de The Rolling Stones y el primer disco de Los Coyotes. En otro montón encontré dos discos de sendas bandas rockeras: Montana y 56 hamburguesas. Allá un disco de Johnny Juerga y los que remontan el Pisuerga (luego me he enterado de que mi amigo Iñaki, de la revista QUO, fue el bajista) y en uno de los expositores me di de bruces con la portada del disco de The Smiths. Seguí buscando con el dedo y encontré el volumen I. Ya tenía al tío guay y a su novia. Comprobé que llevaba el dinero en el bolsillo y me dirigí hacia la caja.

Pero he aquí que el destino cambió completamente. Una chica, de más o menos mi edad, me obstaculizaba el paso entre grandes resuellos. "Espera, espera" Me dijo. Me sonrojé. La cercanía de una chica respirando a esa velocidad, hinchando y deshinchando el pecho, me hizo sonrojarme. Siempre he tenido la sensación de ser un sátiro. El caso es que la rubia, un poco rubia nada más, levantó la mano como pidiendo tiempo y volvió a hablar: "¿Te vas a llevar ese disco de los Smith?". "Pues sí" dije. Lo dije en guardia, porque J, mi tío, el hombre que más veces había fracasado y triunfado con las mujeres que yo supiera, ya me había prevenido de las "mujeres que te enredan". "Que mierda, tío, es que vivo aquí cerca, lo he visto, no tenía dinero he ido a casa a por pelas y he vuelto y...jo..." dijo muy triste. "Ya, pero es que...". "No, no, ya, lo entiendo, no pasa nada. Es un disco guay. ¿Eres fan de los Smiths, no?". "Un poco" dije. "Con el tupé y tal te pareces al tío de la foto, tienes ese aire, los rockers me....digo... molan". Pese a que J me había prevenido aquellos halagos me sonaron a gloria y me imagino que me saldría algún ademán torpe.

Entonces quise mantenerme fuerte y decir: "Pues nada, busca en el Discoplay de la planta de arriba" pero algo me traicionó cuando me dijo como de pasada: "Se que no está pero si me ayudas a buscar un poco...a lo mejor tenemos suerte...¿Puedes?".

No me pareció mal rebuscar entre los discos. "A lo mejor encuentras algo que te gusta más" dije. "Tienes pinta de saber mogollón de música" dijo "A lo mejor me ayudas a encontrarme algo". Y, claro, estuve hablando de música hasta que ella me pregunto: "¿No llevas nada para tu novia?". Y yo le dije que carecía, en ese momento, de ligazón sentimental alguna y, qué cosas, noté como que se alegraba porque ella dijo "ya, tío, yo tampoco tengo novio...mi ex era un cabrón...es que solo me gustan los cabrones".

Me consideraba un especialista en caerle bien a las chicas que les gustan los cabrones o sea, que por mi, perfecto. Parecía que la conocía de toda la vida. E, incluso, me dijo su nombre.

Terminada la búsqueda comenté que "mala suerte" pero que si quería podía acompañarla a unas tiendas de discos del centro que conocía. Me dijo que vale, que guay y yo venga, guay, vamos. Y entonces me dijo: "Es que tengo que estudiar...pero podemos ir mañana si quieres...". Y entonces pensé que, de algún modo absurdo, había tenido suerte. "A la chica le gustan los cabrones pero, a lo mejor, quiere cambiar" pensé.

Pagué los discos y salimos al pasillo central haciendo planes. Ella quería ir con una amiga y yo le dije que iría con un amigo. Yo quería ir después al King Creole y ella dijo que sólamente hasta las 10. Y le dije que si quería, que si tenía miedo, podía acompañarla a casa y me dijo que sí, que no había problema.

La cosa marchaba sobre ruedas y le dije que si le apetecía tomar algo. Dijo que su lugar preferido era una heladería que vendía batido de plátano al lado de un tiovivo enano de la tercera planta. Fuimos hasta allí y ella bebió su batido grande y yo me bebí una coca-cola con mucho hielo y nos fumamos dos cigarrillos arrugados que quedaban dentro de su paquete de Fortuna. Hablamos del BUP, de las vacaciones, mentimos sobre lo mayores que nos sentíamos, exageramos lo maduros que éramos y, sobre todo, nos mostramos el uno al otro con esa pose inequívoca de la adolescencia que representa la falsedad del hastío. Al final de la conversación las pijas como ella no eran tan pijas, los rockeros no eran tan macarras, la música era lo mejor, los viejos lo peor, los 40 una horterada y ambos soñábamos con viajar algún día a Nueva York.

En esa profundidad filosófica estábamos cuando me pidió que le dejara echar un vistazo a los discos. Se prendó de nuevo del volumen I del disco de The Smiths y se quedó mirando fíjamente a la chica de la portada que bebía cerveza y fumaba. "Este disco es la leche...¿Me lo prestas?". No me dio tiempo a contestar. "Como nos vemos mañana me lo grabo en cinta y te lo devuelvo".

No dude y le dije "vale". Éramos amigos ¿No? Ambos pensábamos que los 40 eran una horterada ¿No? Ibamos a ir al día siguiente al King Creole ¿No?

Me lo agradeció mucho y me dio dos besos en la mejilla. Me dio su teléfono que apunté en una de los separadores de la carpeta junto a una foto de The Doors y ella apuntó el mío en una servilleta. "De todas maneras mejor quedamos" Dijo. "¿En la puerta del metro de Sol a las 18:00?". A mi todo me pareció bien. "Si no puedes venir o lo que sea me llamas". Le dije. "No te preocupes, pero iré porque tengo que devolverte el disco...y acuérdate de traerte a tu amigo que yo iré con una amiga".

Al día siguiente, como un clavo, me planté en la Puerta del metro de Sol. Pero no apareció. A las 19:00 horas llamé a mi casa para saber si había llamado pero me dijeron que no y a las 19:10 saqué el teléfono que me había llevado apuntado en un trozo de cartón y desde una cabina llamé. Nadie cogió el teléfono.

Durante años me he hecho muchas preguntas sobre esa anécdota: Si cuando me vio ya sabía que me iba a levantar el disco y estuvo orquestando todo tipo de historietas para sacármelo por saber que yo era un pringado (disco+batido de plátano), si su primera intención fue devolvérmelo pero, luego, cuando se vio en posesión del mismo decidió que no lo compartiría. También he pensado muchas veces que le ocurrió algo esa tarde y que no pudo llegar a tiempo. Que sus padres no le dejaron salir de casa porque tenía que estudiar (¡Dijo que tenía que estudiar!) y que intentó llamarme pero había perdido mi número o, incluso, que había perdido mi número y sin querer me dio el suyo mal...No se, a lo mejor nos hemos vuelto a cruzar ya más mayores y no nos hemos dado cuenta o ella sí y ha salido pitando. Tenía un nombre vulgar, vivía en un barrio normal...sólo se que le gustaban mucho (imposible cuantificar cuanto) The Smiths y que (es posible) hizo todo lo posible para tener ese disco en su colección...

Podría haber bautizado esta entrada como "Hay por hay una zorra que tiene mi disco de The Smiths" pero, ya lo he dicho por ahí, nunca he sido el típico tío duro que no se inmuta ni aunque la Revolución Bolchevique pase por delante de sus narices.

PD: "There is a light that never goes out" es una de las canciones incluídas en el Volumen II de Best... y originalmente fue publicada en el disco "The Queen is dead".



PD2: Mikel Erentxun grabó esta versión y rodó este extraño video clip ante la pasividad de la autoridad competente...


lunes, 9 de noviembre de 2009

Proust y bofetones


Nunca pensé que afirmaría que algo en lo que saliera Jean Claude Van Damme me parecería bueno pero JCVD (2008, Mabrouk El Bechri), esa rara película de acción que bebe de Funny Games (1997, Michael Haneke) y Tarde de perros (Sidney Lumet, 1975), me parece sublime. La he visto este fin de semana de nuevo y me ha parecido incluso mejor que cuando la vi el año pasado.  

La cosa va de lo siguiente: un grupo de atracadores secuestra a un grupo de personas que están en una oficina de correos y hace creer a los policías del exterior que es Jean Claude Van Damme (que también está secuestrado) el que está llevando a cabo el delito.

La película de El Bechri me ha recordado a un puzzle para niños que Chicho Sánchez Ferlosio había inventado y que intentó vender sin éxito: se trataba de un puzzle que siempre podías hacer. Colocaras las piezas como las colocaras siempre acababas terminando la figura. Quería demostrar que lo interesante era entretenerse, el viaje, y que el fin, más o menos, daba bastante igual porque no era más que el comienzo de un nuevo viaje.

JCVD es un poco así: contando con todas las piezas de una película de acción puedes conseguir que el resultado final sea sorprendente y que, en el camino, mientras vas narrando una cosa resulte que también estás contando otra. Esta técnica bien podría llamarse: Proust y bofetones.

Lo más curioso es que tienes la sensación de que, con el tiempo, Van Damme ha hecho algo inevitable: ha aprendido a actuar de manera solvente.

Por suerte actuar no es lo mismo que operar a corazón abierto y te puedes permitir toda una vida de actos sonrojantes para encaminar el otoño de tu carrera con elegancia, no olvidemos que Clint Eastwood fue un actor bastante flojo antes de descubrirse como un fantástico intérprete y director.

Y si no me creen detengámonos por un momento en la figura del director de "Rocky": el muy poco valorado John G. Avildsen. ¿No les suena? Pues rodó "The Karate Kid" (1984). Seguramente nadie se atrevería a hacer ahora una película para adolescentes con esos mimbres y sin que salieran vampiros o gente que se pone a bailar sin ton ni son. Les cuento: iba de un chaval muy pobre y pringado que se matriculaba en un instituto bastante pijo. Vivía con su madre en un apartamento bastante cutre que les alquilaba un japonés huraño llamado "Señor Miyagi" (¿Cuanto tiempo vamos a aguantar sin que nadie tenga un grupo llamado así?). El caso es que el muchacho se enamoraba de una pija que había dejado recientemente una relación con un matón y este le soba el lomo al muchacho hasta que el casero le enseña a hacer karate y le descubre el secreto del golpe de "la grulla".

Enfrentamiento social, acoso escolar, lucha de clases y, lo que es peor, un Señor Miyagi contando como su familia palmó en uno de los campos de concentración de Encino (California) donde el gobierno norteamericano recluyó a los japoneses residentes en los USA eran algunas de las cosas con las que trabajaba Avildsen para montar una película teóricamente para chiquillos pero que tenía una interesante carga por detrás y que, albricias, no mostraba ni vampiros (incluso "Jovenes ocultos" es mejor que cualquier mierda actual), ni gente bailando (que aprenda la juventud de películas como "Beat Street", y "Electric Boogaloo" -y su secuela- donde salían Turbina y Ozono). Proust y bofetones con sabor juvenil.

Me he quedado con ganas este fin de semana de ir a ver "Celda 211" (2009, Daniel Monzón) aunque, lo reconozco, su director nunca me ha dado demasiadas alegrías pero como decía por ahí si Van Damme ha conseguido aprender es muy posible que, tras todos los fiascos anteriores, Monzón también lo haya hecho.

sábado, 7 de noviembre de 2009

La "mejor peor" película española

Hace años conocí a Paul Naschy. Estaba trabajando para una gente que quería levantar una película (que luego se llevó a cabo aunque no se parecía mucho a aquel primer proyecto) y en ella había un pequeño papel para que el actor cántabro, que andaba todavía mosqueado por el   fiasco de "Licántropo" (1996, Francisco Sánchez Gordillo) que siempre pensó que sería su vuelta triunfal a la primera línea del cine español y promocionando su autobiografía titulada "Paul Naschy: Memorias de un hombre lobo", hiciera un cameo.

Nos recibió en un despacho atestado de papeles e iluminado por uno de esos flexos antiguos de oficinistas que, aseguró, había sido el que le había alumbrado aquella noche de truenos y rayos en la que había escrito el guión de "Las noches del hombre lobo" (René Govar, 1968).

Naschy cuenta como creó al Conde Waldemar Daninsky, su personaje estrella, el temible y seducto licántropo, con una mezcla de lirismo gótico (ríete tú del rollo EMO) y costumbrismo entrañable...las malas lenguas aseguran que llegó a hacer de Hombre Lobo porque estaba cuadrado como un armario ropero (fue campeón de halterofilia) y era el único loco capaz de meterse en un traje que pesaba 14 o 15 kilos pero yo prefiero la historia de Don Paul. Igualmente nos habló de la "introspección dramática" que necesitaba para preparar el personaje, de los movimientos de las manos, de los detalles, de los tintes dramáticos del mismo...las malas lenguas dicen que desaparecía detrás de un sofá y aparecía vestido de hombre lobo pero yo prefiero el testimonio de Don Paul.


En la conversación hablamos mucho del Hombre Lobo y de una película que yo había visto hacía pocas fechas titulada "La furia del Hombre Lobo" (1972, José María Zabalza). Muy secamente cortó mi charla y me dijo que no estaba dispuesto a comentar nada de semejante cinta que siempre le pareció un error dentro de su filmografía. Un horror de rodaje, un horror de guión y, sin duda, una mala elección para llevar con él el personaje de Waldemar Daninsky.

Efectivamente la película era mala, pero la verdad, es que pertenecía a esa categoría de las "mejores peores" películas del cine español.

Unas fechas después, traté poco a Naschy pero supe que jamás olvidaba ninguna conversación que girara alrededor de su filmografía, me comentó que la "puñetera película" había sido destrozada por su director, José María Zabalza, al parecer un descontrolado señor que se presentaba puntualmente borracho al rodaje y que no era difícil ver miccionando por las esquinas del decorado.

Aquello me pareció una exageración y rápidamente pensé que, bueno, siendo Naschy un deportista abstemio que se ha caracterizado por llevar una vida sana cualquier pequeño exceso con el alcohol o las drogas le supondría un problema.

Poco tiempo después fui descubriendo nuevas películas de José María Zabalza gracias a un canal ofertado dentro de Canal Satélite digital llamado "Cine 600" y especializado en cine español de los años 60 y 70 y me di cuenta de que tenía frente a mis ojos a un director que, perfectamente, podría competir con Ed Wood en eso de ser considerado el peor director del mundo.

En aquellos tiempos vi "Homicidios en Chicago" y "El regreso de Al Capone" ambas de 1969 y ambas tan parecidas que me parece casi imposible recordar en cual de las dos vi esta escena:

Un mafioso sale de la cárcel y se encuentra con otros dos mafiosos. Lo montan en su coche y le informan de que tienen que llevarle a Chicago a ver al Don. Este les pregunta: "¿A qué distancia estamos de Chicago?". Uno de ellos, cuando ya están dentro del vehículo y vemos que las afueras de Chicago se parecen un montón a la Casa de Campo de Madrid, le dice "muy cerca". El coche se aleja y nos quedamos en un cartel de madera donde pone: "A Chicago, 30 kilómetros".

Zabalza, como haría Corman muchas veces, reutilizaba muchas escenas de otras películas suyas para rellenar material amén de aprovechar a diferentes actores cambiándoles la ropa y estos descubrían que aparecían en diferentes películas (con el nombre y el texto cambiado gracias al doblaje) con el nombre cambiado. Ni que decir tiene que la malísima elección de localizaciones histórica de Madrid no ayudaban a creerse que aquello fuera Chicago.

Preguntando por aquí y por allá descubrí que Zabalza había nacido en el País Vasco y que, desde su juventud, había querido ser un director de género, un director serio que aspiraba a rodar películas parecidas a las americanas de mayor presupuesto. Su absoluta falta de talento y una tendencia a la nocturnidad, la alevosía y el alcoholismo -ahorraré detalles pero el tipo era un desastre- no fueron óbice para que rodara 20 películas como director, hiciera sus pinitos en el teatro y sobreviviera en el negocio hasta la mitad de los años 80. Falleció en 1985.

Durante todos esos años hizo pelis de gangsters, de terror, se atrevió con el costumbrismo cuando tocó e intentó incluso dar su particularísima visión sobre el mundo de la bohemia o hacerse un hueco como documentalista con el cortometraje "Día de la patria vasca" (1978).


Ya casi en las últimas,personal y económicamente, allá por 1983 dirigió seguramente su película más psicotrónica titulada "Al oeste del Río Grande", un western. Sí, Zabalza rodó una película del Oeste cuando ya nadie hacía películas del Oeste y el euro western y el spaghetti western habían desaparecido por completo. Paradojas de la vida, y mucho antes de que se acuñara ese término de "western crepuscular" Zabalza rodaría esta película con ínfulas de gran retablo del Oeste Americano en el que dio rienda suelta a todas sus obsesiones y carencias.

"Al oeste de Río Grande", protagonizada por Aldo Sambrell, arranca con una especie de visión general del Oeste: un pueblo arrasado por la violencia de los forajidos donde alguien ha colocado una horca de la que cuelga un esqueleto (¡Un esqueleto!) apoyada en una verja metálica de una obra cercana al decorado principal da paso a unas escenas de un barco de vapor que se nota están levantadas de alguna película que pretendía promocionar Disneylandia. Después pasamos a una señora gritando en medio de la plaza del pueblo de Nuevo Baztan, un asentamiento navarro en la provincia de Madrid, y clamando justicia mientras está rodeada por unos cuantos hombres a caballo que, imagino, por el frío reinante visten unos vistosos "plumas" de color azul. Ni que decir tiene que la plaza, en ese momento en obras, no parece ni de lejos un emplazamiento del Oeste.

Sin solución de continuidad aparece por primera vez Aldo Sambrell vestido de vaquero y paseando por el bonito pueblo madrileño de Patones del Rey, que tampoco parece mucho del Oeste, entra en la casa y nos llama la atención que, colgado de la pared, pero muy alto, hay un sombrero de cowboy. Ve a su mujer y a su hija, se queja un poco de la falta de seguridad del Oeste y de la falta de expectativas de futuro y va a visitar a unas amistades. En otras casas vemos el mismo sombrero colgado, en el mismo sitio. ¿Mensaje? Ninguno, es la mejor manera de tapar los contadores de la luz de las casas.

Sin saber muy bien porqué Aldo Sambrell decide irse con su hija y su mujer a visitar a una pariente lejana y a pasar un día en familia. Visitan un mercadillo y luego se van a comer en plan tortilla y luego, bueno, luego hay una escena de Aldo Sambrell que está a punto de ahogarse en un pantano del Plan Badajoz.  

Ni que decir tiene que Zabalza aprovechó material rodado por él mismo en otras películas del Oeste que hizo en los 60 y 70 ( Malditas pistolas de Dallas, Tres dólares de plomo, Adios Cjamango...) para rellenar metraje ya que la historia de la familia no hubiera dado ni para un cortometraje y que la mezcla de diferentes formatos de película, iluminaciones y un largo etcétera de despropósitos hacen del film una de las mejores razones para sentarse con unos amigachos a disfrutar de un divertido engendro.

He perdido mi copia pero, si alguien es tan amable de decirme donde la puedo encontrar, se lo agradeceré toda la vida.

jueves, 5 de noviembre de 2009

El método Ayala




Hay que aprender muchas cosas de Francisco Ayala pero, sobre todo, hay que aprender de su infinito optimismo.

Hace unos años Jaime Peñafiel dijo que Ayala estaba "gagá" porque el intelectual y escritor (algo que nunca será Peñafiel por más libros sobre la Casa Real que saque) había comentado un feo gesto de Esperanza Aguirre (Jefa de SPECTRA y jefa de la Mara "Liberals Don´t Play") hacia nuestro monarca Don Juan Carlos en una cena en la que había intentado que el Borbón le hiciera un gesto de colegui a Jiménez Losantos después de que el Pequeño Gran Comunicador

Me asqueó que semejante chafardero osara acusar de ser un "viejo chocho" a un tipo sereno y tranquilo que siempre ha mantenido la calma y que jamás se ha metido con nadie.

Mi amigo Cesar escribió un libro titulado "Besando la lona" basado única y exclusivamente en esos periodos de tu vida en los que caes redondo. Piensas que eres un buen fajador pero, recibes tantos golpes, que al final te desplomas sin tiempo ni siquiera para escuchar la cuenta de los diez segundos. Te quedas ahí, como un puto trapo, mientras que el público asistente abandona el Pabellón y las luces se apagan detrás de ti.

Lo malo no es eso, lo peor es que simplemente dejas de existir porque el olor a fracaso es un perfecto repelente para la gente. La vida se te para y pasas días y días sin escuchar el ring del teléfono, al parecer te has convertido en el hombre invisible y ya no cuentas para nadie. Tocado y hundido. Game Over. Da igual que hayas ganado varios combates por KO porque, en realidad, para el personal sueles valer lo que vale tu última pelea...y nada más.

Con la cara rota es difícil mostrar tu mejor rostro.

Ayala sobrevivió a un exilio que enmudeció a casi todos o los desorientó para siempre. Salinas, paradójicamente amante de la obra de Proust, escribió un sólo y estremecedor poema titulado "Cero" que siempre dijo estar inspirado en la bomba de Hiroshima pero que, de un modo curioso, parecía más bien un repaso doloroso e inquieto por las sensaciones de una generación de personas obligadas a vivir lejos de sus casas, de sus amigos...

Por el escombro busco yo a mis muertos;



más me duele su ser tan invisibles.
 
Pasar la travesía por el desierto intentando no ir afilándote los dientes en cada piedra del camino para poder vivir el resto de tu vida sin el menor atisbo de rencor, no detenerte viciosamente en la imagen de un monte plagado de picas decoradas con las cabezas del enemigo o no entonar de cuando en cuando el dylaniano "how does it feel/how does it feel" tiene que ser difícil porque siempre es difícil ser un santo ateo.
 
Pasar por encima de las cosas y de los hechos, procurar que este "no sea un día precioso hasta que venga el típico gilipollas y lo joda" es complicado pero parece saludable, tanto como para llegar entero a los 103 años de edad y largarte de esta sucia roca con un torero "ahí se quedan ustedes".
 
Es triste vivir en unos tiempos que premian con sorna a los mediocres bendiciendo un tipo de espectáculo mierdoso, casposo y estomagante que haría vomitar a una cabra sana y es más triste comprobar como dichas propuestas han extendido un modelo de negocio que es producto de una sociedad en la que su generación más preparada malvive en un régimen de esclavismo legal y que se va a marchar sin tocar pelo mientras es tachada de inmadura o de, directamente, soñadora a la par que imbécil.
 
Es triste vivir en un país donde la clase política ha perdido la perspectiva de lo público y lo privado formada  por apuñaladores especializados en eliminar a  gente competente, arribistas sin escrúpulos y monigotes que sólamente se mueven por pulsiones infantiles y trufan sus negocietes con puterío barato, farlopa mala, comistrajos y joyones que se han creado un código ético que sonrojaría a Tony Montana.
 
Es triste, todo es muy triste, pero al menos puedes levantarte todas las mañanas diciendo no le comprarás un libro a Paulo Coelho ni para ponértelo debajo de los pies y que el agua no te llegue al cuello. Puedes levantarte todas las mañanas sabiendo que no tendrás el aspecto de ir siempre con los dedos pringados de aceite de lata de sardinas como le ocurre a Garci o que tienes autoridad moral e intelectual para jiñarte en De Prada. Puedes levantarte todas las mañanas sabiendo que has viajado, que has vivido, que sabes como saben las tellinas. Puedes levantarte todas las mañanas y saber que hay alguien por ahí que no respirará a gusto hasta que te vea girar la esquina, que te espera tomándose una cerveza en un bar, que siempre te querrá más por tus defectos que por tus virtudes o que te calentará el lado exacto de la cama. Puedes levantarte por la mañana sabiendo que "vas a ver a estos" o pensando en la chorrada que pondrás en el twitter. Puedes levantarte por las mañanas sabiendo que el hombre llegó a la Luna y que no hay un reclutamiento forzoso a la vista, que la Guerra seguramente no estallará mañana y que, gracias a Dios, hay suficientes películas buenas para ver como para soportar otro naufragio, que siempre hay un mejor doctor, una cura infalible, que mañana puedes convertirte en el Obama de tu barrio o que, gracias a Alá, puedes dar gracias por no ser un colaboracionista de todo esto. 
 
Que no les toquen demasiado los huevos y, recuerden, cuando todo esto pasaba ustedes estaban intentando llegar al banco para pagar su hipoteca o haciendo cola en la Oficina del paro.

PD: Lo siento, pero ese vídeo de Marisol me mola.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Uno que nos deja: José Luis López Vázquez (1922-2009)


Hace unos pocos minutejos que acaba de hacerse pública la noticia de la muerte del actor José Luis López Vázquez. Se van a acabar los adjetivos para intentar captar una carrera que, sólamente en la pantalla, cuenta con 259 apariciones en diferentes papeles y que compaginó con el teatro (hubo un tiempo en que los actores hacían cosas así como dobles sesiones maratonianas en los mismos días...) y, claro está, la publicidad.

López Vázquez fue un actor de esos que no le tienen miedo a nada y se prodigaron en casi todo. Lo mejor que puede decirse es que estaba igualmente brillante en el eterno papel de oficinista con tendencia al calentón, en su faceta de "persigue turistas" (¡Viva Suecia!), en la de apocado y gris ciudadano, en la de bon vivant a la hispana y en otro abanico de personajes que abarcaban señoritos arruinados, travestis de provincias.

Sin duda no ha habido ningún actor en la historia de nuestro cine que haya sido capaz de trasladar con tanto acierto la angustia de ser nadie con tanto acierto desde el punto de vista del drama e, incluso, y lo que es más impresionante desde la misma comedia. Buen Viaje.

viernes, 30 de octubre de 2009

Ilusiones y realidades

Llevo cinco días intentando actualizar el blog pero me es imposible...

Tendría que haber escrito del fantástico relato de Fran Nixon publicado en "Eñe" y de la fantástica entrada de Rizino 30 titulada "Proust y el Pico"; debería de haberos contado quién está detrás de esa revista llamada "Eljelou" y que se ha puesto tan de moda y del agradable giro que ha tomado mi existencia (esto último por chafardear un rato de mi mismo y no de otros y así  equilibrar la balanza) y que me ha provocado bostezos y carcajadas...

Aquí, donde ahora van estas líneas, tendría que haber puesto una de mis encíclicas (como dice Azcona) sobre el Ondas de Jorge Javier Vázquez y esa frase suya en la que nos advierte de que hace "neorrealismo televisivo" aunque, a lo mejor, tendría que haber comentado el pánico que me provoca que la gente se vista de Michael Jackson y su espectacular parecido con el infierno que Palahniuk retrata en "Rant"...

Por cierto, justamente aquí, tenía reservado un hueco para hablar de "El Divo", la serie en la que me pringué con Carlos Clavijo y que se estrena el Día 30 en Paramount Comedy y de lo agradecido a su persona por haberme hecho confiar una y otra vez en mi mismo en estos tiempos en los que se me ha perdido hasta la sombra.

Cuantas cosas buenas han pasado en estos días...fíjate, que bien hubiera estado que en esta parcelita hubiera colado un comentario sobre lo fantástico que hubiera sido que los papúes que han metido en GH hubieran sido todos caníbales y se hubieran zampado a los concursantes...de hecho tenía preparada una comparación estupenda con un cuento de Stanislaw Lem que sirvió como guión para un cómic de Carlos Giménez allá por los 70 que siempre me gustó mucho.

Quería también hablar de Enric González que me parece que debería de abandonar su columna de "El País" para presentarse a Presidente de Gobierno de lúcido que está y, de paso, comentar que el periódico para el que trabaja se aleja cada vez más de eso que llamamos "realidad"...incluso hubiera estado bien escribir que la culpa la tiene la absurda idea de que las publicaciones deben de envejecer con los que las hacen para ir cogiendo solera cuando es completamente falso: las publicaciones tienen que cumplir siempre los mismos años, todos los días, para no perder sui espíritu y seguir captando al mismo grupo de lectores...Siguiendo la primera línea de pensamiento lo normal es que, dentro de unos años, el FHM se convierta en una revista para jubiletas.

Pero sobre todo me gustaría comentar esa gran frase de Eduardo Galán al hablar de "This is it" que dice él que es una película hecha para crear la ilusión de lo que "podría haber sido" la gira de Michael Jackson y que dice que es normal que se haya estrenado porque "en este mundo, amigo, la ilusión vende más que la realidad" y eso es una verdad como un templo...

Será por eso que esta entrada está más hecha de ilusiones y promesas que de realidades que, por narices, han de ser traspasadas al fin de semana.