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jueves, 23 de octubre de 2008

Javier Fesser, cineasta y martir (a su pesar)


Conocí a Javier Fesser a finales de 1995. Ya había rodado dos cortos Aquél ritmillo y El Sedcleto de la tlompeta y se iba abriendo camino en eso del cine (una pasión) mientras ya era uno de los profesionales de la publicidad más reconocidos de nuestro país.

Por aquél entonces unos cuantos loquitos organizábamos una Muestra de cine y Javier se prestó a venir como invitado, cedernos sus dos cortos de manera gratuíta y, sobre todo, a ponerse frente a las 700 personas que copaban el Teatro municipal para contestar a todas y cada una de las preguntas que se le hicieron.


Siempre he tenido la sensación de que, por encima de que sea un cineasta brillante, era buena gente. Me lo confirma lo mucho que echa la mano a todo el mundo en diferentes causas, lo que se implica y lo fácil que es dar con él para pedirle cualquier cosa. Diría que Javier es un tipo sensible con los que le rodean y por eso su cine es, sobre todo, amable y tendente a provocar en el espectador una especie de ola de optimismo. De ponerle buena cara al Katrina.

Tuvo, para su desgracia, la oportunidad de aplicar toda esa filosofía en "Aquel ritmillo". Victoriano Romera, que completaba la tripleta de actores principales junto a Alberto Fesser (su padre) y Luis Ciges, falleció durante el rodaje. Escuchar a Javier contar el asunto, cómo se sintió, como quiso tirar la toalla y como, finalmente, le pareció que lo mejor era terminar el trabajo para homenajear a su actor fue simplemente emocionante.

En el Milagro de P. Tinto (1998) se veía que Fesser prefiere tomarse las cosas con humor: una historia aparentemente inocente (tanto que sus protagonistas no sabían de donde venían los niños, tararí-tararí) escondía una visión curiosa sobre la institución familiar (tanto que los Tinto deciden adoptar a dos extraterrestres cabrones, un chiflado escapado de una Institución mental al que confunden con un "negrito" y finalmente a un niño africano y hacer con que no saben de sus rarezas). La iglesia lo acusó de ridiculizar a los curas.


De hecho con Javier Fesser siempre me da la sensación de que se ha quedado en medio: los más conservadores le meten el dedo en el ojo y los más progresistas lo han visto siempre con la reticencia del que no es capaz de catalogarlo o definirlo entre los suyos.

El propio Fesser, en aquella abrupta charla, dejó claro algo que se me ha quedado grabado cuando le preguntaron por la naturaleza de sus dos cortos y qué era lo que quería transmitir con ellos y contestó más o menos lo siguiente: "Si no he conseguido que sepas que es lo que estoy contando es que, simplemente, he fracasado como cineasta y la historia no es buena o me ha quedado torpe. Podría justificarme contando los problemas que he tenido en el rodaje, decirte que no pude meter esta o la otra escena porque me faltó presupuesto o ese día estuve malo pero, la verdad, es que las justificaciones prefiero contárselas a mi abuela. Tu como espectador no tienes que ir a ver una película coartado porque yo te explique el cuento de la pena. Todos los rodajes tienen problemas y el espectador no tiene por qué estar informado de ellos, eso queda para mi como responsable, para el equipo, tu solo tienes que disfrutar".



La gran avertura de Mortadelo y Filemón (2003) recibió una absurda campaña de malevolencias desde LD que se centró en acusar a Fesser de haber sido manipulado por Jesús de Polanco (productor de la peli) para incluir a un personaje derechista en la historia personificado por Rompetechos. Alguien creyó que dicho personaje bajito y corto de vista era una caricatura sangrienta de Federico Jiménez Losantos. Ya veis que hay gente que es capaz de intuir las intenciones verdaderas del artista. Vean la "bien traída" pregunta que le regala uno de los lectores al propio Fede y como contesta este (enlace completo aquí):
P: Fesser convierte a Rompetechos en fascista, hace que Filemón sea violado analmente, se mofa de canciones religiosas y se inspira en Franco para retratar al malo. ¿Es que esta gente no sabe hacer otra cosa que reflejar sus odios y rencores en las películas? ¿Aún no saben por qué el publico huye de las salas?
R: Efectivamente, no saben hacer otra cosa. Y el público no huye más porque no conoce la historia. Esto da asco, la verdad.
Nos cuenta Jordim, insustancial destacado, que sigue el hilo de las críticas que se han vertido sobre Camino (2008) la rara y grande película de Fesser y que está basada en la historia de una niña del Opus. Críticas igualmente injustas en las que alguien intenta que el director pase por ser el nuevo Satán y su película como una especie de libelo en contra de la Iglesia Católica, sus creencias y, finalmente, en una enorme carga de profundidad contra la Obra fundada por Escrivá de Balaguer. No es así, Camino es una película más inclasificable todavía que todos los anteriores trabajos de Fesser, un cuento extraño que me ha quedado helado y sobre el que, tengo que reconocer, tenía todas mis dudas más que nada porque no sabía en qué me podía interesar una película sobre gente tan alejada de mi ideología y, sobre todo, sobre un tema tan poco de mi interés como el de la vida de una especie de santa.


En realidad Fesser podría haber sido mucho más duro, estoy seguro, haber usado la cinta para, de verdad, haber hecho una crítica frontal al Opus, cuestionar las razones que llevan a un grupo de personas a apoderarse de la vida de una niña moribunda, acusar a ese mismo grupo de azuzar las fantasías de la cría para que, en realidad, se crea el cuento de que trascenderá a otra vida pero eso, claro, sería otra película, una película dura establecida en el absoluto realismo, rodada en plan documental. Eso sería una película que Fesser, que es buena gente, no quiere hacer y por eso ha rodado esta otra historia, amable en el fondo incluso contra muchas personas, y esto es personal, que sólo me merecen un profundo desprecio. Esa, seguramente, hubiera sido la película que yo hubiera rodado pero no tengo el talento ni soy tan buena persona como Javier Fesser. Se me nota. Deberíais ver la película y sacar vuestras conclusiones.