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viernes, 10 de junio de 2011

Lo de siempre



Cuando se acercan estas fechas ustedes comenzarán a escuchar unas cuantas noticias de la localidad cacereña de Coria. Algunas televisiones informarán de la celebración de sus tradicionales fiestas de San Juan donde se suelta un toro por las calles de su ciudad antigua para algarabía de locales, turistas y curiosos. Las celebraciones levantan muchas pasiones entre apasionados y detractores. Desgraciadamente para los corianos se han extendido muchos bulos sobre sus fiestas y ninguno cariñoso por lo que es complicado que estas tengan buena prensa. Cuando se va acercando el día 23 muchas cadenas, especialmente Telecinco que le saca bastante puntillita a estas cosas, nos regalarán todo tipo de imágenes de estas fiestas y sacarán, como siempre, tajada de estos asuntos tan feos. 

Es una pena que no se hable del importante conjunto histórico artístico de la Capital del Valle del Alagón, de la vecindad de Rafael Sánchez Ferlosio, de su estupenda oferta culinaria o, por ejemplo, de algo mucho más interesante: Coria fue la primera localidad de España que albergó una cadena privada de TV. 



Allá por los años 80 unos cuantos vecinos de la ciudad abrieron Coria TV. El objetivo era ampliar la exigua oferta televisiva de la época (TVE1 y TVE2); mucho más exigua si se tiene en cuenta que por razones tecnológicas que aún se escapan al entendimiento estas dos cadenas no tenían en la zona la suficiente calidad de emisión y, por tanto, los corianos pasaban días sin disfrutar de su ratito delante del aparato catódico. La oferta de la parrilla de Coria TV era francamente buena: informativos, películas (que salían del videoclub de uno de los implicados), programas especiales y, claro está, la retransmisión en directo de las fiestas de San Juan. En directo. Cágate lorito. 

El asunto fue conocido por el resto del país e incluso Fernando García Tola dedicó un "Si yo fuera presidente" (aquel programa tan estupendamente progre) a hacer parodia cariñosa de la cadena que, como mandan los cánones y al no tener licencia, fue suspendida de emisión por el mando de la Guardia Civil existente en aquellos años. Un cierre, por cierto, que tenía todos los ingredientes de lo berlanguiano. Ya ven si, por puro desconocimiento de la región, no se pueden hacer chistes mezclando las palabras "extremeño", "televisión" y "Guardia Civil". 

El caso es que, echando un vistazo a lo existente en la TDT, uno pensaría que Coria TV fue no solo la primera cadena privada de nuestro país si no, más allá de eso, la guía por la que se han regido todas las cadenas de posterior apertura que, pese a tener mucho más presupuesto, no han sido capaces de inventarse nada más allá de lo que se conoce como "televisión que se parece a la radio". 

En estos días inciertos hemos vivido el cierre de VEO7. Es el claro ejemplo de que la fórmula de dirección y producción de las cadenas españolas está en declive, ha entrado en barrena y está dirigida por gente que no sabe de lo que va todo esto. Por si ustedes no lo saben VEO7 era la cadena de TV de Unidad Editorial  que anunció a bombo y platillo una amplia y ambiciosa renovación tras el cese fulminante y sorprendente de Melchor Miralles. Pedro J. Ramírez puso de director de informativos a Ernesto Sáenz de Buruaga y, más tarde, eligió a Eduardo Inda (hasta entonces director del diario Marca del mismo grupo) como jefe de todo aquello. ¿Buruaga? ¿Inda? ¿Renovación? ¿Era aquello una renovación? No lo parecía en tanto en cuanto todo se resumía en un intento de Unidad Editorial por rascarle las bolas al grupo Intereconomía que lidera, con suficiencia, el nicho de espectadores ultraconservadores no solo desde la televisión si no también desde la prensa con "La gaceta" y que, poco a poco, ha ido colocando a profesionales salidos de su seno en periódicos tan dispares como "ABC" (Vocento) o "La Razón" (Planeta) de tal forma que ya es imposible saber qué periódico has comprado si te fijas en los titulares. 

Sáenz de Buruaga entraba en VEO7 para intentar salvar los muebles de la pésima audiencia, un acuerdo con Antena 3 para compartir anunciantes intentaría salvar lo económico y, mientras tanto, desde las mismas entrañas de la cadena se aseguraba a cualquier productora que se acercara por allí a vender un proyecto de que, en contra de lo que se estaba diciendo públicamente, no había ni un duro para comprar nada que no fuera un "éxito asegurado". Es decir, algo salido de productoras afines o, mejor, series de éxito en el pasado para su reemisión. 

De ser este otro país, uno con más cultura audiovisual, seguramente VEO7 debería de haber optado por buscar otro nicho y, sobre todo, por alejarse lo más posible de la estructura de programación de Intereconomía. Ante la decisión de elegir por "El gato al agua", "La vuelta al mundo" o el programa que se emite en "La 10" (que es igualito) es normal que el telespectador medio prefiera elegir al formato original y no a las copias. Y decimos bien si decimos copias porque, en realidad, no hay mucha diferencia en los listados que tiene producción para llamar a los diferentes tertulianos y/o polemistas y/o azuzadores. Ninguna. Da igual que uno vea Telemadrid, VEO7, Telecino, Cuatro o lo que quiera: son siempre los mismos, con muy pocas diferencias. 

¿Vivimos en un país donde no hay gente que sepa gritar en un plató argumentos sacados de la inanición intelectual? Yo creo que, buscando un poco, se conseguiría una lista interminable pero lo cierto es que no parece haber muchas caras nuevas que, por ejemplo, dieran la sensación de ser una verdadera "renovación". Al parecer no hay cantera y, claro, pasa lo que pasa. 

Estructuralmente, seguramente debido a la juventud del medio televisivo privado en nuestro país, se ha optado por dibujar dos líneas estratégicas: 1) programas que parecen radio (tertulias que son baratas) 2) Muchos directivos. 

Ambas medidas se han convertido en un cáncer que se ha cargado la imaginación y la evolución en los contenidos y, por otro lado, se ha cargado la economía ya que unos sueldos altos en dirección por narices repercuten en las cuentas que persiguen producir y desarrollar nuevos formatos. Sin estas cuentas fuertes y saneadas, lo normal, es que se tienda a comprar producción extranjera que sale por un precio buenísimo: "pedoputa" por capítulo.

Si VEO7 ha naufragado no es por la crisis, no es por el momento económico que se vive, no es por la piratería y no es por un presunto monopolio de PRISA (esto se dice mucho todavía sin sonrojo) o la presión  del gobierno socialista (sí, ya ven, que en su casa solo se emiten emisiones de la Televisión soviética y consignas del Partido Comunista Chino y discursos de Kim Il Jong) si no porque la gestión ha sido completamente desastrosa. Enseñar un nuevo formato tiene dos respuestas siempre: 1) es muy caro 2) prefiero comprar a una productora grande. Curiosamente la "productora grande" puede ser un invento/nadería de un ambicioso ex portavoz del gobierno que te llevará a la ruina (pasó, pasó) pero nunca serás tu. 

Las víctimas colaterales han sido 100 trabajadores de VEO7 que se han quedado en la calle y que, por desgracia, no han sentido la solidaridad que, en su momento, se regaló a los que se quedaron en la calle con CNN+ y, en este asunto particular, hablo de una solidaridad que siempre debería darse entre currantes. 

El problema es que el fracaso se volverá a repetir. Seguirán los mismos en los mismos puestos porque, al parecer, no hay una renovación real. Si echamos un vistazo a los fichajes y desfichajes que se hacen en los últimos tiempos entenderán ustedes que Jordi Hurtado y el equipo de "Saber y ganar" sean la única constante en un mercado laboral que se dedica a intercambiar cromos desde hace demasiados años pero que arroja unas cifras ruinosas. 

Aunque lo he dicho alguna vez creo que esa política conservadora ("no hacer nada y que pase el tiempo mientras hacemos lo de siempre") no deja de ser el objetivo cortoplacista de unos cuantos a los que, a día de hoy, les importa un pepino (alemán) que detrás de ellos (cobrados los emolumentos del despido) quede la tierra como si por allí hubiera pasado El Cid, Atila, los Hunos y cuatro o cinco apisonadoras y después no se pueda plantar nada. 

En realidad, y en contra de lo que se diga, la televisión es un buen negocio, lo que ocurre es que es muy sensible a las malas gestiones, a la improvisación y, sobre todo, al corralito. 

Esta misma semana la cadena Intereconomía daba una especie de aviso: necesitaba dinero y lo pedía a sus telespectadores. Saltó la voz de alarma y, claro, todos nos volvimos a preguntar si la cadena conservadora habría sufrido el látigo de alguna conspiración. Al parecer sí: los socialistas (es un ente en el que cabe cualquiera que diga "ustedes no me gustan")  los han querido callar cambiando su frecuencia lo  que, al parecer, ha influido en su audiencia de manera terrible. Pese a que pedían dinero se han enrocado en una extraña posición "no lo necesitamos pese a que lo pedimos". 

¿Razones? Al parecer Intereconomía está haciendo un experimento. Quiere demostrar que puede sobrevivir sin ayudas gubernamentales. Bien, lo que no explican es que el hecho de ser una cadena privada les obliga a ello. Y eso que, evidentemente, sí reciben (como todas las cadenas) un dinerito de forma indirecta. ¿Saben ustedes todos esos anuncios que todos los años paga el Gobierno de España y las comunidades autónomas? Pues necesita cadenas donde emitirlos y, por tanto, paga religiosamente una serie de espacios publicitarios a todas las cadenas por su emisión. Si Intereconomía, de verdad de la buena, quisiera arrojar un buen resultado en esa especie de experimento que reforzaría de forma sana nuestras creencias en el mercado capitalista y económicamente ultraliberal debería, claro está, hacer una declaración pública y negarse a recibir ese dinero de cualquier gobierno autonómico o nacional. Punto. Después centrarse en buscar más publicidad privada, ya saben, como las demás cadenas. El problema es que, este pobre escritor, se ha hartado de escuchar de muchas voces que "no quieren que se les relacione con Intereconomía porque, la verdad, hay miedo a perder clientes y que se dispare un boicoteo".

¿Saben ustedes que Opel ha perdido ventas en Madrid por una campaña que ha sido leída como favorable al F.C. Barcelona? ¿Saben que Zanussi y Parmalat dejaron de esponsorizar al Real Madrid porque sus productos dejaron de venderse en Barcelona? ¿Saben cuanto dinero se ha gastado Eroski en hacer campañas de información para desmentir que estuvieran relacionados, de algún modo, con el pago del Impuesto revolucionario a ETA? ¿Y la marca  FAGOR? 

Pues a Intereconomía le está pasando un poco eso. Sus ventas en publicidad descienden porque el tono de la cadena les parece agresivo. ¿Recomendaría yo a Intereconomía que dejaran su línea editorial? Por salud nacional sí pero nunca me atrevería a decirle a nadie que retoque su línea porque hay presión de los anunciantes. Es la cadena la que elige su línea y lo que quiere ofrecer y, después, tiene que apechugar con que los telespectadores decidan o no verla. No hay vuelta de hoja.

Lo más sorprendente es que, por Internet, ya se sabe que las campañas para pedir dinero suelen resultar fallidas (Mobuzz TV) y, a lo peor, Intereconomía se ha metido en un plan de financiación compartido con algunas cadenas públicas como la PBS norteamericana que, cuando anda corta de dinero, hace maratones para solicitar dinero a los contribuyentes de manera directa. Otra paradoja: luchando contra lo público se absorben sus formas para mantener un discurso neoliberal...como cuando los bancos recibieron sin rechistar el dinero del gobierno, vamos. 

La siguiente pregunta es para nota: ¿Por qué Intereconomía no ha optado por convertirse en un canal de pago? Sería lo mejor y lo más coherente. Sus espectadores colaborarían con el mantenimiento de la cadena abonando todos los meses una cuota por disfrutar de la programación de Intereconomía. Al parecer tampoco es viable por razones que creo he analizado solamente por encima: sus televidentes responden a un perfil poco dado a las modernidades del pago por visión, no tiene un target demasiado específico (hay jóvenes, hay viejos, hay público rural, hay público urbanita...con una sola cosa en común, la tendencia ideológica) y, claro está, en abierto su audiencia en abril fue de 1´6%, un record para la cadena sustentado por el éxito del futbolero "Punto Pelota" que dirige Josep Pedrerol. Una audiencia bajísima en abierto, normalmente, es complicada de atraer a una forma de pago por visión.

Bien pudiera ser que todo esto no fuera más que una de esas campañas arriesgadas de marketing para aunar aún más a la audiencia de Intereconomía, para intentar que los buenos resultados aumenten pero, la verdad, de ser así no tendría más sentido que ahondar aún más en la mala imagen de esta cadena que, basándose en la información, decide falsear sus propios datos para ganar share. 

Si FOX, que es el espejo de Intereconomía, funciona en Estados Unidos es porque mantiene además de unos telediarios y unos programas políticos que hacen que tu córtex cerebral tiemble nervioso es porque, a la vez, mantiene una calidad inmensa en programas de entretenimiento que vende a todo el mundo y que no tienen ideología o, a lo peor, como en el caso de "Padre de Familia" o "Los Simpsons" chocan de manera frontal con lo que parece la ideología central de la cadena. FOX no se mantiene por ser el ariete de la derecha conservadora americana si no por atraer detrás de sí a muchos telespectadores que se acercan a su emisión a ver otras cosas y que bien podrían ser votantes de Obama (de hecho Seth McFarlane, autor de "Padre de Familia" y "Padre made in USA" es un conocido demócrata). Quizás en esa pluralidad, esté el éxito. Por encima de eso no deja de sorprender que, claro está, se quiera uno acercar a las formas de trabajar de una major norteamericana, una multinacional a toda máquina, cuando uno es un grupo editorial (todavía en incierta  expansión). 

Mientras tanto disfrutamos de lo de siempre, de este discurso infame a medias que dice que los medios de comunicación no son rentables pese a que lo son. De esta red de intereses políticos y económicos sustentados por gente incapaz de hacer mover la rueda de los beneficios y, claro está, con un panorama prejuiciado donde cualquier excusa es buena para seguir montado en el burro ande este, galope este, o como dicen los hechos, se muestre al borde de la muerte. De fuera vendrán unos buitres que se lo acabarán repartiendo. Hay días en que uno piensa que, a lo mejor, no lo podrán hacer tan mal como estos.  

martes, 8 de febrero de 2011

Princesas de barrio o la realidad según Almodovar


El domingo vi "Princesas de barrio", un docu-show que se ha sacado La Sexta de la manga y que, me imagino, que es como una especie de spin off de aquel programa que se titulaba "Mujeres ricas". 

Allá por los años 80 Pedro Almodovar se dedicó a reivindicar a la mujer de extrarradio o, más bien, eso entendimos nosotros porque si le echabas un tiento a "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" te dabas cuenta, un poco, de que lo que hizo Almodovar fue crear a unos cuantos personajes y hacer una ficción donde una señora que se dedicaba a limpiar mostraba una vida muy perra soportando a un hijo delincuente y porrero, a un hijo menor chapero, a una suegra completamente ida de la olla y a un marido taxista y maltratador enamorado de una alemana y que era la llave de unos pretendidos diarios de Adolf Hitler. 

Almodovar, como muchos de nosotros, solo utilizó de partida la vida de los barrios de inmigrantes interiores de la capital de Madrid (su hermana vivía en Parla y estaba casada con un Guardia Civil, si la memoria no me falla) para sacarle al asunto punta desde un punto de vista un tanto aberrado: niñas con poderes telequinéticos, monos de tranquilizantes para los que no hay recetas, Jaime Chávarri hablando del tamaño de su chorra frente a una prostituta de buen corazón, un asesinato utilizando las técnicas del Kendo japonés y un largo etcétera de situaciones que incluían a Javier Gurruchaga haciendo de lascivo dentista, un lagarto llamado "Dinero", Gonzalo Suarez emborrachando a Gutierrez Caba con vino peleón...

Era el director manchego, por aquellos años, un remedo de John Waters cañí que, de pronto, jugaba a la contra de la modernez de La Movida (dispuesta a quemar todo lo viejo o, al menos, a meterlo debajo de la alfombra hasta que pasara el temporal) reivindicando las conversaciones de vecinas y lo que parecía no una vida de sueldos bajos y casas de protección oficial si no una especie de chispeante aventura de la lampancia diaria repleta de personajes colgados y situaciones carcajeantes. Almodovar fue, ya por aquella época un postmoderno incomprendido.

Tras Almodovar se puso de moda la palabra "maruja" (muy celebrada) e incluso artistas como Martirio se permitieron la licencia cómica de jugar con dichos términos (cantaba por aquella época la eximia cantante andaluza aquello de "Son las osho menos cuarto/me tengo que levantá/necesito una pastilla pá ponenme a funsioná...) y un cierto jolgorio alrededor del ama de casa que vestía con bata y atendía como una esclava a "su santo" fue filtrando hasta convertirse en una caricatura. No me cabe duda de que la relectura que Almodovar proponía de su propia vida (infancia en La Mancha, adolescencia en Extremadura, madre dicharachera, estudios becados, un padre currante en una gasolinera, el despegue del estrellato desde un trabajo en Telefónica) tenía algo de cariñoso y también de agresivo. Con razón. Vender en España que uno ha salido de las estrechuras y ha triunfado gracias a su talento es para nosotros algo vergonzante...sólo echenle un vistazo a las biografías de nuestros personajes más reconocibles y verán ustedes cuantos de ellos reconocen haber tenido una infancia flojilla. Ser pobre, o haberlo sido, siempre es en nuestro país algo sospechoso de no ser buena persona o no ser de fiar porque siempre flota la pregunta: "¿Cómo lo habrá conseguido?".

"Princesas de barrio" es un programa que parte de la falsa percepción de que el extrarradio de las ciudades y sus habitantes es un semillero de historias escritas por Almodovar y que si se te ocurre dar una patada a un bote en un descampado te salen cinco o seis Belen Esteban dispuestas a rellenarte cuatro o cinco horas de chisme-televisión. No es el caso. De hecho seguir el periplo laboral de una madre soltera que tiene a su hijo viviendo con su abuela, a su vecina, a una go-go de Pachá que se quiere poner un culo falso, a la cantante de una orquesta y a una chica que vive con un novio pescadero parece no dar para una chispeante ficción de esas que parten de la premisa: "Son pobres pero se lo pasan guay".

La mirada zoológica hacia las estrechuras ajenas nunca me ha resultado excesivamente interesante. Sea porque vivo en un barrio normalucho, sea porque soy normalucho y de clase media o sea porque, desde nunca, me han gustado las bromas que parten de otras personas. Yo creo que, el humor bueno, parte de uno mismo y luego va hacia los demás.

Ficcionar la realidad y que no se note es una ardua tarea que, sin duda, "Princesas de Barrio" no sabe hacer. Ya sea porque las protagonistas están muy interesadas en llamar la atención y pierden naturalidad, ya sea porque se provocan una serie de situaciones (la visita de una vendedora de un robot de cocina, un concierto de Camela) que quieren colar como reales. Un bluff. Una pedorreta merecida porque, sinceramente, no se puede uno lanzar a la producción de un programa sin haber sondeado el material con el que se quiere contar y sin haber testado la fuerza de la idea del mismo.

Si "Princesas de Barrio" ha sido un intento de hacer un "Operación Esteban" ha fracasado tan estrepitosamente como en su intento de convertirse en un chiste sobre unas cuantas chonis. Desgraciadamente de todas las protagonistas dos parecen dedicarse al mundo de espectáculo (¿No es asquerosamente moralista mostrar a una go-go como si llevara malos pasos?) y las otras tres parecen ser retratadas más desde su situación laboral y social que desde el hecho de que sean, efectivamente, unas chonis que hablan fatal...incluso, en este punto, parece que se obliga al personal a hablar fatal.

Es posible que, en otros países como Estados Unidos o Inglaterra, donde la clase media vive una situación mucho más desahogada que la nuestra y donde la diferencia entre el barrio obrero y el barrio de funcionarios o PYMES es mucho más grande este tipo de programas tengan su razón de ser e incluyan esta mirada zoológica a otras clases económicas que no comparten ni nuestro suelo, ni nuestros barrios, ni siquiera nuestros mismos colegios o centros de trabajo pero, sinceramente, en un país donde las diferencias son tan estrechas y donde todo el mundo ha asistido a una boda donde la gente acaba por hacer el gilipollas poniéndose estupideces en la cabeza es normal que tengamos que forzar la maquina y alejar al objeto de nuestra observación para que nos resulte interesante.

Y, por otro lado: ¿Por qué las protagonistas siempre son mujeres? ¿Es que todos los tíos de este país son uno gentlemen? 

jueves, 13 de enero de 2011

Humor español: Todo permanece, nada cambia



Ahí arriba está José Luis López Vázquez disfrutando de los encantos de la noche madrileña y gritando como un loco "¡Beatnik!" en la película de Mariano Ozores "Operación cabaretera" (1967). Las películas españolas de los 60 y los 70 están llenas de títulos y de sketches que tienen que ver con hacer humor de lo modernos desde lo convencional.  Ye-yés de los que se criticaba su pelo largo, su música extranjerizante y a los que se acababa de reconducir con un corte de pelo al cero (Paco Martínez Soria en "¿Qué hacemos con los hijos?", 1967) , Alfredo Landa ejerciendo de hippie en "Una vez al año ser hippy no hace daño" (1968) o el simpar duelo musical que enfrentó a Manolo Escobar (y a la racial copla española) con Concha Velasco (y los ritmos modernos)  en "Pero... ¿En qué país vivimos?" (1967) son solo tres ejemplos de lo mucho que al franquismo sesentero le gustaba sacarle punta y hacer un poco de sangre con la incipiente nueva ola.

Las carcajadas a costa de aquello que no entendemos o, directamente, sobre los usos y costumbres del prójimos son una costante en nuestro humor patrio que, repetidamente, se ha servido no solo de los ciudadanos más modernos si no también de los extranjeros (todos esos chistes que acaban con un español poniendo en evidencia a un francés y a un inglés...) que nos han servido como objeto de mofa tanto en chanzas como a la hora de pasarles facturas exorbitadas por una jarra de sangría (lease vinacho barato, gaseosa y fruta pasada). Ahora los alemanes se vengan de nosotros con este tema de la deuda pública, calculen lo caro que nos ha salido el cachondeo...

Sabiendo que este tipo de humor es tan agradecido y tiene tanta raigambre no me ha extrañado ni un pelo que José Mota hiciera una parodia de los Conciertos de Radio 3 (programa de la 2) donde se dedica básicamente a unir su linaje con el de aquellos grandes cómicos españoles repartiendo cinturonazos y golpes de cachava a un grupo "indie" que canta una canción absurda...una canción que los más cetrinos no tardarían en identificar como "GUACHIGUACHI" que es el descojone como adjetivo y que ha identificado a la discografía de todos los grupos de habla inglesa en nuestro país desde la llegada de The Beatles. Es esta.


Posiblemente lo más revelador de todo es que Juanma Ortega, tan unido a los 40 Principales (tan mainstreams, tan poco dados a la modernez, tan de los éxitos de toda la vida) sea el que propine unos cuantos y, seguramente, merecidos golpes a toda ese grupito de sinvergüenzas y enterados a los que, sin duda y como dice Mota haciendo un humorístico comentario, habría que "poner a zancochar". Que es una opinión que, sin duda, comparten muchos de sus espectadores y fans y que por eso les hace gracia porque, últimamente, todo lo que es verdad hace una gracia tremenda.

Si Jose Luis López Vázquez y Paco Martínez Soria aprendieron a la perfección  que al español medio lo que le gusta es reírse de los demás, es normal que ahora Mota recoja el testigo y en su afán popular copie las artes y usos de toda una tradición tan española. Les dejo con un acertado ejemplo de español de toda la vida y con un grito finisecular.


BOLA EXTRA: 
Aquí tienen el texto de la revista Rolling Stone íntegro y una pequeña reflexión: ¿Cómo es posible que se hable de un sketch que fue emitido el día 31 de diciembre casi quince días después? ¿Es que todo el mundo estaba viendo otra cosa? Y a tenor del texto: ¿Quienes son los círculos indies y quien ha demostrado su malestar? 

miércoles, 20 de octubre de 2010

"A Serbian film" (Srdjan Spasojevic, 2010): sobre el compromiso artístico y las formas que hay de retratar lo bueno y lo malo. Diferencias entre lo correcto y lo incorrecto.


Ayer mismo, con el poder de sintetización alemán* que caracteriza a este blog, se les abrasaba a ustedes con el significado y el significante de la música pop y como, lo que nace con una intencionalidad simplemente estética puede al ser entregado al público convertirse en todo un discurso muchas veces entendido desde perspectivas completamente nuevas y novedosas enfrentándose a una relectura feroz que, muchas veces, lo aleja del objetivo primigenio de su creación.

En el asunto flotaba, creo yo, mi repudio hacia eso que se llama “compromiso”.

“Compromiso” es un término asqueroso que, como todos los términos que se manosean, acaban por no tener ningún sentido.

Más allá de lo que entendemos por “artista comprometido” (digamos, por ejemplo, un artista que es nombrado embajador de buena voluntad de UNICEF o que pone su rostro en una campaña de Amnistía Internacional o participa activamente en el salvamento de ballenas varadas en la costa) existe ahora la percepción terrible de que la obra del artista tiene que estar comprometida con unos valores que se entienden como buenos (los que sean) y que la conciencia artística tiene que estar, en cierto modo, regida por una especie de conciencia del bien común. Es decir, aunque no los comparta, el autor tiene que responsabilizarse públicamente sobre las repercusiones que su obra va a tener sobre la sociedad y hacer una especie de examen de conciencia previo antes de llevarla a cabo haciéndose todo tipo de cuestiones morales y, más o menos, testando si esta aportaría algo a la sociedad en general. De no ser así, por tanto, el artista debería de ejercer una especie de censura previa para evitar males mayores.

La polémica un poco burda que la película “A Serbian film” (Srdjan Spasojevic, 2010) ha provocado tras su paso por Sitges viene que ni al pelo para hablar de todo este asunto.

Una airadísima crítica del diario El Mundo recogía de forma bastante explícita algunas de las escenas más fuertes de la película. De ellas se hacía eco Concha García Campoy en su tertulia de por las mañanas de esta forma. Vean y juzguen.


Es casi todo espeluznante ¿Verdad?

Cinco periodistas alrededor que, indisimuladamente, piden explicaciones por la exhibición pública de una película y, más espeluznante aún, sentenciando sobre lo que es bueno ver y abogando a la responsabilidad y la sensibilidad primero de un director de cine serbio y, luego, claro está señalando con el dedo al director del Festival de Sitges, el muy buena gente Ángel Sala.

Suena mucho más divertido el asunto cuando Nacho Vigalondo se hace eco en su blog del asunto sentenciando, con muchísima razón, que hay una diferencia básica entre la ficción retratada por “A serbian film” y el material pederasta que se intercambia en la red.

Mucho mejor es el comentario del director cántabro cuando asegura que le parece absurdo que en el propio debate los propios contertulios salven de la quema moral a un título tan bestiajo como “Saló o los 120 días de Sodoma” que tiene un contenido aún más brutal pero que, al parecer, sí tiene derecho a ser exhibida por estar firmada por Passolini.

Concha García Campoy, que es uno de los destacados miembros de la ya algo pesadita Generación de la Transición, hace lo que actualmente está muy de moda hacer entre los periodistas que no es otra cosa que sermonear. Y sermonea porque les dejamos sermonear y, también, porque como la propia presentadora deja bastante claro en su blog cree estar en el poder de la verdad absoluta y, lo que es mejor, se permite el lujo de pensar que la generación posterior a la suya (este grupo de, al parecer, lamentables paniaguados que no hemos vivido el Franquismo) tiene que ser dirigida y, claro está, educada en no se muy bien que retorcido ideario moralista, que no moral.

No hay más que echar un vistazo para que quede constancia de que, no solo no se baja del carro, sino que además se atribuye la suficiente carga de conocimiento y visión panorámica adulta como para dirigirse a Nacho Vigalondo del modo más paternalista posible señalando que “utiliza una pedagogía muy básica”.

Bien, si ustedes le echan un vistazo al texto se darán cuenta de la cantidad enorme de contradicciones con el que está hilado y la muy ramplona y pobre explicación de la polémica que da la periodista pero, no sólo eso, sino que contradiciendo un poco los límites de hasta donde llega el ejercicio del periodismo se alegra por la discordia que ha sembrado pese a que, para ello, haya tenido que utilizar unos métodos que salen directamente del periodismo más amarillista posible y que tienen que ver con deformar la realidad para que los hechos aparezcan retratados desde el punto de vista más viscoso posible.

A la lista que tenemos de “titos y titas regañones” entre los que estaban el Tito Marías, el Tito Prada, el Tito Pérez-Reverte y alguno más tenemos que añadir ahora a la Tita Concha a la que parece que no le tiembla el pulso para denunciar algo, aunque sea de oídas.

Francamente, entiendo que a la Campoy como ciudadana despistada que se está tomando un café por la mañana leyendo la prensa le espante la temática de “A Serbian film”, no me cuesta imaginarme a la periodista mojando una galleta María en el tazón mientras lee la crónica sobre Sitges y, de pronto, que su cara se quedara congelada con la galleta humedecida y blandurria en la mano a medio camino entre la taza y la boca mientras que ella leía la noticia completamente anonadada. Yo, que soy muy partidario de que no incluir titulares que te jodan el desayuno, creo que soliviantar al personal y calentarlo ya de buena mañana es fatal para los que vamos en el Metro todos los días y, de verdad, lo entiendo. Más que nada porque la crónica también es amarillenta y se regodea en las peores escenas del film. OK, hasta ahí la labor de la ciudadana despistada: cagarse de miedo. Flipar. Alucinar.

Es entonces cuando la ciudadana Campoy tiene que dejar paso a la Periodista Campoy que, ya desayunada, tiene el cometido principal de separar el grano de la paja e informarse para informarnos.

Es decir, si una noticia te llama la atención, lo normal es llamar a los críticos que el periódico de tu grupo mediático tiene en nómina y preguntar: ¿Esto es verdad? Cuéntamelo que, a lo mejor, tu tienes más gracia. Después llamar al propio director del Festival para que te explique el asunto y, después, valorar si vale la pena levantar la perdiz.

El director de “A Serbian film” no tiene que hacer el ejercicio previo de valorar si moralmente o estéticamente o ideológicamente su obra vale la pena, si puede llevarse a cabo. Nein, nein, nein. Lo diré en palabras de Santiago Segura, amigo del marido de Concha García Campoy y con el que debe de haber compartido dos o tres cenas por lo menos, cuando le preguntaron por si no le daba corte que, a lo mejor, alguien se tomara en serio al personaje principal de su cortometraje “Evilio” (una especie de vagabundo que secuestraba jovencitas y las mataba si no contestaban a sus preguntas correctamente…vaya, jovencitas, violencia, sangre, secuestro…vaya…) y que dijo algo así: “bastante tengo yo con escribir el guión y rodar mis peliculillas como para preocuparme por lo que va a pensar la gente”.

El compromiso del artista siempre debería de recaer sobre lo que hace mientras que el del periodista debería de recaer, única y exclusivamente, en informar. Es decir, en ajustarse lo más posible a la realidad, en no engañar a nadie o, por lo menos, en no soliviantar a la gente o asustarla o calentarla o, lo que es peor, acojonarla (como ocurre actualmente en el 90% de los telediarios donde cada noticia parece indicar que vivimos en la peor parte del Bronx). Lejos de la labor de informar quedan la de educar y, por descontando, exhibir una pobre pedagogía para diferenciar lo que está bien de lo que está mal que, por otro lado, como tantas lecciones suelen darse sin el consentimiento de los propios oyentes/lectores/telespectadores.

Mucho más obsceno que “A Serbian film” resulta la innata capacidad que muestra el ejercicio periodístico de sentenciar incluso antes de haber visto la dichosa película.

Pese a todo la Ciudadana y la periodista Campoy siguen enrocadas en su posición diciendo que “no está mal” (es decir, es un derecho inalienable) el decir si a uno las cosas le han parecido bien o mal. Pues no, puesto que el compromiso del periodista no es sentenciar sino describir la realidad.

Esto de describir la realidad es algo que se le exige mucho últimamente a los artistas, que plasmen la realidad, que nos la cuenten, que se impliquen, que se mojen, que discurseen…pues no, sinceramente, no es labor del cineasta plasmar ni una micra de la realidad que lo rodea, ni siquiera implicarse en ella si no quiere y, mucho menos, tiene que convertirse en un responsable de las tensiones, convulsiones y comentarios que de su obra se produzcan.

En cierto modo el artista decir “ahí os dejo esta cosita a ver que os parece” y luego, si quiere, diluirse.

No estoy en contra del artista comprometido, tampoco del artista que transmite un mensaje, es más, la mayoría de las veces agradezco estas posturas y me parece bien que las personas pierdan su tiempo y den la cara por esta u otra causa. Me parece bien que protesten en contra de la guerra, que escriban canciones que cambien conciencias, que rueden películas que denuncien hechos terribles, que tomen una postura, que hagan tomar conciencia al personal pero, sinceramente, esa es una opción entre muchas otras y nada más.
Lo más curioso de este debatito pequeño es que, en realidad, “A serbian film” es una película de género que quiere hacer una especie de retrato alucinado de la situación que se vive en Serbia. Es decir que, en definitiva, Spasojevic no sería más que un artista que ha tomado conciencia y que se encuentra comprometido con el hecho de retratar los males que asolan a su país. El problema es que, al parecer, ha elegido una forma poco adecuada de hacerlo. Claro.

La cosa va de un ex actor porno que es contratado para una última película, una especie de porno experimental. Los paralelismos con la realidad, están pespunteados con gracia dentro de la narración, es más, el tipo que produce y dirige el cotarro es un psicólogo (Radovan Karadzic, criminal de guerra, era psiquiatra) y por la narración se van entreviendo los males que aquejan a la actual Serbia y, como no, una especie de lectura asilvestrada de los fantasmas del nacionalismo y, por ende, de la manipulación que se hizo de la población para que, como el protagonista de la cinta, acabara asesinando, violando y matando no ya en nombre del cine (la obsesión de este malo es el cine) sino en el nombre de algo tan etéreo como el concepto de patria. Mucho habría que hablar también sobre la estructura de la película (una especie de relectura de la también excesiva y muy mostrenca “Irreversible”) y del final de la misma que no les reventaré por si acaso ustedes se atreven a verla. Desde aquí les advierto: es más un thriller que otra cosa y, sí, es una película que no es apta para estómagos sensibles pero, la verdad, asistimos con enorme pasividad al horror de manera diaria (un horror completamente real) y eso parece hacernos menos daño que una película.


No se me escapa que el tema de los Balcanes es un tema sangriento, violento y con un trasfondo tétrico gigantesco que, para nosotros, espectadores del conflicto bien puede ser algo inentendible desde la distancia. Se me escapan sin embargo, y por completo, los efectos colaterales que la población de Serbia y de los otros países implicados en el conflicto viven día a día, del terrible awakening que debe de suponer despertarse en un país roto por la guerra y que ha nacido tras una historia brutal de genocidio.

“A serbian film” me ha resultado una vomitera, no se si una vomitera buena de esas que te dejan dormir tras un buen empacho, pero sí me da la sensación de que es una película concebida como elemento exorcizador de muchos fantasmas. Fantasmas que su autor ha decidido retratar en forma de notable película de terror, de viaje alucinado por el pasado implicando a la pornografía, a la familia, a la chaladura colectiva y pasajera que provocan un cocktail de drogas de diseño o un buen chute de terrorismo institucional.

No es cosa de dejar atrás tampoco el hecho de que la película que se está rodando dentro de “A serbian film” es algo que va a venderse al extranjero, para que sea disfrutado por un público ajeno que, en palabras del malo de la cinta (Vucjick se llama el amigo) “devora todo lo que tiene que ver con las víctimas”. Dice él mismo que las víctimas es lo que más vende, que es el mejor objeto para ser exportado. Interesante. El director postula, no sin cierta razón, que Serbia exportó un horror televisado que fue digerido por el planeta entero con alegría y que, como todo lo que se ve por televisión, parece rodeado de un halo de irrealidad. Es interesante que todo esto, todo este asunto, se haya disparado por la incapacidad que a veces demostramos por discernir entre lo real y lo ficticio.

Sería sin duda haber hecho una película de buenos y de malos. Spasojevic ha decidido hacer una película sobre un puñado de hijos de puta. Unos hijos de puta que, como ustedes y como yo, navegan todos los días en la difusa frontera que hay entre lo correcto y lo incorrecto. Es posible que estemos ante una peli que evalúa entre los diferentes niveles de "hijoputismo" sin entrar en la tarea de dividirlos pero, también, incidiendo en el terrible hecho de que, de un modo u otro, todos podemos ser tentados por la maldad (aunque esta se aparezca de modo evidente) y participar de ella de un modo activo o pasivo.

Es también posible que el director serbio haya prescindido de ese discurso de "somos una nación dañada y psicológicamente al borde del colapso" y lo haya suplantado por uno más directo que vendría a decir algo así como "A Serbia le dieron por el culo, tenemos el culo abierto y, por desgracia, ha habido tal lío que no sabemos quién es culpable de darle por el culo a quién, quién recibió más y quién dio menos o viceversa. El caso es que estamos hechos un lío y francamente mal de la mollera".

En definitiva “A serbian film” es el intento de un director de cine por transmitirnos cosas, por transmitirnos cosas desde una perspectiva personal, sin censuras previas, sin intentos por moralizar. “A serbian film” es una película de terror, un asunto de género, una peli de la que se va a hablar un montón y que, no me extraña, vendrá precedida de una polémica enorme y se estrenará bajo una terrible presión mediática. El horror balcánico, como el del Tío Creepy, llama a nuestra puerta de nuevo. No esperen una película al uso de las tantas y tantas que se han hecho sobre la Guerra de Los Balcanes, no esperen piedad o misericordia. No. Ahora tienen la oportunidad de disfrutar de un análisis artístico del asunto, de verlo desde otra perspectiva completamente nueva. De eso se trata el compromiso del artista ¿no? De ofrecernos algo, de entregarnos materia con o sin mensaje. Esta es una película que divaga sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre la delgada línea que hay entre verdugos y víctimas.Nada más. El ruido lo ponemos nosotros.

Nota del Insustancial: (*) "Sintetización alemana". Un profesor de filosofía de mi instituto decía, jocósamente, que los alemanes eran los únicos capaces de escribir una "Pequeña introducción al estudio de la letra L" y que esta tuviera una extensión de 40 tomos. Desde entonces me atribuyo esa interesante capacidad. 

Nota del Insustancial 1:  Disculpen, como siempre, la extensión insoportable de estos dos últimos post.

Nota del Insustancial 2: Mañana intentaré volver por la senda de lo que es sólamente bueno y bonito. Aunque, la verdad, no les prometo nada.

Nota del Insustancial 3: Si escarban un poquillo y miran a la derecha encontrarán una frase del dibujante Miguel Ángel Martín (perseguido siempre por la polémica) donde hallarán una interesante conseja sobre lo políticamente correcto.

sábado, 16 de octubre de 2010

Gran Hermano y la fugacidad de los tiempos



Estuve viendo ese magno avance de la nueva entrega de GH llamado "Esperando a GH" y, que quieren que les diga, pero la gocé.

A veces se goza por bien, por gustito, pero otras veces gozas mucho de ver el mal. Este fue el caso de este servidor de ustedes que se sentó "cinco minutitos" (más que nada por ver el escotazo turgentísimo de una ex concursanta de nombre vasco...así estoy de fané y descangashado) y acabó sumido en un mar de contradictorios discursos, peleas al más bajo nivel, envidias, puñaladas traperas, chistes con sal gorda y, todas esas cosas, que tanto le recuerdan a uno a la última vez que asistió a un compromiso familiar.

Ya no tengo duda de que lo mejor de GH es que es un fiel reflejo del momento exacto en el que se emite. Sí, es un programa que caduca al minuto justo de emitirse pero que tiene, oh sí, la virtud de tomar el pulso con una fidelidad inusitada al momento. Es un "carpe diem" televisivo. Hagan la prueba, revisen, por ejemplo, algun youtube de un GH emitido hace, sólamente, un año y caigan en la cuenta de lo viejo que se ha quedado.

Alimentado básicamente por gente normal (y no me vengan ahora de que se extrañan de que haya strippers, transexuales de ambos sexos, ex militares con priapismo y gente así) unidas por el único hecho de ser todos unos completos vagos que aspiran a que el paso por el programa les permita seguir viviendo de la nada absoluta y recibiendo un sueldo de una cadena nacional por sentarse en un plató a charlar con otra gente los concursantes de GH son, sin duda, el reflejo de la moda del momento. Como el concepto "moda" es algo terriblemente pasajero y todos pertenecen a una especie de cultura que ama la fugacidad de los tiempos pues visten, se comportan, alimentan, escuchan, emiten opiniones y, por ende, viven según los cánones del timeline que les ha tocado vivir. Cuando aparecen, otra vez, al año siguiente uno percibe que esas personitas han mutado la piel y que, toma ya, visten ya de otra manera y parecen incluso diferentes.

Una cosa que me llama la atención de los concursantes de GH y también de los de "Mujeres, hombres y viceversa" es que todos gozan muchísimo yendo de discotecas. Sí, miren que para mí el término discoteca es como una cosa lejanísima, como aburrida, como que no te dejan entrar con zapatillas de deporte, como de tener que ir uniformado a un sitio. En las poquísimas ocasiones en que, ya fuera porque estaba dando positivo en cualquier control, ya fuera por obligaciones grupales o por un sarao concreto siempre me he sentido a disgusto en esos sitios. La discoteca (y me refiero a la de moda y no a la entrañable disco de pueblo que merecería un artículo a parte) me repudia y yo repudio a la discoteca. Soy incapaz de abrir el armario y pensar: "¿Le gustará al portero rumano con músculos de la puerta mi atuendo?". El simple hecho de hacer el esfuerzo de adivinar qué es lo que tengo que ponerme para gustarle a un señor me produce unas rarísimas contradicciones internas de corte freudiano.

Sin embargo, y por lo que entiendo, la peña granhermanil disfruta cantidad del encorsetamiento, la diversión programada y, claro, está de ese genuíno "ver y ser visto" sobre el que se asientan esos templos del hedonismo.

Dirán que lo que me pasa es que no me como un colín en esos sitios. Y Tendrán razón. Y dirán que como en la fábula de Esopo de la zorra y las uvas verdes como no puedo disfrutar de ese paraíso lo detesto. Y, a lo mejor, no les faltará razón. Dirán que como soy contrahecho e inseguro pues me encuentro a disgusto entre esa gente que sólo busca el alivio fugaz (otra vez fugaz) de un cuerpo apolíneo esculpido con periódicas inyecciones de botulina, pis de mono titi y anabolizantes como para batir el record de la hora. Y, claro, volverán a tener razón.

No diré que me parecen todas unas chonis (de escote generoso, vaya por delante) y ellos unos imbéciles recalcitrantes. No. Diré que admiro profundamente su capacidad para vivir el momento sin conciencia de ayer, ni tampoco de mañana. Diré que, en el juego de la adaptación al medio, los grandes hermanos y hermanas me han ganado por la mano y que, de tener que elegir los espartanos cualquiera por quienes deberían de acabar en las profundidades del abismo que hay a los pies del Monte Taijeto estos no dudarían ni por un segundo en elegirme a mi, y a mis torpezas y a mis presuntas sabiondeces, y no a una pizpireta andaluza que no sabe pronunciar más de 1000 palabras en nuestro idioma y que, sin duda, si sabe vestirse y comportarse para la ocasión.

Ustedes dirán que son tontos, que no tienen conversación, que son el ejemplo claro de la ruinosa situación de nuestros planes académicos, que son el fruto de la estulticia y del desaforado culto al cuerpo e hijos predilectos de la cultura de la chiflada estética de los tiempos y yo les contestaré que no, que se equivocan, que en un sólo programa de GH se aprende más de los seres humanos que abarrotan España que en cualquier estudio sociológico sesudo.

Tras el espectáculo televisivo que pudiera bien parecer un circo indecente, una exhibición lamentable de todos los errores, vicisitudes y sordideces del ser humano yo les diré que, ese programa y esta edición de GH, nos brindará otra oportunidad de ver a lo más granado de nuestros congéneres, a los mejor adaptados, al irresistible ascenso de lo festivalero. Claro, ya lo dijo aquel, la revolución será televisada. Pues claro, gañanes, se emitirá en Telecinco.

Con el tiempo, una novela tan a primera vista prescindible como "Glamourama" (Bret Easton Ellis) que contaba la historia de un modelo gilipollicas que se embarcaba en un grupo terrorista organizado por otros modelos con la intención de hacer daño, se ha rebelado completamente premonitoria, olvídense de esos contubernios del XX que dieron un giro a la historia de Europa celebrados en cervecerías de tres al cuarto, en esas reuniones del XIX en cafetines lóbregos, en tabernas sucias porque, me temo, que el próximo gran golpe se va a fraguar en el reservado de Pachá o en el "confe" del programa conducido por Mercedes Milá.

No le faltan a la periodista catalana los medios para convertir a su GH (y sólo de ella) en todo un corpus de pensamiento ético y estético pues, el mismo jueves, ejerció de lo que es: la referencia. Sí, queridos lectores despistados, lo nuevo, lo que mola, es dirigir un programa que parece construido para limar asperezas en todo un espectáculo de sanguinolencia catódica usando todas las armas del desvarío para conseguirlo. Otro claro ejemplo de adaptación al medio catódico: si antes lo que estaba bien era hacer entrevistas a personas interesantes ahora, lo que manda, es calentar el patio. Lo consiguió y, por lo tanto, cumplido de sobra el objetivo solo podemos ponernos de rodillas y agradecer la lección prestada. Muy poca gente estaría dispuesta a servir tan alegremente a las motivaciones de los tiempos sin despeinarse (o despeinándose, porque la Milá ha sacado un histrionismo que es cosa fina y del gusto de las masas).

No me cabe duda que esa "vida en directo" que preconiza GH nos va a deparar las exactísimas coordenadas del lugar que ocupamos, el volumen exacto del espacio que ocupamos y, sobre todo, eso es lo importante nos va a deleitar durante unos cuantos meses con todo un catálogo de ropajes, peinados, canciones, actitudes, pensamientos y posturas éticas y filosóficas que no serán más que el fiel reflejo de lo que, ahora mismo, está pasando ahí fuera, de lo que se cuece, de lo que se habla y de lo que se prepara en el local de moda de su ciudad. Y ría, ríase mucho pero de pena, de no poder participar, de no estar en la pomada, de ser una puñetera antigualla y de haber malgastado su tiempo en tonterías. Pero, sobre todo, de no saber adaptarse. Ya pueden encomendarse a Don Carlos Darwin.

Como dice Paolo Vasile: "Carpe Diem".

Nota del Insustancial: En "31 canciones" de Nick Hornby encontré unas palabras del escritor comentando las extrañas razones por las cuales Springsteen había pasado de ser considerado el futuro del rock a ser catalogado, poco después, como un cantamañanas patriotero y con tendencia al histrionismo y la estupidez. Le echa la culpa a una crítica musical un tanto estúpida y poco informada. Lo suscribo. "Thunder Road", por cierto una de mis canciones preferidas porque soy un infantiloide al que el rollo épico-romanticoide de "The Boss" le pone todavía los pelos de punta, va de un tipo que quiere marcharse de su barrio cutre y triunfar lo que, al parecer, es lo que ha movido a mucha gente a ponerse delante de un toro o a concursar en GH. Venía que ni al pelo. Disfruten.   

viernes, 3 de septiembre de 2010

Dolor de tripas


He navegado entre dos cosas catódicas esta noche: "Pesadilla en la cocina" (el docu-reality firmado por el chef Gordon Ramsay) que emite Antena 3 Nova y el telediario de Telecinco.

Sospecho que la versión que nos ofrecen del programa del cocinero es más corta que la americana. Tengo la sensación de que tiene demasiados saltos narrativos. Pese a que el programa me gusta no puedo dejar de tener la misma sensación de engañifa que la que siento cuando me pongo a ver el SNL que emite Canal + y que nunca es una versión completa del programa. ¿Por qué? Me imagino que por ajustar las parrillas. Un horror. Antena 3 lo ha hecho con algunos telefilmes este año. El poco aprecio que tenemos por el trabajo audiovisual (que se demuestra en esta práctica y en esa manía de cambiar las versiones originales de las películas) es infinito. Como ya he dicho alguna vez no se que pensaríamos si, por ejemplo, Miguel Angel volviera de la tumba, conociera a Banksy y decidiera retocar los techos del Vaticano.

Si no han visto ustedes el programa de cocina se lo cuento: Gordon Ramsay es un chef estrella que acumula unas cuantas estrellas Michelín y que se hizo muy famoso en los EEUU por presentar Hell´s Kitchen un programa en el que dirigía una especie de GH de cocineros. El programa arrasó. Aquí hicieron una versión muy mala con dos cocineros (Sandoval y Arola) con famosos titulado "Esta cocina es un infierno"...lo que era un puto infierno, cuyos cocineros eran ex famosos, era el programa y no solo el sitio donde se hacían los platos. 

"Pesadilla en la cocina" (titulado originalmente "Kitchen´s Nightmare")  gira alrededor de la visita de Ramsay a algunos restaurantes desastrosos a los que presta ayuda para volver a ser negocios viables. Tiene un punto de sus anteriores programas (hace el papel de inglés de lengua afilada y malahostia), algo de programa de cocina tradicional (Ramsay mejora la carta y prepara platos) y un poco de ese programa en el que le hacen una casa a la gente (el equipo de Ramsay se encarga de remozar el interior de los restaurantes). 

Uno de los puntos fuertes, junto con las broncas que el chef inglés le echa a la gente y que contienen cosas como "Eres un cerdo francés" o "Este plato es asqueroso", es la bajada a los infiernos que se produce cuando el tipo inspecciona las cámaras frigoríficas: moho, comida en descomposición, cosas congeladas desde 1987, verdura y fruta que no se comerían ni las ratas más famélicas de los callejones contíguos. Un espectáculo bochornoso que da bastante asco. Un asco profundo que te quita las ganas de salir por ahí a cenar nunca más. ¿Que por qué lo veo? Soy un caso diagnosticado clinícamente de masoca catódico, es verdad, pero el programa tiene un rollo estupendo. Es divertido y, pese a que es un poco previsible, es una especie de muestra de población donde salen a relucir cocineros chiflados, camareros vapuleados, clientes con cara de asco, restaurantes mierderos...pero, sobre todo, pone de manifiesto las razones universales por las cuales se come mal en algunos restaurantes y una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que todavía no me haya pillado un Síndrome de las vacas locas?

En el fondo el programa te va llevando por una senda didáctica: te da pequeñas dosis de información sobre cómo elegir un sitio para cenar y, sobre todo, te enseña a apreciar la buena cocina. El tío no cocina mal y, pese a utilizar todas esas palabras ampulosas para referirse a los diferentes platos como "brillante", "estremecedor", "vibrante" o "divertido" (hace años que el marketing de adjetivos vacíos llegó a la gastronomía), hace cosas ricas frente a cámara. 

Pese a las imágenes de mal rollo, enfrentamiento o, directamente, comida podrida mostrada a cámara con planos de detalle, ya digo que la cosa siempre termina bien y que, al final todo se soluciona. 

Los telediarios de Telecinco, sin embargo, adolecen de todo eso. Esta noche José Ribagorda (con un pelo rarísimo, como si llevara una mofeta muerta en la cabeza) ha arrancado fuerte: la noticia de que los presuntos asesinos (se les olvidó lo de "presuntos" creo recordar) de Marta del Castillo no serían juzgados por un jurado popular y un incendio con víctimas en Andalucía han sido sólamente los entrantes de un menú con regusto a pánico, terror doméstico y servido con la inconfundible salsa del amarillismo más descarado. 

Luego le ha tocado el turno al paro. Pese a que mucha gente pierde su empleo temporal a finales de agosto (cosas de los trabajos de temporada en negocios de temporada) el Chef Ribagorda no ha tenido empacho en ofrecernos una noticia mal narrada, con un baile imposible de cifras (¿Ha aumentando el paro en un 42% en sólo un mes?) y montada sobre el plato (o en el plató) a matacaballo. Escenas de parados de lugares tan distantes como Galicia o Andalucía -sin rotular desde donde se habían grabado- mezcladas con imágenes de archivo de restaurantes de costa vacíos y un sinfin de cosas que, sin ton ni son, parecían estar cocinadas para servir a un fin mayor que el de dar información.

La cosa ha seguido con unas declaraciones de Rajoy sobre la continuidad del Hermano Funky Camps en lo más alto de las listas de éxitos del PP Valenciano pese a que, en la entradilla, se nos había informado de que Don Mariano había presentado a los medios un plan de 50 medidas contra la crisis de las que no se ha informado no se si porque ya sabemos todos cuáles son o porque se ha traspapelado el pedido en el ajetreo de la cocina y si nosotros pedimos carne a la brasa (brasas están los del PP, vive Alá...) nos han sacado un mal aliñado y rancio paellador con Camps que, mudito, atendía a la Selección Valenciana de Pelota. ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra? Pues nada.

No hemos tenido respiro tampoco cuando se ha hablado del mal tiempo. Ribagorda, muy serio, ha dicho que había como quince comunidades en alerta por las tormentas pero que, estas, no habían provocado daños. Ufff, tranqui, parecía que ahí venía el típico sorbete de limón que te ponen entre el plato de pescado y el de carne para eliminar la posibilidad de que se mezclen los sabores pero...¡Uau! unas imágenes de unos camiones teniendo un choque en una carretera  narrado por una voz en off trémula que le echaba la culpa a las lluvias torrenciales que asolaban la Península nos quitó la ilusión. ¿Es que nadie le cuenta a Ribagorda de qué van los vídeos que se emiten en su propio telediario?

Y luego otra tanda de huracanes terribles, apocalípticos y grandiosos que asolaban la costa norteamericana (pese a que las imágenes mostraban a gente paseando por las playas) con un señor muy chulo diciendo: "Es bonito ver a la naturaleza actuar de esa manera". Pero ¡Nooooo! Porque de nuevo la voz trémula anunciaba que en China un corrimiento de tierras debido a una tormenta había aplastado una casa en una aldea y en Japón...¡Hostias, Japón! Me he removido incómodo temiéndome que Godzilla por fin se hubiera decidido a patearse Tokyo pero, no, en Japón había tormentas y huracanes bíblicos que se han cobrado víctimas. Específicamente 3. No digo que tres subditos japoneses sean pocos, no, lo que digo es que para ser huracanes terribles que compiten en fiereza con las plagas de Egipto tres personas...pues como que le quita la gracia cuando se puede decir: "el Huracán se ha cobrado tres víctimas pero, teniendo en cuenta, que eran personas queridas por sus familias, siempre se pagaban unos sakes a los colegas y la gente se quedaba embelesada viéndolos cantar en el karaoke o jugando al Pachinko....¡La cifra de damnificados por el huracán se calcula en 22 millones de personas que mañana saldrán a la calle disgustados!".

Y luego lo del incendio, y luego...sí, esa cosa que hacen los telediarios que es saquear imágenes de youtube de choques de coches contra casas o atracos a bancos en forma de micronoticias ("bocaditos de terror con salsa de sangre y trocitos de diente y asfalto") pero de los que nunca te cuentan ni la fecha (es decir, si el género es de hoy o es de hace dos meses) ni te nombran la fuente exacta. ¿Se acuerdan cuando Rosa María Mateo decía aquello de "Según la agencia France Press..."?

Y después hemos vuelto a la carga con la información deportiva en plan postre: sí, la selección guay, pero el cesped del campo en el que jugarán mañana...¡Ay, ese cesped! JJ Santos (que cada día parece más raro) ha dicho que, bueno, otro drama, una cosa insoportable ¿Estaba minado? ¿Escondía trampas puestas por el Vietcong de esas con estacas de bambú untadas en mierda de buey para que si te caes dentro y no te matas te infectes? ¡Pero! El cesped...la dichosa hierba: ¡ESTABA DEMASIADO MOJADA! ¡MOJADA Y BLANDA! ¡QUE PAREN LA CONFERENCIA DE PAZ ESA DE WASHINGTON Y QUE VENGA OBAMA CON LA SEXTA FLOTA Y EL TERCER CUERPO DE MARINES! ¡ALÁ NOS PROTEJA!

Según la redacción de deportes de Telecinco eso podría provocar lesiones. Lesiones a nuestros chicos de oro, a nuestros campeones del mundo, ¡A LA ROJA! ¿Es que donde vamos a ir a parar? ¿Es que en Liechtchenstein, el único país que rima con Fronkonstin, no saben organizar un partido de la selección española? ¿Es que no saben que los campeones del mundo ya sólo juegan si el balón es de oro y el campo está hecho de caviar iraní? Propongo que, de lesionarse algún futbolista español, mandemos a la Legión y les invadamos, pasemos a cuchillo a la población civil y, de paso, le hagamos un favor a los Informativos de Telecinco para que puedan servirnos uno de sus conocidos menús tan ricos en carne podrida y vísceras.

Yo hoy me voy a la cama empachado...¿Ustedes no?

Nota del Insustancial: Estaba por ofrecerles dos clásicos para ilustrar esta entrada que no son otros que "Cocinero, cocinero" de Antonio Molina o el tema de cabecera del programa "Con las manos en la masa" cantado a medias por Vainica Doble y Joaquín Sabina. Por el nivel de psicotronía de los programas de los que hablo he rebuscado un poco para encontrar "Comer, comer" temazo de la película "Chispita y sus gorilas" película infantil de 1982 dirigida por Luis María Delgado. Si no se acuerdan Chispita era el "nombre artístico" de Macarena Camacho, una niña que quisieron lanzar como estrella infantil y que fue publicitada como "La nueva Marisol" y "Sus gorilas" eran los actores prepúberes Miguel Joven y Miguel Ángel Valero que se habían hecho famosos por interpretar a Tito y Piraña en "Verano Azul". Pese al éxito de "Comer comer" y del hit "La vuelta al mundo en góndola" el trío se deshizo rápidamente no alcanzando los objetivos previstos por la disquera que estuviera detrás del invento. Macarena, según IMDB (Dato flipante), siguió en solitario llegando a aparecer en varios episodios de "Vacaciones en el Mar" para luego dedicarse a otras cosas. El dúo formado por Joven y Valero aún trabajarían juntos en "Padre no hay más que dos" (1982). Película dirigida por Mariano Ozores y protagonizada por otro dúo cómico que intentó con este título pasarse al cine familiar: Pajares y Esteso. La sociedad artística de los chicos quedó disuelta y Joven (Tito) no volvió a aparecer en ninguna producción. Valero (El Piraña) aún tuvo tiempo de rodar "Buenas noches Señor Monstruo" (1982, Antonio Mercero) junto al grupo musical Regaliz y más tarde "El rollo de septiembre" (1985, M. Ozores). Luego participaría en "La bola de cristal" haciendo el papel del Detective Mantequilla. Este año ha sido la imagen publicitaria de una agencia de viajes.

sábado, 3 de octubre de 2009

Il Corpo delle donne

He encontrado un estupendo cortometraje documental llamado "Il Corpo delle donne" (traducido al español) que reflexiona sobre la imagen que los medios de comunicación muestran de las mujeres. Sus autores, italianos, se han centrado en la escalofriante programación televisiva de su país para la pieza aunque, echándole un vistazo, es posible que lleguéis a la misma conclusión que aquí mi menda: esto tenemos que verlo dentro de muy poquito aquí mismo y con gran éxito de crítica y público. Es más, salen imágenes del "Mujeres, hombres y viceversa" italiano que dan escalofríos.
Mientras esperamos al estreno del largometraje documental "Videocracy" (Eric Gandini, 2009) y que gira alrededor de la estética de la televisión italiana y su conexión con el actual gobierno y la moralidad reinante en el país transalpino no está de más comprobar como siempre hay gente que está dispuesta a dar otra cara de las cosas.
Que lo disfrutéis.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Pedro Ruiz, el "Síndrome del yonqui cagando" y algunos tipos de entrevistas.


Hace dos noches vi "Caro Diario" (Nanni Moretti, 1994). Me dormí y soñé con que asistía al Festival de Donosti con el director italiano al que galardonaban con la Concha de oro por una película titulada "Giochi Preziosi".

Llevo dos días dándole vueltas a las razones que han llevado a mi subconsciente a armar semejante fantasía y no he llegado a ninguna conclusión excepto en que "Giochi Preziosi" ("Juguetes preciosos"), que es una marca de juguetes, es un título estupendo para una película sobre velinas y Berlusconi.

Si quiero dormir tengo que ver una buena película o leer unas páginas de un libro porque si hago como anoche, ver una entrevista de Pedro Ruiz en Telemadrid, suelo tardar en dormirme si es que el insomnio no se hace con el control de la situación y toma rehenes.

Había motivos para el insomnio porque las oleadas de pánico me iban sobreviniendo una detrás de otra:

1ª oleada: Pedro Ruiz estrena obra de teatro titulada "Escándalo en palacio".

2ª oleada: La obra está escrita, producida, dirigida y protagonizada por...¡Pedro Ruiz!

3ª oleada: La música de la obra está compuesta por...¡Luis Cobos!

4ª oleada: En el estreno Pedro Ruiz pagó un dinerillo al Museo de Cera de Madrid para que trasladaran hasta el teatro las figuras de Sarkozy, Obama, Los Príncipes de Asturias etc.

5ª oleada: Pedro Ruiz se queja al alcalde Gallardón por organizar "La noche en blanco" y cerrar el tráfico del centro de la capital lo que, a su entender, le perjudica ya que la gente "no puede acercarse al centro en taxi con total normalidad como hace siempre" y eso provoca una caída de taquilla considerable en la sesión del sábado...me imagino de que no cae en la cuenta de que los cientos de miles de personas que deambulaban ese día por el centro de Madrid (pese a hacerlo a pie) no han querido pagar por una entrada de su obra pese a pasar por la puerta del Teatro. Conclusión: el público potencial de Pedro Ruiz se mueve en taxi con normalidad, mientras que los peatones son ciegos y sordos ante el talento del artista. Puta chusma, ellos se lo pierden.

Cuando veo un espectáculo televisivo de este pelo me quedo completamente paralizado y no puedo dejar de mirar, es lo que hace años se catalogó como "Síndrome del yonqui cagando".


Les cuento: por bizarras cuestiones, hace años, era el coordinador de una Muestra de Cine y días antes de las proyecciones, en compañía de dos organizadores, nos embarcábamos en un viaje para recoger todas las películas de la Muestra. Lo normal era darse un rulo larguísimo por todas las oficinas de las distribuidoras de Madrid (grande siempre el parón en Gran Vía en la oficina del Sr. Zapata que invitaba a café y soltaba unas estupendas anécdotas sobre el cine español en los años 70) pagando en efectivo el dinero de cada copia y luego recoger el albarán e iniciar otro largo viaje alrededor de la periferia para visitar los diferentes almacenes de películas donde, por fin, se recogían las copias.

El despacho de pelis de Golem, si no recuerdo mal, estaba pegado a Las Barranquillas, simpático y agradable asentamiento chabolista donde se expendían drogas duras a troche y moche. Al lado de las Barranquillas estaba otro Resort de Vena Pinchada llamado "Los Pitufos" (extra luxe también) y el depósito de la grúa de Madrid custodiado por agentes escopeta en mano como si se tratara de Fort Bravo.
El caso es que el "polígamo" aquel era un infierno donde todo estaba cerrado con llave por miedo a ser asaltados o, como normalmente ocurría, unos cuantos yonkis hicieran la "invasión zombie" o, lo que es lo mismo, presentarse en grupo en un negocio concreto para molestar a los currantes, soliviantar a los clientes etc. y sacarles unas monedillas a cambio de largarse y dejarlos en paz que es un recurso utilizado por la Tuna que, en este caso, da la turra hasta que les pagas y se largan. Por cierto: ¿Cuantos años tendrá el tuno más joven? ¿47?

Bueno pues nada, que recogimos la maldita película y, al salir, enfilamos por la estrecha carretera en dirección a Pinto (íbamos a Pinto a recoger otra película) cuando, en medio de la vía, se pone un señor toxicómano que, todavía con la chuta colgándole del brazo, se agacha para adoptar la postura de Gollum y, bueno, pues que se hizo caca. Allí mismo. El grito en el interior del coche fue espantoso un ¡Ohhhhh!, un ¡Ahhhhhh!, un lamento pero también un chillido de pánico histérico mezclado de tres de los ocupantes porque el conductor con un cigarrillo colgado de su labio decía "Es asqueroso, es asqueroso, es asqueroso...". Alguien le gritó: "¡No mires!". Y el conductor dijo: "¡Ya me gustaría! Pero no puedo dejar de mirar, es que no puedo dejar de mirar, es una cosa asquerosa y fascinante ver algo así".

Y es a ese estado de paralización hipnótica ante el terror a lo que se llama "Síndrome del yonqui cagando". Juzgad que estáis más frescos.

Completamente paralizado, pero no idiotizado del todo, me doy cuenta de que la entrevista es una de esas tipo "masaje con final feliz". Es decir, que no es una entrevista si no una promo muy alargada con aspecto de entrevista...o sea, es igual que un masaje con final feliz que pese a parecerse a los masajes terapeúticos normales no consiste en quitar dolores de las vértebras si no en satisfacer otros objetivos del cliente.

En Telemadrid, que es una cadena muy goebbelsiana en eso de la propaganda, le dan bastante aceite a sus invitados. Todos van allí a presentar unos libros que son la hostia, unas obras de teatro que parten la pana y unas películas que cambiaran el destino de Occidente...luego te das cuenta que el libro es de Luis del Pino, la obra de Pedro Ruiz y la película de Antonio del Real pero, oye, las entrevistas "con final feliz", son lo que tienen.
La entrevistadora, una rubia que busca mucho la cercanía, le pregunta a PR: "Venga, confiesa en cuánto tiempo te ha llevado escribir esta obra de teatro". PR se echa para atrás, sonríe una unívoca mezcla de picardía y autocomplacencia y suelta: "Me dicen por ahí que no lo diga porque siempre queda mal...pues...mira, once tardes, once siestas de mi madre...pero no utilizo internet, eso lo tenemos en el despacho, yo escribo a mano, me gusta sentir la conexión que hay entre tacto, pulso y corazón cuando escribo".

Mientras que su madre se echaba una reparadora siesta PR se escribe una obra de teatro...en serio...22 horas (concedo dos horas de siesta a una señora que entiendo es ancianita) en total para parir un texto. Velocidad de crucero. Palahniuk dice que tardó tres semanas en terminar "El Club de la Lucha" y...esperen, otra anécdota:
Estábamos un amigo y yo tomando un gin-tonic en un bar a unas horas muy tardías (o muy tempranas) cuando entró un director muy chupiguay que, por aquellos años, estaba partiendo la pana pese a que su segunda película, la que intentó rodar, se la había dinamitado (casi literalmente un conocido actor) y jamás pudo llevarla a cabo y su tercera peli se había convertido en su segunda peli y estaba siendo un poco fracasete pese a los buenos resultados de la primera. Como nos conocía a los dos de alguna cosa pues nos saludó efusivamente y, como estaba solo, se unió a la conversación o, mejor, inició una nueva sobre el tiempo, el espacio y la dedicación que necesita un guión. De hecho hizo una ronda y me preguntó:



-"A ver, ese proyecto que dicen que te han encargado ahora y que yo he mandado a tomar por culo (era cierto, todo el mundo lo había rechazado menos yo) porque era una puta mierda (las primeras versiones eran muy malas)...¿Cuanto tiempo le estás echando?
-"Pues desde que he escrito las primeras notas, luego el productor X me ha dado el OK y he escrito un primer tratamiento pues...como dos meses...pero el productor me ha dado el OK de nuevo y creo que está buscando un director...".

(Para mi tristeza infinita dicho director me echó a la puta calle sin leer ni una sola página de mi primer tratamiento de ¡60 páginas! previo a la primera versión y me puse muy triste...excepto cuando la película se estrenó y se puso en evidencia...)

-"Pues yo tardé en escribir mi premiada, aplaudida y rentable ópera prima titulada "XXXXX" en tan solo quince días". Y luego me miró con esa inequívoca mirada suya entre pícara y autocomplaciente.

Noté como el "Síndrome del yonqui cagando" se hacía fuerte en mí y, de pronto, lo vi en cámara lenta darle un largo y sentido largo a su gintonic que brillaba por encima de mi cabeza como una estrella polar iluminada por las luces indirectas de burdel que se gastaba aquél garito subterráneo. Me sacó de aquella repentina ensoñación la voz de mi amigo que dijo:

-"Se nota".

-"¿Qué quieres decir?" dijo el director chupiguay "¿Estás diciendo que es una mierda?".

-"No, lo que digo es que lo has escrito en dos semanas y parece escrito en dos semanas. Nada más".

-"¿Eso es malo o bueno?

-"Bueno, claro, muy bueno...dos semanas, muy bien, nadie lo lograría".
-"Aunque" dije yo "Paul Naschy declaró que había escrito el guión de La Noche de Walpurgis en sólo una noche...una noche de tormenta...donde a veces se iba la luz y tenía que aprovechar la luz de los rayos para ver la página en blanco...una página en blanco que estaba dentro del carro de una vieja máquina de escribir Remington...".
-"¿En serio?" Dijo el Director Chupiguay "Pero esa película es una mierda...".

-"¿Estamos hablando de calidad o de escribir rápido?".
Y ahí se acabó la anécdota, de modo abrupto, que era la forma que antes tenía yo de acabar las cosas y no como ahora que me he convertido en un Obama de la barra fija y no hago más que contemporizar en cuanto me tomo dos copazos.

Pues eso, que no me quedó claro si PR hablada de calidad técnica o de rapidez o, a lo mejor, en plan Formula 1 de lo que estaba hablando era de mezclar rapidez y fiabilidad...es posible que estuviera hablando de coches...

(....)

Lo que no sabía es que después de la entrevista con Pedro Ruiz esta mañana me levantaría aterrorizado por la cita que tenía para renovar carnet y pasaporte. Me acuerdo cuando uno de mis rasgos encantadores era hacer con que no encajaba y que no sabía hacer ni un papel de la facultad sin necesitar asesoría jurídica...jajajajaa, soy un inválido social con fobia hacia la burocracia....ahora ya no es gracioso, es más bien algo engorroso y coñazo.

Se me ha atragantado el zumo cuando, antes de partir, nerviosito porque por primera vez me hacían el carnet electrónico y voy a tener que estar hasta el 2017 con cara de señor del GRAPO recién fichado por la policía, Ana Rosa Quintaba anunciaba en su programa que tenía un invitado de lujo: Se llama Jose y es un treintañero valenciano que protagoniza un spot donde habla del curro que le ha buscado la Obra social de La Caixa por tener "una inteligencia límite" que le impedía encontrar un trabajo por los cauces habituales. Tener una inteligencia límite no le impide expresarse un poco en inglés y fichar a la hora en punto.
Ana Rosa Quintana lo ha llevado hoy a su programa y Jose ha cumplido al 100%. Es más, al 110% porque Jose se ha sentado frente a AR vestido con un polo de la empresa que le da trabajo como si fuera un deportista profesional...me ha dado un poco la sensación de que Jose ha podido faltar un día a su trabajo a cambio de hacer algo de propaganda. El caso es que AR ha estado sesteando con la biografía de Jose y haciendo algo sorprendente: una entrevista "inversa".

Las entrevistas inversas son difíciles de ver pero son un fenómeno de lo más interesante. Explícome: las entrevistas, las normales, las que no tienen "final feliz", son aquellas que persiguen que, a través de una batería de preguntas, los lectores o espectadores se hagan una idea del personaje entrevistado. Se hacen entrevistas sobre la obra o la vida, a veces, si son muy buenas sobre la obra y la vida y si son rematadamente buenas, además, ponen de manifiesto alguna faceta oculta del entrevistado. No me estoy refiriendo a que, de pronto, en plan show algún político ventajista diga "¿Sabes que toco la bandurria?" y, oh surprise, surprise, haya una bandurria en el plató para que pueda tocarla si no a que, de verdad, alguien sea retratado desde una prespectiva diferente y desconocida.


Un detalle: cierto director de cierto programa de televisión se empeñaba hace años en quedar con los entrevistados días antes de la grabación con la excusa de conocerse antes (en realidad él sólo quería hacerse la foto con los famosos de turno sin que nadie lo molestara y poder decir "muy apesadumbrado" eso de "bueh, estos pesaoooos, de ¡ES-TO-PA! quieren comer conmigo....que rollo, de verdad...voy a llamarles al mooovil que me han dado...al personal, que si no no voy a poder currarrr en mis cooosas ingeniooosas durante toooda la tarde") y una vez quedó con cierto actor muy conocido y muy majo y muy buena gente que está mogollón en el candelero y, de pronto, el directo de dicho programa se puso tan pesado y tan agresivo con que ambos se hicieran amigos y se puso tan colega y tan pegajoso que el simple cuestionario hecho en un restaurante de muchos tenedores se convirtió en una terrible confesión. Ese actor, completamente acojonado y pensando que el tipo lo estaba intentando chantajear de algún modo para la entrevista, dijo: "verás, no creo que pueda ir a tu programa a contarte nada porque me estoy desenganchando de la cocaína y lo estoy pasando bastante mal y no quiero que nadie me entreviste en este plan tan íntimo porque temo que me voy a derrumbar y creo que no sería bueno ni para tu programa, ni para mi....". A eso me refiero cuando hablo de confesiones.



El caso es que mientras que AR le estaba haciendo las preguntas a Jose resulta que poco o nada sabíamos del entrevistado que no hubiéramos visto en el anuncio o que no sospecháramos de alguien que tiene una inteligencia límite pero sí comenzábamos a saber cosas de Ana Rosa como que, por ejemplo, su cutis dice que tiene cuarenta pero su forma de expresarse la coloca en la generación de personas que creía que utilizar la palabra "mongolito" era un término compasivo de absurdamente paternalista que se ha puesto con su entrevistado; también que está un poco desentrenada a la hora de entrevistar a personajes sin respuestas previsibles y que, por ello, estaba haciendo la entrevista como si estuviera a la vez intentando desconectar un dispositivo cargado de Goma-2 pero, sobre todo, a que si vas al programa de AR podrás negociar previamente la entrevista a no ser que te llames Jose, seas de Valencia, trabajes en la empresa DHL y seas fallero porque, AR, muy descorazonada, le ha dicho a Jose: "No has querido que tu madre se siente contigo en esta entrevista...¿Y eso?". Y lo ha dicho un poco dolida y Jose ha contestado: "No, es que prefiero contestar yo porque me has traído aquí a mi y no a mi madre". Y se ha notado que lo que quería AR era hablar con la madre de Jose y que le contara lo duro que es sacar adelante a un chaval como él y esas cosas que parece que son ahora parte de eso que se llama "carácter humano" de la televisión pero que, en realidad, son una basura. En realidad ninguno de los invitados de AR acude con un familiar cercano que complete la información de la entrevista y, al parecer, por algo que se me escapa Jose sí tenía que acudir con su madre. Lo más duro ha sido descubrir que AR es una persona tozuda porque, al final, ha comentado: "Bueno, yo se que no quieres que tu madre salga pero yo quiero, bueno, ella quiere salir para darte un beso ¿Eso no te importa?". Y Jose, vencido por las circunstancias y seguramente por miedo de contrariar a AR y a su madre ha dicho "Vale, que pase". Pero su madre no le ha besado porque, me imagino, ya lo besará bastante en casa pero sí ha contestado a una batería de preguntas de AR que han girado alrededor de lo "duro que es ser madre de un chaval con inteligencia límite" y Jose, el entrevistado, se ha tenido que callar porque de lo que se trataba, al parecer, todo ese rollo de la entrevista no era saber como se integra un chaval con inteligencia límite si no de descubrir como es AR, de saber de sus pequeños defectillos y de que todos entendemos que si tu solidaridad llega hasta los 20 céntimos que echas en alguna absurda hucha, algo que haces anónimamente, la suya pasa por la emisión en directo de estos actos de caridad, que no de solidaridad.



Y ahora, con el permiso de ustedes, me voy a meter entre pecho y espalda los primeros capítulos de "La maravillosa vida breve de Oscar Wao" (Junot Díaz) y ya les contaré porque tiene muy buena pinta. Mientras tanto no queden paralizados ante el terror y disfruten.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Su demagógica majestad


Jorge Javier Vázquez dijo el otro día en "Sálvame" que había unos programas muy elitistas escritos por guionistas gordos, sudorosos y gafapastas que eran la antítesis de la frescura y la campechanía de su espacio televisivo. En la frase, enunciada con mucha mala hostia y una grave dósis de demagogia, JJV dejaba bien claro que lo guay, lo fetén, lo popular, lo que tiene tirón es, ni más ni menos, que lo que se hace en su programa mientras que lo otro crece alrededor no porque tenga que crecer ni porque tenga que haber algo de pluralidad de contenidos si no porque, como el pueblo de los irreductibles galos, "Sálvame" se ha convertido en el último bastión de lo que de verdad interesa al público.


Es JJV un demagogo de esos que, para justificar su propia vulgaridad, no tiene empacho en ampliar el término "vulgar" hasta convertirlo en un sinónimo de "popular". Es sorprendente como alguien al que se le llena la boca diciendo que es un gran lector de Gala o Skarmeta, Almudena Grandes o García Márquez y que se pirra por Caetano Veloso y el cine de Almodovar sea capaz de jugar a construir dañinos estereotipos sobre los demás mientras se emplea a fondo en cultivar uno propio e igualmente feo: el de la "típica marica mala".


Por desgracia los estereotipos no están construídos sobre verdades si no sobre prejuicios y, al no ser yo una persona que crea ni en la culpa colectiva ni que tenga prejuicios, niego tajantemente que JJV forme parte de esa cosa tan fea.


De hecho la frase de JJV es tan prejuiciosa como aquella otra emitida por Millán Astray y que decía eso de "Cuando escucho hablar de cultura cojo la pistola" o como si, por ejemplo, alguien fuera capaz, en los tiempos que corren, de argumentar en contra de "Sálvame" diciendo que "los programas de corazón tienen un alto índice de mal gusto debido a los homosexuales que trabajan en ellos".


Ya es triste que un tío tan moderno como el conductor de "Sálvame" quiera ser comparado ideológicamente con un legionario golpista y posiblemente homófobo.


Enfrentamientos y mal rollo es lo que JJV y la cadena que emite su programa creen que es lo que gusta a la gente...es posible que incluso eso sea una de las muchas exageraciones o cebos que producen este tipo de programas porque, la verdad, cuando dicen eso de "toda la gente" me acuerdo de todos los que no vemos casi nunca la televisión. Y no por falta de ganas porque ver lo que le están haciendo a la caja tonta es como asistir a un espectáculo donde la gracia consiste en ver a un sádico ahogando cachorritos.