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martes, 13 de julio de 2010

Alejandro Cao de Benós: ese hombre, esa incógnita.



Lo he hecho público varias veces y lo voy a hacer otra vez: quiero viajar a la República Popular Democrática de Corea, o sea, a Corea del Norte.

¿Que por qué flipo con dicho país? Para mi lo tiene todo: un líder carismático, un sistema político de esos que ya no se ven, mucho exotismo y, sobre todo, tan poca información que parece uno de esos sitios del mundo donde, en realidad, uno puede encontrar el perdido espíritu de la aventura. Sabemos muy poco de la realidad de Corea del Norte, tan poco que tienen a Occidente completamente arrinconado, es decir, si por ejemplo anuncian unas pruebas nucleares y los contadores richter registran que, efectivamente, ha habido un movimiento sísmico parecido al que provocaría la detonación de un pequeño ingenio nuclear mata capitalistas resulta que no se sabe si en realidad dicho artefacto es de verdad o al siempre ingenioso Líder se le ha ocurrido explotar unas cuantas toneladas de TNT dentro de una mina abandonada para crear la ilusión de que la temible Corea del Norte posee un artefacto de dichas características.

En una época en la que la gente retransmite su vida por las redes sociales es aplaudible que un país entero sea capaz de ser tan discreto y de no decir ni ay. Valga como ejemplo de la insana fascinación que existe sobre el país el hecho de que en "Guerra Mundial Z" (Max Brooks) se cuente que, en los primeros días de la intoxicación mundial, los norcoreanos desaparecieron dentro de sus propios bunkers y jamás han vuelto a ser vistos o dar señales de vida. Incluso en dicha ficción se barajan dos posibilidades: que hayan refundado su ordenada sociedad bajo tierra en plan los Morlocks de "La máquina del Tiempo" (H.G. Wells) o que, por el contrario, en los bunkers sólo exista una horda de millones de infectados por el virus solanum. El miedo a lo desconocido mantiene al resto del planeta alejado de las puertas de los bunkers tanto por lo primero como por la amenaza de que haya que combatir a otra marea de comecerebros.   

La falta de información, y una pizca de interesada desinformación y otro poco de interesada contrainformación, suelen generar los conocidos "mitos mediáticos": que si el Gran Líder secuestró a un director surcoreano y a su esposa para producirse una película de ciencia ficción titulada "Pulgasari" (apasionante historia que puede leerse aquí), que si el tío tiene una colección de películas que lo flipas, que si no hay ni un gay en todo el país, que si el Gran Líder se ha construído un edificio que no puede terminar, que si nació en un campo de refugiados en la URSS que si tiene a toda la población armada y dispuesta al combate etc., etc.

Si hacemos caso a todo lo leído Corea del Norte es el escenario ideal en el que las fantasías de la propaganda capitalista se han hecho carne, es un cómic hecho país, una distopia real, una ucronía sobre ruedas deslizándose sobre una dirección política que, con el paso de los años, ha ido mezclando la ideología comunista (toda ella, de cualquier escuela oriental y occidental) con la espiritualidad de la zona y entroncándola con las tradiciones históricas del lugar: si hace 1000 años los viejos reyes coreanos pudieron sobrevivir pasando casi inadvertidos y siendo bastante celosos de sus secretos la historia, al parecer, sigue bastante vigente.

Como nada puede sorprender de la República Popular Democrática de Corea porque, como ya digo, es muy difícil diferenciar entre la verdad y la mentira o, mejor, entre la medio verdad, la farsa y la leyenda no es muy raro que dentro de su gobierno haya espacio para  Alejandro Cao de Benós, español de 36 años nacido en Tarragona, que fundó en el 2000 la Asociación de amistad con Corea  y que, a partir de ahí, ha ido acumulando una serie de cargos honoríficos (miembro del ejército, miembro del partido, miembro del gremio de periodistas de dicho país) y oficiales que lo convierten de facto en una especie de diplomático y asesor, portavoz delante de algunos países europeos y latinoamericanos del régimen y unas cuantas cosas más.

¿Qué hace un catalán como Cao de Benós en Corea del Norte? Pues nadie lo sabe a ciencia cierta pero, si hay que hacerle caso, el tío siente una profunda admiración por dicho país asiático y, literalmente, lo flipa con el tema norcoreano.

Occidente suele tener la opinión de que, en realidad, la RPDC no es más que un trampantojo gigante que utiliza técnicas de supervivencia parecidas a las de algunas especies animales inofensivas que son capaces de adoptar un aspecto fiero para asustar a los depredadores. Es más, cuando el think tank de Bush se puso a buscar elementos para rellenar su cachondo eje del mal incluyó a Corea del Norte dentro del paquete de naciones enemigas por la sencilla razón de que se necesitaba un enemigo exótico y con tan mala prensa como Irán e Irak que no fuera Libia (derrotada ya en el 86 después de unos cuantos bombardeos) o alguna de esas más que chungas dictaduras que nos ha dejado de herencia la desintegración ed la URSS (demasiado cargadas de gas o petroleo o bien colocadas estratégicamente como para enemistarse con ellas).

El caso es que Corea del Norte sigue ahí, silenciosa, incluso un poco altiva esperando que de verdad se hagan ciertas las amenazas de la invasión sudcoreana o el inicio de la carga de los cosacos rusos blancos.

Si nos hemos criado en esas sensaciones, de que estamos ante un enemigo prefabricado al que alimentamos sus propias mentiras como ya hicimos en su día con aquel tío malvadísimo llamado Sadam Hussein que parecía dispuesto a comenzar un Yihad de bigotones, es sorprendente que Alejandro Cao de Benós, tarraconense, aparezca ante los medios de comunicación como el modelo perfecto de coreano del norte, un coreano de manual que diría aquel. Tan integrado (y tan apocalíptico) está el hombre que incluso ha adoptado el nombre coreano de Zo Sun-Il que significa "Corea es una". Toma ya.

Aficionado a aparecer en los medios gastando el traje típico de los políticos coreanos o vistiendo uniforme militar, no me consta en qué graduación, Alejandro loa los avances del régimen de Kin Il Jung hasta sus últimas consecuencias avisando a los pocos periodistas que pueden visitar el país (se las tuvo con Jon Sistiaga) que no filmen ni a izquierda ni a derecha en los diversos tours porque las veredas de Corea del Norte están llenas de material militar preparado para la siempre inminente invasión...¿Existen esas armas? Dicen que, a primera vista, no se ven pero recuerden que Corea del Norte es una puñetera incógnita. Es posible que hayan inventado las armas invisibles.

Por si fuera poco Alejandro Cao de Benós es descendiente de los Barones de Les, condes de Argelejo y marqueses de Rosalmonte...

¿Qué lleva a un noble de cuna a pasarse no al otro bando sino a capitanearlo? A lo mejor Alejandro sólo quería un poco de aventura, de chicha, de experimentación con las cosas raras y, mientras que a unos les da por comerse unas setas y subirse a un monte a esperar que le estalle la quijotera, el tarraconense prefirió hacer una inmersión en un trip menos químico y más físico compadreando con una de las últimas dictaduras comunistas.

Tildado de fanático por su incapacidad para reconocer el más mínimo rasguño en el escudo de armas de Corea y, muchas veces, incluso de emplearse tan dúramente como lo harían los malvados de las películas de James Bond con algunos periodistas empeñados en publicar lo que les da la gana sobre la nación de sus amores lo cierto es que Alejandro Cao de Benós está viviendo su sueño, es posible que este sueño, esta nube, sea una pesadilla para otros pero no es menos cierto que él mismo dice que cuando llega a Corea siente que está en su casa, que está rodeado de sus amigos y que ha encontrado en el remoto país asiático una especie de paraíso en el que recibe honores de estadista y tratamiento de gran estrella mediática.

Es posible, como no, que pensemos que Cao de Benós es un tipo que niega la realidad de vivir en un régimen que se sustenta a duras penas agarrado al borde del abismo de la historia pero, no me negarán ustedes, que entre nosotros hay también muchos interesados en practicar el mismo fanatismo a la contra y negar con la misma alegría que vivimos en un régimen que huele a cuco y que nos ha arrastrado a una de las peores crisis económicas y morales de los últimos años. No encuentro mucha diferencia entre Zo Sun-Il y esos tiparracos que se sacan de la manga nomenclaturas absurdas para medir los baremos de las economías mundiales o que van a la guerra a defender esa entelequia renegra llamada "Los Mercados".

Si alguna vez me lees, Camarada Zo Sun-Il, te pediría que me llevaras a Corea contigo que estoy deseando descubrir si vives en un decorado o en el mejor de los escenarios posibles.