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martes, 27 de septiembre de 2011

Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011)



Julio (Julián Villagrán) se despierta resacoso y despistado en la cama de Julia (Michelle Jenner). Ambos se conocieron, se emborracharon y acabaron en la cama. Se inicia entre ellos ese ballet del absurdo y la vergüenza ajena y propia que sirve como ridículo epílogo de cualquier rollo de una noche.  Cuando, por fin, Julia consigue que Julio enderece sus pasos por la casa se dan cuenta de que algo no funciona: la calle está en silencio, los móviles no funcionan, la tele tampoco…Cuando sacan la cabeza por la ventana descubren que un enorme platillo volante gobierna el cielo de Madrid.



Este es el chocante arranque de “Extraterrestre” la segunda película de Nacho Vigalondo, una matrioshka cinematográfica que encierra una película de género fantástico, una de catástrofes y una comedia romántica con lo que parecen influencias de “El ángel exterminador”, “El último hombre vivo”,  “Independence day”. De hecho, yendo un poco más lejos no pude no acordarme de “La hora incógnita” (1963, Mariano Ozores) una película muy pequeña que trataba sobre lo que le ocurre a los únicos habitantes de un pueblo de La Mancha que no han sido evacuados de la zona sobre la que va a caer una bomba atómica que se les ha desgobernado a los norteamericanos.

“Extraterrestre” parece una película sin pretensiones de principio a fin. Quizás la recorre la evidencia de que, en un país como el nuestro, es complicado atacar el género fantástico sin las capacidades presupuestarias del cine norteamericano (o el de cualquier industria mejor avituallada económicamente) o porque aquí no nos creeríamos que se pudiera producir una invasión alienígena…imagínense.


La invasión o la visita de los hombrecillos verdes sirve a Vigalondo para poner el acento en otras cuestiones que suelen quedarse fuera de las películas de género donde se suelen narrar historias de heroicidad o maldad extremas. Ahí están “La Carretera” o “La niebla” donde se discute largo y tendido sobre estos temas de si el hombre es un lobo para el hombre o si dejaría de serlo en caso de extrema necesidad o hasta donde somos capaces para sobrevivir para demostrarlo. Vigalondo prefiere enhebrar preguntas más sencillas pero que tienen respuestas todavía no contestadas: ¿Hay cabida para la estupidez humana dentro de los escenarios más catastrofistas? ¿No sería normal que a alguien se le fuera la olla? ¿Seguirían teniendo importancia hechos tan banales como el de guardar las formas o el de comportarse como un verdadero mezquino? En definitiva, ¿el hecho de que una situación de emergencia vaya cobrando visos de normalidad no haría que acabáramos por dejar de plantearnos qué ocurre para volver poco a poco a centrarnos en nuestras vidas?

Si el cine de género cuenta siempre con el truco del climax o, mejor, del encadenado de un climax tras otro para hacer que el espectador se pase dando botes durante la proyección lo que, irremediablemente, lleva muchas veces a que la pirueta ya te parezca atroz a la tercera o a la cuarta vez que la has visto, Vigalondo juega, justamente, con lo contrario: te deja sumergirte en  la realidad de los personajes que, viendo que la amenaza no se hace real, acaban por preocuparse de otras cosas.


Si en el aspecto técnico y narrativo “Extraterrestre” funciona a la perfección no estaría mal acordarse del trabajo que hacen los actores protagonistas: Julián Villagrán borda el enésimo papel que borda (es complicado encontrar algo donde este actorazo no esté bien) dando a su personaje el punto exacto de tío normal superado por los acontecimientos y que va sobreviviendo a golpe de nada (algo muy propio de estos tiempos) y Michelle Jenner tiene la misión de ser la única chica de la película y bordar una interpretación que se aleja bastante de los preceptos de la heroína cinematográfica. A su lado Carlos Areces demuestra sus dotes para la comedia metiéndose en la piel de un molestísimo vecino obsesionado y “pagafantas” (un “pagafantas” del mal, por cierto) y Raúl Cimas sorprende por su calidad interpretativa. No deja de ser notable que Cimas sea capaz de interpretar un papel de tipo normal (dentro de un orden, entiendan como “normal” lo que sería normal en un panorama de invasión extraterrestre) regalándonos alguno de los mejores momentos de la película.

El casting de la peli lo cierra Miguel Noguera que hace un pequeñísimo papel que termina por hacernos evidente que, incluso en las peores catástrofes, hay momentos para ser un verdadero idiota, para “apostar muy fuerte” (como diría él) por convertirse en una estrella mediática aunque ahí fuera nos estemos jugando el planeta.

A día de hoy no tengo ni idea de cuando podrán disfrutar de “Extraterrestre”. Solo espero que sea pronto y que acudan a los cines a comprobar que Vigalondo está en forma, que todavía hay razones para pagar una entradita de cine, que todavía hay historias que contar o, por lo menos, que hay puntos de vista diferentes a los que dar un empujón desde la grada y, sobre todo, para disfrutar in situ de una película brillante, divertida y talentosa.  

Por si acaso estén atentos y no se la pierdan, sería una pena. 

martes, 12 de abril de 2011

Dos cosas en filmbunker.net

Venga, que no se diga. Me han colgado dos críticas nuevas en filmbunker.net. Es ese blog de cine rarito que se currado un tío que vive en Nebraska. En realidad creo que es un tapadera de uno de esos cultos americanos raros donde la gente entra con la cabeza hecha una mierda y sale con la cabeza peor pero diciendo que ha renacido. A mi escribir en este blog de películas raras también me hace renacer un poco. 

He escrito sobre una peli franco-belga que se llama "La bici de Ghislain Lambert" que me gusta una barbaridad y sobre "Mamá es boba"...¡Joder que novedad! ¡Otra vez el tío este sacando la película esa! dirán algunos de ustedes. Ya, ya se que hablo mucho de la peli de Santiago Lorenzo pero es que me he prometido hacer proselitismo de la misma. Un proselitismo raro porque, en realidad, es una peli que se defiende sola, o sea, que cuando la vean van a decir ¡yo también quiero hablar bien de esta película! ¡me apetece hablar bien de ella! ¡Que la gente vea que soy culto!


¿Han visto ese anuncio en el que una chica muy guapa queda con un tío muy ignorante? Sí, joder, ella dice "me encanta el cine de Alexei Kurkovski y él tiene que tirar de internet para saber de lo que la chavala está hablando. Y tiene que salir ahí a la terraza a hacer como que mea y está lloviendo y se relee un poco un articulillo y vuelve diciendo: "Guau, Kurkovski, la caña". Y ella que es muy cuca dice un nombre raro como "Tanagashi" o "Tanarashi" o alguna mierda semejante y él, que va vestido de gafapasta, tiene que volver a salir a la terraza y volver a consultar en el ordenador. 

Pónganse en el lugar de ese estafador, de ese vivales que ha preparado esa cita al milímetro con aviesas intenciones. Es un cazador, un buitre, una mala persona que se ha colgado de una chica cantidad de inteligente que va a los Renoir y decide jugar fuerte, ahí, quiere poseerla y entonces se cambia la ropa que lleva habitualmente por una que le aconsejan en el H&M...o sea, el tío va y lleva al H&M y dice "deme ropa para parecer que voy todos los días a la filmoteca" y le dan toda esa ropa. Y luego elige un local para intelectuales, un lugar luminoso y recoleto que huele a incieso y a té y donde la peña dice mucho la palabra "slow" (con muchas eses de principio) y cosas así. No ha estado en su vida pero sabe que ese sitio gustará a la chica pero...no espera que ella vaya a la contra, ella está ahí dispuesta a no dejarse engatusar, a hacerle preguntas capciosas.



En mi versión del anuncio ella está pensando todo el rato "míralo, va a la terraza. A la terraza, no al baño, va a consultar su ordenador porque no tiene ni idea de quien es Kurkovski" y cuando el se sienta le suelta lo de "Tanagashi" y já. Él vuelve a intentar la jugada pero ella sabe que "Tanagashi" ni siquiera es un director de cine, se ha inventado la palabra en ese momento porque le sonaba molona o, peor, era la marca del vídeo VHS que tenían en casa. Y cuando él vuelve ella se ha ido, se ha largado, lo ha dejado ahí dándole vueltas a lo de "Tanagashi" o, peor, lo espera y después de que él haga un poco el panoli le suelta la bomba "no busques "Tanagashi" en Internet, monín porque es el nombre de un delantero centro del Yokohama Marinos...y, por Dios, quítate las etiquetas de la camisa que las veo desde aquí". Y entonces aparece el dueño del local y le invita a salir. A no volver. Lo larga del paraíso de la tetería y las letras y el cine en VO. 

¿A qué venía todo esto? ¡Ah, sí! 

Queden ustedes bien, ahí en filmbunker.net tienen material para quedar como unos tíos y tías que están en la cinefilia, que le dan duro...arriésguense y quédense con el personal diciendo: ¿Habéis visto esa deliciosa comedia llamada "Mamá es boba"? ¿Qué os parece Philippe Harel?".

Serán ustedes el centro de las reuniones. Más que si siguen ese curso CEAC de guitarra. Palabra. O no. Vean buen cine, se tarda lo mismo que en ver del malo y, sin duda, su chorboagenda lo agradecerá. 


viernes, 8 de abril de 2011

"Presidente" (Sr. Chinarro, 2011)


Hay carreras musicales marcadas por quedarse siempre a un paso del éxito de masas. Hay carreras que se desarrollan estupendamente bien en ese impreciso espacio que existe entre el desconocimiento popular y una especie de éxito medio, que a la sombra de las grandes ventas (si es que todavía se puede pensar en grandes ventas o en ventas en medio de este reajuste salvaje) florecen con talento. Posiblemente, y salvo raras excepciones, quedarse en ese espacio te sirva para que te cuelguen la etiqueta imprecisa de "indie" o "independiente" como signo definitorio aunque, tan imprecisa es la etiqueta, que también si eres muy conocido y te llamas "Los Planetas" o "Vetusta Morla" también te la cuelguen. 

La carrera de Sr. Chinarro, el sobrenombre donde se esconde el sevillano Antonio Luque, ha medrado en ese espacio brillando ante audiencias medias pese a que, en varios momentos de su carrera, muchos ejecutivos y alguna disquera vieran en su estilo  a un artista para masas. No puedo evitar, cada vez que escucho de una de estas operaciones, ver una de esas imágenes de dibujos animados en las que el gato Silvestre mira hacia la jaula del canario y en su imaginación lo visualiza como un mini pollo asado. Luque, sin embargo, nunca ha acabado de ser eso que se llama un "mainstream" y ha sufrido esa peste que se le echa encima a los artistas que, pese a contar con cierto apoyo industrial, no lo consiguen. En definitiva, el error de no convertirse en un jugoso éxito (en un pollo asándose y dando vueltas en el horno) suele recaer sobre los hombros del artista y no sobre el poco olfato de este o del otro dirigente que no ha sido capaz de leer al público o al momento en el que se lanza un disco. Al final, como siempre, la culpa recae sobre la presa y no sobre el cocinero. 

En todo caso Sr. Chinarro, con enormes altibajos, sigue siendo un personaje presente y un referente musical más allá de las ventas o, si lo quieren, más allá de las preferencias del público mayoritario. Eso es lo que importa, que contra viento y marea Antonio Luque sigue haciendo música y ocupando un espacio irreemplazable ya que siempre tiene un pie en la rareza y otro en la más absoluta normalidad lo que te hace plantearte si no comparte algún rastro de ADN artístico con Kiko Veneno, que es otro artista que ha crecido conjugando la cosa extraña con el ritmo más exitoso. 

Sr. Chinarro es un músico un tanto inclasificable en tanto en cuanto parece siempre a la búsqueda de un estilo personal. Hacer un trabajo de tasación y etiquetado de Luque es harto complicado en tanto en cuanto él mismo parece no atenerse a una norma fija y hay tantas diferencias entre sus discos que, muchas veces, parece que ni siquiera sean del mismo artista. La única constante en el trabajo de Antonio Chinarro/Señor Luque es posible que sea su propia inconstancia o la necesidad imperiosa de tocar todos los palos. En muchos artistas este cambio de registro supone una indisimulada caza de la comercialidad pero en este músico supone, simplemente, un rasgo de su propia personalidad artística. 

"Presidente" (Mushroom Pillow) es el último trabajo en el mercado de Sr. Chinarro e incide un poco en esa irregularidad consentida de Luque, en ese imprevisible dejarse llevar por el momento personal y creativo que atraviesa en cada momento. Creo, y me equivocaré seguramente, que esa y no otra ha residido siempre su insalvable barrera para componer un megahit. La composición de uno de ellos se debe, en parte al momento y a la casualidad, pero la mayoría de las veces a la constancia. A ser capaz de tener oficio burocrático aplicado a lo musical, a ceñirse a unos absolutos, a unos ritmos que nunca fallan y a unos versos casi programados previamente. Es por ello que los grandes éxitos de la música, muchísimos de ellos, pertenecen muchas veces a compositores contratados al efecto y no a artistas conocidos. El espacio ese de sombra al que me refería al principio permite eso, permite la libertad de componer según el timón interior y no ceñirse en demasía a la norma...la norma está ahí, puede utilizarse y cualquiera puede hacerlo, como todas las cosas de este mundo, pueden ser aprendidas y agarradas con los brazos. Otra cosa es que se quiera tirar de la misma. 

Lo mejor que se puede decir de "Presidente" es que es un disco genuino de Sr. Chinarro. Un disco que suena brutalmente optimista en tiempos de poco optimismo. Otra vez Luque demuestra que el exterior le interesa menos que la brújula interior. Será que le va bien en lo personal o que ha encontrado un remanso de paz pero, ahí están temas como "San Borondón" o "Una llamada a la acción" son cortes para bailotear y, sin embargo, el primero tiene una carga de rumba a lo Kiko Veneno que poco o nada tiene que ver el segundo que es un tema abiertamente Pop. ¿Rasgos parecidos? Luque es un buen músico, un músico honesto pero, sobre todo, es un estupendo letrista. Otro enorme rasgo de calidad del sevillano, posiblemente en lo único que sea constante: es difícil encontrar una mala letra en el todo Sr. Chinarro. 

11 temas que navegan entre diferentes estilos y que, con altibajos, contiene un puñado de grandes canciones. Quizás uno, que es así de cuadriculado, parece más tendente a la vieja filosofía en la que un LP es un todo formado por partes (es por ello que me sorprende que "Los Planetas", por ejemplo, sigan buscando esa fórmula) pero "Presidente" no me ha defraudado nada. Es más, está ya entre mis discos preferidos de Sr. Chinarro que no era uno de esos artistas a los que siguiera yo mucho hasta que me lo mostraron en sus dimensiones exactas. Reseñable es "Fotos no",  "La lección", "Vacaciones en el mar" (esta me ha recordado enormemente a las grandes canciones de Sabino Méndez...he dicho Sabino Méndez. Ha servido de single y adelanto por razones evidentes) o "Babieca" en la que Luque se enreda en un poema propio. 

Hablar de referencias sería casi imposible porque este que escribe se ha ido dando de tropezones con cientos de ellas tan dispares nacionales e internacionales que me sería un tanto dificultoso no hacer una lista gigante. Lo mejor, lo mejorcito, es que Sr. Chinarro es Sr. Chinarro, un artista que ha encontrado su identidad en la carrera por no tenerla posiblemente. Si quieren escuchar algo interesante, agradable y cargado de talento ya saben. Por si las moscas desde aquí lo grito: ¡Chinarro Presidente! 

sábado, 26 de marzo de 2011

Filmbunket.net...again


Escribo en filmbunker.net una crítica sobre una película de Steve Martin de 1979 (¡Qué vieja! escucho decir a los modernos y postmodernos desde aquí, desde la jaula...tiradme cacahuetes, joder) que es una película buenísima de esas que se te desencaja la mandíbula de reir. Es esto de aquí

Entiendo que vosotros sois personas sesudas, que vais por la vida contemplando el abismo, que moláis, que sabéis quien era Kierkeegard y que la rompéis en el Trivial Pursuit pero yo no doy para más que para recomendaros bufonadas. Se que Steve Martin os cae mal y que os parece un chorra pero a mi me gusta, yo me parto, me parece guay con todos sus gestos y esas carotas que pone como de no estar bien de la cabeza. 



También he colgado una bomba, les he colado un gol (¡ja, ja, ja!) una crítica de una película de asesinatos y de gente chunga que se titula "El largo viernes santo" protagonizada por Bob Hoskins que antes de hacerse famoso por perseguir a un conejo de dibujos animados hacía películas de tío malo. Esta no es de reírse a no ser que te acuerdes del conejo que hacía los mismos gestos que Steve Martin. La vida es un contínuo devenir, un puzzle donde las piezas se apretujan ahí en la mesa, en la tabla, vas cogiendo piezas y piensas "este trozo vered no va con esto...espera, espera...¡Anda, un castillo austriaco!".  Qué sorpresas te llevas...ah, y sale Helen Mirren de joven que estaba bastante buenísima. Lo digo esto por los amantes del arte. Venga, hala. Me voy a golpear la cabeza con un cazo hasta quedarme dormido. Disfruten. 

jueves, 17 de marzo de 2011

I´m still here (Cassey Affleck, 2010)


Britney Spears se rapó el pelo delante de los paparazzis que la perseguían todos los días durante los meses posteriores a su ruptura matrimonial con aquel "no-one" de Kevin Federline un bailarín de poca monta y aborto de rapero conocido con el estúpido nombre de K-Fed. 

Los artistas que quieren dar el salto de la audiencia infantil o infantilizada a la audiencia adulta suelen escenificar delante de las cámaras una especie de operación de ensuciamiento de su propia imagen, es decir, representan ante nosotros todos los pasos que, teóricamente, vive cualquier ser humano para convertirse en un adulto. Lo que es lo mismo: se meten en una serie de situaciones embarazosas como emborracharse, drogarse, echarse una pareja poco recomendable, llevar una vida de trasnoche en trasnoche y otra serie de experiencias que, teóricamente, han de informar de que ya son mayores, de que ya pueden hablar de cosas de mayores porque ya han pasado, en menos de un año, por todo el proceso de experiencias vitales que, a priori, forjan el carácter. Digo lo de un solo año porque ese es el tiempo que tiene cualquier artista de masas para reinventarse antes de que la industria descubra a unos cuantos mangarrianes con los que ocupar tu lugar que es lo que le ha pasado a Lady Gaga sucesora de Madonna que, en estos días, debe de estar celebrando misas negras por todo Londres para volver a ser la Reina del Pop again. 

Ese proceso pocas veces deja buenas secuelas y, lo normal, es que el artista se convierta más que en un adulto en puro material dañado. No había duda de ello si le echamos un vistazo a esa poco alabada serie documental titulada "Chaotic" (caótico) en la que la ex cantante de pop teen y su marido -un tío con una pinta de vago que para sí quisieran la mayoría de maridos vagos de estrellas que en el mundo son- daban cuenta de su vida en común con un desparpajo y una mediocridad con olor a paletos con dinero que iban camino a la bancarrota a marchas forzadas. 

La historia de la Spears, una texana temerosa de Dios tratada como la oca de los huevos de oro por parte de su familia (que suelen convertirse en un cartel de explotación infantil), es la de otros personajes del star system como Lindsay Lohan -por poner un claro ejemplo de bajada y estancia en los infiernos-, los hermanos Carter y un largo etcétera que escenifican ante una audiencia global un despertar al mundo adulto repleto de pesadillas, de cambios de rumbo, de actitudes absurdas y de gags escalofriantes. En los tiempos en los que escribía más de la Spears de lo que jamás soñé cada vez que me tocaba enfrentarme a una de esos nuevos saltos mortales no dejaba de tararear eso de "estás al borde" de Los Ilegales. La verdad. 

Es posible que "I´m still here" el falso documental perjeñado por Cassey Affleck y Joaquín Phoenix partiera de alguna charla trivial sobre uno de estos incidentes que suelen airear los noticiarios del corazón y las revistas del mismo género que se encargan de dar salida a este material. 

De hecho, durante la promoción de "I walk the line" el biopic de Johnny Cash que Phoenix interpretó, se airearon unas imágenes en las que el actor le preguntaba a un periodista si tenía una enorme rana en la cabeza. Al decirle el periodista que no, este muy tranquilo dijo que sentía que algo le estaba reptando por el cuero cabelludo. El periodista le dijo que parecía que estaba fantástico y Phoenix contestó que no le importaba el aspecto que tuviera que lo que le preocupaba era la sensación de que un bicho así le estuviera devorando el cerebro. Rápidamente se afirmó que Phoenix había ingerido una seta alucinógena o algo parecido que le había hecho perder momentáneamente la cabeza. En realidad, de un modo un tanto absurdo, estaba intentando explicar lo nervioso que se encontraba por el estreno de la película pero, en realidad, daba lo mismo porque lo importante es que Phoenix se había vuelto loco el día del estreno de la que prometía ser la película que lo lanzaría directamente al estrellato. Hasta el día de hoy al actor se le sigue preguntando por el  incidente. 

"I´m still here" parte de esa premisa: ¿Qué le ocurre a una estrella de cine que ha perdido la cabeza? No un artista de consumo rápido si no un artista de verdad, de esos comprometidos con cientos de causas, que parecen muy centrados, de esos con mundo interior, que sueñan con ser respetados intelectualmente y que viven para interpretar grandes papeles. 

Es una pena que el planteamiento de la película, esos primeros 20 minutos que tendrían que explicarte de qué va todo el asunto, sean de enorme torpeza porque, en realidad, el metraje va cogiendo fuste a medida que va avanzando todo el asunto. 

Es más, el hecho de que una gran estrella tomara la decisión de rodar una película como esta conlleva que, casi desde su comienzo, comenzaran a filtrarse noticias sobre que, en realidad, todo era un documental falso. Es decir, todo el mundo, de algún modo temió que la broma fuera demasiado realista y que, al final, acabara dañando la carrera del propio Phoenix. 

El actor escenifica esta bajada a los infiernos que ya aparece bosquejada en la rarita "Full frontal" de Soderberg dando vida a un chiflado inseguro que se pasa horas y horas mirando las noticias que su propia vida genera. Una especie de bucle informativo imparable en el que se mezcla la realidad y la ficción y que hace plantearse la paradoja de rodar un documental falso (hecho de realidad y ficción) que retrata de manera bastante fiel un panorama mediático que se alimenta de falsedades, rumores y realidades.

"I´m still here" es una enorme reflexión sobre el concepto de fama actual, sobre la forma en la que se trata la vida de los famosos pero, también, creo que queda resquicio para una especie de auto-psicoanálisis del propio Phoenix que aprovecha la película para retratarse intímamente. No deja de ser interesante que la película comience con unas imágenes de la infancia del actor y termine en el mismo lugar donde se rodaron con una visita a su padre. Contrapuestas al título de la película (que se traduciría como "Aún sigo aquí") nos hace pensar, más allá de la sarnosa broma que el actor y su cuñado quisieron gastarle al mundo, en una reflexión aún más profunda sobre la forma en la que ha conseguido sobrevivir a los avatares de la fama y, sobre todo, al fallecimiento de su hermano River Phoenix. Otra vez aparece el asunto del material dañado y que la vida devora por igual a Britney Spears (tan paleta ella) que a un tipo como Phoenix (tan avant garde él). 

Entre las imágenes impagables de la película están la cara de poker del rapero Mos Def, un activista que representa la cara más seria y comprometida del hip-hop, cuando el propio Phoenix le informa de sus chiflados planes y el hecho de que Phoenix pierda el culo por hacerse amigo de Sean Diddy Combs, productor de rap más conocido por representar la frivolidad mayúscula que, participando de la broma, hace de sí mismo alentando las pesadillas de un actor que quiere dejar de ser famoso en la interpretación porque le parece excesivamente frívola para meterse de lleno en la escena musical del hip-hop que no parece el último refugio de los que quieren pasar desapercibidos. 

Pese a las malas críticas recogidas por el documental falso a un servidor de ustedes esta farsa sobre la fama, el exceso y la chifladura le ha parecido incluso notable pese a las reservas que tenía con el título. Un trabajo un tanto irregular que hubiera merecido un mejor arranque pero que termina contándonos lo que sus creadores querían contar: Siguen ahí, no son nada del otro mundo y encima corren el mismo peligro que todos los descerebrados de este mundo que no es otro que encontrar un lugar y una posición donde todo el mundo te ría las gracias. Y ninguno estamos libres de cometer un pecado semejante. 

jueves, 3 de febrero de 2011

"Primos" (Daniel Sánchez Arévalo, 2011)


Llevo un rato dándole al cursor, borrando y volviendo a escribir para volver a borrar. Es una mecánica absurda que se produce cuando uno no sabe por donde empezar a hablar de algo. Es mucho más fácil hacer la crítica mala y jugar a la contra que hablar de una película que te ha gustado mucho como es el caso de "Primos", la última película de Daniel Sánchez Arévalo.

Comencemos entonces por el principio y vayamos hilando lo más fino posible: todo el mundo tiene unos primos (reales o ficticios) que te han visto crecer mejor o peor y todo el mundo tiene, guardada en alguna parte de la biografía una de esas historias de amor que pensamos que pudieron ser pero que nunca fueron. No recuerdo el título de la película en la que Agustín González se paseaba con su porte de señor de bien por una fiesta de progres y acababa hablando con el protagonista para decirle algo así como que "querer es conformarse porque, quien sabe, si yo me voy a una isla a lo mejor vive allí el amor de mi vida pero, como no la conozco, pues me quedo aquí y me enamoro de otra". Aquello se me quedó clavado de alguna manera tonta porque, al momento pensé, que era una verdad como un templo.

Que el amor es algo palpable pero conformista pero que las relaciones son algo normalmente efímero es una de esas verdades como templos que no quieres escuchar cuando tienes las hormonas a punto de caramelo y, sobre todo, cuando estás viviendo el amor de tu vida en el que piensas que será un verano que va a durar para siempre o que, cíclicamente, va a repetirse una y otra vez. Que los largos veranos también se acaban y lo que nos esperan no son esos meses largos repletos de anécdotas si no una lastimosa concatenación de periodos de descanso más o menos largos en los que nos vemos obligados a arrastrar con el cansancio laboral y con los compromisos propios en los que nos vamos liando es otra de esas cosas que no acabas tampoco de creerte cuando estás metido, de lleno, en vivir las cosas un poco a cholón, como vienen dadas.

El tagline de "Primos" no podía ser, para mi, más revelador: "tu novia te puede dejar plantado...ellos no". Bueno, es otra de esas verdades que quieres creerte pero, lo cierto, es que todo el mundo tiene unos primos (reales o fingidos) que no van a cambiar mucho con respecto a ti y que siempre tendrán su puerta abierta para echarte una mano.

En estos tiempos que son tan así, lo cierto es que hacer una película que resulta ser un canto a la amistad y al amor de juventud suena un poco a ejercicio "kamikaze", por contra de lo que algunos pudieran pensar, yo creo que la gente acude a ver una película que es un reflejo de su estado de ánimo. En mi vida se me ha ocurrido a mi ir a ver un Bergman o un Dreyer cuando tenía las pilas puestas por temor a desinflarme como un globo y he preferido ver una comedia para que la fiesta y el verano no se acabaran nunca. Con el patio en plena celebración de lo negativo es más correcto pensar que la gente prefiere ver películas donde la gente lo pasa mal aunque solo sea por resobarse un poco en su propia desgracia o recibir el estúpido consuelo de ver que unos personajes se las ven más canutas aún que ellos.

"Primos" arranca con un novio abandonado en el altar contando las razones de su desventura y con una huida hacia adelante en la que, acompañado de dos de sus primos, deciden visitar el pueblo en el que veraneaban en su niñez para que este recupere el amor de su vida. Un plan estúpido y con todas las papeletas para fracasar que, sin embargo, tiene más sentido que sentarse a esperar a que el tiempo mejore.

Será algo fundamentalmente generacional pero creo que, llegados a una cierta edad que algunos catalogan cuando se pasa la treintena, más de uno y más de dos se han planteado esa cosa de tirar todo por la ventana e ir en busca del tiempo perdido o, mejor, del tiempo suspendido y del espacio en el que una vez fuimos felices. Esas miradas atrás son las que facilitan las reuniones de viejos alumnos, esas largas búsquedas de amigachos a los que perdimos la pista pero que seguro que se esconden en el facebook y un montón de acciones más o menos desesperadas que siempre tienen una razón: el presente apesta, rebobinemos al pasado e intentemos recuperar todo aquello.

Para esta acción kamikaze de reinvindicar la felicidad, la amistad y los amores de entretiempo Daniel Sánchez Arévalo ha urdido un guión clásico, estructuralmente muy sencillo que funciona como un tiro en el género de la comedia. Lejos de ofrecer algún tipo de experimento (ahora que todo el mundo experimenta con la comedia) Sánchez Arévalo ofrece una película de toda la vida que sigue las andanzas de los tres personajes principales un poco al estilo de los personajes de "El mago de Oz": tres personajes que buscan algo que han perdido por el camino ya fuera un viejo amigo que parece que fue una especie de figura paterna, el amor de su vida o las ganas de vivir.

Si se abusa, actualmente, de la fuerza del gag o del sketch que provoca la risa en momentos puntuales el guión de "Primos" se sustenta sobre una historia que te permite la media sonrisa en todo el recorrido de la misma y la aparición de algunas escenas más forzadas cómicamente. Mi pregunta es: ¿Por qué este tipo ha tardado tanto en hacer una comedia pura y dura?

Quizás solo tenga un pero y creo que no tiene tanto que ver con "Primos" si no con los tiempos que corren: el material visto en la promoción de la película es excesivo, para mi gusto, y me chafó algunos chistes que ya conocía de antemano. ¿De verdad que nadie quiere ir al cine para que lo sorprendan? Yo a eso no me apunto.

Desde el punto de vista actoral la tripleta formada por Quim Gutierrez (ese tío que ha hallado una comicidad espectacular que era de lo poco reseñable de "Una hora más en Canarias"), Raúl Arévalo (que se va a comer con patatas el trabajo de sus compañeros porque hace un personaje que tira más hacia adelante) y Adrián Lastra (el león cobarde...un personaje de chiflado importante) funciona a la perfección. Creo que en esto, no se si por ser un gesto medido o inconsciente, Sánchez Arévalo ha conseguido dibujar a tres personajes que se mueven en tres registros cómicos diferentes igualmente efectivos. Inma Cuesta (conocida por "Águila Roja") rinde como protagonista femenina sacándose partido a medida que avanza la película y me gustaría destacar el papel de Marcos Ruiz, un niño que es actor. Es decir, que es un niño que sabe actuar o que lo hace fuera de los registros irritantes que se suelen imponer a la chavalería.

Y, en otro orden de cosas, destacable es el trabajo de Antonio de la Torre en un papel de borracho del pueblo en el que resuelve la papeleta de hacer un personaje contenido con tanta limpieza y buen trabajo como cuando le toca bregar con papeles más histriónicos ya fuera en "Gordos" o en "Balada triste de trompeta". No tengo duda de que es mucho más complicado hacer creíble un personaje tan real como el que le ha tocado en suerte, redondeando una actuación sutil que habla de un tío que está dramáticamente en forma.

En definitiva, "Primos" es una de esas películas que, de algún modo, te toca la fibra sensible sin acudir a lugares comunes, que te devuelve a un lugar donde estuviste alguna vez y al que, de un modo u otro, te gustaría volver...y todo esto sin un discurso dramático y manido como "éramos jóvenes y felices y mirad en lo que nos hemos convertido, en unos monstruos". A eso ya contestó Moretti en "Aprile" diciendo: "érais vosotros los que gritábais consignas horribles, yo me lo pasaba muy bien, quería un mundo mejor y me veía guapo".  

domingo, 23 de enero de 2011

Twelve huele a (millonario) espíritu adolescente


Los guays, los que sabíamos de qué iba la movida fuimos a ver "Historias del Kronen" (Montxo Armendáriz, 1995). Es más, los que éramos los "más del cabás" habíamos leído la novela homónima escrita por un ex alumno de nuestra facultad llamado José Ángel Mañas que había sido finalista del Premio Nadal en 1994 (lo ganó Rosa Regás con una novela titulada "Azul"). 

Eran los años del grunge y de invocar mucho a esa etiqueta generacional llamada "Generación X" que acuñara Douglas Coupland y de la que acaba de renegar públicamente. Por narices mi generación tenía que ser descorazonadoramente deprimente. Ya sabes, vivir enredados en una especie de melancolía provocada por una vida regaladísima y una cierta tendencia a la autodestrucción adolescente que, al parecer, nos dictaba nuestro portavoz generacional emitiendo vía satélite desde Seattle: Kurt Cobain. 

Yo no me sentía así, es más, me sentía bien. Todo lo bien que esta mierda de cabeza me permite pero, bien al fin y al cabo, puede que sucumbiera de cuando en cuando a esos arrebatos inconsolables de melancolía absurda, que dijera "No future" en más de una ocasión pero, sinceramente, Kurt Cobain había tenido una vida mucho más mierda que la mía, podía abuchear con más rabia al sistema porque tenía motivos...todo eso me quedaba un poco lejos. A lo mejor, lo de los arrebatos de melancolía y malrollismo estaban implícitos en el tema principal de la película "Chup, Chup" de Australian Blonde cuando decía eso de "¿Por qué me siento mejor cuando estoy triste?". 

De hecho me gustaba mucho más esa canción y ese disco que la novela. La novela me había parecido una de esas cosas que intentan imitar al producto de moda que, por aquel entonces, era "American Psycho" y todo ese rollo de la "literatura de magnetofón". Es decir, intentar que todo lo escrito suene a dictado, a pensamiento emitido oralmente. Ahora que lo pienso quizás "imitar" pueda entenderse como algo peyorativo. Pues no. Quiero pensar que "Historias del Kronen" era, en definitiva, una de esas novelas nacidas al abrigo de una tendencia de caracter global y conectar de algún modo con Breat Easton Ellis y con Irvine Welsh y su Trainspotting. Me parece bien y me parece normal. De hecho quizás Mañas no fuera el primer escritor español que intentaba seguir la tendencia y fue Ray Loriga, con su pequeña "Lo peor de todo" (un libro que me gustó mucho porque hablaba de un tío que era triste pero estaba bien o se sentía bien estando triste...de hecho, por alguna razón de sensibilidades seguramente mal entendidas "Lo peor de todo" me sigue pareciendo una buena novela y una excelente primera novela. Todo en grados. Da igual que algunas cosas posteriores de Loriga no me hayan interesado demasiado).

El caso es que fuimos a ver aquella película y a mi no me gustó por la misma razón que no me gustó la novela: no creía que uno de los tíos que yo conocía se jugara la vida conduciendo en dirección contraria o colgándose de un puente. Sí, tenía amigos que hacían cosas estúpidas y yo participaba en estupideces de cuando en cuando de esas que te dan un escalofrío cuando las recuerdas pero, sinceramente, ninguno de los amigos que tenían coche (eran tres, uno tenía un Fiesta de segunda mano, otro un gigante Chrysler con un aguilucho en el capó y otro tenía un Simca 1200 familiar) hubiera participado ni de coña en semejante estupidez y, por muy pedo que te pusieras, la idea de colgarse de un puente por el placer de hacer la machada me parecía un tanto exagerada...¿machadas? Una vez alguien robó una bandera, iba a ser una de España pero, como estaba moco, se confundió de mástil y acabó secuestrando una bandera de la Comunidad de Madrid. ¿Machadas? Uno se hacía un piercing instantáneo con un imperdible y cosas así pero...¿jugártela de verdad? 

El hecho de que el protagonista viviera en una casa con servicio o que sus padres guardaran una buena cantidad de pasta (como para correrse una juerga de varios días) me parecía una quimera. Un muy entusiasta amigo al salir del cine dijo: "Es la hostia, la revolución, es nihilismo". Yo dije: "No es una historia que vaya de los míos...me gusta más Clerks". Y me cayeron collejas pese a que me defendí diciendo: "Se lo que es trabajar en un videoclub y vendiendo ropa en una tienda...¡No tengo ni puta idea de por qué ese tío quiere tirarse a su hermana por muy chuzo que vaya!". 

He asistido, quizás desde el estreno de "Sensación de Vivir" de la aparición de series y de películas que trataban de explicarme el drama de ser irresistiblemente sexy e increíblemente rico. Ya sabes, "Gossip Girl" y cosas así. Nunca las he entendido muy bien. Es posible que todo sea una especie de complejo de inferioridad de clase pero, materialista como soy, siempre he pensado que ser guapo y tener dinero abre una serie de puertas que se cierran automáticamente si uno es feo y pobre como una rata. Utilizar los mínimos del cine social para explicar el drama de un puñado de niños bien de NY me ha parecido algo, normalmente, no ya inmoral sino completamente ininteligible. No es que uno haya vivido en el arroyo, ni que sepa lo que es pasar hambre y frío pero, de verdad, todo eso me parece un drama absurdo orquestado para contarme una cosa que ya fue utilizada como título de un famosísimo culebrón mexicano: "Los ricos también lloran". 

¿Lloran los ricos? Sin duda. ¿Tienen sentimientos? No dudo que algunos sí. El problema es que, normalmente, las cosas que les hacen llorar a ellos son unas completamente diferentes a las que me hacen llorar a mi. 

Evidentemente, para atraer a las masas hacia ciertas series de televisión o ciertas películas, siempre es bueno que los modelos presentados sean inequivocamente "aspiracionales" (una palabrita ¡tan de moda!) es decir, que sean atractivos y que sean guapos...es decir, que por una simple mecánica de solidaridad uno se sienta más cercano (por alguna razón que se me escapa) al drama humano de unos perfectos desconocidos que hacia los vecinos. 

Tuve la misma sensación cuando leí "Twelve" la novela de Nick McDonnell que ha sido adaptada al cine recientemente bajo el mismo título y cuya dirección ha corrido a cargo de Joel Schumacher (es paradójico que dos novelas, "Historias del Kronen" y "Twelve", catalogadas como "generacionales" han sido dirigidas por directores que nada tenían que ver con los jovenzuelos a retratar). "Twelve" fue un éxito de ventas en Estados Unidos y su autor elevado, automáticamente, a ocupar el trono de nuevo "enfant terrible que vende como una Barbara Steel" abandonado por Breat Easton Ellis y su "Glamourama". De hecho Hunter S. Thompson (viejo pellejo, que te habrías metido ese día) opinó que la novela haría por la generación corriente lo mismo que su literatura hizo por la suya. 

"Twelve" la novela resulta más dura, más oscura y más chunga que esta pobre adaptación cinematográfica. Schumacher parece fascinado por un niño ex rico que se dedica a vender marihuana entre sus amistades ricas y que es retratado como una especie de Holden Caulfield en contínuo movimiento por la ciudad de Nueva York que nos va mostrando a una serie de freaks (una nena guapérrima y tontorrona que solo quiere ser famosa, un concienciado y abandonado muchacho rico, un pagafantas y su hermazo tarado, una chica que se acaba de enganchar a una nueva droga llamada Twelve...).  Una película floja sin mucho empaque, una cosa sosa sin mucha gracia que se queda en nada pero que, siempre, intenta transmitir una especie de profundidad intelectual que a esta persona que escribe le resulta absurda. 

Créanme cuando les digo que prefiero mil millones de veces a una descerebrada como Paris Hilton que se ha criado a la gornú, que ha coleccionado lemures, tigres y borracheras sin bragas que a estos personajes atrapados en una jaula de oro y brillantes colgada en un loft de la Quinta Avenida que me resultan más falsos que los billetes de cuatro euros. 

Sin mucho aliento la cosa se queda en nada. En una serie de vidas cruzadas de adolescentes gilipollicas que, al parecer, sufren por no ser populares, por no tener 1000 dólares para un chute de Twelve o que sufren las consecuencias de una educación entregada por unos padres algo fuleros y demasiado preocupados por llevar  una vida de apretada agenda social a colegios de alto copete y comprensivas babysitters.

Quizás la vida de los adolescentes ricos y famosos que viven en la Gran Manzana y son los hijos de los dueños de las Agencias de Tasación, de los grandes fondos de inversión me queda lejanísima y por eso me quede sin entender cuál es el problema real de un descerebrado que decide cagarse la vida mientras llora desconsoladamente en el jet familiar de camino a un viaje a las Islas Vírgenes. Será que soy de otra generación. Será que tengo otros problemas diferentes o que soy un monstruo insensible. 

domingo, 2 de enero de 2011

"The tourist" y la enorme ilusión



Viendo "The Tourist" tuve la sensación de que su sinopsis central (turista despistado viaja a Europa para encontrarse casualmente con una misteriosa y bella mujer que lo mete en un enorme "embolao") estaba directamente sacada de una película muy chorra que vi en los años 80 y que se titulaba "Te pillé!" (1985) dirigida por Keff Kanew (el tipo de "La revancha de los novatos") y protagonizada por el siempre poco bien ponderado Anthony Edwards. Luego llegué a la conclusión de que debe de haber como cientos de miles de películas que vayan de lo mismo. 

No es una película muy original. Es más bien algo que no es nada. A los diez minutos mi colega Alejandro (las tres últimas veces que hemos ido al cine juntos nos hemos comido "Avatar", "Biutiful" y esta...no podíamos elegir peor) y yo nos estábamos entreteniendo en intentar identificar a alguien feo que saliera en pantalla o que no pareciera sacado de un catálogo de modelos internacionales y a no despistarnos demasiado con el generoso aspecto de Angelina Jolie que, como decía el Tonto de "La Vaquilla", tiene "una belleza sobrenatural" que impide, bajo ningún otro concepto, que se le puedan apreciar en ella virtudes de cualquier tipo ya sean estas humanas o interpretativas y eso que la Jolie se empeña en esas dos cosas con denodado esfuerzo. 

Lo demás, pues pura purrela, entretenimiento y un intento de hacer una película de esas de intriga clasicona y algo antigua sin grandes persecuciones en plan film de Tom Cruise. Es más, todo en "The Tourist" parece llamado a generarte placer del mismo modo que lo hacen esos catálogos de venta de lujo en los que se convierten los dominicales en estas fechas o las páginas de revistas de moda "up market": ponerte los dientes largos diciendo "lo verás pero no lo catarás". 

Una flojera algo pija y tontorrona dirigida, me imagino, no ya a entretener a un público poco exigente sino con la sagrada misión de encontrar al público más despistado y menos exigente del planeta. 

Es curioso que el director de la cinta, Florian Henckel Von Donnersmack, fuera el mismo que nos puso los huevos de corbata con la asfixiante "La vida de los otros" (2006) y que en esta ocasión se haya sumido en una película de estas características. Me imagino que esta es la película que todo el mundo tiene que hacer para, dentro de un año o dos, hacer lo que le de la gana. 

La peor reacción que nadie puede tener de una película tras haberla visto es que te deje sin argumentos ni para criticarla, ni para amarla. No hablo de eso tan falso de "hablar, aunque sea mal" sino de que una peli te pase tan desapercibida como para que no tengas nada ni bueno ni malo que decir de ella y prefieras volver a tus quehaceres cuanto antes. 

Nuestros quehaceres eran pocos ayer porque, la verdad, la nochevieja ha sido ardua. No se puede decir que fuera gloriosa porque ya estamos en un plan y en una edad en que las noches ya no son gloriosas porque te quedas sin capacidad de sorpresa pero sí decidimos dar el paseito de rigor por el pueblo para ver como estaban las cuerpos y si se habían notado demasiado los efectos en la Zona Cero. 

Alejandro, a los mandos del coche, comienza entonces a filosofar: 

-¿Tu te imaginas que vas en un tren y te pasa lo que al tío ese?
-¿Quieres decir a mi? Lo primero que haría sería pasarle la mano por la cara para comprobar que, efectivamente, la pobre está ciega. 
-Incluso con una tía más normal que Angelina Jolie...
-No, no me lo imagino, es difícil que te pase una cosa así. Bueno, es imposible, pero la gente necesita ver historias donde pasen cosas así. La gente se enamora de los compañeros de trabajo, de las camareras de los bares, de las vecinas, de las amigas, de las amigas de las amigas, de la gente que tiene cerca...todo eso es menos apasionante que un encuentro furtivo en un tren...
-¿Tu te imaginas que una actriz famosa se enamora de ti?
-No tengo tanta capacidad de imaginación. 
-Pues yo creo que sería un lío, un lío tremendo...lo de "Notting Hill", por ejemplo, tu te ligas a Julia Roberts y, a ver, qué hablas tú con una tía así, como la entretienes, de qué hablas...
-Pues no tengo ni idea.
-No, si en el pueblo iban a flipar...ya ves, presentarte con Scarlett Johansson. Durara mucho o poco siempre les iba a quedar una duda acojonante...
-¿Cuál?
-Saber qué narices tienes para haberte ligado a una tía así. Una relación efímera en el tiempo pero que iba a quedar para la historia...pero no podría durar...o sí. 
-No creo que durara mucho ¿Qué hace una moza que trabaja en Hollywood enamorándose de un tío que vive en un pueblo de España? ¿Descubrir el Mercadona? ¿Ir a tomar café con tu abuela?
-¿Cuanto duraría una relación así? 
-No lo se, muy poco...una semana, lo que tarde en ver el conjunto artístico-arquitectónico y en aceptar otro contrato para hacer otra película. No creo que te pudieras ir con ella ni a los Oscars...tendrías que pedir una semana de permiso...yo que se...
-Pues yo creo que esas cosas pueden ocurrir y pueden durar. Es un lío tremendo pero me gusta pensar que esas cosas pueden ocurrir que la gente se enamora porque sí, que las cosas pasan porque sí, que la ilusión mueve las cosas. 
-¿Todavía te dura el pedo de anoche, verdad? 
-No, que digo que hay que dejarse engañar, que es mejor no negarse a pensar que las cosas buenas le pueden pasar a la gente...si no tienes eso, ¿que te queda? Nada. Es que estoy harto de que todo sea un bajón y caras largas. 
-Es que es el momento que nos ha tocado vivir. 
-¿Y qué? Pues que se joda el momento. Que le den por culo al momento...lo importante es que no te quiten la capacidad de que mañana pueden pasar cosas mejores. 
-Angelina Jolie o Scarlett Johansson son algo mejor que "cosas mejores". 
-¿Y por qué iba a dejar de pensar que las cosas mejores no nos iban a pasar a nosotros? Piénsalo. 

Me quedo callado. El pueblo está vacío por completo. Las vacaciones se terminan. El coche circula hasta la puerta de mi casa. Después de otra charla intrascendente me bajo y me quedo solo en la acera. Hace un poco de frío. A mi amigo Alejandro lo llamamos "El Obama blanco", ya saben ustedes por qué. 

martes, 14 de diciembre de 2010

Opiniones no solicitadas: Cyrus (Jay&Mark Duplass, 2010)



Cyrus es la última película de los hermanos Duplass. No son muy conocidos en nuestro país y, en el suyo, tienen se han dedicado, sobre todo, a las películas independientes de bajo presupuesto. "The Puffy Chair" (2005) y "Baghead" (2008) son sus dos anteriores películas y ninguna de ellas ha tenido distribución en nuestro país. Su última película que es esta va por el mismo camino.

Vaya por delante que, pese a lo baratísima que resulta, es una película sorprendentemente producida por los hermanos Scott (Toby y Ridley)  a los que uno no se imagina poniendo pasta para una cinta que trata del raro triángulo entre dos cuarentones disfuncionales (Marisa Tomei y John C. Reilly) y el hijo aún más disfuncional de ella (Jonah Hill) que da vida a un bicho raro de más de treinta años que compone música electrónica y mantiene con su madre una más que extraña relación de dependencia edípica.

Por lo contando, hasta ahora, la verdad es que el asunto no parece una comedia pero lo es. Es posible que no surta el efecto cómico por la trastada o el gag cómico habitual pero sí lo hace con una extraña y vitriólica mezcla de realidad y de identificación vergonzante con los personajes. Lo mejor de Cyrus es que, en uno u otro momento del metraje, te hace cuestionarte una cuestión a la que ninguno queremos responder: ¿Quién no se ha comportado como un maldito tarado por culpa de un romance?

Planteada de un modo sencillo y lineal y rodada con cámara en mano, Cyrus es una comedia amarga con un fantástico reparto (al que se une la siempre grande Catherine Keener, que resulta siempre tan raramente atractiva como gran actriz) que juega a la identificación con sus personajes mostrando todo un círculo vicioso de sentimientos (Reilly vive enganchado a la posibilidad de que su ex esposa vuelva con él), fracasos (Tomei es incapaz de tener una relación por culpa de la relación que tiene con su hijo) y derrotas anticipadas (Hill es, simplemente, feliz viviendo una especie de falso romance con su madre). Todo un lío de tan solo 91 minutos que te deja, previsiblemente, seco y con la sensación extraña de haber participado, de un modo u otro, en fracasos propios y ajenos.

Se queda un poco corta Cyrus en ahondar un poco más en los personajes principales (¿Donde está el padre de Jonah Hill? ¿Por qué Reilly está en esa situación? ¿Qué pasa en la relación de Keener y Reilly?) optando por permitir al espectador hacerse su propia componenda y sacar sus propias conclusiones. Algo que no llego a saber si es provocado o, simplemente, eludido en favor de un ritmo más comercial y llevadero lo que, por otro lado, le quita cierta mala leche a la película así como una deriva final alta en azucar que parece más impuesta por el asunto comercial o por el cariño a los propios personajes.

Esos agujeros negros provocarán, sin duda, muchas charlitas tras el visionado de la peli pero, desgraciadamente, evitan que esta película esté finalmente más completa y que se convierta en una de los títulos del año tanto por el, por otro lado, brillante guión como por ese fantástico uso tanto de la cámara en mano como de un montaje de esos intensos y a corte que tira de las voces en off de los personajes.

Sin duda, aunque creo que lo he dicho por ahí arriba, Cyrus se sostiene porque los momentos buenos son muy buenos y, sobre todo, porque su reparto es tan cortito como espectacular. John C. Reilly seguramente sería uno de esos actores llamados a convertirse en unos grandes del drama pero, últimamente, sus papeles en el terreno de la comedia nos descubren a un actor de unas dotes extraordinarias capacitado para estar en cualquier parte (ya sea en "Hermanos por pelotas" o en  "Boogie Nights" o "Chicago") y hacerlo siempre bien mientras que Catherine Keener lo borda en su papel de secundaria y Tomei demuestra que aquel Oscar que le dieron por "el Tío Vinnie" (que se siguen pensando que fue regalado porque Jack Nicholson se lió al leer la cartulina en la ceremonia) era perfectamente merecido. Ni que decir tiene que Jonah Hill cumple a la perfección con un papel  en el que sigue excavando en esos personajes de gordinflas con mala hostia (Hazme reir, Supersalidos, Paso de ti, lío embarazoso...) que, esta vez, se torna en una especie de psicótico de andar por casa, manipulador, comodón y falto de escrúpulos que resulta tan cómico como chungo.

Si tienen ustedes el día no estaría mal que le echaran un vistazo. Aunque, ya se lo adelanto, no les aseguro que algunas de las secuencias no les resulten dolorosamente familiares. Vaya por delante la advertencia.

viernes, 22 de octubre de 2010

Tenemos que hablar de Kevin (Lionel Shriver): mitos sobre la maternidad y la pedagogía. Cuando los hijos se vuelven unos cabrones



En la primavera del año pasado me encontré en el centro de Madrid con una antigua profesora. Si la saludé fue porque, en el pasado, se portó francamente bien conmigo y le guardaba mucho cariño. Era una tipa estupenda. El caso es que, como los temas se agotan, le pregunté por su marido y por su hijo. Y contestó "Mi marido está de maravilla pero, sinceramente, nuestro hijo nos ha decepcionado. Es un desastre que tiene un trabajo muy malo y mal pagado, no se, es como si hubiéramos fallado con él, hace tiempo que hemos decidido que lo mejor es que vaya a su aire. No vive, sobrevive".

Aquello me dejó completamente frío. Creo que se me notó porque, después de aquella frase, mi antigua profesora se despidió a toda prisa y yo no tuve ningún interés en retenerla ahí después de hacerme una tan brutal y sincera afirmación. Pensé que, ni mucho menos, aquel discurso estaba preparado y que, por lo que fuera, de pronto aquella tonta pregunta le había disparado un arrebato de sinceridad que podría haberse ahorrado con el "pues bien" evasivo que se le suele regalar a los casi desconocidos. No lo hizo y creo que, de pronto, aquella respuesta la sobrepasó o, de pronto, sintió que había hecho un comentario que de ningún modo parece aceptable.

Después me he enterado que el problema del chiquillo en cuestión no tiene que ver con que sea yonki o que, de algún modo, lleve una vida vergonzante simplemente es que, de algún modo, había traicionado las expectativas que sus padres habían puesto sobre él.

Aquello me sobrecogió porque uno nunca se acostumbra del todo a escuchar a un padre hablar mal de un hijo en público y, seguramente, es todavía un asunto tabú el que las madres se despachen con tanto desánimo a propósito de su grey. De hecho, normalmente, incluso los padres de los peores cabrones de la historia siempre acaban por justificar de algún modo la conducta de sus hijos frente a los extraños. "Era buen chico, pero un poco impulsivo", "era un muchacho maravilloso pero influenciable".

El dolor por la conducta de la descendencia suele ser algo que, principalmente, suele mostrarse sólamente en privado. En cierto modo, en esa justificación, existe el anhelo de que alguna vez la muchachada se redima y comience a comportarse delante de las visitas.

Se habla mucho del instinto maternal. De hecho una gran parte (por no decir) de la humanidad tiende a hablar de esos instintos basándose en todo tipo de argumentos físicos, biológicos, sociales, antropológicos...si miramos en el fondo de nuestro corazoncito comprobaremos que la mayoría de los argumentos suelen ser literarios, pueriles y, la verdad, francamente machistas. Suelen ser interesados, es decir, la mujer tiene un papel predeterminado por su físico y su psique que la empuja a cuidar el nido, ergo, no debería de moverse del nido y respetar el papel de cazador-recolector del hombre y, cuando lo traiciona, se siente mal, desplazada e inutil. No es algo que me invente yo, échenle un vistazo a toda la información que recorre el país estos días sobre las ministras, especialmente sobre Leire Pajín, y se darán cuenta de que gran parte de los delitos que se le achacan son vistos como execrables en una mujer pero ciertamente aplaudibles cuando los comete un hombre. Reconozcamos que el hecho de que las mujeres salgan de casa a trabajar o a buscarse una carrera suele, todavía (Madre de Thor, todavía), cierta picazón. Se suele ver a esa dama, en cuestión como una especie de monstruo que ha renunciado a representar un papel prototípico que, ríanse a gusto, la biología le marca. Parece que las mujeres no tuvieran otra opción para realizarse que el de convertirse en madres o, por el contrario, optar al papel de bruja despiadada y castradora...

Fíjense ustedes en las ampollas que levanta cualquier relato escrito por una mujer, incluso cualquier declaración, en la que se le ocurra decir por ejemplo que sus hijos les parecieron feos, que la maternidad le pareció una tortura y que, de verdad, que no le gustaría repetirlo más.

En "Tenemos que hablar de Kevin" su protagonista, Eva Katchakourian, nos va narrando a través de unas cartas que envía a su marido sobre los días en los que decidieron tener un hijo, las motivaciones absurdas que les llevaron a tomar esa decisión cuando ambos disfrutaban de una vida plena y, sobre todo, el error mayúsculo que supuso tal decisión.

Ni que decir tiene que lo primero que piensas es "vaya, bruja egoista". Sí. Lo piensas. Piensas que es imposible que esa mujer exprese esas dudas sobre la maternidad con tanta frialdad. Luego te enteras de por qué: su hijo Kevin entró un día en un Instituto y mató a 9 de sus compañeros. Sin más.

A través de una estructura epistolar Eva Katchakurian nos va contando como pasó de convertirse en la escritora de guías de viaje y luego en la dueña de su propia editorial a una víctima de un hijo rematadamente cabrón que demuestra todos los rasgos de un psicópata de libro. Nos cuenta como la relación con su pareja, un americanote enamorado de América que se dedica a localizar escenarios para publicistas, se va diluyendo entre una nube de pañales sucios (el muchacho, simplemente por placer, se está cagando y meando encima hasta los seis años), una serie de dolorosos enfrentamientos con amistades y vecinos y un sin fin de salvajadas de las que, su primogénito, es único protagonista.

Esta novela, que tiene todos los ingredientes del desánimo del protagonista de "Pastoral Americana" (Philip Roth), es fría hasta el mareo. Te deja tieso. Sobre todo porque descubres que la protagonista está completamente sola no ya ante un bicho malo sino ante su propio marido que, por una serie de cuestiones más folclóricas que éticas, decide ponerse en todo momento al lado del muchacho. Ya ven, el padre de familia cree que, de verdad, su señora está loca y que ni siquiera los hechos (y es que el niño créanme es un hijoputa) van a hacerle dudar, ni por un instante, de que su familia es completamente modélica. En cierto modo, su forma de sufrir es otra completamente distinta pero igualmente dolorosa.

"Tenemos que hablar de Kevin" se revela como una novela triste y negra que pone de manifiesto los engaños y las trampas que nos tragamos a costa del ideal de familia pero, sobre todo, pone el dedo en la llaga de algunas cuestiones ocurrentemente dolorosas como, por ejemplo, el creciente uso de una especie de pedagogía que parece sacada de libros de autoayuda, una cierta extensión de los mitos expandidos por ciertas revistas y, en definitiva, una especie de mala digestión de los principios básicos de la educación de los pequeños gañanes.

La narración del infierno de Eva sirve a Lionel Shriver, su autora, para repasar el "anonadante" fenómeno de las matanzas de Instituto que se han producido en los Estados Unidos haciendo un especial hincapié en los porqués (tristemente sin respuestas claras) pero poniendo bastante énfasis en las estúpidas medidas que se han tomado para intentar atajarlo. Toda una red de guardias de seguridad, detectores de metales, líneas de delación anónimas (hicieron aumentar el número de avisos en época de exámenes) y toda una red de falso apoyo psicológico y tutelar que, como sabemos, ha provocado la eliminación del estudio de la poesía del periodo romántico (al parecer a algunos Shelley les da ganas de asesinar), la expurgación de novelas góticas de terror, la expresa prohibición de vestir de cierto modo, la persecución absurda de parte del alumnado y toda una serie de medidas pacatas que, al parecer, han tenido como efecto más inmediato que a Marilyn Manson lo miren francamente mal. 

Shriver, de un modo directo, llega a la conclusión de que los adultos se sienten indefensos ante la falta de comprensión que tienen de la vida juvenil (y sus arrebatos) y que han decidido eliminar esa diferencia más como una medida preventiva para su autoprotección que para la protección de un alumnado todavía sin edad penal a la que se le permite, por ejemplo, adquirir todo un arsenal bajo las ya conocidas alusiones a la Constitución. 

Es más, Shriver incluso se permite ir un poco más allá y comentar de pasada la absoluta falta de sentido común que anima todos esos homenajes póstumos, esas ferias del dolor donde los adolescentes pueden sentirse "víctimas" independientemente de que hayan sufrido alguna vez la tragedia (Es absurdo pero, en los USA, un alto porcentaje de los estudiantes de instituto que dijo sufrir  stress postraumático por los hechos de Columbine vivía a miles de kilómetros de distancia...eso no fue óbice para que muchos centros montaran mesas redondas y ceremonias de esas de sentirse mal) lo que para la autora pone de manifiesto que, como tantas otras veces, ciertos padres proyectan sus inseguridades sobre sus hijos viviendo a través de ellos su propio pánico. 

En definitiva esas medidas y esas ceremonias son vistas por la autora como una extensión más de la mala educación dada a los muchachos, del alto grado de pleitesía que se rinde en esta sociedad de hijos únicos a esos chiquitines sobre los que los matrimonios burgueses ponen todas sus esperanzas evitándole cualquier tipode sufrimiento. El niño es, y no de un modo figurado, el auténtico Rey de la Casa del que se espera que en el futuro deslumbre al universo con su presencia, de que sea un Mozart, un Obama, un Rouco Varela...y ese pretendido fulgor de la presencia infantil no permite, muchas veces, ver a sus padres la verdad.

Mientras tanto, y es sólamente a título personal, miren ustedes a su alrededor y díganme que no es escalofriante la pasividad ridícula con que todos esos papuchis y mamuchis demuestran cuando el vástago en cuestión se pasea en bolas por la casa como un Adán ("está en esa etapa"), se dedica a decir con maravillosa lengua de trapo eso de "mamá es una puta" ("tiene mucho vocabulario"), da patadas a las visitas ("lo hemos apuntado a Tae Kwon Do porque apunta maneras"), se caga en los rincones ("no le hagas caso, sólo quiere llamar la atención, sigamos comiendo...ya se que estamos en tu casa pero ahora lo limpiamos") y hace otras tantos actos de terrorismo infantil que siempre son justificados con una beatífica sonrisa y algún pasaje aprendido de carrerilla en una de esas revistas de psicología o en esos libros titulados "Tu pequeño cabrón y tu: guía para criar al perfecto bastardo" o "Aprende a bregar con su psicópata enano mientras te realizas" o "Lista de los 2000 traumas infantiles que tu hijo puede contraer si no le das lo que quiere a los 30 segundos de haberlo exigido". ¿No da la sensación de que muchos papás no reconocen la diferenciación de espacios entre adultos y pequeñines?

Les invito a pasearse por la vida de las familias de la neoburguesía y a conocer mejor a sus pequeños Demian. Francamente interesante. Espero que el sarcasmo, las apreciaciones y la mala leche de su autora no les produzcan mareos o, lo que es peor, unas ganas enormes de no procrear. Advertidos quedan.

NOTA del Insustancial: Les advierto que conozco a padres maravillosos que tienen una progenie para enmarcar...pero es que eso no vende tanto.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Anvil: el sueño de una banda de rock (Sacha Gervasi, 2008). Larga vida a los (pobretones) Dioses del Metal.


Some Kind of Monster era un documental sobre la grandeza de ser Metallica y sobre las miserias que conlleva vivir en medio de toda esa grandeza. Una condición que se había llevado por delante las personalidades (o las había reforzado fatal) que lo conforman y, sobre todo, que les había hecho incapaces incluso de hablarse entre sí sin el concurso de una especie de psicólogo bastante interesado en sacarles la pasta. Algo chocante.

Anvil: el sueño de una banda de rock es justamente lo contrario: un documental sobre qué ocurre cuando esa grandeza es nada más que pasajera y desaparece con la misma rapidez que llegó.

Ambos trabajos, sin embargo, recuerdan bastante a algunos momentos de un docu falso titulado This is Spinal Tap. Quizás el primero por retratar a un puñado de tipos a los que se les ha ido la pinza autoimponiéndose el status de estrellas interestelares y el segundo porque capta la vida de dos tíos que quieren vivir el sueño que tuvieron cuando tenían trece años y, pese a no haber conseguido ninguno de sus objetivos, no cejan en su empeño. Es cierto, cuando se habla de heavy (utilizo un término genérico e identificable) o de cualquier manifestación de la cultura popular (y creo que esto es más evidente en lo musical) se tiene un pie en la grandeza, otro en la bajeza y, casi siempre, se camina en el filo justo de lo sublime y lo ridículo que es un buen territorio para la comedia.

Anvil es una banda canadiense fundada en los 70 que tuvo un brevísimo éxito en los 80 y que sobrevive peor que peor desde entonces.

Dicho grupo no consiguió buenos contratos discográficos y, seguramente lo que es peor, no era un gran grupo como Iron Maiden, Judas Priest, Black Sabbath, Metallica, Slayer, Accept, Guns & Roses, Helloween…eran un grupo un poco por encima de la media que nada podía hacer en un panorama metalero en eclosión plagado de grandes bandas que generaban unos escalofriantes beneficios. Es normal que, su precaria situación contractual por un lado, y el hecho de no poder superar el test de los años los avocara a un paso fugaz por la fama y a una progresiva bajada en las ventas de discos y entradas hasta la situación actual.

Sus fundadores Lips Kudlow (cantante) y Robb Reiner (batería. No es broma, el tipo se llama como el director de “Spinal Tap) siguen, pese a todo, en la brecha. Da igual que ya no vendan discos, que las promotoras de conciertos no los quieran ver ni en pintura, que casi nadie los recuerde o que estén en los cincuenta…nada es suficientemente malo como para renunciar al sueño recurrente de volver a tocar en un estadio repleto de personas que, con los dedos levantados en forma de cuerno, repite un mantra: “Anvil, Anvil, Anvil”.

A su alrededor unas familias un tanto cansadas de que la pareja no siente la cabeza, se centre un poco en llevar una vida más normal y consiga un trabajo que no esté supeditado a salir corriendo entre semana para tocar en un garito infecto ante tres borrachos en la otra punta del país. Sin embargo, y esto es lo interesante, ambos tipos son tan majos que parece que su entorno les perdona que se hayan negado a crecer, en parte porque piensan que aún el milagro es posible (la esposa de Robb declara ser todavía una amante de los grupos de “tíos de pelo largo” y parece entonar un “me equivoqué de estrella de rock al casarme) o porque, simplemente, saben que viven con una especie de adolescentes de pelo largo canoso.

Como nota totalmente sociológico-escalofriante quiero decir que Lips y Robb no solo visten con los ropajes universales del heavy metal en todas sus gamas sino que, y ahí está lo impresionante, ANDAN como todos los heavys del mundo: ¿Saben ese andar un poquito estirado y echado hacia delante provocado por llevar las manos en los bolsillos y tener que equilibrarse al caminar y ese avanzar como con pasitos y movimientos de cabeza acompasados de izquierda a derecha? ¡Pues así! ¡Los tíos son los maestros del ANDAR HEAVY!

Como son amigos desde la infancia, o casi, y tienen una especie de relación de amor-odio (más amor que odio, es verdad) parece que se produce entre ellos una especie de equilibrio en la chifladura de conseguir volver a las listas de ventas: cuando uno flojea el otro lo anima y viceversa y, cuando ambos se frustran, llegan a las manos (sólo un poco) para poder hacer las paces y volver a autoconvencerse de que lo conseguirán.

Pese a que pudiera parecer enfermizo en cierto modo entiendes un poco mejor como tenían que ser las relaciones Lennon-McCartney, Ulrich-Hettfield, Brian Wilson-Dennis Wilson…pero, lo más escalofriante, es que te das cuenta que habrían sido igual de caóticas, insanas y malrolleras o igualmente sanas, buenas y cósmicas si estos músicos no hubieran tocado más que en tugurios de mala muerte.

Y ahí están estas almas cándidas, viviendo a su bola cuando, de pronto, una promotora de conciertos (bueno, en realidad una italiana que no se entera de casi nada) les escribe para decirles que les ha preparado un Tour por Europa de más de un mes cargado de fechas en países como Croacia, Hungría, Polonia, Holanda, Bélgica, Rumanía, España…

Los Anvil vuelven a la carretera.

Y entonces ocurre lo que esperas que ocurra: una gira mal diseñada, con garitos semivacíos (dos personas en algunos), viajes en tren, retrasos, malas planificaciones. Si Anvil son el reverso pobretón de Metallica, su gira parece, sin lugar a dudas una caricatura de lo que son los tours de KISS.

Pese a todo Anvil sigue adelante y quiere grabar un disco. ¿No han tenido suficiente? Pues no. Quieren volver a grabar un disco que suene tan bien como los que grabaron en los 80 y, bueno, la leyenda continúa en una especie de espiral terrible de bajonerismo y mala hostia a duras penas contenidas.

Aunque la cosa se pone negra, Anvil sigue en la brecha y…la resolución final del invento tiene como trasfondo un concierto en Japón (¿Se acuerdan del final de “Spinal Tap”?).

Humana hasta las cachas, Anvil: el sueño de una banda de rock es uno de esos documentales de una sola pieza sobre los que cruzan no solo las razones mismas que llevaron a Sam Dunn, un antropólogo de espíritu metalero, a indagar las razones de “lo heavy” en su "documetal"  Metal: A headbanger´s journey o incluso el espíritu de películas como Siempre locos (la reunión de un grupo de vejestorios que fueron famosos una vez en una gira lamentable) o Rock Star (Esa película que intenta resumir no se todavía si en clave de comedia o de cosa seria toda la historia del heavy metal en un poco más de 90 minutos) sino la sagrada misión de un incansable fan de Anvil, su propio director, por recuperar la historia de la banda de sus amores y esa tenacidad y ese espíritu de permanecer contra viento y marea pese a los evidentes cambios históricos, de gustos, de costumbres es lo que debe de haber mantenido al heavy, al sonido y al tío ese de la chupa de cuero que sostiene una birra en el fondo de la barra, casi en el mismo sitio desde 1980. Por cierto, un ejercicio el de Sacha Gervasi que parece el mismo que impulsó a Cameron Crowe a rodar Casi famosos, un recorrido sentimental  autobiográfico y quasi histórico (y digo quasi porque la película parece es un recuerdo recubierto de caramelo-nostalgia) a mayor gloria de todas aquellas bandas que el precoz director/escritor conoció cuando era el colaborador más joven de la revista Rolling Stone.  

Si Kiko Amat, en esta desacertada crónica de un concierto de Saxon celebrado en Barcelona, tilda a “lo heavy” como un cúmulo de baratería machista con tendencia a la endogamia (y lo que es peor, como una especie de “cosa de pobres” o “matones”) con argumentos que podrían ser utilizados a la contra para reírse de un concierto de los actuales The Who (igualmente viejos, incluso más) o del ambiente general que se respira en un show de cualquier otra temática donde también puede identificarse la estupidez con bastante facilidad, Anvil habla de un sentimiento, un sentimiento que es infantil y un poco chorra. Habla de una carrera contra el reloj y la realidad.

Si la postmodernidad se basa en la revisión crítica del pasado desde un punto de vista sarcástico o directamente cínico (la de los 80-90 se rió a gusto de los progres de los 70 y la actual revisita con igual tono y ritmo a la de los 80 mientras sacraliza a la de los 90 a las espera que la siguiente nos ponga a nosotros en la picota…va a ser un espectáculo ver a unos tíos reírse postmodernamente de una obra postmoderna como “Muchachada Nui”) es posible que los Anvil, y “lo heavy”, identifiquen su legado musical y cultural con una especie de identificación con lo auténtico y, créanme, esas cosas que detectamos con lo “auténtico” no tienen más razón, ni se presentan con más fuerza ante nosotros que cuando uno es un adolescente y será por eso que Lips y Robb viven en una eterna pubertad.

Una caricatura, es posible, pero sólo si se mira desde fuera. Un homenaje naïf a un estilo de vida naïf que se merece, como todas las cosas raras, un documental que esté a la altura.


BOLA EXTRA

Por cierto, así eran Anvil en 1984 cantando "School Love"...


Y, no es por nada, pero comparen el primer fraseo de Lips con el arranque de Fortu de Obus en "Vamos muy bien", jitazo patrio también de 1984. Se parecen un huevo. Por cierto, Obus aún pueden decir eso de "aún nos mantenemos en pie y ya no pararemos hasta no poder ver" (ya sea por el ciego o por las cataratas propias de la edad).

martes, 20 de octubre de 2009

El secreto de sus ojos


Raquel me arrastró a ver la última película de Juan José Campanella. Boyero había dicho que era buena y que "thumbs up!" pero, la verdad, no es un director que me emocione. De hecho la única película de Campanella que no me había hecho bostezar hasta la fecha era "El niño que gritó puta" (1991).

No me interesa en general ninguna de las historias que ha llevado a la pantalla: pertenezco al porcentaje enano de personas que estuvo a punto de morir en varias discusiones sobre "El hijo del la novia" al sostener que le parecía una blandez hecha a mayor gloria del conservadurismo reinante; dije una vez que "el mismo amor, la misma lluvia" (200X) le había parecido una adaptación porteña floja de las comedias románticas españolas de los 80´ y de "Luna de Avellaneda" pues, la verdad, no encontré con quien discutir de dicha película.

Pero no hablemos del pasado porque, es posible, sólo posible, que el trabajo de Campanella como director de series de televisión como "House", "Rockefeller Plaza" o "Ley y orden: Unidad de Víctimas especiales" le haya convencido de que se pueden hacer buenas películas sin tener una profusión de primeros planos ñoños y conversaciones sobre el ser y el querer y de que el sentimentalismo es una especia fuerte que debe de administrarse con cierta tacañería.

Quizás gracias a eso nos hayamos encontrado con un nuevo Campanella, o casi, que se ha consagrado a un guión basado en la novela "La pregunta de tus ojos" (Eduardo Sacheri). Dicha novela tiene la etiqueta de formar parte de la "novela negra" pero, como decía Bretón (¿?) los críticos burgueses suelen pintar de un color todo aquello que no son capaces de entender del todo de tal modo que, dicha nomenclatura, suele quedarse corta o incompleta para definir a todo un género o, por extensión, suele meter en el mismo cesto narraciones que comparten ciertos elementos comunes pero no tienen, muchas veces, nada que ver.

Me refiero, claro está, a escritores como Eduardo Mendoza, Francisco García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán, Alfredo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, Miguel Mena, Pablo Tusset,   Henning Mankell, Stieg Larsson o, incluso, Patricia Highsmith...y un largo etcétera. Todos han sido considerados, en un momento u otro, escritores de novela negra y, sin embargo, han utilizado protagonistas y tramas en los antípodas de lo que se considera novela negra. Un loco, un municipal de Tomelloso, un detective privado fanático de la alta cocina que asesinó a Kennedy y que quema ligros, un preso que no sale de la cárcel para resolver sus casos, los torpes secuestradores de un obispo, un filósofo obeso, una jueza, un periodista y una mujer matratada, un asesino...

Pues "El secreto de sus ojos", quizás un poco al estilo de "Gosford Park" (2001, Robert Altman), nos propone el viaje al pasado de un currante de un juzgado, una especie de secretario o de ayudante la nomenclatura precisa se me escapa, que una vez jubilado decide escribir una novela sobre un caso concreto: la violación y el asesinato de una mujer joven acaecido 25 años antes, en 1974. En medio justo de la mal llamada Restauración Peronista y de camino a la Dictadura de la Junta Militar. ´

¿Hay algo más ridículo que intentar impartir justicia en un sistema dictatorial? Pues ese es el primer absurdo al que se enfrenta en esa época Benjamín Espósito y su compañero, un alcohólico lúcido llamado Sandoval, que intentan desentramar la investigación torpe y se comprometen con la misma por una especie de amistad que Espósito traba con el marido de la víctima.

Espósito (Ricardo Darín) y Sandoval (Guillermo Francella) inician una investigación humana y torpe que, sin embargo, consigue hacerse con la verdad pese a no ser más que un remedo de Sherlock y Watson ...o casi porque la historia en lugar de haber sido tapada por el polvo de los años, reverdece en cuanto Espósito pasa la mano por encima del expediente y reaviva todos los fantasmas que, con el tiempo, en lugar de hacerse más transparentes han  tomado más cuerpo y vigencia.

Entre medias, una pena, encontramos la historia de amor entre Espósito y la bellísima Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) que nos recuerda al peor Campanella -el que se pirra por el colorín- y que consigue sacarnos de cuando en cuando de una historia dura, dura con franqueza, que utiliza la investigación de ambos personajes para hablar de la dictadura y, más que de ella, de los destructivos efectos que cualquier sistema dictatorial tiene sobre las personas y sobre los países. Quizás pueda parecer un mensaje evidente pero, quizás no lo sea tanto, cuando se agitan más que nunca las añoranzas de "la mano dura" de otros tiempos.

Con una factura de diez y medio y un guión que no falla casi nunca (le sobra un tantito de azucar aquí y allá y un tratamiento más realista del único personaje femenino), lo que nos lleva a plantearnos si Amenabar no es más que un cinco -haciendo la media entre la realización (10) y el guión (0)-, "El secreto de sus ojos" divierte y, además, nos enfrenta a algunas interesantes preguntas que no podré desvelar sin caer en el spoiler y también en algo mucho más interesante y que tiene que ver con la manera en la que, hasta ahora, el cine argentino ha tratado el tema de la dictadura y que, indefectiblemente, tiene que ver con el silencio de las víctimas, el ejercicio de la "no violencia" y la aplicación de "EL PERDÓN" como forma de demostrar que se tiene, y siempre se ha tenido, la razón. Campanella consigue girar esos principios y ajustarlos a un discurso más realista sobre el dolor, el perdón, el olvido y, sobre todo, el delito.  
Me despido comentando que Ricardo Darín y Guillermo Francella funcionan maravillosamente bien como pareja protagonista, que bordan sus papeles y que en cada una de sus frases hay muchísima verdad o, sea, que consiguen que te olvides de que, en realidad, están diciendo en voz alta un texto previamente escrito. Pero no solo ellos funcionan a las mil maravillas ya que Soledad Villamil, una de las mejores actrices argentinas de todos los tiempos, saca petroleo de un papel francamente recortado y Pablo Rago (al que no recordaba de nada anteriormente) borda su papel. El español Javier Godino se desquita en esta ocasión de  los sinsabores de trabajar en una industria que sólo le ha ofrecido un papel grande en "Café solo o con ellas" (Álvaro Díez Lorenzo, 2007) y borda su trabajo provocando nauseas reales en la platea firmando uno de los mejores malos de los últimos tiempos.

Que la disfrutéis....

PD: Se corre el riesgo de salir de la película hablando en argentino diciendo cosas como "vamos a cagar a esos fachos a trompadas" y un largo etcétera...quedan advertidos.

lunes, 12 de octubre de 2009

Ágora


Mi padre que es un progre que hace cosas de progre ha sido el que me ha arrastrado esta noche a ver Ágora la, al parecer, imrpescindible película de Alejandro Amenabar. La sala está abarrotada gracias a la promoción y a la polémica esa de si esta es una película hecha en contra de la iglesia católica o no. En la sala estamos un poco divididos: se nota la gente que le ha hecho caso a Iñaki Gabilondo para ir a verla, la gente que le ha hecho caso a Jorge Javier Vázquez y Jordi González (Telecinco pone parte de la pasta...y es raro que no haya propuesto a Belén Esteban como actriz protagonista) y la gente que quiere ver con sus propios ojos lo que la gente de Esradio y la COPE no han querido ir a ver por la sencilla razón de que ya han condenado a la película a la hoguera.

Como siempre Amenabar se sale con la suya y, por una cosa o por otra, todo Cristo (valga el chiste) va a ir a ver su película...ojalá pasara lo mismo con el resto de cine español.

Siguiendo una constante de su filmografía, la planicie, Amenabar firma una película formalmente casi perfecta pero con una evidente falta de alma. Ni chicha, ni limoná. Mensaje plano y sabido por todos (el fanatismo religioso es malo) al servicio de una película que no aburre -reconozco que sus dos horas no te clavan a la silla pero tampoco te hacen bostezar- pero que tampoco es que emocione porque, desgraciadamente, Ágora es una película de lo más vulgar. De esas que sales del cine sin poder decir nada más que eso de "bueno, pues hemos echado el rato". Ni más, ni menos.

Una película que debería de remover conciencias se convierte, sin embargo, en un asunto plano y predecible que poco a poco va perdiendo fuelle hasta convertir su final en algo tan evidente que da un poco de cosica. Sin duda Amenabar ha demostrado una impericia total y absoluta a la hora de tratar a sus personajes femeninos: simplemente no sabe manejarlos. Almodovar los convierte en algo menos que caricaturas en muchos casos pero las mujeres de Amenabar siempre son aburridas, hieráticas (o directamente chifladas...Najwa Nimri en "Abre los ojos") cuando no manejadas por unos sentimientos estereotipados y francamente fríos.

Tenía razón Rachel Weisz, lo dice ella misma, cuando discutió con Amenabar sobre el guión y se quejó de que Hypatia se mantuviera virgen durante toda la película. La virginidad, que me imagino que será un rasgo para elevar a la protagonista a una especie de santificación laica, se revuelve contra un personaje que debería de haber sido mucho más carnal. No se...hubiera estado bien que Hypatia hubiera sido una gran astrónoma que no hubiera tenido miedo al contacto físico, incluso que por su condición de atea (algo muy discutible eso de encontrar gente atea allá por el 400 D.C.) se hubiera liberado completamente, hubiera vivido su vida como le hubiera dado la gana sin temor al que dirán esos cristianos fanáticos. Pues no. Si absurda era la atracción que demostraba Ana Torrent por un personaje tan chulopiscinas como el de Eduardo Noriega en "Tésis" -lo que la estupidiza bastante a ella y a su género que es retratado como incapaz de no salir corriendo detrás de un paquete- tampoco son comprensibles las ansias de Hipatia por elevarse sobre los demás manteniendo su virgo intacto. La película hubiera tomado un cariz mucho más interesante, y mucho más libertino (si de eso se trataba), de haber retratado a una Hypatia en realidad más libre y más de andar por casa. Por decirlo de algún modo: Hypatia es demasiado estóica y muy poco dionisiaca.

Si se trataba de hacer una película histórica seguramente Amenabar tendría que haber cuidado algunos detalles algo chirriantes como las misas dadas frente a la congregación, y no de espaldas, en un idioma que no era el latín (algo que sólo se produjo después del Concilio Vaticano II celebrado entre 1963 y 1965), la no mención a los trabajos astronómicos de Tales de Mileto cuando se habla de Aristarco de Samos (el segundo inspiró al primero...Tales fue el primero que habló de una Tierra redonda) y, por ponernos menos exquisitos, la aparición en la decoración de la Prefectura de una Loba Capitolina con, tachán, tachán, Rómulo y Remo amamantándose de sus pechos. Una concesión estúpida porque se ha puesto en duda que la loba sea en realidad etrusca, podría estar hecha en la Edad Media, pero, sobre todo, porque se sabe que las figuras de ambos niños fueron puestas ahí en el Renacimiento y fueron obra del escultor cuatrocentrista Antonio Del Pollaiuolo.

Esto último es lo de menos, en realidad sólo me hago el empollón, porque lo más importante es entender por qué narices ha todo el mundo Amenabar le sigue pareciendo un genio del cine cuando rueda unas películas tan bonitas pero donde es imposible saber hacia qué lado están canteadas lo que las convierte en películas francamente vulgares y en eso estoy completamente de acuerdo con las conclusiones de Jordi Costa.

Lo que más me sorprende es que una película tan blanda haya sido capaz de levantar tanta polémica. Como está el patio...

PD: Los momentos de las lapidaciones me han recordado a "La vida de Brian"...vaya una película que sí te demuestra que las religiones son un asunto estúpido y espinoso. Por cierto, no hagáis como yo y os riáis porque quedaréis fatal.

PD2: Consideraré a Amenabar un genio cuando sea capaz de rodar una comedia.