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lunes, 10 de octubre de 2011

"Mamá es boba" en La 2





Hola lectoras, lectores, modernos y modernas de pueblo, residentes en la gran Babilonia, funcionarios, parados y personitas que, en general, han llegado por casualidad o no a este blog: 

Hoy Lunes a las 00:15 la 2 de TVE (la de todos...eso dicen) emitirá "Mamá es Boba" película dirigida por el insigne Santiago Lorenzo y, como ya saben, una de las películas de cabecera de este blog tan mal diseñado. 

Como siempre les estoy hablando de la misma, es imposible comprarla, y la copia que anda por la red es de menor calidad que la emisión que hará mañana la 2 les invito a ustedes a dejar sus quehaceres (sean los que sean, no nos engañemos, un lunes por la noche no se van a ir a una bacanal), dejen de ver porno, repasar a los clásicos, deconstruir una patata cocida o ver una serie americana (que seguramente repondrán en un par de meses) para darse el gustazo de ver una de las mejores películas del cine español (y mundial) de todos los tiempos (estos tan revueltos y los pretéritos) y vean con sus propios ojos lo que es un milagro: que alguien se digne a programar algo espectacularmente bueno. 

No se aseguran grandes efectos especiales, no se aseguran grandes tomas en 3D, no se aseguran cuatro o cinco giros que tengan que ver con un comando yihadista que ha colocado 14 bombas atadas a colegiales solo un rato para disfrutar de una película que, como la Mahou, nunca pierde las cinco estrellas.

Del mismo modo les invito a recomendar esta película entre amigos y familiares por las vías telefónicas, orales y reuniones de tupper-sex que crean convenientes, tirar de las redes sociales o recomendarla por twitter incluyendo el hashtag #mamaesboba en su cuenta de twitter. 

Un lujo.

PD: Por si quisieran ustedes saber otras muchas opiniones laudatorias les dejo aquí una cosa que escribí para la gente de filmbunker sobre la misma película. 

martes, 27 de septiembre de 2011

Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011)



Julio (Julián Villagrán) se despierta resacoso y despistado en la cama de Julia (Michelle Jenner). Ambos se conocieron, se emborracharon y acabaron en la cama. Se inicia entre ellos ese ballet del absurdo y la vergüenza ajena y propia que sirve como ridículo epílogo de cualquier rollo de una noche.  Cuando, por fin, Julia consigue que Julio enderece sus pasos por la casa se dan cuenta de que algo no funciona: la calle está en silencio, los móviles no funcionan, la tele tampoco…Cuando sacan la cabeza por la ventana descubren que un enorme platillo volante gobierna el cielo de Madrid.



Este es el chocante arranque de “Extraterrestre” la segunda película de Nacho Vigalondo, una matrioshka cinematográfica que encierra una película de género fantástico, una de catástrofes y una comedia romántica con lo que parecen influencias de “El ángel exterminador”, “El último hombre vivo”,  “Independence day”. De hecho, yendo un poco más lejos no pude no acordarme de “La hora incógnita” (1963, Mariano Ozores) una película muy pequeña que trataba sobre lo que le ocurre a los únicos habitantes de un pueblo de La Mancha que no han sido evacuados de la zona sobre la que va a caer una bomba atómica que se les ha desgobernado a los norteamericanos.

“Extraterrestre” parece una película sin pretensiones de principio a fin. Quizás la recorre la evidencia de que, en un país como el nuestro, es complicado atacar el género fantástico sin las capacidades presupuestarias del cine norteamericano (o el de cualquier industria mejor avituallada económicamente) o porque aquí no nos creeríamos que se pudiera producir una invasión alienígena…imagínense.


La invasión o la visita de los hombrecillos verdes sirve a Vigalondo para poner el acento en otras cuestiones que suelen quedarse fuera de las películas de género donde se suelen narrar historias de heroicidad o maldad extremas. Ahí están “La Carretera” o “La niebla” donde se discute largo y tendido sobre estos temas de si el hombre es un lobo para el hombre o si dejaría de serlo en caso de extrema necesidad o hasta donde somos capaces para sobrevivir para demostrarlo. Vigalondo prefiere enhebrar preguntas más sencillas pero que tienen respuestas todavía no contestadas: ¿Hay cabida para la estupidez humana dentro de los escenarios más catastrofistas? ¿No sería normal que a alguien se le fuera la olla? ¿Seguirían teniendo importancia hechos tan banales como el de guardar las formas o el de comportarse como un verdadero mezquino? En definitiva, ¿el hecho de que una situación de emergencia vaya cobrando visos de normalidad no haría que acabáramos por dejar de plantearnos qué ocurre para volver poco a poco a centrarnos en nuestras vidas?

Si el cine de género cuenta siempre con el truco del climax o, mejor, del encadenado de un climax tras otro para hacer que el espectador se pase dando botes durante la proyección lo que, irremediablemente, lleva muchas veces a que la pirueta ya te parezca atroz a la tercera o a la cuarta vez que la has visto, Vigalondo juega, justamente, con lo contrario: te deja sumergirte en  la realidad de los personajes que, viendo que la amenaza no se hace real, acaban por preocuparse de otras cosas.


Si en el aspecto técnico y narrativo “Extraterrestre” funciona a la perfección no estaría mal acordarse del trabajo que hacen los actores protagonistas: Julián Villagrán borda el enésimo papel que borda (es complicado encontrar algo donde este actorazo no esté bien) dando a su personaje el punto exacto de tío normal superado por los acontecimientos y que va sobreviviendo a golpe de nada (algo muy propio de estos tiempos) y Michelle Jenner tiene la misión de ser la única chica de la película y bordar una interpretación que se aleja bastante de los preceptos de la heroína cinematográfica. A su lado Carlos Areces demuestra sus dotes para la comedia metiéndose en la piel de un molestísimo vecino obsesionado y “pagafantas” (un “pagafantas” del mal, por cierto) y Raúl Cimas sorprende por su calidad interpretativa. No deja de ser notable que Cimas sea capaz de interpretar un papel de tipo normal (dentro de un orden, entiendan como “normal” lo que sería normal en un panorama de invasión extraterrestre) regalándonos alguno de los mejores momentos de la película.

El casting de la peli lo cierra Miguel Noguera que hace un pequeñísimo papel que termina por hacernos evidente que, incluso en las peores catástrofes, hay momentos para ser un verdadero idiota, para “apostar muy fuerte” (como diría él) por convertirse en una estrella mediática aunque ahí fuera nos estemos jugando el planeta.

A día de hoy no tengo ni idea de cuando podrán disfrutar de “Extraterrestre”. Solo espero que sea pronto y que acudan a los cines a comprobar que Vigalondo está en forma, que todavía hay razones para pagar una entradita de cine, que todavía hay historias que contar o, por lo menos, que hay puntos de vista diferentes a los que dar un empujón desde la grada y, sobre todo, para disfrutar in situ de una película brillante, divertida y talentosa.  

Por si acaso estén atentos y no se la pierdan, sería una pena. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

Antònia Font y el público de Madrid


El grupo mallorquín Antònia Font ha tocado esta noche en el Teatro Lara. Vaya por delante que a mi los conciertos sentado me ponen de los nervios, que se vienen a mi cabeza las imágenes de las modositas primeras fans de The Beatles moviendo alocadamente las piernas, mezcladas con las escenas de las matinés del Circo Price inmortalizadas por el NODO y, claro está, las de los actos culturales de la URSS en la que daba igual que estuvieran viendo al Ballet Nacional o un CSKA-Real Madrid de baloncesto porque aplaudían sentados en sus butacas con el mismo entusiasmo contenido y mecánico. Yo soy más de estar de pie, hacer un poco el cafre y bailotear con este cuerpo lamentable con el que he sido dotado. El asunto de estar sentado, así de primeras, como que me pega más para otras cosas y creo, pero eso solo lo creo yo que soy un poco idiota, que a un grupo como este vale más la pena disfrutarlo de pie. Mi compañero de fatigas, el hombre que me ha invitado a semejante evento cultural ha sido el tuitero @pamplinero al que agradezco desde este rincón que me eligiera entre los cientos de miles de pretendientes que existían para esa butaca en tercera fila desde la que, puedo asegurar, no hemos perdido ripio. @pamplinero decía, en la cenita posterior en ese chino que parece una especie de remedo cañí de los restaurantes de Manhattan Sur sito en la "Plaza de los Luna", que distinguía cierta catarsis en el público que se queda con la imagen de haber asistido a un concierto en el que todo el mundo termina jaleando de pie y aplaudiendo. No es mal punto de vista.

Antònia Font es uno de esos grupos, como Mishima por ejemplo, que pese a la barrera idiomática (cantan en catalán con acento mallorquín que es un acento de lo más curioso) se han hecho un hueco en el panorama "indie" nacional. Como ya saben ustedes el "indie" es una cosa completamente inabarcable y heterogénea porque caben en ese saco desde Chinarro a Nixon, pasando por Los Planetas o Sexy Sadie y acabando en propuestas como Love of Lesbians, Manos de Topo o los mismos Antònia Font. Etiquetar a la banda comandada por Miquel Oliver de "pop" o de "indie" sería olvidar que son un grupo con un registro amplísimo de temas, hasta tal punto que se hace muy dificil encasillarlos en alguna corriente concreta ya que cuentan con canciones como "Batiscafo Katiuscas" (la gran ausente del repertorio de esta noche) o ""Wa yeah" que no se parecen en nada. Incluso en su último disco, lamparetes, parecen como obligados a diluirse en una maraña de  influencias para encontrar su propio estilo. 

Con un repaso por este nuevo y brillante trabajo han comenzado su actuación en Madrid para pasar luego a lo que Pau Debón, con algo de chufla, ha denominado "grandes éxitos". El asunto ha ido de menos a más por razones obvias, los temas de este album son mucho menos conocidas que las que llevan sonando un par de temporadas y, por si fuera poco, las maletas y algunos instrumentos del grupo han desaparecido en Barajas lo que les ha obligado a tomarlos prestados de otro conocido músico "indie" que les ha prestado el material a prisa y corriendo hoy mismo. A este contratiempo se ha unido que el sonido del Lara ha dejado un poco que desear en ese primer instante y ha dejado inservible la segunda guitarra de acompañamiento que, a veces empuña Pau Debón, y que su nivel de micro andara acoplado al de la banda y se produjera el conocido efecto "J de Los Planetas" o "canto al mismo nivel de la banda afinando la voz como si fuera un instrumento más". Algo que, a veces, resulta francamente desesperante. 

Sin embargo, y pese a estos contratiempos, Antònia Font ha salido del atolladero técnico poniéndole empeño y profesionalidad y consiguiendo el crescendo necesario para que la cosa quedara en un tonteo con el desastre, posibilidad que siempre acompaña a cualquier actuación musical. 

Si Mick Jagger se quejaba de forma desesperante de que, siempre que presentaban nuevos temas, la gente aprovechaba para ir a comprar perritos calientes durante el concierto lo cierto es que Antònia Font bien podría haberse quejado, en primera instancia, del poco o nulo interés del público madrileño en general y del "indie" en particular por ponerse, en primera instancia, a favor de obra. Han tenido que ser los foráneos, los que vienen de fuera del foro, los que pusieran ese punto de arranque necesario para que la cosa marchara. 

El público de Madrid en general, y el "indie" en particular, suele confundir el silencio de respeto con lo despiadado y tiene un alto nivel de autocomplacencia consigo mismo y sus gustos pero, normalmente, muy poca piedad con el trabajo ajeno. Confundimos, normalmente, nuestra capacidad de juicio con una actitud escrutadora y fría que paraliza a más de un currela artístico. No me extraña. No se de donde sale tanto interés por parecer afectado, por parecer intenso y, sobre todo, por parecer que todo nos coge completamente prevenidos, enterados e, incluso, un poco aburridos. Es desesperante el tono casi litúrgico que comenzamos a conferirle a cada concierto y nuestra incapacidad para disfrutar de las cosas que nos lleva a convertirnos en un público antipático que, la mayoría de las veces, parece que paga una entrada para convertirse durante un rato en Risto Mejide olvidando que, a estas cosas, y salvo completo desastre, se va a disfrutar y a pasarlo bien. Esta dureza de carácter se puede ver en los campos de fútbol (ese Bernabéu mudo ante el séptimo gol de Cristiano Ronaldo haciendo la catapulta mortal, esa pasividad del Calderón ante la enésima gambeta de Agüero en esta temporada), en los toros (Esas Ventas que silban incluso la forma de hacer el paseillo y que escrutan incluso como el matador de turno bebe el "buchito" de agua) o en todo tipo de conciertos donde se suele producir esa especie de pulso criminal en los primeros instantes en el que la masa parece estar diciendo "entretenedme y sorprendedme y, recordad, vais a tener que cagar sangre para sacarme un aplauso que no sea el plas, plas de compromiso entre tema y tema". 

Sin embargo, y como existen los milagros, al final incluso el ácido y despiadado público de Madrid ha de rendirse a la evidencia y suele entregarse en las tres últimas canciones y luego pidiendo bises. De pronto se nos quita la vergüenza, nos olvidamos de que hemos estado sentados, de que queríamos de verdad canturrear en mal catalán las canciones de Antònia Font y sobreviene el levantamiento, el gritoneo fans y el arramblamiento de la fanaticada que, incluso, se ha atrevido a dar palmas de forma sincopada y de practicar una especie de catalá-mallorquí fonético que a la banda de hoy le habrá resonado en los oídos como a las bandas extranjeras les debe de sonar el "guachi-guachi-einsonnn" con el que mal pronunciamos sus canciones. 

En definitiva, Antònia Font son una banda con oficio, unos músicos excelentes que han sabido ganarse al público capitalino que los ha hecho sudar en algunos momentos de la noche con esa actitud de "¿Si aplaudo demasiado creerán que todo esto me gusta de verdad?" que les ha recompensado con dos ovaciones sinceras. Conciertos como el de esta noche son los que te demuestran que en este país existe una música de mucha calidad compuesta y ejecutada por un personal que sabe emocionar al respetable, que maneja a la perfección la escena, que sabe sacar petróleo de cualquier situación ofreciendo un concierto de casi dos horas de duración que ha hecho que "Calgary 88" sonara como segundo bis porque se habían quedado sin repertorio que ofrecer...y, aunque la gente ha pedido "Batiscafo Katiuscas" nos hemos quedado con las ganas. Si pasan por su ciudad no lo duden, pasen a verlos. 

domingo, 3 de abril de 2011

Un blog "chanchi": El otro lado de la política


No suelo hacerlo (aunque no se por qué) pero hoy voy a recomendar un blog. Es un blog estupendo que va de estética y política o, mejor, de la estética de los políticos. Ya, ya, ya se que todos ustedes se toman muy en serio el asunto y que les parece baladí analizar sesudamente el look de unos cuantos funcionarios públicos pero, la verdad, la autora de la bitácora (la cántabra Patri-cia o Patricianuro) hace lo mismo que los políticos nos hacen todos los días a nosotros: perderles el respeto. Se llama "El otro lado de la política". 

Para no desmerecer ni un poco diremos que su autora es una persona muy informada sobre política solo que ha decidido informar de la misma desde un punto diferente lo que demuestra que hacer humor conlleva, en la mayoría de las ocasiones, conocer al objeto de la broma al dedillo...incluso mucho más que algunos pretendidos periodistas políticos que se han pensado que su profesión se trata, única y exclusivamente, de ejercer de cheerleader de un determinado partido político y sustituir la información por un "alabim-alabam" que da un poco de vergüenza ajena. 

En un país donde la ironía y el sarcasmo han sido debidamente arrancados de la crítica política y donde se nos invita con malos modales a no hacer bromas de las cosas serias porque unos señores incapaces de coger un chiste y sin sentido del humor han decidido de antemano lo que es serio y lo que no, no deja de ser sano y agradable darse una vuelta por lo aparentemente banal y, desde ahí, rascar hasta el fondo de la superficie. Suena también, estupendamente por cierto, que alguien sepa cogerle el pulso así a un asunto y sea capaz de hacer coña con la política sin necesidad de acudir a los tópicos del humor español sobre políticos que tienen que ver, básicamente, con el degüello partidista, con una especie de revisión de los chistes de Lepe pero cambiando a los habitantes de dicha localidad por el nombre de este o el otro político. 

Es posible, también, que no sea un chiste, que no sea una broma, y que todo esté escrito muy en serio. No tengo ni idea pero, sinceramente, ahora que se acercan las elecciones europeas yo le pediría a todas las publicaciones de este país que le intentaran hacer un hueco a este blog aunque solo sea por, de verdad de la buena, incorporar algo de interés que no tenga que ver con los chistes de sal gruesa que normalmente despliegan. 

Yo me suelo volver mono diciendo que la superficie de las cosas es importante para conocer su interior y no suelo tener mucho éxito...la autora de este "El otro lado de la política" lo tiene. Como dicen por ahí: "hazte fan".

Nota del Insustancial: Creo que alguna vez he contado que "You are my sunshine" fue escrita por uno de los políticos más chocantes de la historia de los políticos chocantes, Jimmi Davies, que sirvió como gobernador del gran estado de Louisiana en dos legislaturas diferentes (1944-1948 y 1960-1964). Esta versión, de las muchas que la canción tiene, está interpretada por Ray Charles compositor de "Georgia on my mind" que en 1979 fue nombrada por el estado de Georgia como su himno oficial. Política y tal...creo que colaba aquí...

miércoles, 2 de febrero de 2011

¡Voten a LOS MILLONES!


Hace meses, con lo de la tregua de ETA, me permití el lujo de hacer media gracieta comentando que "Los Millones", la novela de Santiago Lorenzo, era algo así como medio indispensable para leer el proceso de desintegración de la banda terrorista o algo así. Proponía, sin mucha fortuna como siempre, una especie de juego tontorrón en el que el otrora miembro de la organización que contaba con unas cuentas saneadas y un cierto apoyo popular se había convertido en ese hambrón que se pasea por un barrio obrero que es el protagonista de la novela de Lorenzo esperando que alguien se comunique con él y esperando, claro está, tener un DNI para poder cobrar los millones que le acaban de tocar en la lotería primitiva. 

Sin duda y porque utilicé una de esas "técnicas mixtas" en las que intento con torpeza que unos temas solapen a otros para que tengan ustedes conciencia de lo que es vivir con una cabeza que piensa en 300 cosas a la vez ("y ninguna de ellas demasiado útil o demasiado buena" que dice mi compañero de piso) simplemente catalogué a "Los millones" como una "maravilla". Adjetivo un poco corto para definir lo que este libro es en realidad, un adjetivo que si bien vale para que sepan ustedes lo que me pareció en general queda bastante lejos de definir en su totalidad lo que este libro supone para un servidor. 

"Los millones" es una maravilla pero también es muchas otras cosas: es una estructura estupenda, una historia de esas que no se encuentran normalmente y, sobre todo, es algo que vengo echando de menos desde hace tiempo en la literatura española en general que no es otra cosa que una forma propia de mostrar las cosas. 

De los cortos de Lorenzo y de sus dos películas siempre me maravilló que pudiera darle a los personajes una especie de toque inconfundible, una manera de hablar propia que respetaba el juego de hacer de la trola algo completamente real, es más, algo tan real que pasaba por ser más realista que la propia vida. Eso me lo volví a encontrar en "Los millones". Y me encantó. Olvidándonos de comparaciones odiosas: Auster juega a eso todo el tiempo y cualquier gran escritor del siglo anterior (y no digamos ya del XIX o anterior al mismo) ha jugado a dotar a sus personajes y a sus historias de esos juegos sin los que, sinceramente, me falta algo. 

Sin duda es la mejor novela que he leído en mucho tiempo y, sin duda, me parece innegablemente la novela del año anterior. 

¿Y a qué viene repetirse? Pues que los señores de notodo.com han nominado a "Los millones" como una de las novelas del año y se requiere, para que se le entregue el galardón, que ustedes voten en la página. Yo ya lo he hecho y ustedes deberían. 

Le dejo el enlace por si quieren hacer ustedes uso de ese derecho inalienable que es demostrar que tienen un gusto infinito para las cosas de la literatura. 

Se vota desde aquí.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Anvil: el sueño de una banda de rock (Sacha Gervasi, 2008). Larga vida a los (pobretones) Dioses del Metal.


Some Kind of Monster era un documental sobre la grandeza de ser Metallica y sobre las miserias que conlleva vivir en medio de toda esa grandeza. Una condición que se había llevado por delante las personalidades (o las había reforzado fatal) que lo conforman y, sobre todo, que les había hecho incapaces incluso de hablarse entre sí sin el concurso de una especie de psicólogo bastante interesado en sacarles la pasta. Algo chocante.

Anvil: el sueño de una banda de rock es justamente lo contrario: un documental sobre qué ocurre cuando esa grandeza es nada más que pasajera y desaparece con la misma rapidez que llegó.

Ambos trabajos, sin embargo, recuerdan bastante a algunos momentos de un docu falso titulado This is Spinal Tap. Quizás el primero por retratar a un puñado de tipos a los que se les ha ido la pinza autoimponiéndose el status de estrellas interestelares y el segundo porque capta la vida de dos tíos que quieren vivir el sueño que tuvieron cuando tenían trece años y, pese a no haber conseguido ninguno de sus objetivos, no cejan en su empeño. Es cierto, cuando se habla de heavy (utilizo un término genérico e identificable) o de cualquier manifestación de la cultura popular (y creo que esto es más evidente en lo musical) se tiene un pie en la grandeza, otro en la bajeza y, casi siempre, se camina en el filo justo de lo sublime y lo ridículo que es un buen territorio para la comedia.

Anvil es una banda canadiense fundada en los 70 que tuvo un brevísimo éxito en los 80 y que sobrevive peor que peor desde entonces.

Dicho grupo no consiguió buenos contratos discográficos y, seguramente lo que es peor, no era un gran grupo como Iron Maiden, Judas Priest, Black Sabbath, Metallica, Slayer, Accept, Guns & Roses, Helloween…eran un grupo un poco por encima de la media que nada podía hacer en un panorama metalero en eclosión plagado de grandes bandas que generaban unos escalofriantes beneficios. Es normal que, su precaria situación contractual por un lado, y el hecho de no poder superar el test de los años los avocara a un paso fugaz por la fama y a una progresiva bajada en las ventas de discos y entradas hasta la situación actual.

Sus fundadores Lips Kudlow (cantante) y Robb Reiner (batería. No es broma, el tipo se llama como el director de “Spinal Tap) siguen, pese a todo, en la brecha. Da igual que ya no vendan discos, que las promotoras de conciertos no los quieran ver ni en pintura, que casi nadie los recuerde o que estén en los cincuenta…nada es suficientemente malo como para renunciar al sueño recurrente de volver a tocar en un estadio repleto de personas que, con los dedos levantados en forma de cuerno, repite un mantra: “Anvil, Anvil, Anvil”.

A su alrededor unas familias un tanto cansadas de que la pareja no siente la cabeza, se centre un poco en llevar una vida más normal y consiga un trabajo que no esté supeditado a salir corriendo entre semana para tocar en un garito infecto ante tres borrachos en la otra punta del país. Sin embargo, y esto es lo interesante, ambos tipos son tan majos que parece que su entorno les perdona que se hayan negado a crecer, en parte porque piensan que aún el milagro es posible (la esposa de Robb declara ser todavía una amante de los grupos de “tíos de pelo largo” y parece entonar un “me equivoqué de estrella de rock al casarme) o porque, simplemente, saben que viven con una especie de adolescentes de pelo largo canoso.

Como nota totalmente sociológico-escalofriante quiero decir que Lips y Robb no solo visten con los ropajes universales del heavy metal en todas sus gamas sino que, y ahí está lo impresionante, ANDAN como todos los heavys del mundo: ¿Saben ese andar un poquito estirado y echado hacia delante provocado por llevar las manos en los bolsillos y tener que equilibrarse al caminar y ese avanzar como con pasitos y movimientos de cabeza acompasados de izquierda a derecha? ¡Pues así! ¡Los tíos son los maestros del ANDAR HEAVY!

Como son amigos desde la infancia, o casi, y tienen una especie de relación de amor-odio (más amor que odio, es verdad) parece que se produce entre ellos una especie de equilibrio en la chifladura de conseguir volver a las listas de ventas: cuando uno flojea el otro lo anima y viceversa y, cuando ambos se frustran, llegan a las manos (sólo un poco) para poder hacer las paces y volver a autoconvencerse de que lo conseguirán.

Pese a que pudiera parecer enfermizo en cierto modo entiendes un poco mejor como tenían que ser las relaciones Lennon-McCartney, Ulrich-Hettfield, Brian Wilson-Dennis Wilson…pero, lo más escalofriante, es que te das cuenta que habrían sido igual de caóticas, insanas y malrolleras o igualmente sanas, buenas y cósmicas si estos músicos no hubieran tocado más que en tugurios de mala muerte.

Y ahí están estas almas cándidas, viviendo a su bola cuando, de pronto, una promotora de conciertos (bueno, en realidad una italiana que no se entera de casi nada) les escribe para decirles que les ha preparado un Tour por Europa de más de un mes cargado de fechas en países como Croacia, Hungría, Polonia, Holanda, Bélgica, Rumanía, España…

Los Anvil vuelven a la carretera.

Y entonces ocurre lo que esperas que ocurra: una gira mal diseñada, con garitos semivacíos (dos personas en algunos), viajes en tren, retrasos, malas planificaciones. Si Anvil son el reverso pobretón de Metallica, su gira parece, sin lugar a dudas una caricatura de lo que son los tours de KISS.

Pese a todo Anvil sigue adelante y quiere grabar un disco. ¿No han tenido suficiente? Pues no. Quieren volver a grabar un disco que suene tan bien como los que grabaron en los 80 y, bueno, la leyenda continúa en una especie de espiral terrible de bajonerismo y mala hostia a duras penas contenidas.

Aunque la cosa se pone negra, Anvil sigue en la brecha y…la resolución final del invento tiene como trasfondo un concierto en Japón (¿Se acuerdan del final de “Spinal Tap”?).

Humana hasta las cachas, Anvil: el sueño de una banda de rock es uno de esos documentales de una sola pieza sobre los que cruzan no solo las razones mismas que llevaron a Sam Dunn, un antropólogo de espíritu metalero, a indagar las razones de “lo heavy” en su "documetal"  Metal: A headbanger´s journey o incluso el espíritu de películas como Siempre locos (la reunión de un grupo de vejestorios que fueron famosos una vez en una gira lamentable) o Rock Star (Esa película que intenta resumir no se todavía si en clave de comedia o de cosa seria toda la historia del heavy metal en un poco más de 90 minutos) sino la sagrada misión de un incansable fan de Anvil, su propio director, por recuperar la historia de la banda de sus amores y esa tenacidad y ese espíritu de permanecer contra viento y marea pese a los evidentes cambios históricos, de gustos, de costumbres es lo que debe de haber mantenido al heavy, al sonido y al tío ese de la chupa de cuero que sostiene una birra en el fondo de la barra, casi en el mismo sitio desde 1980. Por cierto, un ejercicio el de Sacha Gervasi que parece el mismo que impulsó a Cameron Crowe a rodar Casi famosos, un recorrido sentimental  autobiográfico y quasi histórico (y digo quasi porque la película parece es un recuerdo recubierto de caramelo-nostalgia) a mayor gloria de todas aquellas bandas que el precoz director/escritor conoció cuando era el colaborador más joven de la revista Rolling Stone.  

Si Kiko Amat, en esta desacertada crónica de un concierto de Saxon celebrado en Barcelona, tilda a “lo heavy” como un cúmulo de baratería machista con tendencia a la endogamia (y lo que es peor, como una especie de “cosa de pobres” o “matones”) con argumentos que podrían ser utilizados a la contra para reírse de un concierto de los actuales The Who (igualmente viejos, incluso más) o del ambiente general que se respira en un show de cualquier otra temática donde también puede identificarse la estupidez con bastante facilidad, Anvil habla de un sentimiento, un sentimiento que es infantil y un poco chorra. Habla de una carrera contra el reloj y la realidad.

Si la postmodernidad se basa en la revisión crítica del pasado desde un punto de vista sarcástico o directamente cínico (la de los 80-90 se rió a gusto de los progres de los 70 y la actual revisita con igual tono y ritmo a la de los 80 mientras sacraliza a la de los 90 a las espera que la siguiente nos ponga a nosotros en la picota…va a ser un espectáculo ver a unos tíos reírse postmodernamente de una obra postmoderna como “Muchachada Nui”) es posible que los Anvil, y “lo heavy”, identifiquen su legado musical y cultural con una especie de identificación con lo auténtico y, créanme, esas cosas que detectamos con lo “auténtico” no tienen más razón, ni se presentan con más fuerza ante nosotros que cuando uno es un adolescente y será por eso que Lips y Robb viven en una eterna pubertad.

Una caricatura, es posible, pero sólo si se mira desde fuera. Un homenaje naïf a un estilo de vida naïf que se merece, como todas las cosas raras, un documental que esté a la altura.


BOLA EXTRA

Por cierto, así eran Anvil en 1984 cantando "School Love"...


Y, no es por nada, pero comparen el primer fraseo de Lips con el arranque de Fortu de Obus en "Vamos muy bien", jitazo patrio también de 1984. Se parecen un huevo. Por cierto, Obus aún pueden decir eso de "aún nos mantenemos en pie y ya no pararemos hasta no poder ver" (ya sea por el ciego o por las cataratas propias de la edad).

lunes, 18 de enero de 2010

Perdido en Pynchon


Me he vuelto a perder en Thomas Pynchon. Me pasó el año pasado, más o menos por estas fechas, cuando estaba leyendo "El arco iris de gravedad" y, ahora, me ha vuelto a pasar con "V" que es la primera novela que publicó en 1963.

Pynchon es ya el único escritor norteamericano que no concede entrevistas. No se sabe nada de él, ni donde vive, ni si es soltero o está casado y, lo más increíble, es que apenas hay seis o siete fotografías de este buen hombre en sus años mozos (Universidad y ejército). Mucha gente teme que todo lo que se cree saber sobre el escritor es purrela inventada por el mismo Pynchon -o la persona que está detrás de semejante seudónimo- para despistarnos a todos.

Me parece normal que un escritor que suele escribir sobre la chifladura, o que imprime a sus obras una buena dósis de la misma, haya optado por esta sencilla forma de marketing: no hablar de sí mismo para que otros puedan hablar continuamente del misterio que le rodea. Para hablar de Pynchon, por lo tanto, sólo podemos leer sus libros.

Sin el enganche de conocer la ideología, la situación familiar y económica, lo que ve a través de la ventana de su casa o la opinión que tiene sobre la Administración Obama nos encontramos ante unos textos que pueden ser leídos sin los prejuicios propios a los que nos enfrentamos a la hora de leer a otros autores. Cualquier cosa que se sepa sobre el autor lo será a toro pasado cuando este doble la servilleta.

"V" es la historia retorcida de un personaje perdido, de un "yo-yo" humano", que viaja de aquí para allá en pos de una obsesión. Así de sencillo. Por poner un ejemplo: su protagonista, Profane, se emplea como cazador de cocodrilos albinos (entre otras cosas)...cocodrilos albinos que viven en las alcantarillas de Nueva York después de que sus dueños los tiraran por el retrete tras descubrir que se iban a convertir en unas mascotas demasiado molestas. Ahí tienen el germen de una de las leyendas urbanas extendidas por todo el mundo y que tiene su arranque en una novela.

A golpe de pincelada "V" es una novela que recoge, sin empacho, lo mejor de la tradición Beatnik, mordiscos de Steinbeck, O´Henry o Dos Passos o Twain y, sin duda, es uno de los escritores (Junto a McCarthy, De Lillo o Roth) de la nueva novela americana. Es más, se podría decir que el estilo de Pynchon es definitivo para entender a Dave Eggers, Michael Chabon o el fallecido David Foster Wallace por poner tres ejemplos de nuevos grandes escritores.

¿Es un beatnik? ¿Un naturalista? ¿Un escritor de género fantástico? Ni idea, sinceramente. Al igual que los otros tres Popes de la literatura americana ha picoteado en todos los géneros sin que nadie se ponga de acuerdo en saber de qué coño va este tío. Digamos que es simplemente un GRAN ESCRITOR que, gracias a su discreta vida privada, ha permitido que por primera vez en mucho tiempo cualquier estudio sobre su obra no aparezca contaminado por comentarios como "es la obra prototípica de un nuevo marxista norteamericano" o por párrafos que comiencen por frases tan manidas como "Influenciado por una infancia en la que ya se reveló contra el autoritarismo de sus padres...".

En mis años mozos, cuando era un imberbe estudiante, tuve que soportar a muchos "opinadores". Es lo malo que tienen las carreras de letras en nuestro país que, nada más pasar las sagradas arcas de la Facultad, cualquiera se siente en el deber de comportarse como un intelectual. Yo mismo era uno de ellos. El problema no es tener que escuchar durante unos cuantos años a una ingente cantidad de personas mal informadas sus opiniones poco fundadas sobre este o aquel escritor...lo malo es comprobar como muchos de los profesores utilizaban el mismo método "intuitivo" para revelarte las mismas opiniones insulsas y apriorísticas que solía utilizar el alumnado como dividir a los autores por pobres y ricos, modernos o postmodernos...

Al ser preguntado un profesor sobre las características propias de la obra de Cervantes este contestó sin empacho que "Cervantes olía a Cervantes". Punto pelota. Sin más. Ni estructuras, ni arbolitos, ni estudios...uno podía saber que un texto era de Cervantes porque el Manco de Lepanto cantaba la Traviata. Destripada la biografía de Cervantes, por tanto, se podía hacer un paralelismo entre este incidente o aquella anécdota y clavarla en este o aquel texto. Toma ya. Birli-Birloque. Vudú literario. Ciencia infusa ven a nosotros. ¡Cualquiera, por tanto, podía publicar una edición comentada de lo que le diera la gana! ¡Sólo había que tener olfato!

Gracias a Alá también tuvimos profesores que nos enseñaron a no tener prejuicios.

Por suerte cuando uno se enfrenta a Pynchon no tiene más que agarrarse a lo que lee y perderse en la novela que tiene entre las manos. Ya advierto que no es fácil pero es francamente divertido.

Y todo esto viene a cuento de que estoy leyendo a Pynchon y de que hoy me he topado con un artículo de Elvira Lindo titulado "Lo que vale un pene" en las páginas de El País donde, con muy poco olfato, demostraba orgullosamente no haber entendido nada sobre la última novela de Philip Roth, The Humbling/La Humillación, una historia  sobre un actor teatral viejo y harto que seduce a una jovencita. Y dice que no lo entiende porque no cree que un viejo pueda conseguir semejante hazaña para luego cargar contra Woody Allen por haber jugado al mismo juego en "Si la cosa funciona".

Tan norteamericana y neoyorquina Elvira Lindo se queda patidifusa ante su falta de conexión con las dos obras que, por mor de ser de corazón super yanqui, le deberían de haber pirrado. Pero no. Resulta que no se traga el sapo...que los dos les parecen unos viejos verdes que se creen que por haber leído mucho y haber escrito mucho pueden conquistar a cualquier chavalita impresionable. Dos machistas, vamos.

Es lo que tiene no centrarse en el texto o en la pantalla y llegar a todos sitios cargados de prejuicios pero, bueno, eso como todo es una opinión de lo más personal. Por mi parte, y también personalmente, les recomiendo perderse en Pynchon, seguir viendo películas de Allen y leer The Humbling que, también en mi opinión, es una obra honesta, dura y escrita a cara de perro que va sobre otras cosas que no tienen que ver con perseguir jovencitas como un sátiro.

martes, 20 de octubre de 2009

El secreto de sus ojos


Raquel me arrastró a ver la última película de Juan José Campanella. Boyero había dicho que era buena y que "thumbs up!" pero, la verdad, no es un director que me emocione. De hecho la única película de Campanella que no me había hecho bostezar hasta la fecha era "El niño que gritó puta" (1991).

No me interesa en general ninguna de las historias que ha llevado a la pantalla: pertenezco al porcentaje enano de personas que estuvo a punto de morir en varias discusiones sobre "El hijo del la novia" al sostener que le parecía una blandez hecha a mayor gloria del conservadurismo reinante; dije una vez que "el mismo amor, la misma lluvia" (200X) le había parecido una adaptación porteña floja de las comedias románticas españolas de los 80´ y de "Luna de Avellaneda" pues, la verdad, no encontré con quien discutir de dicha película.

Pero no hablemos del pasado porque, es posible, sólo posible, que el trabajo de Campanella como director de series de televisión como "House", "Rockefeller Plaza" o "Ley y orden: Unidad de Víctimas especiales" le haya convencido de que se pueden hacer buenas películas sin tener una profusión de primeros planos ñoños y conversaciones sobre el ser y el querer y de que el sentimentalismo es una especia fuerte que debe de administrarse con cierta tacañería.

Quizás gracias a eso nos hayamos encontrado con un nuevo Campanella, o casi, que se ha consagrado a un guión basado en la novela "La pregunta de tus ojos" (Eduardo Sacheri). Dicha novela tiene la etiqueta de formar parte de la "novela negra" pero, como decía Bretón (¿?) los críticos burgueses suelen pintar de un color todo aquello que no son capaces de entender del todo de tal modo que, dicha nomenclatura, suele quedarse corta o incompleta para definir a todo un género o, por extensión, suele meter en el mismo cesto narraciones que comparten ciertos elementos comunes pero no tienen, muchas veces, nada que ver.

Me refiero, claro está, a escritores como Eduardo Mendoza, Francisco García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán, Alfredo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, Miguel Mena, Pablo Tusset,   Henning Mankell, Stieg Larsson o, incluso, Patricia Highsmith...y un largo etcétera. Todos han sido considerados, en un momento u otro, escritores de novela negra y, sin embargo, han utilizado protagonistas y tramas en los antípodas de lo que se considera novela negra. Un loco, un municipal de Tomelloso, un detective privado fanático de la alta cocina que asesinó a Kennedy y que quema ligros, un preso que no sale de la cárcel para resolver sus casos, los torpes secuestradores de un obispo, un filósofo obeso, una jueza, un periodista y una mujer matratada, un asesino...

Pues "El secreto de sus ojos", quizás un poco al estilo de "Gosford Park" (2001, Robert Altman), nos propone el viaje al pasado de un currante de un juzgado, una especie de secretario o de ayudante la nomenclatura precisa se me escapa, que una vez jubilado decide escribir una novela sobre un caso concreto: la violación y el asesinato de una mujer joven acaecido 25 años antes, en 1974. En medio justo de la mal llamada Restauración Peronista y de camino a la Dictadura de la Junta Militar. ´

¿Hay algo más ridículo que intentar impartir justicia en un sistema dictatorial? Pues ese es el primer absurdo al que se enfrenta en esa época Benjamín Espósito y su compañero, un alcohólico lúcido llamado Sandoval, que intentan desentramar la investigación torpe y se comprometen con la misma por una especie de amistad que Espósito traba con el marido de la víctima.

Espósito (Ricardo Darín) y Sandoval (Guillermo Francella) inician una investigación humana y torpe que, sin embargo, consigue hacerse con la verdad pese a no ser más que un remedo de Sherlock y Watson ...o casi porque la historia en lugar de haber sido tapada por el polvo de los años, reverdece en cuanto Espósito pasa la mano por encima del expediente y reaviva todos los fantasmas que, con el tiempo, en lugar de hacerse más transparentes han  tomado más cuerpo y vigencia.

Entre medias, una pena, encontramos la historia de amor entre Espósito y la bellísima Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) que nos recuerda al peor Campanella -el que se pirra por el colorín- y que consigue sacarnos de cuando en cuando de una historia dura, dura con franqueza, que utiliza la investigación de ambos personajes para hablar de la dictadura y, más que de ella, de los destructivos efectos que cualquier sistema dictatorial tiene sobre las personas y sobre los países. Quizás pueda parecer un mensaje evidente pero, quizás no lo sea tanto, cuando se agitan más que nunca las añoranzas de "la mano dura" de otros tiempos.

Con una factura de diez y medio y un guión que no falla casi nunca (le sobra un tantito de azucar aquí y allá y un tratamiento más realista del único personaje femenino), lo que nos lleva a plantearnos si Amenabar no es más que un cinco -haciendo la media entre la realización (10) y el guión (0)-, "El secreto de sus ojos" divierte y, además, nos enfrenta a algunas interesantes preguntas que no podré desvelar sin caer en el spoiler y también en algo mucho más interesante y que tiene que ver con la manera en la que, hasta ahora, el cine argentino ha tratado el tema de la dictadura y que, indefectiblemente, tiene que ver con el silencio de las víctimas, el ejercicio de la "no violencia" y la aplicación de "EL PERDÓN" como forma de demostrar que se tiene, y siempre se ha tenido, la razón. Campanella consigue girar esos principios y ajustarlos a un discurso más realista sobre el dolor, el perdón, el olvido y, sobre todo, el delito.  
Me despido comentando que Ricardo Darín y Guillermo Francella funcionan maravillosamente bien como pareja protagonista, que bordan sus papeles y que en cada una de sus frases hay muchísima verdad o, sea, que consiguen que te olvides de que, en realidad, están diciendo en voz alta un texto previamente escrito. Pero no solo ellos funcionan a las mil maravillas ya que Soledad Villamil, una de las mejores actrices argentinas de todos los tiempos, saca petroleo de un papel francamente recortado y Pablo Rago (al que no recordaba de nada anteriormente) borda su papel. El español Javier Godino se desquita en esta ocasión de  los sinsabores de trabajar en una industria que sólo le ha ofrecido un papel grande en "Café solo o con ellas" (Álvaro Díez Lorenzo, 2007) y borda su trabajo provocando nauseas reales en la platea firmando uno de los mejores malos de los últimos tiempos.

Que la disfrutéis....

PD: Se corre el riesgo de salir de la película hablando en argentino diciendo cosas como "vamos a cagar a esos fachos a trompadas" y un largo etcétera...quedan advertidos.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Afasia y juventud


"Este es un mundo muy duro para los que son poca cosa"
Lillian Gish, La noche del cazador.

Cuando veo el anuncio de los condones y los adolescentes pienso en cuáles serán las razones de nuestro gobierno para dirigirse a la muchachada como si fueran indios yanomamis: "Tu poner condón o tu tener embarazo y eso tu no querer".

Vale, debo de estar mayor y no pillo el chiste pero, qué ironía, que una campaña a favor de una sexualidad sana y responsable sea una campaña que utiliza tan mal la lengua ¿no?

Ahora el rapero Nach dice que la idea, la de asesinar el español a ritmo musical (atentos al vídeo que sale Celia Blanco), es cosa suya. Vale a la lista podrían apuntarse una cantante de OT que se llama Soraya y que cambió la canción "Por ella" por un sonoro "poyeya" u otro triunfito como Bisbal empeñado en cantar "bulería, bulería" en lugar de "bulerías" que es el término adecuado.

El caso es que nos empeñamos en tratar a la juventud como si fueran absolutos retrasados...ocurre con las promos de las series HKM (Cuatro) y 18 (Antena 3). Que 18, a tenor de las edades de la gente que sale en el espasmódico clip, coronaría su estribillo de "Son 18" con un "En cada pata" porque, joder, como crece esta generación. Pero, no se, esa pose medio afectada que muestra a la gente más joven atrapada entre lo peor de la adultez (sospechoso marquismo, ligoteos chungos, competencias baratas etc.) y el rollo saltarín propio de la edad -uno se da cuenta de que está mayor cuando ve la cantidad de energía que gasta un grupo de juvenales saltando y moviéndose compulsivamente mientras van simplemente dentro del vagón del metro- me pone básicamente de los nervios.

Es curioso pero se alude mucho al "drama" y muy poco a la comedia de tener 18...¿Alguien ha olvidado a los dos simbolitos de la campaña del "SI DA, NO DA" de mediados de los 80? ¿No sabemos dirigirnos de un modo más normal a la gente más pequeña, es decir, de un modo que no imite burdamente al modo en que creemos que se comunican entre ellos? A mi todo este rollo me recuerda a Tierno Galván, con traje de tres piezas y ya ancianito, diciendo eso de "al loro y el que no esté colocado que se coloque" y a la Abuela rockera, aquella simpática viejita, que se vestía de heavy metal y salía al Canciller con sus nietos a ver conciertos de los Obus y que es uno de los personajes de la movida madrileña más marginales e interesantes. No, no es un vídeo de Muchachada Nui.


En "¿Quién puede matar a un niño?" (1976) Chicho Ibáñez Serrador cuenta la escalofriante y silenciosa rebelión de un grupo de niños. Un macabro asunto que recoge también Bret Easton Ellis en "Lunar Park" (Mondadori), que fue enfant terrible en toda la extensión del término, y en la que adopta la posición asustada de toda una generación frente a las nuevas tecnologías, los nuevos lenguajes y, en general, lo nuevo. Y lo más nuevo son los propios hijos que conspiran silenciosos frente a las pantallas de sus ordenadores. Alguien debería comenzar a hablar ahora claramente, sin tapujos, sobre este mundo (sobre lo cruel y también sobre lo bueno) a los más jóvenes comenzando por sacarlos de los centros comerciales donde se comienzan a echar de menos hoteles y máquinas expendedoras de condones. Porque si no vamos a tener que tirar de esa frase de Jim Carrey en "Un loco a domicilio" (1996, Ben stiller) donde clamaba aquello de: "Alguien tiene que matar a la maldita canguro".
Como no todo podía ser malo del todo, porque de eso se trata, os entrego por segunda vez en un año este single entrañable de los Klaus & Kinski que se titula "Flashback al revés".

Una mezcla, casi perfecta, entre lo tristón y lo alegre, entre lo divino y lo patatero. Sacan disco, bueno ya lo tienen en la calle, con el sello Jabalina. Y es que por encima del hip hop comercialón y el reggeaton y todas esas cosas descubres que el Pop es lo que, finalmente, va a acabar salvando el mundo...bueno, un poco.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Andy Kaufman vuelve de la tumba


Hay una razón por la cual la realidad siempre supera a la ficción y es porque, en realidad, nuestros métodos para imitar la realidad (cualquier tipo de arte) están siempre sesgados por lo que el autor considera o no “verosímil”.

Hace unos días, gracias al programa de tarde de Antena 3, me enteré de que una señora había fallecido mientras manipulaba una cama plegable que acababa de comprar. La mujer, de un pueblo de Málaga, estaba enredando con el mueble (¿Cama nido? ¿Cómo se llama eso?) y de pronto la cama se la tragó provocándole la muerte. Sus familiares tardaron en encontrarla, como explica la vecina en este vídeo.


Fuera de los parámetros de la ficción, donde cualquiera juzgaría como “no verosímil” un fallecimiento en estas características, se encuentra la realidad que, al parecer, es mucho más imaginativa. Hace unos años, cosas de trabajo, tuve acceso a un tétrico volumen editado para forenses (creo que de criminalística) donde se daban jugosos datos e ilustraciones (fotos chungas, vaya) de todo tipo de muertes terribles que iban desde un envenenamiento, hasta un incendio, pasando por accidentes laborales, suicidios y, como no, lo que es más chungo: muertes accidentales. Muertes provocadas por la estupidez, la dejadez o una concatenación de hechos ridículos y, a primera vista, inofensivos como ha sido el caso de la señora de Málaga.

El caso, y por no extenderme en el morbazo más asqueroso, diré que quedé sorprendido de la cantidad de gente que muere al año haciendo las cosas más tontas desde ahorcarse sin querer con el cinturón de la bata propia (lo juro, hay gente que casca así intentando colocarse el albornoz todavía colgado del ganchito de la puerta, enredándose en él y cascando por asfixia, lo vi y no pude dormir o ponerme esa prenda ni siquiera en un hotel de esos de lujo durante años) o en el colmo del absurdo intentar comprobar si estaba lleno el depósito de la segadora del jardín ayudándose de un papel de periódico encendido que iluminaría el fondo provocando así una explosión pequeña pero fatal.

La muerte es así, a veces da risa. Cuanto más tiempo pasa (tragedia+tiempo) más graciosa nos resulta. Siempre que pienso en eso de morir absurdamente (en 1983 un coche de autoescuela, conducido por un profesor, chocó contra el coche familiar donde viajábamos mi padre y yo...por suerte los coches iban muy despacio y podemos contarlo, ja-já) me acuerdo del final de "Man on the moon" (2000, Milos Forman), el biopic de Andy Kaufman, donde se ve al cómico siendo atendido por un curandero al que, en última estancia, Andy descubre haciéndole un truco de magia, por otro lado, mortal. Andy no sobrevivió pero sí lo hizo Tony Clifton, su alter ego, un chungo cantante de Las Vegas que representaba todo lo que Kaufman odiaba en sus espectáculos (Chistes verdes, canciones gruesas...) y en la vida (Clifton es fumador y bebedor mientras que Kaufman era vegetariano y antitabaco). Algo así como si Marlo saliera ahora de las catacumbas de la Hora Chanante y comenzara a tener una vida propia a parte de Ernesto Sevilla en Muchachada Nui. Que no estaría mal (Free Marlo!).






Al cómico se lo llevó un cáncer de pulmón -que, al principio pensaron que era una broma del propio actor, una bufonada más de mal gusto- mientras que Clifton sigue campando por ahí, dando conciertos y comenzando sus espectáculos con esta frase: "¿Habéis venido esta noche a ver a Andy? ¿Queréis verlo? Pues traed unas linternas y unas palas y seguidme". ¿No es paradójico que un personaje chusco que representa todo lo que odias te sobreviva? ¿No es gracioso?

Dicen que Bob Zmuda, coguionista, amigo personal de Kaufman y compinche es, en realidad, el que anda metido detrás del maquillaje y la tripa falsa de Tony Clifton aunque la broma ya se ha extendido a todo Estados Unidos y es muy fácil encontrarse con un pequeño club de cómicos donde cualquier imitador reclama ser el "one and only Mr. Entertainment, Mr. Tony Clifton" y te regala un poco de la mala leche del personaje original que este mismo año volverá a girar por todo su país agrandando la leyenda y el sketch hasta más allá de la muerte de su creador ("o descubridor" como le gustaba decir a Kaufman que siempre negó ser el personaje pese al chusco maquillaje).

Así Andy Kaufman y Zmuda o el propio Belushi (que firmó un tétrico sketch donde se le veía vestido de anciano bailando sobre la tumba de todos sus compañeros de Saturday Night Live poco antes de morir) han ido un poco más allá y se han quedado entre nosotros para echarnos una mano en ese ratito malo en el que uno no sabe si llorar o reir delante de un féretro abierto. Por si acaso aquí lo deja bien claro el propio Kaufman cantando la canción que, unos años después, sonaría en su propio funeral.





sábado, 22 de noviembre de 2008

Freaks over me

Mi padre está últimamente de un sociable francamente asqueroso. Se lo he dicho: "O te echas novia, o te echas unos amigos o te das a las drogas pero no pienso seguirte en tus planes chiflados ni un fin de semana más". Él ha seguido a su bola, como si no se enterara de lo que he dicho. Cuando hace estas cosas me siento como el pequeño Stewie Griffin. El caso es que anoche me hizo acompañarle a una cena con personas toreras, o sea, con matadores de toros. Hoy había quedado con mi hermana y el cuñaíto para visitar la expo de La Guerra de las Galaxias en Madrid.

Que quede claro que, aunque no tenía resaca, me parece un sacrilegio igual o de peor calibre intentar levantarme a las 9´30 de la mañana de un sábado como rodar tres películas innecesarias para más gloria del bolsillo de Lucas (George, no Grijander) y para contentar a esas legiones de fans contínuamente insatisfechas que creen, equivocadamente que el placer se consigue acumulando sinsabores (series de TV, películas de animación, precuelas chungas etc.) y no en la revisión de lo sublime. Vale, borrad sublime y poned este ejemplo "camestre" y picantón: me parece mucho mejor echar un casquete semanal satisfactorio que tener toda una semana de gatillazos. Esto último lo digo basándome en lo que dice la gente por ahí porque, la verdad, a mi todo lo que va sobre el amor -carnal, espiritual, extracorpóreo- se me ha olvidado por completo.

Yo soy muy fans de las tres primeras, o sea, de las que primero se rodaron. De los montajes originales y de la forma en la que se concibieron para ser ofrecidas por primera vez. Yo digo "La Guerra de las Galaxias" y pronuncio "yedi" y no "yedai". Soy puro, sin micloridianos, me molan las máscaras cutres de los moradores de las arenas (por cierto, ni una sola mención, que cosa más triste) y me va la marcha putanguera de Han Solo y el Halcón Milenario (tampoco ni rastro de una piecica de Solo hibernando en carbonita). Básicamente me gusta la acción, los tiros, los espadazos y tolero el pastelón del "yo soy tu padre" porque Vader es el nazi del Espacio y los ewoks sus particulares perroflautas.
El rollo de donde vienen los jedis y todo eso me la trae cantidad de floja así como la lucha del bien contra el mal (tan mal expresada que todos parecen unos chiflados armados que se persiguen los unos a los otros), la gente clonada y todas esas mierdas me la trae al pairo porque en el mundo freak debo de ser, en realidad, un carca de la peor especie.

Soy un freak-carca desde que leí "Moteros tranquilos, toros salvajes" (Peter Biskind) y descubrí las razones por las cuales la primera generación de auteurs del cine norteamericano, una muchachada capaz de ser profunda como John Cassavettes y rodar como Samuel Fuller, ha acabado convirtiendo la industria cinematográfica en una filial de los departamentos de marketing de Hasbro, Mattel o Bi-bi-bizak (¿Esto va a ser todas las navidades hasta que me muera o alguien va a cambiar el puto jingle? ¿Y el tipo que compuso lo de PC-Cityyyyyy no merecería que lo caparan, en vivo y a la brava?).




Pues eso, que soy freak pero menos. Por cierto, os recomiendo fervientemente el libro aunque sólo sea por la posibilidad de conocer a Hal Ahsby o la razón por la que Jodorowsky es el responsable de que Dennis Hopper convirtiera una futura obra maestra como "The last movie" (1971) en una cosa difícilmente tragable (aunque dicen por ahí que con dos canutos de marihuana y un/a hippie en pelota picada haciéndote trenzas en el pelo mientras la ves tiene todo el sentido). Lo que no se explica, porque no tiene ningún sentido, es que Richard C. Sarafian -que tiene un nombre como de titular de un spam muy gordo- fuera capaz de rodar ese mismo año la increíble "Vanishing Point" (Punto límite cero, 1971) y diluírse en la década de los 80 hasta rodar la tercera parte de Rocky. Con dos cojones. Este datazo lo cuento porque mi padre sigue confundiendo a Carl Weathers (que hizo de Apollo Creed) con Billy Dee Williams (que hizo de Lando Calrissian)...momento patrocinado por http://www.imdb.com/.


Pese a todo he disfrutado como un crío en la exposición y me he rebajado hasta niveles insospechados haciéndome fotos con los cacharros y gritando en un momento determinado "¡Quiero ver a los ewoks! ¡Quiero ver a esos pequeños hippies!" o explicándole a unos muchachos ojipláticos a los que su madre daba collejas ("¡atiende, coño!") él por qué todavía, en estos tiempos, se sigue rodando con maquetas -deberíais de echar un vistazo al curro de Emilio Ruiz y su enorme aportación a las pelis de Spielberg y Lucas- y enseñándoles más o menos como se consigue la perspectiva.

Lo que más me ha gustado es que había un grupo de mods dando color a la muestra como representación de lo viejuno, los padres freaks que llevan a sus hijos a conocer los detalles de la saga por que les han salido de Doraemon, los niños prematuramente freaks (especialmente uno armado con un sable laser que intentaba mover las cosas utilizando "la fuerza"...de su propio frikismo infantil y que he intuído que será muy infeliz si persiste en semejantes actividades cuando llegue a la adolescencia) y un grupo de mods a los que daban ganas de preguntarles si no estaban, en realidad, buscando la muestra del Doctor Who o de Quatermass.


Entre los momentos sonrojantes los instantes en los que mi cuñaíto y yo hemos querido sacarnos el título de Jedis en la Academia "ad hoc" ("la instalación es para niños menores de trece años, señores" nos han dicho) y el hecho de descubrir que muchos freaks creen que es guay lanzarle piropos a las pocas mujeres asistentes con cosas como "tienes la cutis como Amidala" o "seguro que ese trajecito de Leia bailarina ante Jabba El Hut te queda de perlas"). Entre lo francamente negativo que alguien al salir nos haya dicho: "No os olvidéis de que os sellen el pasaporte de frikis que luego dirán que no habéis venido".
Por si fuera poco la expo me ha traído a la memoria algunos grandes momentos: el poster de la película en español que mis primas tenían en su habitación, los recortables de El Imperio Contraataca que venían con los yogures de Yoplait y que te contaban la película de arribabajo, los cromos, una especie de Telenovela que tenía mi amigo Juanma, el olor del Cine Castilla o el día en que, durante una charla, entre trekkies y waries y tras afirmar que Star Trek era una serie de televisión sobrevalorada, una chica vestida de bicho me dijo que no tenía vergüenza y que si la paz y la fraternidad y eso y entonces se levantó un tipo vestido de Jedi (con un traje que le había hecho su madre) y blandiendo su espada de plastiquete de varios colores dijo eso de "¡Abraza la verdadera religión, cacho puta del Enterprise!". Y entonces se lió y nos tuvimos que ir a beber cervezas. El mundo era mucho más sencillo cuando sólo había tres películas a las que adorar y, claro está, éramos más tontos y no nos dábamos cuenta de que las chicas, incluso las que vestían de ferengui y publicaban un fanzine fotocopiado sobre Star Trek, tenían su corazoncito, aunque fuera verde. Ahora, más cascados, sólo nos queda rezar porque el Imperio no caiga sobre nuestras cabezas. Putos freaks, están por todas partes...

sábado, 15 de noviembre de 2008

For your pleasure: Miguel Ángel Martín


Miguel Ángel Martín es el autor del logo del Señor Insustancial, o sea de mi mismo. Me lo mandó como una broma cuando comenzaba a escribir este blog y todavía sigue ahí, fresquísimo. Ni que decir tiene que las máscaras de gas son para mí un fetiche que tiene que ver con algo del que está informado algún psicoanalista.

Muy poco puedo añadir a lo que se ha escrito ya sobre uno de los más sobresalientes ilustradores y dibujantes de cómics de España, de su línea clara, de su discurso directo, de su capacidad para aunar en una sola viñeta terror, violencia, verdad y unas cuantas gotas de ternura (yo las veo, joder). Lo descubrí a comienzos de los 90 y no me he desenganchado de su obra.

La obra de Miguel Angel es un discurso carente de toda moralidad, no contiene ninguna moraleja, en realidad no pretende escandalizar, ni plantar en el alma de sus lectores ninguna semilla ideológica. Enfrentarse a cualquiera de los sobresalientes cómics de Martín es, en cierto modo, asistir a una demostración de pulso narrativo impecable que sólo pretende contar historias indagando muchas veces en lugares incómodos y traspasando tabúes sexuales o sociales. Los temas de Martín (la pederastia, los asesinos en serie, los movimientos culturales marginales y minoritarios más bizarros) son, en sí, tan brutales que es innecesario que el autor se pronuncie sobre ellos. Por si queda duda digo desde aquí que Martín es un adulto culto y bien formado que se dedica a buscar y mostrar por el placer de hacerlo y no por hacerse eco de un lado oscuro que muchos, todavía, se permiten el lujo de denunciar.


Ni que decir tiene que ese posicionamiento ha hecho que la obra de M.A. sea descrita casi siempre como “controvertida” por el lado bueno y como “vomitiva”, “sucia” o “perseguible por la ley” por una enorme comunidad de moralistas de medio pelo que, como siempre, no se enteran de la misa (nunca mejor dicho) la media. Atacado por izquierdas y por derechas, por feministas, por colectivos gays, por colectivos de defensa de los animales y un largo etcétera Martín siempre sale del debate con la misma claridad con la que dibuja : “No soy un cura, moralizar me parece asqueroso”.

Como siempre es peligroso quedarse en medio a mediados de los 90 a Martín le cayó el sanbenito de protagonizar una de las más estúpidas, exageradas, ridículas y, en el fondo, divertidas leyendas urbanas: Se acusó al ilustrador de ser protagonizar un vídeo donde, vestido con una máscara de gas y en compañía de otro hombre no identificado (aunque a mi me dijeron que era su hermano o su amante) torturaban y mataban salvajemente a un perro. Ni que decir tiene que toooodo el mundo había visto dicho vídeo y que, pese a que los dos criminales vestían unas máscaras de gas –como las que lleva el señor fatibomba de la foto de ahí abajo, que soy yo mismo- se le podía identificar ya que, en otra versión, que sólo algunos elegidos habían visto se quitaba la máscara al final.


Del vídeo todavía no hay rastro pero ha sido un puñetero dolor de cabeza para M.A. que ha visto como dicha chunga historia llegaba hasta Italia donde su obra fue secuestrada y donde todavía mantiene un fuerte debate con sus autoridades.


Pese a todo Miguel Ángel sigue colaborando en prensa, sacando sus libros y colaborando con Subterfuge, una discográfica con la que su obra está irremediablemente unida.
Os invito a todos a leer a uno de los mejores dibujantes de cómics del mundo, un jodido outsider, un cabrón con pintas dispuesto a sacarte las tripas (no literalmente) en cada viñeta para que te enfrentes con tus propios miedos a golpe de motosierra, sexo chungo y personajes fríos como témpanos que nada, digo nada, tienen que ver con un tipo entrañable (no me mates por este cursi comentario) con el que las horas se te pueden hacer minutos a golpe de ron y mucha, pero mucha conversación.

Además estamos de enhorabuena porque se está celebrando por estos días una retrospectiva de la obra de Miguel Ángel en Donosti (titulada For your pleasure) a la que deberíais asistir. Si no podéis lo mejor es que corráis hasta vuestro punto de venta preferido y adquiráis alguno de sus interesantes volúmenes.

viernes, 14 de noviembre de 2008

America se mira el pajarito


La foto de arriba es una de las mayores sorpresas que me he llevado últimamente: el señor de la derecha es, nada más y nada menos, que Barack Obama a estas horas presidente electo de los Estados Unidos y el de la derecha es uno de mis fotógrafos favoritos de todos los tiempos, su satánica majestad Terry Richardson.

Esta es una imagen que me llena de esperanza con respecto al futuro morador de la Casa Blanca, la verdad, porque creo que ningún otro se hubiera permitido el lujo de posar en público con un tipo que se ha hecho famoso por fotografiar la cultura americana más mostrenca desde la prespectiva más cochina que he visto en mi vida.


Los caminos de los dos han sido inversos: Mientras que Obama sale de la clase media baja para tocar el cielo, el fotógrafo fue un niño pijo que decidió encontrar acomodo en la parte trasera de los drugstore, drogarse con inhaladores para el asma, beber hasta caer redondo en el salón de cualquier desconocido y dar rienda suelta a una sexualidad voraz con, dicen, hombres, mujere y travestis de toda índole.


Terry, que lo tenía todo, ejerció de chapero ocasional, de punk y todo con la única intención de autodestruirse. Un buen día despertó y decidió utilizar su cámara para retratar su entorno. Fue un éxito, una obra dura, rápida, sucia, irónica humorística y, sobre todo, realista. El trabajo de Richardson parece, a primera vista, algo hecho de manera instantánea, rápida, incluso su mano parece temblar mecida por la ingesta de algo más que dos cañas y, claro esta, ha sido perseguido impenitentemente por todos los fotógrados convencionales y más cuando esta rara avis comenzó a buscar acomodo entre revistas como Harper´s, GQ, o incluso Vogue en su edición francesa considerada como la cosa más elegante a este lado del universo.

Sin embargo la fotografía de Richardson transmite mal rollismo por encima de su, aparente, poca técnica. Un fotógrafo profesional me contaba que una noche intentó captar el estilo Richardson y se rodeó de la atmósfera adecuada para ello: una cámara barata, una fiesta y gente aligerada del peso de la moral judeocristiana. Acomodó un fondo blanco y se dedicó a disparar fotos a los asistentes, gente drogada, ida completamente, desnudos…a la mañana siguiente rescató el material y se dio cuenta de que, pese a que parecía de Richardson, carecía completamente del extraño toque chungo que el americano es capaz de dotar a su trabajo.

Terry Richardson ha conseguido poner el punto becerro al mundo de la moda acercándolo a una pornografía sugerida, al retrato de momentos chungos, consiguió que una modelo se retratara bebiendo leche de la teta de una vaca, que la campaña de Sisley estuviera rodeado de los iconos de la movida Furry y, cómo no, ha conseguido sacar del armario a un Presidente Obama que, al lado de él, parece joven, divertido e impecablemente vestido sin embargo del mismo modo que no hay estrella que se precie que no haya dejado retratarse por la cámara de este fotógrafo a costa de hacer una broma pesada sobre sí mismo.
Espero que Richardson le haga el mismo favor a la política americana que le hizo en su momento a la encorsetada fotografía de moda, que le haga mirar hacia otro lado y, claro está, que aligere a Barack Hussein de la asquerosa, pornográfica, lastimosa y podrida doble moral que se ha apoderado de los Estados Unidos y de su anterior administración poniendo el acento en que una cerveza de vez en cuando, una fiesta de vez en cuando y un paseo ocasional por el lado más salvaje de nosotros mismos nos alimenta para seguir hacia adelante. Que Dios está en su sitio y nosotros en el nuestro y que, por favor, no se mezclen las cosas. No se si podrá o no pero, al menos, parece que alguien está dispuesto a abrir un poco las puertas y dejar salir todo el polvo acumulado, perseguir con una escoba a los fantasmas del puritanismo y dejar pasar el aire para que se cuele algo de la America mostrenca, real, sucia, pecaminosa y divertida que es la que nos quita el sentío. La que nos pone, vaya.

Por si acaso no os perdáis su Livejournal, ni su revista virtual pero no me hago responsable de que os den unas ganas terribles de pecar contra vosotros mismos.

domingo, 19 de octubre de 2008

¿Por qué no se ríen los políticos?

Ciudadano Bob Roberts (1992), primera película de Tim Robbins como director, es un mockumentary sobre la campaña electoral del político extremista del mismo nombre. Por desgracia es una de esos chistes que ha pasado de moda ya que la exagerada dimensión de sus chistes (políticos que provocan guerras para lucrarse, políticos pringados en oscuros negocios inmobiliarios, políticos pringados en operaciones paralelas de la CIA, políticos que manejar los medios derechistas americanos a su antojo, políticos desleales que simulan situaciones de peligro para relanzarse en las encuestas, políticos que basan su campaña en organizar redes de contrapublicidad que pongan en solfa la moralidad de sus candidatos, políticos que pueden presentarse a un debate electoral para no decir absolutamente nada etc.) ha sido desgraciadamente superada por las tres últimas campañas electorales norteamericanas y sus efectos colaterales han infectado los procesos electorales europeos recientes (Italia, Francia y España).
En una de las secuencias de la película Bob Roberts acude con todo su equipo a una especie de Saturday Night Live capitaneado por John Cusack para cantar un par de canciones (Bob es también una especie de cantautor derechista que ha versioneado las canciones de Dylan a su antojo) lo que provoca el mosqueo del equipo de actores y el de una de las productoras ejecutivas que es despedida.

Podríamos decir que la peli de Tim Robbins es completamente premonitoria: anoche Sarah Palin acudió a Saturday Night Live. Ni que decir tiene que el gesto ha sido interpretado como la última pirueta mortal de la campaña republicana para alcanzar a una audiencia mayoritariamente compuesta por estudiantes, profesionales liberales y, sobre todo, para alcanzar a aquellos lugares donde los republicanos no tocan pelo que no es otro que estados como Nueva York, Massachusset o California (en lo que ha elecciones presidenciales se refiere).


SNL se ha convertido en uno de los bastiones del pensamiento demócrata, sus guionistas se eligen, normalmente, entre licenciados y doctorados de universidades como Yale, Harvard o Berkeley y eso se nota. Lo normal es que uno llegue a ser guionista de dichos programas cuando ya ha pasado de largo la treintena y acumula mucha experiencia en otros programas o publicaciones tipo National Lampoon. La mesa de guionistas de SNL no ha dudado tampoco en recoger talentos mucho más naturales como los de Eddie Murphy, Chris Rock, Steve Martin, John Belushi, Andy Kauffman y un largo etcétera.




El caso es que Tina Fey (¡Dime sí o me iré con Sarah Silverman!), que ha vuelto a SNL para hacer estas parodias porque sigue embarcada en la serie 30th. Rock, se parece bastante a Sarah Palin y se ha pasado los últimos meses haciendo descarnadas parodias de la protovicepresidenta. La más celebrada es confrontar el discurso de Hillary Clinton (interpretada por Amy Poehler) y el de Palin en diálogos chiflados como este:


Hillary: Creo que el Cambio Climático está causado por el hombre.


Sarah: Yo creo que es simplemente Dios que nos abraza con fuerza.


Anoche Lorne Michaels (productor y creador de SNL, el que tiene que hacer ese trabajo de bregar con los invitados incómodos ya que es parte de la decisión de traerlos y el depositario de las quejas si es que las hubiera) compartió el arranque del programa junto a ella y el comienzo de un sketch sangrante en el que Alec Baldwin confundía a la gobernadora de Alaska con la actriz. Ni que decir tiene que Fey, furibunda demócrata, no se permitió pelotear a la Palin y que SNL no tuvo piedad con las meteduras de pata de la campaña republicana pese a su presencia en el plató. Fey no compartió ni una línea con ella e hizo mutis por el foro en el momento en que la Palin dijo eso de: "¡Desde NY, en directo, es sábado por la noche!".

Pese a que en España nos las damos de campechanos los políticos españoles no suelen prestarse a ests cuchufletas ni en campaña (Antonio del Real sacó en un pequeño papel a Mariano Rajoy en Villa Arriba, Villa Abajo y la Junta electoral suspendió el episodio...esas cosas están expresamente prohibidas aquí) ni fuera de ella. Mala señal que no tenga ningún interés invitar a un político a un programa que no sea estrictamente de entrevistas o de temática política...¿Es que esta gente no se tira pedos? ¿No le gusta la música? Me molesta profundamente la falta de calidad cultural de nuestros políticos y que no sepan mantener una conversación medianamente interesante, cuando se quieren hacer los campechanos dicen que les gusta leer cosas como La Catedral del Mar o escuchar a Mocedades y cuando se quieren hacer los intensos...bueno, es de coña, la verdad. ¿Es que ninguno tiene gustos normales? ¿O es que en realidad no tienen ningún interés por nada? ¿Se acuerdan del pollo que se montó cuando Trinidad Jiménez quiso llevar una chupa de cuero? ¿Y cuando Carmen Calvo dijo que el "heavy metal y la música rock también eran cultura"?

El Hormiguero lo demostró el 16 de octubre invitando a González Pons, diputado del PP, al programa. El desastre fue evidente por la sencilla razón de que esta generación de políticos españoles no sabe nadar contra corriente y prefiere entregarse a entrevistas y francachelas de informadores afines que les allanan el terreno con todo tipo de preguntas que parecen hechas por su propio gabinete de prensa. Que Aznar, siendo presi, se negara a dar entrevistas a El Pais o a la SER ha sido un precedente criminal y poco edificante.










Digamos que Pons, que sabía que estaba en un programa de Cuatro, no se prestó nada más que a los sketches que él mismo trajo preparados pero no mucho más ni siquiera en un absurdo concurso de jeroglíficos y contestaba entre risitas nerviosas o "ZP" o "Rubalcaba" sin que nadie cogiera la dimensión cósmica del chiste. Se hizo un flaco favor apareciendo como un muñeco sardónico, plano, sin punch, sin ninguna gracia...muy en el tono del programa, por cierto. No hacía falta ir hasta el plató de la Calle Alcalá para decir que Rajoy te había mandado un SMS diciendo que le gustaba el programa, la verdad, y menos para poner cara de palo por un clip bastante flojito. Fuera queda el comentario sobre la ilusión que le hace a Pablo Motos mande un SMS...si yo hubiera sido el asesor de imagen del político le hubiera dictado lo siguiente: "Me encanta el Hormiguero...¡Pásalo!"
¿No hubiera estado mucho más en línea con el programa? La verdad es que todos tienen una intensa reticencia a reírse de ellos mismos y eso es muy malo porque el que sólo tiene sentido del humor para hacer gracias sobre los demás demuestra no tener, en realidad, sentido del humor si no una capacidad más o menos desarrollada de señalar los fallos del contrario, ser un acusica vaya.



Además los colaboradores de Motos tampoco estuvieron mucho por la labor y prefirieron o entrar y salir tímidamente y hacer como que este señor no estaba ahí o como Flipy hacer una reivindicación por la inversión en investigación científica que Pons intentó justificar como un error de ZP para luego decirle: "Me gusta más tu hermana" por el personaje que hace el cómico vestido de chica. Flipy contestó: "Mi hermana es gilipollas". Una salida de tono que, en realidad, venía a decir "voy, hago mi mierda y usted no se meta, por favor".




Entre medias Pablo Motos que en los últimos tiempos demuestra más tino bregando con mancuernas y aparatos para ponerse fuerte que para dirigir su programa procuró salir en auxilio del político (al que me imagino se cruzará por Valencia) de la peor manera posible echando broncas y acelerando los chistes tontos e infantiles que se hacían sobre el PP que, la verdad, tampoco eran como para salir en defensa del invitado. Un cambio en la actitud de Motos que, sin embargo, no tiene empacho en poner en peores situaciones a otros invitados ya sea Matt Dallas (Kyle XY) al que entrevistó sin tener ni idea de inglés ni intérprete o Sylvester Stallone al que sólo faltó que le recordara que había hecho películas porno.

¿Se merece un trato diferente González Pons que un actor norteamericano? Motos pensaba que sí y esa es la actitud que hace que muchos de nuestros políticos piensen que los medios están a su servicio, para hacer la pregunta que toca...la verdad me quedo más con la cintura de los políticos americanos, ni que decir tiene que Sarah Palin rió cada uno de los chistes malintencionados que se hicieron sobre ella durante toda la noche, aplaudió y se fue de allí con un enorme dolor de estómago pero, al menos, nadie se salió intencionadamente de su papel: los cómicos hicieron comedia y nos políticos repartieron sonrisas y se prestaron a lo que sus potenciales electores esperan de ellos: que se pongan a su servicio sea para hacer carreteras o convertirse en parte de un chiste.