
Decía Fernando Trueba que lo bueno de rodar películas de época es que no tenías que hacer secuencias donde hubier electrodomésticos, gadgets y toda esa carga de tecnología que nos acompaña actualmente. Eso debió pensar Matthew Weiner cuando comenzó a escribir "Mad Men" (Sábados a las 22:00 en el plus) una talentosa y rarísima serie.
La sinopsis es muy sencilla de resumir: la vida entrelazada de un grupo de personas que trabajan en una agencia de publicidad en la década de los años 60. Y ya. Lo que la hace especial, a parte de su impecable guión, sus interpretaciones etc. es que en realidad parece una serie de ciencia ficción, es decir,que uno tiene la sensación de que el retrato de la sociedad de aquella época es tan fiel que permite que dudes de que, en realidad, la gente fuera así hace tan solo cuarenta años. Ejecutivos y creativos (que teóricamente tendrían que ser los más avanzados y modernos de su época) son en realidad un atajo de conservadores machistas llenos de tabúes que se encuentran a gusto viviendo en una sociedad acomplejada y temerosa de los cambios al lado de unas mujeres que se prestan alegremente a vivir como meros objetos decorativos o como simples robots de cocina.
Fuera de la dulzura con la que "Cuentame como pasó" retrató los años del franquismo (cosa que siempre le achacaré al hecho de que TVE estaba en manos de quien estaba en manos en el momento de su lanzamiento y no a un pretendido ajuste histórico) y con la que trata a sus personajes - me pregunto cuantas veces más escucharé eso de "los españolitos de a pie" que francamente me parece crispante- Mad men parece un documental de National Geographic, sólo hay que mirar un poco para darse cuenta que los dulces años de Camelot (el reinado de los Kennedy me refiero) y sus posteriores consecuencias pueden mirarse desde una perspectiva menos simpática que la que los propios americanos se han encargado de vendernos.
Mad men es una serie llena de personajes odiosos con los que te cuesta conectar y, sin embargo, no puedes dejar de mirar ni por un solo instante a la pantalla un poco lo que ocurría cuando veías Los Soprano o Gente Joven aunque sólo sea por saber cuál será la siguiente barrabasada que protagonizarán (insultar a una mujer negra, tocarle el culo a una secretaria, hacer un chiste sobre la regla delante de un grupo de mujeres) sin que se les mueva ni un poco el tupé; sin decir, claro está, que fuman como verdaderos carreteros, se lían a chupitos desde las 10 de la mañana dentro de la propia oficina y obsequian a los potenciales clientes con una montaña llena de sandwiches grasosos -como los de Rodilla pero pasados por una freidora- que, flipa, en USA ya no se estilará pero aquí sigue siendo algo así como normal. En varias oficinas donde yo he estado sabíamos de la importancial del cliente y/o visitante por la calidad del cátering con el que lo agasajaban.
Evidentemente esta lista se une a la gran cantidad de cosas que, por ahora, son impensables de hacer en España. Son tan impensables que, a lo mejor, dentro de 20 años a alguien se le ocurre rodar una serie sobre cómo se hacía televisión en nuestro país por el año 2000...lo que nos vamos a reír.
Por cierto, ¿Alguien sabe algo de la versión española de "Life on Mars"?