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miércoles, 13 de mayo de 2009

Políticas de grandes superficies



El problema de la política en España es que no es tan imaginativa como la de las grandes superficies. Cuando la crisis arrecia el super de turno no tiene empacho en anunciar una reducción de sus precios de entre un 5 y un 25% en artículos de primera necesidad. Eso evita algunas cosas incómodas como, por ejemplo, que un día una masa hambrienta entre en tromba en el establecimiento y arrase con todo lo que encuentre a su paso, eso evita perder pasta y, sobre todo, evita la contratación de un mayor número de guardias de seguridad que disuadan con su presencia la previsible segunda oleada de ciudadanos hambrientos.


Los de las grandes superficies han llegado a la conclusión de que ya no es suficiente dar facilidades de pago o implementar el crédito de las tarjetas de plástico para atraer clientes y prefieren ajustarse a los nuevos tiempos y bajar sus precios un poco. Eso evita el endeudamiento de la clientela y, sobre todo, evita tener que contratar a una agencia de impagos para que persiga a los morosos que no pueden hacer frente a sus facturas, gastos en papel para escribir cartas amenazantes, franqueos, sobres, llamadas telefónicas...



Los de las grandes superficies saben que es mejor vender, aunque sea a menor precio, que tener que cerrar porque nadie puede pagarse los filetes y, siguendo esa lógica, como la gente tiene la manía de comer todos los días es posible que un día se harte y se reúna en la puerta de tu establecimiento en forma de horda hambrienta. Las revueltas son un gasto absurdo pero, sobre todo, evitable.

El Gobierno ofrece masters a parados titulados pero los titulados ya sabemos que, a lo mejor, debimos de no haber estudiado tanto y haber fundado una inmobiliaria cuando tuvimos tiempo porque, la verdad, eso de que "tener un título era una garantía de tener empleo" se ha revelado como una trola del tamaño de la Unión Soviética. De hecho saber lo que era la Unión soviética no nos ha servido para nada excepto para darle una paliza a alguien en el Trivial. También ventajas en el transporte público cuando ya no hay que moverse a ninguna parte para ir a trabajar y, en el colmo de la tontuna, ventajas a la hora de comprar un coche o una vivienda extendiendo ese asqueroso mito de la clase media española de que nadie ha conocido la felicidad completa sin ser el propietario de un utilitario y de un chalet adosado...es más...creo que no hay muchas ganas de comprar ni coches, ni casas.

En la bancada del otro lado no dicen nada porque sólo tienen que esperar a que el electorado se desencante y no se manifieste. Da igual. Lo bueno de estar en la oposición es que, en realidad, y aunque pueda parecerlo no hay responsabilidad de gobierno y, claro, se pueden seguir manteniendo trolas como que, para generar empleo, hay que permitir que el "despido libre" y potenciar una bajada de los impuestos...yo me pregunto cuáles son las razones del PP para pensar que esas dos medidas serían útiles si no hay a quien despedir y, por lo tanto, no hay donde recaudar.

Como ejemplo un botón: la política del "New Deal" de Roosvelt fue ampliamente criticada por la oposición republicana (y ampliamente liberal en lo económico) que ofrecía una receta parecida a la que ofrece ahora Rajoy que no es otra cosa que una fe ciega en el sistema bancario y empresarial, por otro lado, culpable de la debacle del 29 y de la actual. Dicha política roosveltiana (mucho menos "roja" y más parecida a un capitalismo de cara amable) sacó a Estados Unidos del callejón. Su rápida decapitación posterior, éconómica e ideológica, que sobrevino en los tiempos de la Guerra Fría desembocó en miles de terrores pequeños que han dibujado la cara menos agradable de la política norteamericana posterior y que han provocado tres enormes crisis económicas (1973, 1986 y la actual). Y esto lo digo pensando en que mis apuntes de COU sean correctos...joder, si un zote como yo es capaz de saber esto me cuesta creer que un cargo público electo no lo sepa. Sinceramente.


Hubiera estado bien que en el Congreso de los Diputados alguien hubiera hablado claro, sin miedo a perder electores, y hubiera dibujado el perfil de los tiempos que corren, que hubiera reconocido que nuestra economía se basa en la especulación y que eso no es del todo fiable. Que hay que cambiarla de arriba a abajo y que hay que subir un poco los impuestos y ampliar el déficit público para generar algunas industrias competitivas. No refiriéndose sólo, claro está, a hacer ladrillos o bidets si no, por ejemplo, a tener más empresas que hagan componentes para coches o diseñen métodos para ahorrar energía. Es más pueden ser empresas farmacéuticas o, yo que se, empresas cinematográficas...¿Alguien puede imaginarse la cantidad de empleo que generan unos estudios bien gestionados? Incluso podíamos potenciar empresas de videojuegos...¿Alguien sabe la cantidad de beneficios que da un estudio de desarrollo funcionando a pleno pulmón? ¿Y una empresa editorial que venda cómics que interesen en el extranjero? ¿No hay nadie que se anime a dibujar unos putos cómics en condiciones? ¿Y empresas que se dediquen al medio ambiente?

Joder, no puede ser tan difícil, pero claro hay que poner palabras feas como "Subida" e "impuestos" en la misma frase y seguir escribiendo para incluir en el párrafo otras palabras feas como "esfuerzo". Vale, eso te va a dar mala prensa, los de la bancada de enfrente se van a poner de los nervios y van a pensar que te estás colgando con tu propia soga pero hay que pensarlo de esta manera: subirás los impuestos de un montón de padres que tienen a sus hijos treintañeros todavía en casa o, peor que peor, a un montón de padres que han sido amenazados por sus hijos treintañeros con volver a casa. Estoy seguro de que todos están dispuestos a pagar para que eso no ocurra y por deshacerse de todos nosotros de una vez por todas y que si nos mantienen a raya alejados de sus neveras y sus mandos de la televisión te lo recompensarán dándote su voto. Los americanos lo hicieron. El DIA y Mercadona lo hace ¿Que pasa contigo Zapatero? ¿Te van a enmendar la plana esos imperialistas y los de la empresa privada? ¿Soraya y Rajoy acaso? ¿Quién dijo miedo?

martes, 7 de abril de 2009

Razones para sentirse bien

Nota del Insustancial: La dirección de Mividainsustancial agradece el premio concedido por Isilwen, lectora placentina y habital, y pasa a colocar su premio en nuestros anaqueles además de recomerdarles fervientemente la lectura de su blog, que no tiene desperdicio. ¡Gracias paisana!

Ver cocinar a Jamie Olivier es una bendición. Es un cocinero inglés que ha conseguido que sus compatriotas utilicen el horno de la cocina para algo más que no sea gasear a gatos vagabundos o perpetrar atentados contra los derechos humanos en forma de pasteles de riñones o corderos a la menta.

La diferencia entre Olivier y otros cocineros televisivos es muy singular: es un guarro. En serio, desmenuza con las manos corta y mezcla todos los elementos sobre la misma tabla de la cocina, parte las verduras con las manos y mete el dedo en los platos para comprobar el sabor o la temperatura. ¿Que da asco? No, más bien, consigue que te den unas ganas enormes de meterte en la cocina, llamar a unos amigos y abrir un par de botellas de vino. De cocinar y, por ende, de vivir. En realidad revela dos grandes secretos de la cocina: alegría y voluptuosidad. Todo en un inglés barato y ceceante que, la verdad, hace que se me abran las carnes. En estos tiempos flacos de ideas y faltos de alegrías, de ceños fruncidos y de raspas de sardina Olivier es un cocinero en forma de prozac. Mola.


La semana pasada hablaba con otros sospechosos habituales sobre uno de los mejores efectos de la crisis: se rescata la cosa esa sencilla de la cenita amiguetil y de las copas en casa donde siempre suena la música que te da la gana (al loro, después de la cuarta birra, siempre alguien quiere escuchar a Bisbal). Esta generación va camino hacia la pobreza más absoluta pero debería de hacerlo a la luz de los fogones. La cuestión es no sentirse demasiado solo ahora que la tarjeta de crédito nos ha abandonado dejándonos solos, fanés, descangashados...


Mientras pasa el temporal no está mal volver a lo básico. Cinco euros (por barba) y cenas y bebes como un rey. En realidad hay que estar de acuerdo con Steven D. Leavitt y Stephen J. Dubner que en el necesario "Freakonomics" (Ediciones B, en español, menos de 7€) hablan de economía desde un punto de vista algo salido de madre y que nos intentan convencer de que "la economía es un estado de ánimo" y, como tal, hay que tomársela.

En estos días en que los telediarios nos escupen a la cara que somos los culpables de semejante dislate (Eran los mismos que hace dos años nos llamaban agarrados por no adquirir una hipoteca) no está mal darse un paseo por el Territorio Olivier y rescatar algunos placeres pequeños que pueden disfrutarse en compañía de otros. No es sexo, claro, que también (soy positivista a ese respecto y sigo pensando que ese sí es el mejor entretenimiento del mundo) pero se le parece bastante y, si se tiene cuidado, nunca resulta frustrante. O sea, que es un poco como el sexo pero ha de hacerse decorosamente vestido si uno no quiere parecer un loco o llevarse alguna quemadura incómoda. Esa es una desventaja.
Decidido a no dejarme arrastrar por el mal ambiente reinante y teniendo en cuenta que ya os he azotado con dos entradas de cenizo perfil me posiciono hoy en el febril optimismo y os recomiendo que os dediquéis durante estos días a las cosas que os den gustito. Es justo y necesario en estos días en los que todo el mundo va a celebrar la muerte y resurrección de un palestino...no del pañuelo, evidentemente, que está de rabiosa actualidad, si no del hijo de un carpintero de Judea. Sólo nos faltaba que además de quitarnos la pasta también nos quitaran las ganas de empujar (entiéndase semánticamente en toda su amplitud), de vivir, de reunirnos. No vale. Recordemos a David Bowie que, tan sabiamente, nos recuerda eso de "cenizas a las cenizas" y a volver a empezar...

Como seguramente diría nuestro amigo Enric que siempre tiene un pie en la arena del Mediterráneo y otra en el asfalto de la lucha bastante tenemos con ser apaleados cada vez que queremos dejar clara nuestra opinión (Londres, Bruselas etc.) como para que encima tengamos que caminar hacia el patíbulo con cara de mala hostia. Ni de coña. Sonreid, de verdad que es el único gesto de resistencia que nos queda: ser pobremente felices. No es mala cosa.

jueves, 16 de octubre de 2008

El monopoly cambia de reglas








"Disculpas aceptadas Capitán Needa" decía Darth Vader en la Estrella de la Muerte en Star Wars (¿Es necesario que ponga aquí quién la dirigió y cuando?) mientras le despachurraba las vértebras al infeliz militar haciendo un uso maloso de ese valor sagrado llamado La Fuerza.





Todo el mundo ha tenido la esperanza estos días de dirigirle semejante cicatería al director de su banco, a su jefe de Personal (ahora conocidos como coordinadores del departamento de Recursos humanos) o al tío de la constructora que te vendió un piso de 40 metros cuadrados a precio de oro asegurándote que "no se ha dado el caso de que una propiedad inmobiliaria haya bajado su precio" y escamoteándote la realidad: las crisis inmobiliarias se han producido siempre.





El caso es que la cosa está muy malita como ya sabemos y por eso ahora los señores más poderosos del planeta se han quitado la corbata y dicen que hay que cambiar las reglas del juego, que el capitalismo no funciona y que el neoliberalismo es una especie de aberración contra natura. En el tercer mundo ya se sabía esto pero, la verdad, estan taaaan lejos que nadie ha tenido tiempo para ir a preguntarles sobre qué opinaban ellos de eso de llevarnos las materias primas a precio de ganga y revenderlas con beneficios del 800%.

Que sólo una minoría defendiera que un sistema que garantiza la supervivencia de menos del 10% de la población mundial a costa del otro 90% es simplemente criminal e inhumano, que hayamos permitido que las empresas y las entidades financieras tengan más derechos que los estados o que sus ciudadanos es, simplemente, contrario a derecho.


El neoliberalismo, del que ya ha renegado hace años incluso Fukuyama (al que hay que leer con atención aunque uno no esté de acuerdo, ha tardado en consumirse menos de veinte años. Un ejemplo de rápida autocombustión que, al parecer, se postuló como la única solución posible para canalizar el nuevo mercado que apareció tras la caída de la política de bloques y que ha conseguido también en un tiempo record convertir a los países del Telón de Acero en una amalgama sospechosa de dictadores armados hasta los dientes, nacionalismos larvados, desempleo, pobreza y, por ende, caos y más caos.


Convertir la escena internacional en un tablero de Monopoly tiene el riesgo de que, si se juega durante demasiado tiempo, la Banca (la que tiene que repartir los 20.000 cada vez que pasas por la salida) se queda sin líquido, que los jugadores más débiles prefieren caer en la cárcel y quedarse allí porque todas las casillas están repartidas y no pueden pagar sus deudas.



Ahora el G-8 quiere redefinir las reglas del Monopoly, tirar el tablero y comenzar de nuevo. A nosotros, a los que alquilamos las casitas verdes o dormimos en las fichas rojas, no nos van a pedir opinión pese a que con nuestra plusvalía laboral se sustenta a las empresas y se pagan los intereses abusivos de los créditos. El primero en entonar el "mea culpa" o el "nostra culpa" ha sido Emilio Botín, del Banco de Santander que ya ha dicho que parte de todo esto es culpa de la obsesión por ganar dinero y por un fino instinto para sacarle los cuartos a los clientes. Que nadie se confunda porque Botín no habla de él, ni de los bancos tradicionales, no habla de lo que se conoce como "dinero viejo" (la nobleza de la burguesía bancaria) si no de todos esos pirados de los hedge funds como Philip Falcone -el señor que compró la la HBO e intentó poner sus zarpas sobre el NY Times antes de que Carlos Slim saliera en defensa del grupo editorial absorbiendo parte de su deuda- que anda enamoriscado del banco español y quiere hacerse con parte del Banco Popular y parte del BBVA.



Si alguien se pregunta cómo es posible que los bancos españoles se mantengan casi impertérritos ante una crisis global y nieguen, incluso, la intervención gubernamental que otros bancos de otras economías más poderosas no han dudado en aceptar con un "gracias, si nos disculpan estamos quemando en la pira a nuestros economistas liberales" y cagándose un poco en unos principios que se han revelado como Marxistas ("Si no le gustan mis principios, tengo otros"...Marxistas de Groucho, claro) es porque nos cobran comisiones abusivas desde hace años, mantienen las condiciones más duras sobre sus clientes y despliegan desde siempre una política de guerra económica que nos hace creer que cuando nos despertamos esta crisis ya estaba aquí. Me temo de que se han dado cuenta de que no hay manera de sacarnos más y temen que las nuevas medidas les afecten, quizás están intentando paralizar cualquier intentona por poner en marcha otras estrategias más relajadas de cara a no cargarse a los clientes. En definitiva, como se decía en El gatopardo, "necesitan que todo cambie para que todo sigue igual" por lo menos aquí.


Mientras la crisis arrecia ahí fuera, en el mundo civilizado, nuestros banqueros han descubierto que se está mucho mejor siendo potente cabeza de ratón que cola de león y rezan para que nadie les toque el Monopoly.