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martes, 16 de julio de 2013

Teoría del Diógenes ideológico y el avance en curva: Todos los hombres de Pedro J.



Si tuviéramos que dibujar uno de esos gráficos cronológicos sobre la historia de España deberíamos de pensar en abandonar la línea recta para abrazar la línea curva. No sé, a veces da la sensación de que vivimos en un país que es una montaña rusa. Nuestro destino es avanzar no sobre la autopista de la historia si no, más bien, del mismo modo que lo hace una vagoneta de una de esas construcciones de feria. Vivimos periodos cortísimos de verdadero avance que parecen, simplemente, la excusa para coger fuerza y acometer sin caernos por la fuerza de la gravedad en la siguiente elipse que nos hace retroceder, coger de nuevo velocidad, conducirnos por una nueva recta y otra vez a otra nueva elipse.

Esta forma tan curiosa de tomarnos las cosas hacen que, de algún modo, este sea un país que se toma con total normalidad las bodas homosexuales y, sin embargo, sigue discutiendo sobre la necesidad o no de incluir la materia de “religión” (religión católica, no nos hagamos líos) en sus planes de estudio. Somos un país con un enorme “Síndrome de Diógenes” ideológico, en un país desordenado en ese aspecto en el que nadie está dispuesto a tirar a la basura ninguna idea por descabellada, estúpida, retrógrada o ridícula que esta sea. “Si alguna vez la pusimos en práctica es posible que nos vuelva a servir” pensamos y, por tanto, nos vemos obligados a escuchar a cualquiera o a votar a cualquiera que pretenda, de una patada, devolvernos a la monarquía de Alfonso XIII o a la autarquía económica.

Posiblemente lo único que hayamos desechado sea instaurar la República. Eso no. Pero no descarto que el próximo ministro de educación se desmarque hablándonos de las virtudes del “krausismo”.

Esta idea de la montaña rusa y del “Síndrome de Diógenes” me han quitado el sueño este fin de semana en el que el diario “El Mundo” ha decidido acabar por la vía rápida con el Gobierno de Mariano Rajoy. La decisión ha sido aplaudida a izquierdas y a derechas. En medio se han quedado los pocos que, a estas alturas, siguen pensando en que fue buena idea votar a Rajoy (los habrá) y los que, de algún modo u otro, se hayan visto beneficiados por las políticas reformistas de este ejecutivo (también los habrá).

Los comentarios, las formas del periódico “El Mundo” a la hora de repartir la información a su coleto, las reacciones del pueblo soberano, este ambientito tan bueno que vivimos en general me ha hecho incidir en lo de “El Diógenes” y en mi “Teoría del avance en curva” (le he puesto ese nombre un tanto molón) más que nada porque me suena todo ha visto, oído y sentido. Yo esta situación ya la he vivido antes y ustedes (al menos los más mayores) también.

Pedro J. Ramírez es un declarado fan de “Todos los hombres del presidente”. La película, que narra los avatares por los que tuvieron que pasar Bob Woodward y Carl Bernstein para destapar el “Watergate”, debió de impactar mucho al director del periódico madrileño en su momento (la peli se estrenó en plena Transición, el 21 de octubre de 1976, él tenía 24 años) porque desde entonces su carrera se ha centrado en tres puntos fundamentales: reverenciar y potenciar el “periodismo de investigación” (mala etiqueta porque no hay periodismo que no necesite de investigación, aunque sea de la más tonta), buscar un “Watergate” y buscar un “Nixon” al que hacer saltar por los aires.

Digamos, bueno digo yo, que creo que Pedro J. ha entendido mal “Todos los hombres del presidente”. Por lo menos ha preferido no darse por enterado de todo lo que es decente y digno de admiración en dicha película. Ya de por sí la comparación entre estos dos periodistas del Washington Post, dicho periódico y Pedro J. y cualquiera de las cabeceras que ha dirigido es bastante ridícula. Comparen, miren las hemerotecas.

Seguramente la mayoría de las cosas que Pedro J. ha publicado en su vida con la intención de encontrar su “Watergate” y su Nixon jamás podrían haberse publicado en el Washington Post o, de haberlo hecho, habrían sido publicadas sin contener ni una sola de esas largas lecciones sobre el Estado y su uso con las que nos suele regalar las orejas el conocido periodista-empresario de los medios riojano.

Lo interesante de “Todos los hombres del Presidente” y de lo que Pedro Jota parece no darse cuenta es de que, en el fondo, es una película sobre lo difícil que es publicar una verdad. Si no estuviera basada en un hecho real (y por tanto no supiéramos de su desenlace y de las consecuencias que tuvieron aquellos reportajes) seguramente disfrutaríamos mucho más de lo interesante que resulta el hecho de saber que Woodward y Bernstein son dos periodistas honrados y currantes que tienen una noticia verídica y terrible que sería capaz de acabar con la presidencia de un pájaro de mal plumaje cono Nixon pero que, para nuestra desesperación, se enfrentan a una maquinaria empresarial y profesional que, todo el rato, les pone todo tipo de trabas para no llevar esa noticia a portada.

¿Y cuáles son las razones? Pues no residen en que los propietarios del Post estén a partir un piñón con Nixon y que sean unos malvados conchabados con el poder (algo que desgraciadamente sí se ha convertido en el elemento principal de las películas sobre periodismo) si no que quieren, simplemente, ser fieles a la verdad. Necesitan que los hechos no vengan solamente de un solo testigo (en este caso uno llamado “Garganta profunda”, un nombre que nos retrotrae a la película porno más famosa de su época) si no que sean verificados hasta en los puntos más bobos.

¿Y por qué? la pelea del Washington Post (“los rojos de más allá del Potomac” los llamaba el primer vicepresidente de Nixon, Spiro Agnew, primera víctima del escándalo que fue sustituido luego por Gerald Ford) con la administración Nixon era ya lo suficientemente ruidosa como para jugarse su prestigio frente a aquel macarra publicando no ya una falsedad (eso nunca) si no cualquier cosa que no pudiera ser verificada, por lo menos, por dos fuentes diferentes y contrastadas independientemente. Ya ves, qué caprichosos. 
Todo esto lo borró Pedro J. de su mente y se centró en la parte más sorprendente para un periodista de 24 años, ciertamente ambiciosete, criado en una dictadura militar sanguinaria, de cierto pensamiento conservador: los periodistas, en una democracia, podían cargarse a todo un gobierno.

Eso ha sido lo que más ha unido a Pedro J. con “Todos los hombres del presidente” y, claramente, ha dirigido sus pasos profesionales convirtiendo sus periódicos no ya en medios de comunicación si no en maquinarias propagandísticas dirigidas a cubrir las necesidades de algunos interesados y sus intereses cuando no en satisfacer ciertas rencillas personales.

Pedro J. ha servido con alegría a muchos interesados de manera directa o indirecta: desde ex banqueros delincuentes a policías corruptos, desde aspirantes a presidente a jueces apartados de los juzgados por prevaricación. La lista no se resume solo ahí. Es corta pero exquisita.

Pedro J. nunca será Woodward y Bernstein porque se reúnen en su persona todas las figuras posibles que permiten la publicación de una noticia: dueño (casi) del medio, director del mismo y periodista. Incluso, si hacemos caso a su última visita a los juzgados, también fuente.

Sería por la primera entrega del “Caso GAL”, la que Pedro J. hizo todavía como director de Diario 16, cuando cayó en la cuenta de que la verdad, la publicación de la verdad no era suficiente para tumbar a un gobierno. En este caso el del Nixon preferido de Ramírez, Felipe González. Otro menos ambicioso se hubiera conformado con publicar lo que podía confirmar y tener paciencia. Me imagino que la pasividad de la sociedad española ante este caso (por diversas razones conocidas y algo largas de explicar) provocaron esa primera caída del guindo.

Desde entonces Pedro J. ha forzado muchas veces la máquina, lo había hecho con anterioridad, demostrando mala praxis profesional. Desgraciadamente está siempre abocado a mezclar lo que tiene con lo que quiere sugerir o ya piensa de antemano. De todos los casos “Watergate” de Pedro J. no hay ninguno que, en su narración, no venga a corroborar todas las teorías y/o suspicacias de Pedro J. con el tema en cuestión.

Valga como ejemplo el tratamiento informativo que “El Mundo” dio de los atentados de 11 de marzo de 2004 en Madrid. Si, en un principio, demostró ser un zorro de la información negándose a publicar la tésis gubernamental (“Ha sido ETA”, curiosamente “El País” picó) por no fiarse de la insistencia del ejecutivo en la autoría de la masacre (esto si le hacemos caso a su testimonio y desdeñamos el de otros observadores que dirían que no lo publicó porque pensó que eso perjudicaría a Mariano Rajoy de cara a las elecciones del 14-M en cuanto la gente se preguntara si era de recibo votar al representante de un partido que había provocado ese fallo de seguridad) el tratamiento posterior abrazó las peores tesis conspiranoicas. Ya saben: el golpe de estado provocado por la connivencia ETA-Policía-Guardia Civil-Zapatero-Rubalcaba para hacer pasar a Aznar por tonto y, de paso, ganar las elecciones.

¿Sintió en aquel momento Pedro que le había fallado a sus amigos? ¿Qué esos días había sido demasiado cauto? ¿Qué no había calculado bien sus acciones? Es posible. También es posible que cayera en la cuenta, informes de marketing y estudios de mercado mediante, que el 11-M era una historia jugosa, con muchísimas aristas, con muchísima carne pocha para vender en la portada y, de paso, hacerle un poco de agujero a ZP. Todo es posible.  En el fondo se trata de cumplir dos objetivos: a) el comercial b) El ideológico.

Desde que tenemos memoria hemos visto a Pedro J. estár en el ojo de todos los huracanes, ponerse al servicio de todos los ejércitos que iban al frente. Nunca ha salido indemne, siempre ha parecido dañado, siempre ha conseguido alguna victoria pírrica y, la mayoría de las veces, se ha estrellado estrepitosamente con todo el equipo. Una desgracia, tanto trabajo al servicio del bien nos hubiera hecho un gran servicio.

Es Pedro J. un hombre con una misión. Una misión metida en la cabeza: hacer presidentes. Esto es así. Sus teorías no son de muy hondo calado: difícilmente es posible sacarlo de la tesis de que lo que mejor le viene a España son los gobiernos de concentración. Un poco como aquel papelito que se sacó el General Armada del bolsillo en el 23F en el que proponía una especie de Estado presidido por él pero con un Consejo de Ministros que representara a todas las fuerzas y las sensibilidades de España. Recordemos que Pedro J. fue uno de los entusiastas impulsores de aquella Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI) que reunió bajo aquellas siglas a un variopinto club de gacetilleros, plumillas, columnistas e intelectuales de toda índole que, antes de que no se larvara en su seno aquello de la "Vía republicana" del abogado García-Trevijano (personaje sui géneris donde los haya), ofrecía como solución un pacto Nacionalistas Buenos-Anguita-Aznar.  

Eso, directamente, es la solución de fondo que venimos arrastrando desde la Transición y que nos hace avanzar en elipses y representa nuestro “Síndrome de Diógenes” ideológico y colectivo. Esa ilusión de que podemos caminar todos de la mano aunque sea hacia la destrucción. Hacia la debacle, sí, pero todos juntos. 

Tiene ahora Pedro J. un nuevo Watergate entre manos. Esta vez se lo ha entregado Luis Bárcenas. El tipo que negó por activa y por pasiva la existencia de la “Trama Gürtel” publica ahora la contabilidad B del Partido Popular que, en el fondo, es una certificación de la propia trama. Es un caso con tantas ramificaciones como Watergate, tiene muchos de sus componentes: tráfico de influencias, financiación ilegal…

Es una pena que sea Pedro J. la persona que tiene a Luis “El Cabrón” Bárcenas en su equipo trabajando como confidente estrella. “El Cabrón Garganta Profunda” podíamos llamarle. Es una pena porque “El Mundo” es un periódico dañado al que hemos visto muchas veces naufragar en su trabajo, es un diario que no tiene miedo a publicar sin mirar lo que publica, que no tiene ese deseo por informar si no que desea mucho más manejar los hilos.

Desgraciadamente la segunda tanda, tras los pantallazos, ya deja atisbar el interés de Pedro J. por servir a otros intereses publicando sin comillas algunas elucubraciones que podrían o no haber llegado a oídos de los periodistas encargados de la investigación. En realidad no es nada, es una ración de literatura a la espera de otro montón de revelaciones si es que las hay.

Más allá de eso Pedro J., de manera torpe, comienza a abogar por la presencia de Gallardón como hace unos días hizo con Esperanza Aguirre. No le cae bien Rajoy, no porque sea su Nixon, si no porque en algún momento Don Mariano comenzó a caerle mal, a lo mejor porque parece que Rajoy no escucha mucho a la gente que no pertenece a su círculo de confianza y porque su estilo de hacer las cosas no es el mismo que el de Aznar que siempre ha parecido más permeable.


A lo mejor Pedro J. sueña con la renuncia de Rajoy y la subida al poder (previo paso por el Congreso, apoyado por la mayoría absoluta parlamentaria del grupo Popular) de cualquiera de los dos políticos de derechas en activo que parece que está dejando fuera de la quema: un ministro de justicia que no se ha quemado mucho y que podría ser del gusto de Europa y de la derecha española. Espe tendría que esperar para postularse como Presidenta mientras tanto, volver oficialmente a la política nacional, dar el “sí quiero”. Por ahora no es parlamentaria.

Después la salida honrosa para Rajoy: un indulto al estilo Ford a Nixon. Un borrón y cuenta nueva. Después silencio informativo o una nota romántica de “El hombre que siempre fue honrado pero blando, que permitió que el partido se llenara de víboras y que se sacrificó por la causa”.

De lo que estoy seguro es de que Pedro J. ya lo tiene todo en la cabeza, es normal, avanza en curva y tiene Síndrome de Diógenes ideológico. No puede salir de ahí. Seguramente sueña con un gobierno de concentración nacional “a la derecha” donde estén representadas todas las sensibilidades peperas en un mismo ejecutivo. Nada de sectarismos tipo Rajoy de colocar solo a sus fieles colaboradores. No, algo más tipo “Aznar-primera legislatura” donde tuvo que cargar con los de Fraga, con los descontentos y con los suyos. Eso sí que le gustaría.

Yo me voy a permitir un atisbo de modernidad, me voy a quitar el traje de torero por un instante y voy a decir que lo mejor, de lo mejor, sería dejar todo esto en manos del juez, no tocarle mucho las narices, no incordiar, no andar manoseando las pruebas del caso, no andar por ahí mezclando intereses con información. Que parece claro que Bárcenas robó, que lo hizo en connivencia con los altos cargos del PP, que todo Cristo estaba enterado en Génova de todo el asunto, que tiene que haber dimisiones, que tienen que abrirse causas, que todos los implicados tienen que pagar pero que hay mejores maneras de demostrarlo y mejores objetivos que cumplir como, por ejemplo que este sea un país que reflexione sobre sus instituciones, sobre el papel que jugamos como ciudadanos de un estado de derecho, de una democracia, de nuestro grado de participación y de implicación.


No sé, es todo una locura pero a lo mejor funciona por esta vez y podemos encontrar la línea recta y quitarnos de encima algunas cosas que ya no necesitamos, que no funcionan. Sé que es simple, que la línea recta es un rollo, que no tiene mucha emoción pero creo que ya estoy un poco mareado de la atracción, que comienza a aburrirme este olor a viejo y conocido, que ya no tiene mucho interés, que me aburro mucho pero no porque no sea español es porque me estoy oliendo que no va a terminar bien, que veo muchos nombres unidos al fracaso, que no va a haber nada que celebrar al final del viaje. Echen cuentas, díganme cuantas penas de cárcel completas, cuantas cabezas de verdad importantes rodaron en todos esos Watergates tan apresuradamente montados. 

viernes, 10 de junio de 2011

Lo de siempre



Cuando se acercan estas fechas ustedes comenzarán a escuchar unas cuantas noticias de la localidad cacereña de Coria. Algunas televisiones informarán de la celebración de sus tradicionales fiestas de San Juan donde se suelta un toro por las calles de su ciudad antigua para algarabía de locales, turistas y curiosos. Las celebraciones levantan muchas pasiones entre apasionados y detractores. Desgraciadamente para los corianos se han extendido muchos bulos sobre sus fiestas y ninguno cariñoso por lo que es complicado que estas tengan buena prensa. Cuando se va acercando el día 23 muchas cadenas, especialmente Telecinco que le saca bastante puntillita a estas cosas, nos regalarán todo tipo de imágenes de estas fiestas y sacarán, como siempre, tajada de estos asuntos tan feos. 

Es una pena que no se hable del importante conjunto histórico artístico de la Capital del Valle del Alagón, de la vecindad de Rafael Sánchez Ferlosio, de su estupenda oferta culinaria o, por ejemplo, de algo mucho más interesante: Coria fue la primera localidad de España que albergó una cadena privada de TV. 



Allá por los años 80 unos cuantos vecinos de la ciudad abrieron Coria TV. El objetivo era ampliar la exigua oferta televisiva de la época (TVE1 y TVE2); mucho más exigua si se tiene en cuenta que por razones tecnológicas que aún se escapan al entendimiento estas dos cadenas no tenían en la zona la suficiente calidad de emisión y, por tanto, los corianos pasaban días sin disfrutar de su ratito delante del aparato catódico. La oferta de la parrilla de Coria TV era francamente buena: informativos, películas (que salían del videoclub de uno de los implicados), programas especiales y, claro está, la retransmisión en directo de las fiestas de San Juan. En directo. Cágate lorito. 

El asunto fue conocido por el resto del país e incluso Fernando García Tola dedicó un "Si yo fuera presidente" (aquel programa tan estupendamente progre) a hacer parodia cariñosa de la cadena que, como mandan los cánones y al no tener licencia, fue suspendida de emisión por el mando de la Guardia Civil existente en aquellos años. Un cierre, por cierto, que tenía todos los ingredientes de lo berlanguiano. Ya ven si, por puro desconocimiento de la región, no se pueden hacer chistes mezclando las palabras "extremeño", "televisión" y "Guardia Civil". 

El caso es que, echando un vistazo a lo existente en la TDT, uno pensaría que Coria TV fue no solo la primera cadena privada de nuestro país si no, más allá de eso, la guía por la que se han regido todas las cadenas de posterior apertura que, pese a tener mucho más presupuesto, no han sido capaces de inventarse nada más allá de lo que se conoce como "televisión que se parece a la radio". 

En estos días inciertos hemos vivido el cierre de VEO7. Es el claro ejemplo de que la fórmula de dirección y producción de las cadenas españolas está en declive, ha entrado en barrena y está dirigida por gente que no sabe de lo que va todo esto. Por si ustedes no lo saben VEO7 era la cadena de TV de Unidad Editorial  que anunció a bombo y platillo una amplia y ambiciosa renovación tras el cese fulminante y sorprendente de Melchor Miralles. Pedro J. Ramírez puso de director de informativos a Ernesto Sáenz de Buruaga y, más tarde, eligió a Eduardo Inda (hasta entonces director del diario Marca del mismo grupo) como jefe de todo aquello. ¿Buruaga? ¿Inda? ¿Renovación? ¿Era aquello una renovación? No lo parecía en tanto en cuanto todo se resumía en un intento de Unidad Editorial por rascarle las bolas al grupo Intereconomía que lidera, con suficiencia, el nicho de espectadores ultraconservadores no solo desde la televisión si no también desde la prensa con "La gaceta" y que, poco a poco, ha ido colocando a profesionales salidos de su seno en periódicos tan dispares como "ABC" (Vocento) o "La Razón" (Planeta) de tal forma que ya es imposible saber qué periódico has comprado si te fijas en los titulares. 

Sáenz de Buruaga entraba en VEO7 para intentar salvar los muebles de la pésima audiencia, un acuerdo con Antena 3 para compartir anunciantes intentaría salvar lo económico y, mientras tanto, desde las mismas entrañas de la cadena se aseguraba a cualquier productora que se acercara por allí a vender un proyecto de que, en contra de lo que se estaba diciendo públicamente, no había ni un duro para comprar nada que no fuera un "éxito asegurado". Es decir, algo salido de productoras afines o, mejor, series de éxito en el pasado para su reemisión. 

De ser este otro país, uno con más cultura audiovisual, seguramente VEO7 debería de haber optado por buscar otro nicho y, sobre todo, por alejarse lo más posible de la estructura de programación de Intereconomía. Ante la decisión de elegir por "El gato al agua", "La vuelta al mundo" o el programa que se emite en "La 10" (que es igualito) es normal que el telespectador medio prefiera elegir al formato original y no a las copias. Y decimos bien si decimos copias porque, en realidad, no hay mucha diferencia en los listados que tiene producción para llamar a los diferentes tertulianos y/o polemistas y/o azuzadores. Ninguna. Da igual que uno vea Telemadrid, VEO7, Telecino, Cuatro o lo que quiera: son siempre los mismos, con muy pocas diferencias. 

¿Vivimos en un país donde no hay gente que sepa gritar en un plató argumentos sacados de la inanición intelectual? Yo creo que, buscando un poco, se conseguiría una lista interminable pero lo cierto es que no parece haber muchas caras nuevas que, por ejemplo, dieran la sensación de ser una verdadera "renovación". Al parecer no hay cantera y, claro, pasa lo que pasa. 

Estructuralmente, seguramente debido a la juventud del medio televisivo privado en nuestro país, se ha optado por dibujar dos líneas estratégicas: 1) programas que parecen radio (tertulias que son baratas) 2) Muchos directivos. 

Ambas medidas se han convertido en un cáncer que se ha cargado la imaginación y la evolución en los contenidos y, por otro lado, se ha cargado la economía ya que unos sueldos altos en dirección por narices repercuten en las cuentas que persiguen producir y desarrollar nuevos formatos. Sin estas cuentas fuertes y saneadas, lo normal, es que se tienda a comprar producción extranjera que sale por un precio buenísimo: "pedoputa" por capítulo.

Si VEO7 ha naufragado no es por la crisis, no es por el momento económico que se vive, no es por la piratería y no es por un presunto monopolio de PRISA (esto se dice mucho todavía sin sonrojo) o la presión  del gobierno socialista (sí, ya ven, que en su casa solo se emiten emisiones de la Televisión soviética y consignas del Partido Comunista Chino y discursos de Kim Il Jong) si no porque la gestión ha sido completamente desastrosa. Enseñar un nuevo formato tiene dos respuestas siempre: 1) es muy caro 2) prefiero comprar a una productora grande. Curiosamente la "productora grande" puede ser un invento/nadería de un ambicioso ex portavoz del gobierno que te llevará a la ruina (pasó, pasó) pero nunca serás tu. 

Las víctimas colaterales han sido 100 trabajadores de VEO7 que se han quedado en la calle y que, por desgracia, no han sentido la solidaridad que, en su momento, se regaló a los que se quedaron en la calle con CNN+ y, en este asunto particular, hablo de una solidaridad que siempre debería darse entre currantes. 

El problema es que el fracaso se volverá a repetir. Seguirán los mismos en los mismos puestos porque, al parecer, no hay una renovación real. Si echamos un vistazo a los fichajes y desfichajes que se hacen en los últimos tiempos entenderán ustedes que Jordi Hurtado y el equipo de "Saber y ganar" sean la única constante en un mercado laboral que se dedica a intercambiar cromos desde hace demasiados años pero que arroja unas cifras ruinosas. 

Aunque lo he dicho alguna vez creo que esa política conservadora ("no hacer nada y que pase el tiempo mientras hacemos lo de siempre") no deja de ser el objetivo cortoplacista de unos cuantos a los que, a día de hoy, les importa un pepino (alemán) que detrás de ellos (cobrados los emolumentos del despido) quede la tierra como si por allí hubiera pasado El Cid, Atila, los Hunos y cuatro o cinco apisonadoras y después no se pueda plantar nada. 

En realidad, y en contra de lo que se diga, la televisión es un buen negocio, lo que ocurre es que es muy sensible a las malas gestiones, a la improvisación y, sobre todo, al corralito. 

Esta misma semana la cadena Intereconomía daba una especie de aviso: necesitaba dinero y lo pedía a sus telespectadores. Saltó la voz de alarma y, claro, todos nos volvimos a preguntar si la cadena conservadora habría sufrido el látigo de alguna conspiración. Al parecer sí: los socialistas (es un ente en el que cabe cualquiera que diga "ustedes no me gustan")  los han querido callar cambiando su frecuencia lo  que, al parecer, ha influido en su audiencia de manera terrible. Pese a que pedían dinero se han enrocado en una extraña posición "no lo necesitamos pese a que lo pedimos". 

¿Razones? Al parecer Intereconomía está haciendo un experimento. Quiere demostrar que puede sobrevivir sin ayudas gubernamentales. Bien, lo que no explican es que el hecho de ser una cadena privada les obliga a ello. Y eso que, evidentemente, sí reciben (como todas las cadenas) un dinerito de forma indirecta. ¿Saben ustedes todos esos anuncios que todos los años paga el Gobierno de España y las comunidades autónomas? Pues necesita cadenas donde emitirlos y, por tanto, paga religiosamente una serie de espacios publicitarios a todas las cadenas por su emisión. Si Intereconomía, de verdad de la buena, quisiera arrojar un buen resultado en esa especie de experimento que reforzaría de forma sana nuestras creencias en el mercado capitalista y económicamente ultraliberal debería, claro está, hacer una declaración pública y negarse a recibir ese dinero de cualquier gobierno autonómico o nacional. Punto. Después centrarse en buscar más publicidad privada, ya saben, como las demás cadenas. El problema es que, este pobre escritor, se ha hartado de escuchar de muchas voces que "no quieren que se les relacione con Intereconomía porque, la verdad, hay miedo a perder clientes y que se dispare un boicoteo".

¿Saben ustedes que Opel ha perdido ventas en Madrid por una campaña que ha sido leída como favorable al F.C. Barcelona? ¿Saben que Zanussi y Parmalat dejaron de esponsorizar al Real Madrid porque sus productos dejaron de venderse en Barcelona? ¿Saben cuanto dinero se ha gastado Eroski en hacer campañas de información para desmentir que estuvieran relacionados, de algún modo, con el pago del Impuesto revolucionario a ETA? ¿Y la marca  FAGOR? 

Pues a Intereconomía le está pasando un poco eso. Sus ventas en publicidad descienden porque el tono de la cadena les parece agresivo. ¿Recomendaría yo a Intereconomía que dejaran su línea editorial? Por salud nacional sí pero nunca me atrevería a decirle a nadie que retoque su línea porque hay presión de los anunciantes. Es la cadena la que elige su línea y lo que quiere ofrecer y, después, tiene que apechugar con que los telespectadores decidan o no verla. No hay vuelta de hoja.

Lo más sorprendente es que, por Internet, ya se sabe que las campañas para pedir dinero suelen resultar fallidas (Mobuzz TV) y, a lo peor, Intereconomía se ha metido en un plan de financiación compartido con algunas cadenas públicas como la PBS norteamericana que, cuando anda corta de dinero, hace maratones para solicitar dinero a los contribuyentes de manera directa. Otra paradoja: luchando contra lo público se absorben sus formas para mantener un discurso neoliberal...como cuando los bancos recibieron sin rechistar el dinero del gobierno, vamos. 

La siguiente pregunta es para nota: ¿Por qué Intereconomía no ha optado por convertirse en un canal de pago? Sería lo mejor y lo más coherente. Sus espectadores colaborarían con el mantenimiento de la cadena abonando todos los meses una cuota por disfrutar de la programación de Intereconomía. Al parecer tampoco es viable por razones que creo he analizado solamente por encima: sus televidentes responden a un perfil poco dado a las modernidades del pago por visión, no tiene un target demasiado específico (hay jóvenes, hay viejos, hay público rural, hay público urbanita...con una sola cosa en común, la tendencia ideológica) y, claro está, en abierto su audiencia en abril fue de 1´6%, un record para la cadena sustentado por el éxito del futbolero "Punto Pelota" que dirige Josep Pedrerol. Una audiencia bajísima en abierto, normalmente, es complicada de atraer a una forma de pago por visión.

Bien pudiera ser que todo esto no fuera más que una de esas campañas arriesgadas de marketing para aunar aún más a la audiencia de Intereconomía, para intentar que los buenos resultados aumenten pero, la verdad, de ser así no tendría más sentido que ahondar aún más en la mala imagen de esta cadena que, basándose en la información, decide falsear sus propios datos para ganar share. 

Si FOX, que es el espejo de Intereconomía, funciona en Estados Unidos es porque mantiene además de unos telediarios y unos programas políticos que hacen que tu córtex cerebral tiemble nervioso es porque, a la vez, mantiene una calidad inmensa en programas de entretenimiento que vende a todo el mundo y que no tienen ideología o, a lo peor, como en el caso de "Padre de Familia" o "Los Simpsons" chocan de manera frontal con lo que parece la ideología central de la cadena. FOX no se mantiene por ser el ariete de la derecha conservadora americana si no por atraer detrás de sí a muchos telespectadores que se acercan a su emisión a ver otras cosas y que bien podrían ser votantes de Obama (de hecho Seth McFarlane, autor de "Padre de Familia" y "Padre made in USA" es un conocido demócrata). Quizás en esa pluralidad, esté el éxito. Por encima de eso no deja de sorprender que, claro está, se quiera uno acercar a las formas de trabajar de una major norteamericana, una multinacional a toda máquina, cuando uno es un grupo editorial (todavía en incierta  expansión). 

Mientras tanto disfrutamos de lo de siempre, de este discurso infame a medias que dice que los medios de comunicación no son rentables pese a que lo son. De esta red de intereses políticos y económicos sustentados por gente incapaz de hacer mover la rueda de los beneficios y, claro está, con un panorama prejuiciado donde cualquier excusa es buena para seguir montado en el burro ande este, galope este, o como dicen los hechos, se muestre al borde de la muerte. De fuera vendrán unos buitres que se lo acabarán repartiendo. Hay días en que uno piensa que, a lo mejor, no lo podrán hacer tan mal como estos.  

viernes, 6 de mayo de 2011

Mecánica de la "Teórica del vuelo corto"

En 1968 Mel Brooks estrenó "Los productores". En ella cuenta las aventuras y desventuras de Max Byalistock (Zero Mostel) y Leo Bloom (Gen Wilder). El primero es un arruinado productor teatral que sobrevive ejerciendo de gigoló bufo para viejecitas y el segundo es un contable tímido y apocado que, por casualidad, cuenta a Byalistock que si una obra resulta un completo fracaso su productor no se ve obligado a devolver ni un solo centavo a los inversores privados y que, por ello, si recaudaba más dinero que el que declaraba en realidad una obra que fuera que fuera cancelada en los primeros días de representación podría representar un mejor negocio que un verdadero éxito. 

Entre ambos, por lo tanto, deciden llevar a cabo semejante plan comprando los derechos de un libreto imposible titulado "Primavera para Hitler" (un musical de corte pronazi escrito por un chiflado) y contratar al peor elenco y al peor equipo técnico  posible con el único objetivo de embolsarse el dinero de la producción. El día del estreno se produce, sin embargo, este chocante hecho: 
(Inserto la versión subtitulada de la versión cinematográfica del musical inspirado en la película protagonizado por Matthew Broderick y Nathan Lane de 2005 y la película original que no encontré subtitulada



Como ven las reacciones del público fluctuan entre lo que creen un insulto a primera vista y proceden a marcharse de la sala entre aspavientos (algo natural) hasta que aparece el actor que interpreta a Adolf Hitler que les da la clave para entender que todo puede leerse como una broma, como un juego irónico, como una bufonada a costa del III Reich. 

En nuestra comunicación diaria los mensajes más toscos suelen ser interpretados del mismo modo si no se les rodea del contexto adecuado o si, por ejemplo, no conocemos a la persona que los emite. De hecho, si muchos de los mensajes que escuchamos, a diario, en  telediarios o tertulias se dieran en otros contextos seguramente los entenderíamos como chistes. Estos mensajes, a veces tan cargados de contradicciones o de mal rollo emitidos al ritmo propio que le imprimiría cualquier irreflexivo, tunante o descerebrado, resultan a veces joyas puras del humor involuntario que, sin embargo, tienen una carga muchas veces tan siniestra como un bombardeo sobre población civil. 

Los medios escritos tienden tan bien a esta deslocalización del mensaje. El otro día, a cuenta del asesinato de Bin Laden, me permití escribir esto en twitter: "De haber tenido nosotros que encargarnos de lo de Bin Laden hubiéramos mandado a Amedo...hubiera sido la risa". En unos pocos minutos recibí algo así como una airada respuesta en dos partes (está transcrito de forma literal): "no lohubieramos detenido, en la carcel con sus mujeres niños ect, servicio domestico, tratamientos fertilidad, estudios ect" y "y como creemos tanto en el ser humano pensaríamos que era reinsertable, ah y por supuesto paro y ayudas a tuti plein". 

La persona que me contestó no entendió el chiste (Los GAL y Amedo contextualizados dentro de una operación militar de alto copete) pero automáticamente lo reinterpretó al instante tirando una línea desde Amedo al PSOE y, de ahí, a la plasmación de una idea: el PSOE hubiera actuado mal, hubiera metido a Bin Laden en la cárcel y hubiera hecho disfrutar al penado de una serie de ventajas que, al parecer, disfrutan todas las personas que están en la cárcel como vivir con sus familias, estudiar, recibir tratamientos de fertilidad y, claro está, darle paro y ayudas. 

Esto es, claramente, lo que yo llamo una "teórica de vuelo corto". Se trata, básicamente, de la imposibilidad de un ser humano por articular pensamientos complejos sin circunscribirlos continuamente al espacio que cree conocer y a la interpretación que tiene del mismo. Da igual que se hable del hambre en el Tercer Mundo, la industrialización en China o la situación de la caza de las ballenas porque, sin nada que aportar sobre estos temas y, en lugar de callar, el sujeto se lanzará a campo abierto emitiendo un juicio de valor unido intrinsecamente a su entorno y, a ser posible, a la extensión de un paralelismo con cualquier cosa que estén aireando los medios de comunicación de su elección en este momento. La "teórica de vuelo corto" se inicia normalmente con un: "mira, esto es igual que lo que pasa aquí con...." o con un "eso mismo le ha pasado a mi cuñao con...". A partir de ahí el interlocutor tendrá que aguantar un discurso que poco o nada tiene que ver con el objeto de la conversación pero que, sin duda, viene bien al emisor de la teoría de vuelo corto que se encuentra en su salsa repitiendo lo escuchado en los últimos días. Para el emisor de la teoría de vuelo corto todo es un TODO que gira alrededor de su universo de ideas. Nada más. Hagan la prueba, es francamente impresionante. 

La "teórica de vuelo corto", por tanto, merece para ser articulada de un alto grado de ignorancia con respecto a todo lo que ocurra a dos calles de nuestro emplazamiento y, claro está, a más de dos golpes de mando a distancia o de dial de nuestra cadena de radio o televisión favorita. Nada más. También, y eso es lo grave, en carecer por completo de capacidad de análisis ya sea por estar más ideologizado que un jemer rojo de primera generación o por no manejar más datos que aquellos que se conocen de oídas. Nada más. 

El teórico de vuelo corto, como el espectador de "Primavera para Hitler", jamás se permitiría el lujo de quedarse a esperar como se desarrollan los acontecimientos al número inaugural de la obra y saldría despavorido de la sala para montar, in situ, un pollo astronómico a la puerta de la misma con la intención de que sus "derechos" como espectador y sus sensibilidades ciudadanas no fueran "pisoteadas". Con mucha ligereza, con muchísima ligereza, nos lanzamos a entonar juicios con pruebas que no son nuestras careciendo de las más mínimas dotes para dividir lo que es información real de lo que es propaganda pura y dura. Más allá de eso, con la misma alegría, nos lanzamos a un discurso complejoso y poco complejo de muy definidas sensibilidades ideológicas que están construidas sobre meros y simples prejuicios. 

El análisis de cualquier cosa, de cualquier hecho, merece de estudio. Es decir, merece de la previa formación de una opinión que, desgraciadamente, no se consigue viendo un rato la televisión. Quedar mudos ante una conversación sobre cine o sobre astrofísica o sobre cualquier tema del que no sabemos nada dice mucho más de nosotros que esa manía de interrumpir para reafirmarnos en que no vemos más allá de nuestras narices o que somos muy fans de este o del otro locutor de ese o de otro programa. Si no se coge un chiste es mejor preguntar que quedar como un cretino integral.

Esta misma noche hemos asistido a la decisión de Tribunal Constitucional sobre si Bildu podía o no podía presentarse a las elecciones. El "sí" ha ganado por 6 votos a 5 y, finalmente, la coalición, partido o lo que sea Bildu podrá presentarse a los comicios del 22 de mayo. La decisión de la misma, aunque nos pese, tiene que ver con palabras como "conflicto", "terrorismo" pero, también, con la olvidada y manoseada palabra "democracia". Este sistema se sustenta en la libre circulación de las ideas, sean estas del pelo que sean. A mi, por no ir muy lejos, me resulta incómodo escuchar cosas todos los días que me desagradan profundamente pero, por desgracia, tengo que soportarlas. Esas cosas incómodas ni siquiera tienen que ver muchas veces con asuntos políticos y se circunscriben a cosas que percibo como molestas como esa gente a la que se le llena la boca defendiendo a un entrenador de fútbol o que habla mucho de sus hijos pero me callo y no digo nada, miro para otro lado o me hago el loco. Si en mi mano estuviera prohibiría la Tuna que me parece la peor mierda del mundo y golpearía con un bate de beisbol a esa gente que se sienta en las terrazas a hacer con que lee un libro, también expulsaría del país a esas personas que parece que no ríen si no que gorjean y mandaría a campos de concentración a todos los que llevan gomina en el pelo pero, entiendo, que tienen el derecho a ser molestísimos o incómodos de ver. 

Con ignorancia, con interesada ignorancia, se ataca al propio sistema democrático cuando no se informa al ciudadano ( o el ciudadano prefiere no informarse porque mucha culpa es del cenutrio del ciudadano que tiene la cabeza metida en el Marca demasiadas horas al día) de algo importante: los hechos son delitos, las ideas no. Es muy sencillo de entender: puedo estar de acuerdo en machacarle la cabeza a todos los tunos de este mundo, puedo hacer proselitismo incluso de las bondades de esa idea pero no me pueden meter en la cárcel por ello a no ser que me trinquen con un tuno a mis pies con la cabeza abierta y un bate ensangrentado en las manos. ¿Cuando serán las ideas delitos? Cuando se instaure un departamento de Precrimen como el que salía en la película "Minority Report". Mientras esto no ocurra ustedes pueden pensar sobre lo que quieran, incluso expresarlo y no ser detenidos por ello. 

Es cuanto menos discutible que, a los tres minutos de saberse el veredicto del TC, Pedro J. Ramírez escribiera en su twitter que Perez Tremps y Pasqual Sala (encima catalanes) hubieran urdido la legalización de Bildu no solo por ser jueces al servicio del PSOE si no, también, por un asunto no resuelto con el tema del Estatuto de Cataluña. La teórica del vuelo corto es así: una ruleta rusa de emociones, un todo que se refiere a todo, una coctelera donde se agitan inmoralmente todos los temas (Estatut, ETA, PSOE, Terrorismo...) con la única intención de alimentar una idea irreflexiva, un discurso de perfil intelectual y político muiy bajo que puede ser entendido por todos sin necesidad de explicación posible. Pedro J. Ramírez, director de El Mundo y cabeza visible de uno de los mayores grupos de comunicación de Europa, prefiere catequizar a informar esperando que sus lectores no hagan el esfuerzo de rascar en el desarmado y desalmado discurso. ¿Puede el director de un periódico nacional permitirse el lujo de tener preparada una respuesta tan clara, tan concisa, tan tajante en solo tres minutos? ¿Y si descontamos lo que ha tardado en escribir 140 caracteres? ¿No es este un claro ejemplo de asunto prejuzgado y condenado con anterioridad? ¿Cuanto hay de noticia? ¿Cuanto de análisis? ¿Cuanto de teoría elaborada con anterioridad? Lo que me lleva a pensar: ¿Es posible que tuviera una teoría opuesta de haber sido el veredicto del Constitucional favorable a la ilegalización de Bildu? ¿Cuáles hubieran sido sus palabras? Me inclino a pensar que el texto hubiera sido algo así como: "Pese a Perez Tremps, Pasqual Sala y las presiones del PSOE Bildu no podrá concurrir a las elecciones". 

La teoría del vuelo corto es, sin duda, una extensión del deseo de acomodar el mundo a nuestra propia visión y a condenar todo lo que se escape de ella. Consciente o inconscientemente se alienta el odio, se azuza el avispero y se espera que el río revuelto de las ganancias calculadas por una sencilla razón: Aquí parece que hay gente que no sabe vivir en la tranquilidad. Se impone el discurso hooligan, la respuesta torpe y cazurra del  "porque yo lo digo". 

A los 45 minutos del veredicto ya estaba la red cocida de mensajes que, inequívocamente, hablaban de que los que estaban a favor de Bildu eran nada más y nada menos que "amigos de los terroristas" y con hondo pesar he leído a gente muy joven diciendo que esto se acabaría si se acabara con la izquierda. Entiendo de donde salen todas estas barbaridades, quien las inspira y quien las promociona y, sinceramente, me parecen tan burdas, catetas e irreflexivas como las llamadas a la Guerra Santa o al aliento de una banda terrorista. Iguales, del mismo pelo, escritas con la misma tinta biliosa e impulsadas por la misma violencia. Puestos a pensarlo bien: una hostia en toda la cara duele igual se de con una mano o con la otra. De ser yo el impulsor de estas mezquindades, de tener palmeros que dijeran "sí señor" a todas mis idas de olla no podría dormir por las noches. Hay gente que sí y lo hace en camas muy mullidas, en casas muy bien equipadas y lo suficientemente alejadas de la gente como para poder echar un sueñecito sin que les moleste la algarada. 

En mi corto entender y mi pobre discurrir creo que es raro que los mismos que hablan de Constitución y Transición como la panacea y aplaudan el silencio cómplice y el dejarlo pasar que se necesitó para instaurar la democracia en nuestro país vengan ahora con estas peleas, que los mismos que nos hicieron este "trágala" se revuelvan como perros rabiosos cuando la feria no les va como ellos esperan. Siento asco y siento repugnancia de esta pintura negra de Goya que algunos quieren llamar país. Ojalá que los suecos nos invadan un día de estos y aprendamos algo. Así, a lo mejor, además de muebles de IKEA a buenos precios aprendemos a entender un poquito mejor las cosas. A estas horas, a día de hoy, todo me parece cuanto menos lamentable. Nos falta análisis y nos sobran caraduras. 

lunes, 19 de enero de 2009

El pie como objeto de deseo.


Nunca he entendido muy bien cual es la fascinación que muchas personas tienen por los pies. Tengo colegas (Dildo de Congost entre otros) que se pirran por esta parte de la anatomía femenina. ¿Molan los pies? Eso parece ¿Su exposición tiene algo de pecaminoso? Bueno, ciertamente, parece ser que sí. Los tobillos y los pies descalzos han sido tabú en el Siglo de Oro Español, durante gran parte del final y comienzos del XIX, fueron perseguidos en la época victoriana y han generado toda una subcultura sexual fetichista decididamente guarrona (la más guarrona la de las personas que se excitan oliendo los pies de sus amantes...mirad los comentarios de esta sencilla consulta recogida en 20 minutos, esta otra historia de este blog o esta instalación del artista David Farrán de Mora titulada sucintamente Culpable de fetichismo en primer grado) que daría para escribir uno o dos tomos a modo d pequeña introducción al tema.

No se me quita de la cabeza la horda de niños criados en los ochenta que nos metimos un frigo pie en la boca, de manera inocente que el calippo parecía que daba para más conversaciones y comentarios, de manera pública sin saber que quizás estábamos excitando el córtex cerebral de algún chiflado/a o, yendo más allá, me pregunto cuantos se compraron un frigo pie de color rosa y textura parecida al petit suisse con la sana intención de practicar para cuando fueran mayores...
Bueno, pues resulta que Soraya Saez de Santamaría se ha hecho esta foto...

Miremos un poco más allá del photoshop y tenemos a la portavoz del PP mostrando las piernas hasta la rodilla y un poco de escote. Foto yo diría que elegantona para lo que se estila y poco más. Desde el viernes que El Mundo adelantó la foto que saldría en su dominical pues la COPE, Intereconomía y, curiosamente El Mundo, se le han echado encima a Doña Soraya que, al cierre de esta edición, ya estaba siendo tachada de "haber posado como una mujer de la profesión más antigua del mundo", "haberse prestado a hacer una foto que parece una portada de Interviú" y de ahí para abajo. Lo mejor, por absurdo: Pedro Jota, en su blog, comentando que la pose "es de femme fatale". En el editorial del periódico, firmado por él mismo, dice "creer" justamente lo contrario.

Yo por más que miro no encuentro nada atractiva la foto de Soraya, me parece una foto normalucha de una profesional de la política que quiere enseñarnos que también puede estar mona y, la verdad, no hay nada de malo en que la portavoz del PP quiera estar guapa. Otra cosa es que sólo quiera estar guapa, que ya sería preocupante...pero, bueno, que es bastante obvio que lo único que se le ve a Saez de Santamaría son ¡Los pies!

Sí, insustanciales, son los pies (bueno, el pie, ahora que miro mejor) de Soraya así estiradicos para que se tense el gemelo y no de pábulo a las posibles flaccideces , su absoluta desnudez, su "blanca palidez" (traducido directamente de Procol Harum) lo que parece haber soliviantado al personal del bunker neoconservador que, como veis, no le hace falta lo del neo porque, en realidad, está igual de conservador que siempre. Y ahora sería momento para unos cuantos chistes fáciles sobre parafilias y periodistas pero, la verdad, no está el horno para bollos y no encontraréis aquí ni estocadas florentinas ni puñaladas traperas de esas con las que gustamos de manchar las portadas. Será que soy más de culo. Espero que la respuesta desde el PSOE no se haga esperar y alguien se decida a ponerse en plan "sepsi" en las próximas horas.

sábado, 18 de octubre de 2008

Otros mundos diferentes

Siempre me sorprende cuando acudo a una suspensión temporal de la ley vigente: un partido de fútbol provoca que la ley antibotellón no se aplique, que mágicamente se amplien los horarios de los bares o que la policía haga la vista gorda en cuestiones como tirar basura a la vía pública o destrozar mobiliario urbano. Te haces hincha de fútbol y llevas una navaja a un estadio, das palizas, exhibes símbolos nazis, te permiten desfilar por el centro histórico de las ciudades que visitas y encuentras un colchón institucional de políticos, abogados, directivos de clubes, columnistas, comentaristas, periodistas y todo tipo de fuerzas vivas que, de algún modo u otro, justificarán que seas un absoluto cafre y hagas honor a tu nombre de ultra comportándote como tal. Cuando Guus Hidink entrenaba al Valencia retiró al equipo al vestuario hasta que los trabajadores del Luis Casanova (antiguo Nuevo Mestalla) no retirarán toda la simbología fascista del estadio lo que provocó un montón de quejas por una actitud tan tiquismiquis del holandés, casi tantas quejas como esa manía de Jorge Valdano a ponerle bonitas palabras y seso al fútbol con las que se ganó el insulto de "poeta" con el que lo despedían de todos los campos de España...




Será que soy un quejoso que cada vez es menos futbolero pero, por Thor, que me gustaría que de vez en cuando también se suspendiera la ley para los que nos gusta, por ejemplo, ir al cine. Hay veces que salgo de la sala invadido por una euforia tal que casi no puedo reprimirme y me dan ganas de quemar contenedores, emborracharme hasta morir y juntarme con otros gafapastas para ir al encuentro de esos que dicen que no les gustan las pelis de Woody Allen y hacerles entender a golpes que Vicky Cristina Barcelona es sólo una pequeña cagadita de mosca en un impoluto curriculum.

Hace ya unos meses Nacho Vigalondo escribía en su twitter que se había cruzado con unos fanáticos literarios que iban por la calle gritando "¡Kenzaburo Oé,Oé,Oé!". Grazie Máyico Vigalondo, que diría Briatore. Este sería un mundo diferente si las discusiones sobre Filosofía terminaran a puñetazos o los kantianos y los hegelianos quedaran para darse de lo lindo en cualquier descampado. No ocurrirá más que nada porque dichas discusiones se producen entre gente que no suele tener ni media hostia y ver a un montón de ratas de cafetería dejando un rastro de pañuelos palestinos, zurrones de pastor y librillos de papel de fumar mientras intentan rodar por el suelo evitando que se les caigan las gafas es un espectáculo bochornoso.



Si este mundo fuera así esta mañana mientras que los policías se manifestaban en Madrid los que normalmente se manifiestan (mineros, señores de los astilleros, estudiantes, obispos pro familia...) tendrían que haber sido los encargados de seguir estrictamente las órdenes del Delegado de Gobierno y haber cargado contra los manifestantes. Hubieran ganado los policías, la verdad, aunque pensándolo bien Rouco Varela está bastante acostumbrado a repartir hostias todos los días. Ostias también pero lo que mejor hace Rouco es repartir hostias...

Pese a que los Cuerpos de Seguridad del Estado no suelen despertar muchas simpatías en nuestro país tampoc están solos. El Mundo lo deja bien claro: Los "agentes desafían al Ejecutivo". Un Ejecutivo personalizado, one more time en Zapatero, y que "ha chantajeado" a los "agentes" para que no acudieran a la manifestación. Este sería un mundo diferente si los periodistas no se hicieran empresarios, por ejemplo, y no se vieran obligados a escribir de esa forma sobre ciertas noticias. Digamos que su actitud ante otros huelguistas y otras huelgas en otros momentos puntuales ha sido menos favorable y más viniendo de un periódico cuyo editorial firma el accionista de un grupo editorial llamado Unidad Editorial. Me refiero a Pedro J. Ramírez metido en estos días en una pelea por el convenio del diario Marca cuya negociación gestiona el amante del periodismo de investigación y la cámara oculta de una manera que, fuentes sindicales indican, tachan de chantajista y amenazador. Ya me gustaría a mi que los periodistas y los informadores o como se llamen ahora pudieran salir a la calle alegremente a decir lo que piensan sin tener en cuenta el pensamiento generalizado de sus empresas...estaríamos ante un mundo completamente diferente, claro está.

Una cosa no quita la otra evidentemente pero, la verdad, era la mejor manera de terminar este post: futbol al principio y (diario de) fútbol al final. Y yo digo, y los atléticos se preguntarán hoy, para qué sirve un juego en el que, al final, siempre acaba ganando el Real Madrid. Y es que yo también estoy en este mundo, no se crean.