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lunes, 18 de enero de 2010

Perdido en Pynchon


Me he vuelto a perder en Thomas Pynchon. Me pasó el año pasado, más o menos por estas fechas, cuando estaba leyendo "El arco iris de gravedad" y, ahora, me ha vuelto a pasar con "V" que es la primera novela que publicó en 1963.

Pynchon es ya el único escritor norteamericano que no concede entrevistas. No se sabe nada de él, ni donde vive, ni si es soltero o está casado y, lo más increíble, es que apenas hay seis o siete fotografías de este buen hombre en sus años mozos (Universidad y ejército). Mucha gente teme que todo lo que se cree saber sobre el escritor es purrela inventada por el mismo Pynchon -o la persona que está detrás de semejante seudónimo- para despistarnos a todos.

Me parece normal que un escritor que suele escribir sobre la chifladura, o que imprime a sus obras una buena dósis de la misma, haya optado por esta sencilla forma de marketing: no hablar de sí mismo para que otros puedan hablar continuamente del misterio que le rodea. Para hablar de Pynchon, por lo tanto, sólo podemos leer sus libros.

Sin el enganche de conocer la ideología, la situación familiar y económica, lo que ve a través de la ventana de su casa o la opinión que tiene sobre la Administración Obama nos encontramos ante unos textos que pueden ser leídos sin los prejuicios propios a los que nos enfrentamos a la hora de leer a otros autores. Cualquier cosa que se sepa sobre el autor lo será a toro pasado cuando este doble la servilleta.

"V" es la historia retorcida de un personaje perdido, de un "yo-yo" humano", que viaja de aquí para allá en pos de una obsesión. Así de sencillo. Por poner un ejemplo: su protagonista, Profane, se emplea como cazador de cocodrilos albinos (entre otras cosas)...cocodrilos albinos que viven en las alcantarillas de Nueva York después de que sus dueños los tiraran por el retrete tras descubrir que se iban a convertir en unas mascotas demasiado molestas. Ahí tienen el germen de una de las leyendas urbanas extendidas por todo el mundo y que tiene su arranque en una novela.

A golpe de pincelada "V" es una novela que recoge, sin empacho, lo mejor de la tradición Beatnik, mordiscos de Steinbeck, O´Henry o Dos Passos o Twain y, sin duda, es uno de los escritores (Junto a McCarthy, De Lillo o Roth) de la nueva novela americana. Es más, se podría decir que el estilo de Pynchon es definitivo para entender a Dave Eggers, Michael Chabon o el fallecido David Foster Wallace por poner tres ejemplos de nuevos grandes escritores.

¿Es un beatnik? ¿Un naturalista? ¿Un escritor de género fantástico? Ni idea, sinceramente. Al igual que los otros tres Popes de la literatura americana ha picoteado en todos los géneros sin que nadie se ponga de acuerdo en saber de qué coño va este tío. Digamos que es simplemente un GRAN ESCRITOR que, gracias a su discreta vida privada, ha permitido que por primera vez en mucho tiempo cualquier estudio sobre su obra no aparezca contaminado por comentarios como "es la obra prototípica de un nuevo marxista norteamericano" o por párrafos que comiencen por frases tan manidas como "Influenciado por una infancia en la que ya se reveló contra el autoritarismo de sus padres...".

En mis años mozos, cuando era un imberbe estudiante, tuve que soportar a muchos "opinadores". Es lo malo que tienen las carreras de letras en nuestro país que, nada más pasar las sagradas arcas de la Facultad, cualquiera se siente en el deber de comportarse como un intelectual. Yo mismo era uno de ellos. El problema no es tener que escuchar durante unos cuantos años a una ingente cantidad de personas mal informadas sus opiniones poco fundadas sobre este o aquel escritor...lo malo es comprobar como muchos de los profesores utilizaban el mismo método "intuitivo" para revelarte las mismas opiniones insulsas y apriorísticas que solía utilizar el alumnado como dividir a los autores por pobres y ricos, modernos o postmodernos...

Al ser preguntado un profesor sobre las características propias de la obra de Cervantes este contestó sin empacho que "Cervantes olía a Cervantes". Punto pelota. Sin más. Ni estructuras, ni arbolitos, ni estudios...uno podía saber que un texto era de Cervantes porque el Manco de Lepanto cantaba la Traviata. Destripada la biografía de Cervantes, por tanto, se podía hacer un paralelismo entre este incidente o aquella anécdota y clavarla en este o aquel texto. Toma ya. Birli-Birloque. Vudú literario. Ciencia infusa ven a nosotros. ¡Cualquiera, por tanto, podía publicar una edición comentada de lo que le diera la gana! ¡Sólo había que tener olfato!

Gracias a Alá también tuvimos profesores que nos enseñaron a no tener prejuicios.

Por suerte cuando uno se enfrenta a Pynchon no tiene más que agarrarse a lo que lee y perderse en la novela que tiene entre las manos. Ya advierto que no es fácil pero es francamente divertido.

Y todo esto viene a cuento de que estoy leyendo a Pynchon y de que hoy me he topado con un artículo de Elvira Lindo titulado "Lo que vale un pene" en las páginas de El País donde, con muy poco olfato, demostraba orgullosamente no haber entendido nada sobre la última novela de Philip Roth, The Humbling/La Humillación, una historia  sobre un actor teatral viejo y harto que seduce a una jovencita. Y dice que no lo entiende porque no cree que un viejo pueda conseguir semejante hazaña para luego cargar contra Woody Allen por haber jugado al mismo juego en "Si la cosa funciona".

Tan norteamericana y neoyorquina Elvira Lindo se queda patidifusa ante su falta de conexión con las dos obras que, por mor de ser de corazón super yanqui, le deberían de haber pirrado. Pero no. Resulta que no se traga el sapo...que los dos les parecen unos viejos verdes que se creen que por haber leído mucho y haber escrito mucho pueden conquistar a cualquier chavalita impresionable. Dos machistas, vamos.

Es lo que tiene no centrarse en el texto o en la pantalla y llegar a todos sitios cargados de prejuicios pero, bueno, eso como todo es una opinión de lo más personal. Por mi parte, y también personalmente, les recomiendo perderse en Pynchon, seguir viendo películas de Allen y leer The Humbling que, también en mi opinión, es una obra honesta, dura y escrita a cara de perro que va sobre otras cosas que no tienen que ver con perseguir jovencitas como un sátiro.

domingo, 4 de octubre de 2009

Si la cosa funciona


De lo primero que me he acordado cuando he terminado de ver "Si la cosa funciona" es de Alexander Portnoy, protagonista de "El lamento de Portnoy" (Philip Roth).

Ambos son judíos de mediana edad con una visión amarga de la vida y un discurso básicamente misántropo que muchos catalogarían de simplemente realista y ambos acaban liados con una pareja de pocas luces: Boris Yellnikoff (Larry David) con una cateta sureña llamada Melodie St. Ann Celestine (Evan Rachel Wood) y Alexander Portnoy se agencia como amante a una actriz de medio pelo a la que despreciativamente llama "La mona".

Si hay que ponerle un pero a la última de Allen es, posiblemente, que sea más dulce que la dura "El lamento de Portnoy".

Por lo demás "Si la cosa funciona" es una gran película que, además, está dirigida por Woody Allen. Y digo esto porque, es evidente, que no es ni "Manhattan", ni "Annie Hall", ni "Balas sobre Broadway" pero, bueno, es una gran película. Comparar "si la cosa funciona" con cualquiera de las obras maestras de su autor sería empequeñecer los logros de una película excepcionalmente bien escrita y francamente bien dirigida.

A igual que sostenía Jim Carrey en "Un loco a domicilio" (Ben Stiller, 1996) cuando decía aquello de:

-"¿Qué le pasa a todo el mundo con Waterworld?" Yo la he visto ¡Y no estaba mal!"

Hablar de las nuevas películas e Woody Allen suele convertirse en un trabajo de cinematografía comparada injusto en tanto en cuanto las obras maestras (las de Allen y las de otros) suelen ser hechos aislados, sorprendentes y que se repiten con mucha menos asiduidad de la que suelen decir los medios y los críticos que entusiásticamente atribuyen semejante etiqueta a casi cualquier cosa.

Injusticias a parte, como escuchar que Allen se ha convertido en un tipo "autocomplaciente" de la boca de una redactora de "Días de cine" que segundos antes había segurado que Larry David (el prota) se había hecho famoso por su trabajo como guionista y monologuista de Saturday Night Live cuando en realidad sólo hay que consultar imdb.com y enterarse de que David tuvo un lastimoso paso por el programa y luego se resarció trabajando en "Fridays" que era la competencia directa (es una pena que este programa flojee tanto y tan a menudo), la nueva película de Woody Allen tiene un fantástico descubrimiento: al igual que se discute sobre quién ha sido el mejor James Bond de la historia podríamos hacer también una lista de los actores "que mejor han servido como alter egos de Woody Allen". Sin duda Larry David puede ser directamente coronado como el mejor de todos ellos.

Más teatral que cinematográfico, el texto de "Si la cosa funciona" es perfecto para un guionista metido a intérprete cuya carrera se ha cincunscrito, antes de protagonizar "Curb Your enthusiam", al campo de la stand up comedy. Ya sabes, lo que aquí se conoce sonrojantemente como "monólogo".
Jugando a romper la cuarta pared, o sea, a charlar directamente con el espectador dejando extrañados a los personajes que lo rodean Yelnikoff/David van desentrañando un discurso vital que tiene que ver con el desprecia hacia la raza humana (o, al menos, hacia un "amplio número de personas con las que siempre me sentiré incómodo" que diría Moretti) y, sin embargo, la fascinación por un universo -Yelnikoff es físico- donde todo parece ocurrir gracias a las fuerzas de la casualidad y la chiripa. No quiero ponerme exquisito pero, cuando uno comienza a pensar que eso de Dios y tal es una patraña, se te revela la intensa idea de que la mecánica del universo es bastante parecida a la que utilizan los señores de Recreativos Franco para mover las frutas de sus máquinas tragaperras.

A partir de la historia atípica de la unión de una pareja atípica Allen amplia el panorama de la película extendiendo la trama hacia la aparición de los padres de Melodie/Evan Wood personajes movidos también por la casualidad y las circunstancias que llegan hasta Nueva York donde, otra vez por casualidad, sus vidas cambian para siempre. Además incide en una curiosa hipótesis: la América conservadora del Profundo Sur lo es por la sencilla razón de que no conocer la Gran Manzana.

¿Muchas casualidades? Es posible que sí lo fueran para un guión de inferior calidad pero aquí funcionan. Pongamos un ejemplo: es posible que la voz en off sea un recurso facilón para muchos incompetentes pero, sin embargo, Scorsese la suele manejar con maestría.

En definitiva gran película a la que muchos achacan un cierto ablandamiento final...me temo que los mismos que achacaron a Woody Allen durísimo tono de "Desmontando a Harry" (1997). Y es que es difíci hacer una película al año (que teniendo en cuenta el ritmo de otros directores famosos sería comparable al de un realizador de cine porno) y contentar a todo el mundo pero, bueno, si la cosa funciona...y vive Alá que a un servidor le funciona.