
Estoy por Valencia. De asueto y de trabajo. Pero sobre todo a echarle un vistazo a todo esto, a ver qué coño se cuece y por ver si se me pega algo del encanto de Francisco Camps, de su elegancia, su porte, su saber estar y, sobre todo, de sus amigos que al parecer te agasajan a la mínima de cambio. Creo que ya que estoy por aquí me voy a hacer un masters en administraciones públicas que imparte Mr. Fabra y que se llama: "Como hacerse rico con las comisiones y, además, que las urnas reafirmen tu gestión un tanto irregular o, lo que comunmente se denomina como, irse de rositas". Creo que como vengo de la Comunidad de Madrid me van a dar por aprobadas algunas asignaturas. Por suerte, parece que Valencia es mucho más que todo esto. Llevo poco tiempo aquí pero se empeñan en decirme que así es.
Lo bueno de mi trabajo es que lo puedes hacer en cualquier parte. De hecho los vagones del Alaris son cojonudos para escribir. El paisaje va cambiando (Por Dios, espero que alguien ruede algo en la provincia de Albacete que es como Texas) y la gente va como calladita. Mola. Sólo le falta tener wi-fi.
He visitado poco Valencia, y el Levante en general, porque en mi casa no éramos de veranear. Estos eran más de pueblo, de Marruecos, de Portugal...me he tenido que hacer mayor para venir por aquí y comprobar que, como decía algún ilustre levantino, la luz aquí es completamente diferente. Tienen razón. Estoy flipando.
Me parece que esto de descubrir esta Comunidad Autónoma ya un poco tarde atiende a las mismas casualidades que casi todo en esta vida. Hace más o menos dos años no me interesaba mucho el pop y, sin embargo, ahora soy fan de Francisco Nixon. Primero fui un discreto seguidor de "La Costa Brava" y así, así...te vas liando.

Llevo más o menos una semana canturreando las canciones de su nuevo disco, "El perro es mío", y sólo puedo decir que me encanta. Me encanta porque, entreveo, es posible que me equivoque, que Nixon ha puesto en música algo que es uno de mis tole-toles preferidos: Las mejores historias suelen estar a la vuelta de la esquina.
"El perro es mío" está grabado con métodos tradicionales, ¡Por Dios que han utilizado cintas de dos pulgadas!, y eso se nota. Le viene bien. Más que nada porque suena californiano, o sea a un poco a Beach Boys, y se nota el zumbidito de los aparatos antiguos que le da un puntico perfecto. De hecho estaría muy bien que hubiera una versión en vinilo como en plan purista porque a veces echo de menos el zumbido de la aguja sobre el plástico.
Por el disco, como por "Es perfecta", pasean iconos del imaginario colectivo masculino (las dependientas de la tienda de ropa, las extranjeras de Erasmus, las chicas con brackets...y me refiero a las chicas no a las señoras con aparato de la edad de Ana Obregón etc.) y eso, un sonido cálido, unas letras que se amarran a la tradición pop anglosajona y que no pierden trasladadas a este idioma nuestro tan florido y, a la vez, tan complicado para meter en una rima y unos cuantos descubrimientos. El mejor de ellos, que Nixon sea capaz de trasladarte a los tiempos en los que enamorarse ya era más que suficiente y, sobre todo, que te podías quedar mirando a una erasmus sin que pensaran que eres un viejo verde.
Y como estoy en Valencia os dejo con este pensamiento: ¿Quién creéis que debería de salir antes del armario? ¿Los trajes de Camps o la protagonista de la obra de Tonino Guitiaín que voy a ver esta noche y que, hace un par de años, cuando estaba visitando Copa América se me acercó por detrás, me tocó el hombro y me dijo delante de las cámaras de Canal 9 "¿Le gusta a usted todo esto? Pues se ha hecho con los esfuerzos de los valencianos" sin darme posibilidad de réplica e irse en olor de populistas multitudes y con la sensación de que me acababan de pegar una pegatina del PP de Valencia en la espalda?
Mientras os lo pensáis os dejo con "Banderas rojas" del primer disco de Nixon cantada por Richi.