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viernes, 14 de enero de 2011

Somos jóvenes


El País publica una foto de las protestas que se están llevando a cabo en Túnez contra el presidente Ben Ali donde se ve a dos muchachas jóvenes y atractivas subidas sobre los hombros de la multitud. Ambas son atractivas y visten a la occidental. Diversos periódicos hoy hacen lo mismo intentando transmitirnos, o eso creo, que ideológicamente están a favor del asunto. Hoy mismo, los telediarios de La 1 hacían algo parecido detiendo sus cámaras (o la de la agencia ad hoc) en los rostros más guapos de toda la protesta. Frente a ellas, los partidarios de Ben Ali (los pocos que deben quedarle) parecían un grupo de pastores gritones y mal afeitados. 

Con las revueltas en Irán de hace algún tiempo pasó lo mismo. Se retrataba a los rostros más juveniles y bellos, preferentemente mujeres, y no se ahorraba en adjetivos y palabras como "fuerza", "juventud", "estudiantes", "irresistible"...al frente, los partidarios de los mulahs y los Adhmamineyads eran retratados con mucho menos brío y supuraban los objetivos imágenes de barbas y de arrugas. 

La política se ha convertido en algo tan aburrido y ha entroncado tanto con el lenguaje publicitario que ya somos incapaces de explicar nada si no es a través de un código visual, como de spot electoral. Lo joven y lo nuevo es aspiracional e irresistible frente a lo viejo. Ufff....lo viejo, qué mal rollo. 

La captura de la juventud, la caza de la misma se ha convertido en algo capital. Es una pena que en nuestro país se haya establecido, cláramente, que la juventud es el estadio perfecto del consumidor, el nicho a conquistar y que, como grupo consultivo, más o menos no contemos una mierda seca. 

Mientras se nos intenta vender algo (un periódico, nuestra adhesión mediática a un conflicto o unos vaqueros...de un modo indivisible porque vivimos en el mundo de los mercados donde todo es un producto que viene con una etiqueta con un Precio Venta al Público visible) se olvidan, por ejemplo, de que pasamos desapercibidos y de que nadie nos consulta. Envejecen las redacciones y envejece nuestra clase política, envejecen los que aprietan los botones que activan las decisiones y se nos acompaña hasta el acantilado con dos intenciones: lanzarnos al vacío como rehenes prescindibles de un sistema económico que parece que no nos necesita (ni los títulos, ni la preparación nos han servido de salvavidas, desgraciadamente) o, mucho peor, ponernos frente al precipio oteando el horizonte para decirnos eso tan bonito de "cuando yo no esté, todo esto, hasta donde llegan tu vista será tuyo". 

Me pregunto que va a quedar de todo esto cuando estos ya no estén, si habrá algo que arreglar o algo que heredar. 

Nos hemos quedado, ni siquiera todos solamente los más guapos, como la imagen más atractiva del conflicto y, me imagino, que dentro de poco (para vendernos la crisis) alguien no tenga otra idea más feliz que hacer algunos editoriales de moda con parados. Ya saben: "Martín y Ana estudiaron un doctorado, bellos y atractivos posan en la puerta de la oficina de empleo con aire casual con ropa de la colección de David Delfin inspirada en los vagabundos de las películas de Chaplin y de los clochards franceses". En realidad somos maniquíes en todo este asunto ¿no?

Miren ustedes a Aznar o a González hablando despreocupadamente de una crisis que le es completamente ajena (los dos viven jubilados y empleados a la vez) y se darán cuenta de que la vejez no está tan mal.

Nota del Insustancial: Era indispensable una canción como "When you´re young" de The Jam. Que dice:

You're fearless and brave - you can't be stopped when you're young
You swear you're never ever gonna work for someone
No corporations for the new age sons
Tears of rage run down your face
But still you say "it's fun"

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Estados carenciales


Lo bueno de la fiebre es que te da como una especie de chute emocional, te pone el cuerpo de goma y te invalida para otra cosa que no sea dormitar. Ese estado es una especie de tránsito entre lo que tienes en tu cabeza y flota de manera coherente y lo otro, lo que se esconde en el subconsciente y que pertenece a la imaginería propia. La fiebre permite mezclar con bastante coherencia ambos estados. Es como una ingesta leve de setas pero con dolores de articulaciones. 

Lo último que he hecho perfectamente despierto ha sido ir a ver "Biutiful", es una película que he ido retrasando porque no me apetecía demasiado. Ya sabes, tiene uno un momento lo suficientemente flojo como para no chutarse un drama en vena. El caso es que la ponían en el cine del pueblo (tres salas estupendas, con proyección tradicional, digital y 3D mantenida por unos hermanos que son unos locos del cine) y me dejé embaucar no ya por la película sino por pasar un rato con unos amigos y, después, comentar la jugada en el primer bar abierto que estuviera surtido en ginebra y whisky. Nada demasiado difícil en este país. 

Qué decir de "Biutiful" que no se haya dicho ya. Llego tarde y, por lo tanto, solo diré que es una película curiosa en tanto en cuanto su creador ha decidido no hacer el recorrido vital de unos personajes sino, más bien, un interesante decálogo de todas las desgracias posibles donde se cruzan: mercadeo de inmigrantes ilegales, drogodependientes, familias desestructuradas, miseria, pobreza...y todo, de un modo algo extraño, afecta a los personajes de la peli, como si estos fueran los depositarios de todas las miserias del mundo. Por si fuera poco Bardem tiene un extraño poder mental: es capaz de comunicarse con los muertos y llevarlos de la mano hacia otro estadio de existencia. 

Es un drama tan grande que, en algún momento, se hace completamente previsible y, lo que es peor, consigue que te coloques fuera de la misma cinta y te dediques a contabilizar los planos que faltan para que el guión pueda llevarte hacia el siguiente bajón. 

En todo caso, como hablaba con una amiga, Nathalie, es una de esas películas que parece que está hecha para que te guste. Me explico: hay películas que nos da vergüenza reconocer que no nos han gustado, del mismo modo que hay películas que nos cuesta reconocer que nos gustaron. 

Del segundo grupo, normalmente, todos los títulos son comedias. A nadie le hace gracia decir en una reunión de ex compañeros de facultad que se ha reído con una comedia tonta, a no ser que esta comedia tonta sea algo completamente generacional o que la comedia te haya garantizado una buena dosis de intelectualidad que justifique no no has perdido el tiempo. Lo otro, sería algo digno, solamente, de gente con mucho tiempo libre, de personas ociosas. En ese caso se demuestra que la comedia es el mejor método para descubrir, tasar y, por ende, aislar, a la mayoría de snobs que nos rodean. Es una gran herramienta. 

Las películas que nos tienen que gustar se dividen en dos grupos: 
1. Películas de moda. 
2. Películas con carga moral o intelectual sea este real o impostada.

Las películas de moda son cosas como "avatar". Un enorme truño que, a costa de ser publicitada, parece una de esas películas llamadas a pasar a la historia y, por tanto, a que se conviertan en clásicos instantáneos. Las películas de moda suelen ser películas que, con el paso de los años, la gente dice que han "envejecido mal". Error, puesto que las películas no envejecen. 

El caso de Avatar es sangrante porque pese a que la historia es mala, los personajes son flojos, el desarrollo de la historia es lamentable y, en general, su discurso se asemeja bastante al del balbuceo de un niño de cinco años lo cierto es que todo el mundo lo justifica por sus grandes hallazgos técnicos. OK, nadie duda, por ejemplo, que la ropa ignífuga o el chaleco antibalas son dos grandes avances tecnológicos lo que, sin embargo, ha evitado que nuestra ropa se haga en un tejido resistente al fuego o que vistamos todos con placas de kevlar ligero. 

Lo curioso es que, por otro lado, los discurseos sobre la calidad de Avatar suelen venir de gente que, normalmente, no ve muchas películas o que lleva bastante tiempo sin ir al cine. Nada en contra de ellas, la gente va al cine cuando quiere, pero es innegable que alguien que dice "es la mejor película que he visto en los últimos 10 años" debería de ir al cine, al menos, dos veces al mes para sostener esa afirmación o, al menos, ver dos pelis a la semana en su casa. ¿no? Cuando yo tenía 10 años pensaba que la mejor película que había visto nunca era "Acorralado"...sigo pensando que es bastante buena pero, la verdad, he visto otras cosas que la han desplazado de mis 10 películas preferidas de todos los tiempos. 

Las del segundo grupo, esas películas de carga moral y carga intelectual, son otra cosa. Nadie duda que muchos genios (pretendidos o no) nos han colado de cuando en cuando una mala película que, sin embargo, pasa por ser una gran película que contiene "muchos valores". Unos valores que, pretendidamente, están por encima de la propia película y que, el simple hecho de resaltar ya hacen que la obra pase a otro estadio de calidad completamente distinto. 

La lista de directores y de películas es grande pero, bueno, no pienso hablar mal de nadie (un propósito nuevo, un año nuevo) y prefiero que sean ustedes los que desenmascaren a esos tunantes. Es bastante sencillo, cuando una película les parezca mala pero su entorno se empeñe en decirles que es una maravilla solo pueden defenderse haciendo una sencilla pregunta: ¿Por qué te ha gustado la película? 

Después solo tienen que sentarse a escuchar la lista de obviedades, frases hechas y evasivas que les van a regalar en los próximos minutos y que nada tendrán que ver con la película en si sino con el objeto o la situación que retratan. Si para alguien que no ha visto una película en 10 años es bastante fácil decir que Avatar es lo mejor que ha visto en su vida sería igualmente fácil para alguien que no ha conocido a un inmigrante en su vida que esta o aquella película retrata bastante bien la vida de los inmigrantes porque, en cierto modo, el retrato que se hace es tan bueno y tiene tanto que ver con nuestra educación que siempre lo daremos por bueno. 

Y es que hay cosas que nos deben de gustar porque, simplemente, queremos que nos gusten. Porque queremos que todo el mundo sepa que somos sensibles, que entendemos, que estamos en la pomada...no se asusten, muchas de esas películas no tienen nada de real porque, al igual que en las comedias, todo se prepara para hacerles caer a ustedes en todas las trampas posibles y hacerles saltar una lagrimilla. 

Estas cosas malvadas son las que pienso cuanto tengo fiebre. Ya ven, no hago más que perder el tiempo...

Nota del Insustancial: "Bohemian Like you" es una canción del grupo Dandy Warhols que va de eso, de ser cantidad de bohemio...me parecía pintiparada. 

lunes, 6 de diciembre de 2010

Desconexiones y payasos


Estoy intentando digerir la enorme comida familiar sentado en el sofá de mis tíos cuando mi sobrino, Ieltxu, comienza a gritar "¡Pirritx, Pirritx!". El crío me hace gracia. La verdad es que es un descojono. Una especie de Shin-Chan mofletudo que, cuando algo le gusta, levanta el pulgar derecho en plan "Ok" o como si estuviera haciendo auto-stop pero, además de ese gesto, y que parece disfrutar cuando lo levanto por encima de los hombros, no me entero de lo que dice porque se expresa en una especie de jerga, un esperanto chiflado en el que se entremezclan el euskera, el español y el vocabulario típico de un mico de unos dos años. 

Es una especie de pequeño Andy Kauffman que forma pareja junto a su hermano, Oier, que es más mayor y como más comedido pero que, también (y eso es algo completamente familiar), tiende al surrealismo básico como forma de expresión y fastidio. Con este si me entero mejor porque tiene como cuatro años y se expresa en español y euskera de forma bastante clara...bueno, cuando habla en euskera no me entero de nada pero, más o menos, y por el contexto puedo atisbar lo que dice. 

Ieltxu, el de los enormes mofletes, el Shin Chan de Alsasua sigue gritando "¡Pirritx, Pirritx!" con una intensidad digna de uno de esos brokers de las películas de los 80, pienso que tendría una buena carrera en Wall Street diciendo "¡Compra, Vende!"...es como  Gordon Gecko con unos pañales. Yo quiero explicarle algo así como "querido sobrino, estoy un poquito mal, perjudicadito por el patxaran casero y el cordero asado...quizás en orden inverso". Pero sigue con su rollo hasta que su padre, Fer, comienza a dibujarle la cara de alguien en un papel. Es un payaso. Noto que "Mofletes" se calma un poco siguiendo con los ojos muy abiertos como su padre traza la demoniaca imagen...

-¿Por qué le dibujas esas mierdas al crío? ¿No te recuerda a alguien? 
-No. dice mientras no para de dibujar la imagen. 
-¿Te acuerdas del payaso triste que vendía flores por Malasaña? Solo le falta el puto bigote. 
-¡Hostia, es verdad! ¡El yonqui vestido de payaso! 

Señor vestido de payaso yonqui que se paseaba por Malasaña con bigotón. Mal rollo. Mal rollo en vena. Más que nada porque ofrecía una clara desconexión entre su careto pintado de polichinela urbano y su discurso. Se te acercaba sin hacer ninguna gracia y te decía "¿Quieres una flor para tu novia?", con una voz ronca y un gesto adusto acojonante. Ni siquiera podía contestar con el típico "¿Tengo cara de tener novia?". 
Nadie en su maldito sano juicio le diría a un payaso tan serio una gracia de ese tipo. Diré en su descargo que no hacía falta hablar para que se fuera a vender su mercancía a otro grupo. Ni siquiera intentaba hacer una monería de payaso como un poco de mímica o un trastabilleo simpático, ni siquiera hablaba con la típica voz de "Payacho" ("Hola cheñora y cheñore, hola amiguito, que te traigo está fló para que chean uttede muy feliche..."). Nada, esa cara pintada, agrietada por el sudor del paseo, y esa voz chunga como de señor  discurseando sobre un ERE. 

El resultado del dibujo, sin embargo, no calma al pequeño Ieltxu al que se une, por solidaridad, el grito de su hermano que dice "¡Pirritx y Porrotx!" con entusiasmo. ¿Qué cojones demandan estas dos criaturas? ¿Acaso otro payaso más temible que el anterior? ¿Un payasito con garras? ¿Un bicho tipo IT? ¿Acaso aquellos extraterrestres vestidos de payasos de aquella película que estuvo cogiendo polvo durante años en las estanterías del video-club sin que nadie se atreviera a alquilarla? ¿O aquella otra titulada "El Payaso asesino"?

-"¿Qué coño quieren?". Pregunto mientras un intenso dolor de cabeza en forma de martillo neumático se apropia de mi. 

-"Nada, que les ponga un DVD". Dice su padre. 

-¿Pirritx significa DVD?. Digo absorto. 

¿Se acuerdan de los experimentos de Skinner y la rata? ¿Pavlov, el perro y la campana? Pues asisto a una especie de espectáculo conduccionista parecido: Mientras Fer se levanta y selecciona un DVD de entre una pila de ellos (entre los que está Toy Story 3, que es el que me hubiera gustado ver) las fieras vociferantes y revoltosas vuelven al modo "niño normal" y, cuando el DVD comienza a escupir imágenes han pasado a "huerfanitos adorables que nunca han roto un plato propios del reparto de una película de Frank Capra". Los chiquillos se sientan y puedo comprobar que la cosa va de payasos. Bajón. 

Los payasos "Pirritx y Porrotx" para más señas que vienen acompañados de una tal "Marimotot" formando un a tripleta a la que sólo le faltan "El Hambre", "La Peste", "La Guerra" y "La Muerte" para ser un equipo infernal. 

La cosa, me explica mi primo, va de unos payasos que viven en una isla en plan comuna y que, tonticos ellos, no saben que bajo la misma hay petróleo que unos malvados extranjeros les quieren levantar. Joder, me parece un poco denso para los chiquillos pero, yo que se, me he criado viendo como Milikito le pegaba tartazos al Señor Chinarro y de los niños de ahora no entiendo. 

De todas maneras vuelvo a sentir la desconexión total del payaso yonqui, esta vez en un entorno casero, y por partida doble: aborrezco el "Mundo Payaso" y, encima, estos se explican en una lengua que no controlo para nada con lo que, de pronto, me veo disparado hacia otro absurdo nivel de conciencia. Es como asistir a un espectáculo deconstruido donde, careciendo de un mensaje que pueda descifrar, puedo ver las payasadas en todo su terrible y chungo propósito: bajoneces de tres al cuarto inventadas por los adultos, una nada de violencia, una grotesca muestra de lo que se puede hacer con los músculos de la cara, gestos exagerados e inhumanos. Comienzo a sudar y me agarro al patxarán casero, delicia servida en copa grande con hielo, una especie de prozac con regusto a regaliz. 

Un profesor nos contó que se habían hecho una vez unos experimentos con gente afásica a la que se ponía frente a un televisor donde veían un discurso de Reagan: unos afásicos sólo podían entender los gestos lo que les provocaba la risa y otros, no podían entender más que el concepto lineal del discurso sin despistarse en otras boberías como el tono, el ritmo o la ejecución lo que les provocaba pánico, como si estuvieran viendo a un autómata contarles una serie de virguerías sobre un futuro incierto de subidas de impuestos encubiertas y escaladas de violencia con el sector Este de Europa. Me siento así, atrapado en medio de un espectáculo muy chungo. No puedo discernir el discurso y solo puedo centrarme en lo puramente mímico, en lo escénico, en el truco. Guau. 

"Pirritx, Porrotx eta Marimotot" siguen con las piruetas chungas frente a los malvados extranjeros que tienen pinta de Mad Doctors de baratillo y se expresan en un perfecto euskera, exhibiendo su malicia torpe frente a una audiencia infantil disfrazada de piratas porque la cosa va de ser piratas...que gritan y se desesperan mientras que se suceden una serie de números musicales sazonados con coreografías endiabladas de cachete, pechito, ombligo y bailoteo circular...mi cabeza hace clinc, clinc, clinc...colores de payasos a punto de ser introducidos dentro de la lavadora y gritos de los sobrinos empeñados en participar del akelarre de los saltimbanquis que se esmeran en trasladar felicidad y alegría con ritmos pregrabados. El mofletes me golpea con algo que es como una maza que, al chocar contra mi cabeza, emite el rugido de un león. Ríe con la boca llena de pequeños dientes y con la mano libre hace el jocoso "OK" que, en ese momento, quiere decir algo así como "te estoy jodiendo bien...mira que cara estás poniendo...". Me sigue golpeando pero me da igual, no es que el crío sea Conan y, la verdad, no puedo apartar la mirada de la caja tonta donde se emite el terror. 

Mi cuñao, presente en la escena, se tapa con un cojín media cara y emite un "ay, ay, ay" que parece el de alguien a quien un cirujano manco le acaba de hacer una lobotomía.  Tampoco le mola esta rápida introducción al "Mondo Clown". Mi hermana, a su lado, pone cara de "sois todos gilipollas", es una de esas personas que fuera secuestrada en un banco pondría esa misma cara. Impasible, qué jodía, no dice nada y lee el dominical centrándose en un artículo que tampoco parece que la satisfaga. 

Al poco rato, la música estalla por enésima vez, con sus dings y sus dongs y en un final catártico los sobrinos estallan en una suerte de baile acompasado por los tres payasitos y una especie de travestido de enormes pechos falsos embutido en una especie de disfraz de matrona de la Revolución Francesa. Joder, la cosa puede ir a peor. Los payasos siempre pueden ir a peor. Ieltxu y Oier están descontrolados, parecen los Who al finalizar un concierto y colchoquean como dos entrañables minidrugos. Mi cabeza canta "yosoyflickyosoyflack" como si estuviera puesto de pegamín o de cloretilo y siento que me va a estallar como al tío de Scanners. ¿Qué coño acabo de ver? Malditos payasos. Los niños se calman durante los títulos de crédito, de hecho se relajan tanto que, al poco tiempo, el pequeño de los mofletes (colorados como el quemador de una catalítica por el esfuerzo anaeróbico de seguir a los trepidantes pagliaci) dice algo mucho más reconocible: "Caca". Entonces me río de verdad, con ganas, porque ese si es humor del bueno. De pedos y eso. Nada de adultos pintarrajeados soltando cosas en lenguas. Un clásico eso de  la caca. 

Me río más cuando a su padre, que era un tiquismiquis insoportable antes de procrear, le toca retirar el pañal enmarronado y limpiarle la trasera al chiquillo que, francamente, se descojona y patalea de felicidad al sentir restituída su higiene. 

-"Eso te pasa por ponerle mierdas de payasos a los críos". Le digo. "Que se les licua el alma". 
-"Ya tendrás tu los tuyos y comprobarás que su mierda no te huele". 

En plan venganza, como si hubiera detectado la conversación Oier, muy diligente, se dirige de nuevo al montón de discos y elige, como sin pensar, una nueva aventura del trío de payasos. Detecta mi miedo pero introduce el DVD y aprieta al play. Salgo a fumar. Los niños han tomado el salón de nuevo, escucho las quejas de los adultos diciendo "¡Hostia, ya vale!". Pero como si nada la sintonía de los euskoclowns vuelve a inundar la estancia con sus cánticos. Bienvenidos a la República Independiente de los niños y los alegres escalones de seguridad de la cohorte de Payachos. Salgo a tomar el aire y a fumar un cigarrillo. Me siento expatriado. 

Nota del Insustancial:  Extremoduro cantando "So Payaso"...creo que no hay nada que explicar...

martes, 5 de octubre de 2010

El espíritu del golfista más raro del mundo


Pensábamos que era un tío raro. Era de esa gente que, pese a ser tremendamente normal, tiene algunos rasgos que te inquietan. En su caso era un bigotillo fino y bien cuydado y otra cosa. Una cosa que estaba en lo profundo de su ser y que te desconcertaba por completo. Había codazos de "mira que raro es" cada vez que venía a vernos y comentarios de "mira que tío más curioso" cuando alguien colgaba el teléfono después de haber hablado con él o después de leer un e-mail suyo.

Quizás todo se debiera a que era una persona poco punzante y mansa. Educadísimo, atildadísimo...no es que fuera la alegría de la huerta pero era un tipo afable.

La vida de aquel colaborador consistía en moverse de un lado a otro, en andar, en ver gente, en frecuentar cualquier espacio público, en encontrarse con este y con aquel. Un reflejo de otros tiempos en los que los periodistas hacían su vida en la calle casi por completo. Lo bueno de ese tipo era que parecía conocer a todo el mundo y, cuando nos encontramos en Barcelona, me di cuenta de que podía ir a cualquier parte porque en todas partes lo conocían y parecía no tener enemigos.

Yo siempre me lo imaginaba como uno de esos personajes secundarios de la biografía comiquera de Boldú o como uno de los muchos compinches de los periodistas mayores que conocí años después y que parecían haber llevado una vida vibrante como el fotoperiodista Cesar Lucas. Me lo imaginaba de boites, alternando con la gauche divine, haciendo esas crónicas festivas y noctívagas consistentes en, básicamente, salir de noche y conocer y saludar a este o aquel.

Lo que más me gustaba del colaborador este era que siempre tenía temas, siempre tenía personajes, siempre podías rellenar con sus contenidos. Quizás el mayor handicap era que le costaba hacer preguntas bordes o incisivas y había que pincharle y decirle hazle esta o esa pregunta a este maromo que nos interesa que hable de esto o de lo otro. Lo visualizaba muchas veces repasando con el dedo la lista de preguntas, sentado al lado de la estrella de turno excusándose segundos antes de soltar el preguntón: él era así, un tipo majete que prefería no cerrarse puertas. Ya digo que era un reflejo de otros tiempos, de otra forma de hacer las cosas.

El caso es que andábamos cerrando un número. Leche. Los cierres solían ser criminales en los primeros tiempos y estábamos acostumbrados a vivir en el ambiente que retrata Carlos Giménez en Los profesionales es decir, mucho trabajo nocturno en medio de un ordenado caos (chistes, birras, carcajadas, salidas de tono y mucho trabajo...aunque parezca mentira). A veces da igual el tiempo que le eches a las cosas porque si quieres que queden bien nada parece suficiente. Al menos todavía se podía fumar. Un editor inglés nos visitó una vez y me vió escribiendo en el teclado mientras sostenía un cigarrillo encendido entre el dedo índice y el corazón. Se echó a reir diciendo que sólo había visto trabajar así a gente mayor con la que había trabajado en sus comienzos. En Europa hace años que no se podía fumar en las oficinas.

Bueno, pues necesitábamos una entrevista y a alguien le había parecido bien que fuera una entrevista con un deportista. En el primer número habíamos tenido bastante éxito con una entrevista a un futbolista y alguien quería repetir. Digo alguien porque esa es una de esas sugerencias que flotan en el aire pero que nadie acaba por asumir que sea suya cuando se acerca la hora del cierre y tienes todavía dos páginas en blanco. "¿A quién se le ha ocurrido esto?" decía el redactor jefe. Sin respuesta. Miramos en la nevera que es el gancho donde se cuelgan todos los temas intemporales y los que no han salido del todo bien. Mal asunto. Si un tema es intemporal y no tiene fecha de caducidad quiere decir que ya ha nacido un poco muerto o sabido ("20 cosas que hacer cuando te quedas soltero", "Las chicas más sexys que trabajan en bingos", "Aprende como tu novia te pone los cuernos"...) o que no ha quedado lo suficientemente bien aunque, a la hora de ejecutarlo, pareciera una buena idea. Nosotros teníamos una amplia nevera, temas de las ediciones de la revista en otros países de los que sólo había que tirar para traducir.

Por alguna razón este recurso nos parecía facilón. Queríamos imprimir nuestro sello en cada página y hacer un buen trabajo. Así era la cosa. Siempre te recomiendan que te conviertas en un mercenario pero, lo normal, es que si te gusta lo que haces te acabe por nacer la conciencia de que tienes que hacerlo lo mejor posible. A nosotros las horas de redacción, ese ambiente de "los profesionales", nos había unido alrededor de esa idea. La verdad es que había mucho potencial para hacer las cosas bien: ¿Por qué simplemente copiar?

Rendidos miramos en la nevera y nada. No había nada. Entrevistas con personajes poco conocidos en nuestro país como jugadores de cricket o de futbol australiano.

Menos mal que sonó el teléfono y allí estaba el colaborador.

-"Oye, que me voy a Shanghai".
-"Pues muy bien...traeme un bol de sopa de perro".
-"Ya, lo traeré".
-"O mejor, una de esas bailarinas que tiran pelotas de ping pong con el bandujo".
-"Vale...pero, a ver, céntrate. Que me voy porque se hace un torneo de golf y voy a cubrirlo. ¿Quieres un reportaje?".
-"Esto...¿Pero juegan desnudos? ¿es una competición hombre vs. mono?
-No, es un campeonato normal.
-Es que si es golf normal no. ¿No tienes nada con un deportista que me puedas apañar?
-Hombre, allí van a jugar algunos de los mejores del mundo.
-¿Sabes si va a jugar Miguel Ángel Jiménez?
-Sí, pero es que ese lleva unos años muy malos...
-Da igual, quiero una entrevista con Miguel Ángel Jiménez. Hazla, venga.
-¿En serio?
-Si, pero la tienes que hacer a toda hostia y mandármela a toda hostia.
-Vale, vale...¿Se lo has dicho al redactor jefe?
-No, pero seguro que está conforme...
-Quieres que hable con él...
-No, no, no. Tranquilo.
-Es que tengo que publicar algo que si no...
-Que sí, tranquilo.

Si el colaborador me pedía tanta certificación para la entrevista era por dos razones: no se cobra lo que no se publica aunque esté requerido y porque ha sido invitado al evento por una agencia de prensa que sólo gasta dinero en un billete, en un hotel y en unos cuantos gastos si se cerciora de que la información va a ser publicada, es decir, si no publicas nada tras haber abusado de su cuenta de gastos es posible que te tachen de por vida de su lista. Desgraciadamente las cosas se hacen así hasta donde yo tengo conciencia. Muy pocas publicaciones corren con los gastos de una aventurilla tipo "oye, que me piro quince días a la selva a ver que encuentro que me han dicho que hay una tribu muy curiosa". En defensa de esta y de otras publicaciones donde he trabajado quiero decir que siempre se han fiado de sus trabajadores de plantilla y han abonado religiosamente billetes y hoteles si existía la posibilidad de hacer un buen reportaje.

El caso es que el redactor jefe no tenía ni idea de mi encargo. Glabs. Bueno. Segunda parte.

-Oye, que le he dicho al colaborador que nos traiga una entrevista de Shanghai.
-¿Shanghai? ¿Una de esas tías que lanza bolas con el toto? ¿Un chef que cocina platos con perro? ¿Un adiestrador de monos? ¿Jackie Chan?
-No, como andamos buscando un deportista le he encargado una entrevista con Miguel Ángel Jiménez.
-¿Miguel...Quién? A, ver, Insustancial-Ito...
-Un golfista profesional. 
-Hijo mío, ha sido decir "golfista profesional y me he quedado traspuesto. Dilo otra vez.
-Golfista profesional
-zzzzzzz ¿no ves? Me duermo. Al menos jugará desnudo.
-No, es de Málaga y fuma puros.
-¿Lleva fotógrafo? 
-No hay que pillar foto de agencia. 
-Te odio. 
-Ya. 
-Enséñamelo. 

Me puse al ordenador y le enseñé una foto de Miguel Ángel Jiménez. Alias "Er Pisha". Nacido en Churriana (Málaga). Pelo largo y rizado rubio en plan Harpo Marx, fumándose un puro como Fidel Castro.

-¿Ese pelo es suyo? 
-Sí. 
-¿Y fuma puros cuando juega? 
-Entre hoyo y hoyo.
-Vale, te sigo odiando. 
-Y yo. 



 
Miguel Ángel Jiménez es de esos deportistas de antes. De cuando los deportistas en España nacían un poco por generación espontánea y en medio de las condiciones más adversas: como Severiano Ballesteros, Chema Olazabal, Manuel Piñero y un largo etcétera de golfistas profesionales Jiménez no conoció una escuela de golf como tal y entró en contacto con este deporte en la forma en la que entraban en contacto con este deporte la gente pobre, es decir, vivían cerca de un campo de golf donde trabajaba algún familiar y entraban a trabajar allí como caddies. Es decir, llevando la bolsa con los palos, recogiendo bolas en el campo de práctica y matando los tiempos muertos entre cliente y cliente jugando al golf. 

Mi padre trabajó durante años en una escuela que estaba dentro de un campo de golf. Sus alumnos eran los caddies, chavales que se querían sacar el graduado escolar mientras curraban. El título de EGB era una de la única titulación que se le pedía antes a los que querían emprender una carrera como profesionales del golf y también un entretenimiento estupendo entre cliente y cliente. Es decir, mi padre impartía clases a unos alumnos que, de pronto, tenían que largarse a currar y dejar la cosa a medias. Es por eso que me imagino bastante bien por lo que tuvo que pasar Miguel Ángel Jiménez y otras de las grandes estrellas de nuestro golf. Que nuestro país, donde el  deporte de la pelotita y el palo ha sido básicamente algo elitista, haya alumbrado a la mayor estrella mundial de todos los tiempos, Severiano Ballesteros, tiene tanto que ver con la casualidad como con la propia forma de jugar del cántabro: aprendió a jugar en una playa con un palo viejo acompañado de su hermano, un terreno donde había que golpear la bola fuerte. Luego sólo tuvo que retener esa primera experiencia en su cabeza y seguir jugando así toda la vida aunque lo hiciera sobre la impecable superficie del Club de Augusta donde los bunker, las trampas de arena, ni siquiera utilizan arena sino un caro y exquisito polvo de mármol. 

Jiménez ha ganado ayer la Ryder Cup siendo nuestro único representante en el equipo tras el bajón de juego de la nueva generación golfística. Lo ha hecho como es él. Como un tipo raro y fuera de onda, demostrando un juego duro y alegre. Un poco como es él que es de corazón rojo (votante socialista, al parecer) en un mundo que parece un coto privado de conservadores. Por si las moscas conduce un Ferrari. Otra contradicción. O quizás algo que se ha querido comprar porque como ha dicho en alguna ocasión "lo ha ganado sin robarle a nadie".

La Ryder Cup es una de las pocas competiciones golfísticas donde se juega por la honra: Una selección europea y una selección de jugadores norteamericanos se enfrentan cada dos años (una vez en Europa, una vez en USA) para medir sus fuerzas. Sin dinero de por medio, sin cheques, sin nada más que el placer de jugar por jugar, por batir al contrincante. Todas las selecciones europeas quieren desquitarse delante de los americanos porque son los que tienen el circuíto más potente, el más rico, el más grande y los americanos quieren patear a los europeos porque no conciben que un juego como este haya sido una cosa inventada por pastores escoceses. Así de sencillo. Simple y llana mala hostia. Es por eso que cada Ryder se convierte en un combate abierto y en una escaramuza previa: Si se juega en Europa se elige un campo corto y cabrón lleno de curvas, de trampas, que premie lo técnico y el trabajo en equipo donde somos superiores. Si eligen los americanos se decantan por un campo largo, plano, donde triunfe un golf de golpes largos y sin concesiones. Da igual que del lado europeo jueguen tipos que le pegan fuerte o que del lado norteamericano esté un tío como Tiger Woods que es muy técnico, que es el puto amo. Siempre se elige lo peor para el rival. 

Jiménez ha hecho una gran Ryder pese a que no contaba. Lejos quedaban sus años de triunfo donde demostró su mejor golf y en los que, paradójicamente, fue apartado de la Ryder por su amigo Severiano Ballesteros. Corría el año 97 y la Ryder llegaba al Campo de Valderrama, un campo que Jiménez conocía a la perfección pero...Ballesteros eligió a Garrido (otro grande) y le pidió a Jiménez que le hiciera de co-capitán porque conocía ese campo a la perfección. Aceptó el asunto y se dedicó a lo suyo. Lo hizo muy bien y se llevó el abrazo de todo aquel equipo que sabía que había renunciado a jugar.

Carismático hasta decir basta Jiménez está presente incluso cuando su juego es peor. El golf es un deporte muy cabrón. Consiste en meter una pelotita en un agujero que está a varios cientos de metros sorteando lagos, árboles, trampas de arena  y, sobre todo, sorteándote a tí mismo...es un juego donde tienes que estar mejor de coco que de cuerpo. Es pura técnica. Un deporte ligero físicamente pero de gran carga mental. Un día puedes estar muy bien y que pasen tres meses hasta que recuperas tu forma de jugar. Es por eso que entre los golfistas hay gente tripona que parece que acaba de salir del pub.

Hace unos años, uno de esos tripones, John Daly (americano) ganó un par de torneos grandes. Mataba el stress, según sus palabras, jugándose los beneficios de los torneos en el casino más cercano y bebiendo como un hooligan. Es de los pocos golfistas a los que se ha visto por televisión echándose un pitillo antes de golpear una bola determinante. Muy mal de pasta y teniendo que asistir a reuniones de alcohólicos anónimos, jugadores anónimos y forums del control de la ira Daly se vio obligado a hacerse el circuito americano viajando en una autocaravana en plan gitano, cabra y trompeta. Era puro show, un show a veces triste (tenía ataques de cólera sino jugaba bien y era palabrotero hasta decir basta) pero un show en toda regla. 

Jiménez mata el stress comiendo sardinas en Málaga y fumando puros, alejándose de la figura del golfista tradicional. Un genio. Con 46 años todavía tiene golf en los brazos pero parece que se aburría ultimamente y tenía un golf intermitente que ha ido apareciendo con más fuerza y persistencia cuanto más grandes son los comentarios alrededor de su posible retirada. Este año ya ha ganado tres torneos (tiene 11 de los 18 torneos que se celebran en Europa) y la Ryder Cup.

El malagueño siempre será uno de los nuestros. Con sorna recibió ayer las felicitaciones de Colin Montgomery que prefirió no poner demasiado peso sobre sus hombros pese a que ayer se zampó con patatas a Watson e inició la remontada europea. Él, a su bola, se paseaba por el campo galés llevando la bandera europea colgada al cuello como si fuera una capa, de pie, sin nerviosismo aparente, esperando que los puntos cayeran uno detrás de otro. Al final se le veía alegre porque hace dos años los americanos nos hicieron puré en un campo criminal llamado Valhalla (con unos hoyos 13, 14, 15 y 16 que eran una trampa mortal) y porque este torneo le vale para revindicarse como uno de los grandes del golf pese a no contar nunca demasiado -aunque sus números son increíbles- y pese a ser un golfist atípico como los golfistas atípicos y geniales que hemos tenido en nuestro país. Lo de Jiménez es el triunfo de lo raro sobre lo convencional, de lo extraño sobre lo establecido.

Miguel Ángel Jiménez quizás tenga una página discreta en la historia del golf, posiblemente no sea recordado como uno de los 10 o 20 mejores jugadores de todos los tiempos (Ballesteros, Tiger Woods, Jack Nicklaus, Nick Faldo...) pero, sin duda, su espíritu, su forma de ver este juego, de reducirlo a un entretenimiento, de teñirlo de humanidad, de meter a capón la sonrisa en un juego serio, de insertarle algo de gracia es la mayor de sus aportaciones. Fuera de las declaraciones rimbombantes de grandeza y gloria, de ese aburrido ganar por ganar, del juego mecánico y sin alma, de la tradición inglesa, de la furia norteamericana haya un discurso como el de Jiménez que pone los pies en la tierra y que es capaz de embocar un albatross a 209 yardas (es decir, meter la pelota en dos golpes en el hoyo en lugar de cinco) en un torneo o en sacar una bola golpeándola contra un muro a espaldas del hoyo como hizo en el pasado British Open. 

Pese a que dicen que está mayor yo todos los años creo que Jiménez, el tipo del puro, ganará por fin un Masters de Augusta o levantará un PGA o un British. En 1986, cuando Jack "El Oso" Nicklaus parecía estar para el arrastre y partía desde las peores posiciones posibles fue capaz de ganarle en Augusta a un Ballesteros en plena forma que parecía que iba a volver a ganar la dichosa chaqueta verde. Tenía también 46 años y también decían que se estaba retirando. Todos los años espero que emerja el golf de Jiménez, ese rollo tranquilo, que sea capaz de ser genial durante los cuatro días de uno de esos torneos que se le resisten. Al fin y al cabo se lo merece aunque sólo sea por ponerle un poco de color a la historia. 

Estoy seguro de que, cuando comenzó a jugar todo el mundo se fijaba en sus pequeñas rarezas, como nos fijábamos nosotros en las de el colaborador aquel del bigotillo, es posible que todo el mundo dijera que qué raro era, pero ahí estaba, siendo un misterio, sin saber si lo hará bien o lo hará mal pero llevándose de maravilla con todo el mundo. 

En el fondo, para escribir y para jugar al golf, sólo tienes que tener ganas, no desesperar e ir poco a poco. Quizás no tengas un puesto reservado entre los grandes pero, al menos, siempre podrán decir que lo pasaste bien haciendo lo que te gustaba y que lo hiciste como pensabas que había que hacerlo.

Nota del Insustancial: Era inevitable elegir "Un buen día" de Los Planetas como banda sonora para esta entrada dedicada al golf aunque sólo sea por la temática de su vídeo clip. Más allá de eso Los Planetas son de esos grupos que cuando vas a verlos en directo nunca sabes lo que te vas a encontrar lo que tiene mucho que ver con el tema tratado.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Fallida venganza



Estaba escribiendo el guión del programa de por la noche cuando lo vi a través de los cristales del despacho de guionistas/lugar para todo. Se metió en la sala de invitados/lugar para todo y se sentó en uno de los sillones para hablar con los dos presentadores del programa en el que iba a ser entrevistado.

Cuando la charla ya había terminado, se atuso un poco el pantalón, se levantó y se estiró de la chaqueta. Los presentadores salieron de la sala y lo dejaron solo por unos instantes momento que aprovechó para ensayar un poco lo que iba a decir.

Como no iba mal de hora me levanté a por un café y, de paso, a vengarme por una cuenta que yo tenía pendiente con él pero que él no sabía ni siquiera que existía.

Abrí la puerta de la sala de invitados/lugar que utilizaba el equipo del late show donde trabajaba para todo cuando no estábamos a la vista de los jefes de la casa y levanté la mano para llamar su atención, me sentí como Bruto empuñando la daga que apuñalaría el corazón de Julio Cesar.

Pero, de pronto,  como un rayo se acercó a mi con una sonrisa enorme y abrió los brazos diciendo "¡Por fin, ya estás aquí!" como si me hubiera estado esperando toda la vida, como si nos conociéramos de siempre. Completamente confundido respondí a su largo y calidísimo abrazo. "Mírate" dijo "¡eres fuerte y duro como una montaña!" y después me volvió a abrazar. En silencio pero flipado respondí a ese abrazo que a esas alturas parecía el de dos viejos amigos.

"¿A qué viniste acá? ¿Eh?" Dijo mientras me agarraba del brazo amigablemente. "Vine a pillar un café de los termos estos..." y después se hizo un silencio de dos o tres segundos en el que su rostro dibujó un gesto de mínima pero muy perceptible decepción. "¿Cómo te va todo?" dije para rellenar el silencio. Como si le hubiera contado el mejor chiste o quizás pensando que lo del café era una excusa, una broma, se echó a reir y golpeándome un poco el estómago con la palama abierta dijo "me matas, de verdad que me matas".

Después nos sentamos en el sofá.

- "¿Viniste buscando café y respuestas, verdad?".

-"No, sólo café y saludarte, claro". Mentí como un bellaco, claro.

-"Me doy por saludado, misión cumplida. Fíjate bien que no podía más que saludarte y que salir a tu encuentro para que ambos recorríeramos el mismo camino. Nada más entrar me fijé en que andabas atareado trabajando y cuando te vi levantarme pensé que si venías hacia acá a saludarme sólo podía pagarte haciendo la mitad del camino y recibiéndote con lo único que te puedo dar que es un abrazo....porque no tengo respuestas para tí, ni consejos. Bueno, sí, sólo uno: no persigas a nadie porque nadie tiene esas respuestas que tú buscas". Después amigablemente y, sin dejar de sonreír, me volvió a golpear los hombros con fuerza, con un poco de saña yo diría. "Eres todo fuerza, un bruto, en el buen sentido ¿hiciste todo ese camino para venir a verme? ¿Quieres otro abrazo?".

-"Después, en la despedida quizás..." dije.

Otra vez se echó a reir y me miró con cara divertida, con esa cara que le había visto poner cientos de veces en la televisión, una sonrisa de medio timador, medio genio, medio colgado. De verdad que, en ese momento, me sentí un poco escudriñado, como si de verdad esperara que me derrumbara y le pidiera las respuestas que ya me había dicho que no tenía.

Uno de los presentadores, un buen tipo, vino a recogerlo de la sala de invitados. "¿Todo bien?" preguntó. "Sí, todo bien...estaba charlando con este amigo". "Joder, Insustancial va a ser verdad que conoces a todo el mundo...¿Ya os conocíais?". Antes de que pudiera decir nada el hombre se estiró el pantalón sobre sus piernas, se levantó enérgicamente y en el salto centesimal volvió a colocarse la chaqueta negra. Por cortesía me levanté y ahí estaba él para recibirme con otro abrazo y decir "No, no nos conocíamos de antes pero ahora ya somos amigos ¿verdad?".  Le dije que sí. "Pues, cuando quieras nos vamos" dijo el presentador "estamos a punto de comenzar".

La pareja se largó dejándome allí tirando del café y me pregunté a mi mismo si no hubiera estado bien haberle hecho la pregunta que me prometí mil veces hacerle si alguna vez me lo cruzaba y pensando en como había perdido la oportunidad de quedarme más que a gusto. La pregunta era esta:

"En 1970 usted acudió a un pase privado de la película "The last movie" invitado por su director Dennis Hopper. Según declaraciones del montador, David Berlatsky, la película que usted vio era una obra maestra que podría haberse convertido en una de las referencias cinematográficas de los años 70 pero, al finalizar el pase, y al ser interrogado por la misma usted le dijo a Hopper que era una bazofia sumiendo a su creador en una crisis artística que lo llevó a encerrarse durante unos meses con el material y devolver al mundo un nuevo montaje pretencioso y mediocre...Señor Alejandro Jodorowsky, ¿por qué no se estuvo calladito?". 

Pese a lo mucho que me ha dado Jodorowsky (sobre todo en el campo del cómic) reconozco que jamás le perdonaré que destrozara la película de Hopper. I swear. La próxima vez con caeré en sus truquitos de tío afable y prometo ser implacable aunque, a lo mejor, ese día me acuerdo de que fue el tipo que escribía los cómics de Moebius y se me vuelve a ablandar el corazoncito.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El perro loco y el abuelo




Yo hoy quería hablar del perro Andy. Andy era un pastor alemán que mi abuelo recogió de casa de una señora. La señora, dueña de una tienda de alimentación, se había enterado de que el abuelo andaba buscando un perro de las mismas características que Tom.

Tom, un pastor alemán, había sido adoptado para hacer una labor: cuidar de la fábrica de maderas donde trabajaba el abuelo. Zacarías, que así se llama el buen hombre, se dedicó hasta su jubilación a la madera: primero en talleres y luego comprando pinares y haciendo una cosa que siempre me dejaba flipado: abrazaba un árbol de la hectárea que había ido a comprar y sabía el número casi exacto de metros cúbicos de madera útil que podía extraer de ese y de otros árboles de alrededor. Siempre lo acompañaba un perito agrónomo que flipaba con la maestría del hombre. Por cierto, el abuelo nunca se ha vanagloriado de eso de "haber aprendido en la Universidad de la vida" y más de una vez y más de dos lo escuché decirle a esos tíos con carrera lo mucho que le hubiera gustado saber hacer lo mismo pero con una cinta métrica y una calculador. Con un título colgado en el salón, vaya.

La fábrica donde trabajaba el abuelo tenía una curiosa característica y era que mis abuelos ocupaban una casa dentro de las propias instalaciones. Pese a que estaba un poco retirada del pueblo lo cierto es que una infancia en una fábrica de madera tiene muchas ventajas como, por ejemplo, una enorme montaña de serrín con la que jugar y un número ingente de maderos, tablones, palos etc. además de un agradable número de clavos, martillos, sierras y un largo etcétera de cosas que te permitían construírte un fuerte o diseñar una choza. Como siempre he sido bastante inutil y harta la familia de que cada dos por tres acabara descalabrado tras intentar construírme una caseta -no se pueden imaginar la angustia de una familia que ve como el único niño de la misma se empeña una y otra vez en convertirse en la víctima de un desplome de maderos sobre su cabeza- mi abuelo decidió construírme un auténtico chozo donde pude, durante años, hacer el aborigen que es una cosa recomendable.

Tom, el primer pastor alemán, era bastante noblote pero estaba marcado por la tragedia: fue atropellado como dos veces y, finalmente, murió por intentar nadar dentro de una especie de piscina que la fábrica tenía para adecentar la madera. El agua de la misma contenía una sustancia química que, simplemente, le hizo las tripas papilla.

El abuelo, derrotado por la pérdida que todos seguimos recordando como una tragedia, encontró a Andy. Y sin preguntar lo trasladó a la fábrica. La abuela, más desconfiada, pronto comenzó a preguntarse como era posible que alguien se deshiciera de un pastor alemán aparentemente sano con esa alegría y desapego. Cuando quiso enterarse (una abuela no es la CIA, por Alá) ya era tarde porque el perro estaba ya instalado en la caseta: Andy estaba chiflado. Sí, clínicamente loco, de hecho si hubiera habido en esa época un psicólogo de esos para animales hubiera diagnosticado que ese bicho estaba completamente majareta.

Al parecer un febril sentido de la protección se apoderaba de cuando en cuando del bicho que de animal inofensivo pasaba a convertirse en el puto guardián de las puertas del Infierno. La ex dueña del perro lo notó un buen día en el que detectó que todo el mundo compraba con normalidad en la tienda pero que, curiosamente, algo les impedía traspasar el umbral de la puerta y marcharse a sus casas. En plan "El ángel exterminador" la gente era capaz de entrar pero no de salir. La culpa la tenia Andy que, apostado en la entrada del comercio enseñaba las fauces, babeaba y ladraba como un poseso a cualquier persona que intentara sacar ni un solo producto de la misma aunque, previamente, hubiera pasado por caja.

Si mi abuelo se pasó media vida guerreando contra el Tom para que mostrara su lado más fiero durante las noches, en las que se empeñaba en dormir o en hacerse el tonto para quedarse dentro de la casa y no tener que salir a hacer la guardia, con Andy se pasó media vida procurando que estuviera atado por el día cuando los obreros entraban en el perímetro de seguridad y el perro, ese mismo día, pensaba que estábamos siendo atacados por una horda de desarrapados y ladrones. Ahora que lo pienso que bien le hubiera venido ese chucho a la familia Romanov cuando aquello del asalto a los Palacios de Invierno...

Por las noches, cuando mi abuelo lo desataba, y nos íbamos a dormir desde la casa podíamos ver como incansablemente el perro se pasaba las horas haciendo una maratoniana ronda girando y girando alrededor de la casa y de la nave de la fábrica, con la boca llena de babas y escuchando de tanto en tanto el sonido de su respiración. De pesadilla. No era difícil que, tras una noche muy movida, Andy nos presentara orgulloso una montaña de culebras, ratas gordas, ratones de campo, erizos, zapatillas viejas (¿De donde cojones las sacaría?) y de otros animales que, incautos ellos, pensaron que podrían vivir agazapados entre nosotros.

El caso es que, aunque la familia siempre le decía al abuelo que tenía que deshacerse del perro, él siempre se negó a hacerlo. Hacía oídos sordos y se justificaba diciendo que con la familia era cariñoso y que nunca se le había ocurrido morder a nadie que viviera dentro de la casa. Así era. Pese a los comentarios de su dueño Andy tenía un extraño modo de jugar a eso de lánzame la pelotita: Un día intenté jugar con él a aquello y a la tercera vez que le lancé la pelota de tenis me la devolvió completamente reventada tirándomela a los pies. Me miró durante un segundo y luego salió corriendo para volver a hacer la ronda. No se me volvió a ocurrir nada parecido.

Entre aquel chalado y el abuelo había una especie de conexión que intenté desentrañar durante años. No era posible que un tipo normalmente cariñoso y afable quisiera como mascota a un bicho violento e impredecible.

Un día el abuelo se puso muy enfermo. Creo recordar que de los riñones.Una especie de infección o algo peor que lo tuvo postrado en la cama durante cinco días. Tumbado en la cama agarrado al cabecero de metal Zacarías se retorcía de dolor. Cada ocho horas recibía la visita del practicante que le ponía una inyección para mitigarle un poco aquella tortura. El puto perro, que nunca aparecía por la casa, de pronto abandonó sus labores de vigilancia y destrucción para, literalmente, apalancarse en el pasillo, justo a la entrada del dormitorio. El torbellino se apagó y Andy simplemente miraba con ojos tristes hacia la cama del abuelo. La abuela Petra intentó echarlo pero fue incapaz porque, aunque le diera con un periódico en las costillas o el hocico, el animal se empeñaba en hacerse un ovillo y quedarse allí. Aprovechando que, de cuando en cuando, bajaba a mear mi abuela cerró la puerta detrás de él. Cuando después de una hora volvió a abrirla se encontró con que Andy se había agazapado y saltó entre sus piernas para volverse a colar y quedarse en lo que pensaba que era su nuevo puesto.

Cada vez que mi abuelo se dolía de algo o se quejaba Andy daba un aullido que te partía el alma. Ni el practicante se libró de la ira del bicho que, cada vez, que se acercaba al abuelo sufría el gruñido del perro, un gruñido amenazante que, no teníamos duda, significaba "si le haces daño te machaco".

Estuvo cinco días sin comer y apenas bebió. Una mañana que el abuelo se quedó dormido lo encontramos discretamente sentado al lado de la cama lamiéndole la mano como si así quisiera transmitirle algo de su energía, otra vez que se quedó profundamente dormido entró como un rayo en la habitación y ladró hasta que el abuelo se despertó y lo mandó a la mierda. Lejos de enfadarse movió el rabo y se volvió a tumbar en el pasillo. Cuando mi abuelo salió de la habitación por su propio pie se levantó a su paso, andó con él un poco, esperó a que le pasara la mano por la cabeza y se volvió a su caseta. Comió como un puto bestia, se hinchó de agua y aquella misma tarde reventó a dos gatos de la fábrica de al lado me imagino que para demostrarse así mismo que estaba todavía en forma.

El demonio disfrutaba de su status, demasiado diría yo, y sus ataques de cólera se hicieron más constantes hasta que un día, simplemente, no nos dejó salir de casa. Se apostó en el portal y nos ladraba a nosotros para evitar que nos enfrentáramos por nosotros mismos a los peligros del exterior. Aquello fue demasiado y el abuelo decidió, por fin, deshacerse del perro. En el proceso de buscarle una casa o un manicomio Andy tuvo tiempo para su última fechoría. Sin saber por qué atacó a un trabajador de la fábrica, Paco, al que le desgarró el hombro de un bocado. Zacarías lo entregó al veterinario con lágrimas en los ojos.

Hace poco hemos vuelto a recordar al dichoso perro. El abuelo, sentado en el sofá de orejas, me contó que siempre tuvo la impresión de que todas esas ganas de agradarlo se debían a que se había criado sin su madre, por alguna razón el abuelo sigue creyendo que el bicho infernal era así porque su dueña le contó que se lo entregaron siendo menos que un cachorro porque la madre había muerto y que, desde entonces, estuvo buscando una familia a la que contentar. Como nadie se había preocupado por enseñarle que se podía ser igualmente querido por hacer cosas buenas Andy se dedicó a cuidar y nada más que a cuidar del modo extraño en el que él percibía que había que hacerlo: creando una especie de perímetro de protección alrededor de los que quieres sin permitir que nadie los traspasara por miedo a que aquella felicidad desapareciera por completo. Daba igual que la felicidad tuviera el precio terrible de tener que pasarse la noche cazando y masacrando bichos, siendo torturado por la idea de que todo lo que conoces podría desaparecer si no estás todo el tiempo protegiéndolo. Recordó la lealtad a prueba de bombas del perro, la forma en la que le lamía las manos y, sobre todo, la forma en la que Andy se comportaba cada vez que el abuelo se sentaba en algún lado a descansar. El perro estaba allí, silencioso, mirándolo, esperando que Zacarías le pasara la mano por la cabeza y se la acariciara un poco, que le permitiera lamerle la mano. Esa mano a la que le faltan dos dedos volados por una bomba perdida: el abuelo, siendo niño, perdió a sus padres y tuvo que abandonar un hogar cómodo y una vida normal de niño para dedicarse a trabajar como un adulto y a guardar el ganado de otros. Un día, pocos meses después de la Guerra Civil, el abuelo se encontraba con otro niño en el campo. Sintió frío y ambos comenzaron a buscar madera para hacer una hoguera. La hicieron, por desgracia, encima de una granada escondida que estalló con el calor provocando el accidente.

El abuelo había vivido la desintegración de su familia: primero los padres, luego parte de los familiares fusilados en la Guerra, la protección de un hermano fugitivo al que buscaban para darle el paseo y la de una hermana.

Es fácil entender porqué se entendían tan bien o, por qué el abuelo creía entender las motivaciones del chucho. Mi abuela más práctica dijo: "Ese bicho estaba loco y ya está". El abuelo la miró y miró a la ventana sonriendo. Luego cambiamos de tema.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Apuntes para un nuevo programa de TV


En el Saturday Night Live presentado por Jason Bateman en 2005 (y que emite estos días Canal +) hay un espectacular sketch coprotagonizado con Darrell Hammond. Bateman hace de presentador de un programa de Televisión y Hammond hace una de sus imitaciones -clavadas- de Sean Connery que es el invitado estrella. El programa se llama: "Un mono tirando caca a la cara de un famoso". El formato es sencillo: llevar a un famoso al plató del programa, diciéndole que se va a hablar de otra cosa, para que en un momento de la entrevista un mono le lance sus heces a la cara.

Fernando Trueba dirigió un programa en 1993 llamado "El peor programa de la semana", muy cercano a la filosofía de SNL, en el que Anabel Alonso y Pablo Carbonell protagonizaban un sketch de un programa llamado "¡A hostias!" en el que se invitaba a los espectadores a seleccionar a un famoso para que fuera invitado al programa y poder ser convenientemente hostiado en público.




No sé si se acuerdan pero "el peor programa de la semana" era inteligente y divertido, malhablado, independiente y se permitía el lujo de reírse de todo el mundo con esa inconsciencia propia del que parece no conocer muy bien el país en el que realmente vive.

El sketch que basa su comicidad en un programa de televisión que jamás podría emitirse ya era viejo y fue ensayado por Monty Python en su Monty Pytho Flying circus bajo el nombre de "Blackmail" (chantaje"). Esta vez Michael Palin interpretaba al presentador de un programa que se dedicaba a seguir a anónimos ciudadanos y les pedía una suma de dinero para no desvelar los líos que tenían con sus vecinos, desfalcos en empresas y cosas así. Curiosamente Emilio Aragón, dentro de su desgraciadamente olvidado "Ni en vivo ni en directo" (1984), interpretó un sketch clavado.


Espero que dentro de poco cualquiera de estos sketches atraviese la frontera que existe entre la idea descabellada y la realidad para convertirse en un programa. De hecho, teniendo en cuenta el placer que los programadores de las diferentes cadenas de televisión tienen por esos formatos-monstruo en los que sin empacho se mezclan varios formatos de diferentes procedencias podemos disfrutar de un programa que:

A) Engaña a todos los invitados que van hasta el plató.


B) Se les lanza caca de mono a la cara.


C) Se les chantajea.


D) Se les invita a fostiarse o a ser fostiados.


No dudo de que la sobremesa de nuestras cadenas necesita un programa espectáculo de estas características. Sería vibrante, sería divertido, sería sangrante pero, sobre todo, nos permitíría descubrir que lo que mejor se nos da en este país no es hacer reír si no inventar fórmulas para reírnos de los demás.

Y, claro está, para arrancarle mucha más audiencia al asunto no habría mejor cosa que ponerlo en horario de sobremesa que es donde parece que se ha trasladado la batalla por el share actualmente.

martes, 7 de julio de 2009

Las capas de la ficción



La nostalgia es esa cosa pegajosa que garrapiña los recuerdos para hacerlos más digeribles. Con el tiempo, incluso algunas de las más traumáticas experiencias, pueden ser recordadas con cierta alegría. Como si la tragedia, para ser real, tuviera necesariamente que tener algunas vetas de comicidad.


Viendo "Vals con Bashir" (Ari Folman, 2008) se entiende perfectamente este concepto: es un documental pero, en realidad, se ha optado por tratarlo con una textura de dibujos animados para hacer más entendible la tragedia de su protagonista que no es otra que el haber eliminado, casi por completo, los recuerdos de su tiempo de servicio en el ejército israelí en los días de la matanza de los campos de refugiados de Shabra y Chatila de El Líbano. Sin esa capa de dibujo, de colores primarios y amarillentos, seguramente no se hubiera entendido ni la mitad de bien lo que el director quería narrar: recuerdos. Los recuerdos no son fotos, si acaso son una película muda en super 8 de colores algo viejos porque la memoria, pese a que nuestra vida ya está siendo digitalizada y emitida en todas las redes sociales posibles, parece todavía asociada a la tecnología de las antiguas salas de cine. Pese a vivir en la etapa de los píxeles nuestros recuerdos siguen guardados en las latas rojas de bombones Nestlé o en las de las pastas de mantequilla holandesas en las que las abuelas guardaban las fotos.


La tecnología le suele sentar mal a la narración. Fernando Trueba decía que si rodabas una película cuya historia se desarrollara en nuestros días corrías el riesgo de acabar rodando planos de teléfonos, faxes, fotocopiadoras...no le falta razón pese a que Stieg Larsson consiguió incorporar con toda naturalidad una trama tecnológica (con una hacker como protagonista) a su primera novela "Los hombres que no amaban a las mujeres". Cosa difícil porque, normalmente, los thrillers que necesitan de la tecnología suelen quedarse viejos rápidamente (¿alguien se acuerda de qué le pedía Vingh Rhames a Tom Cruise en Misión Imposible para reventar los ordenadores de la central de la CIA en Langley? Pues nada más y nada menos que un ordenador 586...por aquella época lo más de lo más eran los 486...). Gran novela, por cierto, muy cochina, muy divertida, espero ver pronto la adaptación al cine. Una adaptación sueca de una novela sueca. Que nadie se llame a engaño, ya hay precedentes de grandes películas suecas de género: "El guardián de noche" (Ole Bornedal, 1994). El mismo director rodó un remake casi plano por plano tres años después para más gloria de Ewan McGregor.


Dentro de pocos días se me viene encima un doloroso aniversario, un aniversario que con los años se va haciendo más desdibujado, va limando sus astillas para acomodarse más suavemente en mi memoria hasta ya sólo descubrirme sintiendo latigazos de cuando en cuando. Se me vienen a la cabeza los días anteriores, la llegada a España después de un viaje, un risotto de mariscos compartido en un restaurante italiano, mezclados con dos o tres fundidos a negro, el sonido inconfundible de una carcajada, el olor de un cigarrillo Fortuna a medio consumir, la última celebración de un cumpleaños y luego nada más que una sensación irreal de ser el personaje invitado de una tétrica película de dibujos animados. Más allá no mucho más que esa confusa sensación de no saber a ciencia cierta que pasó en los días posteriores.


Ahora, sentado a la vera del Mediterráneo, construyo otra nueva tanda de recuerdos, que me servirán para pasar todos los aniversarios terribles que tendrán que acontecer. Instantáneas que quedarán guardadas aquí y allá y que me removerán nuevas sensaciones en el futuro. La miro y cojo su mano y pienso que no podría estar mejor y que en realidad no merezco nada de esto...y vuelvo a tener esa sensación de que las cosas buenas pasan incluso a la gente que no se propone en que nada bueno le ocurra.

domingo, 21 de junio de 2009

Hacienda llama a la puerta



Este contribuyente que escribe aquí le debe a la Agencia Tributaria 9,62 euros. Me he quedado francamente sorprendido de que tan magna organización me reclame una suma de dinero cuando, el año pasado, ya la crisis me estaba mordiendo las desnudas y pilosas canillas con su conocido desprecio por el dolor ajeno. Es decir, que no tenía donde caerme muerto y dormía en la intemperie...este año, por el contrario, ya se me ha prohibido caerme (hay un impuesto de Spectra/Octopus -que son los que gobiernan Madrid- que grava a los laxos ciudadanos que deciden irse de morros contra el asfalto) y el banco me ha embargado la intemperie que tantos años me ha costado comprar por adeudarles los tres últimos plazos y dos cuotas de un crédito personal que pedí para comprarme un Ab-flex (¡Que sorpresa al descubrir que no era una máquina para matar zarigüeyas si no un estúpido aparato para hacer abdominales!). O sea, a día de hoy bien, gracias. Les he pedido a los de Hacienda pagarles en carne pero me han soltado que "Al rey la hacienda se le ha de dar pero que la honra, la honra sólo es de Dios...", bueno, les he pedido que ya me que iban a sacar la pasta al menos no se pusieran en plan "El alcalde de Zalamea" y he colgado.


Me gustaría fumar mucho para quitarme los nervios de saber de donde voy a sacar los casi diez eurazos que me reclama la administración que, tonto de mi, quería gastar en cosas inutiles como comer o invertir en Madoff (una inversión segura, un tipo con un apellido de creador de champús no puede ser malo) pero el tabaco ha subido mucho...como siempre le he puesto al buen tiempo mala cara y he contratado al tonto del barrio para que me recoja las colillas del suelo con un bote que le he proporcionado y por el cuál le cobro un alquiler al no estar dado el muchacho de alta en autónomos. Lo comido por lo aspirado, mi cáncer va a tener los restos del ADN del vecindario...las perspectiva no puede ser más brillante.

Sin dinero, sin trabajo y sin tabaco creo que la solución más realista habría sido intentar participar en el programa ese de las tribus y las familias...ciertamente esa gente parece vivir con poco, de hecho los cachondos de los Mentawais (tengo la sospecha de que eran caníbales hasta 1987) fuman unos porros rectangulares de lo más chocantes y los Bosquimanos van con unos tangas que, pese a que me masco no me harán mucha figura, al menos me permitirán recibir el cálido viento de la sabana en toda la entrepierna. De hecho, y ahora que hay más gurús y entendidos en redes sociales que usuarios, había pensando en largarme hasta esas zonas del mundo tan alejadas para predicar con los beneficios de la web 2.0 y de las ventajas de disfrutar de una conexión wi-fi para abrir mercado y convertirme en entrepeneur abriendo una agencia para asesorar a todas esas buenas personas. Por desgracia tampoco he caído en la cuenta de que no puedo pagarme la manutención de una familia y que, de haberla tenido, me hubiera abandonado fulminántemente en cualquier gasolinera o chaflán por mi absoluta carencia de líquido, sólido y, claro está, metálico (en el jardín botánico).


Y ya ven, como decía "El Niño Gusano", miro el péndulo y me pongo feliz, feliz porque pago mis impuestos y soy un honrado ciudadano que ve brotes verdes a casa paso, se aguanta las arcadas cuando escucha según que cosas y domina sus pulsiones violentes cuando ve otras tantas; se extasia delante del televisor viendo la Copa Confederaciones (una especie de exótico torneo de verano con más cartón que una película de serie B y que para sí quisiera la calidad, el juego y el arte del Trofeo Ramón de Carranza), se disgusta si David Villa no ficha al final por el Real Madrid y tenemos que ver como uno de nuestros últimos intelectuales toma el camino del exilio hacia Inglaterra o Italia o se solidariza con esas 60.000 almas que tomaron las calles de Sevilla para protestar por la bajada del Real Betis Balompié a Segunda División (yo tengo más razones que nadie que mi primo Damiá juega en dicho club...y no hay derecho, primo, que no tengas asegurada la titularidad y luego pasa lo que pasa...).

Y no me importa ni el tabaco, ni la comida, ni los cochinos 9,62 euros que ya le levantaré a algun niño a punta de pistola a la puerta de una piscina, ni el exilio de Villa y la fuga de cerebros y medio centros o que me masque que la cosa sólo puede empeorar. Si pudiera quitarme esta sensación de estorbar en todas partes ya tendría suficiente...lo juro.

Y ahora disculpen porque acabo de recibir un burofax donde el tontico que me recoge las colillas me expresa su intención de llevarme a los tribunales...y es que vivimos unos tiempos infaustos aunque siempre nos quedará Serrat del que me acuerdo mucho últimamente.

miércoles, 3 de junio de 2009

Algunas preguntas que me hago últimamente...

-¿Por qué Francisco Camps es el "más honorable de los valencianos y el más honorable de los españoles" segú Mayor Oreja? ¿No habría querido decir "El más horneable" refiriéndose al color chochinillo al horno que le ha dado a su piel?
-¿Por qué el gurusismo 2.0 (los que ustedes saben) se mata despreciando a los medios de comunicación en papel, a la tele y a la radio pero luego cuelga en youtube una entrevista que le han hecho en un programa de Intereconomía emitido a las 3.00 de la mañana y la enlaza en su blog para que todo el mundo sepa que "importa" y que "tiene algo que decir tan interesante qiue lo entrevistan"? ¿Existe un pasivo-agresivismo 2.0 hacia los "medios tradicionales"?
-¿Cuál será la canción del verano? ¿Lo que ha hecho la mujer de Fernando Alonso? ¿Por qué no vuelve King Africa?



¿Por qué un forradísimo y fantasmísimo empresario 2.0 intentaba animar a las huestes de sus trabajadores con informes de empresa donde multiplicaba las ventas y los logros de las mismas cuando era evidente que todo se iba a pique? ¿Por qué se me ha olvidado su nombre?
-¿Donde van los 51 guardaespaldas de José María Aznar? ¿En un autobús?
-¿Donde estaba Uribarri cuando los franceses silbaban a Nadal en Roland Garros?
-¿Soy yo el único que piensa que Robinho acabará haciendo películas porno?
- ¿Por qué no soy capaz de acabarme "Nocilla Dream" y mientras tanto me he leído "Diario de un atracador de bancos", "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" y he comenzado "El Chino"?
-¿Por qué Hermann Tertsch dice cosas como estas sin atisbo de que se le caiga la cara de vergüenza?


-¿Por qué Leire Pajín da los discursos como si estuviera a punto de decir "un meteorito se acerca a la Tierra...que Dios nos asista"?

-¿Por qué la Asociación de Internautas denuncia a González Sinde por "conflicto de intereses"?
-¿Se siente alguien representado por la Asociación de Internautas? ¿Hay que tener ADSL para apuntarse?
-¿Qué diferencia hay entre publicar un libro que se titula "Tytadin" y que pone en solfa toda la investigación del 11-M que publicar un libro sobre los milagros de El Escorial?
-¿Por qué es más Papa el Papa de Roma que el Papa Pedro II nombrado por la Iglesia Palmariana y fundada sobre las apariciones marianas de El Palmar de Troya (Sevilla) cuando no podemos comprobar fehacientemente con quien habla Dios de los dos?

jueves, 16 de abril de 2009

Santitos no quiero...



Leido en la Tuituza...


"- O la del cura del pueblo de un colega en el sermón mañanero del domingo: "Hermanos, debemos amarnos los unos a los otros como Cristo nos enseñó. Recordad que todos los hombres son iguales ante Dios, que me he enterado que algunos feligreses tratan a los negros como si fueran gitanos"."


¿Somos así en España? ¿Mito? ¿Bulo? ¿Realidad? Me inclino por lo tercero. Recuerdo mucho a una tiernísima amiga de mi abuela que utilizaba la palabra "mongolito" para referirse a niños con Síndrome de Down como si aquella palabra fuera la máxima expresión de bondad, ternura y corrección política inventada. Esta señora se sentó una vez con mi abuela y comenzó a prodigarse en este monólogo:

-"Ay, que ver, la hija de la no se cuantas ha tenido un mongolito...¡Qué cruz! ¡Con lo buena que es! ¿Te sale un hijo mongolito y qué haces? Toda la vida ahí, cuidándolo, sabiendo que no va a volver en sí, el pobre niño. Aunque bueno, la verdad es que los mongolitos son mucho más cariñosos que los niños normales, no se van a ir nunca de tu lado y se mueren antes, los pobres, que una no sabe si eso es una condena o una bendición...".



¿Se puede ser más cabrón pretendiendo ser bueno? Pues se puede, se puede. Una amiga llegó un día a su casa y encontró a su abuela completamente aterrorizada frente a la televisión. Pensando que se había declarado una Guerra Termonuclear puso sus ojos en la pantalla para descubrir que se estaba emitiendo "El Príncipe de Bel Air". La mujer no perdía ripio de Will Smith y de Alfonso Ribeiro (uno me imagino que haciéndose el chuleta y el otro bailoteando) cuando ¡Ops! aparece en pantalla el Tío Philip y la mujer grita:


-"¡Mira, lo que hay que ver! ¡Un negrito con traje! ¡Negritos con traje! ¡Ya es que son como las personas normales! ¡Fíjate!".


Mucho más bestia a resultado la mala traducción popular que se hizo de uno de los pasajes más recordados del primer código de conducta establecido por el Duque de Ahumada para la Guardia Civil y que decía: "Se perseguirá a gitanos, murcios y gente de mal vivir". Entendiendo "murcio" como "aquella persona que se dedica al robo o al timo". Dani Wagman lo incluye, creo que erróneamente, en su columna de 20 minutos.es. Los murcianos se cabrean, con razón, cada vez que alguien les hace el chistecito. Los gitanos también, claro, pero más que nada por la literalidad de la frase.


El problema, claro está, reside en no poder esconder con nuestro discurso lo que realmente opinamos. Imposible. Además cada vez somos más incapaces. Miren si no lo que dijo Berlusconi a los afectados por el terremoto en Italia:


-"Tómenselo como un fin de semana de camping".

Il Cavaliere está, por un lado, intentando quitarle hierro al asunto y, por otro lado, dejando bastante claro que a él le chupa un huevo lo que pase en su país. Silvio es de esa raza de políticos a los que no les gusta que las cosas públicas interfieran en sus negocios y, la verdad, no le falta razón porque estoy seguro que es de los que piensa que si él no ha provocado el terremoto tampoco tiene que hacer nada por auxiliar a las víctimas. Algo demasiado corriente, últimamente, en la nueva clase política que sufrimos.


Manuel Cabada, un ínclito profesor de la Autónoma, hablaba del lenguaje como de un instrumento de comunicación pero también de conocimiento acuñando una frase estupenda:


-"Así hablan o escriben, así son. No se dejen engañar".


Ponía un ejemplo clave: Tarzán. Y decía lo siguiente:


-"¿Cómo va a ser posible que un tío blanco vaya a explicarle a los de las tribus africanas autóctonas como es la Selva? ¿No queda bastante claro en esta obra de aventuras la idea que en la época se tenía de los negros? ¿No son los blancos representados por un tío cachas de melena al viento que domina a los monos y a los cocodrilos mientras que los negros son unos enclenques que se asustan en cuanto ven una calavera pinchada en un palo?".


Con esto del internet y las nuevas tecnologías pasa un poco igual. Un par de lectores de este blog pagaron religiosamente un dinerete por asistir a dos akelarres guruísticos sobre la 2.0 donde se dieron cita los más granados intelectuales del negocio .com, todos ellos revestidos del prestigio y de la coba que, en estos últimos tiempos, se dan los unos a los otros para hacerse conocidos (es una bola de "tu me la cascas a mi y yo te la casco a ti otro ratito" que en términos empresariales suele llamarse "sinergia") y después de escuchar muchos términos como "killer app", "start up", "spin off", "pujanzas", "markets" y otras lindezas sacaron esta conclusión:

-"Joder, estos tíos/as saben menos que nosotros".

Habían ido allí confiados de que sacarían algo en claro sobre una cuestión muy sencilla: ¿Puedo usar la red como maquinaria de distribución de mi trabajo audiovisual y que sea rentable? Encontraron la "rajada", que no la "callada" que hubiera sido lo prudente, como respuesta y tras mucho discurso se volvieron de vacío.

Al final el lenguaje es la forma más rica de delación personal, lo que pone en solfa nuestros defectos, lo que nos desnuda ante los demás pese a que, normalmente, pretendemos que nos ponga guapos frente a los otros. Como decía una profesora mía del Instituto cada vez que un alumno/a se intentaba justificar con un puñado de buenas palabritas.

-"Uy, no...santitos no quiero...dime la verdad y no me enredes que no tengo tiempo".

viernes, 3 de abril de 2009

Seres humanos entrañables




Al final no pude ir al concierto de AC/DC. La persona que me había prometido la entrada no cumplió y me quedé en la calle. No me importó porque anoche tenía otros planes: salir con el equipo con el que he hecho la primera media temporada de VU87. Ya está finalizada, empaquetada y sonorizada y el lunes asistiré a un pase para verla de un tirón. Estoy contento porque se respiraba que la gente que la había visto estaba contenta. Veremos.


El caso es que antes de asistir a la cena me pasé por la fachada del Edificio España. Es uno de los edificios históricos de Madrid, fue construído en los años 50/60 y su estupenda fachada de 100 metros de altura lo convirtió en el primer "rascacielos" de por aquí. Alex de la Iglesia vivió allí una temporada y fue el que me descubrió sus pasillos estilo Overlook Hotel, su curioso jardín japonés interior (ya abandonado hace quince años) y, desde entonces, aunque ya Alex no viviera por allí me gustaba colarme en su vestíbulo y pasearme despistadamente por su zona comercial. El silencio y los techos altos le daban cierto aspecto de catedral urbana e, incluso, dicen que por allí, y por la Torre de Madrid construída enfrente, se han paseado los fantasmas de Ava Gardner, Tyronne Power, Luis Buñuel...paparruchas que, sin embargo, no le quitaban nada de su encanto viejuno. Ahora, cosas del pelotazo, está completamente destruído por dentro y tiene puesta una malla de obra por encima. Me da pena que estén tardando tanto en reformarlo. No se, tengo buenos recuerdos de aquél sitio: Alex, el jardín japonés, la oficina de Varig donde comprabas los billetes para ir a Brasil, el restaurante italiano "Bocalino" que tenía un horno tradicional y preparaba unos estupendos "calzone" o la tienda de fotografía donde rodamos una de las secuencias de "Cero en conciencia" un corto de Jonás Trueba en el que trabajé como ayudante...


Sin dejarme llevar demasiado por la nostalgia me fui a la cena y me encontré, a los postres, con la visita de mi amigo Jacobo Vázquez-Dodero. Jacobo es un ser entrañable que, además, es un gran operador y un enorme director de fotografía. Lo conozco desde hace 10 años. Estuvimos hablando de esto y de aquello y terminamos en "El Refugio", un rock bar pegado al Centro Cultural Conde Duque donde escuchamos a Fish, ELO, Motorhëad, Rush, Credence y,como no, AC/DC porque se fueron concentrando algunos de los afortunados que ayer pudieron verlos en directo. Qué envidia. Jacobo pegó la hebra con una muchacha que estaba un poco pedo y le dijo: "¿Joder, es que en este bar cada vez que ponen una canción os la sabéis todos y tenéis que poner cuernos?". Luego declaró, a micrófono abierto, que ella se había criado con "Rick Astley y Madonna", también que estaba orgullosa de sus "orígenes musicales". Pobre. La noche transcurrió rápido. Luego vuelta a Cibeles, a por el ansiado bus, subiendo toda la Gran Vía que sin las luces de los teatros y de los cines se ha quedado apagada y sin gracia. Como de postguerra. Eran menos de las 4.00 y estaba petada de gente. Gente joven arremolinada alrededor de los chinos que venden comida de saldo, tabaco a cuatro euros y latas de cerveza. Gente que sube y baja mezclándose con las lumis tristes habituales de las calles aledañas (absurdamente no se les permite ponerse en Montera pero sí en una calle que vertebra el centro de Madrid), los yonquis, los borrachos flipados, los locos que hablan solos...La verdad es que si no vas pedo puede ser que el ambiente pueda contigo. Se crea un rollo de "hermandad etílica". Un chaval gallego se me acercó con una lata de birra en la mano y me dijo: "¡Aquí hay más de uno que necesita una mili!". Tenía pinta de no haber visto un cuartel de cerca en su vida. Corre, corre, corre. En Cibeles, que sí está iluminada, me esperaba la marabunta de la gente que vuelve a casa, mirando el reloj, con los ojos rojos de acabarse de levantar o de quererse ir a dormir.

Allí me encontré con cuatro chicos de Jaén que habían estado en el concierto de AC/DC y que me contaron que habían estado increíbles. Simplemente increíbles. Me apunté mentalmente la manera más dolorosa de matar a Edu por no haber cumplido con el rollo de la entrada...pero seguimos charlando de todo, sobre todo de música, el sonido cuadrafónico de Jethro Tull y el Thick as a brick (pilladlo por cinco o seis euros) y no se, cosas. Lo mejor, y por lo que les estaré eternamente agradecidos, fue que me pusieron en la pista de esta foto de aquí abajo:

¿Qué hacen los Manowar con un señor que anuncia la marca de jamones Navidul? Pues al parecer la mamá de ellos es una megafan de Bertín Osborne y coincidieron todos en un hotel de Los Angeles. Muy heavy nunca mejor dicho. Manowar cantan canciones como esta:







Bertín ejecuta (en el sentido más amplio) cosas como esta:






La fama como las paradas de los autobuses se prestan a estos encuentros. Por cierto que, desde aquí, voy a cagarme en las muelas del transporte público de Madrid y sus responsables y dedicarles una hermosa y gigantesca pedorreta. Es acojonante que una ciudad como esta, que tiene una vida nocturna como esta se permita tener un sistema de autobuses que siga estancado en los años 50. O ponen más autobuses (es alucinante como se puede tener un autobús para recoger a 300 o 400 almas por línea que tienen que batirse en duelo por una plaza) o ponen café gratuíto y mantas en las paradas para pasar el ratito. Por cierto, ayer constaté que estoy viejo cantidad de viejo y como al Edificio España sólo me falta que me pongan hoy una tela de obra por encima de la cabeza. ¡Qué deterioro!