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jueves, 27 de noviembre de 2008

Gente muy tonta: Jose Cabrera (VII)


No hay más que echarle un vistazo a la web de este ciudadano que se encabeza como "web oficial del eminente Psiquiatra..." para saber que estamos frente a una persona que, efectivamente, necesita de terapia urgente. Muy pocos son los que, frente a los demás, utilizan el adjetivo de "eminente" para referirse así mismos a no ser que, por narices, estén aquejados de una egolatría rayana en la enfermedad mental. El "eminente" José Cabrera es de esos personajes que se han hecho famosos tachando a todos los demás de "idiotas" o "desequilibrados" pero él, ay siempre él, lo hace desde la presunta cota elevada que le da su gran cantidad de títulos universitarios. Muchos, con muchos menos papeles inundando sus paredes, se han hecho una carrera decente e, incluso, eminente, sin necesidad de esgrimir tanta condecoración, tanto homenaje y tanta distinción al mérito.
El Doctor Cabrera, El eminente, comenzó su fulgurante carrera en los medios allá por los años 90 cuando dos descerebrados anormales asesinaron a un trabajador de la limpieza en una parada de autobús del barrio obrero de Manoteras. Su justificación fue que estaban jugando a un juego de rol inventado por ellos mismos llamado "Razas", una suerte de biblia para analfabetos que mezclaba nazismo, cyberpunk y películas gore.

Aquello fue ya casi en verano, una buena fecha para hacerse famoso ya que no había muchas cosas en televisión y se vivía la primera ola de telebasura en España con programas como "Misterios sin resolver" (Telecinco) o el tétrico "De tú a tú" (Antena 3) presentado por Nieves Herrero, "Sucedió en Madrid" o, como no, Esta Noche cruzamos el Mississippi (Telecinco).

Aquella telebasura era menos rosa pero más víscera y los crímenes como el de Alcasser -un año antes-, Puerto Hurraco, los crímenes de Almansa o cualquier suceso luctuoso y violento donde alguien le hubiera clavado una azada a alguien en la espalda eran expuestos con todo lujo de detalles. Parafraseando a DCD "España ya no es roja/España no es azul/España ahora y siempre es negra como el betún". Si ahora la televisión nos devuelve el pálido reflejo de ricos de medio pelo, ladrones de guante marrón, amoríos de todo pelo y demás, por aquellos tiempos la televisión parecía empeñada en recordarnos que Pascual Duarte era el hombre de moda y que la gente de pueblo no era de fiar. Sobre este particular cierro la boca y dejo que sea el gran Raúl Minchinela y sus Reflexiones de repronto el que diseccione con su verbo fácil y fluído este particular.









Pues bien, alertados por el olor a sangre muchos quisieron ganarse el pan explicando desde una perspectiva "científica" y "académica" los males que aquejaban a semejantes criminales (sin diferencia de si eran de campo o de ciudad, si eran analfabetos, universitarios etc.) y así darle fueste a lo que, en realidad, no era otra cosa que un buen puñado de historias de la España Negra.

Así se nos aparecieron todo tipo de sospechosos criminólogos (recuerdo todavía con pánico a ese señor con careto de ser socio de Levay que acompañaba al padre de una de las niñas de Alcasser y que se paseaba con soltura por los escenarios de los crímenes con unos guantes blancos...sería para no intoxicar unas pruebas que ya estaban recogidas), el siempre carismático profesor Frontela o, como, no Cabrera "el eminente" que con su verbo inconfundible y tono de voz hablaba de los "perfiles" de los asesinos de los juegos de rol como si hubiera estudiado el caso "in situ". Gracias a las sentencias de semejante obtuso (el obtuso lo es aunque haya estudiado en Harvard) muchos padres hicieron piras con los juegos de rol de sus hijos, les prohibieron tan sana actividad y les obligaron a tirar sus dados de veinte caras. Los roleros, pocos dados a estos protagonismos, fuimos a manifestaciones de apoyo a la familia e intentamos limpiar el buen nombre de la actividad pero, por favor, que fue casi imposible: ya no eras solo un friki, además eras gracias a Cabrera un asesino en potencia.



Asquerosamente moralista, en todos los sentidos, Cabrera se convirtió en el tinte de la razón y comenzó una batalla personal contra los dichosos Dragones y Mazmorras con unos interesantes resultados: conferencias, entrevistas y, como no, en unos años fue el encargado de desarrollar el Plan de Drogas de la Comunidad de Madrid (uno de los peores de la historia según algunos profesionales del ramo de la medicina). Ahora le pone le pone el tinte científico al acientífico Cuarto Milenio donde se pasea diciendo cosas que hacen que quieras que un regimiento de Orcos invada el plató y se lo lleve con ellos al Infierno.

Lo más curioso de Cabrera es que es de esa gente que, cuando la escuchas hablar, te da la sensación de que se cree guapa e inteligente. Esa viscosa sensación que te produce el cuarentón bailarín de cualquier reunión que se lanza a la pista por Bisbal con una seguridad arrolladora en sí mismo, dando pasitos cortos, mirando a las señoras y moviendo los brazos haciendo el baile de los pajarito por arriba y "el pasito atroz" de cintura para abajo ¿El horror, verdad? Pues Cabrera explica sus teorías, que siempre son las mismas, con esa misma seguridad y esa misma falta de sentido del ridículo. Cargar contra las debilidades en muy fácil: si tomas drogas es que eres idiota y no tienes voluntad, si juega a rol es que no eres maduro, si pierdes tu tiempo en ver cine violento es que tienes una pulsión criminal oculta y así con todo. Lo importante es que tú eres un enfermo y él está cuerdísimo pese a que no tiene empacho en nombrarse como "eminente", en hacer el "baile del señor orgulloso" por los platós y, en el fondo diciéndonos: SOY LA HOSTIA.

Sospecho desde hace años de todos esos especialistas en todo que han conseguido una notoriedad aplastante a costa de decir cualquier cosa que alimente el pánico del personal y que señale con el dedito el tiempo de ocio ajeno: Apeles, Cabrera, Urra, García Vinuesa.


Siempre he pensado que no se saben divertir o que lo que de verdad les atraería es echarse una partidita de Mutantes en la sombra o despanzurrarse en un after hasta pasadas las doce de la mañana. Con sinceridad, nadie que salga en Cuarto Milenio y que no se dedique a descojonarse del Dúo Sacapuntas de lo oculto (¡Gracias Grom!) merece todo mi desprecio intelectual, cualquiera que sin saber lo más mínimo de nada se emplee con violencia verbal a desmontar cualquier tipo de actividad cultural o a generar el pánico amarillento sobre el rock Gótico, el heavy metal, los juegos de rol, la literatura fantástica o cualquier cosa en la que entretienen su tiempo esas legiones de muchachos con coleta y zapatillas J´Haiber (¡Gracias, M!) me resultará un buen candidato para ser lanzado al espacio en lugar de cualquier noble bestia (sea perro o mono) para perderse más allá de la Galaxia de Ganímedes. En el espacio no podremos escuchar su parloteo.

martes, 29 de abril de 2008

Las costumbres europeas


Estas son algunas de las opiniones leídas, escuchadas y vertidas en los medios de comunicación en estos últimos años y repetidas mil veces:


Europa es la cuna de la civilización...


La familia es la salvaguarda de los valores morales del individuo...


Sólo un matrimonio santificado religiosamente garantiza la felicidad de los conyuges y de su prole...


Los pueblos establecidos al norte son, tradicionalmente, más civilizados...


La práctica religiosa nos acerca a la bondad de espíritu...


La pareja formada por un hombre y una mujer es la única capacitada para criar y educar hijos...



¿Cuantas veces hemos leído y oído estas afirmaciones como verdades, como artículos de fé inalterables? ¿No se han convertido de pronto en cochinas falacias? ¿En slogans publicitarios? ¿Es siempre la familia la solución? ¿Europa la respuesta?


¿Qué hubiera pasado si los crímenes acaecidos en Austria los hubiera protagonizado, digamos, un marroquí, un ugandés, un somalí? ¿Qué apelativos hubiera recibido de la prensa? ¿Salvaje quizás? ¿Hubiéramos escuchado un rumor condescendiente del tipo "qué se podía espera de gente como esta"? ¿Hubiera aparecido la palabra "presunto" delante del nombre del criminal si este se hubiera llamado Alí, Aziz, Ndgou, Youssu o Nelson?


Y ya que estamos en estos pensamientos: Digamos que, en los últimos tiempos, han aparecido dos casos de secuestro y violación de menores en Austria bajo patrones muy parecidos. Digamos que si hay dos bien podría haber veinte o treinta en ese país y unos 120 en todo el continente. Al año. ¿Podríamos hablar de esos crímenes como de una tradición a tenor de que una minoría los practica?


Bien, digamos que en España, el Presidente de la Comunidad Valenciana se ha empeñado en hacer firmar a los inmigrantes un papel que les obligará a observar nuestras "tradiciones y costumbres". ¿A cuáles se refiere? ¿A la tradición europea, de la que somos parte, de secuestrar y asesinar niños? ¿O a la otra también minoritaria de profesar públicamente la fe católica, comulgar los domingos, ir a misa? ¿O esa otra sangrienta tradición de asesinar a nuestras esposas a plena luz del día diciendo eso de "o mía o de nadie"? ¿Se refiere quizás a la utilización, cada vez menor pero existente, de la rata de la Albufera como carne indispensable para una paella típicamente valenciana? ¿Tienen las costumbres y las tradiciones de unos pocos definir la existencia de otros?


¿Son estas tradiciones o son otras mayoritarias como hacer botellón? ¿Son en realidad nuestros usos y costumbres la seña de identidad inequívoca de nuestra nacionalidad? ¿Es entonces la barbarie, el incesto, el secuestro, el asesinato, la violación o el crimen parte de la tradición de nuestra vieja y querida Europa?


¿Debería de haber tomado hoy un poco más de prozac?