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domingo, 24 de mayo de 2009

¡Feliz Cumpleaños, Mr. Zimmerman!


Casi se pasa el día y no le felicito el cumpleaños a Bob Dylan. A ese Dylan, al tipo que se ha pasado toda la vida siendo genial, un cuarto de la misma empeñado en ser famoso y casi más de la mitad intentando asesinar a su sombra y ser simplemente un músico. Pese a las veces que se ha deformado, autodestruído, puesto sombreros absurdos, hecho declaraciones infames o, incluso, servido como entretenimiento en el Vaticano no ha conseguido que le dejemos en paz.

El Bufón que nunca quiso reinar cumple hoy 68 primaveras. Es posible que él se haya olvidado de que es un genio pero nosotros, oh pobres mortales, que no tenemos ni Dios y fantaseamos con no tener amo sólo esperamos un nuevo advenimiento de Bob y que alguna vez nos regale un disco como "Blonde on blonde" o "Highway 61 revisited"...mientras tanto nos conformamos con que sigas vivo y dando por saco.

Te queremos...ya sabemos que tú a nosotros no, no hace falta que nos lo repitas más veces ni que vuelvas a tirar un disco de Calamaro a la papelera, que el hombre te lo dió con su mejor intención.


domingo, 7 de diciembre de 2008

Lo divino y lo patatero


Los domingos de aperitivo, sobre la mesa del salón nunca falta un bol con patatas fritas de bolsa y una lata de mejillones, con su escabeche y todo, por encima. Es una de esas cosas que uno ha probado en los bares de tapas (En Madrid se le ponen a veces a las patatas de bolsa un par de boquerones en vinagre o una finústica anchoa) y que ha trasladado a la gastronomía familiar. Reconozco que es de esas cosas que está entre lo divino (y el mejillón en escabeche lo es) y lo patatero, entendiendo por ese término a todo aquello más o menos vulgar.

El ser humano se mueve entre lo divino y lo patatero continuamente: Dylan recibió una vez una carta de Johnny Cash. En ella le decía que estaba deseando tocar con él, que admiraba su forma de tocar y le agradecía que hubiera transmitido la música popular, el folk, a las generaciones venideras. La carta estaba escrita en una bolsa para vomitar de un avión en el que viajaba Cash que, en medio de un enorme pedo, sintió la imperiosa necesidad de transmitirle todo su cariño a Dylan.






Ambos coincidieron en el Festival de Newport donde compartieron escenario y comenzaron una larga amistad. Cash era un americano derechista, creyente y conservador, desquiciado por el vicio e incapaz de no mantener esa pose de estrella sobria que deslumbraba a los paletos y que soñaba con convertirse en una gran estrella de la pantalla o de la televisión. A su lado Dylan, delgado y poca cosa, izquierdoso, ejerciendo el papel de bufón para decir verdades como puños, comenzando la carrera en contra de su propio personaje, negándose a aceptar que iba a ser una leyenda. Dicen que Cash ni siquiera sabía que Dylan era judío y que, cuando lo supo, se quedó chocado porque, me imagino, no le encontró ni el rabo ni los cuernos; Dylan se sorprendió cuando se enteró de que el cantante country nunca había pisado, en realidad, la cárcel . Dylan, que sí sabía como era Cash, simplemente lo admiraba. En contra de lo que sus primeros biógrafos la obra de Cash pasó de ser patatera a rayar en lo divino mientras que Dylan que conservaba un alto porcentaje de divinismo ha ido pisando cada vez con menos empacho los terrenos de lo infinitamente patatero (y no me refiero solo a eso de haber tocado una vez para el Papa Juan Pablo II que el hombre también tenía derecho a mover el esqueleto).
En la vida, en general, también se pisan los dos terrenos. Hay que saber mantenerse en medio o, al menos, no ser demasiado cutre pese a que a veces es imposible.


Ocurre en las bodas, que te dejas llevar, comienzas ahí bien plantado con tu traje, tu mejor sonrisa y terminas en un local con barra libre con un de los faldones de la camisa metidos dentro del pantalón y otro por fuera, la corbata deshecha o puesta en la cabeza y gritando contra la autoridad del padrino o, peor, intentando que la única mujer soltera caiga en tus garras acudiendo a esa máxima de la tradición oral que dice eso de "boda llama a boda" y diciendo con voz gangosa: "¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?".

Lo divino está ahí, escondido en lo patatero, o viceversa. Por ejemplo, ves Fama (Cuatro) y te das cuenta de lo cerca que anda una cosa de la otra: los ves jóvenes y bailongos y dices ¡Guay!, los escuchas hablar y dices ¡Arf! Ves a los profesores comportándose como los profesores de la serie americana y dices ¡Horreur!. Te gastas unos cuantos miles de euros en producir un programa de cantantes y resulta que te sale Factor X y Operación Triunfo. Telecinco a convertido la divinidad de la televisión en una rueda de identificación de una comisaria. Sin embargo ves a Elvis, pasado de kilos,vestido como una especie de monstruo, sabiendo que en sus últimas actuaciones en Las Vegas tenía que llevar pañales -la incontinencia provocada por los calmantes- entonando las primeras frases de Suspicious Mind y descubres lo sublime, a un tipo que trabajaba de camionero y hubiera seguido así, seguramente hsta hoy, si no se le hubiera ocurrido grabarle a su madre una canción por su cumpleaños. No lo hizo porque pensara que sabía cantar mejor que nadie, lo hizo por que sólo tenía cuatro dólares en el bolsillo y grabarle un disco costaba justamente eso.

Diego "El Cigala" acudió al estreno de Calle 54 con sus primos, sus hijos y su mujer para ver bailar a Tomasito, amigo del alma, que salía en la película acompañando a Chano Domínguez. Entraron tarde, los críos llevaban en la mano todavía hamburguesas de un burguer cercano. Se sentaron haciendo ruido y El Cigala comentó en alto: "¡Mira el Chano! ¡Qué gordo está!" cuando vio al pianista en la pantalla. Minutos más tarde vio en pantalla a Bebo Valdés y comentó "¡Válgame!" cuando se entero de que Bebo y su hijo llevaban sin verse dos o tres décadas. Después lo escuchó tocar Lágrimas al piano, siguiendo embelesado el ritmo de la canción. Mucho más tarde, en la fiesta que se dio en el Restaurante Hispano se dirigió a Fernando Trueba y le dijo: "¿No ha venido el señor ese mayorcito? Es que me gustaría hacer un disco con él". Diego El Cigala, pese a sus enormes capacidades como cantaor, sólo había grabado un éxito hasta ese momento. Se llamaba "Endevel". Luego, luego ya es otra historia. Patatas fritas con mejillones o mejor.

sábado, 10 de mayo de 2008

El triunfo de lo bizarro...



Decía por ahí abajo que me estaba leyendo la biografía de Bob Dylan (Crónicas, volumen I, Global Rhytm Press). Una edición fantástica, por cierto, de tipografia limpia y con foto enorme de Bob en la contraportada que recuerda a las ediciones de libros americanos de los años 60.

El mito, por mucho que le moleste, ha hecho una autobiografía sui géneris que cumple a rajatabla la primera regla de Bob: "Voy a hacer y contar lo que me salga de los huevos".

Sucinta en detalles, que me imagino que el ego de Bob dará por demasiado conocidos, Dylan tampoco se extiende demasiado en su vida familiar y, claro está, tampoco revela ni un solo dato de la vida con sus padres comentando, hábilmente, que, para lo que a él respecta él único Robert Zimmerman (su verdadero nombre) que conoce fue un presidente de un club de beisbol de California que murió en un accidente de coche.

Escrito a fogonazos (¿Será que Bob tampoco puede escapar del minimal literario reinante? y "fraseado como en un eterno be bop" como dice él mismo de la obra de Kerouac y que sería perfectamente aplicable a este libro que hunde las raíces de sus influencias en la Generación Beat, Dylan deja escapar algunas perlas. La más reveladora, seguramente, es que tocaba junto a Tiny Tim y que ambos eran buenos amigos.

Completamente desconocido en nuestro país Tiny Tim era una especie de performance ambulante: desmañado, con el pelo largo y churretoso, agarrado a un ukelele e interpretando con un terrorífico falsete canciones populares americanas (desde folk pasando por piezas de minstrel, el burlesque o el cabaret...), interpretaba en realidad una caricatura de lo que sería un artista de variedades fracasado. Aquí lo tienen, una vez alcanzada la fama, unos años más tarde cantando una chiflada versión de I got you babe (Sonny&Cher) con la no menos colgada Eleanor Barooshian componente del grupo femenino The Cake. La escena está extraída del documental You are what you eat.









Sí el parecido con El Pingüino o con el propio Tim Burton es casi sorprendente. Burton es un devoto fan de la obra de Tiny.

Pero no mucho más que este artista de lo extraño, un cultivador de lo bizarro creciera al lado del Hombre con cara de palo del Rock, del rock serio, del tipo que se ha pasado toda su carrera artística huyendo de los focos, desapareciendo durante años, quejándose del papel de portavoz de su generación. Un tipo talentoso y, sin embargo, paralizado por la idea de no ser capaz de superar el éxito de sus primeros discos.

Bob, agobiado por la prensa, por los hippies y fans que acampan en los alrededores de su casa, por las nuevas amistades (no sabemos si se refiere a Ginsberg que, por aquellos años, revoloteaba alrededor de personajes contraculturales tan dispares como Hunter S. Thompson, los Ángeles del Infierno o el propio Dylan -a este también para tirárselo, al parecer- y los intentaba reclutar para la revolución cósmica) que se le apalancaban en el salón y le dejaban "la despensa vacía" decidió cambiar de estilo musical y dirigirse remando incansablemente y en solitario a contracorriente convirtiéndose en el artista misántropo más adorado del planeta.



Tiny Tim, el chiflado, feote e interpretando su papel, sin embargo adora a la gente, los hippies creen que es uno de esos loquitos inofensivos, las aterrorizadas clases medias lo tienen por un tipo extraño pero con talento y el artista es un habitual de los programas más famosos de la época donde se convierte en el perfecto ingrediente para dar la unas pequeñas gotas de contracultura que diga "estos locos jóvenes". Aquí tocando su exitazo Tiptoe trought the tulips.






Sin esconderse ni por un segundo Tiny Tim aparece con frecuencia en el show de Johnny Carson e, incluso, se casa con su novia en el plató del programa. The Beatles y otros grupos de la época no tienen empacho en reconocer que Tiny Tim es uno de ellos...

Bob Dylan más guapo, más brillante, más talentoso, vive un terrible bloqueo de compositor y se mete en empresas absurdas intentanto acabar casi deliberadamente con su imagen pública. Cabreado con un mundo que no lo ve en realidad como un músico, Dylan se enfurruña y ni siquiera aparece por Woodstock o Wight demasiado aterrorizado por la situación en el país, por lo que pensarán de él o por si descubriran que frecuenta la compañía de Johnny Cash y otros músicos de Country, conservadores furibundos por decirlo suavemente, que le inspiran el desabrido Nashville Skyline que supone un fracaso musical. El primero.


Un año más tarde , en 1970, Tiny Tim actúa delante de 600.000 espectadores que corean su nombre mientras les regala una impagable versión, cantada con un megafono, de la canción "There´ll always be an England". Ese año un confuso, hastiado y desquiciado Dylan se pega un tiro, musicalmente hablando, con el disco Self Portrait, una especie de huída de sí mismo. La enésima, tardará años en recuperar la senda de las buenas canciones y jamás le perdonará a su público (paradójicamente) que lo haya seguido incluso cuando era muy difícil creerle.


Me gusta imaginarme a Tiny bailoteando sobre el escenario de Wight como el bufón de la corte, algo a lo que siempre aspiró el serio Bob, recordando los tiempos en los que su amigo ya se comportaba como si fuera el mismo rey. No lo decimos nosotros, lo dice él mismo: "Venía de muy lejos y de muy abajo, y ahora el destino estaba por revelarse. Tenía la sensación de que me miraba a la cara, sólo a mi".


Por suerte, a su lado, un tipo con el pelo churretoso y voz ascopénica tocaba un ridículo ukelele y consiguió captar por unos segundos la atención de ese destino influyendo definitivamente en una cultura huérfana y bizarra que se extiende al feismo punk, al cine de Burton o a los chiflados dibujos animados de bob Esponja o Ren&Stimpy. No ha sido mala tampoco una mala herencia...