Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de diciembre de 2010

Desconexiones y payasos


Estoy intentando digerir la enorme comida familiar sentado en el sofá de mis tíos cuando mi sobrino, Ieltxu, comienza a gritar "¡Pirritx, Pirritx!". El crío me hace gracia. La verdad es que es un descojono. Una especie de Shin-Chan mofletudo que, cuando algo le gusta, levanta el pulgar derecho en plan "Ok" o como si estuviera haciendo auto-stop pero, además de ese gesto, y que parece disfrutar cuando lo levanto por encima de los hombros, no me entero de lo que dice porque se expresa en una especie de jerga, un esperanto chiflado en el que se entremezclan el euskera, el español y el vocabulario típico de un mico de unos dos años. 

Es una especie de pequeño Andy Kauffman que forma pareja junto a su hermano, Oier, que es más mayor y como más comedido pero que, también (y eso es algo completamente familiar), tiende al surrealismo básico como forma de expresión y fastidio. Con este si me entero mejor porque tiene como cuatro años y se expresa en español y euskera de forma bastante clara...bueno, cuando habla en euskera no me entero de nada pero, más o menos, y por el contexto puedo atisbar lo que dice. 

Ieltxu, el de los enormes mofletes, el Shin Chan de Alsasua sigue gritando "¡Pirritx, Pirritx!" con una intensidad digna de uno de esos brokers de las películas de los 80, pienso que tendría una buena carrera en Wall Street diciendo "¡Compra, Vende!"...es como  Gordon Gecko con unos pañales. Yo quiero explicarle algo así como "querido sobrino, estoy un poquito mal, perjudicadito por el patxaran casero y el cordero asado...quizás en orden inverso". Pero sigue con su rollo hasta que su padre, Fer, comienza a dibujarle la cara de alguien en un papel. Es un payaso. Noto que "Mofletes" se calma un poco siguiendo con los ojos muy abiertos como su padre traza la demoniaca imagen...

-¿Por qué le dibujas esas mierdas al crío? ¿No te recuerda a alguien? 
-No. dice mientras no para de dibujar la imagen. 
-¿Te acuerdas del payaso triste que vendía flores por Malasaña? Solo le falta el puto bigote. 
-¡Hostia, es verdad! ¡El yonqui vestido de payaso! 

Señor vestido de payaso yonqui que se paseaba por Malasaña con bigotón. Mal rollo. Mal rollo en vena. Más que nada porque ofrecía una clara desconexión entre su careto pintado de polichinela urbano y su discurso. Se te acercaba sin hacer ninguna gracia y te decía "¿Quieres una flor para tu novia?", con una voz ronca y un gesto adusto acojonante. Ni siquiera podía contestar con el típico "¿Tengo cara de tener novia?". 
Nadie en su maldito sano juicio le diría a un payaso tan serio una gracia de ese tipo. Diré en su descargo que no hacía falta hablar para que se fuera a vender su mercancía a otro grupo. Ni siquiera intentaba hacer una monería de payaso como un poco de mímica o un trastabilleo simpático, ni siquiera hablaba con la típica voz de "Payacho" ("Hola cheñora y cheñore, hola amiguito, que te traigo está fló para que chean uttede muy feliche..."). Nada, esa cara pintada, agrietada por el sudor del paseo, y esa voz chunga como de señor  discurseando sobre un ERE. 

El resultado del dibujo, sin embargo, no calma al pequeño Ieltxu al que se une, por solidaridad, el grito de su hermano que dice "¡Pirritx y Porrotx!" con entusiasmo. ¿Qué cojones demandan estas dos criaturas? ¿Acaso otro payaso más temible que el anterior? ¿Un payasito con garras? ¿Un bicho tipo IT? ¿Acaso aquellos extraterrestres vestidos de payasos de aquella película que estuvo cogiendo polvo durante años en las estanterías del video-club sin que nadie se atreviera a alquilarla? ¿O aquella otra titulada "El Payaso asesino"?

-"¿Qué coño quieren?". Pregunto mientras un intenso dolor de cabeza en forma de martillo neumático se apropia de mi. 

-"Nada, que les ponga un DVD". Dice su padre. 

-¿Pirritx significa DVD?. Digo absorto. 

¿Se acuerdan de los experimentos de Skinner y la rata? ¿Pavlov, el perro y la campana? Pues asisto a una especie de espectáculo conduccionista parecido: Mientras Fer se levanta y selecciona un DVD de entre una pila de ellos (entre los que está Toy Story 3, que es el que me hubiera gustado ver) las fieras vociferantes y revoltosas vuelven al modo "niño normal" y, cuando el DVD comienza a escupir imágenes han pasado a "huerfanitos adorables que nunca han roto un plato propios del reparto de una película de Frank Capra". Los chiquillos se sientan y puedo comprobar que la cosa va de payasos. Bajón. 

Los payasos "Pirritx y Porrotx" para más señas que vienen acompañados de una tal "Marimotot" formando un a tripleta a la que sólo le faltan "El Hambre", "La Peste", "La Guerra" y "La Muerte" para ser un equipo infernal. 

La cosa, me explica mi primo, va de unos payasos que viven en una isla en plan comuna y que, tonticos ellos, no saben que bajo la misma hay petróleo que unos malvados extranjeros les quieren levantar. Joder, me parece un poco denso para los chiquillos pero, yo que se, me he criado viendo como Milikito le pegaba tartazos al Señor Chinarro y de los niños de ahora no entiendo. 

De todas maneras vuelvo a sentir la desconexión total del payaso yonqui, esta vez en un entorno casero, y por partida doble: aborrezco el "Mundo Payaso" y, encima, estos se explican en una lengua que no controlo para nada con lo que, de pronto, me veo disparado hacia otro absurdo nivel de conciencia. Es como asistir a un espectáculo deconstruido donde, careciendo de un mensaje que pueda descifrar, puedo ver las payasadas en todo su terrible y chungo propósito: bajoneces de tres al cuarto inventadas por los adultos, una nada de violencia, una grotesca muestra de lo que se puede hacer con los músculos de la cara, gestos exagerados e inhumanos. Comienzo a sudar y me agarro al patxarán casero, delicia servida en copa grande con hielo, una especie de prozac con regusto a regaliz. 

Un profesor nos contó que se habían hecho una vez unos experimentos con gente afásica a la que se ponía frente a un televisor donde veían un discurso de Reagan: unos afásicos sólo podían entender los gestos lo que les provocaba la risa y otros, no podían entender más que el concepto lineal del discurso sin despistarse en otras boberías como el tono, el ritmo o la ejecución lo que les provocaba pánico, como si estuvieran viendo a un autómata contarles una serie de virguerías sobre un futuro incierto de subidas de impuestos encubiertas y escaladas de violencia con el sector Este de Europa. Me siento así, atrapado en medio de un espectáculo muy chungo. No puedo discernir el discurso y solo puedo centrarme en lo puramente mímico, en lo escénico, en el truco. Guau. 

"Pirritx, Porrotx eta Marimotot" siguen con las piruetas chungas frente a los malvados extranjeros que tienen pinta de Mad Doctors de baratillo y se expresan en un perfecto euskera, exhibiendo su malicia torpe frente a una audiencia infantil disfrazada de piratas porque la cosa va de ser piratas...que gritan y se desesperan mientras que se suceden una serie de números musicales sazonados con coreografías endiabladas de cachete, pechito, ombligo y bailoteo circular...mi cabeza hace clinc, clinc, clinc...colores de payasos a punto de ser introducidos dentro de la lavadora y gritos de los sobrinos empeñados en participar del akelarre de los saltimbanquis que se esmeran en trasladar felicidad y alegría con ritmos pregrabados. El mofletes me golpea con algo que es como una maza que, al chocar contra mi cabeza, emite el rugido de un león. Ríe con la boca llena de pequeños dientes y con la mano libre hace el jocoso "OK" que, en ese momento, quiere decir algo así como "te estoy jodiendo bien...mira que cara estás poniendo...". Me sigue golpeando pero me da igual, no es que el crío sea Conan y, la verdad, no puedo apartar la mirada de la caja tonta donde se emite el terror. 

Mi cuñao, presente en la escena, se tapa con un cojín media cara y emite un "ay, ay, ay" que parece el de alguien a quien un cirujano manco le acaba de hacer una lobotomía.  Tampoco le mola esta rápida introducción al "Mondo Clown". Mi hermana, a su lado, pone cara de "sois todos gilipollas", es una de esas personas que fuera secuestrada en un banco pondría esa misma cara. Impasible, qué jodía, no dice nada y lee el dominical centrándose en un artículo que tampoco parece que la satisfaga. 

Al poco rato, la música estalla por enésima vez, con sus dings y sus dongs y en un final catártico los sobrinos estallan en una suerte de baile acompasado por los tres payasitos y una especie de travestido de enormes pechos falsos embutido en una especie de disfraz de matrona de la Revolución Francesa. Joder, la cosa puede ir a peor. Los payasos siempre pueden ir a peor. Ieltxu y Oier están descontrolados, parecen los Who al finalizar un concierto y colchoquean como dos entrañables minidrugos. Mi cabeza canta "yosoyflickyosoyflack" como si estuviera puesto de pegamín o de cloretilo y siento que me va a estallar como al tío de Scanners. ¿Qué coño acabo de ver? Malditos payasos. Los niños se calman durante los títulos de crédito, de hecho se relajan tanto que, al poco tiempo, el pequeño de los mofletes (colorados como el quemador de una catalítica por el esfuerzo anaeróbico de seguir a los trepidantes pagliaci) dice algo mucho más reconocible: "Caca". Entonces me río de verdad, con ganas, porque ese si es humor del bueno. De pedos y eso. Nada de adultos pintarrajeados soltando cosas en lenguas. Un clásico eso de  la caca. 

Me río más cuando a su padre, que era un tiquismiquis insoportable antes de procrear, le toca retirar el pañal enmarronado y limpiarle la trasera al chiquillo que, francamente, se descojona y patalea de felicidad al sentir restituída su higiene. 

-"Eso te pasa por ponerle mierdas de payasos a los críos". Le digo. "Que se les licua el alma". 
-"Ya tendrás tu los tuyos y comprobarás que su mierda no te huele". 

En plan venganza, como si hubiera detectado la conversación Oier, muy diligente, se dirige de nuevo al montón de discos y elige, como sin pensar, una nueva aventura del trío de payasos. Detecta mi miedo pero introduce el DVD y aprieta al play. Salgo a fumar. Los niños han tomado el salón de nuevo, escucho las quejas de los adultos diciendo "¡Hostia, ya vale!". Pero como si nada la sintonía de los euskoclowns vuelve a inundar la estancia con sus cánticos. Bienvenidos a la República Independiente de los niños y los alegres escalones de seguridad de la cohorte de Payachos. Salgo a tomar el aire y a fumar un cigarrillo. Me siento expatriado. 

Nota del Insustancial:  Extremoduro cantando "So Payaso"...creo que no hay nada que explicar...

jueves, 7 de octubre de 2010

La televisión es Palmariana



Les cuento una historia barroco-progre:

Allá por principios de los 70 mi padre daba clase por la provincia de Cádiz. Sobre las razones por las cuales mi padre, extremeño, se vio obligado a estudiar la carrera en la escuela normal de Pontevedra y a luego impartir clases en la otra punta de España es algo que se nos escapa a casi todos sus parientes cercanos pero, ahí está, el afán viajero del Padre Manson.

El caso es que mi padre se lo estaba pasando guay: en Cádiz descubrió el flamenco, el poker, se hizo colega de los Hermanos Rivera (los toreros) y parece ser que se estaba dando a la vida disipada que tanto en el norte como en su procedencia de interior le resultaba tan lejana. De hecho, de todas estas historias de juergas, francachelas y cachondeos no hemos tenido noticias en la familia hasta hace relativamente poco tiempo y siempre por testimonios indirectos de personas que lo conocieron cuando se estaba dando a la masacre festiva. Después ha sido un tipo bastante más muermo con momentos de esplendor como ya les contaré en otra ocasión.

Pues ahí tienen ustedes a mi padre, tan juerguista y tan progre, impartiendo clases en un colegio de Barbate (Cádiz) –Barbate es como nuestro Graceland porque “siempre hay algo que nos llama a ir a Barbate”- y un buen día uno de los compañeros de curro comienza a dar la barrila con el tema de las apariciones marianas de El Palmar de Troya.

Según cuenta mi señor padre en aquellos tiempos el asunto religioso y esotérico se puso de moda además de que comenzaba a notarse ese rollo de atracción inevitable hacia el rollito OVNI…es curioso pero, si lo piensan bien, ese tipo de historias suelen generarse con mucha fuerza en países que están a punto de abandonar un sistema dictatorial o que acaban de dejarlo. Sólo hay que pensar en la cantidad de noticias de carácter “Ikerjimenezco” que nos proporcionó la extinta Unión Soviética y de la rápida caída de los camaradas en las chuminadas del otro mundo amén del sincero estallido de devoción religiosa que les atenazó y que ahora no saben como quitarse de encima.

El caso es que mi padre, tan moderno y tan necesitado de experiencias (y me imagino que tan continuamente resacoso), se vio envuelto en un road trip de proporciones bíblicas: una excursión a la muy noble y muy leal villa de El Palmar de Troya para asistir a esas apariciones que la prensa decía eran una especie de experiencia sorbenatural donde los videntes, aquellos a los que la Virgen Santísima se les colaba dentro del cuerpo, hacían que bailara el Sol (algo que sigue asegurando Pitita Ridruejo sobre las apariciones marianas de El Escorial), tomaban la comunión directamente de las manos de Dios, hacían caminar a los paralíticos, recuperar el sentido a los locos…o sea, la hostia.

Para ya se fueron unos cuantos maestros. Mi padre lo cuenta más o menos así: “Aquello era deprimente, puff, un secarral con una mierda de olivo seco en medio. Una mierda vamos, se te quitaban las ganas…yo quería irme a ver al Cádiz que me había hecho socio y cuanto más rato estaba allí más ganas tenía de irme. Una mierda tú, un asco. Además no hacía más que llegar gente en autobuses, todos rezando y no hacían más que llegar ambulancias con gente con goteros en la nariz (sic) y personas en muy mal estado. Me acuerdo que había hasta un chaval con síndrome de Down. Pobrecito. La gente se arremolinaba al lado de dos crías y de aquel tío, el Clemente que estaba un poco más allá al lado de ese otro, de su novio, de Manolo ¿Te acuerdas que vimos la película? Pues nada, los que estaban haciendo negocio eran aquellos dos y el jeta del cura del pueblo que había puesto una especie de chiringuito donde vendían cerveza y refrescos. Encima todo carísimo. De pronto estabas allí y uno de aquellos decía “mirad para el Sol que baila, que baila”. Coño, como no iba a bailar, si se te estaban desprendiendo las corneas de mirar y, encima, con toda la solanera encima te quedabas gilipollas”.

Mi padre narra el momento anterior, quizás unos años antes, a que el conocido como Misterio del Palmar de Troya se convirtiera en un escándalo de proporciones bíblicas. Por si ustedes no lo saben, las presuntas apariciones marianas de esta localidad sevillana tienen una historia que, punto por punto, es correlativa con cualquiera de las apariciones marianas que se han sucedido desde finales del siglo XIX hasta nuestros días: niños que encuentran un lugar alejado de un pueblo donde se dan de bruces con la aparición, in person, de la Virgen que les traslada unos cuantos mensajes claramente apocalípticos que tienen que ver con el aligeramiento de las costumbres, la falta de rigor para abrazar los preceptos de la Iglesia, la falta de fe y, claro está, la advertencia de los malos rollos que eso conlleva como la condenación eterna. Comenzaron en 1968 y se extendieron en el tiempo hasta 1975.

Aquellas apariciones fueron aprovechadas por Clemente Domínguez y Gómez y Manuel Alonso Corral, pareja residente en Sevilla (uno cobrador de impuestos y otro abogado, los dos timadores) que urdió el plan de convertir al primero en un místico presentándose como tal en la localidad de El Palmar. Sin duda, la mayor preparación de estos dos individuos y el hecho de que inventaran un genial truco visual les permitió ir expulsando a las primeras videntes y quedarse con todo el negocio. Clemente entraba en trance y al momento la boca se le llenaba de una espuma blanca efervescente. Al abrir la boca se podía ver una hostia consagrada en la lengua…era un alka seltzer que tomaba subrepticiamente. Pero la cosa funcionó.

De hecho les funcionó también que convirtieron aquel pequeño timo en un timo a gran escala: con el tiempo ambos fundaron la Iglesia Cristiana Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz consiguiendo los fondos de unos cuantos chiflados que consiguieron que el Arzobispo de Hanoi los nombrara obispos. Como el cuento no paraba tuvieron la ocurrencia de provocar un cisma con la Iglesia católica oficial y nombrar a Clemente, Papa. Recibió el nombre de Gregorio XVII. Desde entonces todo tipo de escándalos (curiosamente no tan diferentes de los que atesora la Iglesia de Roma) han acechado a esta simpática orden que tras la muerte del primer Papa nombró a Manuel Alonso como sucesor bajo el rimbombante nombre de Pedro II.

Si les interesa la historia además de mucho material literario les recomiendo la versión cinematográfica de los hechos titulada Manuel y Clemente. Es una gozada.

Sobre literatura sobre el tema vale la pena que intenten retrotraerse a los tiempos en que muchos himbestigadores de lo oculto le dedicaron crónicas francamente creíbles sobre la naturaleza completamente real de estas apariciones y la simpar bonhomía de estos dos personajes y de todos los videntes allí convocados. Luego, como suele ser habitual, ninguno de ellos ha querido retractarse de sus palabras.

El caso es que mi padre, francamente aprensivo, por fin consiguió hacer desistir a sus compañeros de quedarse más tiempo en aquel lugar. Los 120 kilómetros que separan Sevilla de la costa no son los mismos de la actualidad y se podían tardar sus buenas tres horitas en cubrirlos por completo.

Cuando iniciaron la marcha, comenzaron a notar que el conductor se ponía de lo más raro y que estaba todo el rato hablando del tema, de lo mucho que le había impactado, de lo cerca de Dios que se había sentido. Mi padre, que tiene una fe ciega en una estúpida teoría que tiene que ver con los presuntos efectos que el sol tiene sobre la cabeza de las ovejas (aunque ya desconfía un poco sigue pensando, al igual que su tío Juan, que las ovejas no pueden estar demasiado tiempo al sol porque se “amodorran”, es decir, se vuelven gilipollas…lo que es una explicación que ha quedado un poco atrás cuando todos conocemos ya el Síndrome de Creutfelz-Jacob o “Síndrome de las vacas locas”) es el mismo que tiene sobre los humanos achacó durante años lo que ocurrió a continuación con el calor que habían pasado y que estaban pasando todos metidos en un 850 con las ventanillas abiertas….

De pronto el conductor comenzó a aminorar la marcha y a decir “la veo, la veo, la veo…” al principio bajito y despacio y a medida que pisaba el acelerador más alto y más rápido. El caso es que el coche comenzó a salirse de la carretera y a ponerse en dirección a unos árboles que sólo la pericia del copiloto (mi padre, a esas alturas estaba ya intentando abrir a cabezazos el cristal trasero para saltar del coche en marcha) consiguió pisar el freno y que el posible choque mortal quedara en un golpecillo en el parachoques y un susto.

Mi padre cuenta aquello más o menos así: “Yo lo que tenía ganas en ese momento era de salir de allí atrás como fuera y luego de sacarlo del coche a gorrazos. Qué cabrón. El tío aquel decía que había visto a la Virgen, ¡A la Virgen! Que si XXXXX no da un volantazo claro que vemos a la Virgen, coño, y a San Pedro y a la Corte Celestial porque hubiéramos cascado. Yo tenía ganas de matarlo, de verdad. Pero eso fue culpa del calor, que le dio en la cabeza…y encima me quedé sin ver al Cádiz…que me había hecho socio del Cádiz…para ver fútbol porque yo soy del Madrid pero el Cádiz me cae muy bien…bueno, el caso es que volvimos más tranquilos, paramos en una venta a tomar algo y parece ser que se calmó un poco. Yo no quise volver a un sitio así, en la vida. Había hasta un niño con Síndrome de Down. Pobrecito. ¿A quien se le iba a ocurrir la cabronada de convencer a unos padres analfabetos de que su hijo iba a curarse por irse a un secarral? Qué gentuza, de verdad, qué gentuza. Pero lo mejor no es eso, es que el tío aquel, el de “la veo, la veo, la veo” años después dejó el magisterio y se hizo cura de El Palmar, de los de El Palmar, se metió en el seminario que tenían en Sevilla”.

Desde entonces mi padre no volvió a pisar un lugar así e, incluso, declinó varias ofertas para unirse a varios grupos de avistamiento OVNI que montaban. Es más, cuando vivíamos en Catalunya (Palafrugell, Girona) tampoco quiso unirse a ninguna de esas reuniones hipermodernas de gente que hablaba de chakras y de reyki y de piedritas mágicas y de echarle maldiciones a Franco para que cascara antes.

En lo que siempre hemos estado de acuerdo es en que el caso de Manuel y Clemente, los fundadores de El Palmar, son una prueba inequívoca de que todos somos muy capaces de comernos una mierda enorme aunque el aspecto que tenga por fuera tenga la peor pinta posible. Evidentemente El Palmar de Troya era un timo, incluso antes de que aquellos dos señores sevillanos lo capitalizaran y lo exprimieran ya era un engaño gigantesco. La diferencia es que unos sólo vieron la posibilidad de venderles coca-colas a los incautos mientras que otros supieron maximizarlo hasta poder construir una basílica, la actual, que es más grande que la de San Pedro en Roma. Una inversión alta pero que no tiene más objetivo que el de atraer a más incautos a las cercanías de El Palmar para que sigan llenando las huchas petitorias.

Cada vez que enciendo la tele me acuerdo de Clemente y de los chiflados de El Palmar. A diario, y con más insistencia si cabe en los últimos días, acudimos a un nuevo milagro, un milagro diario más grande aún que darle de comer a una hambrienta multitud con apenas una lata de sardinas y un chusco de pan.

Ese milagro tiene un nombre: Belén Esteban. Dos cadenas nacionales (Telecinco y Antena 3) alimentan sus programas de mayor audiencia gracias a la vida de una mujer completamente vulgar. Y no me refiero a su forma de hablar, a su escasa preparación académica o a lo parvo de sus actividades sociales sino a que Belén Esteban es una persona completamente normal-normalísima (una nomenclatura que usa mucho mi padre).

La fascinación que provoca la vida de la ex novia de un torero no puede nacer más que de la intensa necesidad de las estrellas mediáticas por alejarse todos los días, un centímetro más, de la realidad. Es Rosa Pereda, en El País, la que ayer mismo se unía al carro de los creyentes en este milagro con un artículo en el que describía su fascinación por el personaje con una frase que también se repite mucho “Belén Esteban tiene algo”.

Ese “algo” es la fascinación real o impostada (más bien creo que impostada o autoimpuesta) por lo que muchas personas creen un estilo de vida tremendamente lejano y, por tanto, exótico y excitante.

Curiosamente, los mismos mecanismos que han mantenido vivos los espectáculos de freaks hasta nuestros días, son los que impulsan este milagro mediático. Fíjense si no en la adopción de Joseph Merryll, El hombre Elefante, por parte del doctor Treves en el Siglo XIX. El buen doctor, un hombre compasivo al parecer, se sintió fascinado en primera instancia por la enfermedad (Síndrome de Protheus) de Merryll pero, tanto para él, como para los demás miembros de la alta sociedad inglesa que lo visitaron lo más sobresaliente no es que fuera un ser humano completamente deforme. No. Lo interesante de Merryll es que, pese a ser pobre como una rata y no haber recibido apenas educación, leía y escribía de forma notable y había criado una sensibilidad estética y ética que los dejó completamente atónitos.

En otros términos, y por asuntos mucho más chabacanos y menos de letras, la fascinación que el personaje de Belén Esteban produce sobre sus jefes tiene un carácter francamente parecido pero, en este caso, con haber encontrado a una persona que, casi sin formación y sin haber recibido más que una educación básica, es capaz de conectar con (a su entender) millones de personas todos los días.

Cuando los medios de las tripas y el corazón señalan a Belén Esteban como “La Princesa del Pueblo” lo hacen, claro está, con una medio sonrisa sardónica en la que les blanquea la piñata y, bueno, en cierto modo saben que semejantes epítetos les sirven para vender más coca-colas y más refrescos a los incautos pero también satisfacen la necesidad de los que creen a su altura y que también fingen estar lo suficientemente alejados de las vidas de los extrarradios como para mostrar esa extraña fascinación por un personaje como Belén Esteban.

Como el amigo aquel de mi padre, algo que comenzó como una cuchufleta entre cuatro maestros de provincias que querían emprender un Magical Mistery Tour sureño, poco a poco hemos visto como esta presunta tormenta de verano (la capacidad de resistencia de Belén Esteban en un medio televisivo que necesita devorar historias todos los días es francamente admirable) se iba agrandando, creciendo más y más hasta el punto de poner a luchar a dos cadenas nacionales (aunque las otras se nutren también del milagro en mayor o menos medida) y hasta el punto en el que más de un incrédulo, más de un escéptico y más de un ateo que no cree que la televisión tenga que girar alrededor de un solo personaje comienza a despertar como un absoluto creyente y acelera y acelera contra el árbol de la estupidez diciendo eso de “la veo, la veo, la veo”.

Sin duda este tipo de programación no es más que un cisma de la televisión convencional, una televisión palmariana, un insulto a la inteligencia pero, sin duda, el truco es tan burdo que seduce a cientos de miles todos los días que acuden al milagro de la multiplicación de algo insignificante que les es devuelto en forma de debates, reportajes, comentarios, mesas, charlas, coloquios, imágenes difusas, cotilleos y un sinfín de personajes secundarios que alimentan, como los apostoles, puntos de vista cada vez más sorprendentes, más retorcidos, más milagrosos.

Como la Basílica del Palmar todo parece ser una broma, un pequeño timo, que se ha ido poco a poco descontrolando hasta coger una pendiente peligrosa.

Ahora sólo nos queda saber cuanto más va a durar todo y cuál será la próxima revelación.

Nota del Insustancial: "La televisión es nutritiva" es uno de los himnos a la Tecnología del grupo Aviador Dro que, no sin cierto optimismo, preconizaban desde comienzos de los 80 con un futuro donde los aparatos electrónicos y los avances en el campo de las ciencias nos harían evolucionar hacia otro tipo de especie que fuera mitad máquina y mitad ser humano. Pese a que el cuento sonaba bien lo cierto es que se ha convertido en justamente lo contrario. En todo caso es una gran canción.

jueves, 3 de junio de 2010

Zacarías y Eugenio


Nunca pensé que dos personas a las que quería mucho pudieran morir con menos de quince días de diferencia.

El abuelo Zacarías y el tío Eugenio se han marchado para siempre dejando a todos los que les conocimos con la sensación que, pese a que ya eran bastante mayores, se han marchado cuando todavía tenían muchas cosas por hacer. 

Yo no quisiera ponerme a escribir los versos más tristes esta noche, ni a decir obviedades como que no quiero escribir los versos más tristes esta noche. Líbreme Alá de escribir cosas como que eran buenos o que eran justos, que fueron abnegados, entregados, trabajadores, que quisieron y que fueron queridos. Lo fueron porque, de no ser así, ninguno de los que lo conocimos tendríamos esta sensación de dolor y de tristeza aparcada en el pecho, de estar como partido en dos por dentro. Quizás eso también sería una de esas obviedades que no se deberían de volver a escribir nunca, quizás no deberíamos de volver a escribir sobre la muerte por ser este un tema rematadamente obvio con el que, tarde o temprano (y espero que sea tarde), todos tendremos que bregar.

Por no caer en la obviedad les diré que mi Tío Eugenio tocaba el acordeón, puntualmente, una vez al año durante la festividad de Santiago Apostol. No les diré que, de haber nacido en Europa Central o en una zona del mundo donde se apreciara más ese curioso instrumento, hubiera llegado a ser una leyenda de las teclas y el fuelle pero he de reconocer que no he visto a nadie ponerle tanto empeño en dominar un instrumento. Es fácil eso de la "actitud" cuando tienes una banda de rock and roll detrás llena de toxicómanos y tíos tatuados pero intenten aguantar el tipo  con la simple ayuda de un acordeón en una taberna de un pueblo de Extremadura ante una audiencia formada, básicamente, por parientes con tres vinos de más que te demandan "Los pajaritos" una y otra vez   y una estupefacta cohorte de jovenzuelos (nietos, sobrinos y otros allegados) a los que sólo les va el tema moderno...sinceramente, no me imagino a Loquillo aguantando el tipo en esas circunstancias.  

Por no caer en lo obvio diré que mi abuelo Zacarías se habia convertido en un fan del tenis. Nadie sabe, a ciencia cierta, como es posible que un tipo que nunca había cogido una raqueta se convirtiera en un experto en las lesiones de Del Potro, las posibilidades de Wawrinka para alcanzar el TOP 10 o el saque mortal de Soderling...la última conversación con mi abuelo fue sobre las posibilidades de que Rafa Nadal llegara a la final de Roland Garros ante "ese tío fenómeno" que era la forma en la que mi abuelo hablaba de Roger Federer. 

Les diré que ambos tuvieron una enorme pasión por vivir que es una cosa que, al parecer, arraiga mucho más en el espíritu cuando ha tenido antes que aprender a sobrevivir a unas circunstancias duras pero, sobre todo, cuando uno vive a favor y no en contra de las cosas.  

A lo mejor no  debería(mos) de estar tan tristes porque morir de viejo,durmiendo y sin enterarte de que esa hija de puta te está esperando sentada en la esquina de la cama tiene algo de final redondo, de buen final tras una vida plena.

Me quedo con la última frase que mi abuelo Zacarías le regaló a mi abuela Petra antes de irse a dormir mientras le acariciaba la mano: "Mira, así le agarraba la mano yo a mi madre cuando era pequeño...tenía la piel suave como la tienes tú".

Los voy a echar mucho de menos.

martes, 30 de septiembre de 2008

Parientes








El Mundo nos ha dado hoy la alegría mañanera al ocupar parte de la contraportada con la foto de ahí arriba. O sea, que ha copiado al AS y, por apenas dos columnas, se ha olvidado de hablar mal de sus personajes habituales: ZP, de la Vega, Solbes, Rubalcaba, Garzón o los nacionalistas. Guay.


La mujer de los ojos como Candy, Candy se llama Yasmin Fostok y es la hija de un imán radical que atiende a la gracia de Omar Bakrí. Resulta que la muchacha no posa así por placer si no porque es bailarina de barra y hace striptís ocasionalmente. El señor barbudo fue expulsado de Gran Bretaña después de los atentados del 11-S ante su reticencia por hablar bien de los terroristas y comentar, más o menos, en alto que aquello no le parecía tan mal. Se exilió artísticamente en el Líbano convirtiéndose en una especie de Alejandro Sanz del islamismo ya que ambos han encontrado fuera de sus países de origen un lugar más en sintonía con los mensajes propios.


La noticia viene a decir algo así como "¡te jodes, que la hija te ha salido stripper!" dando por hecho que, igual en occidente que en oriente, ciertas profesiones son todavía vistos bajo un punto de vista muy conservador. Es decir, la muchacha es tratada bajo la misma vara de medir moral que usa su padre, se habla de su "agitada" vida sexual (le contabilizan seis novios y uno de sus ex, despechado, dice que es muy "activa" en la cama), de su actitud procaz y de ser una partidaria de la vida bohemia. Yo me imagino que si la muchacha se hubiera casado por la iglesia anglicana con un contable de Oxford y hubiera traicionado, del mismo modo, los preceptos islámicos seguramente la doble de El Mundo hubiera sido ocupada por los consabidos personajes o quizás por un desmentido de Aznar sobre su vida amorosa.




"La familia, que se podía esperar de semejante mezcla de sangre" escribió Roger Wolfe y no le faltaba razón. Bin Laden fue retratado como la oveja negra de una familia cuasioccidentalizada y, de cuando en cuando, una sobrina de Rouco Varela se desnuda en Interviú o conocemos la existencia de un hermano de Cesar Vidal que se confiesa "votante socialista" y completamente contrario a las tésis de su hermano. ¿Qué se puede esperar de semejante mezcla de sangre, efectivamente?


Época nos informó la semana pasada de que Marichalar, yerno del rey con la convivencia interrumpida o sea suspendido de sus obligaciones como yerno, ocasionalmente (no sabemos si con la misma ocasionalidad que se desnuda la hija del Imán) gustaba de hacerse unas filas de farlopa. Se ha montado la zapatiesta porque la Familia Real no hace honor a su nombre, o sea, que realmente no es una familia al uso y estas cosas se le miran con lupa. Lo de los pantalones de amebas, las pashminas de vívidos colores y los paseos del brazo de viejas modeluquis con problemas de dislexia es una cosa y otra darle al vicio...eso dice la gente que sale en la tele que, pese a que todos sospechamos que no son ajenos a cuernos, disputas vecinales, divorcios y farlopa ponen cara de "¡Esto es lo último!" cada vez que surje uno de estos temas demostrando que se puede vivir de dar lecciones de honestidad y buenas maneras.Mi abuela Petra diría eso de "¡Sepulcros blanqueados!", que es la frase con la que te recuerda que eres un fariseo de la peor calaña.




Si en tu familia no hay una stripper, un integrista religioso o un tipo que se presenta a las celebraciones familiares gastando capa española seguro que tendrás alguno de estos fenotipos:


-"El que se quedó tonto de estudiar": Suele ser un primo lejano de lugar ignoto que tras pasarse estudiando tres años para notarías prorrumpió entre alaridos en la Plaza del Pueblo vistiendo un gorrito de papel de aluminio en la cabeza. Tras ser reducido por la Guardia Civil estuvo en un manicomio. Te lo cruzas en alguna boda o comunión vistiendo de übergañán y gafas de culo de vaso. Fuma como un murciélago y dice cosas inconexas mezclados por comentarios de gran lucidez como "el gobierno envenena el agua" o "los curas son los padres". Semejantes frikazos ya no salen tanto de casa porque suelen ser administradores de páginas de OVNIS y conspiranóicos en general y te ahorran el mal trago.


-"El cabeza loca": Antes los "cabeza loca" emigraban al extranjero de donde volvían colgados del brazo de una francesa o alemana a la que la familia conocía cariñosamente como "esa guarra" o "esa pelandrusca" porque la buena mujer fumaba y llevaba bikinis soliviantando al Frente Paco Martínez Soria de la población. El "cabeza loca" suele ser el responsable de haberse "gastado la herencia de padre" (dos trozos de tierra y una casa semiderruída en medio) en negocios locos como un puesto de helados o el estudio del motor de agua. En sus apariciones suele acusar al resto de la familia de tener poca visión y da sablazos a tutiplén. Irremediablemente causa admiración entre los sobrinos a los que lleva, según el grado de generosidad o de pecunio, a tomar sus primeros chatos de vino, les compra tabaco o los lleva de "putánganas" que es la forma fina que usan las hermanas de mi padre para referirse a las prostitutas o a las mujeres de moral distraída si no usan lo de "pelandusca". Ah, si el cabeza loca de la familia triunfa se convierte en "el cachondo del tío nosequé" y se dice que "es más listo que el hambre como su padre". De su señora, la pelandusca, se dirá que "es moderna y europea" o "que está con los tiempos".


-"El estirao": Este no se quedó gilipollas de estudiar pero casi. Aprobó un oposiciones y ahora tiene lo que la abuela llama "¡Un puestazo!" que suele ser pasante de un notario, jefe de administrativos, chupatintas o funcionario de grado medio. Como vive en la capital se casó con una mujer que no sabe ejercer de cuñada y que, a la mínima, pondrá de vuelta y media a la familia política provocando todo tipo de enfrentamientos. Sus hijos suelen ser esos primos que van a colegios concertados y visten desde peques con Lacoste. Te miran mal porque su madre les dice que no se junten contigo porque eres "un salvaje" pero de adolescente te emborrachas un día con ellos y te haces amiguete. "El estirao" es el que suele acabar demandando al resto de la familia por la herencia (ya digo, dos metros cuadrados de tierra que rodean una choza ruinosa y/o el conjunto que es conocido como "las joyas de madre" -unos pendientes- o "las cosas de padre" -normalmente una escopeta que una vez mató a una liebre, un retrato del bisabuelo...-) suele leer el ABC y cree saber de todo. Un mierda profesional peligroso.




-"El artista": En todas las familias hay alguien que quiere sobrevivir siendo actor, poeta o músico sin tener mucho talento para ello. Irrumpen en las reuniones familiares con una pareja bastante extraña. Ellas con un hippie que huele a hierba, se ríe de todo y se levanta tarde y ellos con una dietista, una argentina con un perro o una chica calladina y gordita. Cuando alguien le recuerda que tiene que hacer algo de provecho, suele ser "el estirao", se solivianta y amenaza con abandonar la casa gritando "¡Dejadme ser libre!" o "¿Qué sabes tú de arte?". Sospechas que él tampoco sabe mucho porque una vez lo vista actuando en un teatrucho de mierda. La ventaja de hacerte amiguete de "El artista" de la familia es que si vive en tu ciudad puedes usar su casa como ocasional picadero, siempre lleva porros y tiene amistades más o menos chifladas y/o interesantes. En contrapartida te estará esperando cuando cobres tu primer sueldo para sacarte las cañas a partir de entonces. Quid pro Quo.










-"El gayer": El fenotipo gaylord aparece en familias con tiendas y estancos principalmente por lo que suelen quedarse en el pueblo para acabar atendiendo el negocio familiar. La familia, a cambio, se hará la tonta sobre la condición sexual del hijo o hija y jamás le hará preguntas sobre sus visitas de fin de semana a la capital más cercana. Ahora, que la cosa es más relajada, el gayer suele ser visto con mucha más relajación y presentan al novio/novia como tal y no como "una entrañable amistad" permitiendo una convivencia mejor. De todas maneras, normalmente, el gaylord de la familia suele verse envuelto en una pelea familiar donde se le llama "maricón" o "bollera despectivamente. Se lía. Ha desaparecido, afortunadamente, el familiar gayer que permaneciendo en el pueblo se liaba por necesidad o ternura con el tontico del pueblo o, lo que es lo mismo, con el miembro de otra familia "que se quedó tonto de estudiar". Cosa esta de la leyenda negra popular. A veces "el gayer" y "el artista" son la misma persona. Viven en Madrid en pareja, se han casado y planean la adopción de una chinita y dicen de sí mismos que están "normalizados".




-"Solterones": El que se ha quedado para vestir santos, a veces también resulta que "Gayer" y "solterón" son la misma persona y, remotamente, se da el caso del "gayer solterón" que se hace "artista" y termina ejerciendo de estrella en un espectáculo de travestidos. Lo normal es que la solterona sea una avinagrada de mucho cuidado que espantó a todos los posibles pretendientes y el solterón se dedique a cubrir la plaza de "borrachín" del pueblo. El solterón ha descubierto que ahora se puede ir a Sudamérica o El Caribe y traerse a una mujer de allí. La solterona se conforma con soltarte dinero por debajo de la mesa, justificar tus borracheras y tus ausencias y despacharse a gusto echándote la bronca sin que se entere nadie.

Y así hasta completar un cocktail de genes infernal. De todas maneras si no fuera por la familia no sabríamos lo que es una buena pelea a navajazos en el salón de casa; una competición por ver quién acude mejor vestido, comprobar la bajeza del ser humano al abandonar a los viejitos una vez les han limpiado la cuenta y otras lindezas. A la familia también le debemos frases como "Es que este tiene una mamitis..."; "El día menos pensado me voy de aquí y se os come la mierda"; "Cuando se nos querrá llevar el señor"; "Sales más caro que un hijo tonto"; "esto no es un motel", "cuando seas padre comerás huevos", "No haberme tenío", "Si ese se tira de un puente tú también", "es que eres idiota, has salido a tu padre", "claro cuando queman una sinagoga son hijos míos pero si aprueban la gimasia son tuyos solo" y así hasta la nausea...pensad que de no existir los parientes hubiera sido imposible que Emilio Aragón hubiera montado su emporio y la Conferencia Episcopal el suyo.

sábado, 12 de julio de 2008

Aniversario


Hoy se cumple el quinto aniversario de mi primer y único secuestro con rehenes. Les cuento:

Verano de 2003. Eran las 10 de la mañana y salía de mi turno de noche en Paramount Comedy. Estaba hambriento y decidí comerme unos huevos revueltos con patatas fritas y una coca-cola en un VIP´S cercano. Mala decisión. El secuestrador, bastante torpe, llevaba unos vaqueros rojos y una camisa de rayas rojas muy finas también. Había entrado persiguiendo a una chica a la que le había ofrecido diez euros a cambio de sexo.

Aquel día entendí perfectamente el significado de la palabra rocambolesco: ¿Diez euros? ¿A una tía del barrio de Serrano de Madrid? ¿En qué país se pensaba que estábamos?
La chica no dejaba de repetir aquello de los diez euros completamente indignada. No se si el problema era moral y económico o ambas cosas. No estaba nada claro, pero se notaba, por lo menos, que no había feeling entre los dos. ¿Alguien se ha visto alguna vez en la tesitura de tener que tomar rehenes tras una cita y/o proposición fallida? Es posible que eso forme parte del cortejo en algunas culturas del Este de Europa pero, en España, somos bastante más clásicos.

El caso es que estábamos ahí. En medio de una tremenda discusión. Los seguratas del local pusieron pies en Polvorosa (más bien en Calle Ayala, muy cercana) dejándonos en una situación de vacío de poder impensable en una sociedad democrática y en manos de un desaliñado secuestrador. Yo estaba acojonado porque, como una semana antes, había visto como apuñalaban a un tipo en la Plaza de Colón y, la verdad, estaba comenzando a pensar que quizás Paramount no pagaba tan bien como para sufrir estos riesgos.


Un viejito a mi lado repetía que era cosa del calor, el verano de 2003 fue especialmente asfixiante y se sucedieron algunos episodios violentos como los que narro. El viejito también estaba indignado porque decía que un barrio tan señorial como el de Serrano no podía permitirse semejantes índices delincuenciales. Pensaría el señor que en Orcasitas los secuestros con rehenes y los atracos navaja en mano eran moneda de cambio común...


El caso es que entró la policía nacional personificada en dos jovenzuelos uniformados. Al ver entrar a la autoridad una señora dijo: "Estos no tienen huevos...". Con mucho desdén. "¿Huevos para qué?" pensé.


En ese momento sólo podía pensar en dos cosas: en el ruido que hace una bala al meterse en la cabeza de un señor y en si salpicaría como en las películas o un poco menos. Mal rollo. No eran ni las 11 de la mañana e iba a asistir a una película gore. En primera fila. Guay.

He de confesar que aquello se parecía más a los secuestros que salen en "Agárralo como puedas" (la saga) que a las de las pelis de acción. El delincuente pedía café y decía que no tenía la culpa de lo que estaba pasando y los policías le decían cosas como "tranqui, te vienes a comisaría y nos lo explicas, que no te va a pasar nada...".



Lo curioso es que uno miraba por las ventanas y se daba cuenta de que la vida fuera no se había parado, es decir, no había cordón policial, ni un comisario con un megáfono, ni tampoco francotiradores apostados en lugares estratégicos. Sólo estábamos el rumano mal vestido, diez o doce clientes, los currelas del VIP´S (menos los seguratas) y dos policías que parecían tener poca paciencia. ¿Qué mierda de secuestro con rehenes era ese?


La negociación del chiflado comenzó cuando este tiró un par de platos al suelo y levantó el cuchillo encima de su cabeza. Al parecer, haciéndose (más) el loco, conseguía llamar la atención de los uniformados que comenzaron a tomárselo en serio.


-"A ver, cuéntanos que ha pasado".


La ofendida vecina contaba desde el fondo lo de los diez leros. Había cachondeito con el tema y se escapaba alguna sonrisilla. La mía, entre otras. Esa risa nerviosa que me ataca en los momentos clave, en las cumbres del dramatismo, en entierros y secuestros con rehenes descubrí aquel día.


-"No he hecho nada, mentirosa".


Decía el delincuente ofendido para luego volver a hablar en rumano...quizás ella entendiera mal y el tipo le ofreció una cantidad más jugosa...echémosle la culpa a una "lost in traslation" típica o que todavía no estábamos tan acostumbrados a la nueva moneda paneuropea...
-"¿Y se puede saber entonces qué hacemos aquí?" Decía el otro policía.
-"Quiero volverme a Romaniaaaaaaaaaaaaa".

-"¿Quieres irte de verdad? Pues ven con nosotros y te llevamos..." decía el policía.

Pero, entonces, el asunto un cariz más dramático.
-"Quiero irme a Romania....y un trabajo...".

-"Vale, pero tienes que venir con nosotros..."

Y volvía el enroque. "Que no, que no" decía el secuestrador que, es posible que no supiera que ofrecer dinero (y más una pírrica cantidad) podía ofender a una dama pero había visto las suficientes pelis para entender que, aquello, podía reportarle algunos beneficios.
-"No quiero trabajo..."

-"Pues vale...¿Entonces?"
-"Quiero dinero y un helicóptero para irme a Romaniaaaaa".

Juro que se hizo el silencio. El silencio que acompaña a los giros inesperados de la vida y que suelen romper en carcajadas o en lágrimas. Uno de los policías se rió. Quizás pensando que ninguno de los que estábamos allí valía un bonobus (menos seguramente la señora que dijo que "no tenían huevos") o quizás descubriendo que aquello se iba a solucionar por la vía rápida. Los rehenos comenzamos a movernos incómodos en nuestras sillas, con fastidio, la señora, tán crítica, dijo: "Este es un iluso...". Tenía razón. Yo me encendí otro cigarrillo, miré hacia una de las puertas de cristal, cogí mi mochila y, en actitud de hacer un sinpa (estaba como a quince metros de la acción) me levanté y salí sin hacer ruido ante la mirada estupefacta de policía, secuestrador y rehenes. Detrás de mi salieron otros muchos. Sin abonar la cuenta, por cierto.

Afuera un coche de la policía municipal y un par de nacionales. Nos preguntaron que cómo iba todo. Dijimos que bien. Salimos ilesos y en el ABC, al día siguiente. Poco más.
Volví a mi casa y abrí la puerta. Llegué a la una, más o menos, me metí en la ducha y aparecieron los otros tres Manson (padre, madre, hermana) que se habían venido a Madrid a celebrar el cumpleaños de mi padre en familia. Tal día como hoy. Hace cinco años. Un 12 de julio. Fue el último que pasamos los cuatro juntos y también el último en el que sufrí un secuestro.

-"¿Y que tal tu por Madrid?"
-"Lo normal, hoy me ha secuestrado un rumano, en el VIPS de Serrano". Dije.
-"Joder, ¿Es que a ti no te pueden pasar cosas normales?".