martes, 19 de enero de 2010

Talento




Nota del Insustancial: Scott Dunbar es un cantante folk canadiense que se dedica a hacer versiones de grandes éxitos del pop acompañado de un acordeón, un pedal de batería y una maleta vieja...aquí está su myspace por si os apetece echar un vistazo porque, al parecer, hace bastantes más cosas y es menos tiradillo de lo que quiere hacer entender. Cosas del show bussiness.

Veo a la ingente cantidad de personas que se han apuntado a las pruebas para encarnar a Michael Jackson en el musical dedicado a su persona y recuerdo los tiempos en los que me embarqué en un equipo de casting que buscaba gente para un musical enorme.

De aquella estupenda experiencia saqué algunas conclusiones como que todo el mundo cree tener talento. Sólo tienes que escarbar un poco en cualquier persona y creerá que tiene una habilidad artística especial.

Cuando veía a toda esa gente subirse al escenario no dejaba de pensar en los días previos al Día de la Madre o del Padre en el que, en el cole, te obligaban a hacer un collage con pasta, lentejas o garbanzos, algún tipo de cenicero de arcilla pintado con témperas o algún tipo de horror peor como un payasito dibujado y coloreado haciendo pequeños puntos con los rotuladores Carioca (puntillismo se llamaba aquello) y ese tipo de historias. La profe o el profe descansaba del horror diario de desasnarnos invitándonos a hacer un trabajo manual estandar que pudiéramos entregar orgullosamente a nuestros progenitores como pruebas de que nosotros, además de El Corte Inglés, nos habíamos acordado de tan importante fecha.

Madres o padres de toda la geografía española (y más allá) aguantaban estóicamente el momento en que sus pequeños monstruítos se acercaban al lecho con una cartulina que apestaba a pegamento Imedio diciendo eso de "Mama, que te traígo un regalo". Amantísimos ellos recibían la muestra de cariño mirando la cosa con una mezcla de ternura y mareo descubriendo que ya podían tachar de la lista cualquier profesión que tuviera que ver con el manejo de las manos. Horror, el niño ya no podrá ser cirujano porque si es incapaz de hacer la silueta de un corazón con papel maché imagínate el estropicio que podría crear con un escalpelo entre sus manos.

Pese al desastre el progenitor decía eso de "anda, qué cosa más bonita". Y tu te quedabas tan pancho. Guay. Eso si es triunfar. Luego esperabas que la cosa tuviera un lugar preferente en el hogar para que todo el mundo pudiera ver las cosas que podías hacer.

Los papás suelen actuar así con los hijos. Si quieren jugar al fútbol les animarán a que lo hagan aunque el niño tenga menos cintura que un armario empotrado y, si les da por la guitarra, aguantarán horas y horas de "clin-clin-clin". Esperan que te aburrás tú antes que ellos.

El problema no está en que el niño se crea un artista sino que los padres de verdad crean que tienen un pequeño Tapiés o un Paco de Lucía en potencia en la casa. Entonces, aunque el crío se aburra de dar volteretas en el gimnasio en plan Bruce Lee o de tocar la pianola Casio delante de las visitas, le animarán hasta convencerlo de que tiene un talento natural y de que "si persevera llegará lejos". Guau. Los padres chiflados son aquellos que se toman en serio lo de pertenecer al APA del centro o que dicen cosas como "mis hijos son mis amigos" o, peor, son los que van a ver los partidos de alevines de su descendencia y acaban zurrándole al árbitro si creen que este se comporta de manera injusta con su hijo.

Una antigua compañera de trabajo contaba con terror como las mamás que acompañaban a los chavales a los castings de la productora donde trabajaba los llevaban allí con fiebre o diciéndoles cosas como "si le dices a estos señores que has perdido cole para venir aquí no te voy a querer más". Por suerte, el número de tarados en nuestra sociedad es bajo.

Normalmente los delirios de grandeza culminaban en la adolescencia: tobillos débiles, dedos incapaces de seguir una partitura, caritas comidas por el acné. Los papás abandonaban sus proyecciones y dejaban que la grey pudiera por fin irse a drogar con los amigos al parque o les permitían apuntarse a una carrera de letras.

Muy pocas personas reconocen que el trabajo es muy importante, que entrenarse o ejercitarse es esencial, que la preparación es vital pero que, en realidad, hay algo especial en muchas personas que se llama talento. Algo innato y aleatorio que diferencia a Goya, por ejemplo, de todos los pintores de su época y a Lennon de, por ejemplo, José Luis Perales.

Por desgracia para nosotros se ha extendido la falsa idea de que "cualquiera puede ser una estrella". No, vuelvo al principio, se nos invita a "seguir nuestros sueños a cualquier precio" como si perseverar en la fantasía fuera el pasaporte imprescindible para que los demás se arrodillen ante ese brillo artístico que llevamos con nosotros y que se hará evidente cuando los demás lo descubran. Como bien dice mi amigo Fran: en la sociedad actual no vale que seas una buena persona porque si lo eres y nadie se entera todo el mundo tiene la sensación de que has tirado tu vida por la ventana. Es una verdad como un templo.

Además de la televisión y sus Famasabailar y sus operacionestriunfo que han sustituído a nuestros padres en eso de alimentarnos la falsa idea de que todo el mundo puede correr como Usain Bolt o cantar como Bob Dylan si le pone un poco de empeño una plétora de escuelas de guión, interpretación, danza, música y un largo etcétera de modalidades artísticas extienden unos estupendos títulos donde te dicen "Enhorabuena, ya es usted un artista". Mentores desalmados incapaces de decirle a sus alumnos que mejor se vayan a intentar otra cosa y un enorme número de agencias de artistas que llenan a sus clientes potenciales (que suelen gastarse un dinerito en eso de hacerse books, videobooks y otras zarandajas) de ideas chorras como que son el nuevo Javier Bardem se encargan además de llenar esas colas de los castings de personas que, en realidad, no valen para cantar, ni para bailar, ni para nada que se trate con entretener al público desde un escenario.

Nadie se encarga de decirle a nadie que hay caminos que son duros y que, al final, aunque le pongamos mucho empeño, y mucho tiempo y mucho dinero, y muchas ganas, y lo mejor de nosotros, y nos dejemos la piel etc. tienen recompensa que es una cosa que nadie está dispuesto a aceptar porque, como estamos en ese momento en el que estamos, todos entendemos que si pagamos un precio por algo recibiremos algo a cambio.

Todo este disparate de hoy viene no solo porque este casting de Michael Jacksons de palo cargados de freaks de todo pelaje (mi preferido es el doble oficial de Michael Jackson en nuestro país que se llama Paco Jackson y es valenciano. Un tipo increíble que al ser preguntado sobre qué hubiera hecho de haber sido invitado al funeral de Michael dijo que "mantenerse en un discreto segundo plano") que no saben que, simplemente, sirven como reclamo para que todas las televisiones acudan al casting y den un poco de bombo a la producción si no porque el amigo Edu Galán me ha pasado un vídeo del filósofo Gustavo Bueno -en un momento en el que estaba más en sus cabales que en la actualidad- en el que afirmaba que el verdadero respeto hacia los demás comenzaba cuando les decías que estaban completamente equivocados si es que lo estaban. Y me ha parecido bien compartirlo con todos ustedes, que sí que valen.





7 comentarios:

Lajarín dijo...

Esta versión de Scott Dumbar la descubrí esta navidad yo también, sr.insustancial; y me quedé picueto... Increíble talento. Luego con respecto a tus meditaciones sobre los jovenes guaypendos de hoy día debo preguntarte si eres profesor u orientador juvenil o simplemente agudo observador, porque lo has clavado. Estoy por imprimir tu post y colocarlo en la sala de profesores de mi centro; aunque quienes deberían colgarlo en sus cabezas son los nefastos padres que hay por ahí deambulando. El estado del bienestar ese tan nombrado está volviendo inútiles las mentes que adolecen de madurez, enfocando sus vidas a planificar la foto desde la cima con la banderica en lugar de preparar la ascensión. Y me aterra verme a mí mismo convirtiéndome en una especie de Pérez Reverte de garrafón. No he pasado ninguna guerra, como nuestros abuelos, pero al menos mis padres no me criaron como un niñato malcriado gilipollicas...

En fin... Como decía otro ilustre: ¡A LA MIERRRRRDA!

Señor Insustancial dijo...

Hola Señor,

Pon el texto donde quieras. Lo cierto es que el mundo del faranduleo va para fijarse en estas cosas más que mi cortísima experiencia como docente (Gracias a Alá, el mundo puede respirar tranquilo de no tenerme impartiendo clases en ninguna parte, tampoco valdría).

El problema es de unos padres que quieren verse reflejados en sus hijos pero también de la extensión de la manipulación interesada de la frase "Todos somos iguales". Efectivamente todos gozamos de los mismos derechos y deberes (posiblemente los de la CEOE de más de lo primero que de lo segundo) pero frente a la cosa artística no lo somos ni de coña como tu bien sabes.

Coincido de nuevo contigo en que me jode ponerme en plan abuelo cebolleta o, peor, que mis palabras puedan parecer esos parlamentos quejicosos de Pérez Reverte. Por Dios, qué asco.

La diferencia entre tu y él el que seguramente no serás un falso moralista y que en sus palabras siempre fluye un discurso de volver atrás, de fijarnos en un pasado y en unos valores falsos...arf, que angustia.

Una cosa es querer que las cosas sean de otra forma y otra, como tu paisano, que vuelvan al siglo XIII.

Un saludo

Edu Galán dijo...

"There are no losers anymore, no matter the sport, the competition, everybody wins! (...) No child get's to hear those important character building words: "YOU LOST, BOBBY! YOU'RE A LOSER, BOBBY!" (...) A lot of this kids never learn the truth about themselves until they are in their twenties, when their boss calls them and says: "Bobby, clean the shit out of your desk and get the fuck out of here. YOU'RE A LOSER!""

George Carlin, It's bad for ya, 2008.

http://www.youtube.com/watch?v=WGm364SdFpE

Señor Insustancial dijo...

Cuanto vamos a echar de menos a ese maldito viejo chiflado...

UN abrazo monsieur...

eduardoritos dijo...

Yo he sido profesor de guitarra varios años (y mi hermana de piano) y uno de los peores momentos es cuando tienes que hacer ver, sin ofender, al alumno que jamás será músico, ni siquiera malo (porque ser mal músico, como yo, significa, al menos, que lo eres).
Han hecho mucho mal las pelis americanas.
Otro amigo músico dice que le gustaría ver una final de los JJOO, 100 mts libres, dos negritos, húerfanos los dos, con madre y tres hermanos, y que ambos lo han dado todo por estar ahí y miran al cielo y rezan... al Dior, a cuál de los dos haces ganar (o como en Sillas de Montar Calientes decían, ganará el que sea mejor Buen Chico).

Memeces, que, encima, la gente se las cree. Lo peor es que ni siquiera quieren esforzarse en aprender; solo quieren los resultados, sin el esfuerzo, lo cual es completamente imposible.

Slim Ferreti dijo...

"Los padres chiflados son aquellos que se toman en serio lo de pertenecer al APA" me la apropio. Bueno, te citaré. Va a ser muy celebrada en mi familia de maestros.

Un abrazo, Sr. Insustancial. Espero que estés bien.

Señor Insustancial dijo...

Hola a todos,

eduardoritos,
Sólo por el testimonio de tus experiencias como enseñante y tu mención a "Sillas de montar calientes" te has ganado el cielo.
Gracias.

Slim Ferretti,
Sabía que en tu casa estos comentarios son los que llegan al corazón. Estoy francamente bien...a ver si un día que quede con tu amiga Ana te apuntas, que no nos vemos el pelo.

Abrazos a ambos.