lunes, 30 de agosto de 2010

Soul Kitchen (Fatih Akin, 2009)


De Fatih Akin había visto "Contra la pared" (2004) y "Al otro lado" (2007). Qué quieren que les diga. Las dos películas me gustaron pero, en realidad, temía que el director alemán de origen turco se repitiera más que el ajo en el campo del drama.

Me ha sorprendido que un director aclamado (por tratar temas sociales y el asunto interracial) se haya bajado un instante del carro para rodar una comedia como "Soul kitchen". ¿No era la comedia un género menor? Pues no, sinceramente, no.

Divertida y muy poco pretenciosa la película cuenta la historia de un cocinero greco-alemán que busca quien se encargue de su restaurante mientras él se larga a vivir una temporada con su novia (más alemana que la cerveza) a Shangai donde ella ha conseguido un puesto como corresponsal. En la búsqueda conocerá a un cocinero de un restaurante de tres estrellas Michelín cansado de su trabajo, a un despiadado viejo amigo del instituto que se ha convertido en un agente inmobiliario y la sorpresa de que su hermano, un delincuente de poca monta, ha salido de la cárcel y quiere que le firme un contrato de trabajo falso para que pueda beneficiarse del tercer grado. Entre medias un dolor de espalda y algunas otras cosas más.

"Soul Kitchen" demuestra dos cosas: que la comedia romántica es como el arroz blanco lo que permite mezclarla con cualquier cosa y que sepa bien y que estamos frente a la película de un director que ha decidido explorar la capacidad de denuncia de la comedia.

Me imagino que habrá quedado satisfecho: la película se lee en dos niveles y el que quiere chistes los encuentra, el que quiere historias de amor las encuentra y el que quiere alimento para el alma también.

Sin perder la sonrisa, a veces la carcajada, Akin se encarga de reírse de la clase alta alemana y sus vicios, de denunciar la terrible especulación inmobiliaria, de explorar los resortes de las relaciones familiares y de retratar la sociedad de su país desde el prisma de eso que se llama su "multiculturalidad".
Resalta no sólo el guión (tan bien construído, tan bien hilado, con todas las tramas y las resoluciones en su sitio...¡Aprende Nolan, que eres un cabrón!) sino la interpretación de todos los actores que están, como es una marca de Akim, de lujo. Me ha llamado la atención el protagonista Adam Bousdoukos, una de las protas femeninas Anna Berdeke (a esta actriz no la había visto en mi vida aunque creo que salía en un thriller de médicos titulado "Anatomia", también alemán), el actor turco Birol Üdel (fantástico en su papel de cocinero tarado) y, claro está, Moritz Bleitbreu uno de mis actores alemanes preferidos (visible en "Munich", "La lista de Schindler", "El experimento", "Llamando a las puertas del cielo", "Speed Racer", "Corre, Lola, Corre" etc) y que siempre me da la sensación de que está bien en cualquier cosa que haga.

Por si fuera poco el reparto cuenta con la presencia de Udo Kier, ese señor inquietante que siempre hace de tío inquietante, haciendo de señor alemán inquietante. Papel que, claro está, borda.

Película fina, fantásticamente bien rodada, película para ver, disfrutar y echarse un rato agradable con las andazas de estos personajes.

Si Winterbottom es capaz de darnos cada vez una película diferente no está de más que directores como Akin sigan su ejemplo y prefieran no encasillarse, concretamente, en un tipo de historia, en una forma narrativa y en una temática uniforme. Se agradece.

Nota cultural: El gran grupo para triunfadores Rajoy Division ha sacado un nuevo disco titulado "Baile, arte y ocio" donde indagan en el campo de techno, el pop, el rock y esa cosa llamada Valencia ofreciéndonos su disco más conceptual (aunque sólo sea porque todas las canciones tienen siglas por títulos). Se puede escuchar aquí. Se recomienda escucharlo en algún chiringuito  elegante de El  Saler donde pongan patatas bravas, vestido para la ocasión y con sonrisa de no haber recibido una comisión en la vida.   

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