jueves, 11 de julio de 2013

La necesidad del tiempo


No he entendido muy bien las críticas al concierto de Sixto Rodriguez (O "Rodriguez" a secas) en Barcelona. Han ido de lo seco a lo displicente. Un asunto malo porque, en realidad, lo que ha quedado claro es que los críticos esperaban una especie de epifanía (los críticos siempre esperan una epifanía, fui "crítico" durante algún tiempo y siempre la esperé) que no se produjo. Seguramente era mucho pedir para un músico que nunca ha vivido del todo de la música, que lleva desde el 71 sin grabar una canción  y al que le ha sorprendido la fama gracias a un documental sobre su vida titulado "Searching for Sugar man". 

Las críticas han dejado caer que, en realidad, esas declaraciones del documental en las que se aseguraba que Sixto Rodriguez tendría que haber sido el "Nuevo Bob Dylan" eran exageradas. Yo creo que no. Quiero decir, la figura de Dylan es incomparable y, por tanto, es injusto señalar que alguien será su sucesor pero, sin duda, Sixto Rodríguez es un tipo de muchísimo talento. Lo plasmó en dos discos estupendos: "Cold Facts" y "Coming from reality". Dos discos redondos, sin duda. Luego se acabó lo que se daba: el fracaso comercial lo dejó sin carrera musical y el hombre decidió volver a ganarse la vida como albañil. 

Sixto Rodríguez ha vivido una fama extraña y una carrera irregular y ha dado su primer concierto en nuestro país con 71 años y acompañado de una banda con la que no ensaya de manera profesional. 

El arte es tiempo. Consiste en una mezcla de talento y de tiempo que poca gente se puede permitir. Hay que llegar a tiempo al lugar adecuado y en las condiciones óptimas. Lo decía el director Nicholas Ray: "Al actor se le exige que, en una sola mirada, en un solo segundo, nos muestre todo lo que ha estado aprendiendo durante toda su vida". Cambien mirada por acorde y tendrán ustedes a un músico. Sixto Rodríguez ha tenido una carrera desincronizada para con su audiencia (que debería de haber sido mundial) y, desgraciadamente, no ha contado con el dinero suficiente para comprar el tiempo necesario que le hubiera permitido dedicarse a una carrera profesional de verdad. 

Las obras artísticas son mucho mejores cuanto más tiempo tiene uno para dedicarles y ese tiempo, desgraciadamente, se tiene cuando tu actividad te permite no tener que comerte el coco pensando en si llegarás a fin de mes. Por eso es muy importante comprender que el artista no vive del aire y que debe de cobrar (directa o indirectamente) del trabajo que realiza. Si vale para ello, si no vale mejor que se dedique a otra cosa. 

Sixto Rodríguez es una víctima doble: una víctima del sistema de producción cultural de su tiempo (una maquinaria que se ha intentado manejar en los mismos presupuestos desde casi la década de los 50) pero también de estos tiempos crueles en los que se pide al artista que sea cómplice de la desaparición de su estilo de vida. No hablo de carrazos aparcados en la puerta de mansiones de Miami, de drogas carísimas y putones/chulos en la alcoba. Hablo de un estilo de vida que les permita vivir de su profesión. 

El ejemplo de Rodríguez desmonta a todos aquellos que piensan que el músico tiene que dar conciertos para vivir. Se olvida que, a lo mejor, el disco grabado en un estudio, en buenas condiciones, con un presupuesto decente que permite contratar a un buen productor musical y a unos buenos técnicos no vale porque encarece el producto final. Se niega que todo eso pueda ser también parte de la propia obra creyendo la romántica idea de que el artista es solo y solamente talento.  Con afirmaciones como esas, un tanto fenicias, olvidamos que la música no sería lo mismo sin Phil Spector, Jay Z, George Martin, Brian Eno, Phil Manzarena, Martin Hannet, Malcolm Mclaren y un largo etcétera. 

Sixto Rodríguez llegó tarde a nuestras vidas. Una pena. Quizás no esté para dar conciertos pero tenemos su talento empaquetado y guardado para siempre. Ya saben ustedes donde encontrarlo.

1 comentario:

patricia casado ortega dijo...

Alrededor de Sixto Rodríguez siempre hay como un halo de tristeza, sea lo que sea. En este maravilloso post también.