lunes, 9 de septiembre de 2013

Madrid me mata...de corazón


(El artículo ha sido actualizado con una nota al final del mismo)

Vale, Ana Botella no tiene ni puta idea de inglés. Muy español. En realidad este es un reflejo del poco interés del español medio por aprender cualquier lengua que no sea la suya propia. Y convengamos en decir que Ana Botella, y su famoso consorte, tienen una mentalidad muy de español medio que, por las circunstancias (bien sea haber tenido éxito con un taller de aluminio, bien por haber sido Presidente del Gobierno y Alcaldesa de Madrid) han tenido “éxito en la vida”.

Los Aznar-Botella siempre me han parecido unos paletos. Unos paletos de esos que, cuanto más se han esforzado por dejar de serlo, más se les notaba el pelo de la dehesa. Sin más.

Pese a sus evidentes carencias en términos de gusto, profundidad cultural, conocimiento de la historia de España y, sobre todo, de la división entre lo público y lo privado este tándem político parece sentirse muy a gusto. Es más, demuestra en cada aparición pública que creen estar en otro nivel, en uno altísimo, en uno que ningún mortal sería capaz de apreciar en toda su grandeza.

Lo terrible no es que Ana Botella no sepa inglés, lo terrible es que nadie le haya dicho que no sabe inglés y le haya dejado creer que sí del mismo modo que alguien le hizo creer a su marido que corría los 10.000 metros lisos dos o tres minutos más rápido que el recordman africano de la especialidad. Es más, estaba tan seguro de ello, que poniendo los pies sobre la mesita de café así se lo contó a George W. Bush.




Los Aznar-Botella han venido demostrando en las dos últimas décadas que creen que van “sobraos”. Tanto que Aznar estuvo dando clases en Georgetown y que su esposa decidió que era momento de dedicarse a la política. No desde abajo y tal, no. Bueno, desde lo que Ana Botella considera comenzar desde “abajo”: concejalías fugaces de camino a ser nombrada alcaldesa de una capital europea de más de 3´5 millones de habitantes. Modestia lo llaman. Y sin pasar por un proceso electoral.

Ya digo que no me importa mucho que Ana Botella no sepa inglés. Ahí estuvo Mariano Rajoy hablando en español, diciendo muchos topicazos pero, bueno, al parecer bastante consciente de que no está el patio como para darle más carnaza al populacho. Bien, presi, bien.

Lo que me molestó del discurso del “Relaxing cup of café con leche in la Plaza Mayor” fue el hecho de que la alcaldesa fuera capaz de vender “la noche madrileña” como uno de los atractivos de la candidatura casi por encima del hecho de que tenemos ahí unas infraestructuras criando matojos desde hace seis años y que solo sabe Alá qué pasará ahora con ellas. Es más, el avispadísimo gurú que han contratado por 2 milloncejos de euros para dirigir el cotarro de la candidatura, ha tenido el empeño de vender Madrid como una ciudad alegre y simpática, efervescente cuando se oculta el Sol.

El problema es que desde que el PP apoyó la moción de censura contra Juan Barranco y puso en el poder a Rodríguez Sahagún no ha hecho otra cosa que intentar cargarse toda esa vida nocturna y, con ella, no solo el hecho de tener gente bebiendo a horas intempestivas si no, también, la celebración de cualquier actividad cultural con horario nocturno.

Es posible que a Ana Botella nadie le haya informado de este hecho, de que el ala más rancia y costrosa de aquel Partido Popular (con Álvarez del Manzano como cerebro y el Concejal Matanzo como brazo fuerte) que se oponía a cualquier sala de conciertos, bar, disco pub o sala de exposiciones donde se juntaran más de cinco madrileños para echar el rato.

La excusa del ruido, del sexo con SIDA o embarazo no deseado, de la destrucción de la fibra moral de la juventud, del relajo de las costumbres, de la delincuencia, de la droga y un largo etcétera de tróspidas excusas han servido para acabar con una vida nocturna que jamás volveremos a recuperar.

Es un hecho que la ciudad de Madrid no tiene una buena red de conciertos pequeños y tampoco de grandes conciertos. Esas cosas se hacen en capitales más conscientes de sus fuerzas como Lisboa donde se puede fumar en los bares y se puede beber una cerveza sentado en cualquiera de las escalinatas del Barrio Alto sin temor a ser molestado. El PP llamó a eso “vandalismo”.

¿Qué efecto ha producido esa prohibición? Las “chino latas”. No me llaméis loco, una directiva municipal absurda sobre falta de salubridad ha provocado no la eliminación de la costumbre de beber en la calle si no, más bien, la proliferación de la venta ilegal de alcohol. Estupendo.

Este es un ejemplo pequeño de un problema mucho más grande. La reticencia del Ayuntamiento de Madrid a dar licencias de locales de ocio, su guerra abierta contra todo lo que oliera a entretenimiento y cultura nocturna (insisto, conciertos, exposiciones, representaciones teatrales, ciclos de cine…) provocó la proliferación de locales menos salubres, menos acondicionados y menos seguros y, por tanto, de un enrarecimiento del ambiente nocturno y de una avería general del mismo. Los ejemplos en la capital son enormes.

Esta teórica fortaleza caciquil ha generado casos de corrupción sangrantes y diarios que, si tenemos en cuenta el testimonio por la bajini de algunos propietarios de locales, ha venido en multiplicar la aparición de mafias reconvertidas en “equipos de seguridad” y la solicitud “a calzón quitao” de algunos elementos del funcionariado público de pedir dinero a cambio de, cuando no hacer la vista gorda, dejar de pasarse por el local para ponerse tiquismiquis con el nivel de ruido, las obras de insonorización y tantos y tantos requisitos.
Solo así puede explicarse que haya locales en Madrid que reciban la visita puntual de los municipales todos los días que abren sus puertas y otros tengan camello oficial en la puerta de los lavabos sin que se persone en las instalaciones ni un enano vestido con el uniforme de Prosegur.

El caballo de batalla de los 80 fue el punk, el de los 90 el rock y, en los últimos tiempos, ha sido el tecno y la cultura de las drogas y el desencanto que, teóricamente, arrastran. Menos mal que, para salvarnos de él y para comportarse como la Liga Americana por la Decencia que auspició el Código Hays tengamos a un ayuntamiento que, albricias, con motivo de la posibilidad de darle salida a un montón de obras públicas que se construyeron antes de tiempo y que de habernos designado como sede olímpica habrían sido declaradas como “obsoletas” y vueltas a construir se cae del caballo y hace de algo que se ha intentado cargar (que se ha cargado en gran parte) un “motivo de atracción turística”.

Recuerdo las palabras del actor Alfonso del Real que a mediados de los 90 adquirió un local con el dinero que había ahorrado durante años de duro trabajo para convertirlo en un café-concierto. Ni con él, con aquel inofensivo ancianito, tuvieron piedad y le permitieron hacer todas las obras para luego denegarle los permisos de apertura porque, teóricamente, los vecinos se habían quejado de que el establecimiento iba  a hacer mucho ruido. “Me han arruinado” dijo llorando en una entrevista. Y eso que ni siquiera hablábamos de una juventud despendolada y ye-yé bebiendo, drogándose y fornicando a su libre albedrío; estábamos hablando de un café-concierto donde se ofrecerían actuaciones de música lírica y repertorios de cuplé.

NOTA: Por lo que me cuenta un airado comentarista el local de Alfonso del Real llegó a abrir. Se llamaba "Zarabanda" y tuvo actividad comercial como "café-teatro" hasta que le fue revocada la licencia para horario nocturno y optó por el horario diurno. En el horario diurno funcionó durante un tiempo, corto, como "after hours"...Por ahí decía yo que las ordenanzas municipales habían generado monstruos de este tipo (la conversión de un café-teatro en un after hour...por ejemplo) y habían criminalizado la diversión con actitudes un poco ridículas.


Bien haría este consistorio, si tiene a bien, de dejarse de aventuras olímpicas e invertir un dos o un tres por cierto de ese dinero y esfuerzo en reforzar los lazos de la ciudad con la cultura y la diversión, con el compromiso de volver a ser la ciudad que fue en la década de los 80 y los 90 donde disfrutamos de todo tipo de eventos culturales y lúdicos que poco tenían que ver con esa obsesión por las procesiones garbanceras de Álvarez del Manzano y la restauración chusca e impostada del verbeneo rancio que se confunde con la tradición para que Espe, Alberto o Ana se hagan un publireportaje vestidos de chulapos y se marquen un chotis con algún viejo despistado.



Más les valía estudiar a nuestros gobernantes por qué no hubo banda interesante en aquellas dos décadas que no viniera a Madrid a dejarnos la flor de su gracia y por qué ahora ya no estamos en el mapa y, sobre todo, cuál es la razón para obsesionarse con convertir Madrid en un lugar aburrido.  Si Ana Botella supiera qué ciudad dirige se daría cuenta de que el espíritu de la misma es noctívago, no por Alaska y los Pegamóides y por la promoción que Tierno Galván hizo de Madrid como un destino juvenil si no por gente como Rubén Darío o Valle-Inclán. 

El problema de Ana Botella no es que no sepa inglés, el problema de Ana Botella es que es una completa ignorante que desconoce la historia de la ciudad que gobierna y, más allá de eso, qué narices puede ofertar Madrid que pueda etiquetarse como “noche madrileña”. 

El problema de la alcaldesa de Madrid es que está tan poco acostumbrada a hablarnos como si mereciéramos algo de respeto, está tan poco acostumbrada a no echarnos la bronca, a no respondar a preguntas, a no soportar la más mínima crítica, está tan acostumbrada al tono desafiante y hostil y al "ordeno y mando" y a no tener que pedir nada "por favor" que cuando quiere resultar simpática y cercana parece aún más escalofriante, parece la bruja atrayendo a Hansel y Gretel a la casa de caramelo. Seguramente porque lleva unos años haciéndose a la idea de que los súbditos somos todos tontos y estamos hambrientos y que, por tanto, nos creemos cualquier cosa. Es una pena que no calculara que el COI está lleno de estómagos repletos y de gente que necesita menos a Madrid de lo que ella necesita a la ciudad. 

Como madrileño (madrileño impostado pues no nací aquí...aunque esa es una forma como otra cualquier de ser madrileño llamada "porque yo lo valgo") esta ciudad me mata. Me mata de verdad. La adoro. Será por eso que ese amor a este sitio me haga preguntarme por qué su máxima representante no tiene ni puta idea de como respira y late. 

16 comentarios:

Samuel Hermoso dijo...

Muy bueno. Cómo se nota quién sabe ir más allá de la mofa típica. Lo mejor que he leído al respecto.

Josep dijo...

¿Lo oyes? Es el afilador de cuchillos de la calle Génova.

Anónimo dijo...

Brilliant.

patricia casado ortega dijo...

Que maravillosamente bien se lee esto. Una joyita hecha de letras, en serio. Y no es porque seas mi debilidad, no.

Antonio Jose Conesa dijo...

Lastima que al poder solo lleguen gente Inútil, gran reflexión si señor. ..

Eduardo dijo...

Pregunta: ¿y cómo tienen siempre mayoría absoluta?

Expatriado dijo...
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Anónimo dijo...

Ana botella es la mejor representante del ayuntamiento de Madrid para la marca madricutre, por eso la han elegido, y eso es lo que se merecen los madrileños al tenerla en la poltrona, al que Dios se la dá, san pedro se la bendiga,,, que se la traguen con buen apetito. Nadie les obliga a defenetrarla.

Señor Insustancial dijo...

Samuel,
Gracias salao.

Josep,
Lo escucho perfectamente.

Anónimo,
Thank you.

Patricia,
Y usted la mía.

Antonio José,
Gracias

Eduardo,
Pues una buena combinación de factores. El más importante azotar el miedo de los madrileños y convencerlos de que Madrid antes de la llegada de Álvarez del Manzano era una ciudad horrible, sucia, violenta, etc. y luego irse poniendo medallas.

Expatriado,
Creo que el que anda poco informado eres tú. http://elpais.com/diario/1993/02/21/madrid/730297455_850215.html
¿Impacto medioambiental en el centro de Madrid? No me hagas reír.

Anónimo,
Desgraciadamente a Ana Botella no la han elegido los madrileños.






Cruela dijo...

como belga afincada hace 24 años en madrid sólo te puede decir chapeau

Anónimo dijo...
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Señor Insustancial dijo...

Estoy un poco cansado de insultos así que para evitar que esto se convierta en los comentarios de "El País" o de "Marca" eliminaré todo aquello que me resulte molesto u ofensivo.

Un saludo.

Expatriado dijo...
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Expatriado dijo...

Cuando escribiste molesto u ofensivo, eso incluía también "discrepante", ¿no? Entendido.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con todo el texto pero es importante resaltar la tragedia del Madrid Arena por la que la señora Botella debería responder ante la justicia por haber intentado encubrir los hechos en un principio para proteger a Miguel Ángel Villanueva, quien estaba al corriente de las irregularidades administrativas que propiciaron el desastre.

¿Qué confianza transmite la alcaldesa de una ciudad que pretende que millones de personas visiten sus infraestructuras y cuando hay un accidente se descubre que gran parte de la culpa la tienen la administración que ella dirige y no hay nadie que asuma la responsabilidad?

En cuánto al sistema electoral entiendo que el PP ha tenido más votos pero considero que hay que reformar la ley electoral para que realmente los ciudadanos estén representados ya que aunque el PP tenga mayoría electoral eso no significa que la mayoría de los ciudadanos le apoye y por tanto no debería poder tomar decisiones de forma unilateral ni tienen derecho a incumplir su programa electoral.

Es fundamental que los votos en blanco, nulos y abstenciones sean computables, es decir que resten representabilidad a los partidos.

Es la única forma de que los políticos se esfuercen en escuchar a los ciudadanos y trabajar por conseguir más votos que de otra forma se quedarían si ellos.

Alberto Secades dijo...

Me ha gustado mucho el texto. Como alguien dijo, iba más allá de la (merecida) burla. En cualquier caso, sigo con una asfixiante duda, que no he podido resolver todavía, que dejo en forma de pregunta:

¿Por qué se ha sustituido en los logos de Madrid y Tokyo el negro -uno de los cinco colores olímpicos- por el rosa o fucsia? ¿Alguna explicación plausible?

Un saludo