jueves, 8 de julio de 2010

España y "El España"

El otro día Raúl Ruiz, un ex futbolista bastante comedido y muy buena persona con el que tuve el placer de trabajar hace mucho tiempo, hizo uno de esos comentarios torpes indignos de un tipo que, ya digo, es buena gente. Más o menos vino a decir que esta selección había permitido a la gente quitarse los complejos y sacar a pasear las banderas nacionales y decir orgullosamente que es español. 

Al comentario, un poco rancio y fuera de la realidad (de unos años a esta parte no se habla de otra cosa que de ese presunto "orgullo nacional"), se le unió la coletilla del ex portero Santiago Cañizares que dijo haber detectado que, en todos los estratos de la sociedad, había "ventajistas" que se subían al carro sólamente en los momentos de celebración. Claro. La gente sale a la calle a celebrar cosas cuando hay cosas que celebrar y por esos son mas visibles.

El comentario era sorprendente porque, si ustedes conocieran al personaje, sabría que se gasta un  pelo rubio teñido de lo más sospechoso (lo que nos llevaría a plantearnos si el ex cancerbero no siente cierto complejo por ser moreno, que es una cosa tan mala como acomplejarse por ser español) y, de un tiempo a esta parte, ha criado un suave y melífluo (y raro y forzado) acento argentino que utiliza para hablar de fútbol (lo que nos llevaría a plantearnos si el ex deportista metido a comentarista no siente cierto complejo ante el buen uso que del español suelen hacer "ashende" los mares).

¿Quería decir Cañete que él había sido español de toda la vida y supporter de la selección (antes conocida como La Furia, porque no había más remedio que suplir nuestra inferioridad técnica con mucho tesón) antes de que las masas fliparan, literalmente, con este equipo? Pues si no lo quiso decir pareció que quiso aunque, es verdad, que su mal uso de la palabra "ventajista" como sinónimo de "oportunista" nos lleve a pensar que todo se debe a uno de esos lápsus tan habituales en el actual periodismo deportivo...tan habituales que cualquiera diría que las redacciones están llenas de disléxicos incurables.

Es muy habitual que las gentes como Cañete se ofrezcan alegremente a convertirse en candidatos a entregar los carnets de autenticidad que, al parecer, se necesitan para ser digno a militar en algo. De hecho este es un pensamiento muy habitual entre los grupos ultras de todos los equipos de fútbol que se creen con derecho a convertirse en parte de los clubes esgrimiendo que son los únicos que están ahí siempre, apoyando al equipo, llueve o truene, se pierda o se gane...una imagen casi tan poética y dulzona como la visión de un unicornio en un prado verde pero, en realidad, tan falsa como esta.

El ultra muy pronto descubre que su militancia es un chollo: entradas gratis, viajes gratis, acceso a los jugadores de la plantilla y la directiva y un largo etcétera de prebendas. Es verdad que, para alcanzar al estatus, hay simplemente que comportarse como un descerebrado en la mayoría de los casos pero ese es un precio pequeño teniendo en cuenta todo lo anterior. Además, y por si fuera poco, el ultra descubre que al igual que puede ser un modélico perro guardián (recordemos a aquella graciosa peña barcelonista llamada "Los Morenos" -un folclórico nombre puesto por ellos mismos para demostrar su filiación de charnegos barcelonistas- que tanto bien procuró al President Nuñez en los 80 obstaculizando el trabajo de los periodistas, los Ultras Sur que le hacían la rosca a ese triunfador llamado Ramón Mendoza, el Frente convertido en la legión personal de Gil...) también puede demostrar una ira ciega hacia el equipo de sus amores y revolverse como una hidra. Hay están aquellos tíos del Frente que irrumpieron en un entrenamiento de la primera plantilla para acojonar a los presentes o los que tiraron huevos a Toni por cometer un error en la Copa del Rey o, por ejemplo, los de todo signo que acuden sin ser citados a las oficinas de cualquier club de Primera División a exigir explicaciones (repito, muchos ni son socios ni han pagado una entrada en su vida) por cualquier absurda razón.

Si la ciega militancia en unos colores es casi tan ridícula, aunque menos pasajera, que pertenecer al club de Fans de Milley Cyrus la cosa se complica cuando, con la cosa de la selección, comenzamos a mezclar asuntos de españolidad y selección española.

Hoy, cuando viajaba por la línea 10, he visto a muchas personitas (insultántemente jovenzuelas) vestidas con los colores del combinado nacional y portando banderas de nuestro país. Entre ellas había muchos inmigrantes y muchos extranjeros que, me imagino, quieren darse una alegría y hacer la gracieta...mola. Tengo claro que un altísimo porcentaje de esas personas no salen a la calle por celebrar que son españoles o movidos por un renacido sentimiento nacional. Quiero decir, la gente anima a España que es un equipo que se enfrenta contra otros equipos que tienen nombres coincidentes con otros países. Y ya.

Cuando unos países quieren reinvindicar su hegemonía sobre otros lo que suelen hacer es mandar al ejército y no a un puñado de tíos en pantalón corto, digo yo.

Está claro que hoy la selección (o "El España" como decía sabiamente mi colega Fita Benítez) le ha pegado un buen repaso a los alemanes (léase que no me incluyo porque, lo juro, eso de "les hemos dado un repaso" es una cosa que dejo para gente como el entrañable Tomás Roncero que de verdad parece que ha marcado el gol de la victoria) pero que eso sirva para pensar que somos mejores que Alemania es mucho decir. Ellos tienen la Volkswagen y nosotros andamos un poco renqueantes en esos asuntos. 

Pensar que la gente verdaderamente española es la que cuelga la bandera nacional de su balcón o que acude al trabajo vistiendo la camiseta de "La Roja" es proyectar una imagen simplista de algo tan complejo y abstracto como son todos esos asuntos de la nacionalidad. No me cabe duda de que los regímenes totalitarios (y los muchos que aspiran a ese poder plenipotenciario sea con o sin urna de por medio) trabajan mucho en alimentar la absoluta simplificación de pertenecer a una sociedad. Ese es el primer paso. No tengo ninguna duda de que los mismos mecanismos que empujaban a la gente a levantar el brazo al paso de Hitler o a vestir a sus hijos con camisas pardas son los mismos que empujan al personal a salir a la calle haciendo esas demostraciones coloristas. Cuidado que no quiero decir que sean iguales que los nazis, simplemente que los símbolos de fuerza, los excesos, el jolgorio etc. etc. es parecido y se dispara con los mismos artificios propagandísticos. Unas veces para algo tan inocente como demostrar tu apoyo a una selección y otras tan perversas para iniciar una Guerra Mundial. 

Me imagino que  muchos alemanes no se tomaron en serio a Hitler pero que se fueron animando a medida que este iba conquistando países y recolectando victorias. Esos serían los que Cañizares definiría como "ventajistas", claro.

En nuestra mano está no caer en esos simplismos estúpidos, en poner cada cosa en su lugar y en entender que, para ser español, sólamente hay que tener un pasaporte que lo certifique, es opcional el hecho de llevar la carita pintada de rojo y amarillo, llevar una camiseta roja o hacer sonar el claxon del coche para animar a la muchachada. Sólo los más idiotas pensarían que algo tan accidental como la nacionalidad es un rasgo que es necesario sacar a pasear todo el tiempo.

Y ahora una pregunta: ¿Que habrá hecho José Antonio Camacho para no sudar? ¿Se habrá trasplantado unos sobacos de madera?

Nota del Insustancial: "Hay un hombre en España" es una canción de Astrud, el dúo formado por Genís Segarra y Manolo Martínez, incluído en su disco "Performance". Efectivamente, escuchando hablar a ciertas personas uno da por hecho que llevan sobre sus hombros el peso y las responsabilidades de esta gran nación y lo expresan así, casi con tanto surrealismo como los Astrud.

5 comentarios:

Edu Galán dijo...

Una canción que creo que resume el tema y que Victor Manuel define como "una canción muy borde"... "Soy de España"...

http://www.youtube.com/watch?v=8th-2O5WXbc

Todo dicho...

Avenida de la luz dijo...

Me molesta tanto la ostentación (ostentareidad, que diría Gil) como que te nieguen el orgullo de pertencia a un grupo. Todos nos alineamos junto a, buscamos referentes en nuestros iguales y nuestros opuestos. Preferiría ver la españolidad en los sindicatos y los empresarios a la hora de negociar la reforma laboral que las banderas en los balcones y los coches porque gana la selección (de fútbol, las otras llevan años ganando). Ayer un tonto llamó a una radio de tontos para preguntar qué pensaría el personal de Madrid de que en la selección (ganardora de la Eurocopa y finalista del mundial) abundaran los catalanes, los vascos y resto de periféricos. Ningún tonto de la radio supo decirle que esos periféricos también son españoles, tanto como los madrileños.

jordim dijo...

Yo es que el tema de los nacionalismos es una cosa que me parece cada vez más cutre, más de descerebrados (a riesgo de parecer también simplista). Yo voy con "El España" porque juega ahí Xavi, de mi terrassa natal, y Piqué y Puyol y otros tantos buenos tipos, unos chavales que me caen bien y que me apetece que triunfen, y que hablan en catalán, en castellano y en alguna otra lengua.
Pero también debo decir que cuando perdieron el pirmer partido no sentí ninguna decepción, y debió ser por la cantidad industrial de gilipolleces que llegaron a decirse en los medios sobre la seleccion, y la Roja y todas esas mamonadas de anuncio barato.

Señor Insustancial dijo...

Hola a los tres,

Edu,
Gran temazo.

Avenida de la luz,
Completamente de acuerdo contigo yo preferiría ver ese despliegue de energía en otras cosas.

jordim,
Mezclar fútbol con política es un ventajismo horriblemente barato.

Un abrazo a los tres.

moonriver dijo...

Pues yo me alegré con la primera y única derrota de España en este mundial y soñé con la posibilidad de que nos eliminaran en la primera fase y que el decontento futbolístico de los españoles se recondujera a un descontento general por la deplorable situación económica de nuestro país. Sí, quería que la Roja perdiera para que se volviera a hablar de la crisis y de las cosas que de verdad importan. Y ver cómo la victoria de la selección movilizaba a millones de personas, mientras que esos millones de personas no mueven un dedo por intentar arreglar todo lo que va mal en España me da ganas de vomitar. Así que no colgué ninguna banderita de mi balcón, ni me puse ninguna camiseta, no vi ningún partido, ni salí a emborracharme para celebrar la victoria y me sentí más española que nunca.