jueves, 18 de noviembre de 2010

Tontos de pueblo


Un amigo hace tiempo que abrazaba la idea de escribir una guía de "tontos de pueblo". Ya saben, los entrañables y chocantes personajes imprescindibles del mundo rural que igual se encargan de tocar las campanas que de apedrear a los coches que pasan demasiado rápido por la carretera general. 

Hace muchos años, pasaba los veranos en un pueblo de Extremadura, que tenía un "tonto" (un muchacho con Sindrome de Down) que era un verdadero cinéfilo. De hecho las dos personas que no faltábamos ninguna noche (y quiero decir ninguna) a aquellas proyecciones del cine de verano (Carmona, creo que se llamaba el establecimiento) éramos aquel hombre y yo.

Pepsi Cola en botella de 20 centilitros, bolsa de kikos marca KRAZY KORN y a disfrutar de lo que pusieran. Me daba igual "La mujer del Teniente francés" que "Flash Gordon". Así es como se construye a un cinéfago. 

Alrededor de aquel "tonto" del pueblo (apasionado del cine y también de colarse en el campanario a deshora y marcarse un concierto de percusión campanil) siempre se reunía un grupo de chavales dispuestos a que, si la peli no era de su gusto, picar al hombre aquel (pantalón de tergal subido hasta por encima de la tripa, camisa de verano, zapatillas de tela) para que saltara. Lo normal era llamarlo por su apodo (Huevo) y, después, hacerle cosas como taparle los ojos o decirle alguna cosa al oído que le hiciera perder el hilo. Siempre que voy a la filmoteca o a un cine de versión original y veo a alguien pedir silencio a alguien porque está comiéndose unas palomitas o porque hace más comentarios de los oportunos me acuerdo de aquel tonto de pueblo cinéfilo al que desesperaba en sobremanera cualquier cosa que le sacara, aunque fuera, por unos instantes del hilo argumental. 

Cuando las cosas se caldeaban un poco el tonto daba algunas voces y ahuyentaba durante un rato a los pequeños cabroncetes de su alrededor pero, cuando la cosa se ponía fea, perfectamente podía coger una de esas bancadas de metal y levantarlas aunque sobre ellas estuvieran sentadas seis o siete personas dando el esperado "show" y, como no, muchas veces haciendo parar la proyección durante unos instantes. 

Había ocasiones, sin embargo, sobre todo en las proyecciones de películas de acción o en las que salía alguna teta (me acuerdo de una peli de moteros titulada "Hi-Raiders") en la que no hacía falta picar al pobre hombre para que este diera su propio show. Me imagino que aquello de las películas le resultaba tan emocionante que no podía, por más, que intentar imitar los puñetazos de Rocky, animar a Bruce Lee con gritos o hacer comentarios en voz alta sobre aquellos pechos y aquellas desnudeces que se veían en pantalla. Era entonces cuando más risotadas se escuchaban y cuando aquel tonto disfrutaba más de la jarana. Yo creo que, incluso, se gustaba así mismo al verse como el protagonista voluntario de la fiesta. Si salía un escote el tonto no tenía más que exclamar "¡Melones!" o "¡chocho! para que la chavalada se crujiera de la risa y si ya el comentario se acompañaba de un movimiento pélvico la cosa era el despiporre. 

Han pasado 30 años y me imagino que el tonto de pueblo aquel ya habrá fallecido. Yo le tenía cariño por cinéfilo y porque tocaba las campanas a deshoras que es una cosa que siempre me ha apetecido hacer. Pero lo que tengo claro es que el espíritu de ese héroe rural sigue vivo en nuestros corazones y que, en la actualidad, siempre que se percibe la existencia de un tonto le crece un grupo de palmeros a su alrededor, aunque solo sea para intentar comprobar hasta donde es capaz de llegar en sus cucamonas. 

Desgraciadamente ya no se necesita hacer una guía de tontos de pueblo porque son las televisiones las que los contratan para ponerlos debajo de los focos de un plató y, cuando dicen "¡Melones!" o "¡Chocho!" o "¡Polla!" se reproduce ese momento catártico que yo viví en mi niñez y que ahora es retransmitido en riguroso directo.

Un hombre con Síndrome de Down no puede elegir, y menos hace 30 años, pero Salvador Sostres sí debería de demostrar cierto sentido común. A este paso, para llamar nuestra atención, ya no le va a valer con decir paridas y, emulando a otros tontos de pueblo más extremos, va a tener que sacarse la chorra delante de alguna moza porque, cuidadito, que al igual que en el pueblo de "Amanece que no es poco" todos los meses hay elecciones para cubrir su puesto y es posible que otro con menos escrúpulos le gane por la mano. 
  

2 comentarios:

Hitos dijo...

Quien es Salvador Sostres?

Señor Insustancial dijo...

Hola paisana,

http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/trabajadores-mundo-manifiestan-rechazo-palabras-sostres/csrcsrpor/20101118csrcsrsoc_10/Tes