martes, 8 de febrero de 2011

Princesas de barrio o la realidad según Almodovar


El domingo vi "Princesas de barrio", un docu-show que se ha sacado La Sexta de la manga y que, me imagino, que es como una especie de spin off de aquel programa que se titulaba "Mujeres ricas". 

Allá por los años 80 Pedro Almodovar se dedicó a reivindicar a la mujer de extrarradio o, más bien, eso entendimos nosotros porque si le echabas un tiento a "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" te dabas cuenta, un poco, de que lo que hizo Almodovar fue crear a unos cuantos personajes y hacer una ficción donde una señora que se dedicaba a limpiar mostraba una vida muy perra soportando a un hijo delincuente y porrero, a un hijo menor chapero, a una suegra completamente ida de la olla y a un marido taxista y maltratador enamorado de una alemana y que era la llave de unos pretendidos diarios de Adolf Hitler. 

Almodovar, como muchos de nosotros, solo utilizó de partida la vida de los barrios de inmigrantes interiores de la capital de Madrid (su hermana vivía en Parla y estaba casada con un Guardia Civil, si la memoria no me falla) para sacarle al asunto punta desde un punto de vista un tanto aberrado: niñas con poderes telequinéticos, monos de tranquilizantes para los que no hay recetas, Jaime Chávarri hablando del tamaño de su chorra frente a una prostituta de buen corazón, un asesinato utilizando las técnicas del Kendo japonés y un largo etcétera de situaciones que incluían a Javier Gurruchaga haciendo de lascivo dentista, un lagarto llamado "Dinero", Gonzalo Suarez emborrachando a Gutierrez Caba con vino peleón...

Era el director manchego, por aquellos años, un remedo de John Waters cañí que, de pronto, jugaba a la contra de la modernez de La Movida (dispuesta a quemar todo lo viejo o, al menos, a meterlo debajo de la alfombra hasta que pasara el temporal) reivindicando las conversaciones de vecinas y lo que parecía no una vida de sueldos bajos y casas de protección oficial si no una especie de chispeante aventura de la lampancia diaria repleta de personajes colgados y situaciones carcajeantes. Almodovar fue, ya por aquella época un postmoderno incomprendido.

Tras Almodovar se puso de moda la palabra "maruja" (muy celebrada) e incluso artistas como Martirio se permitieron la licencia cómica de jugar con dichos términos (cantaba por aquella época la eximia cantante andaluza aquello de "Son las osho menos cuarto/me tengo que levantá/necesito una pastilla pá ponenme a funsioná...) y un cierto jolgorio alrededor del ama de casa que vestía con bata y atendía como una esclava a "su santo" fue filtrando hasta convertirse en una caricatura. No me cabe duda de que la relectura que Almodovar proponía de su propia vida (infancia en La Mancha, adolescencia en Extremadura, madre dicharachera, estudios becados, un padre currante en una gasolinera, el despegue del estrellato desde un trabajo en Telefónica) tenía algo de cariñoso y también de agresivo. Con razón. Vender en España que uno ha salido de las estrechuras y ha triunfado gracias a su talento es para nosotros algo vergonzante...sólo echenle un vistazo a las biografías de nuestros personajes más reconocibles y verán ustedes cuantos de ellos reconocen haber tenido una infancia flojilla. Ser pobre, o haberlo sido, siempre es en nuestro país algo sospechoso de no ser buena persona o no ser de fiar porque siempre flota la pregunta: "¿Cómo lo habrá conseguido?".

"Princesas de barrio" es un programa que parte de la falsa percepción de que el extrarradio de las ciudades y sus habitantes es un semillero de historias escritas por Almodovar y que si se te ocurre dar una patada a un bote en un descampado te salen cinco o seis Belen Esteban dispuestas a rellenarte cuatro o cinco horas de chisme-televisión. No es el caso. De hecho seguir el periplo laboral de una madre soltera que tiene a su hijo viviendo con su abuela, a su vecina, a una go-go de Pachá que se quiere poner un culo falso, a la cantante de una orquesta y a una chica que vive con un novio pescadero parece no dar para una chispeante ficción de esas que parten de la premisa: "Son pobres pero se lo pasan guay".

La mirada zoológica hacia las estrechuras ajenas nunca me ha resultado excesivamente interesante. Sea porque vivo en un barrio normalucho, sea porque soy normalucho y de clase media o sea porque, desde nunca, me han gustado las bromas que parten de otras personas. Yo creo que, el humor bueno, parte de uno mismo y luego va hacia los demás.

Ficcionar la realidad y que no se note es una ardua tarea que, sin duda, "Princesas de Barrio" no sabe hacer. Ya sea porque las protagonistas están muy interesadas en llamar la atención y pierden naturalidad, ya sea porque se provocan una serie de situaciones (la visita de una vendedora de un robot de cocina, un concierto de Camela) que quieren colar como reales. Un bluff. Una pedorreta merecida porque, sinceramente, no se puede uno lanzar a la producción de un programa sin haber sondeado el material con el que se quiere contar y sin haber testado la fuerza de la idea del mismo.

Si "Princesas de Barrio" ha sido un intento de hacer un "Operación Esteban" ha fracasado tan estrepitosamente como en su intento de convertirse en un chiste sobre unas cuantas chonis. Desgraciadamente de todas las protagonistas dos parecen dedicarse al mundo de espectáculo (¿No es asquerosamente moralista mostrar a una go-go como si llevara malos pasos?) y las otras tres parecen ser retratadas más desde su situación laboral y social que desde el hecho de que sean, efectivamente, unas chonis que hablan fatal...incluso, en este punto, parece que se obliga al personal a hablar fatal.

Es posible que, en otros países como Estados Unidos o Inglaterra, donde la clase media vive una situación mucho más desahogada que la nuestra y donde la diferencia entre el barrio obrero y el barrio de funcionarios o PYMES es mucho más grande este tipo de programas tengan su razón de ser e incluyan esta mirada zoológica a otras clases económicas que no comparten ni nuestro suelo, ni nuestros barrios, ni siquiera nuestros mismos colegios o centros de trabajo pero, sinceramente, en un país donde las diferencias son tan estrechas y donde todo el mundo ha asistido a una boda donde la gente acaba por hacer el gilipollas poniéndose estupideces en la cabeza es normal que tengamos que forzar la maquina y alejar al objeto de nuestra observación para que nos resulte interesante.

Y, por otro lado: ¿Por qué las protagonistas siempre son mujeres? ¿Es que todos los tíos de este país son uno gentlemen? 

3 comentarios:

Noelia dijo...

Yo es que no entiendo la "tele-realidad" y todavía entiendo menos a la gente que se traga toda esa basura.
Ni chonis, ni ricas, ni granjeras, ni triunfitos, ni leche migá... Con los pocos canales que he dejado como siga borrando me voy a quedar como antiguamente, la 1, la 2 y la radio...

Un saludo Sr. Insustancial y enhorabuena por su blog.

Paria dijo...

Yo más que a Almodovar, diría Bigas Luna y "Yo soy la Juani"...Pero tampoco puedo opinar porque todo lo que se de ese programa es lo que leí en tuits.

Anónimo dijo...

Pues dejando un poco de lado la sobreactuación de 2 de las chonis, yo me he partido la caja con el programa.