sábado, 16 de octubre de 2010

Gran Hermano y la fugacidad de los tiempos



Estuve viendo ese magno avance de la nueva entrega de GH llamado "Esperando a GH" y, que quieren que les diga, pero la gocé.

A veces se goza por bien, por gustito, pero otras veces gozas mucho de ver el mal. Este fue el caso de este servidor de ustedes que se sentó "cinco minutitos" (más que nada por ver el escotazo turgentísimo de una ex concursanta de nombre vasco...así estoy de fané y descangashado) y acabó sumido en un mar de contradictorios discursos, peleas al más bajo nivel, envidias, puñaladas traperas, chistes con sal gorda y, todas esas cosas, que tanto le recuerdan a uno a la última vez que asistió a un compromiso familiar.

Ya no tengo duda de que lo mejor de GH es que es un fiel reflejo del momento exacto en el que se emite. Sí, es un programa que caduca al minuto justo de emitirse pero que tiene, oh sí, la virtud de tomar el pulso con una fidelidad inusitada al momento. Es un "carpe diem" televisivo. Hagan la prueba, revisen, por ejemplo, algun youtube de un GH emitido hace, sólamente, un año y caigan en la cuenta de lo viejo que se ha quedado.

Alimentado básicamente por gente normal (y no me vengan ahora de que se extrañan de que haya strippers, transexuales de ambos sexos, ex militares con priapismo y gente así) unidas por el único hecho de ser todos unos completos vagos que aspiran a que el paso por el programa les permita seguir viviendo de la nada absoluta y recibiendo un sueldo de una cadena nacional por sentarse en un plató a charlar con otra gente los concursantes de GH son, sin duda, el reflejo de la moda del momento. Como el concepto "moda" es algo terriblemente pasajero y todos pertenecen a una especie de cultura que ama la fugacidad de los tiempos pues visten, se comportan, alimentan, escuchan, emiten opiniones y, por ende, viven según los cánones del timeline que les ha tocado vivir. Cuando aparecen, otra vez, al año siguiente uno percibe que esas personitas han mutado la piel y que, toma ya, visten ya de otra manera y parecen incluso diferentes.

Una cosa que me llama la atención de los concursantes de GH y también de los de "Mujeres, hombres y viceversa" es que todos gozan muchísimo yendo de discotecas. Sí, miren que para mí el término discoteca es como una cosa lejanísima, como aburrida, como que no te dejan entrar con zapatillas de deporte, como de tener que ir uniformado a un sitio. En las poquísimas ocasiones en que, ya fuera porque estaba dando positivo en cualquier control, ya fuera por obligaciones grupales o por un sarao concreto siempre me he sentido a disgusto en esos sitios. La discoteca (y me refiero a la de moda y no a la entrañable disco de pueblo que merecería un artículo a parte) me repudia y yo repudio a la discoteca. Soy incapaz de abrir el armario y pensar: "¿Le gustará al portero rumano con músculos de la puerta mi atuendo?". El simple hecho de hacer el esfuerzo de adivinar qué es lo que tengo que ponerme para gustarle a un señor me produce unas rarísimas contradicciones internas de corte freudiano.

Sin embargo, y por lo que entiendo, la peña granhermanil disfruta cantidad del encorsetamiento, la diversión programada y, claro, está de ese genuíno "ver y ser visto" sobre el que se asientan esos templos del hedonismo.

Dirán que lo que me pasa es que no me como un colín en esos sitios. Y Tendrán razón. Y dirán que como en la fábula de Esopo de la zorra y las uvas verdes como no puedo disfrutar de ese paraíso lo detesto. Y, a lo mejor, no les faltará razón. Dirán que como soy contrahecho e inseguro pues me encuentro a disgusto entre esa gente que sólo busca el alivio fugaz (otra vez fugaz) de un cuerpo apolíneo esculpido con periódicas inyecciones de botulina, pis de mono titi y anabolizantes como para batir el record de la hora. Y, claro, volverán a tener razón.

No diré que me parecen todas unas chonis (de escote generoso, vaya por delante) y ellos unos imbéciles recalcitrantes. No. Diré que admiro profundamente su capacidad para vivir el momento sin conciencia de ayer, ni tampoco de mañana. Diré que, en el juego de la adaptación al medio, los grandes hermanos y hermanas me han ganado por la mano y que, de tener que elegir los espartanos cualquiera por quienes deberían de acabar en las profundidades del abismo que hay a los pies del Monte Taijeto estos no dudarían ni por un segundo en elegirme a mi, y a mis torpezas y a mis presuntas sabiondeces, y no a una pizpireta andaluza que no sabe pronunciar más de 1000 palabras en nuestro idioma y que, sin duda, si sabe vestirse y comportarse para la ocasión.

Ustedes dirán que son tontos, que no tienen conversación, que son el ejemplo claro de la ruinosa situación de nuestros planes académicos, que son el fruto de la estulticia y del desaforado culto al cuerpo e hijos predilectos de la cultura de la chiflada estética de los tiempos y yo les contestaré que no, que se equivocan, que en un sólo programa de GH se aprende más de los seres humanos que abarrotan España que en cualquier estudio sociológico sesudo.

Tras el espectáculo televisivo que pudiera bien parecer un circo indecente, una exhibición lamentable de todos los errores, vicisitudes y sordideces del ser humano yo les diré que, ese programa y esta edición de GH, nos brindará otra oportunidad de ver a lo más granado de nuestros congéneres, a los mejor adaptados, al irresistible ascenso de lo festivalero. Claro, ya lo dijo aquel, la revolución será televisada. Pues claro, gañanes, se emitirá en Telecinco.

Con el tiempo, una novela tan a primera vista prescindible como "Glamourama" (Bret Easton Ellis) que contaba la historia de un modelo gilipollicas que se embarcaba en un grupo terrorista organizado por otros modelos con la intención de hacer daño, se ha rebelado completamente premonitoria, olvídense de esos contubernios del XX que dieron un giro a la historia de Europa celebrados en cervecerías de tres al cuarto, en esas reuniones del XIX en cafetines lóbregos, en tabernas sucias porque, me temo, que el próximo gran golpe se va a fraguar en el reservado de Pachá o en el "confe" del programa conducido por Mercedes Milá.

No le faltan a la periodista catalana los medios para convertir a su GH (y sólo de ella) en todo un corpus de pensamiento ético y estético pues, el mismo jueves, ejerció de lo que es: la referencia. Sí, queridos lectores despistados, lo nuevo, lo que mola, es dirigir un programa que parece construido para limar asperezas en todo un espectáculo de sanguinolencia catódica usando todas las armas del desvarío para conseguirlo. Otro claro ejemplo de adaptación al medio catódico: si antes lo que estaba bien era hacer entrevistas a personas interesantes ahora, lo que manda, es calentar el patio. Lo consiguió y, por lo tanto, cumplido de sobra el objetivo solo podemos ponernos de rodillas y agradecer la lección prestada. Muy poca gente estaría dispuesta a servir tan alegremente a las motivaciones de los tiempos sin despeinarse (o despeinándose, porque la Milá ha sacado un histrionismo que es cosa fina y del gusto de las masas).

No me cabe duda que esa "vida en directo" que preconiza GH nos va a deparar las exactísimas coordenadas del lugar que ocupamos, el volumen exacto del espacio que ocupamos y, sobre todo, eso es lo importante nos va a deleitar durante unos cuantos meses con todo un catálogo de ropajes, peinados, canciones, actitudes, pensamientos y posturas éticas y filosóficas que no serán más que el fiel reflejo de lo que, ahora mismo, está pasando ahí fuera, de lo que se cuece, de lo que se habla y de lo que se prepara en el local de moda de su ciudad. Y ría, ríase mucho pero de pena, de no poder participar, de no estar en la pomada, de ser una puñetera antigualla y de haber malgastado su tiempo en tonterías. Pero, sobre todo, de no saber adaptarse. Ya pueden encomendarse a Don Carlos Darwin.

Como dice Paolo Vasile: "Carpe Diem".

Nota del Insustancial: En "31 canciones" de Nick Hornby encontré unas palabras del escritor comentando las extrañas razones por las cuales Springsteen había pasado de ser considerado el futuro del rock a ser catalogado, poco después, como un cantamañanas patriotero y con tendencia al histrionismo y la estupidez. Le echa la culpa a una crítica musical un tanto estúpida y poco informada. Lo suscribo. "Thunder Road", por cierto una de mis canciones preferidas porque soy un infantiloide al que el rollo épico-romanticoide de "The Boss" le pone todavía los pelos de punta, va de un tipo que quiere marcharse de su barrio cutre y triunfar lo que, al parecer, es lo que ha movido a mucha gente a ponerse delante de un toro o a concursar en GH. Venía que ni al pelo. Disfruten.   

jueves, 14 de octubre de 2010

¿Truco o trato, Rouco?



Al parecer la Conferencia Episcopal ha emitido una de sus simpáticas notas invitando a los niños a que, en la víspera del día de todos los santos (Halloween), se disfracen de santos en lugar de en brujas, zombis y cosas así macabras. La noticia aquí.

Bien.

Rían a gusto, a mi me duelen los riñones ya de hacerlo. 

Bueno, en cierto modo no es faltar a esa recién adquirida tradición anglosajona: se trata de que los niños opten por otra modalidad de personaje imaginario o inventado para disfrazarse.  ¿Mola, no? De hecho hay una gran cantidad de personajes sangrientos de los que pueden vestirse: San Sebastián asaeteado y atado al tronco de un árbol, San Lorenzo en la parrilla, La santa esa que llevaba los pechos cortados en una bandeja. El martirologio católico da para una gran cantidad de gente asesinada en las peores circunstancias y para retratar las escenas más viles de crueldad. Es más, uno puede vestirse de otros personajes de la Biblia como la María Magdalena recién lapidada o Judas colgando de un árbol. Otra cosa es que en la tienda de disfraces baratos se les agoten las existencias de túnicas y las barbas "a la moda" hebrea. Eso ya, que cada uno se lo comente en su punto de venta o tienda de chinos habitual.

Alguien debería de decirle a la Conferencia Episcopal que, si quiere adelantar la fecha de los Santos Inocentes (mira, otro disfraz bueno, niño degollado) lo primero que tiene que hacer es advertir al personal o que, si la cosa va en serio, se les comente así en plan bien de que están quedando, como siempre, como unos aguafiestas de lo peor.

A su manía por condenar cualquier tipo de práctica sexual (incluso la masturbación que, ya ves tú, que es una cosa pues que la haces muchas veces por aburrimiento o por retrasar alguna tarea más engorrosa como ponerte a estudiar), se le une ahora la "recomendación" de que tampoco nos disfracemos. Qué paradoja: miren al Papa que siempre va por ahí vestido de esa manera tan chocante, que no hay manera de que se ponga un rollo así de sport ni siquiera cuando visita tierras de infieles.

Lo que más me gusta es que a los curas les parece que estaría bien que la víspera de todos los santos se celebrara como se celebraba antes. Disculpen pero al no haber nacido en un hogar muy piadoso (que se me nota, mogollón) no entiendo muy bien como era eso de la fiesta de todos los santos antes. En la memoria tengo sólamente un recuerdo que no es otro que tener que acompañar a la tía de un amigo mío al cementerio para limpiar una tumba. Aquel día, justamente, aprovechaban los operarios para sacar exhumar un cadáver de una tumba con una máquina excavadora rodeada por un grupo de familiares que cuchicheaban sobre la buena calidad del ataud. Fue un espectáculo que, con doce o trece años, me pareció bastante molón. ¿Esa era la celebración antes? ¿Ir a ver como sacaban a los muertos de sus tumbas? No lo creo.

Sin duda la Iglesia Católica en nuestro país está jugando otro partido, es más, creo que juega a otro deporte, en otro campo, con otra pelota y en otra liga. Y no lo digo porque les parezca mal que los niños se les disfracen de brujas y de duendes (no encontrarán aquí ningún chiste que tenga que ver con curas y con infantes...es demasiado fácil) sino porque en tiempos de Wii, de PlayStation y de películas de zombis y de una laxitud tremenda en las costumbres recomendar a la muchachada que se entretenga disfrazándose de santo y asistiendo a rezos y vigilias (o haciendo galletas ¡Galletas! ¡Con lo buenas que están las de Hacendado!) me parece que es pedir demasiado cuando la tendencia marca que los niños tienen que salir a pedir caramelos y los mayores a churrarse aprovechando que, tan simpática fecha, cae justito a principios de mes y se tiene la cartera un poco más llena de lo habitual.

Al parecer también parece molesto que los diablillos se disfracen de idem (permitiendo que veamos su cara real, la más cruel) porque, en el fondo, no lo hacen por venerar a los santos si no por asuntos más profanos. Claro, los niños y sus putas manías de comer chuches cuando bien podrían estar rezando por el Papa Benedicto y toda su corte celestial de Arzobispos, Obispos y Cardenales.

Si la Iglesia quiere que los chiquillos se disfracen de santos en Halloween ya pueden ir metiendo en el santoral a lo Gormitti o a Bob Esponja...verían como, en ese momento, los intereses de infantes y Conferencia Episcopal coincidirían en un mismo punto.

De hecho, no se de qué se queja la Conferencia Episcopal porque, en nuestro país, en todas las noches de Halloween los mejores pubs y los bebederos más selectos se llenan de gente vestida de monja y de cura...vale de monjas rollo putón y de curas endemoniados pero, cuidadín, que la adolescencia (y la post adolescencia) es un gran mercado, un buen semillero donde recolectar almas.

No tengo ningún interés en solicitar de la Conferencia Episcopal o de la propia Iglesia católica ningún giro en esa costumbre de aparecer ante la opinión pública como una organización fea que dice cosas loquísimas. No me veo con fuerza puesto que no pertenezco y, por tanto, mientras que no instauren de nuevo a la Santa Inquisición y que esta se pasee por ahí soliviantando al personal lo que hagan o dejen de hacer me produce un rollo francamente refractario. Vamos, que paso.

Pero lo que no me gusta nada de estos señores tan aguafiestas es que se dediquen, paradójicamente, a cargar siempre contra los que no se pueden defender, que se permitan el lujo de señalar con el dedo las actividades más inocentes como si de pecados capitales se tratase. Eso es, incluso desde la distancia, un puntito molesto.

Nota del Insustancial: He querido pincharles este tema de Roy Orbison incluído en una de las secuencias más acojonantes de "Terciopelo Azul". Ahí tienen lo que tendría que ser una buena noche de desmelene: un tipo haciendo un playback de una canción triste en un tugurio y un público formado por una pandilla de descerebrados comandados por un tipo que está mal de la cabeza.


BOLA EXTRA:

Para terminar me he permitido rescatar algunos comentarios de un par de páginas que recogían la noticia. Más que nada por entender que, incluso las cosas que parecen tener el menor sentido, calan hondo en algunos ciudadanos. Esta inclusión de material me la inspira el fantástico artículo de Santiago Lorenzo publicado en "El Butano popular" que puede leerse aquí. Ahí van algunas "sandunguerías del pueblo llano":

jorgegvr dijo el día 13 de Octubre de 2010 a las 21:41:32:



Bueno, aquí tenemos el Día del Padre, el de la Madre, el de los enamorados. En vez de gastarlo en un perfume o una corbata y cena correspondiente, nos lo gastamos en nuestros hijos para que pasen una tarde divertida y feliz.


También aportamos un gran día, como por ejemplo la Noche en Blanco de Madrid, para que atraquen a los chavales.


Para los de fuera de Madrid es una noche en la que salen muchos "artistas" y perroflautas a mostrar su "arte", los museos tienen colas de tres horas para ver gratis los cuadros. Se me olvidaba, también es una noche en que los empresarios del servicio, los que te venden bocatas y latas y los carteristas "hacen su agosto".

jorgegvr es un claro ejemplo de ciudadano opinador al que el tema no le parece mal del todo pero, como tienen que poner la nota amarga, se dedica a hablar mal de La Noche en Blanco que, al parecer, es un nido asqueroso de perroflautas y carteristas que sale de los bolsillos de los contribuyentes. Por ahora la Conferencia Episcopal no ha dicho nada de esa celebración del culturetismo y la noctivaguez.

Anónimo
bueno amigo, la Iglesia cuando empezó no la formaban más que unos 12 apóstoles asustados y algunas mujeres piadosas. Esto va por fases. La Iglesia al final siempre vence. La daban por muerta con Nerón y también en el Siglo de las Luces, en el XIX.... Pero Cristo dijo que duraría hasta el fin del mundo y que tendría su especial protección. Y ahí sigue. Respecto a la fiesta, debemos conservar la de Todos los Santos. La Fiesta de halloween no es más que un invento del demonio. Y lo digo literalmente, porque ese día, sectas satánicas raptan niños (generalmente de padres emigrantes sin papeles, asegurándose así de que no van a ser denunciados) para realizar sacrificios a Satanás. Halloween no es más que el cumpleaños del diablo. Yo prefiero visitar el cementerio y rezar por mis difuntos. Lo de las flores está muy bien, para los difuntos les dan lo mismo las flores, prefieren las oraciones que les sirven bastante más.


Los ciudadanos que firman bajo el seudónimo de "Anónimo"  demuestran  poca imaginación para elegir su nomme de guerre pero lo compensan ofreciendo siempre información calentita y de primera mano como que "las sectas satánicas" raptan niños en Halloween.

Anónimo
Mi familia se ha disfrazado muchas veces y la verdad es que lo hemos pasado muy bien; pero en el fondo reconozco que hay algo malo en esos disfraces. Ese ocultismo y ese morbo por lo oscuro y la brujería no es bueno. ¡Hay que defender la alegría, lo bueno y lo bello; no lo oscuro! Por eso, como católico y aun sabiendo que la gente que lea esto me va a poner a caer de un burro no descarto que el diablo esté detrás de esto.


Es posible que Ned Flanders, vecino de Springfield, esté detrás de "anónimo". El Diablo, de nuevo, atrayéndonos con el morbo de ponernos un disfraz barato...qué cabrón.

Anónimo
Bueno, lo de Hallowen quizá sea macabro: noche de muertes con niños pidiendo caramelos y cantando lalala por los portales....pero lo de vestirse de Santo.....no sé, un poco fuerte pa los niños no?? y eso que soy católico, a ver cómo les explicas siquiera lo que es un santo?? bastante con que tengan claro lo de maría, josé y jesús y el portal de belén, y con eso hasta hay veces en las catequesis se complican, que síiii....lo que tenían que hacer los sacerdotes por lo menos y para empezar a fomentar si quieren esta tradición es repartir octavillas por los portales con las indumentarias de los santos y por detrás su descripción, así por lo menos informan, culturizan, y a lo mejor hasta alguno se anima luego a vestirse de santo....o por lo menos seguro a intercambiarse octavillas hasta conseguir la colección completa!!

Y aquí Anónimo se hace un lío y que, pese a no tener una opinión formada ejerce de opinador. Lo mejor es que ofrece curiosas soluciones: que los curas repartan octavillas por los portales con imágenes de santos y una explicación al dorso (en plan colección de cromos...¿curas esperando a niños en los portales? ¿En serio?). Un dato curioso: los misioneros que viajaron a América se dieron cuenta de que la tarea de convertir a todos aquellos indígenas era dificililla. No se les ocurrió mejor cosa que hacer unos libros donde por un lado se veía a un santo católico y, al dar la vuelta a la hoja, a un Dios de aquellas tierras equiparando a ambas entidades. De esa forma los indígenas aquellos se convirtieron al catolicismo pensando que era, sólamente, una forma diferente de honrar a sus propias deidades. Con el tiempo esta práctica panteísta adquirió el sonoro nombre de "santería"...y digo yo que eso si que es macabro y malrollero pero, bueno, no me hagan caso.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Intercambio (Antonello Novellino y Antonio Quintanilla, 2010)



"Es un mundo extraño" (Laura Dern en Terciopelo Azul de David Lynch).

Travis Produce, la productora del amigo Carlos Clavijo, se embarcó el año pasado  en la producción de un cortometraje titulado "Intercambio".

Tras dar más vueltas que una peonza finalmente Carlos, y los dos directores Antonio Quintanilla y Antonello Novellino, consiguieron la financiación, reunir a un equipo, conseguir unos actores etc. etc. etc.

Las etapas de preproducción son unos días emocionantes. Emocionantes quiere decir que a la gente le dan ataques al corazón y siempre sale gente herida (normalmente por arma blanca, aunque también hay orgullos y egos que se destruyen) pero, en verdad, nada tienen que ver con un rodaje en condiciones en el que a cada segundo se escucha eso de "Bienvenido al infierno".

Sobrepasada la prueba moral y física que supone un rodaje y sobrellevadas las secuelas (gente que se despierta a mitad de la noche gritando "¡Otra toma!" o personas que sienten que su vida no tiene sentido sin que haya un bocadillo de tortilla de patata esperándoles encima de dos borriquillas a media mañana también está eso de que se te queda la mirada de las "1000 yardas" o, sea, que tienes la música de los caballitos golpeándote la perola durante días y solo quieres dormir) "Intercambio" fue acabada y comenzó otra interesante etapa llamada: ¿Quién quiere ver esta maldita obra de arte?.

Esa etapa no deja de ser también tortuosa y deshumanizada. Tienes que procurar que tu cortometraje llegue a todas las convocatorias posibles de festivales donde unos señores que saben mucho de esto (o, a lo mejor, que son parientes de un concejal sin nada que hacer o, a lo mejor, gente que no tiene nada que hacer) selecciona las que les parecen mejores para sus festivales.

El titular de este blog se encontró en su etapa en la que soñaba con hacer películas que, un corto suyo, fue seleccionado dentro de un festival de Cine Experimental. Con alegría me presenté en aquella celebración de lo moderno, de lo contemporáneo y de lo überguay descubriendo que la sinopsis que había entregado para ser incluída dentro de la programación había sido sustituída por un condescendiente texto en el que se advertía a los posibles espectadores de la pieza lo siguiente: "Comedia de temática adolescente  con buenas intenciones que reflexiona sobre el romanticismo urbano desde una perspectiva simpática y naïf".

Al conocer a los organizadores me encontré con la sorpresa de que me habían seleccionado por rellenar un hueco (¡No sabes lo difícil que es encontrar obras contemporáneas y experimentales a la altura!) y que me habían programado en una sesión en la que todas las películas eran video-danzas, cosas en blanco y negro grabadas en un video chusco donde los personajes repetían mucho cosas absurdas, películas hechas a la remanguillé tirando de los peores efectos estroboscópicos posibles y un largo etcétera de atrocidades (¡verás lo que vas a aprender de esta gente que está a la última!).

Con la sala repleta de personal (todos con pinta de ser los más tontos de Bellas Artes) me tocó salir a la palestra en un rarísimo cine-forum posterior junto a unos tíos austriacos que parecían los primos de los Kraftwerk y una videoartista que dijo que venía de grabar una rave y que se rascaba mazo. Preferí no preguntar.

Tras ello, y en los copazos posteriores, tuve el honor de recibir todo tipo de insultos como "me he reído con tu película pero es una chorrada" o "no esperaba encontrarme algo así, no niego que me he reído y que le ha dado un poco de frescura pero me ha resultado ramplona y comercial...una pena" y, finalmente, una palmadita en la espalda de los organizadores diciéndome: "Venga, que al menos has venido y lo estás pasando bien". Conseguí darles esquinazo cuando marchaban todos a un concierto de cantos esquimales o algo así y conseguí llegar al hotel para poder tirarme en el suelo y llorar y patalear hasta que me quedé dormido.

El caso es que a la tropa de Clavijo le ha ido mucho mejor que a mi y, seguramente, mejor que al resto de los cortometrajes españoles estrenados este año porque ya tienen en su cuenta 29 premios en todo tipo de festivales (nacionales e internacionales). El último, y más sonoro, el premio del público en el I´ve Seen Festival que organiza, entre otros, el actor Rutger Hauer. Para que vean que no me lo invento aquí les dejo el vídeo de la entrega del premio (recibido el viernes de la semana pasada) en el que estos muchachos decidieron regalarle a Hauer una paloma para agradecerle su trabajo en "Blade Runner".



"Intercambio" es un cortometraje que reflexiona sobre el totalitarismo desde un punto de vista crudo atacando el asunto desde una perspectiva realista : un pequeño pueblo ve como toda su producción de grano tiene que ir a las arcas del estado quedando sus habitantes sumidos en el hambre. Por desgracia el hecho no es política ficción y hechos como estos ocurrieron durante el mandato de Stalin. A partir de ahí "Intercambio" escarba en el monstruo de las dictaduras desde un punto de vista donde no hay cabida para el maniqueismo. Brutal y sincera, la narración desemboca en una reflexión que se aleja bastante de los habituales cánones de nuestro cine social y político: la pobreza y el hambre arrastran a la desesperación y a la consumación de actos terribles e inhumanos. Pero, por si fuera poco, se señala a los culpables y, allá a lo lejos, se trazan los elementos necesarios para que este tipo de actos se produzcan.

Y digo que se aleja de los habituales cánones de nuestro cine porque, en realidad, nosotros preferimos manosear un discurso que se parece sospechosamente a una clase de catecismo: la pobreza es digna y su existencia permite que la sociedad tome conciencia y se redima. Partiendo de ese sin sentido judeocristiano (implícito en la noción que lo moderno tiene de la injusticia social) preferimos regodearnos en una narración que tiene a la misma pobreza y a sus sufridores protagonistas como ejemplos de santidad y martirio pero nos obcecamos en no señalar a los culpables, ni siquiera allá a lo lejos en el horizonte.

Además de sus innegables valores técnicos y formales (la fotografía de Villarías, el trabajo actoral, el diseño de producción, el ímprobo trabajo de maquillaje y vestuario etc.) nos encontramos con una película cruda que, aparentemente construída en la ficción, nos llega como un sopapo documental.

Es una pena que el Ministerio de Cultura, pese a sus 29 premios, la haya tenido en poca estima y haya alcanzado la puntuación de "0" en el ranking en el que se otorgan los dineros públicos. Pese a la mala noticia que eso supuso para "Intercambio" no dejo de pensar que es una buena noticia para el cine español: si esta gran peli no ha recibido un duro es porque, sin duda, la competencia era muy buena. Habrá que estar atentos este año. Sin duda.

También es una pena que los éxitos de una producción española hayan pasado completamente desapercibidos para los medios de comunicación de masas de nuestro país. Sorprende cuando otros éxitos gastan tanta tinta y tantas tarjetas de memoria que "Intercambio" o que la nueva peli de Vigalondo o que lo nuevo de este o del otro casi pasen desapercibidas. ¿Saben que "Buried" de Rodrigo Cortés es un exitazo internacional? ¿A que no?

Y es una pena porque las películas serían una interesante industria. Las películas dan trabajo a mucha gente, y no me refiero solo a actores y técnicos, me refiero a conductores, taxistas, electricistas, economistas, administrativos, abogados, carpinteros, fontaneros, publicistas, diseñadores gráficos, trabajadores de la industria textil, modistos, sastres, peluqueros...por no hablar de que, indirectamente, generan beneficios en agencias de viajes, bancos, empresas de publicidad estática, medios de comunicación etc. etc.

Evidentemente no digo que la producción audiovisual sea la panacea pero, en realidad, en estos tiempos no nos vendría mal que unas cuantas industrias de este tipo se dedicaran a dar empleo. ¿no?

Es una pena que nuestras películas sean directamente las mayores damnificadas del momentos político y social que vivimos, que hayan sido elegidas como las cabezas de turco, como las víctimas propiciatorias y que, en un mundo informativo tendente a la extrema derecha, sean ignoradas. Por desgracia, los que deberían de estar haciendo patria, también parecen mirar para otro lado, quizás más interesados por otros mundos artísticos que, por desgracia, no están en este.

Les dejo pues con el recomendatorio de "Intercambio". Échenle un vistazo, si les apetece recomiéndenla a sus amigos y, por favor, no pierdan la oportunidad de decir que la han visto, de comentarla porque, con ello, quedarán ustedes como unas personitas informadas, que están a la última, que son capaces de descubrirles cosas a sus amistades. Háganlo de pasada, en plan, "¿Aún no habéis visto Intercambio? Pues es buenísima". Se van ustedes a convertir en los amos de la fiesta sin tener que pagarse ese curso de guitarra española que ofrecen en CCC. Bueno, a lo mejor no, pero sin duda habrán ustedes contribuído a que un emergente productor pueda seguir haciendo películas lo que, en el fondo, me hace recordar que cada vez que se hace una buena película un pobre desgraciado sale del paro.

Pueden disfrutarla aquí.

lunes, 11 de octubre de 2010

El día en que le recomendé a un premio Nobel que viera "Los Soprano"



Estaba en la FNAC con mi amiga Leonor comprando unos libros cuando me encontré con Thais. La  peruana había aparecido por casualidad en mi vida y como por ensalmo había desaparecido sin dejar rastro.  Era de esa gente que siempre tiene una frase genial en la boca, aunque siempre la recordaremos por un "¡Ay Diosito, sálvame!", una especie de plegaria que entonaba a la tercera o cuarta copa de ron, y por arrastrar detrás de sí una ingente cantidad de vivencias, anécdotas y personajes (entre ellas una peruana de ascendencia judía que andaba buscando un productor que le financiara un espectáculo de marionetas porno...algo sin igual, créanme) que, para mi, que apenas había salido de los límites de la Europa Sur eran algo impresionante.

Sin tiempo para demostrarle mi cabreo por su desaparición o pedirle alguna explicación la mujer aquella se me abalanzó  elevando otra plegaria ("¡Ay Diosito, gracias por poner al gordo de nuevo en mi camino!") lo que hizo que me sintiera como cuando Elmer el Cazador se encontraba con Bugs Bunny y este le decía eso de "¿Qué hay de nuevo, viejo?".

"Que alegría verte, qué alegría Insustancialito, sufrí mucho porque dejamos de vernos...¿Tú sabes algo de dividís, verdad? ¿Sí, seguro que sabes de dividís, cierto? Ve ahí y ayuda a esa pobre gente que viene conmigo que no se entera de nada mientras me pongo al día con Leonor...que bueno que te vi Leonor, que tal todo, cuentame, anda Insustancialito, ve". 

Todavía en shock me dirigí hacia un matrimonio al que sólo veía de espaldas, acompañado por un chaval más joven. Trasteaban con unos DVD (dividís) en las estanterías de la FNAC. El hombre se giró y me quedé parado. Tieso. De corchopán. Esa "pobre gente" a la que mi amiga acompañaba y que, al parecer, no tenía algún problema con los DVD era, nada más y nada menos, que Mario Vargas Llosa, su mujer y uno de sus hijos. Desde la lejanía escuché decir a Thais un "Fíate de Insustancialito que es un gran amigo y sabe de todas esas cosas...¡además escribe como vos!".

-"Esto...escribo bastante peor que usted, la verdad".
-"Bueno, el día que lea algo suyo ya le diré...".

Mi diálogo interior en ese momento era "hostiashostiashostiashostiashostias". Nada más.

-"¿Me puede echar una mano con estos DVD?"
-"A ver si puedo, dígame". 
-"Pues que no dejo de oir hablar de esta serie y me gustaría comprarla". 

Era la primera temporada de Los Soprano. 

-"Es muy buena, es cojonuda". 
-"¿Y la puedo ver aquí, en España? Es que esto de los numeritos de los DVD, no me aclaro". 
-"Si tienen un 2 puede verlos aquí pero no en Estados Unidos o, creo, en Hispanoamérica. Para ver los que tienen un número 1 o cualquier otro número necesita un aparato que sea multizonal". 
-"¿Cómo?". 
-Pues un aparato que acepte los discos de cualquier país, que  los lea. Lo puede comprar en la calle Barquillo porque aquí no creo que los vendan". 
-"Sabe usted muchísimo joven. ¿Me puede decir donde comprarlos?". 

Al instante me vi apuntándole en un papelito, la cuenta de un restaurante, la dirección de una tienda de la Calle Barquillo donde se podían comprar reproductores de DVD que leían cualquier disco. Ni que decir tiene que la gente que pasaba alrededor de nosotros estaba pensando "Coño, mira que famoso será el tío ese que Vargas Llosa le está pidiendo un autógrafo". 

Luego ya le pude decir lo mucho que me gustaba como escritor, allí parado, en medio de la FNAC con un montón de gente sosteniendo libros  suyos para que se los firmara y él, bastante divertido, me volvió a dar las gracias y a decirme que perseverara en lo de escribir si es que me gustaba que él hacia lo mismo. Le pregunté por Pantaleón y por La Tía Julia y me contestó amablemente durante unos poquísimos minutos. Después nos despedimos también de forma muy agradable y me dijo que "vería la serie, a ver si era tan buena". Quedé con mi amiga Thais en vernos sin falta unos cuantos días después. Era puente y se quedaba en Madrid unos días antes de largarse a Líbano a no se que historia del ACNUR.

Siempre me ha interesado mucho más el Vargas Llosa "escribidor" que el Vargas Llosa "opinador". El Llosa opinador, ese señor empeñado en que sepamos su opinión sobre todo, no me mereció mucho respeto porque traicionó al primero. Es decir, la bibliografía de Vargas Llosa apuntaba a una revolución, era en sí un proyecto de renovación de los géneros literarios hispanoamericanos y aspiraba a cambiar para siempre el rumbo de la literatura en español cargándose las diferenciaciones entre alta y baja cultura y fortaleciendo así los lazos de los intelectuales con sus lectores.

El Boom de escritores hispanoamericanos supuso una revolución consciente y la necesidad de articular diferentes nacionalidades a través de una misma voz compartiendo una serie de valores y de raíces comunes donde se anudaran el indigenismo con la tradición literaria española dando así sentido a un mix, a una reinterpretación de una cultura rica, transnacional y sabrosamente criolla lo que hacía que, de un tirón, todo tuviera sentido. Al igual que en la rica cocina peruana la cultura hispana bien podía tomar los derroteros de convertirse en un cruce de caminos entre lo de ayer y lo de hoy, entre Uslar Pietri y Carpentier, Llosa y Montalbán, Márquez y Cervantes. Así fue.

De hecho, y siguiendo con el simil culinario, si en la cocina peruana se podían encontrar estas dos tradiciones y la aportación de la cocina oriental bien podía la literatura hispana agarrarse a otros moldes, a otros usos y a otros sabores sólamente por enriquecerse. En ese punto es donde Vargas Llosa emerge (de la mano de Borges) en un elemento aún más revolucionario que no es otro que la mezcla con otros estilos, en el interesante camino de llevar la tradición hasta nuevos lugares propios sin desmerecer a una novela por ser, por ejemplo, policiaca.

Es una pena que lo personal (el distanciamiento con Márquez) y en lo político (la absurda dicotomía entre Castro sí y Castro no) acabaran por obstaculizar este camino emprendido por Vargas Llosa que, aunque ha tenido escuela, no ha dejado de nacer un poco muerto ante el empuje de otras cuestiones menos literarias.

Contra Vargas Llosa no tengo otra cosa que el hecho de que se haya convertido en un escritor menos preocupado por escribir que por permanecer en el ojo público el mayor tiempo posible.

No concibo como un tipo tan inteligente, un tipo que siente la necesidad de ver "Los Soprano", sea capaz de apoyar sin dudas de ningún tipo a un candidato tan poco agraciado políticamente como Aznar. Es decir, no concibo como alguien puede apoyar a un tipo que, evidentemente, no ha leído nunca nada que haya escrito o ha tenido el menor interés en hacerlo. Es más, y en esto soy francamente malvado, no le concedo a Aznar ni siquiera la capacidad para entender nada que haya hecho Vargas Llosa ni siquiera leyéndolo.

Sí entiendo al Vargas Llosa "opinador", ese bicho político, que busca soluciones hasta debajo de las piedras, es decir, que cree que la economía de mercado puede salvar a Hispanoamérica. Vale, lo que no entenderé nunca es las razones que llevaron a Vargas Llosa, un derechista suave a la europea que siguió clamando contra Pinochet y contra Fujimori,  a apoyar a un partido tan anclado en la tradición y amante de los mismos rasgos de poder que quiso combatir en un momento determinado.

Si Jaime Baily me parece un "posturitas", un tipo que juega con los símbolos externos de la liberalidad de derechas diciendo chorradas. Y sólo chorradas. Si la deriva de escritores que sonoramente aparecieron en el mercado vendiéndonos un libro llamado "Coños" y que ahora parecen no haber salido de la sacristía me parecen aún más sangrantes por necios y reduccionistas no dejo de pensar en Vargas Llosa como un intelectual que clamó en un determinado momento por la injusticia (lean sus escritos en contra de la pena capital que sigue manteniedo vivos, lean sus crónicas sobre las dictaduras militares hispanoamericanas) y lo siguió haciendo en un momento en que Castro ya era todo un exceso.

Le achaco a Vargas Llosa haberse convertido en un escritor menos interesante o, a lo mejor, en un escritor menos feroz, menos incisivo, menos molesto, más integrado, más aburrido en algunos pasajes pero, que se "haya hecho de derechas", me hubiera parecido un pecado venial de haber seguido siendo tan buen escritor como lo fue antaño o como nos demostró en "La Fiesta del Chivo".   

Me alegro por el Premio Nobel concedido al Mario Vargas Llosa escritor y no al Mario Vargas Llosa opinador. Me alegro porque le hace justicia al otro genio de la generación del Boom hispanoamericano, ese que vendió muchos menos libros que García Márquez porque siempre fue mucho más difícil de leer (aunque les invito a leer "Pantaleón y las visitadoras" y "La tía Julia y el escribidor" para que rían a gusto) y que, sin embargo, convertía cada novela en una estructura preciosista, con un ritmo ideal para la narración, con unos personajes increíbles. Es por ese Vargas Llosa por el que me alegro.

Días después aquello volví a ver a mi amiga Thais. Fuimos a cenar a un restaurante mexicano (no al que normalmente frecuentábamos sino a "la panza es lo primero") a trasegar tequilas y a hacer la ruta de nuestra memoria que incluía el "Pepe Botella", el "Manuela", el "Fantasía" y "La Vaca Austera". Como tantas otras noches terminamos en el pequeño salón de su casa, casi de amanecida, tumbados en el sofá entre plegarias a ese Diosito suyo (ambos tan ateos sólo podíamos rezar a un Dios de pacotilla inexistente y caricaturesco) y el humo de la mota.

-"Ay no sabes Insustancialito el favor que me hiciste el otro día...mira que a lo mejor te lo puse difícil, ¿un poco solo, no?".
-"No, me encantó conocerlo, en serio".
-"Me dijo Mario que si sabes tanto de dividís como de escribir vas a ser grande...".
-"Cochina exageración la tuya".
-"Lo dijo, que lo dijo, Insustancialito, que quedó encantado".
-"Ya, ya...".
-"¿Y qué andas escribiendo ahora, dime? Cuéntame una de tus historias".

Y seguimos charlando un rato y le conté de esto y de lo aquello. Historias. Y me sentí, como siempre que estaba con Thais, como un escribidor, como un contador de historias.

Después no nos hemos vuelto a ver.

Nota del Insustancial: Si el boom literario encabezado por los escritores hispanoamericanos de los años 60 fue una revolución estética e ideológica notable que pretendía cambiar para siempre la historia de la literatura en español y también como motor de reinvindicación de la tradición literaria del continente frente a la pujante cultura anglosajona no fue menos interesante el trabajo que Ruben Blades, Willie Colom, Hector Lavoé y todos los músicos hispanoamericanos hicieron en los años 70 para sacar el folclore de todo el continente del mismo y hacerlo popular en todos los lugares del planeta. Por cuestiones meramente sentimentales "pincho" este "Telefonito" pero podría haberme decidido por cualquier tema grabado por Fania Records o por cualquier pieza de Paquito de Rivera o cualquier pieza de la Fort Apache Band.

jueves, 7 de octubre de 2010

La televisión es Palmariana



Les cuento una historia barroco-progre:

Allá por principios de los 70 mi padre daba clase por la provincia de Cádiz. Sobre las razones por las cuales mi padre, extremeño, se vio obligado a estudiar la carrera en la escuela normal de Pontevedra y a luego impartir clases en la otra punta de España es algo que se nos escapa a casi todos sus parientes cercanos pero, ahí está, el afán viajero del Padre Manson.

El caso es que mi padre se lo estaba pasando guay: en Cádiz descubrió el flamenco, el poker, se hizo colega de los Hermanos Rivera (los toreros) y parece ser que se estaba dando a la vida disipada que tanto en el norte como en su procedencia de interior le resultaba tan lejana. De hecho, de todas estas historias de juergas, francachelas y cachondeos no hemos tenido noticias en la familia hasta hace relativamente poco tiempo y siempre por testimonios indirectos de personas que lo conocieron cuando se estaba dando a la masacre festiva. Después ha sido un tipo bastante más muermo con momentos de esplendor como ya les contaré en otra ocasión.

Pues ahí tienen ustedes a mi padre, tan juerguista y tan progre, impartiendo clases en un colegio de Barbate (Cádiz) –Barbate es como nuestro Graceland porque “siempre hay algo que nos llama a ir a Barbate”- y un buen día uno de los compañeros de curro comienza a dar la barrila con el tema de las apariciones marianas de El Palmar de Troya.

Según cuenta mi señor padre en aquellos tiempos el asunto religioso y esotérico se puso de moda además de que comenzaba a notarse ese rollo de atracción inevitable hacia el rollito OVNI…es curioso pero, si lo piensan bien, ese tipo de historias suelen generarse con mucha fuerza en países que están a punto de abandonar un sistema dictatorial o que acaban de dejarlo. Sólo hay que pensar en la cantidad de noticias de carácter “Ikerjimenezco” que nos proporcionó la extinta Unión Soviética y de la rápida caída de los camaradas en las chuminadas del otro mundo amén del sincero estallido de devoción religiosa que les atenazó y que ahora no saben como quitarse de encima.

El caso es que mi padre, tan moderno y tan necesitado de experiencias (y me imagino que tan continuamente resacoso), se vio envuelto en un road trip de proporciones bíblicas: una excursión a la muy noble y muy leal villa de El Palmar de Troya para asistir a esas apariciones que la prensa decía eran una especie de experiencia sorbenatural donde los videntes, aquellos a los que la Virgen Santísima se les colaba dentro del cuerpo, hacían que bailara el Sol (algo que sigue asegurando Pitita Ridruejo sobre las apariciones marianas de El Escorial), tomaban la comunión directamente de las manos de Dios, hacían caminar a los paralíticos, recuperar el sentido a los locos…o sea, la hostia.

Para ya se fueron unos cuantos maestros. Mi padre lo cuenta más o menos así: “Aquello era deprimente, puff, un secarral con una mierda de olivo seco en medio. Una mierda vamos, se te quitaban las ganas…yo quería irme a ver al Cádiz que me había hecho socio y cuanto más rato estaba allí más ganas tenía de irme. Una mierda tú, un asco. Además no hacía más que llegar gente en autobuses, todos rezando y no hacían más que llegar ambulancias con gente con goteros en la nariz (sic) y personas en muy mal estado. Me acuerdo que había hasta un chaval con síndrome de Down. Pobrecito. La gente se arremolinaba al lado de dos crías y de aquel tío, el Clemente que estaba un poco más allá al lado de ese otro, de su novio, de Manolo ¿Te acuerdas que vimos la película? Pues nada, los que estaban haciendo negocio eran aquellos dos y el jeta del cura del pueblo que había puesto una especie de chiringuito donde vendían cerveza y refrescos. Encima todo carísimo. De pronto estabas allí y uno de aquellos decía “mirad para el Sol que baila, que baila”. Coño, como no iba a bailar, si se te estaban desprendiendo las corneas de mirar y, encima, con toda la solanera encima te quedabas gilipollas”.

Mi padre narra el momento anterior, quizás unos años antes, a que el conocido como Misterio del Palmar de Troya se convirtiera en un escándalo de proporciones bíblicas. Por si ustedes no lo saben, las presuntas apariciones marianas de esta localidad sevillana tienen una historia que, punto por punto, es correlativa con cualquiera de las apariciones marianas que se han sucedido desde finales del siglo XIX hasta nuestros días: niños que encuentran un lugar alejado de un pueblo donde se dan de bruces con la aparición, in person, de la Virgen que les traslada unos cuantos mensajes claramente apocalípticos que tienen que ver con el aligeramiento de las costumbres, la falta de rigor para abrazar los preceptos de la Iglesia, la falta de fe y, claro está, la advertencia de los malos rollos que eso conlleva como la condenación eterna. Comenzaron en 1968 y se extendieron en el tiempo hasta 1975.

Aquellas apariciones fueron aprovechadas por Clemente Domínguez y Gómez y Manuel Alonso Corral, pareja residente en Sevilla (uno cobrador de impuestos y otro abogado, los dos timadores) que urdió el plan de convertir al primero en un místico presentándose como tal en la localidad de El Palmar. Sin duda, la mayor preparación de estos dos individuos y el hecho de que inventaran un genial truco visual les permitió ir expulsando a las primeras videntes y quedarse con todo el negocio. Clemente entraba en trance y al momento la boca se le llenaba de una espuma blanca efervescente. Al abrir la boca se podía ver una hostia consagrada en la lengua…era un alka seltzer que tomaba subrepticiamente. Pero la cosa funcionó.

De hecho les funcionó también que convirtieron aquel pequeño timo en un timo a gran escala: con el tiempo ambos fundaron la Iglesia Cristiana Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz consiguiendo los fondos de unos cuantos chiflados que consiguieron que el Arzobispo de Hanoi los nombrara obispos. Como el cuento no paraba tuvieron la ocurrencia de provocar un cisma con la Iglesia católica oficial y nombrar a Clemente, Papa. Recibió el nombre de Gregorio XVII. Desde entonces todo tipo de escándalos (curiosamente no tan diferentes de los que atesora la Iglesia de Roma) han acechado a esta simpática orden que tras la muerte del primer Papa nombró a Manuel Alonso como sucesor bajo el rimbombante nombre de Pedro II.

Si les interesa la historia además de mucho material literario les recomiendo la versión cinematográfica de los hechos titulada Manuel y Clemente. Es una gozada.

Sobre literatura sobre el tema vale la pena que intenten retrotraerse a los tiempos en que muchos himbestigadores de lo oculto le dedicaron crónicas francamente creíbles sobre la naturaleza completamente real de estas apariciones y la simpar bonhomía de estos dos personajes y de todos los videntes allí convocados. Luego, como suele ser habitual, ninguno de ellos ha querido retractarse de sus palabras.

El caso es que mi padre, francamente aprensivo, por fin consiguió hacer desistir a sus compañeros de quedarse más tiempo en aquel lugar. Los 120 kilómetros que separan Sevilla de la costa no son los mismos de la actualidad y se podían tardar sus buenas tres horitas en cubrirlos por completo.

Cuando iniciaron la marcha, comenzaron a notar que el conductor se ponía de lo más raro y que estaba todo el rato hablando del tema, de lo mucho que le había impactado, de lo cerca de Dios que se había sentido. Mi padre, que tiene una fe ciega en una estúpida teoría que tiene que ver con los presuntos efectos que el sol tiene sobre la cabeza de las ovejas (aunque ya desconfía un poco sigue pensando, al igual que su tío Juan, que las ovejas no pueden estar demasiado tiempo al sol porque se “amodorran”, es decir, se vuelven gilipollas…lo que es una explicación que ha quedado un poco atrás cuando todos conocemos ya el Síndrome de Creutfelz-Jacob o “Síndrome de las vacas locas”) es el mismo que tiene sobre los humanos achacó durante años lo que ocurrió a continuación con el calor que habían pasado y que estaban pasando todos metidos en un 850 con las ventanillas abiertas….

De pronto el conductor comenzó a aminorar la marcha y a decir “la veo, la veo, la veo…” al principio bajito y despacio y a medida que pisaba el acelerador más alto y más rápido. El caso es que el coche comenzó a salirse de la carretera y a ponerse en dirección a unos árboles que sólo la pericia del copiloto (mi padre, a esas alturas estaba ya intentando abrir a cabezazos el cristal trasero para saltar del coche en marcha) consiguió pisar el freno y que el posible choque mortal quedara en un golpecillo en el parachoques y un susto.

Mi padre cuenta aquello más o menos así: “Yo lo que tenía ganas en ese momento era de salir de allí atrás como fuera y luego de sacarlo del coche a gorrazos. Qué cabrón. El tío aquel decía que había visto a la Virgen, ¡A la Virgen! Que si XXXXX no da un volantazo claro que vemos a la Virgen, coño, y a San Pedro y a la Corte Celestial porque hubiéramos cascado. Yo tenía ganas de matarlo, de verdad. Pero eso fue culpa del calor, que le dio en la cabeza…y encima me quedé sin ver al Cádiz…que me había hecho socio del Cádiz…para ver fútbol porque yo soy del Madrid pero el Cádiz me cae muy bien…bueno, el caso es que volvimos más tranquilos, paramos en una venta a tomar algo y parece ser que se calmó un poco. Yo no quise volver a un sitio así, en la vida. Había hasta un niño con Síndrome de Down. Pobrecito. ¿A quien se le iba a ocurrir la cabronada de convencer a unos padres analfabetos de que su hijo iba a curarse por irse a un secarral? Qué gentuza, de verdad, qué gentuza. Pero lo mejor no es eso, es que el tío aquel, el de “la veo, la veo, la veo” años después dejó el magisterio y se hizo cura de El Palmar, de los de El Palmar, se metió en el seminario que tenían en Sevilla”.

Desde entonces mi padre no volvió a pisar un lugar así e, incluso, declinó varias ofertas para unirse a varios grupos de avistamiento OVNI que montaban. Es más, cuando vivíamos en Catalunya (Palafrugell, Girona) tampoco quiso unirse a ninguna de esas reuniones hipermodernas de gente que hablaba de chakras y de reyki y de piedritas mágicas y de echarle maldiciones a Franco para que cascara antes.

En lo que siempre hemos estado de acuerdo es en que el caso de Manuel y Clemente, los fundadores de El Palmar, son una prueba inequívoca de que todos somos muy capaces de comernos una mierda enorme aunque el aspecto que tenga por fuera tenga la peor pinta posible. Evidentemente El Palmar de Troya era un timo, incluso antes de que aquellos dos señores sevillanos lo capitalizaran y lo exprimieran ya era un engaño gigantesco. La diferencia es que unos sólo vieron la posibilidad de venderles coca-colas a los incautos mientras que otros supieron maximizarlo hasta poder construir una basílica, la actual, que es más grande que la de San Pedro en Roma. Una inversión alta pero que no tiene más objetivo que el de atraer a más incautos a las cercanías de El Palmar para que sigan llenando las huchas petitorias.

Cada vez que enciendo la tele me acuerdo de Clemente y de los chiflados de El Palmar. A diario, y con más insistencia si cabe en los últimos días, acudimos a un nuevo milagro, un milagro diario más grande aún que darle de comer a una hambrienta multitud con apenas una lata de sardinas y un chusco de pan.

Ese milagro tiene un nombre: Belén Esteban. Dos cadenas nacionales (Telecinco y Antena 3) alimentan sus programas de mayor audiencia gracias a la vida de una mujer completamente vulgar. Y no me refiero a su forma de hablar, a su escasa preparación académica o a lo parvo de sus actividades sociales sino a que Belén Esteban es una persona completamente normal-normalísima (una nomenclatura que usa mucho mi padre).

La fascinación que provoca la vida de la ex novia de un torero no puede nacer más que de la intensa necesidad de las estrellas mediáticas por alejarse todos los días, un centímetro más, de la realidad. Es Rosa Pereda, en El País, la que ayer mismo se unía al carro de los creyentes en este milagro con un artículo en el que describía su fascinación por el personaje con una frase que también se repite mucho “Belén Esteban tiene algo”.

Ese “algo” es la fascinación real o impostada (más bien creo que impostada o autoimpuesta) por lo que muchas personas creen un estilo de vida tremendamente lejano y, por tanto, exótico y excitante.

Curiosamente, los mismos mecanismos que han mantenido vivos los espectáculos de freaks hasta nuestros días, son los que impulsan este milagro mediático. Fíjense si no en la adopción de Joseph Merryll, El hombre Elefante, por parte del doctor Treves en el Siglo XIX. El buen doctor, un hombre compasivo al parecer, se sintió fascinado en primera instancia por la enfermedad (Síndrome de Protheus) de Merryll pero, tanto para él, como para los demás miembros de la alta sociedad inglesa que lo visitaron lo más sobresaliente no es que fuera un ser humano completamente deforme. No. Lo interesante de Merryll es que, pese a ser pobre como una rata y no haber recibido apenas educación, leía y escribía de forma notable y había criado una sensibilidad estética y ética que los dejó completamente atónitos.

En otros términos, y por asuntos mucho más chabacanos y menos de letras, la fascinación que el personaje de Belén Esteban produce sobre sus jefes tiene un carácter francamente parecido pero, en este caso, con haber encontrado a una persona que, casi sin formación y sin haber recibido más que una educación básica, es capaz de conectar con (a su entender) millones de personas todos los días.

Cuando los medios de las tripas y el corazón señalan a Belén Esteban como “La Princesa del Pueblo” lo hacen, claro está, con una medio sonrisa sardónica en la que les blanquea la piñata y, bueno, en cierto modo saben que semejantes epítetos les sirven para vender más coca-colas y más refrescos a los incautos pero también satisfacen la necesidad de los que creen a su altura y que también fingen estar lo suficientemente alejados de las vidas de los extrarradios como para mostrar esa extraña fascinación por un personaje como Belén Esteban.

Como el amigo aquel de mi padre, algo que comenzó como una cuchufleta entre cuatro maestros de provincias que querían emprender un Magical Mistery Tour sureño, poco a poco hemos visto como esta presunta tormenta de verano (la capacidad de resistencia de Belén Esteban en un medio televisivo que necesita devorar historias todos los días es francamente admirable) se iba agrandando, creciendo más y más hasta el punto de poner a luchar a dos cadenas nacionales (aunque las otras se nutren también del milagro en mayor o menos medida) y hasta el punto en el que más de un incrédulo, más de un escéptico y más de un ateo que no cree que la televisión tenga que girar alrededor de un solo personaje comienza a despertar como un absoluto creyente y acelera y acelera contra el árbol de la estupidez diciendo eso de “la veo, la veo, la veo”.

Sin duda este tipo de programación no es más que un cisma de la televisión convencional, una televisión palmariana, un insulto a la inteligencia pero, sin duda, el truco es tan burdo que seduce a cientos de miles todos los días que acuden al milagro de la multiplicación de algo insignificante que les es devuelto en forma de debates, reportajes, comentarios, mesas, charlas, coloquios, imágenes difusas, cotilleos y un sinfín de personajes secundarios que alimentan, como los apostoles, puntos de vista cada vez más sorprendentes, más retorcidos, más milagrosos.

Como la Basílica del Palmar todo parece ser una broma, un pequeño timo, que se ha ido poco a poco descontrolando hasta coger una pendiente peligrosa.

Ahora sólo nos queda saber cuanto más va a durar todo y cuál será la próxima revelación.

Nota del Insustancial: "La televisión es nutritiva" es uno de los himnos a la Tecnología del grupo Aviador Dro que, no sin cierto optimismo, preconizaban desde comienzos de los 80 con un futuro donde los aparatos electrónicos y los avances en el campo de las ciencias nos harían evolucionar hacia otro tipo de especie que fuera mitad máquina y mitad ser humano. Pese a que el cuento sonaba bien lo cierto es que se ha convertido en justamente lo contrario. En todo caso es una gran canción.

martes, 5 de octubre de 2010

El espíritu del golfista más raro del mundo


Pensábamos que era un tío raro. Era de esa gente que, pese a ser tremendamente normal, tiene algunos rasgos que te inquietan. En su caso era un bigotillo fino y bien cuydado y otra cosa. Una cosa que estaba en lo profundo de su ser y que te desconcertaba por completo. Había codazos de "mira que raro es" cada vez que venía a vernos y comentarios de "mira que tío más curioso" cuando alguien colgaba el teléfono después de haber hablado con él o después de leer un e-mail suyo.

Quizás todo se debiera a que era una persona poco punzante y mansa. Educadísimo, atildadísimo...no es que fuera la alegría de la huerta pero era un tipo afable.

La vida de aquel colaborador consistía en moverse de un lado a otro, en andar, en ver gente, en frecuentar cualquier espacio público, en encontrarse con este y con aquel. Un reflejo de otros tiempos en los que los periodistas hacían su vida en la calle casi por completo. Lo bueno de ese tipo era que parecía conocer a todo el mundo y, cuando nos encontramos en Barcelona, me di cuenta de que podía ir a cualquier parte porque en todas partes lo conocían y parecía no tener enemigos.

Yo siempre me lo imaginaba como uno de esos personajes secundarios de la biografía comiquera de Boldú o como uno de los muchos compinches de los periodistas mayores que conocí años después y que parecían haber llevado una vida vibrante como el fotoperiodista Cesar Lucas. Me lo imaginaba de boites, alternando con la gauche divine, haciendo esas crónicas festivas y noctívagas consistentes en, básicamente, salir de noche y conocer y saludar a este o aquel.

Lo que más me gustaba del colaborador este era que siempre tenía temas, siempre tenía personajes, siempre podías rellenar con sus contenidos. Quizás el mayor handicap era que le costaba hacer preguntas bordes o incisivas y había que pincharle y decirle hazle esta o esa pregunta a este maromo que nos interesa que hable de esto o de lo otro. Lo visualizaba muchas veces repasando con el dedo la lista de preguntas, sentado al lado de la estrella de turno excusándose segundos antes de soltar el preguntón: él era así, un tipo majete que prefería no cerrarse puertas. Ya digo que era un reflejo de otros tiempos, de otra forma de hacer las cosas.

El caso es que andábamos cerrando un número. Leche. Los cierres solían ser criminales en los primeros tiempos y estábamos acostumbrados a vivir en el ambiente que retrata Carlos Giménez en Los profesionales es decir, mucho trabajo nocturno en medio de un ordenado caos (chistes, birras, carcajadas, salidas de tono y mucho trabajo...aunque parezca mentira). A veces da igual el tiempo que le eches a las cosas porque si quieres que queden bien nada parece suficiente. Al menos todavía se podía fumar. Un editor inglés nos visitó una vez y me vió escribiendo en el teclado mientras sostenía un cigarrillo encendido entre el dedo índice y el corazón. Se echó a reir diciendo que sólo había visto trabajar así a gente mayor con la que había trabajado en sus comienzos. En Europa hace años que no se podía fumar en las oficinas.

Bueno, pues necesitábamos una entrevista y a alguien le había parecido bien que fuera una entrevista con un deportista. En el primer número habíamos tenido bastante éxito con una entrevista a un futbolista y alguien quería repetir. Digo alguien porque esa es una de esas sugerencias que flotan en el aire pero que nadie acaba por asumir que sea suya cuando se acerca la hora del cierre y tienes todavía dos páginas en blanco. "¿A quién se le ha ocurrido esto?" decía el redactor jefe. Sin respuesta. Miramos en la nevera que es el gancho donde se cuelgan todos los temas intemporales y los que no han salido del todo bien. Mal asunto. Si un tema es intemporal y no tiene fecha de caducidad quiere decir que ya ha nacido un poco muerto o sabido ("20 cosas que hacer cuando te quedas soltero", "Las chicas más sexys que trabajan en bingos", "Aprende como tu novia te pone los cuernos"...) o que no ha quedado lo suficientemente bien aunque, a la hora de ejecutarlo, pareciera una buena idea. Nosotros teníamos una amplia nevera, temas de las ediciones de la revista en otros países de los que sólo había que tirar para traducir.

Por alguna razón este recurso nos parecía facilón. Queríamos imprimir nuestro sello en cada página y hacer un buen trabajo. Así era la cosa. Siempre te recomiendan que te conviertas en un mercenario pero, lo normal, es que si te gusta lo que haces te acabe por nacer la conciencia de que tienes que hacerlo lo mejor posible. A nosotros las horas de redacción, ese ambiente de "los profesionales", nos había unido alrededor de esa idea. La verdad es que había mucho potencial para hacer las cosas bien: ¿Por qué simplemente copiar?

Rendidos miramos en la nevera y nada. No había nada. Entrevistas con personajes poco conocidos en nuestro país como jugadores de cricket o de futbol australiano.

Menos mal que sonó el teléfono y allí estaba el colaborador.

-"Oye, que me voy a Shanghai".
-"Pues muy bien...traeme un bol de sopa de perro".
-"Ya, lo traeré".
-"O mejor, una de esas bailarinas que tiran pelotas de ping pong con el bandujo".
-"Vale...pero, a ver, céntrate. Que me voy porque se hace un torneo de golf y voy a cubrirlo. ¿Quieres un reportaje?".
-"Esto...¿Pero juegan desnudos? ¿es una competición hombre vs. mono?
-No, es un campeonato normal.
-Es que si es golf normal no. ¿No tienes nada con un deportista que me puedas apañar?
-Hombre, allí van a jugar algunos de los mejores del mundo.
-¿Sabes si va a jugar Miguel Ángel Jiménez?
-Sí, pero es que ese lleva unos años muy malos...
-Da igual, quiero una entrevista con Miguel Ángel Jiménez. Hazla, venga.
-¿En serio?
-Si, pero la tienes que hacer a toda hostia y mandármela a toda hostia.
-Vale, vale...¿Se lo has dicho al redactor jefe?
-No, pero seguro que está conforme...
-Quieres que hable con él...
-No, no, no. Tranquilo.
-Es que tengo que publicar algo que si no...
-Que sí, tranquilo.

Si el colaborador me pedía tanta certificación para la entrevista era por dos razones: no se cobra lo que no se publica aunque esté requerido y porque ha sido invitado al evento por una agencia de prensa que sólo gasta dinero en un billete, en un hotel y en unos cuantos gastos si se cerciora de que la información va a ser publicada, es decir, si no publicas nada tras haber abusado de su cuenta de gastos es posible que te tachen de por vida de su lista. Desgraciadamente las cosas se hacen así hasta donde yo tengo conciencia. Muy pocas publicaciones corren con los gastos de una aventurilla tipo "oye, que me piro quince días a la selva a ver que encuentro que me han dicho que hay una tribu muy curiosa". En defensa de esta y de otras publicaciones donde he trabajado quiero decir que siempre se han fiado de sus trabajadores de plantilla y han abonado religiosamente billetes y hoteles si existía la posibilidad de hacer un buen reportaje.

El caso es que el redactor jefe no tenía ni idea de mi encargo. Glabs. Bueno. Segunda parte.

-Oye, que le he dicho al colaborador que nos traiga una entrevista de Shanghai.
-¿Shanghai? ¿Una de esas tías que lanza bolas con el toto? ¿Un chef que cocina platos con perro? ¿Un adiestrador de monos? ¿Jackie Chan?
-No, como andamos buscando un deportista le he encargado una entrevista con Miguel Ángel Jiménez.
-¿Miguel...Quién? A, ver, Insustancial-Ito...
-Un golfista profesional. 
-Hijo mío, ha sido decir "golfista profesional y me he quedado traspuesto. Dilo otra vez.
-Golfista profesional
-zzzzzzz ¿no ves? Me duermo. Al menos jugará desnudo.
-No, es de Málaga y fuma puros.
-¿Lleva fotógrafo? 
-No hay que pillar foto de agencia. 
-Te odio. 
-Ya. 
-Enséñamelo. 

Me puse al ordenador y le enseñé una foto de Miguel Ángel Jiménez. Alias "Er Pisha". Nacido en Churriana (Málaga). Pelo largo y rizado rubio en plan Harpo Marx, fumándose un puro como Fidel Castro.

-¿Ese pelo es suyo? 
-Sí. 
-¿Y fuma puros cuando juega? 
-Entre hoyo y hoyo.
-Vale, te sigo odiando. 
-Y yo. 



 
Miguel Ángel Jiménez es de esos deportistas de antes. De cuando los deportistas en España nacían un poco por generación espontánea y en medio de las condiciones más adversas: como Severiano Ballesteros, Chema Olazabal, Manuel Piñero y un largo etcétera de golfistas profesionales Jiménez no conoció una escuela de golf como tal y entró en contacto con este deporte en la forma en la que entraban en contacto con este deporte la gente pobre, es decir, vivían cerca de un campo de golf donde trabajaba algún familiar y entraban a trabajar allí como caddies. Es decir, llevando la bolsa con los palos, recogiendo bolas en el campo de práctica y matando los tiempos muertos entre cliente y cliente jugando al golf. 

Mi padre trabajó durante años en una escuela que estaba dentro de un campo de golf. Sus alumnos eran los caddies, chavales que se querían sacar el graduado escolar mientras curraban. El título de EGB era una de la única titulación que se le pedía antes a los que querían emprender una carrera como profesionales del golf y también un entretenimiento estupendo entre cliente y cliente. Es decir, mi padre impartía clases a unos alumnos que, de pronto, tenían que largarse a currar y dejar la cosa a medias. Es por eso que me imagino bastante bien por lo que tuvo que pasar Miguel Ángel Jiménez y otras de las grandes estrellas de nuestro golf. Que nuestro país, donde el  deporte de la pelotita y el palo ha sido básicamente algo elitista, haya alumbrado a la mayor estrella mundial de todos los tiempos, Severiano Ballesteros, tiene tanto que ver con la casualidad como con la propia forma de jugar del cántabro: aprendió a jugar en una playa con un palo viejo acompañado de su hermano, un terreno donde había que golpear la bola fuerte. Luego sólo tuvo que retener esa primera experiencia en su cabeza y seguir jugando así toda la vida aunque lo hiciera sobre la impecable superficie del Club de Augusta donde los bunker, las trampas de arena, ni siquiera utilizan arena sino un caro y exquisito polvo de mármol. 

Jiménez ha ganado ayer la Ryder Cup siendo nuestro único representante en el equipo tras el bajón de juego de la nueva generación golfística. Lo ha hecho como es él. Como un tipo raro y fuera de onda, demostrando un juego duro y alegre. Un poco como es él que es de corazón rojo (votante socialista, al parecer) en un mundo que parece un coto privado de conservadores. Por si las moscas conduce un Ferrari. Otra contradicción. O quizás algo que se ha querido comprar porque como ha dicho en alguna ocasión "lo ha ganado sin robarle a nadie".

La Ryder Cup es una de las pocas competiciones golfísticas donde se juega por la honra: Una selección europea y una selección de jugadores norteamericanos se enfrentan cada dos años (una vez en Europa, una vez en USA) para medir sus fuerzas. Sin dinero de por medio, sin cheques, sin nada más que el placer de jugar por jugar, por batir al contrincante. Todas las selecciones europeas quieren desquitarse delante de los americanos porque son los que tienen el circuíto más potente, el más rico, el más grande y los americanos quieren patear a los europeos porque no conciben que un juego como este haya sido una cosa inventada por pastores escoceses. Así de sencillo. Simple y llana mala hostia. Es por eso que cada Ryder se convierte en un combate abierto y en una escaramuza previa: Si se juega en Europa se elige un campo corto y cabrón lleno de curvas, de trampas, que premie lo técnico y el trabajo en equipo donde somos superiores. Si eligen los americanos se decantan por un campo largo, plano, donde triunfe un golf de golpes largos y sin concesiones. Da igual que del lado europeo jueguen tipos que le pegan fuerte o que del lado norteamericano esté un tío como Tiger Woods que es muy técnico, que es el puto amo. Siempre se elige lo peor para el rival. 

Jiménez ha hecho una gran Ryder pese a que no contaba. Lejos quedaban sus años de triunfo donde demostró su mejor golf y en los que, paradójicamente, fue apartado de la Ryder por su amigo Severiano Ballesteros. Corría el año 97 y la Ryder llegaba al Campo de Valderrama, un campo que Jiménez conocía a la perfección pero...Ballesteros eligió a Garrido (otro grande) y le pidió a Jiménez que le hiciera de co-capitán porque conocía ese campo a la perfección. Aceptó el asunto y se dedicó a lo suyo. Lo hizo muy bien y se llevó el abrazo de todo aquel equipo que sabía que había renunciado a jugar.

Carismático hasta decir basta Jiménez está presente incluso cuando su juego es peor. El golf es un deporte muy cabrón. Consiste en meter una pelotita en un agujero que está a varios cientos de metros sorteando lagos, árboles, trampas de arena  y, sobre todo, sorteándote a tí mismo...es un juego donde tienes que estar mejor de coco que de cuerpo. Es pura técnica. Un deporte ligero físicamente pero de gran carga mental. Un día puedes estar muy bien y que pasen tres meses hasta que recuperas tu forma de jugar. Es por eso que entre los golfistas hay gente tripona que parece que acaba de salir del pub.

Hace unos años, uno de esos tripones, John Daly (americano) ganó un par de torneos grandes. Mataba el stress, según sus palabras, jugándose los beneficios de los torneos en el casino más cercano y bebiendo como un hooligan. Es de los pocos golfistas a los que se ha visto por televisión echándose un pitillo antes de golpear una bola determinante. Muy mal de pasta y teniendo que asistir a reuniones de alcohólicos anónimos, jugadores anónimos y forums del control de la ira Daly se vio obligado a hacerse el circuito americano viajando en una autocaravana en plan gitano, cabra y trompeta. Era puro show, un show a veces triste (tenía ataques de cólera sino jugaba bien y era palabrotero hasta decir basta) pero un show en toda regla. 

Jiménez mata el stress comiendo sardinas en Málaga y fumando puros, alejándose de la figura del golfista tradicional. Un genio. Con 46 años todavía tiene golf en los brazos pero parece que se aburría ultimamente y tenía un golf intermitente que ha ido apareciendo con más fuerza y persistencia cuanto más grandes son los comentarios alrededor de su posible retirada. Este año ya ha ganado tres torneos (tiene 11 de los 18 torneos que se celebran en Europa) y la Ryder Cup.

El malagueño siempre será uno de los nuestros. Con sorna recibió ayer las felicitaciones de Colin Montgomery que prefirió no poner demasiado peso sobre sus hombros pese a que ayer se zampó con patatas a Watson e inició la remontada europea. Él, a su bola, se paseaba por el campo galés llevando la bandera europea colgada al cuello como si fuera una capa, de pie, sin nerviosismo aparente, esperando que los puntos cayeran uno detrás de otro. Al final se le veía alegre porque hace dos años los americanos nos hicieron puré en un campo criminal llamado Valhalla (con unos hoyos 13, 14, 15 y 16 que eran una trampa mortal) y porque este torneo le vale para revindicarse como uno de los grandes del golf pese a no contar nunca demasiado -aunque sus números son increíbles- y pese a ser un golfist atípico como los golfistas atípicos y geniales que hemos tenido en nuestro país. Lo de Jiménez es el triunfo de lo raro sobre lo convencional, de lo extraño sobre lo establecido.

Miguel Ángel Jiménez quizás tenga una página discreta en la historia del golf, posiblemente no sea recordado como uno de los 10 o 20 mejores jugadores de todos los tiempos (Ballesteros, Tiger Woods, Jack Nicklaus, Nick Faldo...) pero, sin duda, su espíritu, su forma de ver este juego, de reducirlo a un entretenimiento, de teñirlo de humanidad, de meter a capón la sonrisa en un juego serio, de insertarle algo de gracia es la mayor de sus aportaciones. Fuera de las declaraciones rimbombantes de grandeza y gloria, de ese aburrido ganar por ganar, del juego mecánico y sin alma, de la tradición inglesa, de la furia norteamericana haya un discurso como el de Jiménez que pone los pies en la tierra y que es capaz de embocar un albatross a 209 yardas (es decir, meter la pelota en dos golpes en el hoyo en lugar de cinco) en un torneo o en sacar una bola golpeándola contra un muro a espaldas del hoyo como hizo en el pasado British Open. 

Pese a que dicen que está mayor yo todos los años creo que Jiménez, el tipo del puro, ganará por fin un Masters de Augusta o levantará un PGA o un British. En 1986, cuando Jack "El Oso" Nicklaus parecía estar para el arrastre y partía desde las peores posiciones posibles fue capaz de ganarle en Augusta a un Ballesteros en plena forma que parecía que iba a volver a ganar la dichosa chaqueta verde. Tenía también 46 años y también decían que se estaba retirando. Todos los años espero que emerja el golf de Jiménez, ese rollo tranquilo, que sea capaz de ser genial durante los cuatro días de uno de esos torneos que se le resisten. Al fin y al cabo se lo merece aunque sólo sea por ponerle un poco de color a la historia. 

Estoy seguro de que, cuando comenzó a jugar todo el mundo se fijaba en sus pequeñas rarezas, como nos fijábamos nosotros en las de el colaborador aquel del bigotillo, es posible que todo el mundo dijera que qué raro era, pero ahí estaba, siendo un misterio, sin saber si lo hará bien o lo hará mal pero llevándose de maravilla con todo el mundo. 

En el fondo, para escribir y para jugar al golf, sólo tienes que tener ganas, no desesperar e ir poco a poco. Quizás no tengas un puesto reservado entre los grandes pero, al menos, siempre podrán decir que lo pasaste bien haciendo lo que te gustaba y que lo hiciste como pensabas que había que hacerlo.

Nota del Insustancial: Era inevitable elegir "Un buen día" de Los Planetas como banda sonora para esta entrada dedicada al golf aunque sólo sea por la temática de su vídeo clip. Más allá de eso Los Planetas son de esos grupos que cuando vas a verlos en directo nunca sabes lo que te vas a encontrar lo que tiene mucho que ver con el tema tratado.

domingo, 3 de octubre de 2010

Soltando al hurón (felices e ignorantes)


En El País de hoy se habla del caso del matemático ruso Grisha Perelman. Un genio que decidió retirarse después de resolver la Conjetura de Poincaré en 2002 y que, desde entonces, ha renunciado a varios honores y, sobre todo, al millón de dólares que el Instituto Clay le quería regalar por su trabajo. 

Al parecer Perelman vive como un ermitaño urbano y se le puede ver un poco sucio y vestido con ropa vieja en los alrededores de su apartamento del que apenas sale para pertrecharse de lo necesario. El artículo equipara, en cierto modo, la conducta esquiva del ruso con la que mantuvo el ajedrecista Bobby Fischer tras retirarse de la competición mundial en 1975 cuando debería de haber defendido su título de campeón frente al ajedrecista Anatoly Karpov.

En realidad las únicas similitudes entre la historia de Perelman y la de Fischer no llegan más que ahí: ambos abandonaron la práctica pública (no creo que el americano dejara de jugar al ajedrez en la intimidad de su retiro y que Perelman tenga alguna dificultad para seguir investigando en el campo de las matemáticas) jóvenes y en pleno éxito y que, desgraciadamente, han sido fotografiados vistiendo fuera de los dictados de la moda y careciendo de cierta higiene personal.

De hecho Perelman ha optado por callarse desde hace ocho años y Fischer no paró de hacer desafortunados comentarios durante su vida y protagonizó algunos escándalos lamentables.

A ambos, eso sí, se les achaca la posibilidad de ser enfermos del síndrome de Asperger, un tipo de autismo que, al parecer, es el culpable de la genialidad de cientos de personajes famosos de las ciencias y de las artes (desde el actor Dan Aykroid hasta Newton pasando por Bill Gates, Syd Barret o Tim Burton). 

Es decir, el Síndrome de Asperger es una enfermedad (aunque se pone en duda si lo es) que afectaría sólamente a las personas que destacan en algún campo. ¿Es molón tener Asperger? Bueno, al parecer sí, o al menos, es una justificación ideal para leer la vida de los genios. Si te dedicas a resolver complicados enigmas matemáticos y llevas zapatillas de deporte con traje y eres un poco tartaja no es que detestes los zapatos y te dediques a las matemáticas es que, seguramente, tengas Asperger. 

De hecho, he conocido a algún autonombrado genio que me ha confesado tener esta enfermedad o, al menos, algún tipo de autismo leve como signo inequívoco de su elevado estatus intelectual y sus pésimas habilidades sociales. En este caso concluiremos que sí, que tener Asperger es molón pese a ser un poco molesto para la gente que te rodea que, bueno, si saben que eres rarito te entenderán mucho mejor.

En el artículo de El País, por tanto, se ponen de manifiesto algunas de los prejuicios que tenemos hacia la gente inteligente: viste mal, es aburrida, no le gusta la gente, tiene actitudes antisociales y, todo esto, por culpa de tener esa dichosa enfermedad que tiene la gente lista o, peor, de ser demasiado inteligente lo que es, en definitiva, un obstáculo para tener una vida normal.

Al parecer lo que es inconcebible es que Perelman (o Fischer) no disfrutaran de sus logros. Es decir, que su noción de la fama y la popularidad no fueran las aceptadas universalmente. Si Perelman, por ejemplo, después de resolver la Conjetura de Poincaré se hubiera retirado igualmente pero hubiera aceptado todos los honores, hubiera concedido todo tipo de entrevistas y, finalmente, aceptado el cheque extendido a su nombre por el Instituto Clay y reconvertido esos fondos en trajes, bañeras y una casa de diseño seguramente sería señalado como un excéntrico pero no como alguien que, al parecer, está como una regadera. Más que nada porque lo único que ha hecho Perelman ha sido borrarse del asunto público y permitir ser fotografiado con ropa de mala calidad y con el pelo revuelto (dice el artículo que como un vagabundo). En realidad Fishcher, que se hizo arrancar las muelas porque creía que el KGB le había introducido micros entre otras lindezas, sí dio señales de tener el hilo musical de El Corte Inglés sonándole todo el rato dentro de la cabeza. Perelman ni siquiera. 

En Público, hoy también, Umberto Eco denunciaba que un periódico italiano había sacado una noticia sobre él titulada: "China está cerca". El texto, acompañado de una foto en la que se le veía comiendo en un restaurante chino, versaba alrededor de eso, de que estaba comiendo en un restaurante chino. A partir de ahí el texto, firmado por "redacción" que es un sinónimo tristemente extendido últimamente en la prensa, trataba de sembrar dudas alrededor de Eco, nada más. El asunto trataba de advertir del peligro de que un conocido izquierdista estuviera comiendo en un restaurante chino como símbolo inequívoco de que la invasión de la economía del país de Mao estaba, como Hanibal, ad portas.  Amargamente, el semiólogo, se quejaba de la proliferación de este tipo de textos alarmistas que no tienen otro interés que sembrar dudas sobre ciertas personas. Dudas un tanto peligrosas en un país gobernado por Silvio Berlusconi.

No digo que el artículo sobre Perelman persiga crear dudas sobre el matemático pero, lo cierto, es que desde un punto de vista informativo es completamente irrelevante: la única noticia que hay del Planeta en el que habita Perelman es que no hay noticias y publicando un artículo de este tipo no saltamos una de las máximas periodísticas que antes estaban vigentes y que reza inequívocamente como "no news, good news" ("no hay noticias, buenas noticias").

De unos años a esta parte nos hemos acostumbrado a que la prensa sea tremendamente moralista, a que genere opinión o, peor, a que cuando es capaz de lo anterior emita opiniones que comparten sus lectores pero, sobre todo, nos hemos acostumbrado a que los medios de comunicación se conviertan en una especie de controladores de la actividad pública (o de la carencia de la misma) de todo tipo de personajes. 

Es lo que yo llamo "soltar al hurón". Cuando todavía era legal el uso de hurones para la caza tuvimos en casa varios de estos simpáticos bichos, bueno, simpáticos cuando estaban en casa porque, adiestrados para la caza se convertían en un bicho de lo más violento. La forma de cazar era simple: se introducía al animal dentro de una conejera y se colocaba una pequeña red en la salida de la misma. El tranquilo conejo, al descubrir que tenía una visita no deseada, salía corriendo hacia el exterior y se metía en la red. Fácil, limpio y sencillo. Detrás del hurón y del pobre conejo siempre salían dos o tres más por diferentes salidas provocando una singular estampida de bichos.

Escribir artículos de este tipo (y este no es, ni mucho menos, tan doloroso y no utiliza unos métodos tan crueles) sólo tiene como objetivo generar esa estampida. Medios mucho menos serios que El País usan desde hace demasiado tiempo a hurones travestidos en incómodos señores y señoras con micro en ristre que se dedican a introducirse en la madriguera del famoso con el único objetivo de que este salga corriendo frente a las cámaras y así poder adjetivarlo en la huida con preguntas capciosas: ¿De qué huye? ¿Por qué huye? ¿Qué hay de malo en contestar dos preguntas? ¿Qué llevaba en la huida? ¿Qué escondía? ¿No iba demasiado rápido? ¿No iba un poco sucio? ¿No es raro que se comporte así? ¿A donde va? ¿Con quien? ¿No es extraño ese comportamiento? ¿Tiene miedo de algo? ¿Es esa huida un símtoma de que está mal de la cabeza? ¿Si está mal de la cabeza será porque tiene Asperger o porque bebe o toma drogas? ¿Y si bebe y toma drogas y todo a la vez?

Cada una de esas preguntas obtiene, a su vez, una conjetura creada por un observador (colaborador le llaman ahora aunque, en realidad, deberían de llamarlo "colaboracionista") que ocupa tiempo y espacio en medios a precios irrisorios y que, a su vez, sirve para extender otras conjeturas, hacer otras preguntas que, a su vez, son contestadas por otros observadores de la realidad que, esta vez, apoyan sus conjeturas en testimonios de observación etc. etc. etc.

En un mundo tan ruidoso como este el silencio nos llena de terror. Si permaneces en silencio, básicamente, la cagas. La decisión de Perelman de dejar de existir públicamente no es tomada como una solicitud de no ser molestado (por razones que pueden ser tan sencillas como estar agotado o de tener cierto pudor) sino como una invitación a, en términos matemáticos, despejar su incógnita. Si para Perelman descifrar la complicada Conjetura de Poincaré fue un reto que, sin duda, lo apasionó no dejar de ser interesante que, paradójicamente, él mismo haya construído la Conjetura de Perelman que, para los que no saben nada de matemáticas, se ha hecho tan atractiva por contener todos los elementos que se necesitan actualmente para publicar historias: misterio, gotas de malditismo, silencio...

Si ahora, en este mismo momento, estamos acostumbrados a que el famoso se exhiba diariamente tanto porque quiere exhibirse (Belén Esteban echando a su marido de casa, Angelina Jolie en misión pastoral para UNICEF, Javier Bardem en una rueda de prensa promocionando una película) lo cierto es que si el famoso decide no ser famoso esto nos indica que algo no anda bien. Es más, los medios más preparados para la caza, los que cuentan con más hurones, suelen invocar al sacrosanto mandato no ya solo de informar en total libertad (un argumento tremendamente torticero) sino de que si no se coopera convenientemente con este mandato se está atentando contra este derecho inalienable y se está recortando la libertad de presa e información. El argumento es tan claro como falaz: usted tiene que abrirme las puertas de su privacidad para permitirme que yo haga mi trabajo. Es decir, el derecho a la privacidad es siempre menor al derecho de información algo francamente falso si tenemos en cuenta de que, en la mayoría de los casos, las vidas investigadas no son las de personas que ostenten cargos públicos o se dediquen a actividades delictivas. Y, en todo caso, dudo mucho de que un cargo público tenga que abrir las puertas de su casa de par en par para que veamos su vida cotidiana si es que no hay sospechas de que en su water cuelga un cuadro de Miró...y esto, en todo caso, sería una actividad más propia de un juzgado que de un medio de comunicación.

Pero, además de toda esta perorata sobre si en realidad la palabra "ética" no exista formalmente (lo dice uno que ha forzado los límites semánticos de esa palabra muchas veces en el ejercicio de su vida profesional, que uno no es un santo aunque le hubiera gustado aspirar a tal título y ser un Woodward&Bernstein redivivo), lo que flota sobre el texto de Perelman es una sencilla idea: el que es listo no sabe vivir y es, por tanto, no un excéntrico sino un idiota peor que usted y que yo (más como yo, créanme), el que es listo vive al margen de la felicidad infinita que a cualquiera de nosotros asocia no ya a recibir galardones sino a que un Instituto norteamericano decida recompersarnos con un millón de dólares. Lo que extiende un mito: la ignorancia es felicidad y si tienes la cabeza llena de ideas lo normal es que te conviertas en un tipo raro. Un consuelo para los que, intelectualmente, no levantamos dos dedos del suelo y sí sabemos disfrutar de la mandanga. 

Si Perelman hubiera estudiado más en la Universidad de la Vida (que no extiende títulos oficiales) seguramente sabría haber puesto a buen recaudo ese milloncejo y habernos dado la tranquilidad de saber que se lo está gastando en cosas útiles. Si Perelman (o Pynchon o McCarthy o...o los muertos Fischer y Salinger) concedieran más entrevistas a lo mejor sabríamos que sus vidas no tienen interés, que sus hijos son feos, que sus esposas son aburridas, que su vida es un coñazo y podríamos tranquilizarnos con otra idea aún más estupenda: son listos pero no han sabido tener una vida a la altura de sus logros, una esposa con curvas y apetencias de actriz porno, unos hijos singularmente atléticos, una casa espaciosa con Thermomix y TDT...son unos mierdas por mucho que sean grandes profesionales.  

Por encima de otras valoraciones: la ignorancia nos vacuna contra la infelicidad o, por lo menos, contra la necesidad de rebuscar más allá del convencionalismo. Nos ayuda a integrarnos (y no a ser unos apocalípticos como decía Eco) y a pasar mejor el trago.
Le pregunté una vez a un hombre muy sabio sobre su renuencia a aparecer en los medios, a estar más activo públicamente, a volver a publicar cosas más comerciales y me contestó en esos términos: "No doy conferencias porque me aburren soberanamente y no tengo la necesidad de explicarme. Mi discurso está en los límites de lo que escribo. Y, sobre escribir más, te diré que es que siempre he considerado que soy un poco vago".

"Vaya, es un vago", pensé. Y me quedé mucho más tranquilo. En el fondo, era un poco como yo.

Nota del Insustancial: Antonio Galván es un músico que se esconde bajo el nombre de Parade. Sus canciones acercan a la ciencia de un modo sentimental extendiendo, a su manera, el mito romántico del científico algo que, en los tiempos que corren, no es muy habitual. Suena fantásticamente bien. Su disco "La fortaleza de la soledad" (2009) es francamente bueno. Que disfruten.