lunes, 11 de octubre de 2010

El día en que le recomendé a un premio Nobel que viera "Los Soprano"



Estaba en la FNAC con mi amiga Leonor comprando unos libros cuando me encontré con Thais. La  peruana había aparecido por casualidad en mi vida y como por ensalmo había desaparecido sin dejar rastro.  Era de esa gente que siempre tiene una frase genial en la boca, aunque siempre la recordaremos por un "¡Ay Diosito, sálvame!", una especie de plegaria que entonaba a la tercera o cuarta copa de ron, y por arrastrar detrás de sí una ingente cantidad de vivencias, anécdotas y personajes (entre ellas una peruana de ascendencia judía que andaba buscando un productor que le financiara un espectáculo de marionetas porno...algo sin igual, créanme) que, para mi, que apenas había salido de los límites de la Europa Sur eran algo impresionante.

Sin tiempo para demostrarle mi cabreo por su desaparición o pedirle alguna explicación la mujer aquella se me abalanzó  elevando otra plegaria ("¡Ay Diosito, gracias por poner al gordo de nuevo en mi camino!") lo que hizo que me sintiera como cuando Elmer el Cazador se encontraba con Bugs Bunny y este le decía eso de "¿Qué hay de nuevo, viejo?".

"Que alegría verte, qué alegría Insustancialito, sufrí mucho porque dejamos de vernos...¿Tú sabes algo de dividís, verdad? ¿Sí, seguro que sabes de dividís, cierto? Ve ahí y ayuda a esa pobre gente que viene conmigo que no se entera de nada mientras me pongo al día con Leonor...que bueno que te vi Leonor, que tal todo, cuentame, anda Insustancialito, ve". 

Todavía en shock me dirigí hacia un matrimonio al que sólo veía de espaldas, acompañado por un chaval más joven. Trasteaban con unos DVD (dividís) en las estanterías de la FNAC. El hombre se giró y me quedé parado. Tieso. De corchopán. Esa "pobre gente" a la que mi amiga acompañaba y que, al parecer, no tenía algún problema con los DVD era, nada más y nada menos, que Mario Vargas Llosa, su mujer y uno de sus hijos. Desde la lejanía escuché decir a Thais un "Fíate de Insustancialito que es un gran amigo y sabe de todas esas cosas...¡además escribe como vos!".

-"Esto...escribo bastante peor que usted, la verdad".
-"Bueno, el día que lea algo suyo ya le diré...".

Mi diálogo interior en ese momento era "hostiashostiashostiashostiashostias". Nada más.

-"¿Me puede echar una mano con estos DVD?"
-"A ver si puedo, dígame". 
-"Pues que no dejo de oir hablar de esta serie y me gustaría comprarla". 

Era la primera temporada de Los Soprano. 

-"Es muy buena, es cojonuda". 
-"¿Y la puedo ver aquí, en España? Es que esto de los numeritos de los DVD, no me aclaro". 
-"Si tienen un 2 puede verlos aquí pero no en Estados Unidos o, creo, en Hispanoamérica. Para ver los que tienen un número 1 o cualquier otro número necesita un aparato que sea multizonal". 
-"¿Cómo?". 
-Pues un aparato que acepte los discos de cualquier país, que  los lea. Lo puede comprar en la calle Barquillo porque aquí no creo que los vendan". 
-"Sabe usted muchísimo joven. ¿Me puede decir donde comprarlos?". 

Al instante me vi apuntándole en un papelito, la cuenta de un restaurante, la dirección de una tienda de la Calle Barquillo donde se podían comprar reproductores de DVD que leían cualquier disco. Ni que decir tiene que la gente que pasaba alrededor de nosotros estaba pensando "Coño, mira que famoso será el tío ese que Vargas Llosa le está pidiendo un autógrafo". 

Luego ya le pude decir lo mucho que me gustaba como escritor, allí parado, en medio de la FNAC con un montón de gente sosteniendo libros  suyos para que se los firmara y él, bastante divertido, me volvió a dar las gracias y a decirme que perseverara en lo de escribir si es que me gustaba que él hacia lo mismo. Le pregunté por Pantaleón y por La Tía Julia y me contestó amablemente durante unos poquísimos minutos. Después nos despedimos también de forma muy agradable y me dijo que "vería la serie, a ver si era tan buena". Quedé con mi amiga Thais en vernos sin falta unos cuantos días después. Era puente y se quedaba en Madrid unos días antes de largarse a Líbano a no se que historia del ACNUR.

Siempre me ha interesado mucho más el Vargas Llosa "escribidor" que el Vargas Llosa "opinador". El Llosa opinador, ese señor empeñado en que sepamos su opinión sobre todo, no me mereció mucho respeto porque traicionó al primero. Es decir, la bibliografía de Vargas Llosa apuntaba a una revolución, era en sí un proyecto de renovación de los géneros literarios hispanoamericanos y aspiraba a cambiar para siempre el rumbo de la literatura en español cargándose las diferenciaciones entre alta y baja cultura y fortaleciendo así los lazos de los intelectuales con sus lectores.

El Boom de escritores hispanoamericanos supuso una revolución consciente y la necesidad de articular diferentes nacionalidades a través de una misma voz compartiendo una serie de valores y de raíces comunes donde se anudaran el indigenismo con la tradición literaria española dando así sentido a un mix, a una reinterpretación de una cultura rica, transnacional y sabrosamente criolla lo que hacía que, de un tirón, todo tuviera sentido. Al igual que en la rica cocina peruana la cultura hispana bien podía tomar los derroteros de convertirse en un cruce de caminos entre lo de ayer y lo de hoy, entre Uslar Pietri y Carpentier, Llosa y Montalbán, Márquez y Cervantes. Así fue.

De hecho, y siguiendo con el simil culinario, si en la cocina peruana se podían encontrar estas dos tradiciones y la aportación de la cocina oriental bien podía la literatura hispana agarrarse a otros moldes, a otros usos y a otros sabores sólamente por enriquecerse. En ese punto es donde Vargas Llosa emerge (de la mano de Borges) en un elemento aún más revolucionario que no es otro que la mezcla con otros estilos, en el interesante camino de llevar la tradición hasta nuevos lugares propios sin desmerecer a una novela por ser, por ejemplo, policiaca.

Es una pena que lo personal (el distanciamiento con Márquez) y en lo político (la absurda dicotomía entre Castro sí y Castro no) acabaran por obstaculizar este camino emprendido por Vargas Llosa que, aunque ha tenido escuela, no ha dejado de nacer un poco muerto ante el empuje de otras cuestiones menos literarias.

Contra Vargas Llosa no tengo otra cosa que el hecho de que se haya convertido en un escritor menos preocupado por escribir que por permanecer en el ojo público el mayor tiempo posible.

No concibo como un tipo tan inteligente, un tipo que siente la necesidad de ver "Los Soprano", sea capaz de apoyar sin dudas de ningún tipo a un candidato tan poco agraciado políticamente como Aznar. Es decir, no concibo como alguien puede apoyar a un tipo que, evidentemente, no ha leído nunca nada que haya escrito o ha tenido el menor interés en hacerlo. Es más, y en esto soy francamente malvado, no le concedo a Aznar ni siquiera la capacidad para entender nada que haya hecho Vargas Llosa ni siquiera leyéndolo.

Sí entiendo al Vargas Llosa "opinador", ese bicho político, que busca soluciones hasta debajo de las piedras, es decir, que cree que la economía de mercado puede salvar a Hispanoamérica. Vale, lo que no entenderé nunca es las razones que llevaron a Vargas Llosa, un derechista suave a la europea que siguió clamando contra Pinochet y contra Fujimori,  a apoyar a un partido tan anclado en la tradición y amante de los mismos rasgos de poder que quiso combatir en un momento determinado.

Si Jaime Baily me parece un "posturitas", un tipo que juega con los símbolos externos de la liberalidad de derechas diciendo chorradas. Y sólo chorradas. Si la deriva de escritores que sonoramente aparecieron en el mercado vendiéndonos un libro llamado "Coños" y que ahora parecen no haber salido de la sacristía me parecen aún más sangrantes por necios y reduccionistas no dejo de pensar en Vargas Llosa como un intelectual que clamó en un determinado momento por la injusticia (lean sus escritos en contra de la pena capital que sigue manteniedo vivos, lean sus crónicas sobre las dictaduras militares hispanoamericanas) y lo siguió haciendo en un momento en que Castro ya era todo un exceso.

Le achaco a Vargas Llosa haberse convertido en un escritor menos interesante o, a lo mejor, en un escritor menos feroz, menos incisivo, menos molesto, más integrado, más aburrido en algunos pasajes pero, que se "haya hecho de derechas", me hubiera parecido un pecado venial de haber seguido siendo tan buen escritor como lo fue antaño o como nos demostró en "La Fiesta del Chivo".   

Me alegro por el Premio Nobel concedido al Mario Vargas Llosa escritor y no al Mario Vargas Llosa opinador. Me alegro porque le hace justicia al otro genio de la generación del Boom hispanoamericano, ese que vendió muchos menos libros que García Márquez porque siempre fue mucho más difícil de leer (aunque les invito a leer "Pantaleón y las visitadoras" y "La tía Julia y el escribidor" para que rían a gusto) y que, sin embargo, convertía cada novela en una estructura preciosista, con un ritmo ideal para la narración, con unos personajes increíbles. Es por ese Vargas Llosa por el que me alegro.

Días después aquello volví a ver a mi amiga Thais. Fuimos a cenar a un restaurante mexicano (no al que normalmente frecuentábamos sino a "la panza es lo primero") a trasegar tequilas y a hacer la ruta de nuestra memoria que incluía el "Pepe Botella", el "Manuela", el "Fantasía" y "La Vaca Austera". Como tantas otras noches terminamos en el pequeño salón de su casa, casi de amanecida, tumbados en el sofá entre plegarias a ese Diosito suyo (ambos tan ateos sólo podíamos rezar a un Dios de pacotilla inexistente y caricaturesco) y el humo de la mota.

-"Ay no sabes Insustancialito el favor que me hiciste el otro día...mira que a lo mejor te lo puse difícil, ¿un poco solo, no?".
-"No, me encantó conocerlo, en serio".
-"Me dijo Mario que si sabes tanto de dividís como de escribir vas a ser grande...".
-"Cochina exageración la tuya".
-"Lo dijo, que lo dijo, Insustancialito, que quedó encantado".
-"Ya, ya...".
-"¿Y qué andas escribiendo ahora, dime? Cuéntame una de tus historias".

Y seguimos charlando un rato y le conté de esto y de lo aquello. Historias. Y me sentí, como siempre que estaba con Thais, como un escribidor, como un contador de historias.

Después no nos hemos vuelto a ver.

Nota del Insustancial: Si el boom literario encabezado por los escritores hispanoamericanos de los años 60 fue una revolución estética e ideológica notable que pretendía cambiar para siempre la historia de la literatura en español y también como motor de reinvindicación de la tradición literaria del continente frente a la pujante cultura anglosajona no fue menos interesante el trabajo que Ruben Blades, Willie Colom, Hector Lavoé y todos los músicos hispanoamericanos hicieron en los años 70 para sacar el folclore de todo el continente del mismo y hacerlo popular en todos los lugares del planeta. Por cuestiones meramente sentimentales "pincho" este "Telefonito" pero podría haberme decidido por cualquier tema grabado por Fania Records o por cualquier pieza de Paquito de Rivera o cualquier pieza de la Fort Apache Band.

4 comentarios:

Noelia Jiménez dijo...

Madre mía... esto da para escribir una novela... ¡¡Qué grande eres, efectivamente!!

supersalvajuan dijo...

Me quedo con La Fiesta del Chivo.

Señor Insustancial dijo...

Noelia,
gracias. Grande, sí, pero porque ocupo mucho espacio.

Supersalvajuan,
Gran novela, sin duda.

Un saludo a ambos.

Oscar Negri dijo...

solo una cosa...los peruanos no usamos la palabra "vos" decimos: ud. o uds. por lo demás interesante. saludos.