miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los nuevos revolucionarios comen Cheetos y flirtean con el caos desde un sofá de Ikea


Si yo tuviera una compañía de telefonía que diera servicio de acceso a internet, sin duda, mañana haría una campaña a nivel nacional (hoja en prensa, cuña de radio, anuncio, viral, muppy, valla...) con un claro mensaje: "Nuestro servicio le lleva la revolución a su propia casa". 

Hace tiempo, bueno durante el mundial de fútbol, me preguntaba muy seriamente a mi mismo si la gente de Corea del Norte sabría el mal papel que su selección estaba haciendo en la competición. Ya saben, en un país donde todos los medios están controlados por el gobierno y donde la gente tiene cierta dificultad para informarse de otras fuentes es muy fácil generar una noticia falsa como "Corea del Norte arrasa en el Mundial" o "Ganamos pero nos retiramos porque no queríamos participar en una pantomima capitalista". 

Generar esa ilusión es casi tan fácil como generar la ilusión de que, desde nuestras casas y una conexión a internet, podemos cambiar el mundo. Esta ilusión, si se piensa bien, es una de esas cosas que a muchos gobiernos les gustaría extender hasta más allá de lo deseable. Pongamos un ejemplo práctico: No te manifiestes en la calle, es igual de efectivo que te quedes en casa y hagas rular un e-mail con un texto concreto, firmes un e-manifiesto y cambies el aspecto del avatar que te identifica en las redes sociales que visitas. 

Nixon (en el Watergate), Bush Jr. (en su mandato en general), Thatcher (en la huelga de los mineros), Aznar (en los tiempos de la Guerra de Irak), Schmidt (en el asunto Baader-Meihoff) y un largo etcétera de mandatarios seguramente hubieran preferido que las protestas contra sus personas se hubieran circunscrito a la virtualidad de un medio como internet que, claro está, a unas escenas de millones de ciudadanos saliendo a la calle con un mosqueo de narices armados con pancartas y estrangulando el tráfico de las grandes ciudades. 

Por si fuera poco, un medio como internet, tiene un acceso que se maneja de manera privada. Una extraña concesión si tenemos en cuenta que, desde la creación de los medios de comunicación masivos, no ha habido gobierno (y solo hablo de los democráticos) que no se haya procurado una parte del acceso a dichos medios y, de un modo u otro, haya garantizado el acceso a los mismos de un modo gratuito. Me imagino que, en la base de todo esto, está el hecho de que nadie (creo decir bien cuando digo nadie) imaginó que Internet podría explotarse de un modo tan lucrativo y que jamás sería algo tan interesante. En realidad, la red, hace tan solo 30 años era vista como una especie de medio que serviría, sobre todo, para conectar universidades, centros de negocios, estamentos gubernamentales...todo muy oficial y, claro está, muy coñazo. 

La Revolución y el pretendido activismo, por tanto, vienen servidos por un aparato que lleva impreso en su carcasa exterior el nombre de una compañía de telecomunicaciones. Paradójicamente es una gran empresa, una de esas diabólicas corporaciones de las que tan mal se habla, las que te sirven la posibilidad de protestar y de movilizarte (virtualmente) en todos y cada uno de los rincones de Internet. ¿Se imaginan que, de pronto, unos cuantos malvados toman el control de estas corporaciones y deciden regalarnos un "ciberapagón"? Ya saben, un sustito, un cachetito en las nalgas, nada serio, 24 horas sin Internet...solo para demostrarnos que están ahí...¿Tendríamos que volver a las viejas estrategias? ¿A las pancartas? ¿A las pintadas? ¿A las octavillas? 

Sin duda, la ciberprotesta contra la Ley Sinde (una ley con la que no puedo estar de acuerdo, por cierto) es, digamos, completamente incalculable en términos de repercusión real. ¿Pueden unos cuantos mozos y mozas armados con una conexión a internet cambiar el destino de una ley? Algunos querrán pensar que sí, que han sido ellos los que, alegremente, han movido la palanca que ha hecho girar la gran piedra rodante hasta hacerla descender por la ladera, los que han empujado la bola por la pista hasta estrellarse victoriosamente contra los bolos y hacer un strike. Como es una cosa que da gustito (sentirse en el rollo, sentirse partícipe, estar en la pomada, sentir que uno está haciendo algo por los demás) dejemos correr la ilusión sin detenernos ni un instante en que, a lo mejor, por detrás bullen otros intereses políticos que se alejan bastante de palabras como "libertad" (ese término tan manoseado) o de algo conocido como "acceso a la cultura". 

Creo que, al igual que en las ciudades medievales se colgaba el cadáver de un ladrón en la puerta de la misma para aviso de otros ladrones, la situación pública de Ramoncín (aunque en la lista ya están la Ministra de Cultura que no va a volver a escribir un guión en su vida, Alejandro Sanz y, en estos momentos, Alex de la Iglesia en twitter...que se está llevando un baño de tres pares de narices, un baño de realidad, no se crean) sirve como ciberaviso a navegantes de los que osen ni siquiera a levantar mínimamente la voz sobre el asunto.  Es decir, me pregunto si ese ejemplo y, claro está, un buen estudio de mercado con sus encuestas y demás encargado por este o el otro partido no han sido las claves para hacer caer la balanza de un lado y no del otro. 

Paradójicamente ahí tienen ustedes a partidos tradicionalmente aliados con los empresarios (que no con los autores...por eso digo lo de la Ley Sinde) votando en contra de los intereses de estos y pensando, me imagino también, como van a justificar en el futuro (si no es tirando de mucho cinismo, demagogia y un buen cúmulo de compensaciones como aumentar nuestros impuestos en estas u otras partidas) su postura en el día de hoy. 

Me pregunto si, el día de mañana, ese ciberactivismo comienza, por ejemplo, a derivar hacia una expresa petición hacia los gobiernos del Mundo (yo me lo imagino en plan rollo guay, con declaraciones maravillosas, con gente colgando fotos desde sus casas sosteniendo cosas bellas como conejitos recién nacidos, postales de sitios fantásticos y haciendo la señal de victoria con dos cables USB) de un acceso a internet completament gratuito y libre. Es decir, no se paga por la información pero tampoco se paga por acceder a ella, como bien dicen los gurús, eliminemos a los intermediarios del asunto. Me imagino si los dueños del cable que nos conecta a todos no tirarían de él y nos darían un cachetito en las nalgas haciendo valer todas esas maravillosas clausulas de "términos de uso" que ansiosamente apretamos porque nos impiden acceder aquí o allá. Me imagino, y no lo se con seguridad, que a lo mejor el hecho de perder billones en beneficios les llevaría a tomar una de esas decisiones impopulares pero necesarias. Necesarias para ellos, claro. 

No me quiero ni imaginar la reacción de las telecos, por ejemplo, si alguien desarrollara unos aparatitos que te permitieran acceder a Internet absorbiendo la banda ancha de las propias compañías. No quiero decir uno de esos programas para vampirizarle la wifi al vecino que es como una cosa pequeña, no. Un aparato que sirviera para conectarse en cualquier momento, a cualquier hora y en cualquier lugar a Internet sin necesidad de pagar ni un duro. Nunca. Me temo que se liaría una lucha apasionante en plan "Repo Men" entre usuarios que piratean la señal y una especie de machos y hembras alfa a la caza de los primeros. 

Volvemos a olvidar lo importante: Se habla mucho de que los gobiernos quieren legislar sobre esto y lo otro pero olvidamos, claro está, que las multinacionales de las telecomunicaciones no necesitan legislar, solo tutelar. Es decir, arrogados en una realidad (el negocio es nuestro), solo tienen que dirigir el tráfico y ver como aumentan sus ganancias a costa de nuestro uso. Hubo un tiempo, de hecho, en que las propias empresas de telecomunicación quisieron ser gestoras de la información que volaba por la red, montaron portales gigantes, contrataron periodistas, escritores, realizadores...el fracaso (Navegalia, Terra...) les enseñó que era más fácil permitir el acceso a una información de otros que se sirve de manera gratuita.  De hecho podemos cambiar nuestro gobierno cada cuatro años (Alá mediante) pero es mucho más difícil cambiar los consejos de Administración...

Podría dar razones, argumentar sobre este tema pero, la verdad, creo que sería una necedad meterme en un jardín de estas características porque, en este instante, no se puede sacar nada en claro. Creo que, llegados a este punto, solo cabe encomendarse a Thor y ver como se desarrollan las cosas. El siguiente paso del siempre bienintencionado ciberactivismo será plantearse si no está pagando demasiado por una conexión a Internet que podría conseguir, a lo mejor, de forma gratuita. Quizás para demandarlo haya que volver a las viejas estrategias...una razón buenísima para estirar un poco las piernas y salir de la cibercueva...

Por si acaso les dejo con una clara acción directa que ha llevado a cabo "El Teleoperador". No tiene desperdicio. Es impagable. 


Nota del Insustancial: He elegido la imagen que encabeza la entrada por ser una de esas ciberpegatinas que utilizan  la imagen de V, el personaje principal de "V de Vendetta" que, como ustedes saben está inspirado en la imagen del revolucionario católico Guy Fawkes (1570-1616) que un 5 de noviembre de 1605 fue arrestado por ser el cabecilla de la conocida "Conspiración de la pólvora", una acción que perseguía volar el Parlamento Inglés para protestar por la persecución religiosa contra los católicos. En Reino Unido, todos los 5 de noviembre, se conmemora el día de su detención con una fiesta que es una afirmación de todas las instituciones británicas (Parlamento, Casa Real e Iglesia Anglicana) frente a las "agresiones externas" que representaría la Conspiración urdida por Fawkes. 

Alan Moore, tan chiflado y juguetón, quiso darle la vuelta al personaje y, sobre todo, a su imagen de villano para convertirlo en el héroe que, por fin, libera a una Inglaterra distópica dominada por un partido fascista...cabe preguntarse si en el fondo (o a lo mejo no tan en el fondo) Moore no personifica en ese partido fascista falso a todas las instituciones británicas y si no personifica en V las ansias revolucionarias del movimiento izquierdista inglés (ese que se establecía más allá del partido laborista). 

Por su fuerza icónica, la imagen de V se multiplica en la red  siendo enarbolado para representar a diversas causas de cualquier signo. "We are anonymous" es, al parecer, esto. Ellos también usan la imagen de "V". 

2 comentarios:

Noelia Jiménez dijo...

Está claro: lo virtual vale para lo que vale, pero tiene que tener su reflejo correspondiente en lo corpóreo. Y eso es lo que les falta a los ciberactivistas.

Aunque espero que no se les ocurra perpetrar una gran caída del sistema informático mundial, porque en ese caso no va a haber corporeidades que nos salven de la debacle.

Señor Insustancial dijo...

Hola compañera,

Solo nos faltaba un apagón mundial para terminar de petarla este año...

Un beso...