miércoles, 4 de junio de 2008

El chico que amaba a Svetlana




Cuando yo digo "un amigo mío" no se crean que hablo de mí. Hablo en realidad de un amigo mío.
Este amigo mío, que es un actor bastante conocido (de ahí que no ponga su nombre), se enamoró una vez. Tarambana como era, y es, y chifaldo como estaba, y creo que está, no se enamoró de una vecina o de la chica que repartía el correo gratuíto.

Mi amigo, al que llamaremos C. (no de Clooney, claro) estaba pasando una resaca brutal, sentado en el sofá de su casa, con su madre echándole una bronca monumental mientras hacía zapping entre la UHF y VHF y vio al amor de su vida haciendo un ejercicio libre en unos campeonatos mundiales. De pronto el dolor de cabeza paró de improviso y los gritos de su madre pasaron a un segundo plano como si una mano gigante hubiera entrado por la ventana y hubiera apagado el volumen del piso. Dice C. que sólo podía ver a aquella gimnasta rusa anónima moviendo los brazos y cogiendo velocidad para un mortal. ¿Quién era aquella chica?


Se enamoró perdidamente. Comenzó a leer noticias de gimnasia rítmica y a buscar a su Svetlana en todas las columnas deportivas y retransmisiones televisadas. Entonces no había internet. Aquella gimnasta soviética, conocida con el sobrenombre de "el cisne de Bielorrusia" se había convertido en una obsesión y decidió conocerla.


Se puso en contacto con la Embajada soviética y, por medio de cartas, consiguió dar con un alma caritativa en Moscú que, sin un rublo de por medio, le reveló la dirección donde podía mandarle cartas a su amor platónico. C. le escribió cariñosas cartas en inglés que jamás obtenían respuesta, le felicitaba por sus éxitos, le contaba cosas de España y, claro está, la invitaba a venir a nuestro país cuando quisiera.

Tras meses de espera consiguió una respuesta de la deportista. Le decía que agradecía todos sus esfuerzos, que estaba entrenando, que estaba bien y que tenía curiosidad por conocerle. Más animado aún si cabe le mandó otra carta diciendo que iría donde fuera necesario. Svetlana contestó que estaría pronto en Valencia, en unas pruebas preparatorias. C se pasó días y días trabajando de extra en Telecinco (normalmente en Telecupón haciendo de músico de playback), se apuntó a una gira teatral chiflada que le procuró una especie de enfermedad bronquial (era una obra donde salía siempre en calzoncillos y los centros culturales de los pueblos eran bastante fríos) y,por fín, pudo ahorrar el dinero suficiente para un billete de tren, un hotel, unas entradas y unos enormes ramos de flores. Fue a Valencia en la fecha convenida pero la Boguinskaya se había lesionado antes de salir de su país y jamás se vieron.


C. aprovechó para contactar con el seleccionador nacional soviético y pedirle por favor que le entregara una carta a Svetlana. El tipo se apiadó de él y le dijo que estaría en Moscú recuperándose y entrenando. Le dio un teléfono de contacto.



No se lo pensó: Con una chaqueta que apenas le valía para quitarse el frío aquí en Madrid, un pasaje de avión de ida y vuelta prestado por un amigo piloto, sin hotel y,claro está, con poco dinero en el bolsillo, se presentó en el Moscú soviético. C. recuerda el frío, que nadie hablaba inglés y que, a duras penas, pudo llegar a una especie de pensión desde el aeropuerto. Tenía mucha fiebre y sudaba un huevo. Bajó a una cabina de la calle en plan "El Tercer Hombre" y marcó el teléfono que traía apuntado en un papel.


Al otro lado, una voz en ruso parloteaba, él intentaba hacerse entender en inglés. Le colgaron como tres veces antes de que alguien, que medio le entendió, le partiera el corazón. La gimnasta estaba concentrada y era imposible verla. Explicó que venía de España, que hacía frío y que sólo quería saludarla, darle unas flores y marcharse. A punto de echarse a llorar la voz al otro lado del teléfono le dijo que no se retirara.


Una voz muy joven dijo "¿Yes?". Era ella. C. Se emocionó. Svetlana Boguinskaya en persona le dijo que partía en pocas horas hacia su casa y que podrían verse unos segundos en el aeropuerto, quizás. Él recuerda su voz cálida y la forma en que lo llamaba por su nombre. Antes de colgar le dijo que había pensado en él. C. recogió los cuatro trapos y se volvió al aeropuerto.

Al fin se encontraron. Él sólo y desesperado, febril y sin duchar desde el día anterior. Ella rodeada por una entrenadora de rictus funcionarial y un par de señores del KGB que la acompañaban a todas partes por si se le ocurría desertar y dejar a los proletarios sin su ración de medallas.

Svetlana le dio las gracias y se miraron a los ojos. Le dijo que era muy cariñoso, muy tierno y que siguiera así. Él casi no pudo articular palabra. Le dio otra carta con su dirección en Madrid y una rendida declaración de amor. Se dieron un par de besos y le sostuvo las manos entre las suyas. Luego se la llevaron. Tuvieron el tiempo justo para que C. la viera desaparecer por los pasillos hacia su avión.


Siempre que me encuentro con C. le pido que me cuente la historia, me parece una de las historias de más increíbles que he escuchado en mi vida. También de esas que te hacen saber de la imprevisibilidad del ser humano y del juego de las casualidades. ¿Y ustedes, como conocieron a la mujer/hombre de su vida?
La historia me la ha traído a la memoria, como tantas otras veces, la canción "Nadia" de Francisco Nixon que parece una especie de plagio de la historia que les he contado.

18 comentarios:

manu dijo...

Historia impresionante.

Isaac dijo...

No tengo palabras. De alguna manera, hasta envidio a tu amigo.

Anónimo dijo...

No es q me parezca fea la historia, ni bonita... lo q me parece una historia más de un típico fan "loco" (lo pongo entre comillas por algo). ¿Cuántos fans han hecho lo mismo con otros personajes famosos? eso es amor? o es una obsesión? me parece más bonito ver a viejecitos q viajan juntos con ilusión y cogiditos de la mano... Esas adoraciones fanáticas por alguien q ni conoces, son idealizaciones, amores platónicos q quedan bien en pelis, pero q, poneros en el lugar de la gimnasta, era un tío q lo q estaba haciendo era acosarla...

Señor Insustancial dijo...

Gracias por pasaros por aquí,

La historia de la Boguinskaya y mi amiguete tuvo muchísima cola.

La verdad es que no se como definirla, a mi me gusta escucharla de cuando en cuando de boca de su protagonistas y, la verdad, no me dio nunca le sensación de que estaba escuchando una historia de acoso y derribo si no, más bien, la de un tío incapaz de enfrentarse a su vida y que prefiere escapar enamorándose de alguien que es completamente inalcanzable.

La recuperé para el blog cuando descubrí (tardísimo) en disco de Francisco Nixon ya que me resultaron historia completamente paralelas.

Un saludo a los dos y gracias de nuevo.

PD: Isaac, voy a enlazar tu blog.

Señor Insustancial dijo...

Y tu twitter...

Un saludo

Isaac dijo...

Gracias! Te lo devolveré después de la siesta.

Señor Insustancial dijo...

Que así sea.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Quizá no te pareció una historia de acoso porque está contada desde su punto de vitas, pero si pudieras escuchar la historia en la versión de ella la sensación cambiaría.

De todas formas estoy contigo, es una historia que no sabría como clasificarla y que es totalmente paralela a la canción de Nadia.

Saludos.

Anónimo dijo...

Quizá no te pareció una historia de acoso porque está contada desde su punto de vitas, pero si pudieras escuchar la historia en la versión de ella la sensación cambiaría.

De todas formas estoy contigo, es una historia que no sabría como clasificarla y que es totalmente paralela a la canción de Nadia.

Saludos.

Señor Insustancial dijo...

Hola anónimo,

Según lo contaba él no parecía que ella se sintiera mal, seguramente de haber sido así simplemente no hubiera hablado por teléfono o tratado de verlo...pero claro, es lo que ocurre cuando recoges una historia contada a una sola voz.

Un saludo

Javier dijo...

Tal como lo cuentas y si a la lectura la acompañas con la canción de Nixon, pues realmente crea un efecto casi de atontamiento, de esos que dices (frasé cliché): "increible pero cierto". En mi caso, pediría las veces que pueda que me cuente esa historia aunque sea a una sola voz.

Puedo pecar de subjetivo o idealista, pero qué mas da. La historia lo vale.

Anónimo dijo...

Fascinante historia!

Trabajo en la radio, me encantaría contarla.

Hay alguna manera de contactarte? mi mail es cruzeva@yahoo.com

Me escribes? Porfa?

Gracias!

El Malvado Ming dijo...

Diablos, yo estuve a un tris de ir a Valencia!!! Todavía tengo grabadas las Olimpiadas de Seul, bronce en el campeonato individual. Gloriosa.

Señor Insustancial dijo...

Los Boguinskayos sois legión, al parecer...no salgo de mi asombro.

Bienvenido Malvado Emperador de rasgos orientales y un saludo.

Anónimo dijo...

Hola, esta historia me ha gustado tanto que me gustaria hacer un guion cinematografico con ella. Por favor, necesito hablar con tu amigo. Mi correo es ventigar@yahoo.com

Patricia
contesta!!! por favor.

Señor Insustancial dijo...

Flipo y os agradezco lo bien que se ha recibido esta historia pero, la verdad, es que el verdadero protagonista no quiere dar la cara. Lo siento...

Anónimo dijo...

Pues a no ser que se trate del mismo autor, en el blog Casa Rusia un forero cuenta la misma historia http://foro.casarusia.com/viewtopic.php?f=17&t=4268

Saludos

Señor Insustancial dijo...

Hola anónimo,

Me temo que alguien ha cogido el texto, y la foto, y las ha copiado en ese foro. Aquí se publico en junio y allí en julio del mismo año.

Un saludo.