martes, 1 de abril de 2008

La hoguera de las vanidades


No hace mucho, un común amigo de este blog, me echó la bronca por querer hacer una pira con algunos libros horribles que había por mi casa. Es normal, yo también soy un letraherido y, es verdad, que cuando uno adquiere un libro no tiene la sensación de que esté adquiriendo algo para él si no algo que tiene que prestar, es decir perder, en la biblioteca de otro amigo para que este, a su vez, olvidando que se lo prestaste hace cinco o seis años se lo pase a alguien. Por eso quemarlo, y unido a que los nazis u otros regímenes totalitarios tienen una cierta tendencia a cometer este tipo de actos, a todos nos parece una aberración. No es así, créanme.
Pero no vamos a eso, porque esto va de QUEMAR LIBROS. ¡SÍ! ¡Con Mayúsculas! Pongámonos nuestras mejores vestimentas de inquisidor y quememos algo de pretendida "cultura"...
A mi la fiebre me entró hace unos años cuando llegó hasta mis manos esta insidia titulada Los mitos de la Guerra Civil (Pío Moa, La Esfera de los Libros). Manteniendo las constantes vitales lo suficientemente activas tras terminar de tragarme esa basura que pasaba por ser un sesudo estudio histórico comencé a notar que, demonios, quizás el Detective Carvalho tenía algo de razón cuando echaba algún volumen a la chimenea de su casa...Dicho y hecho, salí a la calle con un poco de alcohol y ¡ZAS! ¡Achicharrado! ¡Fuera!

Me sentí mal así que decidí ponerme límites para no acabar entrando en la lista de pirados pirómanos de las comisarías españolas:


Primera Ley: "Sólo quemaré libros que extiendan falsedades dañinas como, por ejemplo, que gracias a Franco tenemos una democracia guay o que los asesinatos de la Plaza de toros de Badajoz jamás ocurrieron".




Esta fue la segunda víctima:

Un ejemplo de que quemar libros no es ni radical, ni algo que hagan sólo los nazis porque, a la vista está, que también escriben libros. También se demuestra que no es ni siquiera algo malo.

Segunda Ley: "Sólo quemaré libros que estén escritos con la única intención de que se forre su escritor aprovechándose de algunos pobres crédulos". Y esta fue mi siguiente opción:


Después este castañazo del pseudo investigador J.J. Benitez....


Después me he enterado, por medio de Carlos Clavijo, que en un programa de Telemadrid presentado por Ernesto Saez de Buruaga el mítico Benitez confesaba que lo que más le gustaba hacer era ilustraciones utilizando la técnica del puntillismo...¿Se acuerdan? Uno coge unos rotuladores marca Carioca, una lámina tamaño A4 e intenta haciendo pequeños puntitos de color que su dibujo se parezca a un payasito triste o a un río...me enterneció, pero ya era tarde...

La última porquería a la que le voy a dar un entierro vikingo es a CALOR GLACIAL de Luis Carlos Campos, un desconocido intoxicador del que ya hemos hablado en alguna ocasión y que, por mantener ideas como que no hay cambio climático, alimentar teorías conspiranoicas jaleadas por la ultraderecha americana y otras barbaridades más como mantener que el SIDA no existe o que el cancer puede curarse con ayuno merece estar en esta lista.



Porque si en el estupendo Farenheit 451 de Ray Bradbury se dibujaba un futuro en el que el cuerpo de bomberos era el encargado de quemar libros como máximo atentado contra las ideas y contra la cultura misma lo cierto es que también yo imagino un futuro de bibliotecas enteras repletas de libelos, falsedades y mentiras que, en nada, mejorarán nuestra renqueante forma de vida.

Sean acusicas, no mantengan una postura blanda ante las agresiones a la cultura y a la convivencia, no se dejen agredir alegremente por los mentirosos, por los intoxicadores, rebatan con actitud resistente las pseudociencias, la estupidez y no dejen pasar una porque la frontera que separa al bulo malintencionado de convertirse en una mentira oficial (creacionismo, negacionismo ecológico, OVNIS...) es tan pequeña que da miedo.
Bailen alrededor de sus propia hogueras...por cierto, quedan fuera de la lista todos los libros mal escritos, todos los libros políticos o todos los libros religiosos porque como dice mi tercera Ley:
"Que no esté de acuerdo con lo que dice o que no me guste como escriba no me da derecho a quemar un libro".

2 comentarios:

manu dijo...

tras terminar de tragarme esa basura
Leñe, ejke vaya titulitos. Hoy en día ya publican a cualquierla... ¿pero leerlos?

Anónimo dijo...

El problema es que, por mi trabajo, hay que leer mucha basura compañero barcelonés...

Leer y quemar...todo es empezar

Un abrazo...