sábado, 10 de mayo de 2008

El triunfo de lo bizarro...



Decía por ahí abajo que me estaba leyendo la biografía de Bob Dylan (Crónicas, volumen I, Global Rhytm Press). Una edición fantástica, por cierto, de tipografia limpia y con foto enorme de Bob en la contraportada que recuerda a las ediciones de libros americanos de los años 60.

El mito, por mucho que le moleste, ha hecho una autobiografía sui géneris que cumple a rajatabla la primera regla de Bob: "Voy a hacer y contar lo que me salga de los huevos".

Sucinta en detalles, que me imagino que el ego de Bob dará por demasiado conocidos, Dylan tampoco se extiende demasiado en su vida familiar y, claro está, tampoco revela ni un solo dato de la vida con sus padres comentando, hábilmente, que, para lo que a él respecta él único Robert Zimmerman (su verdadero nombre) que conoce fue un presidente de un club de beisbol de California que murió en un accidente de coche.

Escrito a fogonazos (¿Será que Bob tampoco puede escapar del minimal literario reinante? y "fraseado como en un eterno be bop" como dice él mismo de la obra de Kerouac y que sería perfectamente aplicable a este libro que hunde las raíces de sus influencias en la Generación Beat, Dylan deja escapar algunas perlas. La más reveladora, seguramente, es que tocaba junto a Tiny Tim y que ambos eran buenos amigos.

Completamente desconocido en nuestro país Tiny Tim era una especie de performance ambulante: desmañado, con el pelo largo y churretoso, agarrado a un ukelele e interpretando con un terrorífico falsete canciones populares americanas (desde folk pasando por piezas de minstrel, el burlesque o el cabaret...), interpretaba en realidad una caricatura de lo que sería un artista de variedades fracasado. Aquí lo tienen, una vez alcanzada la fama, unos años más tarde cantando una chiflada versión de I got you babe (Sonny&Cher) con la no menos colgada Eleanor Barooshian componente del grupo femenino The Cake. La escena está extraída del documental You are what you eat.









Sí el parecido con El Pingüino o con el propio Tim Burton es casi sorprendente. Burton es un devoto fan de la obra de Tiny.

Pero no mucho más que este artista de lo extraño, un cultivador de lo bizarro creciera al lado del Hombre con cara de palo del Rock, del rock serio, del tipo que se ha pasado toda su carrera artística huyendo de los focos, desapareciendo durante años, quejándose del papel de portavoz de su generación. Un tipo talentoso y, sin embargo, paralizado por la idea de no ser capaz de superar el éxito de sus primeros discos.

Bob, agobiado por la prensa, por los hippies y fans que acampan en los alrededores de su casa, por las nuevas amistades (no sabemos si se refiere a Ginsberg que, por aquellos años, revoloteaba alrededor de personajes contraculturales tan dispares como Hunter S. Thompson, los Ángeles del Infierno o el propio Dylan -a este también para tirárselo, al parecer- y los intentaba reclutar para la revolución cósmica) que se le apalancaban en el salón y le dejaban "la despensa vacía" decidió cambiar de estilo musical y dirigirse remando incansablemente y en solitario a contracorriente convirtiéndose en el artista misántropo más adorado del planeta.



Tiny Tim, el chiflado, feote e interpretando su papel, sin embargo adora a la gente, los hippies creen que es uno de esos loquitos inofensivos, las aterrorizadas clases medias lo tienen por un tipo extraño pero con talento y el artista es un habitual de los programas más famosos de la época donde se convierte en el perfecto ingrediente para dar la unas pequeñas gotas de contracultura que diga "estos locos jóvenes". Aquí tocando su exitazo Tiptoe trought the tulips.






Sin esconderse ni por un segundo Tiny Tim aparece con frecuencia en el show de Johnny Carson e, incluso, se casa con su novia en el plató del programa. The Beatles y otros grupos de la época no tienen empacho en reconocer que Tiny Tim es uno de ellos...

Bob Dylan más guapo, más brillante, más talentoso, vive un terrible bloqueo de compositor y se mete en empresas absurdas intentanto acabar casi deliberadamente con su imagen pública. Cabreado con un mundo que no lo ve en realidad como un músico, Dylan se enfurruña y ni siquiera aparece por Woodstock o Wight demasiado aterrorizado por la situación en el país, por lo que pensarán de él o por si descubriran que frecuenta la compañía de Johnny Cash y otros músicos de Country, conservadores furibundos por decirlo suavemente, que le inspiran el desabrido Nashville Skyline que supone un fracaso musical. El primero.


Un año más tarde , en 1970, Tiny Tim actúa delante de 600.000 espectadores que corean su nombre mientras les regala una impagable versión, cantada con un megafono, de la canción "There´ll always be an England". Ese año un confuso, hastiado y desquiciado Dylan se pega un tiro, musicalmente hablando, con el disco Self Portrait, una especie de huída de sí mismo. La enésima, tardará años en recuperar la senda de las buenas canciones y jamás le perdonará a su público (paradójicamente) que lo haya seguido incluso cuando era muy difícil creerle.


Me gusta imaginarme a Tiny bailoteando sobre el escenario de Wight como el bufón de la corte, algo a lo que siempre aspiró el serio Bob, recordando los tiempos en los que su amigo ya se comportaba como si fuera el mismo rey. No lo decimos nosotros, lo dice él mismo: "Venía de muy lejos y de muy abajo, y ahora el destino estaba por revelarse. Tenía la sensación de que me miraba a la cara, sólo a mi".


Por suerte, a su lado, un tipo con el pelo churretoso y voz ascopénica tocaba un ridículo ukelele y consiguió captar por unos segundos la atención de ese destino influyendo definitivamente en una cultura huérfana y bizarra que se extiende al feismo punk, al cine de Burton o a los chiflados dibujos animados de bob Esponja o Ren&Stimpy. No ha sido mala tampoco una mala herencia...

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